Por Richard Gribble, C.S.C.

El Pbro. Richard Gibble es Rector del Seminario Moreau en Notre Dame, Indiana, y es colaborador de diarios Católicos tales como la Revista de Homiliética y Pastoral.

La Santísima Virgen María de Nazaret juega un rol integral en la práctica teológica y litúrgica Católica. Las fiestas Marianas esparcidas en el calendario litúrgico nos recuerdan del importante rol que la Santísima Madre tuvo en la salvación humana y de cómo continúa intercediendo por nosotros con su Hijo y Salvador nuestro, Jesucristo.

De sus muchos títulos, el de Madre Dolorosa o Mater Dolorosa, capta el propósito singular y rol de la vida de María. Fue una mujer que sufrió mucho, más de lo que podía comprender, pero nunca huyó de su pena. Mas bien, abrazó su cruz de sufrimiento y en el proceso se convirtió en compañera en la obra redentora de su Hijo, y ahora medía entre Cristo y el mundo. La vida de María vivida en mucho dolor e incertidumbre, puede ser modelo para nuestras vidas de hoy al acercarnos al nuevo milenio.

La Madre Dolorosa en la Escritura

La Escritura, el primer medio de revelación divina, es la fuente básica para nuestro conocimiento sobre María y de su asociación con la cruz. Los Evangelios, junto con los apócrifos y la pseudopigrafía, proveen muchas luces en la vida de María y su relación con Jesús. Aunque muchos episodios en la vida de la Virgen fueron difíciles, hay siete eventos específicos que han sido etiquetados de dolores o penas de María:

La profecía de Simeón.
La huida a Egipto.
La pérdida de Jesús en el Templo.
María encuentra a Jesús camino al Calvario.
Las horas al pie de la cruz.
Jesús muerto en los brazos de Su madre.
Jesús es puesto en la sepultura.1

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1 En la historia de la Iglesia, siempre ha habido el debate de cuales eventos específicos deberían ser llamados dolores de María. En el siglo 17avo., los dolores en Lucas, Mateo y Juan fueron recolectados bajo la supervisión del Papa Inocencio XI.

La presentación de Jesús en el Templo (Lc 2:22-40), provee los antecedentes para el primero y más profético dolor de María, la profecía de Simón.

Leemos: ¨Este niño está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción –y a tí misma una espada te atravesará el alma- a fin de que queden al descubierto las intensiones de muchos corazones¨ (Lc 2:34-35). Orígenes (d. 252-3), la destacada figura teológica de la patrística de la Iglesia en el Este, entendió la profecía de Simeón de una manera singular, creyendo que estas palabras se refirieron a una duda que invadió el corazón de María cuando vio el sufrimiento de su Hijo. Al poner estas palabras en los labios de Simeón, Lucas está sugiriendo que el escándalo de la cruz experimentado por los apóstoles, también sería sentido por María.
La gran autoridad de Orígenes en la Iglesia como un erudito, popularizó esta interpretación en el Este. Sn. Basil de Cesarea (d. 379) repitió la idea, y Esequio de Jerusalén (d. después del 451) en la mitad del siglo quinto aún habló de una ¨discordancia¨ dentro de María mientras presenciaba la Pasión de Jesús.2
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2 Hilda Graef, La Devoción a María (New York: Hawthorne Books, 1963), p. 13

En contraste, en la Iglesia Latina, donde la influencia de Orígenes fue débil, la profecía de Simeón siempre fue referida a los sufrimientos de María bajo la cruz. Para los teólogos de Occidente, tal como Bernardo de Clairvaux, quien predicó que María fue martirizada no en cuerpo sino en espíritu, las palabras relevantes del pasaje de Lucas fueron: ¨y a tí misma una espada de dolor atravesará tu alma¨ (Lc. 2:35a).
Simeón pudo haber anunciado el futuro sufrimiento de Cristo sin referencia a María, pero al dirigirse directamente a ella, hizo el anuncio significativo. ¿Porqué Simeón habló específicamente a María y que le dijo?

