Por Mark I. Miravalle, S.T.D.

El siguiente discurso fue dado en el Simposium Internacional de la Divina Misericordia Juan Pablo II, en Washington, D.C., el 25 de Enero de 1999.

El Papa Juan Pablo II usó un nuevo título para la Santísima Virgen María, en su encíclica Mariana Redemptoris Mater de 1987, el cual ha sido fundamental y desafortunadamente ignorado. El Santo Padre declaró que nuestra Santísima Virgen María “también tiene el rol específicamente materno de Mediadora de Misericordia para la venida de Nuestro Señor Jesús”.

En este sólo título están contenidos los dos más grandes movimientos espirituales iniciados por el cielo para el siglo veinte: el Triunfo del Corazón Inmaculado de María y el Triunfo de la Divina Misericordia. ¿Qué no podemos ver en este título la referencia de ambas cosas, la intercesión decisiva de la Madre de Dios en nuestros propios tiempos, y al mismo tiempo, una profunda complementariedad con los mensajes de la Beata Faustina y la Divina Misericordia?

Me gustaría discutir este título, “Mediadora de Misericordia” bajo dos aspectos: primero, sus fundamentos teológicos, y segundo, su contexto profético. En relación a sus fundamentos teológicos, ¿cómo podemos llamar a Nuestra Señora “Mediadora de Misericordia”? ¿Sobre qué bases la podemos llamar “Mediadora si, aparentemente, las Escrituras hablan de un solo Mediador? Referente a la dimensión profética de este título, ¿de qué manera la Madre de Jesús y Madre Nuestra ejercita este título y rol por la humanidad en este momento presente histórico? ¿Encaja con el Triunfo del Corazón Inmaculado en el año que nos encontramos, en el último del Siglo Veinte? ¿Cuál es el llamado especial y cual es la fuente especial e instrumento de gracia es este para nosotros en este momento crítico para la Iglesia y para el mundo de hoy?

Examinemos primero los fundamentos teológicos para el título de Mediadora de Misericordia. Es importante establecer desde el principio que el rol de María como Mediadora es el resultado de su participación excepcional en la adquisición de las gracias del Calvario, por el que recibe de la Iglesia el título de “Corredentora”. Es la Iglesia la que le ha dado a Nuestra Señora este título, y nuestro actual Santo Padre, siguiendo el precedente del Magisterio Papal de sus antecesores, se ha referido a este rol de Nuestra Señora como “Corredentora” en cuando menos seis ocasiones documentadas. El prefijo “co” de la raíz Latina “cum”, desde luego nunca significa “igual”, sino siempre significa “con”. El título significa “La mujer con el Redentor, no igual al Redentor”.

Nuestra Señora es Mediadora porque primero participa en la adquisición de la gracias de la redención como la Corredentora. El Magisterio Papal ha puesto bien claro que cada gracia y don dado por Cristo a la humanidad, viene a través de la mediación de la Santísima Virgen María. Ella es la omnium gratiarum, la Mediadora de todas las gracias y dones, que vienen de nuestro Señor Jesús y del Espíritu Santo, porque primero participó con nuestro Señor como Corredentora en la adquisición de esas gracias.

Las Sagradas Escrituras revelan profundamente el rol de nuestra Santísima Madre como Corredentora. En la Anunciación, cuando María dice “si” al ángel y por tanto da su fíat (cf Lc 1:38), le da al Redentor el instrumento de la redención, su cuerpo humano. En una plática que tuve con la extinta Madre Teresa de Calcuta referente a la definición papal solemne del rol corredentivo de Nuestra Señora, en los primeros dos minutos de hablar la Madre dijo: “Ciertamente es Corredentora. Le dio a Jesús su cuerpo y el cuerpo de Jesús es lo que nos salvó”. Le contesté, “Madre, esta es la diferencia entre santidad y teología. Ud. puede decir en dos minutos lo que le toma a los teólogos el escribir tres volúmenes”.

También podemos ver la Presentación en Lucas 2:25ff, donde en la profecía de Simón también identifica a la Madre de Jesús como un signo de contradicción. Y cualquier madre de un signo de contradicción con toda seguridad tendrá la vocación al sufrimiento. Simeón nos dice que el niño que nacerá de María, será la causa de caída y elevación de muchos. Luego miró fijamente a la madre y dijo, “y a tí misma una espada atravesará tu alma” (Lc 2:35). Así, por treinta y tres años la Madre con el Redentor examinan las palabras de Simeón de que su niño había nacido para morir, el niño que ella sola había dado carne. Sólo una mujer dio carne a la Encarnación, dio carne a la Palabra hecha carne, y la finalidad de esta Encarnación era la redención y la corredención. Si tratáramos de sintetizar la única misión que el Padre le dio al Hijo y a la Mujer, es, como Gálatas nos dice, una misión de redención y corredención (Ga 4:4). Ese fue el propósito de la unión de los Dos Corazones, el Sagrado Corazón de Nuestro Señor Jesucristo y el Inmaculado Corazón de nuestra Madre María.

