Conclusión Libro Sexto

Published on July 20, 2012 by in En Espanol

María Corredentora es nuestra herencia. La historia de María “con Jesús” está profundamente insertada en los dos mil años de memoria y vida de la Iglesia que llamamos “Tradición.” La inmaculada Corredentora es aclamada en nuestras Escrituras. Es una verdad de la cual nos debemos gloriar, un misterio cristiano que debemos contemplar en imitación de los ángeles.

Ella es una Madre a quien debemos dar gracias con todas las fuerzas de nuestro corazón, agradeciéndole eternamente el inmaculado sufrimiento que soportó por nosotros y que va más allá de la imaginación humana.

La doctrina de María Corredentora algún día será coronada como dogma. No se trata de una cuestión de “condición,” sino de “tiempo.” El desarrollo doctrinal de la Madre Sufriente, vivificada por el Espíritu Santo, jamás podrá retroceder sino solamente progresar.

“Será en el tiempo de Dios.” Algunas veces esta frase se utiliza para recordarnos la soberanía de Dios, autor del tiempo y director de la providencia. En otros casos se puede usar como la forma en que los hombres se excusan de su justa cooperación con la Providencia de Dios. Esta carencia o falta siempre dará como resultado en la pérdida de gracias para la humanidad.

El dogma de la Corredentora será una realidad. Ojalá y que su proclamación dogmática llegue muy pronto, como el “sí” de la humanidad en respuesta al rol salvífico de la Madre para con nosotros. Que pueda llegar pronto para “liberar” a la inmaculada Madre dentro del misterioso orden de la providencia y el libre albedrío, para que pueda ejercer plenamente su necesaria intercesión por la paz y la gracia en el mundo atribulado de hoy.

Cuando sea dogmáticamente coronada, creo que se cumplirán cabalmente dos himnos proféticos a María Corredentora, uno de cada Testamento de la palabra inspirada por Dios:

“Yo alabaré a mi Dios, Rey de los Cielos,
Y mi alma, radiante de alegría, proclamará su grandeza…
Brillará luz de lámparas
Por todos los confines de la tierra…
Todas las generaciones
En ti darán señales de alegría,
Y tu nombre será glorioso para siempre.” (Tobías 13,9-11).

“Engrandece mi alma al Señor
Y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador,
Porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava,
Por eso desde ahora todas las generaciones
Me llamarán bienaventurada” (Lc. 1,46-48).