¿Qué tienen en común Sn. Padre Pío, Sn. Francisco J. Cabrini, Sta. Gema Galgani, Sn. Maximilano Kolbe, Sn. Leopoldo Mandil, Sta. Teresa Benedicta de la Cruz, Sn. José Ma. Escribá, Beata Teresa de Calcuta, Siervo de Dios Juan Pablo II y Sor Lucía de Fátima (más allá de su santidad eminente como testigos del Siglo XX)? todos ellos repetidamente invocaron a Nuestra Señora como la “Corredentora” y enseñaron la doctrina de la Corredención Mariana, en lo concerniente al rol sin paralelo de María con y supeditada a Jesucristo en la obra de la Redención de la familia humana.

Uno de los grandes ejemplos del desarrollo de la doctrina Católica, es visible con la evolución histórica del dogma Mariano. Como la pequeña bellota que crece a través de los años llegando a ser un gran roble, las semillas de la Escritura divinamente plantadas en relación a María, han crecido bajo el nutriente del Espíritu Santo en dogmas de fe solemnemente declarados –lo que constituye la forma más alta de reconocimiento de una verdad de la Iglesia-.

En el 431, el Concilio de Éfeso declaró solemnemente a María la Madre de Dios, o literalmente la “Portadora de Dios” (Theotokos), en medio de la controversia Nestoriana sobre la naturaleza y persona de Cristo.(1)

Dos siglos después (649), el Papa Martín I declaró la “Virginidad Perpetua” de Nuestra Señora, que era virgen antes, en y después del parto de Jesucristo. (2)

Pasó un lapso mayor a los 1,200 años antes de la proclamación del siguiente dogma Mariano, con la solemne definición papal de la Inmaculada Concepción (1854) por el Beato Pío IX, en donde el Papa ejerció el carisma de la infalibilidad papal para pronunciar que, desde momento el mismo de la concepción de María, estaba libre de pecado original y llena de gracia. (3) Un siglo después, el Papa Pío XII volvió a ejercer la infalibilidad papal, definiendo solemnemente la Asunción de María (1950), esto es que al final de su vida terrena la Madre de Jesús fue llevada en cuerpo y alma a la gloria celestial. (4)

Estos 4 dogmas Marianos identifican las prerrogativas principales de la Santísima Virgen María durante su vida terrena en relación a su Hijo Divino. Pero las tareas sublimes asignadas a la Virgen Madre por la Santísima Trinidad no terminan ahí. María recibió un quinto rol en relación específica con la raza humana, que fue primeramente declarado por su Hijo Crucificado como su don final a la humanidad antes de su muerte redentora: “Mujer, ¡he ahí a tu Hijo!… ¡He ahí a tu Madre!” (Jn 19:25-27).

María no es solamente Madre de Dios hecho hombre, la Virgen Perpetua de las Vírgenes, la Inmaculada Concepción y la Única Asunta –después de Cristo- también es la Madre Espiritual de todos los pueblos y naciones. Como lo enseña el Concilio Vaticano II: “Una vez recibida en los cielos, no dejó su oficio salvador, sino que continúa alcanzándolos por su múltiple intercesión, los dones de la eterna salvación… Por eso la Bienaventurada Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora” (Lumen Gentium, 62).

Como Madre Espiritual de la humanidad, Nuestra Señora ejerce 3 funciones maternales a favor de sus hijos terrenales. Es una “Madre sufriente” o “Corredentora.” El prefijo “co” no significa igual pero “con”, como está ejemplificado en el llamado de San Pablo a todos los Cristianos de ser “co-trabajadores con Dios” (1 Cor. 3:9). María cooperó “con Jesús” de manera como ninguna otra criatura humana o angelical, compartiendo sus sufrimientos con Él en la obra de la redención. Vaticano II nos recuerda nuevamente que la Bienaventurada Virgen “mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la cruz, en donde, no sin designio divino, se mantuvo en pie, se condolió vehementemente con su Unigénito y se asoció con corazón maternal a su sacrificio, consintiendo con amor en la inmolación de la víctima engendrada por Ella misma” (LG 58). Juan Pablo II, de feliz memoria, llamó a María la “Corredentora” en seis ocasiones.(5)

Su segunda función maternal para la humanidad es una “Madre alimentadora” o “Mediadora de todas las gracias”. Como los padres, doctores, santos y papas nos enseñan, cada gracia que recibimos de la redención de Jesucristo nos llega a través de la intercesión de María. Caná hace clara la habilidad de la Madre para liberar las gracias y milagros de su Hijo para las necesidades de la humanidad (Jn 2:1-10). Juan Pablo II llamó a María la “Mediadora de todas las gracias” en siete ocasiones. (6)

Su tercera función maternal es como “Madre suplicante” o “Abogada”. No hay más grande intercesora ante el trono de su Hijo Rey que aquella de la Reina Madre. Así como el Rey Salomón no podía negar nada a su madre Reina (cf 1 Re 2:19), así también, Cristo Rey no le niega nada a su Reina Madre.