Las gracias inestimables adquiridas por Jesús, el Nuevo Adán, y secundariamente por María, la Nueva Eva, deben entonces ser distribuidas a los corazones humanos a través de la mediación de Nuestra Señora como Mediadora. Esta es la continuación del rol corredentivo de Nuestra Madre, como Mediadora de Todas las Gracias.

El Magisterio Papal ha enseñado repetidamente que, puesto que María participó excepcionalmente con el Redentor en la adquisición de cada gracia de la redención como Corredentora, por esta razón, le ha sido justamente concedido por el Eterno Padre el rol de Mediadora, para participar excepcionalmente con el Mediador en la distribución de toda gracia que fluya de la Redención.

Examinemos un breve ejemplo de la enseñanzas papales sobre el rol de Nuestra Señora como Mediadora de todas las gracias:

  1. León XIII:- “A través de cual [Cristo] ha escogido ser el dispensador de todas las gracias celestiales” (Jucunda semper, 1883); “es correcto decir que absolutamente nada del inmenso tesoro de gracias que el Señor acumuló –porque ‘la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo’(Jn 1:17)—nada nos es impartido excepto a través de María…” (Octobri Mense, 1891).
  2. Sn. Pío X:- “dispensadora de todos los dones” adquiridos por la muerte del Redentor (Ad diem illum, AAS 36, 1904, p.453); “…se convirtió más dignamente en la reparadora del mundo perdido y dispensadora de todos los dones que nuestro Salvador compró para nosotros por medio de su muerte y su sangre” (Ad diem illum,1904; cf., Eadmer, De Eccellentia Virginis Mariae, c.9); “Porque ella es el cuello de nuestra Cabeza a través del cual El comunica todos los dones espirituales a su Cuerpo Místico” (Ad diem illum,1904).
  3. Papa Benedicto XV:- “A causa de su hijo sufriente y agonizante, María soportó el sufrimiento y casi la muerte…Uno puede con toda certeza afirmar que junto con Cristo, ella redimió a la raza humana… por esta razón, cualquier tipo de gracia que recibimos del tesoro de la redención, es administrado como si fuera a través de las manos de la misma Virgen dolorosa…(Carta Apostólica, Inter Sodalicia, AAS 10, 1918, p. 182); Misa y Oficio de la Mediadora de todas las Gracias, aprobada en 1921).
  4. Papa Pío XI:- “la virgen que es tesorera de todas las gracias con Dios…(Carta Apostólica, Cognitum sane, AAS 18, p.213); “…Sabemos que todas las cosas nos son impartidas por Dios, entre más grandes y mejores, a través de las manos de la Madre de Dios” (Carta Encíclica, Ingravescentibus malis, AAS 29, 1937, p.380).
  5. Papa Pío XII:- ¨Es la voluntad de Dios que obtengamos todos los favores a través de María, ´que todos se apresuren a recurrir a María¨ (Superiore Anno, AAS 32 1940, P. 145. La misma expresión por él mismo, cf., AAS 45, 1953, p.382); ¨Ella nos enseña todas las virtudes; nos da su Hijo y con él toda la ayuda que necesitamos, porque ´Dios quizo que todo lo tuviéramos a través de María¨ (Mediator Dei, 1947).

Encontramos una particularmente rica contribución a las enseñanzas doctrinales sobre el rol de Nuestra Señora como Corredentora y Mediadora, en los escritos contemporáneos de Juan Pablo II. De hecho, la Mediación Maternal de María es la materia de toda una tercera parte de la encíclica de Su Santidad, Redemptoris Mater (Madre del Redentor) de 1987.

El Pontífice declara, en la Parte I, n. 21:

¨De modo que hay mediación: María se coloca a sí misma entre su Hijo y la humanidad en la realidad de sus deseos, necesidades y sufrimientos. Ella se pone a sí misma ´en medio´, es decir, actúa como una mediadora no como una intrusa, sino en su posición como madre. Ella sabe que, como tal, puede señalar a su Hijo las necesidades de la humanidad, y de hecho, ´tiene el derecho´ de hacerlo. Su mediación, es por eso, en la naturaleza de la intercesión: María intercede por la humanidad¨ (R. Mater, n. 21).

En la Audiencia del Miércoles 1 de Octubre de 1997, el Santo Padre nos recuerda:

¨Recordamos que la mediación de María es esencialmente definida por su Divina Maternidad. El reconocimiento de su rol de Mediadora es más aún implícito en la expresión ´nuestra Madre´, la que presenta la doctrina de la mediación Maternal al poner el acento en su Maternidad¨.

Por lo tanto, por deducción teológica uno puede correctamente decir que el título de ¨Mediadora de Misericordia¨, está implícitamente contenido en el título clásico Mariano de ¨Madre de Misericordia¨.