Aunque hay algún precedente de asociar al niño predestinado por Dios para la grandeza con sus madres,3 es más verosímil que Simeón (y probablemente Lucas también), quiso demostrar que María, por un derecho singular aparte de José, iba a ser asociada con el destino doloroso del Mesías. Aunque él no hubiese agregado las palabras indicativas del futuro sufrimiento de María, el simple hecho de que Simeón habló directamente a María, sería una fuerte evidencia para colocarla en los sufrimientos y muerte de Jesús.

María no fue destinada para escapar de los sentimientos de obscuridad y abandono que Jesús experimentaría en Su camino al Calvario; Ella tenía que sufrir en el camino que tomaría su Hijo a Su muerte salvadora. El teólogo y sacerdote Jesuita, Jean Galot ha concluido: ¨La profecía, por tanto, une a María y a su hijo tan íntimamente que nos revela la Pasión de Jesús a través de la espada de dolor que atravesará el alma de Su madre¨4
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3 Un ejemplo de este fenómeno se encuentra en Jueces 13:3 cuando el ángel del Señor aparece a la esposa de Manóaj para anunciar el nacimiento de Sansón. En Isaías 7:14, el profeta describe como el Mesías, bajo el título de Emanuel vendría al mundo por ¨la virgen¨.
4 Jean Galot, S.J., María en el Evangelio (Westminister, MD: The Newman Press, 1965), p. 92

Los expertos frecuentemente preguntan ¿Qué fue exactamente la espada que atravesaría a María? Algunos han sugerido que la espada es la pena que sería causada por la contradicción de la que Jesús sería objeto. María sufrirá por la prueba que afectará a su Hijo de quien está inseparablemente unida.

En esta visión, la espada es una parte integral del cuadro profético, porque jugará un rol principal en el drama de la salvación. Sin embargo, la mayoría de los exégetas de la Escritura, creen que la espada se refiere al acto de ofrecimiento de María de su Hijo en el Calvario. Regresando a la asociación básica de María con el sufrimiento y la cruz, Galot describe la imagen de la espada de Simeón: ¨Bajo el efecto de esta revelación, María vive en la constante perspectiva del sacrificio, y se mantiene a sí misma lista para compartir en su corazón la suerte trágica del Mesías¨5
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5 Ibid, p. 95.

La descripción de Sn. Mateo de la huida de la Sagrada Familia a Egipto, para escapar de la cólera de Herodes, debió con toda seguridad traer dolor a María. Pero es en la conclusión de la narración de la infancia de Lucas, en donde encontramos nuevamente referencia específica a la pena psicológica experimentada por la Virgen.

La descripción de Jesús perdido en el Templo, en donde queda claro a María y José que Jesús pertenece completamente al servicio de Dios, debe ser asociada con la Presentación como la conclusión lógica de Su consagración a Dios. El drama representado, es un precursor del Calvario. Por tres días –un período de tiempo ciertamente no coincidente con el sufrimiento, muerte y resurrección de Jesús- María y José buscan a su Hijo¨en dolor¨. El evento hace que María entienda la amenaza de la espada que pende sobre Ella y le da una probada del sacrificio que un día será su suerte. El episodio demuestra una vez más la estrecha asociación de María con su Hijo, un vínculo que encontrará su culminación años después bajo la cruz.

La descripción de la Escritura de los dolores de María encuentra su culminación y cumplimiento en la narración de la Pasión de Sn. Juan. De todos los Evangelistas, Juan es el único que coloca a María en el Calvario, demostrando con esto el significado de su presencia. ¿Porqué María debía ir al Calvario a presenciar la muerte dolorosa e ignominiosa de su único Hijo, y porqué debía Sn. Juan describir estos eventos?
Para Juan, el sufrimiento y la muerte de Jesús es Su más grande triunfo, tiempo cuando El demuestra plenamente Su finalidad y misión. Por tanto, la Iglesia usa intencionalmente este Evangelio en los servicios del Viernes Santo, como una clara indicación de no sólo la necesidad, sino también de la grandeza de la muerte de Cristo. Juan desea llamar la atención hacia María y su sacrificio de amor. Ella está ahí por intensión no por accidente; intenta plenamente andar el camino del sufrimiento hasta el final. Galot remarca: ¨Debemos concluir que la presencia de María en la cruz no fue el mero resultado de una combinación de circunstancias, sino que proviene de la firme determinación de María de estar unida con el destino dramático de Cristo¨.6
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6 Ibid., p. 181.