Puesto que la Maternidad Espiritual de Nuestra Señora bajo estos tres aspectos como Corredentora, Mediadora de todas las Gracias y Abogada es ya parte de las enseñanzas doctrinales del Magisterio Papal, ¿Por qué la necesidad de una definición papal de estos títulos? ¿De dónde ha derivado el movimiento para una definición papal de la mediación universal de Nuestra Señora?

Aparte de ciertos malos entendidos de que este movimiento tiene sus orígenes en revelaciones privadas, los inicios históricos de este movimiento Internacional de la Iglesia, data desde las dos primeras décadas del Siglo XX, con los esfuerzos del renombrado Cardenal belga, Cardenal Mercier, y del entusiasta apoyo de Sn. Maximiliano Kolbe.

Para fines de 1915, el Papa Benedicto había recibido numerosas peticiones para la definición dogmática de la mediación universal de Nuestra Señora del Cardenal Mercier, compañeros obispos, superiores religiosos y del clero. (7) El Cardenal Mercier emitió en 1918 una carta pastoral pidiendo el dogma de la Mediación de Nuestra Señora, la que incluyó específicamente el concepto de la Corredención como parte integral de la Mediación.(8) Con la aprobación papal dada por Benedicto XV en 1921 para la misa y el oficio de “María, Mediadora de todas las gracias” a petición de Mercier y otros, el movimiento mundial para la solemne definición papal de la mediación universal de María fue lanzado en una carta del Cardenal Mercier a todos los obispos del mundo (Abril de 1921), en la que expresaba su profundísima esperanza por esta coronación dogmática de la mediación de Nuestra Señora. (9)

El ilustre cardenal Belga continuó su abogacía por el dogma con Pío XI en el mismo día de su elección papal (6 de Febrero de 1922). (10) El recientemente electo pontífice respondió inmediatamente a la petición del dogma, ordenando el establecimiento de 3 comisiones teológicas para estudiar el asunto en 1922. Las comisiones Belga y Española concluyeron fuertemente a favor de la definición papal, mientras que la conclusión de la comisión Romana nunca fue emitida. (11) (Sigue en la página posterior —— )

Desde entonces al presente, un gran número de peticiones por la definición papal de la mediación universal de Nuestra Señora, han continuado inundando la Santa Sede. Las peticiones para un nuevo dogma Mariano sólo en los últimos 10 años (aprox. 1994-2004), son más de 6 millones de más de 165 países, e incluye más de 550 obispos y 45 cardenales(12)

Aunque esos números no incluyen los cientos de peticiones de obispos junto con un gran número de peticiones del clero y de laicos entregados a la Santa Sede por el Cardenal Mercier, (13) Gagnon y otros prelados desde 1930 a 1994, la reciente campaña de peticiones por este quinto dogma en la última década representa la más numerosa petición per annum en la historia de la Iglesia.

Pero la pregunta de “porqué” debe ser nuevamente dirigida si el Magisterio enseña ya la verdad de la mediación Mariana en sus tres componentes de Corredentora, Mediadora y Abogada, entonces ¿dónde está la necesidad de una definición papal solemne de la misma verdad en forma de un dogma?

Gracias históricas y paz mundial. Con cada nuevo dogma Mariano proclamado por el sucesor de Pedro, portador de las llaves del reino, un nuevo océano de gracias desciende sobre la Iglesia y el mundo. Para que Nuestra Señora ejercite en plenitud los roles maternales otorgados a ella por Dios, la humanidad necesita ejercitar su libre albedrío aceptando sus roles que puedan ser activados en nuestro favor. Dios nunca fuerza sus gracias santificantes sobre nosotros, pero espero nuestro libre “sí” antes de otorgarlas.

El “sí” de la humanidad, pronunciado por el Santo Padre en una proclamación papal de nuestra aceptación total de la Maternidad Espiritual de Nuestra Madre, liberaría gracias extraordinarias de paz y redención a un mundo en donde las guerras internas de aborto, abuso de niños, pornografía, divorcio, drogas, depresión y soledad, al igual que conflictos externos de terrorismo, pobreza, hambruna, plagas y desastres naturales, están amenazando a la mayoría de las familias, países y sociedades en todo el mundo.

