Por Dr. Mark I. Miravalle, STD

El día 4 de Junio de 1997, fue publicada en el L’Osservatore Romano la declaración de una Comisión Teológica de la Academia Pontifica Internacional Mariana A esta comisión “Se le pidió por medio de la Santa Sede, estudiar la posibilidad y la oportunidad de la definición de los títulos marianos de Mediadora, Corredentora y Abogada”. La Comisión estuvo compuesta por 15 teólogos Católicos, además de teólogos no Católicos, incluyendo un Anglicano, un Luterano y 3 Ortodoxos.

Aunque deseo expresar mi gran apreciación por los avances del diálogo teológico en relación a la solemne definición de la Mediación Maternal de la Santísima Virgen María, como está presentado por la declaración de esta Comisión Teológica Internacional, debo al mismo tiempo declarar que hay varios elementos teológicos fundamentales a este asunto, que aparentemente resultan inexistentes dentro de las consideraciones y conclusiones de la comisión. Resumiré solamente los elementos críticos teológicos más importantes ausentes de tal declaración y de las conclusiones de la comisión, mismos que están contenidos en el trabajo de otra asociación internacional de teólogos y mariólogos que ha contribuido a dos de los volúmenes teológicos dedicados a la Mediación Maternal de María: María Corredentora, Mediadora, Abogada: Fundamentos Teológicos, Hacia Una Definición Papal?, y María Corredentora, Mediadora y Abogada: Fundamentos Teológicos II, Papales, Pneumatológicos y Ecuménicos, (Queenship Publishing, Santa Bárbara, CA). Los internacionalmente reconocidos mariólogos que participaron en esta serie de estudios teológicos referentes a la cuestión de la solemne definición de la Mediación Maternal de María, como están contenidos en estos volúmenes teológicos, cubre varios continentes, varios países y tres comunidades de la Cristiandad.

1. El Título, “Corredentora” y las Enseñanzas Papales del Papa Juan Pablo II.

Una primera advertencia de la comisión parece estar en contra del uso del título de “Corredentora”, al discutir la excepcional cooperación de la Sma. Virgen María con y supeditamente a Jesucristo en la Redención de la humanidad. Debe ser fuertemente subrayado que nuestro Santo Padre actual, el Papa Juan Pablo II, ha usado explícitamente el título de “Corredentora” en al menos 5 ocasiones de sus Enseñanzas Papales durante su presente Pontificado. Esto queda perfectamente ilustrado por su discurso papal de 1985 en Guayaquil, Ecuador, en donde el título de “Corredentora” fue usado en una explicación del rol que le está dando:

“María va antes que nosotros y nos acompaña. El viaje silencioso que empieza con su Inmaculada Concepción y pasa a través de su ‘sí’ de Nazareth, que la hace la Madre de Dios, encuentra en el Calvario un momento particularmente importante. Ahí también, aceptando y asistiendo en el sacrificio de su Hijo, María es el amanecer de la Redención; …Crucificada espiritualmente con su hijo crucificado (cf: Gal. 2:20), contempló con su heroico amor la muerte de su Dios, ella “amorosamente consintió en la inmolación de su Víctima que ella misma había traído al mundo” (Lumen Gentium 59) …

De hecho, en el Calvario se une a sí misma con el sacrificio de su Hijo, lo cual la lleva a la fundación de la Iglesia; su corazón maternal compartió hasta lo más profundo la voluntad de Cristo ‘para unir en uno todos los hijos dispersos de Dios’ (jn. 11:52). Habiendo sufrido por la Iglesia, María merece ser la Madre de todos los discípulos de su Hijo, la Madre de su unidad… De hecho, el rol de María como Corredentora no cesa con la glorificación de su Hijo”