Refiriéndose al rol corredentivo de la Santísima Virgen, en que María es quien ¨encarna¨ la misión de la redención del mundo a través de su libre y activa cooperación, su co-trabajo, Juan Pablo II recientemente ponderó una vez más, esta dimensión en su Audiencia del 18 de Septiembre de 1996:

¨Para María, la dedicación a la persona y el trabajo de Jesús significa…co-operación en su obra de salvación. María lleva este último aspecto de su dedicación a Jesús ‘supeditada a El’; esto es, en una condición de subordinación, que es el fruto de la gracia. Sin embargo, esta es verdadera co-operación, porque se da ‘con El’ y, empezando con la Anunciación, implica participación activa en la obra de la redención. ‘Por tanto, correctamente’, el Concilio Vaticano Segundo observa que ‘los Padres ven a María no meramente como contratada pasivamente por Dios, sino como co-operando libremente en la obra de la salvación del hombre por medio de su fe y obediencia. Porque ‘siendo obediente –como dice Sn. Irineo- se convirtió en la causa de salvación para ella misma y para toda la raza humana¨ (Adv. Haer. III, 22, 4).

Un año después, en la Audiencia del Miércoles 9 de Abril de 1997, el Santo Padre explicó como esta co-operación de la Santísima Virgen en la redención es ¨única e irrepetible¨:

¨No obstante, aplicado el término de ¨co-operadora¨ a María, adquiere un significado específico. La colaboración de los Cristianos en la salvación se da después del evento del Calvario, cuyos frutos ellos deben esforzarse en distribuir por medio de oraciones y sacrificios. En cambio, María, co-operó durante el evento mismo y en el rol de madre; por tanto su co-operación abarca la totalidad de la obra de salvación de Cristo. Ella sola fue asociada de esta manera con el sacrificio redentor que mereció la salvación del género humano. En unión con Cristo y en sumisión a El, colaboró en la obtención de la salvación para toda la humanidad.

El rol de la Santísima Virgen como co-operadora tiene su origen en su maternidad divina. Al haber dado a luz al que estaba destinado a lograr la redención del hombre, al haberlo alimentado, presentándolo en el templo y sufriendo con El mientras moría en la Cruz, ‘de una manera completamente singular co-operó…en la obra del Salvador’ (Lumen Gentium, n. 61). A pesar de que el llamado de Dios a co-operar en la obra de la salvación concierne a cada ser humano, la participación de la Madre del Salvador en la Redención humana es un hecho único e irrepetible.

En otra Audiencia de los Miércoles, después de explicar la ¨íntima participación de la Santísima Virgen en la vida entera de Jesús¨, el Santo Padre hizo una pausa para reflexionar en la participación de la Virgen en el Calvario:

No obstante, la asociación de la Santísima Virgen con la misión de Cristo llega a su culminación en Jerusalén, en el momento de la Pasión y Muerte del Redentor…El Concilio remarca la profunda dimensión de la presencia de la Santísima Virgen en el Calvario, recordando que ella, ‘perseveró fielmente en su unión con su Hijo hasta la Cruz’ (Lumen Gentium, n. 58), y señala que esta unión ‘en la obra de la redención se pone de manifiesto desde el momento de la concepción virginal de Cristo hasta su muerte’ (ibid., n. 57).

Con nuestra contemplación iluminada por el resplandor de la Resurrección, hacemos una pausa para reflexionar en el involucramiento de la Madre en la Pasión redentora de su Hijo, la que fue completada por su compartir en sus sufrimientos.

Por tanto, debe ser subrayado que la Mediación Maternal de María no es una ¨nueva doctrina¨, sino una verdad revelada firmemente establecida, y consistentemente enseñada por el Magisterio Papal.

También debe ser anotado que el título de ¨Mediadora de Misericordia¨, es un aspecto dentro de su rol como ¨Mediadora de todas las Gracias¨, así como uno de los más grandes dones de Dios en el orden de la gracia, es no otra cosa, que Su misericordia.

Tornemos ahora a una objeción sobre la mediación Mariana que ha resurgido particularmente en varias áreas ecuménicas, concerniente al clásico texto Paulino de 1 Tim 2:5: ¨Porque hay un sólo Dios, y hay un sólo Mediador entre Dios y el hombre, el hombre Jesucristo¨. A pesar de que el contexto general del pasaje remarca en el verso en cuestión, el valor de las ¨súplicas, oraciones, intercesiones¨ humanas de los fieles (cf. V. 1-4), sin embargo, la referencia al ¨único Mediador¨ es interpretado por algunos en el sentido de ‘exclusividad’, como un mandato prohibiendo cualquier otra mediación subordinada dentro y al servicio de la única mediación de Jesucristo.

De inestimable valor es la observación de John Macquarrie, teólogo Anglicano, en referencia a la objeción levantada por muchos cuerpos eclesiales Protestantes, en oposición a la Mediación Mariana subordinada:

El asunto no puede ser resuelto señalando los peligros de exageración o abuso, o apelando el separar textos de la escritura tal como 1 Timoteo 2:5, o cambiando modas en teología y espiritualidad, o por el deseo de no decir nada que pudiera ofender a la contraparte en el diálogo ecuménico. Quizá algunos entusiastas exagerados hayan elevado a María a una posición de igualdad virtual con Jesús, pero esta aberración no es necesariamente consecuencia del reconocimiento de que hay una verdadera lucha por las expresiones en palabras, tales como Mediadora y Corredentora. Todos los teólogos responsables estarían de acuerdo que el rol corredentivo de María es subsidiario y auxiliar al rol central de Cristo. Pero si tiene tal rol, entre más claro lo entendamos, mejor.