En el siglo XX, varios documentos papales han hecho eco a la naturaleza sacrificial de la acción de María bajo la cruz y a su estrecha asociación con los sufrimientos de su Hijo. El Papa Sn. Pío X en Ad Diem (1904) habló de Jesús como la víctima que María pone ¨cerca del altar a la hora señalada¨:

Ella no estaba meramente ocupada en presenciar el cruel espectáculo; más bien se regocijaba que su único Hijo estaba siendo ofrecido por la salvación de la raza humana, aunque su compasión fue tan intensa que, si hubiese sido posible, Ella misma hubiera abrazado aún más ardientemente todos los sufrimientos que su Hijo soportó.

Pío XI, en Miserentissimus Redemptor (1928), describió la acción de María de ¨ofrecerlo al pie de la cruz como víctima por nuestros pecados¨, como heroica. En su encíclica Mystici Corporis (1943), Pío XII también escribió sobre el sacrificio especial de María: ¨Ella lo ofreció en el Gólgota al Padre Eterno por todos los pecados de los hijos de Adán¨.

Finalmente, la gran contribución y reto de la Escritura con referencia al rol de María como la Madre Dolorosa, es el concepto de creer. El Padre Dominico, Tomás O´Meara ha escrito: ¨Cuando esta noche (de dolor) llegó a su más intensa obscuridad, la fe de María fue tal que le permitió permanecer de pie cerca de la cruz¨.7
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7 Thomas A. O´Meara, O.P., María en la Teología Protestante y Católica (New York: Sheed and Ward, 1966), p. 185.

María creyó que el plan de Dios tenía un propósito que estaba más allá de su entendimiento, y por su fe, fue capaz de participar plenamente y sin una vacilación aparente, a pesar de la incertidumbre y predicciones de sufrimiento. Las palabras de Simeón la prepararon, pero fue solamente su fe la que la sostuvo cuando la cruz empezó a aparecer en el horizonte.

La Madre Dolorosa en la Tradición y el Magisterio

El culto a la Mater Dolorosa encuentra sus primeras raíces en la Iglesia patrística. Los Padres Latinos, salvo Ambrosio, escribieron que las pruebas y eventos del Calvario deberían ser interpretados en términos de los dolores de María.

Los teólogos vieron la profecía de Simeón como una probada anticipada de la experiencia a través de la cual debería pasar María, como el espectador más involucrado en la Crucifixión, lo mismo que como una referencia a su propia muerte. El concepto de la profecía y su cumplimiento fue importante para los Padres Latinos. Las palabras de Jesús desde la cruz: ¨Mujer, he ahí a tu hijo¨ y ¨He ahí a tu madre¨, aparecieron dar claramente cumplimiento a la advertencia de Simeón en el Templo. El gran drama de esta escena fue representado en la Kontakion de Romanos Melodos, escrita en el siglo sexto por orden del Emperador Justiniano para los servicios de Viernes Santo:

Estoy abatida, Oh Hijo mío
Estoy abrumada de amor
Y no puedo soportar
Que Yo permanezca en el aposento
Y Tú en la madera de la cruz;
Yo en la casa
Y Tú en la tumba.

María parece preguntar porqué Dios debería sufrir tan cruel muerte, pero la respuesta viene de que tal suerte es la voluntad de Dios a la cual debe someterse.8
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8 Marina Warner, Sola con Todo Su Sexo: El Mito y Culto de la Virgen María (New York: Alfred A. Knopf, 1976), p.309. Ver también Jaroslav Pelikan, María a Través de los Siglos: Su Lugar en la Historia de la Cultura (New Haven, Conn: Yale University Press, 1996), pp. 127-28. En el texto completo, los lamentos de María: ¨Estoy vencida por aflicción amorosa, hijo, vencida/ Y no puedo soportar el pensamiento de estar en mis aposentos mientras Tú estás en la cruz;/ Yo en casa, cuando Tú estás en la tumba./ ¡Déjame ir contigo! El contemplarte alivia mi pena¨. A esto Cristo responde: ¨Deja a un lado tu pena, madre, déjala a un lado. Lamentación no va contigo quien ha sido llamada ¨Bendita¨./ No obscurescas tu llamado con llanto./ No te compares con aquellos que carecen de entendimiento, o doncella prudentísima./ Tú estás en medio de mi aposento nupcial¨.