Más recientemente, en su discurso de la audiencia general del 9 de Abril de 1997 (a la fecha, Juan Pablo II ha dado una serie de más de 50 catequesis Marianas), el Santo Padre usa el ejemplo del llamado de San Pablo a todos los Cristianos para ser “colaboradores de Dios” (1 Cr. 3:9), o en algunas traducciones “co-trabajadores”, y también específica la cooperación excepcional de María en el trabajo de la Redención (sin inferir ninguna igualdad entre los Cristianos, la Sma. Virgen María y el acto excepcional único de redención logrado por Jesucristo sólo):

“Más aún, cuando el Apóstol Pablo dice: “Ya que somos colaboradores de Dios” (1 Cor. 3:9), él sostiene la posibilidad real del hombre de cooperar con Dios. La colaboración de los creyentes que excluye obviamente cualquier igualdad con él, está expresada en la proclamación del Evangelio y en su contribución personal al tomar raíces en los corazones humanos.

Sin embargo, aplicado a María, el término ‘co-operador’ adquiere un significado específico. La colaboración de los Cristianos en la salvación toma lugar después del evento del Calvario, cuyos frutos ellos se esfuerzan en derramar por medio de oración y sacrificio. María, en cambio co-operó durante el evento mismo en el rol de Madre; por tanto su co-operación abarca la totalidad del trabajo de la salvación de Cristo. Ella sola fue asociada de esta manera con el sacrificio redentor que mereció la salvación de toda la humanidad. En unión con Cristo y en sumisión a el, ella colaboró en obtener la gracia de la salvación para toda la humanidad”

En todos los casos del uso Magisterial del término “Corredentora”, el prefijo “co” no significa igual a, pero viene de la palabra del Latín, “cum” que significa “con”. El título de “Corredentora” aplicado a la Madre de Jesús nunca pone a María en el mismo nivel de igualdad con Jesucristo, el divino Señor de todos, en el proceso de la redención de la humanidad. Más bien, denota el singular y único compartir de María con su Hijo en el trabajo de la redención y salvación de la familia humana. La Madre de Jesús participa en el trabajo redentor de su Hijo Salvador, que el solo puede reconciliar a la humanidad con el Padre en su gloriosa divinidad y humanidad”.

Por tanto el título y el rol de María como Corredentora revela la particpación única de María, su “co-laboración” y “co-operación” con y supeditada a Jesucristo el único Redentor de la humindad, mientras que al mismo tiempo llama a todos los Cristianos a cooperar en el trabajo salvador de la redención (cf. Col. 1:24). La enseñanza de nuestro Santo Padre que dice “la colaboración de los creyentes… obviamente excluye cualquier igualdad con él…”, corrige la declaración un tanto cuanto engañosa hecha por un comentario de la declaración de la comisión teológica de que el título de “Corredentora”, o la doctrina de la corredención Mariana, inapropiadamente “llama” a María a estar “al mismo nivel con la Palabra de Dios en su particular función redentiva”. Más aún, Lumen Gentium, n. 62 clarifica la verdadera participación de las criaturas en la única mediación de Jesucristo, sin ninguna confusión de ser inapropiadamente percibida como siendo “a nivel con la Palabra de Dios”:

“Porque ninguna criatura puede compararse jamás con el Verbo Encarnado nuestro Redentor; pero así como el sacerdocio de Cristo es participado de varias maneras, tanto por los ministros como por el pueblo fiel, y así como la única bondad de Dios se difunde realmente en formas distintas en las criaturas, así también la única mediación del Redentor no excluye, sino que suscita en sus Criaturas una múltiple cooperación que participa de la fuente única” (Lumen Gentium, n. 62).

Aquí no se está afirmando que los documentos del actual Santo Padre, donde el emplea el título de “Corredentora”, son los más definitivos de su pontificado como ha sido aludido por los comentarios de la comisión. Al mismo tiempo, constituiría aún un error más grave el declarar injustificadamente que las enseñanzas papales de Juan Pablo II y el uso explícito del título de “Corredentora” no tiene ninguna importancia ni significado teológico. Estas son claras y repetidas indicaciones de cómo el Santo Padre entiende y definiría lo que hace de la cooperación de la Sma. Virgen María en la obra de la Redención bajo la Cruz, algo singular y no-repetible por ningún otro de los creyentes. El decir que su cooperación es excepcional, no es que se esté diciendo que se iguala a la obra de Cristo. Y para designar específicamente la participación única de María, la “Nueva Eva”, con y supeditada a Cristo, el “Nuevo Adán”, como “Corredención Mariana,” de manera que se defina la singularidad de esa cooperación, difícilmente se ve impreciso y ambiguo –no más impreciso o ambiguo lo que sería para la divina primacía de Jesucristo, el definir la singular o excepcional cooperación de la Sma. Virgen María en la encarnación de Jesucristo como la Madre de Dios.

