Es con una gran alegría que recibí la información de la publicación del tercer volumen de las series, María Corredentora, Mediadora y Abogada Bases Teológicas III: Discernimientos Contemporáneos sobre un Quinto Dogma Mariano.

Con gran fervor y devoción he participado en los últimos años en la Conferencia Internacional de Líderes de Vox Populi Mariae Mediatrici, un movimiento internacional católico. Como Pastor en la Iglesia Católica y Pastor Principal de la Arquidiócesis de Ibadan, he visto como hay una vibrante devoción hacía Nuestra Madre Santísima María que ha edificado la fe de muchos fieles de nuestros tiempos. Sabemos que la devoción a María tiene sus inicios desde la Iglesia primitiva a través de los años hasta nuestros días presentes. Este Siglo, el Vigésimo, que ahora está en sus últimos días, dio un crecimiento impresionante en apariciones y devociones Marianas. Aunque algunas de las apariciones tienen principalmente aprobación y reconocimiento local, algunos otros han obtenido reconocimiento universal. Hemos visto a muchos hijos e hijas de la Iglesia crecer en el conocimiento, amor y devoción a María. También han abundado las peregrinaciones a los Santuarios Marianos.

Correspondiendo a las gracias de Dios a través de las apariciones y devociones Marianas, existe la necesidad de seguir más adelante para creer en el dogma de la definición solemne de la mediación universal de María como Corredentora, Mediadora de todas las gracias y Abogada de Pueblo de Dios. Puesto en forma sencilla, estos títulos son una consecuencia del rol excepcional de María como Madre de Cristo, el único Redentor de todos. María es la verdadera Madre de Jesucristo, quien es Dios el Hijo hecho hombre. Lumen Gentium dice esto de manera maravillosa cuando declara:

“Ella está enriquecida con esta suma prerrogativa y dignidad: ser la Madre de Dios Hijo y, por tanto, la hija predilecta del Padre y el sagrario del Espíritu Santo; con un don de gracia tan eximia, antecede con mucho a todas las criaturas celestiales y terrenas” (L.G. 53)

Por virtud de su Maternidad, María ha sido dotada con roles extremadamente grandes e inmensos. Toda su vida fue un compartir en la misión redentora de su Hijo. Su fiat en la Encarnación y su consentimiento en el Calvario para ser la Madre de todos aquellos por los que su Hijo sufrió y murió, para marcar su mediación, mientras que en Caná ella continúa pidiendo por todos los hijos de Dios.

Bíblica y teológicamente la vemos como Corredentora, Mediadora y Abogada. De hecho estos títulos transmiten nuestros sentimientos filiales por María como nuestra Mare. Para nosotros María es la Corredentora, por que participó de manera excepcional con su Hijo Jesucristo en la Redención de la humanidad. María es Mediadora de todas las gracias, significando como Madre del Redentor, trae al mundo la Fuente de Todas las Gracias entregadas por Dios para sernos entregadas a través de la infalible intercesión de María. Finalmente, María como Abogada de todo el Pueblo, expresa nuestra fe en su rol como aquella cuya preocupación por cada persona tiene las dos características de única y maternal. De nuevo, intercede por nosotros como lo hizo en Caná.

Estos roles únicos de Nuestra Santísima Madre merecen la atención y el beneplácito de los fieles. Yo apoyo cualquier acción auténtica en la Iglesia que confirme la fe en nuestra Santísima Madre como Corredentora, Mediadora y Abogada. Mientras nos acercamos al Tercer Milenio del evento de la Encarnación, ruego porque la definición infalible de estos roles de María nos acompañe en nuestro caminar en la fe. Que María, la Madre de la Iglesia interceda por todos sus hijos mientras transitamos al siguiente siglo y al siguiente milenio.

Muy Rev. Felix Alaba Adeosin Job
Obispo de Ibadan, Nigeria