“Serás Corredentora”

Published on July 23, 2012 by in En Espanol

Conforme los teólogos y santos del medioevo iban complementando la historia de María Corredentora, también los himnos litúrgicos de la época comenzaron a entonar su verdad. El título “Corredentora” hace su primera aparición en un himno litúrgico entre los siglos XIV y XV.

Los títulos de María reflejan sus funciones, y en la medida en que se fue esclareciendo en la mente medieval la función salvífica de la Madre con Jesús, resultó apropiado que el título de “Corredentora,” que transmite de mejor manera la función de la participación de María en la redención, se cantara en la oración pública de la Iglesia.

Las dos estrofas intituladas Canto llano a la Santísima Virgen con su Hijo en el regazo bajado de la Cruz, pertenecientes a un himno litúrgico de Salzburgo de los siglos XIV y XV, son probablemente las más antiguas registradas del término “Corredentora”:

Buena, dulce y amable,
Indigna de todo dolor;
Si de raíz arrancas el luto de aquí
Cual sufriendo con el redentor
Por el transgresor capturado,
En corredentora te convertirás.

Después veo que no se debe tanto sufrir con
Mi triste madre porque
Veo que agradecido debo estar
A ti, mi redentora,
Que te dignas liberarme
De las garras de mi enemigo.(i)

Vemos que en este himno se aplican los dos títulos “Corredentora” y “Redentora.” El título Redentora que se venía usando por lo menos cuatro siglos antes que el de Corredentora, ciertamente transmite el mismo rol y función subordinada de la inmaculada Virgen, pero con los avances innovadores en la nueva terminología de Sn. Bernardo(ii), Arnoldo de Chartres,(iii) y Seudo-Alberto(iv), con el prefijo “co” se puede hacer una más clara distinción entre la necesaria y fundamental redención cumplida por Jesucristo de la excelsa participación de la Madre inmaculada en la redención.

El título Redentora se siguió aplicando de forma ortodoxa en la doctrina de la Iglesia por varios siglos más(v), en yuxtaposición al término de Corredentora que se iba incrementando gradualmente. Poco a poco “Redentora” cedió el paso al título que acentúa la subordinación y dependencia de la Madre y que etimológicamente se transmite con el título “Corredentora.”

A mediados del siglo XV, el renombrado reformador dominico y Arzobispo de Florencia, Sn. Antonio (= 1459), elaboró las enseñanzas de Sn. Alberto y Seudo-Alberto, explicando que María participó singularmente en los méritos de Cristo en la pasión lo que la llevó a convertirse en la “Madre de todos por la recreación”:

Sólo a María se le dio el privilegio de comunicación con la pasión. Para que Él pudiese concederle la recompensa, el Hijo quiso que ella tuviera parte en los méritos de la pasión y también para asociarla a los beneficios de la redención, al grado que, así como fue adjutrix de la redención por su copasión, también se convirtiera en Madre de todos por su recreación.”(vi)

Sn. Antonio llama a María la “Redentora del hombre perdido” quien “lo guía al reino celestial.”(vii) Además, da testimonio de que la Santísima Virgen es la madre espiritual de la humanidad: Como resultado de su sufrimiento corredentor en la pasión, consecuentemente nos engendra en el orden espiritual: “…la Santísima Virgen nos engendró y nos dio a luz al haber padecido los dolores más amargos con su Hijo(viii).” ; y más adelante: “…La Madre de misericordia ayudó (adjuit) al Padre de las misericordias en la suprema obra de misericordia, soportando con [Cristo] el sufrimiento de la pasión.”(ix)

La Corredentora sufrió primero con el Salvador para poder obtener la gracia santificante, la leche espiritual con la que, a su vez, alimentaría a sus hijos espirituales. Más tarde serían los papas de los siglos XIX y XX, los que enseñarían con autoridad magisterial la verdad de que Nuestra Señora es la mediadora de todas las gracias por el fruto de su Corredención.(x)

Aún cuando en los siglos XV y XVI disminuyó en términos generales la teología mariana, sin embargo tres son los notables autores que en este período hacen significantes contribuciones.