El culto a María como la Madre Dolorosa empezó a florecer en Italia, Francia, Inglaterra, los Países Bajos y España, a partir del final del siglo XI, alcanzando su pleno florecimiento del siglo XIV en adelante. Los promotores del culto enfatizaron la participación de María en la ordinariedad humana, mundana y sino doloroso. Sus dolores se convirtieron una fuente significativa de la piedad popular medieval; su vida y sufrimiento hicieron más significativas las vidas ordinarias. La teóloga Marina Warner ha escrito:

La Virgen fue el instrumento que medió el desconcierto en el misterio de la Redención, en un entendimiento emocional. Hizo que el sacrificio del Gólgota se viera real, porque enfocó los sentimientos humanos en una manera comprensible y accesible.9

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9 Warner, p. 211.

El culto a la Mater Dolorosa, alcanzó su vértice a través del establecimiento de una fiesta litúrgica en el calendario de la Iglesia. Un catalizador para el culto fue la rápida propagación de la Peste en toda Europa alcanzando su máximo de 1348 a 1350. Aquellos que vieron la plaga como el castigo de un Dios justo por la maldad de la humanidad, sugirieron la imagen de la Mater Dolorosa como un medio de penitencia.

Al final del período medieval, la Iglesia empezó a conmemorar los dolores de María, especialmente en el área del Rin de Alemania, durante la Cuaresma. En el sínodo providencial de 1423 en Cologne, se estableció una fiesta honrando a María como Nuestra Señora de los Dolores, en el tercer Domingo antes de Pascua y fue adoptada por varias diócesis y comunidades religiosas bajo el título Lamentatio Mariae (¨Las Lamentaciones de María¨).

El Papa Benedicto XIII extendió la fiesta a la Iglesia universal en 1727, para ser celebrada el Viernes anterior al Domingo de Ramos. En un desarrollo paralelo, se les otorgó a los Servitas en 1667, una fiesta especial basada en los dolores de María, para ser celebrada en el tercer Domingo en Septiembre. En 1814, el Papa Pío VII, en agradecimiento por su regreso seguro del exilo en Francia, universalizó la fiesta de los Servitas. El Papa Pío X, transfirió la celebración al 15 de Septiembre, como lo está al presente en el calendario litúrgico. El Papa Pío XII sintetizó el entendimiento de la Iglesia sobre María como Nuestra Señora de los Dolores:

Soportando con valentía y confianza el tremendo peso de sus dolores y desolación, verdaderamente la Reina de los mártires, más que todos los fieles ¨completó lo que falta a las tribulaciones de Cristo…en favor de su cuerpo que es la Iglesia¨ (Col 1:24)10
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10 Papa Pío XII, Mystici Corporis

A través de los siglos se han creado numerosas representaciones en arte de la Mater Dolorosa. La ¨Pietᨠde Miguel Angel fue el mejor y más famoso intento de captar en estatua o en pintura la profundidad del dolor de la Virgen mientras sostenía el cuerpo de su Hijo crucificado. En su famosa obra ¨Fausto¨, Johann Wolfgang von Goethe, tiene su heroína Grethchen, gritando a María en su hora de crisis:

Inclina vuestro semblante benignamente a mi necesidad, vos que estáis cubierta de dolores. Con la espada de dolor en vuestro corazón y con miles de dolores vos que contempláis la muerte de vuestro Hijo. Vos que miráis al Padre y enviáis suspiros por Sus y vuestras penas.

En un tono más contemporáneo, la tercera sinfonía del compositor Polaco, Henryk Gorecki, usa un intercambio entre Cristo y Su Madre para expandir los sufrimientos de la Mater Dolorosa, por medio de abarcar todo el sufrimiento de los caídos de la Segunda Guerra Mundial:

¿Dónde se ha ido
mi queridísimo Hijo?
Quizá durante la sublevación
El cruel enemigo lo mató.11

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11 Pelikan, p. 127.