La objeción siguiente de que “los títulos como están propuestos son ambiguos” debe ser vista, nuevamente, a la luz de las ricas Enseñanzas Magisteriales Papales de los Siglos XIX y XX. No solamente fue el término de “Corredentora” usado bajo los pontificados de Pío X y Pío XI al igual que con el uso contemporáneo del presente Santo Padre, pero los subsecuentes términos de “Mediadora” y “Abogada” y sus roles, han estado aún con mayor frecuencia en el uso de las enseñanzas de ambos siglos en el Magisterio Papal. No solamente fue el término de “Mediadora” y “Abogada” están contenidos en las enseñanzas del Concilio Vaticano II (cf. Lumen Gentium n. 62), pero también han sido desarrollados en gran medida en la Encíclica Papal de 1987, Redemptoris Mater (La Madre del Redentor), con una completa tercera sección de la misma titulada y dedicada a la doctrina de la Iglesia sobre la “Mediación Maternal.” Quizá la “ambigüedad” mencionada por la comisión, proviene de una falta de comprensión de que el objetivo es la petición de la solemne definición de la Mediación Maternal de María, bajo sus tres aspectos esenciales de: Corredentora (“la Madre Sufriente”), Mediadora (“la Madre Alimentante”) y Abogada (“la Madre Intercesoara”), y no una petición para un “triple dogma” o de “tres términos no-homogéneos” como los miembros de la comisión anteriormente lo mencionaron. Los roles de una madre, como el corazón de una familia, son multiformes; la verdad de su maternidad es singular. Lo mismo tiene validez para la “Madre de la Iglesia” (cf. Concilio Vaticano II, 21 de Nov. 1964).

2. La Definición Solemne de la Mediación Maternal y el Concilio Vaticano II

También debe ser recordado que el Concilio Vaticano II fue por su propia definición no un “concilio dogmático” sino un “concilio pastoral”, y como tal no pudo haber sido el lugar más apropiado para una definición dogmática. Y aún así, los Padres Conciliares hicieron claro que ellos no intentaron presentar una “doctrina completa sobre María” y estimularon a un desarrollo futuro mariológico doctrinal: “Este Sacrosanto Sínodo… no tiene la intensión de proponer una doctrina completa de María, ni tampoco dirimir las cuestiones no llevadas a una plena luz por el trabajo de los teólogods”. (Lumen Gentium, n. 52). La historia de la Iglesia y sus antecedentes nos enseñan que la decisión de un concilio ecuménico dado, que no haya hecho una definición solemne, no necesariamente impide que venga una definición solemne en forma de ex cathedra en el futuro. Por ejemplo, la petición para la definición solemne de la Asunción de María fue elevada y rechazada en el Concilio Vaticano I, pero esto no necesariamente impidió que después viniera una definición solemne de la Asunción, hecha por Pío XII, en una expresión ex cathedra. No existen razones suficientes como para concluir que debido a que el Vaticano II se abstuvo de usar el término de “Corredentora”, entonces por tanto el Concilio intentaba que la Iglesia abandonara el uso de este título para siempre. La doctrina mariológica, el lenguaje y el uso del título por el Papa Juan Pablo II, claramente hace que tal decisión sea imposible.