El entendimiento adecuado de ¨Cristo el único Mediador¨, del texto de 1 Tm 2:5, presupone una distinción crítica y fundamental: que la única y perfecta mediación de Jesucristo no previene o prohibe, sino más bien provee y llama a otros a compartir y participar de una manera secundaria y subordinada en esta perfecta mediación del Señor. Las Sagradas Escrituras revelan, en el contexto de varios paralelismos, no sólo la posibilidad sino de hecho la obligación de los Cristianos, de participar de aquello que es –en primer lugar- exclusivamente verdadero de Jesucristo. Tenemos, por ejemplo, la única Filiación de Jesucristo. Hay un sólo verdadero Hijo nacido del Padre, aquel que es el Logos, la Palabra que se hizo carne. Al mismo tiempo, se nos dice que nos hemos convertido en hijos adoptivos de Dios (cf. 2: Co 5:17; 1 Jn 3:1; Jn 1:12; Ga 2:20; 2 Pe 1:4). ). El ser hijos adoptivos es una participación de la única Filiación de Jesucristo. Otro ejemplo escriturístico es el del único Sacerdocio de Jesucristo. La carta a los Hebreos hace referencia a la unicidad y singularidad de Jesucristo, el ¨sumo sacerdote¨ (cf. Heb 3:1; 4:14; 5:10), quien sólo es ofrecido como Sacerdote y Víctima ¨por la santificación de todos nosotros¨ (cf. Hb 10:10). Al mismo tiempo, todos los Cristianos somos llamados en participar en diferentes niveles y grados del único Sacerdocio de Jesucristo, ya sea por medio de la ordenación sacerdotal ministerial o por el sacerdocio real del laicado, tal y como fue discutido en el Concilio.

Más aún, el Concilio Vaticano II establece la legitimidad de la mediación subordinada, como una participación en la perfecta mediación de Jesucristo, al confirmar el fruto de la mediación subordinada como una manifestación de aquella que es verdaderamente única y dependiente del ¨único mediador entre Dios y el hombre, el hombre Cristo Jesús¨ (cf. 1 Tm 2:5):

Ninguna criatura pudo nunca haber sido contada junto con la Palabra Encarnada y Redentor; pero así como el sacerdocio de Cristo es compartido en varias formas por sus ministros y sus fieles, y así como la bondad de Dios es radiada en diferentes maneras entre sus criaturas, así también la única mediación del Redentor no excluye, sino más bien fomenta una cooperación multifacética , la cual es una forma de compartir de esta sola fuente (Lumen Gentium, n. 62).

¿Entonces qué con la Mediación Maternal? ¿Cómo es que la Madre de Jesús participa excepcionalmente de la única Mediación del Señor? En relación a María Mediadora y de su participación excepcional en la mediación de Jesús, El Papa Juan Pablo II nos lo dice en su audiencia del Miércoles 1 de Octubre de 1997:

¨La mediación materna de María no hace sombra a la única y perfecta mediación de Cristo. En efecto, el Concilio, después de haberse referido ‘Mediadora’ precisa a renglón seguido: Lo cual sin embargo, se entiende de tal manera que no quite ni añada nada a la dignidad y a la eficacia de Cristo único Mediador (Lumen Gentium, n.62)…El Concilio afirma, además que ‘la misión maternal de María para con los hombres de ninguna manera disminuye o hace sombra a la única mediación de Cristo, sino que manifiesta su eficacia’ (ibid, n.60).

¨Así pues, lejos de ser un obstáculo al ejercicio de la única mediación de Cristo, María pone de relieve su fecundidad y su eficacia…Al proclamar a Cristo único Mediador (cf. 1 Tm 2, 5-6), el texto de la carta de Sn. Pablo a Timoteo excluye cualquier otra mediación paralela, pero no una mediación subordinada. En efecto, antes de subrayar la única y exclusiva mediación de Cristo, el autor recomienda ‘que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres’ (2:1). ¿No son, acaso, las oraciones una forma de mediación? Más aún, según Sn. Pablo, la única mediación de Cristo está destinada a promover otras mediaciones dependientes y ministeriales. Proclamando la unicidad de la de Cristo, el Apóstol tiende a excluir sólo cualquier mediación autónoma o en competencia, pero no otras formas compatibles con el valor infinito de la obra del Salvador.

“En efecto, ‘así como en el sacerdocio de Cristo participan de cierta manera tanto los ministros como el pueblo creyente, y así como la única bondad de Dios se difunde realmente en las criaturas de distintas maneras, así también la única mediación del Redentor no excluye sino que suscita en las criaturas una colaboración diversa que participa de la única fuente’ (Lumen Gentium, n.62)…¿Qué es, en verdad, la mediación materna de María sino un don del Padre a la humanidad?¨

Por tanto, podemos correctamente decir que la Santísima Virgen María participa, como ninguna otra criatura, ángel o santo, en la única mediación de Jesucristo, y por tanto correcta y excepcionalmente referida como la ¨Mediadora¨ (Lumen Gentium, n.62). María de manera única –más allá de todas las criaturas- participa en Tm 1, 2:5, debido a su participación excepcional corredentiva en la adquisición de las gracias con y supeditada a Jesús, como la Nueva Eva, lo que consecuentemente resulta en su tarea única mediatorial en la distribución de las gracias del Calvario. Juan Pablo II explica en la Redemptoris Mater:

María entró, de una manera exclusiva, dentro de la mediación ‘entre Dios y el hombre’, a la que es la mediación de Cristo Jesús hombre (cf. Tm 1, 2:5)…debemos decir que a través de esta plenitud de gracia y vida sobrenatural, fue especialmente pre-dispuesta a cooperar con Cristo, el único Mediador de la salvación humana. Y tal cooperación es, precisamente, esta mediación subordinada a la mediación de Cristo…En el caso de María tenemos una mediación especial y excepcional…

Resumiendo, es perfectamente claro por las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia que Nuestra Señora es Corredentora, quien comparte de una manera excepcional en la mediación de Cristo en la adquisición de los frutos de la Redención, y como resultado, participa de una manera única de esa misma perfecta mediación de Cristo como Mediadora de las gracias de la Redención; y que esto constituye teológicamente la base para su rol universal como ¨Mediadora de Misericordia¨, y como ¨Abogada¨ (o Intercesora principal) para todo el pueblo de Dios. (cf. Lumen Gentium, n.62).

¿Y ahora qué con la dimensión profética del título ¨Mediadora de Misericordia¨? ¿De qué manera la revelación privada de la Divina Misericordia y del Triunfo del Corazón Inmaculado de María, profetizado en Fátima, se unen en este sólo título de ¨Mediadora de Misericordia¨? ¿Qué nos dice este título en este momento de la historia humana?

Sugeriría que estos dos grandes movimientos, el Triunfo de la Divina Misericordia y el Triunfo del Corazón Inmaculado, que no son hechura de hombre pero de origen celestial, tienen una complementariedad sobrenatural. Examinemos algunos ejemplos. Primeramente, examinemos la teología de la oración que encontramos en ambos movimientos. Notemos la similitud teológica entre ambas oraciones dadas en Fátima y a la Beata Faustina.

Durante las apariciones preparatorias del ángel en 1916 a los tres niños en Portugal, les fue revelada la siguiente oración:

¨Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo, presente en todos los tabernáculos del mundo, en reparación por las ultrajes, sacrilegios e indiferencia con los que El mismo es ofendido. Y, a través de los méritos infinitos de Su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores¨.

Y de nuestro Señor de la Misericordia a la Beata Sor Faustina, tomamos lo revelado en la Corona de la Misericordia:

¨Padre Eterno, Yo te ofrezco el Cuerpo y Sangre, Alma y Divinidad de tu amadísimo Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, en expiación de nuestro pecados y de los del mundo entero¨.

¿Cuál es el fundamento teológico común de estas dos oraciones celestiales reveladas? Primeramente, hay un fundamento de reparación Eucarística, que viene en varias formas. La reparación Eucarística es primero y antes que nada en la forma del Santo Sacrificio de la Misa, ofrecido por un sacerdote ordenado, una Adoración Eucarística. Pero habrá que notar que en estos dos movimientos celestiales para este siglo, que existe una dimensión adicional de reparación Eucarística, una dimensión que también se extiende al laicado. En el ejercicio de su sacerdocio real, el laicado ofrece hostias ya consagradas, el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de nuestro Señor Jesucristo, para aplacar la justicia del Padre Eterno.

El Padre mira hacia abajo y ve los pecados de la humanidad. Primero ve al sacerdote, el que está precediendo para ofrecer el Sacrificio, el que ofrece la Eucaristía en continuación del sacrificio del Calvario. El Padre mira hacia abajo y ve, en medio de la obscuridad del pecado generalizado del mundo, estos brotes de luz, el Sacrificio de la Misa ofrecido por nuestros sacerdotes. Y debido a estas luces místicas rompiendo el obscuridad del pecado, el Padre no responde en justicia -lo que es también parte de Su naturaleza- sino más bien responde en misericordia. Es por esto que Fulton Sheen con frecuencia decía en tono de puya que si un sacerdote no entendía –antes que nada- que el era el que precedía para ofrecer el Sacrificio por el pueblo, tendría para siempre una crisis de identidad. Esta es la tarea preeminente del sacerdote, el ofrecer el Sacrificio de tal manera que la misericordia en lugar de la justicia, sea la respuesta del Padre.

Segundo, y muy especialmente en el siglo veinte, es también el laicado quien es llamado –no a consagrar, lo que está fuera de su poder- para ofrecer a Jesús Eucarístico ya consagrado al Padre en reparación por el pecado. Lo hacemos por su Pasión dolorosa, su Pasión en forma Eucarística, puesto que existe consagrado en los tabernáculos del mundo. El ofrecimiento del laicado (de una manera similar al Sacrificio del Redentor que es ganado por el sacrificio laical y maternal de la Corredentora en el Calvario), no va a tener la misma eficacia espiritual que la del Sacrificio sacerdotal, pero será un corolario, una asociación del sacerdote y el laicado ofreciendo a Jesús Eucarístico al Padre, para que la respuesta sea –como ya se dijo- misericordia en lugar de justicia.