La expresión artística más famosa de la Madre Dolorosa es el Stabat Mater, atribuido tradicionalmente al Franciscano Jacopone da Todi (1230-1306). Este himno-basado en Juan 19:35, Lucas 2:25, Ezequiel, 2 Corintios 4:10 y Gálatas 4:17- habla de la necesidad de toda la gente de compartir en los sufrimientos de María y Jesús. La versión en prosa de este himno lee en parte: ¨Santa Madre, haz esto por mí. Traspasa mi corazón de una vez por siempre con las heridas de tu Hijo crucificado. Déjame compartir contigo la pena de las heridas de tu Hijo, por que El consideró correcto cargar tales sufrimientos por mí¨. Más adelante el himno continúa: ¨Concédeme que…sienta las penas de mi Señor crucificado¨12
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12 La versión poética 20-stanza contiene un mensaje similar: ¨O Dulce Madre, fuente de amor/ Toca mi espíritu desde lo alto/ Haz que mi corazón concuerde con el tuyo./ Permíteme compartir contigo Su pena./ Quien por todos nuestros pecados fue muerto./ Quien por mí en tormentos murió¨.

Es establecimiento de una fiesta litúrgica en honor de la Mater Dolorosa, fue complementado por un desarrollo teológico paralelo sobre rol de María en la historia de la salvación, empezando con la enseñanza que Ella fue la ¨nueva Eva¨. En el Occidente, la idea empezó cuando los teólogos contrastaron la obediencia de María con la desobediencia de Eva. Justin Martyr (m. 165), el primer apologista en hablar de María como la nueva Eva, escribió en su Diálogo con Trifo: ¨Por Eva, una virgen pura, concibió la palabra de la serpiente y trajo la desobediencia y la muerte. Pero la Virgen María, llena de fe y alegría…respondió, ´Hágase en mí según tu palabra´¨.

En el siglo segundo, Irineo fue el primero en integrar la analogía Eva-María en la teología:

Así como Eva, mujer de Adán, si, con todo aún virgen…se convirtió por su desobediencia en la causa de muerte para ella misma y para toda la raza humana; así también María, esposa, sin embargo virgen, se convirtió por su obediencia en la causa de salvación para ella misma y para toda la raza humana.13

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13 Citado en Juniper B. Carol, O.F.M., ed., Mariología, Vol. II (Milwaukee: The Bruce Publishing Company, 1955), pp. 89-90.

 

Para Irineo, la cooperación de Eva con Satanás al afectar la muerte espiritual de la humanidad, es igualado y aventajado por la cooperación de María con Dios, en afectar el regreso de la humanidad a la vida. En el Occidente, Eva fue vista como la madre de la raza humana, pero María como la madre de la salvación. Sn. Jerónimo (m. 430) aseveró suscintamente la creencia ¨Muerte a través de Eva, vida a través de María¨14

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14 Ibid, Vol 1, p. 113.

La devoción Mariana en la Iglesia del Oriente fue generalmente más avanzada que la de Occidente, pero el concepto de María como la nueva Eva ganó aceptación en el Oriente, sólo después de que la creencia estuvo bien establecida en la Iglesia Latina. Sn. Efren, un representante de la Iglesia Siria del siglo cuarto, vio el paralelismo entre Eva y María en la raíz de la dignidad humana. Escribió que ¨la gloria bella y hermosa fue perdida a través de Eva, (pero) fue restablecida a través de María¨.

En el 348, Cirilo de Jerusalén predicó a los catecúmenos que ¨fue a través de la virgen Eva que vino la muerte; y que fue a través de una virgen, o más bien por una virgen, que la vida pudo ver la luz –que, así como la serpiente engañó a la primera, así Gabriel trajo noticias alegres a la segunda¨. Para el final del siglo quinto en la Iglesia del Oriente, María, como la segunda Eva, fue llamada ¨causa de salvación¨, ¨puerta de salvación¨, ¨causa de vida¨ y ¨(ella) trajo inmortalidad al mundo¨15

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15 Ibid., Vol. II, pp. 92, 98.