Por esta y muchas otras razones, por tanto, la rica doctrina mariológica desarrollada en la materia de la Mediación Maternal de María, proveída por las enseñanzas Papales de Juan Pablo II, como un desarrollo fructífero de las enseñanzas del Concilio Vaticano II simplemente no puede ser ignorada. Debemos ser cuidadosos de cualquier forma de estancamiento teológico que rechace el desarrollo auténtico de la doctrina mariológica, como está manifiesta por el presente Pontífice en los diferentes niveles de su Magisterio Papal, en expresiones a base de encíclicas, cartas apostólicas, audiencias generales y enseñanzas.

3. La Definición Solemne de la Mediación Maternal y el Ecumenismo

En relación a la sensibilidad a “dificultades ecuménicas” expresadas por la comisión, regresemos de nuevo a las claras enseñanzas del Papa Juan Pablo II, un reconocido profeta contemporáneo del crítico llamado al ecumenismo, como se encuentra en su reciente encíclica, Ut unum Sint. Dentro de esta instrucción papal en el mandato eclesiástico por una actividad ecuménica, Juan Pablo II específica que en nuestro esfuerzo por un auténtico Ecumenismo Católico, el cuerpo completo de la doctrina como debe ser enseñado por la Iglesia debe ser presentada; la unión completa en el cuerpo de Cristo puede darse únicamente a través de la aceptación de la verdad total, como está enseñada por la Iglesia, y que las “demandas de la verdad revelada” no previenen de la actividad ecuménica sino más bien, proveen los fundamentos necesarios para la unidad Cristiana definitiva. Ut Unum Sint declara.

“En relación al estudio de áreas de desacuerdo, el Concilio requiere que el cuerpo completo de la doctrina sea claramente presentado… la comunión total de seguro va a venir a través de la aceptación de la verdad total, dentro de la cual el Espíritu Santo guía a los discípulos de Cristo. De aquí que todas las formas de reduccionismo o de fácil “acuerdo” deben ser absolutamente evitadas… la unidad querida por Dios puede ser solamente alcanzada por la total adherencia a todo el contenido de la fe revelada en su totalidad. En materia de fe, el transigir está en contradicción contra Dios que es Verdad. En el Cuerpo de Cristo, “el camino, la verdad y la vida” (Jn 14:6), ¿Quién puede considerar legítima una reconciliación obtenida a expensas de la verdad?… El mantener una visión de unidad que tome en cuenta todas las demandas de la verdad revelada, no necesariamente significa poner un freno en el movimiento ecuménico. Por el contrario, significa prevenirlo de llegar a establecer soluciones aparentes que lleven a resultados no firmes y sólidos. La obligación de respetar la verdad es absoluta. ¿No es esta la ley del Evangelio?”.

En ese mismo documento sobre Ecumenismo, el Santo Padre defiende el ejercicio del carisma de la infalibilidad papal como un “testigo de la verdad”, que de hecho sirve como un valor y un fundamento para la unidad cristiana definitiva:

“Cuando las circunstancias así lo requieran, [el Papa] habla en el nombre de todos los Pastores en comunión con él. El puede también –bajo condiciones muy específicas claramente señaladas en el Concilio Vaticano I- declarar ex cathedra que una cierta doctrina pertenece al depósito de la fe (Concilio Ecuménico Vaticano I, Pastor Aeternus: DS 3074). De esta manera, al ser el testigo de la verdad, él sirve a la unidad.”

Las solemnes definiciones de dogmas Marianos, y específicamente el de definición solemne de la Mediación Maternal, no va en contra del mandato crítico de la Iglesia sobre la actividad ecuménica; más bien tales definiciones pueden servir a esta unidad, por la búsqueda de una perfección y claridad doctrinal, tal como la encontramos en las palabras del Cardenal John O’Connor de Nueva York: “Claramente, una definición formal sería formulada en una terminología tan precisa, que otros Cristianos perderían su preocupación de que nosotros no distingamos adecuadamente entre la asociación única de María con la redención y el poder redentor ejercitado por Cristo solo.”