El autor francés Alain de Varènes (c. 1521), quien quizás por primera vez en el contexto de un tratado teológico, se refirió a la Santísima Virgen como la “Corredentora,” empleando el título como parte de una profunda articulación teológica sobre la única cooperación de la Madre en la reconciliación del hombre con Dios:

Por lo tanto, María Santísima cooperó con su Hijo al verse destinada a una obra semejante logrando, con su amor, que de los dos se hiciera uno y así derribando el muro hostil…imitando a su Único Hijo, derribando el muro del jardín que es la enemistad, anulando en la carne del Unigénito la Ley de los mandamientos con sus preceptos, para que Él pudiera crear en sí mismo un hombre nuevo en lugar de dos, logrando la paz y poder reconciliar a todos con Dios en un solo cuerpo por la cruz de su Hijo, poniendo fin a la enemistad en el Señor Jesús y, de cierta forma, en ella misma como Corredentora (como se ha creído), anunciando la “paz en la Única Palabra, su Unigénito, para aquellos que estaban lejos y paz a los que estaban cerca, porque a través de ella -y en segundo lugar-, unos y otros tenemos libre acceso al Padre en un mismo Espíritu” (Ef 2,14-17).Porque fue ella quien pisó la cabeza de la serpiente.(xi)

El Arzobispo italiano Ambrosio Catarino (= 1553), expandió la reflexión dominica sobre la corredención al enseñar que tanto Cristo como su Madre hicieron méritos para que fuéramos redimidos en virtud de su común sufrimiento: “Esta generación pertenece a ambos — es decir, es de un hombre y una mujer, de Cristo y de María, porque ambos, aunque eran completamente inocentes (María lo fue por Cristo) sin embargo…nos merecieron la salvación por sus sufrimientos — ciertamente y en primer lugar Cristo como hombre, y luego la misma Virgen como mujer.”(xii)

Catarino también citó el modelo de la nueva Eva, defendiendo la distinción crucial entre la redención del todo suficiente de Cristo y la asociación de María con Jesús como colaboradora por conveniencia:

La gloriosa obra de la redención para la que fue escogida, prueba claramente que era conveniente que de algún modo fuera la asociada de Cristo — no que Cristo por si solo no fuera suficiente, sino porque era bueno y conveniente que Él mismo tuviera una asociada. Porque así como por una mujer comenzó la muerte…también por una mujer tenía que comenzar la vida, dado que ésta es la opinión más común de lo antiguos.(xiii)

Cuando uno de los principales teólogos del Concilio de Trento se convirtió en el defensor por excelencia de María Corredentora, se promulgó a todo lo ancho de los círculos católicos de teología, la verosimilitud teológica y doctrinal de la corredención. El Padre Alfonso Salmerón (= 1585) jesuita, renombrado teólogo, exégeta y uno de los primeros seguidores de Sn. Ignacio, explicó y defendió constantemente el título de Corredentora en un desarrollo sistematizado de la doctrina sin precedentes.

En un texto extraordinario, Salmerón defiende los títulos marianos de Corredentora, Mediadora, Abogada y otros títulos legítimos que hacen justicia a la bondad y gloria de María, llena de gracia:

A María se le nombra propiamente la llena de gracia por haber estado unida tan íntimamente a Jesús…Cuánto no fue lo que Él dispuso y arregló para que ella, como Madre, derramara entre nosotros sus hijos las gracias más abundantes por haberla asumido con Él, no por necesidad o debilidad, sino en razón de que se hacía menester compartir y evidenciar, con plena certeza, lo bondadosa y gloriosa que sería la madre (y si podemos decir), corredentora, mediadora, cooperadora de la salvación del género humano y a quien todos los fieles deberían acudir pidiendo su auxilio como si se tratara de una abogada personal.(xiv)

Suena muy congruente que por lo general, la doctrina de la Corredentora haya ido madurando a la par del desarrollo de la doctrina de la Inmaculada Concepción (que culminó con la solemne definición papal en 1854).