El concepto teológico de María como la nueva Eva fue la base sobre la cual la doctrina de la Iglesia sobre María como Corredentora fue construida. El rol de María en la historia de la salvación no terminó en el Calvario, sino más bien empezó de nuevo en su misión como asistente de su Hijo en la obra de la redención.

No fue sino hasta el siglo sexto que el poeta Sirio Jacob de Sarug (m. 521), en su sermón ¨El Tránsito de María¨, dio a la Virgen el título ¨Madre de Misericordia¨. Pero fue Sn. Irineo en su tratado al final del siglo segundo Contra Herejías, quien le dio un rol teológico en la redención de la humanidad: ¨Así como ella (Eva)…habiendo desobedecido se convirtió en causa de muerte para sí misma y para toda la raza humana, así María…siendo obediente (al mensaje del ángel), se convirtió en causa de salvación para sí misma y para toda la raza humana¨16
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16 Citado en O´Meara, p. 182.

Jean Galot ha expresado como el rol maternal de María, iniciado en el Calvario cuando Jesús entregó a María al discípulo amado, se convirtió en el fundamento de su función como Corredentora:

Ontológicamente, esta maternidad (entregando a Juan en el Calvario), es dada a todo hombre llamado a ser verdadero discípulo de Cristo. En el plano Mesiánico donde es proclamado, la maternidad de María no puede ser limitada a una relación privada con Juan, sino debe tener alcance universal.17

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17 Galot, p. 187.

Aunque la tradición de la Iglesia ha asociado a María desde hace mucho con la obra de su Hijo en la redención de la humanidad, el título ¨Corredentora¨ recibió apenas una ratificación papal hasta la primera década del siglo 20 por el Papa Pío X, quien conectó el título a la devoción a María de los Siete Dolores. Varios papas en este siglo, han hecho eco en sus enseñanzas a la aprobación de Pío X de María como Corredentora y a su asociación con María la Madre Dolorosa. Benedicto XV escribió en su carta apostólica Inter Sodalica (1918):

A tal grado sufrió (María) y casi murió con su sufriente y moribundo Hijo, y a tal grado renunció a sus derechos maternales sobre su Hijo por la salvación del hombre, y lo inmoló –hasta donde pudo- para aplacar la justicia de Dios, que correctamente podemos decir que redimió a la raza humana junto con Cristo.

Pío XI habló, en 1933, de como María ¨Lo acompañó (a Jesús), en la obra de la redención hasta la cruz misma, compartiendo con El las penas de la agonía y muerte¨. La carta encíclica Haurietis Aquas de Pío XII (1956), expresa mejor el rol de María en la palabra de su Hijo:

Al originar la obra de la redención humana, la Santísima Virgen María fue, por voluntad de Dios, tan indisolublemente asociada con Cristo que nuestra salvación procedió del amor y sufrimientos de Jesucristo, íntimamente asociados con el amor y dolores de Su madre.

Más recientemente, la Constitución sobre la Sagrada Liturgia del Vaticano II, habla del ¨vínculo inseparable (de María) con la obra salvadora de su Hijo¨18

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18 Citado en Carol, Vol. I, p. 37; Constitución sobre la Sagrada Liturgia, no. 103.

La teología de María bajo el título de Corredentora es complicada por la obvia razón de un humano participando en la obra de lo divino. La fundamentación teológica para cada rol de María, no importa que tan diversas sean las interpretaciones, se encuentra en su gran fíat. Ciertamente, la asociación de María con Cristo en la obra de la redención empieza con la Encarnación, es ejercitado a través de su relación con El, y encuentra su culminación en su cooperación con la gran obra para la cual El se hizo humano, Su gran sacrificio en la cruz.