Al mismo tiempo no deberíamos de estar sorprendidos cuando los hermanos y hermanas Cristianas de otras comuniones, que no aceptan el oficio y el carisma del papado, no estén a favor del ejercicio de este oficio específico que ellos mismo no lo aceptan como auténtico. Por tanto, el requerir un apoyo convincente venido de otras comuniones Cristianas y otros cuerpos eclesiásticos, como una condición requisito para ejercer la infalibilidad papal, sería como eliminar –prácticamente hablando- el carisma dado por el Espíritu Santo a la Iglesia de Cristo en la búsqueda de una claridad y perfección doctrinal.

La Santísima Virgen María no debe ser vista como un obstáculo, sino más bien como un instrumento y una madre del movimiento ecuménico (cf. Redemptoris Mater, n. 30), recordando que nadie une a los hijos de una familia más que como lo hace la madre de la familia. Dejemos confiadamente tales decisiones de la temporalidad y oportunidad de una definición solemne de la Mediación Maternal a nuestro Vicario de Cristo, el Papa Juan Pablo II, quien es al mismo tiempo las dos cosas totalmente Mariano y totalmente ecuménico.

4. Vox Populi Mariae Mediatrici

La organización internacional Católica, Vox Populi Mariae Mediatrici (la voz del Pueblo por María Mediadora), es el movimiento principal entre otras, que pide al Santo padre el Papa Juan Pablo II, que defina solemnemente la Mediación Maternal de la Santísima Virgen María. Esta organización internacional Católica lleva consigo el apoyo episcopal de más de 500 Obispos, incluyendo a 42 Cardenales y 4.5 millones de peticiones de fieles representantes de 155 países, todos unidos en pedir la solemne definición de la Mediación Maternal de Nuestra Señora. Vox Populi Mariae Mediatrici trabaja en completa obediencia y solidaridad con el magisterio papal del Papa Juan Pablo II al ejercer su derecho y deber canónico como está manifestado en el Canon 212,d2,3:

“Los fieles Cristianos tiene la libertad de dar a conocer sus necesidades–especialmente la sespirituales- y sus deseos a los pastores de la Iglesia”; “De acuerdo con el conocimiento, competencia y preeminencia que ellos poseen, tienen el derecho y en algunas ocasiones el deber de manifestar a los pastores sagrados su opinión en materia que pertenece al bien de la Iglesia, y tienen el derecho de hacer conocer su opinión a los otros fieles Cristianos, con el debido respeto a la integridad de la fe y de la moral revelada, dirigido a sus pastores, y con la consideración del bien común y de la dignidad de las personas.”

En el estricto espíritu y letra de este Canon, Vox Populi Mariae Mediatrici continúa haciendo todo lo posible a nivel de oración, investigación teológica, catequesis Mariana y educación de los fieles, para asistir en la obtención de la madurez teológica y eclesiástica adecuada, a la causa de una definición solemne de la Mediación Maternal de la Santísima Virgen María.

A la luz de la objeción de la comisión de que la doctrina mariológica en cuestión aún necesita de “más estudio” y mayor “madurez teológica”, recordemos de nuestros recientes antecedentes de la Iglesia, que tal madurez puede darse en un período más bien corto de tiempo, basado en las mentes y en los corazones, autoridades, teólogos y laicos, dedicados al desarrollo de una doctrina dada en un tiempo dado de la iglesia. Por ejemplo en 1957, el Papa Pío XII declaró que la causa de la restauración del diaconado permanente en este tiempo, carecía de “madurez teológica”. Sin embargo pocos años después, en el Concilio vaticano II (1961-1965) fue cuando se consideró que el diaconado permanente “había llegado a su propia madurez teológica” y por tanto fue reinstalado por el Papa Pablo VI en 1967, un poco después del Concilio en 1967.