La proclamación del dogma permitiría a la Madre tener la oportunidad de interceder por una nueva paz y gracia para nuestro mundo. El Santo Padre estaría declarando nuestro reconocimiento, en el más alto nivel de verdad Católica, de que Ella es verdaderamente nuestra Madre Espiritual universal, nuestra Corredentora, Mediadora de todas las gracias y Abogada, y que nosotros humilde y confiadamente suplicamos a nuestra Reina y Madre Celestial por la paz interior de Cristo en los corazones de la humanidad, la que es necesaria para cualquier paz global auténtica y perdurable.

Las palabras sucintas pero profundas de la Beata Teresa de Calcuta, deben elocuentemente sintetizar el corazón y el imperativo del llamado contemporáneo por el quinto Dogma Mariano:

María es nuestra Corredentora con Jesús. Ella le dio a Jesús su cuerpo y sufrió con él al pie de la cruz.
María es la Mediadora de todas las gracias. Ella nos dio a Jesús, y como nuestra Madre nos obtiene todas las gracias.
María es nuestra Abogada quien ruega a Jesús por nosotros. Es sólo a través del Corazón de María que nosotros llegamos al Corazón de Jesús Eucarístico.
La definición papal de María Corredentora, Mediadora y Abogada traerá grandes gracias a la Iglesia.
Todo par Jesús a través de María.
Dios lo bendiga.

Madre Teresa, MC(14)

Dr. Mark Miravalle
Universidad Franciscana de Steubenville

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(1) Concilio de Éfeso, 431 D.C., como está citado de Henricus Denzinger, Enchiridion Symbolorum, Definitionum er Declarationum De Rubís Fidei et Morum, Barcelona, ed. Herder, 1946, n. 113.

(2) Martín I, Lateran Council, 649 D.C., Densinger 256.

(3) Pío IX, Ineffabilis Deus, 1854, Denzinger 1641.

(4) Pío XII, Munificentissimus Deus, 1950.

(5) Juan Pablo II, Saludo a los Enfermos Después de la Audiencia General (8 Sept. 1982); Discurso del Angelus (31 Nov. 1984); L´Osservatore Romano, 860: 1, Discurso Domingo de Ramos en Alborada, Guayaquil, Ecuador (31 Ene. 1985);
L´Osservatore Romano, 876: 7, Discurso Domingo de Ramos y Día Mundial de la Juventud (31 Mar. 1985); L´Osservatore Romano,880:12, Discurso a la Alianza Federada de Transportación de Enfermos a Lourdes (24 Mar. 24, 1990); Discurso Conmemorando el Sexto Siglo de la Canonización de Sta. Brígida de Suecia (6 Oct. 1991); L´Osservatore Romano, 1211:4.

(6) Juan Pablo II, Discurso al Consejo General, Superiores Provinciales y Directores de los Institutos Italianos de la Congregación de Sn. José (1 Dic. 1978), n. 3; Discurso a los Jóvenes de la Basílica de Ntra. Sra. en Monte Rojo (30 Ago. 1980), n. 3; Discurso del Angelus (17 Jun. 1988), n. 2; Homilía para la Octava de Pascua en la Parroquia Romana de María, Madre del Redentor (10 Abr. 1988), n. 7; Reflexión Hecha en la Basílica de Nuestra Señora de Gracias en Benevento (2 Jul. 1990), n. 1; Discurso del Angelus in Leche (18 Sept. 1994), nn. 1, 3; Discurso al Capítulo General de las Hermanas Mercedarias de la Caridad (28 Jun. 1996), n. 4.

(7) Cf. Cardenal Mercier, Carta Pastoral (8 Sept. 1918), en Manfred Hauke, María Mediadora de Gracia, María al Pie de la Cruz IV: Suplemento, Academia de la Inmaculada, 2004, p.3; cf. Mercier, Oeuvres pastorales V, 160, en Hauke, María, Mediadora, p. 6; Mercier, en los Archivos Arquidiocesanos, Cartón XXV, Documento 21, en Hauke, María Mediadora, p.95.

(8) Mercier, Carta Pastoral (8 Sept. 1918), en Hauke, María Mediadora, p. 3.

(9) Mercier, Carta (nota 7), en Oeuvres pastorales VI, 471f, Hauke, María Mediadora, p. 3.

(10) Hauke, María Mediadora, p. 96.

(11) Ibid.

(12) Archivos del Centro de Peticiones de Vox Populi Mariae Mediatrici, PO Box 220, Goleta, Ca 93116.

(13) Cf. J. M. Hupperts, “Kardinal Mercier, dienaar en apostel der allerheligste Maagd” en De Standaard van Maria 6, 1926, p.68, nota 5, en Hauke, María Mediadora, p. 93.

(14) Beata Teresa de Calculta, Carta del 14 de Agosto de 1993.