Resumiendo, es un llamado celestial para el ofrecimiento del Señor Eucarístico en expiación y reparación de los pecados del mundo, y un ejercicio de los sacerdotes y del laicado en presentar al Padre la Pasión y la presencia Eucarística de su Hijo, por todos los fieles de Cristo.

Encontramos otra complementariedad entre el Triunfo del Corazón Inmaculado y el Triunfo de la Divina Misericordia, en muchas referencias en el Diario inspirado de la Beata Faustina, con la Mediación Maternal de María en el orden de la gracia. Manifestado claramente al abrir el Diario, tenemos numerosos ejemplos del rol salvífico de la Mediadora de Misericordia.

En la Libreta I, n. 11, p. 7, es la Madre de Dios como Abogada quien guía a la Hermana Faustina a encontar protección:

¨Cuando bajé del tren y vi que todos iban por caminos separados, me dominó el miedo. ¿Qué voy hacer? ¿A quién debo de ir, si no conozco a nadie? Entonces le dije a la Madre de Dios, ‘María, condúceme, guíame’. Inmediatamente escuché estas palabras dentro de mí, diciéndome que dejara el pueblo y que me fuera a cierta villa cercana donde encontraría un alojamiento seguro para la noche. Así lo hice y encontré de hecho que todo estaba tal y como me lo había dicho la Madre de Dios¨.

En la Libreta I, n. 20, p. 11, se refiere a la Mediación de gracias de Nuestra Señora por las almas del Purgatorio:

¨Vi a Nuestra Señora visitando las almas en el Purgatorio. Las almas la llaman ‘La Estrella del Mar’. Ella les lleva refrigerio¨.

La unión del sufrimiento humano con el sufrimiento del Corazón de la Corredentora, puede ser encontrada en la Libreta I, n. 25, p. 14:

¨Durante la noche, me visitó la Madre de Dios, llevando a Jesús Infante en Sus brazos. Mi alma estaba llena de gozo y le dije: ¨María, Madre mía, ¿Tu sabes que terriblemente sufro?¨ Y la Madre de Dios me respondió: ¨Se cuanto sufres, pero no temas. Comparto contigo tus sufrimientos y siempre lo haré así¨.

También encontramos la mediación de gracia y abogacía de nuestra Señora por las naciones en la misma Libreta, n. 33, p. 18:

¨Estaba haciendo esta novena por la intención de la Patria. En el séptimo día de la novena vi, entre el cielo y la tierra a la Madre de Dios, vestida con una túnica brillante. Estaba orando con Sus manos recogidas sobre Su pecho, Sus ojos fijos al Cielo. De su Corazón brotaron rayos ardientes, algunos de los cuales fueron dirigidos hacia el Cielo mientras que los otros estaban cubriendo nuestro país.

La mediación de Nuestra Señora por la gracia especial de la pureza para la Hermana Faustina, se encuentra en la Libreta I, n. 40, p. 21:

¨…Y [Jesús] me dijo, te doy amor eterno tal que tu pureza nunca sea empañada y como un signo de que nunca serás sujeta a la tentación contra la pureza, Jesús se quitó su cinto de oro y me lo puso en la cintura. Desde entonces nunca he experimentado ningún ataque contra esta virtud, ni en mi corazón ni en mi mente. Entendí más tarde que esta era una de las más grandes gracias que la Santísima Virgen María había obtenido para mí, puesto que yo le había estado pidiendo a Ella por muchos años esta gracia. Desde ese momento he experimentado una creciente devoción por la Madre de Dios. Me ha enseñado como amar a Dios interiormente, y también el como cumplir su Santa voluntad en todas las cosas. Oh María, Tu eres mi alegría, porque a través de Tí, Dios desciende a la tierra [y] a mi corazón¨.

En la Libreta I, n. 315, p. 144, se encuentra más referencia de la mediación de gracias de Nuestra Señora a la Beata Faustina: ¨Madre de gracia, enséñame a vivir por [el poder de] Dios¨.

En la Libreta I, n. 330, “Escuché unas pocas palabras que la Madre de Dios decía a él [vgr. Mi confesor] pero no todo. Las palabras eran: No soy sólo Reina del Cielo, sino también la Madre de Misericordia y tu Madre.”

En la Libreta I, n. 564, p. 238: ¨[María] me dijo, ‘Me das gran alegría cuando adoras a la Santísima Trinidad por las gracias y privilegios que Me fueron concedidos’. Y más delante…¨fui a la capilla a compartir la hostia, en espíritu con mis seres queridos, y le pedí a la Madre de Dios gracias para ellos¨. (n.182, p. 101).

Finalmente, la Beata Faustina confió toda su vida a Nuestra Señora, tal y como se lee en la misma libreta, n. 79, p. 41:

¨Oh María, Madre y Señora mía, te ofrezco mi alma, mi cuerpo, mi vida y mi muerte, y todo lo que le siga. Pongo todo en Tus manos. Oh Madre mía, cubre mi alma con Tu manto virginal y otórgame la gracia de pureza de corazón, de alma y cuerpo. Defiéndeme con Tu poder contra todos mis enemigos, y especialmente contra aquellos que ocultan su malicia detrás de la máscara de la virtud. ¡Oh amadísima azucena! ¡Eres para mí un espejo, Oh Madre mía!”