Resumiendo entonces, la declaración de la comisión, mientras provee una contribución valiosa al dialogo teológico concerniente a la Mediación Maternal y su probable definición solemne, no contiene una prohibición autorizada ni oficial de las actividades de Vox Populi Mariae Mediatrici, que continuará trabajando en obediencia y solidaridad con el Magisterio Papal del Papa Juan Pablo II, en la búsqueda por obtener la requerida madurez teológica y eclesial para la definición solemne de la Mediación Maternal, sea que esto se dé en el distante o “no tan distante” futuro. Sin duda, el juicio final permanece en el presente Pontífice. Y con toda la apreciación y el respeto que se merece la contribución de la comisión teológica en la materia de la Mediación Maternal y su definición, también sabemos por los antecedentes históricos de la Iglesia que muchas comisiones teológicas asesoras requeridas por la Santa Sede, han llegado a conclusiones que en última instancia no fueron adoptadas por la Santa Sede; el ejemplo más radical dentro de los antecedentes recientes de la Iglesia, fue la comisión teológica a la que pidió la Santa Sede examinará la cuestión del control natal artificial, la conclusión de la misma fue ignorada por el Papa Pablo VI, cuando reafirmó en su Encíclica de 1968, la enseñanza constante de la Iglesia en contra del control artificial de la natalidad, Humanae Vitae.

En Conclusión, se Expresan las Siguientes Declaraciones Sintetizadas:

  1. El Pontífice actual, el Papa Juan Pablo II, ha usado el título de “Corredentora” aplicado a la Santísima Virgen María en al menos 5 ocasiones de sus declaraciones Papales, acompañadas por tratados teológicos profundos sobre la participación excepcional de la Santísima Virgen María en la Redención de la humanidad, llevada a cabo por Jesucristo. Los títulos y roles de “Mediadora” y “Abogada”, están contenidos en las enseñanzas del Concilio Vaticano II (Lumen Gentium, nn. 61, 62) y han sido una rica tradición en el uso de las enseñanzas del Magisterio Papal de los siglos XIX y XX (con especial contribución del Magisterio Papal del Papa Juan Pablo II).
  2. Las enseñanzas del Concilio Vaticano II de ninguna manera prohiben una definición solemne de la Mediación Maternal, y de hecho hacen un llamado para un adecuado y completo desarrollo teológico sobre la auténtica doctrina Mariana (cf. Lumen Gentium, n. 54).
  3. La contribución específica encontrada en las Enseñanzas Papales del Papa Juan Pablo II en materia de la mediación maternal de María como Corredentora, Mediadora y Abogada, debe ser incluida y apreciada en el desarrollo de la doctrina mariológica contemporánea, llevando potencialmente hacia una definición solemne de la Mediación Maternal.
  4. La petición de una solemne definición de la Mediación Maternal de María, de ninguna manera está en contra del mandato crítico eclesial para una actividad ecuménica auténtica. La “verdad total sobre María” como parte de la “verdad total del Evangelio”, servirá como fundamento para la deseada unidad Cristiana, como está enseñada por Cristo y entregada a la Iglesia (cf. Dei Verbum, n. 9, 10). En las palabras del Papa Juan Pablo II: “El sostener una visión de unidad que tome en cuenta todas las demandas de la verdad revelada, no necesariamente significa poner un freno al movimiento ecuménico”14 La Santísima Virgen María no debe ser vista como un obstáculo, sino como un instrumento maternal de unidad para todos los cristianos en el único rebaño de Jesucristo.
  5. El movimiento Internacional Católico Vox Populi Mariae Mediatrici, conformado por más de 500 Obispos, 42 Cardenales y la petición de 4.5 millones de fieles pertenecientes a 155 países, continuarán rezando y trabajando en obediencia al Magisterio Papal del Papa Juan Pablo II, procurando conseguir la madurez teológica y eclesial requerida para la definición solemne de la Mediación Maternal de María como Corredentora, Mediadora y Abogada, tal como lo es su derecho y deber canónico expresado en el Canon 212,d2,3.
  6. Vox Populi Mariae Mediatrici deja a Su Santidad Juan Pablo II el discernimiento y la decisión póstuma de la “posibilidad y oportunidad” de la solemne definición de la Mediación Maternal de la Santísima Virgen María, y ofrece obediencia y sumisión total a su juicio final y definitivo.