Aquí cabría reiterar que María es Corredentora solamente porque antes fue la Inmaculada Concepción, preparada por Dios para la gran batalla contra su enemigo el maligno por las almas. La Virgen, perfecta y pura, participa del más grande de todos los sacrificios para que la gracia pueda fluir a la humanidad por el mismo inmaculado canal por el que Cristo, la Primera Gracia, pasa a la humanidad. La gracia se distribuye a la familia humana mediante ese canal libre de las limitaciones que tendría un canal manchado por el pecado, permitiendo la mayor eficacia posible en el corazón humano que la recibe. Más tarde, los papas confirmarían que el misterio de la Corredención no se podría entender fuera del contexto de la plenitud de gracia de María.(xv)

Salmerón hizo notar que la participación de María Corredentora no disminuye, sino que añade a la gloria de Cristo, porque todos sus méritos en la redención se derivan de la capacidad redentora de Jesús:

La Madre se mantuvo al pie de la cruz con un propósito: para que la restauración de la humanidad correspondiera con el colapso del mundo. Como la caída del mundo fue llevada a cabo por dos, pero especialmente por un hombre, así mismo la salvación y la redención debía lograrse por dos, pero especialmente por Cristo; porque toda la excelencia que posee María la ha recibido de Cristo, no sólo en consideración a una cierta y adecuada harmonía, sino en consideración de la eminente capacidad de Cristo de redimir, capacidad que quiso compartir con su madre (de cuyas obras podía prescindir en lo absoluto) como Corredentora, no sólo honrándola, sino otorgándole la gloria del mismo Cristo.(xvi)

Según Salmerón, la sencilla razón de ser de la Corredentora en el ejercicio de sus múltiples funciones en beneficio de la humanidad y que se identifican con sus títulos, es el amor maternal cristiano: “Por amor a nosotros…es nuestra la que llaman Madre de Misericordia, Reina del cielo, Señora del mundo, Estrella del Mar, Abogada, Corredentora, Protectora y Madre de Dios.”(xvii)

A lo largo del extraordinario tratado de Salmerón sobre la corredención mariana, se repite constantemente el prefijo “co” que enfatiza la legítima subordinación y dependencia de la Madre al Señor de la redención, y así habla de un “cosufrimiento”(xviii) de la Madre, de “comiseria,”(xix) de “codolor;”(xx) que fue “cocrucificada,”(xxi) que “comurió,”(xxii) “cosufrió,” “cooperó,”(xxiii) y fue “counida”(xxiv) con Jesús en la redención. La clara y generosa teología de María Corredentora desarrollada por Salmerón, vendría a ser un sólido fundamento doctrinal para que el siguiente siglo rebosara de literatura teológica sobre la Corredentora.

Concluimos el siglo XVI con las enseñanzas marianas de otro jesuita y Doctor de la Iglesia, Sn. Pedro Canisio (= 1597). El teólogo holandés y “Segundo Apóstol de Alemania”, habla del ofrecimiento redentor que hace la Madre de su Hijo-Víctima en el calvario: “Estando al pie de la cruz de su Hijo, su fe se mantuvo incólume y ofreció como víctima viva y real a Cristo por la expiación de los pecados del mundo.”(xxv)

Notas

(i) Orat. ms S. Petri Slaisburgens., saec. XV; Codex Petrin. A, III, 20 y Orat. ms S. Petri saec. XIV, XV; Codex Petrin. A, I,20, citado por G.M. Dreves, Analecta hymnica medii aevi, Leipzig, Reisland, t. 46, 1905, p. 126, n. 79. El original en latín es como sigue:

20. Pia dulcis et benigna 21. Tunc non tantum condolere
Nullo prorsus luctu digna Moestrae matri se debere
Si fletum hinc eligeres Me cerno grates solvere
Ut compassa redemptori Tibi meae redemptrici
Captivato transgressori Quae de manu inimici
Tu corredemptrix fieres Dignatur me evolvere

(ii) Seguramente fue Sn. Bernardo el primero en usar el término “copasión”; PL 183, 438 A; cf. R. Laurentin, Le Titre de Corédemptrice, p. 15.