Otra complementariedad dinámica adicional entre el Triunfo de la Divina Misericordia y el Triunfo del Corazón Inmaculado de María, es la urgencia innegable de ambos llamados celestiales. Sería un grave error ¨desmitologizar la realidad histórica y la transmisión de urgencia contenida en ambos movimientos sobrenaturales¨. Sin lugar a duda, entonces, el Diario da un testimonio vívido y consistente de la misión de la Mediadora de Misericordia. Ambos mensajes manifiestan una auténtica urgencia histórica y celestial, una urgencia de paz y una urgencia de misericordia, no obstante, todo ello con urgencia. El siguiente es un mensaje fundamental de Nuestra Señora del Rosario en Fátima, con una promesa profética de que ¨al final mi Corazón Inmaculado triunfará¨:

¨Continúen rezando el rosario todos los días en honor de Nuestra Señora del Rosario, para obtener la paz del mundo y que se termine la guerra; porque sólo ella lo puede salvar…Sacrifíquense por los pecadores; y digan con frecuencia, especialmente cuando hagan un sacrificio: ‘Oh Jesús mío, es por tu amor, por la conversión de los pecadores y en reparación por los pecados cometidos contra el Corazón Inmaculado de María.’ Uds. han visto el infierno –a donde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlos Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. Si la gente hace lo que voy a decir, muchas almas serán salvadas y habrá paz porque se va a terminar la guerra. Pero si no dejan de ofender a Dios, otra guerra peor se desatará durante el reinado de Pío XI. Cuando vean una noche iluminada por una luz desconocida, sepan que es el gran signo que Dios les da de que va a castigar al mundo por sus crímenes por medio de la guerra, hambre y persecución de la Iglesia y del Santo Padre. Para prevenir esto, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la Comunión de Reparación en los Sábados Primeros. Si escuchan mi petición, Rusia se convertirá y habrá paz. Pero si no, desparramará sus errores en todo el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia; los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá mucho que sufrir, varias naciones serán aniquiladas; pero al final mi Corazón Inmaculado tiunfará¨

(13 de Julio de 1917).

Muchos de nosotros estamos conscientes del hecho de que cuando el Santo Padre fue herido el 13 de Mayo de 1981, en el aniversario del primer mensaje de Fátima, después de que la bala fue retirada de su abdomen, el Santo Padre pidió que la bala fuese traída y moldeada como una parte dentro de la corona de Nuestra Señora de Fátima. ¡De una manera tan clara él testimonia su vida a la intercesión de Nuestra Señora de Fátima! Por tanto, vemos en Fátima un mensaje de urgencia, de conversión y de reparación Eucarística, todo condicionado a la respuesta del hombre.

La urgencia del mensaje de la Divina Misericordia se manifiesta no sólo en las expresiones obvias de las revelaciones privadas de la Beata Faustina, sino también en la encíclica sobre la Divina Misericordia de nuestro Santo Padre emitida en 1982, Dives in Misericordia. En esta encíclica, también poco notada, el Santo Padre advierte de un diluvio potencial por los pecados contemporáneos de la humanidad:

¨No obstante, en ningún tiempo ni período histórico –especialmente en el momento crítico como el nuestro- puede la Iglesia olvidar las oraciones que es un llamado por la misericordia de Dios en medio de tantas formas de maldad que pesan y amenazan a la humanidad…Como los profetas, hagamos una súplica a ese amor que tiene características maternales y el cual, como una madre, sigue a cada uno de sus hijos, cada oveja perdida, aún si se contaran por millones, aún si sobre el mundo prevaleciera la maldad sobre la bondad, aún si la humanidad mereciera un ‘nuevo diluvio’ a causa de sus pecados…Y si ninguno de nuestros contemporáneos comparte la fe y la esperanza que me guía, como un siervo de Cristo y administrador de los misterios de Dios, para implorar la misericordia de Dios para la humanidad en esta hora de la humanidad, permítanle al menos tratar de entender la razón de mi preocupación. Está dictado por amor al hombre, por todo lo que es humano y el cual, de acuerdo a las intuiciones de muchos de nuestros contemporáneos, que está amenazado de un inmenso peligro…El misterio de Cristo…también me obliga a proclamar misericordia como el amor misericordioso de Dios…de igual manera me obliga el tener que acudir a esa misericordia y a pedir por ella en esta fase difícil y crítica de la historia de la Iglesia y del mundo, al acercarnos al final del segundo milenio¨ (Dives in Misericordia, n. 15).

Esto es, por cierto, donde nos encontramos en el último año del segundo milenio.