María no merece a través de la justicia ningún rol en la salvación de la humanidad; sólo Dios puede hacer esto. Sin embargo, merece su rol especial por medio de su amistad y relación maternal con Jesús. Entendido desde este punto de vista, la obra de María como Corredentora no es asombrosa; es simplemente aseverar en términos técnicos que su vida y sufrimiento, y su disponibilidad de ofrecer ambos, fueron aceptados por su Hijo y por Dios Padre de una manera especial. El teólogo Tomás O´Meara ha explicado sucintamente este fenómeno singular:

María participó de una manera maternal, propio sólo de Ella, en la redención de la humanidad´, no sólo por convertirse en la Madre de Dios Encarnado, sino por consentir con las acciones redentoras de su Hijo, y por ofrecerlo a Dios. Su sufrimiento y amor fueron aceptados por Dios Todopoderoso y fueron unidos a la obra infinita de Cristo, para producir el mismo efecto, la salvación de la humanidad.19

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19 O´Meara, p. 87.

Por tanto, el rol de María como Corredentora puede sólo ser entendido en relación en su posición como la Mater Dolorosa. María sufre con su Hijo y luego Lo ofrece al Padre por nosotros. Su acción es de santificación; los dolores que soportó fueron aceptados como una satisfacción parcial por las ofensas de la humanidad. La inmensidad de su amor, la intensidad de su dolor, su dignidad maternal y la presencia de la gracia de Cristo en Ella, la hace una fuente que provee el agua de la redención de Cristo para toda la gente. Por tanto, la cooperación de María en la vida de su Hijo a través de su maternidad y sufrimiento personal, forma la base de su rol en la redención humana.

Al igual que en su título de Corredentora, el rol de María como Mediadora entre su Hijo y la raza humana, está directamente conectado a su rol como la Madre Dolorosa. El teólogo Jaroslav Pelikan ha escrito de esta asociación en la historia Cristiana:

Claramente hubo una correlación estrecha entre la subjetividad de la devoción a María como la Mater Dolorosa y la objetividad de la doctrina de María como la Mediadora. No fue la correlación de paradoja…sino la correlación de complementariedad. 20

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20 Pelikan, p. 136.

La doctrina de María como Mediadora se desprende de sus roles activos en la Encarnación y la Redención. Fue a través de María que el Salvador entró a la humanidad, y es a través de su vida y sufrimiento que participa en la obra redentora de Cristo. Por tanto, María se convierte en aquella a través de la cual tenemos acceso al Hijo.

Al igual que con la mayoría de las doctrinas Marianas, el principio teológico de María como mediadora empieza en la Iglesia Oriental. Germanus Constantinople (m. 733), parece ser el primero en declarar que el poder de intercesión de María depende de su relación con el Mesías. Escribe en una oración:

Tu (María) puedes obtener perdón aún para los más grandes pecadores. Porque El (Jesús), nunca deja de escucharte, porque Dios te obedece a través y en todas las cosas, como Su verdadera madre.21

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21 Citado en Graef, pp. 36-37

En la Iglesia Latina, el concepto de María como Mediadora se desarrolló en línea paralela con el culto de la Mater Dolorosa. Aunque el término ¨Mediadora¨ estaba circulando en Occidente al final de siglo octavo, no fue sino hasta la Edad Media que el título recibió aceptación generalizada.

Bernardo de Clairvaux llamó a María: ¨nuestra Mediadora, aquella a través de la cual hemos recibido vuestra misericordia, O Dios.¨ Tomás de Aquino habló de la gracia de María que ¨derramó sobre toda la humanidad…Por tanto, en cualquier peligro vos podéis encontrar refugio en la misma Virgen Gloriosa¨22
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22 Citado en Pelikan, p. 132.

El Papa Benedicto XV anotó sobre María, en un discurso dado en1915:

Madre del Príncipe de la Paz, Mediadora entre el hombre rebelde y el Dios misericordioso, es la alborada de la paz brillando en la obscuridad de un mundo desunido; nunca cesa de implorar a su Hijo por la paz aunque Su hora aún no ha llegado; siempre interviene en favor de la humanidad afligida en la hora de peligro. 23

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23 Papa Benedicto XV, Nuestra Señora (discurso a todo el consistorio), 24 de Dic. 1915. Seleccionado y arreglado por los Monjes Benedictinos de Solesmes (Boston: St. Paul´s Editions, 1961), p. 191.