(iii) Arnoldo de Chartres escribió que María cooperó abundantemente y sobre manera en nuestra redención y fue “cocrucificada” y “comurió” con su Hijo; cf. Tractatus de septem verbis Domini in cruce; tr. 3; PL 189, 1694, 1695 A, 1693 B.

(iv) Seudo-Alberto, Mariale, preg. 42, 4; 1. 29, 3; preg. 150.

(v) Por ejemplo, cf. J:B. Petitlot, Coronula mariana, Molinis, Fudez, 1866, c. 4, art. 2, I, p. 248; S.M. Giraud, S.M., Prêtre et hostie, Lyon, Delhomme, 1885, Conclusión, 5, t. II, p. 577.

(vi) Sn. Antonio, Summa Theologica, pars 4, tit. 15, cap. 20, parr. 14; ed. Veronae, 1740, col. 1064.

(vii) Ibid, c. 44, art. 3; ed. Veronae, t. 4, 1254 E.

(viii) Cf. F. Godts, De Definibilitate Mediationis Universalis Deiparae, Bruxellis, 1904, p. 212.

(ix) Sn. Antonio, Summa Theologica, pars 4, tit. 15, cap. 14, parr. 2; ed. Veronae, col. 1002.

(x) Cf. Capítulo XI; Para ver la referencia pontificia a Mediadora de todas las gracias, incluyendo a Juan Pablo II, cf. Capítulo IV, nota 11.

(xi) Obra sin título; incipit: In hoc opere contenta. In Cant. Cant. Homiliae quindecim In aliq. Ps… In supersanctam Dei genitricem Mariam panegyrici…P.H. Stephanus, 1515. Sermo 4 in Deigenitr., fol. 207 r.; reeditado en Alva y Astorga, P., Bibliotheca Virg., Madrid, 1648, III, 525 BC 2.

(xii) A. Catarino, O.P., De Immaculata Conceptione Virginis Mariae opusculum, disp. Lib. 3, persuasio 14; ed. Alva y Astorga, Bibliotheca virginalis Mariae…, Matriti, 1648, vol. 2, p. 56.

(xiii) Ibid., Lib. 3, persuasio 5; ed. Alva y Astorga, vol. 2, p. 47.

(xiv) Alfonso Salmerón, Commentarii in Evangel., tr. 5, Opera, Cologne, ed. Hiérat, 1604, t. III, pp. 37b-38a

(xv) Cf. Juan Pablo II, L’Osservatore Romano, edición en inglés, Diciembre 12, 1983, p. 1.

(xvi) Salmerón, Commentarii, vol. 10, tr. 41, p. 359b.

(xvii) Ibid., vol. 11, tr. 38, p. 312a

(xviii) Ibid., vol. 3, tr. 43, 495 a; cf. X, 51, 425 a; cf. Laurentin, Le Titre de Corédemptrice, pp. 15-16.

(xix) Ibid., vol. 3, 51, 426 a, 424 a, 429 b; vol. 11, 38, 311b; vol. 10, 51, 426 a; cf. Laurentin, Le Titre de Corédemptrice, pp. 15-16.

(xx) Ibid., vol. 3, 43, 495 a.

(xxi) Ibid., vol. 3, 43, 399 b; vol. 11, 2, 188 a.

(xxii) Ibid., vol. 10, 51, 426b.

(xxiii) Ibid., vol. 6, 6, 39 a.

(xxiv) Ibid., 36b.

(xxv) Sn. Pedro Canisius, De Maria Incomparabili Virgine, 1.4.c.26; cf. Bourassé, Summa Aurea de Laudibus B.M. Virginis, vol. 8, col. 1425.