¿Qué es lo que entonces constituye la relación entre el Triunfo de la Divina Misericordia y el Triunfo del Inmaculado Corazón de María? El Triunfo del Corazón Inmaculado de María tiene como su primer objetivo la misión de abrir los corazones al don de la Divina Misericordia, y por tanto, el Triunfo del Corazón Inmaculado de María, correctamente entendido , coincide con el de la Divina Misericordia. El Triunfo del Corazón Inmaculado de María esencialmente sirve al Triunfo de la Divina Misericordia, al igual que sirve para abrir y sostener los corazones humanos para y con el don de la Divina Misericordia que viene del Sagrado y Misericordioso Corazón de Nuestro Señor. Esto nos llevará a la “Era de paz”, al Reino Eucarístico del Sagrado Corazón, un tiempo cuando la misericordia del Corazón de Jesús es de hecho aceptada por el corazón humano, la tan esperada y prometida “Nueva Primavera para la Iglesia”. Es María, la Mediadora de Misericordia, la que, a través del Triunfo de su Corazón Inmaculado, mediará para el mundo las gracias de la Divina Misericordia y el Reino del Sagrado Corazón sobre la tierra. Ambos Triunfos buscan este mismo objetivo. ¿Cuál es entonces la llave para abrir las gracias inestimables del Triunfo del Corazón Inmaculado de María, que conducirá al Triunfo de la Divina Misericordia en los corazones de la humanidad? Muchos cardenales, obispos, sacerdotes y líderes laicos Marianos del mundo creen, como yo creo, que será la proclamación papal de la verdad total sobre Nuestra Señora en su rol de la Madre de todos los Pueblos, Corredentora, Mediadora de Gracia y Misericordia, y Abogada.

Para poder entender la necesidad de la definición Papal de la Mediación maternal de Nuestra Señora, es críticamente necesario el entender el principio básico de la providencia de Dios en relación al respecto de la libertad humana. ¿Porqué es necesaria una proclamación dogmática para que se liberen totalmente las gracias y misericordia del Corazón Inmaculado de María?

Dios, el Abba Padre, no fuerza sus gracias sobre nosotros. Dios tiene un tremendo respeto por la libertad humana y por la libertad del corazón humano, y su gracia es dada sólo cuando es pedida, y es sólo recibida cuando el corazón se ha abierto a ella. Esto también es verdad referente al rol de la Madre de Misericordia. Sus títulos son sus obras. Cuando llamamos a la Santísima Madre la Mediadora de Misericordia, no es sólo un título honorario; es una función que realiza por el Cuerpo Místico, y hasta que demos completo reconocimiento a ese título, Ella no podrá ejercer completamente dicha función por su familia.

Por tanto, existe una verdadera fundamentacion teológica, que mientras el Santo Padre no haga libremente la proclamación a su más alto nivel de verdad, la Santísima Madre no tendrá la libertad para ejercer plenamente sus títulos y sus funciones como la Corredentora, Mediadora de todas las gracias y abogada por toda la familia humana, interceder por el tan esperado Triunfo de su Corazón Inmaculado, el que llevará al Triunfo de la Divina Misericordia. Como un autor lo indicó, Dios esperó el si, el fíat de una mujer para enviar a su Hijo al mundo, y ahora la Mujer espera el fíat de un hombre, el Vicario de Cristo, para enviar al mundo las gracias inestimables del Triunfo de Su Corazón Inmaculado.

En síntesis, por tanto, podemos ver que el Padre Eterno, que es rico en misericordia no fuerza Su gracia sobre nosotros, sino que más bien requiere nuestro fíat para recibirlas. Y, por tanto, hasta que la Iglesia libre y totalmente reconozca los roles de Nuestra Señora como la Madre de Todos los Pueblos, la “Madre sufriente” (la Corredentora), la “Madre nutriente” (la Mediadora de todas las Gracias y Misericordia), y la “Madre suplicante” (la Abogada), hasta entonces Nuestra Madre no podrá ejercer plenamente estos roles mediatorios por la Iglesia y por el mundo que está en necesidad desesperada de un Nuevo Pentecostés del Espíritu a través de la Esposa.

La necesidad por este gran Dogma Mariano para que inicie el Triunfo del Corazón Inmaculado, ha sido manifestada por más de 530 obispos, incluyendo a 44 cardenales, y a cerca de 5 millones de fieles Católicos quienes están orando y pidiendo por esta proclamación papal. Desde luego, que respecto al tiempo y lo apropiado de esta proclamación papal, nos sometemos completamente a la decisión de nuestro Papa Totus Tuus y de la Divina Misericordia, Juan Pablo II.

Por tanto, dirijámonos hacia el Cielo pidiendo el Triunfo del Corazón Inmaculado de María, el que conducirá al Triunfo de la Divina Misericordia. Usemos los instrumentos sobrenaturales del Rosario, la Corona de la Misericordia, la Adoración Eucarística y los ofrecimientos reparadores para expiar por los pecados presentes en toda la humanidad. Oremos por la proclamación de la verdad total de la Madre de Todos los Pueblos, liberándola para que medíe completamente como Corredentora, Mediadora de Gracia y Misericordia,y Abogada, por la Iglesia y el mundo de hoy. Y seamos imágenes de la Divina Misericordia y del Inmaculado Corazón, haciendo nuestra parte individual, lo que conducirá al Triunfo de la Divina Misericordia, al Reino Eucarístico de Nuestro Señor Jesús, a la Nueva Primavera para la Iglesia.