El título de María de Mediadora aplica no sólo a la historia de la salvación, sino también a su posición actual como intercesora entre Cristo y la humanidad. La consumación de la gloria, para el creyente, fue el conocimiento que María permaneció como Mediadora entre el individuo y su Hijo. Más aún, la creencia de que Dios ha escogido a María para la tarea específica de rogar por causa de la humanidad ante su Hijo, fue una gran consolación. María fue vista como la que trae socorro contra las tentaciones de Satanás, por su mediación entre Cristo y la humanidad.

La Cruz de María y la Sociedad Contemporánea

¿Cómo puede el entendimiento de María como la Mater Dolorosa y su consecuente doctrina de Corredentora y Mediadora, convertirse en significativa y eficaz para nosotros hoy en día? La respuesta debe ser encontrada en entender a María como un modelo de la vida Cristiana en el nuevo milenio que esperamos. El Rev. Peter Gomes, pastor de la Iglesia Memorial en la Universidad de Harvard, señaló: ¨María es un paradigma evangélico, un rol modelo, una mujer ejemplar de cuyo ejemplo el fiel tiene oportunidad de jugar su parte en el gran drama de Dios¨24
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24 Peter J. Gomes: ¨¿Qué vamos a Hacer con María?¨. (sermón), pronunciado el 14 de Dic. 1997 en la Iglesia Memorial, Harvard University.

Como la madre de todos los fieles, María es la que guía a sus hijos a través de la obscuridad del error hacia una nueva luz que brilla con el resplandor de su Hijo: es el perfecto modelo de la fidelidad. Su fíat, su disponibilidad para sufrir y su constante vigilancia maternal, debe ser nuestro modelo y fuente de fortaleza en la confusión e incertidumbre del mundo actual.

Necesitamos alguien que haya experimentado temor, duda y dolor, y haya transformado estos sufrimientos humanos en momentos dadores de vida. ¡Necesitamos a María!

La cruz psicológica de María, integral para su existencia, fue una realidad de la cual nunca buscó escapar. La vida de la Virgen fue incierta, y soportó mucho dolor que no podía ser entendido. Pero nunca rehuyó su responsabilidad, no corrió de sus temores ni se rindió en una actitud derrotista. Más bien, realizó en plenitud el plan que Dios le tenía.

Nuestro futuro es tan incierto como lo fue para María, y ciertamente nuestras vidas son más complejas. Pero a diferencia de Ella, frecuentemente encontramos excusas para huir de experiencias que son problemáticas o desafiantes, creyendo que no poseemos los dones requeridos para superar los obstáculos. La vida de María debe ser nuestro modelo, y su lugar como Corredentora y Mediadora, debe ser nuestra esperanza, de que lo que necesitemos será proveído para cualquier circunstancia.

Ahí permaneció al pie de la cruz de Jesús, su madre María, quien supo de aflicción y fue la Señora de los Dolores. Ella es nuestra patrona especial, una mujer que soportó mucho que no podía entender y que permaneció firme y dice mucho de esta cruz diaria y de esta esperanza a sus muchos hijos e hijas de estos días. 25

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25 Constitución de la Congregación de la Santa Cruz, Constitución 8, ¨La Cruz Nuestra Esperanza¨, no. 120.

 

Conclusión

La cruz, la gran paradoja de la vida Cristiana, es inevitable en la vida y por tanto no deberíamos tratar de huirla. A nadie le gusta la dificultad y el dolor; no obstante, es sólo a través de abrazar la cruz que podemos encontrar la vida eterna, que es la meta de cualquier persona humana.

María no pidió la vida que Dios le dio. Pero su gran fíat de aceptación, dicho sin una clara visión o conocimiento, fue firme y genuino. María creyó y poseyó la fe requerida para aceptar la oportunidad que se le presentaba. La vida de dolor que experimentó no fue nada fácil, pero sobrellevó la aflicción para que el plan de Dios para la salvación humana encuentre cumplimiento en su Hijo, Jesús.

Nuestro reto es ser como María, especialmente en nuestro mundo de hoy día muy ocupado, complicado y a veces problemático. No sabemos lo que el futuro depara para el mundo y para nosotros individualmente. Pero no hay duda de la guía y la asistencia de Dios en hacer el mundo lo que queremos que sea. Sigamos la guía de María a la cruz, seamos la semilla que muere y los que encuentran nueva vida.