Por Mons. Arthur B. Calkins

Me siento muy agradecido por la oportunidad de responder a la declaración de la comisión de la Academia Pontificia Internacional Mariana, sobre la conveniencia de una definición dogmática, por parte del Papa, de María como Corredentora, Mediadora y Abogada, y responder a la vez al artículo que se publicó como comentario a dicha declaración ( ambos publicados en la edición del 4 de junio de 1997 de L’Osservatore Romano).

Primera Parte

I . No son Documentos Oficiales de la Santa Sede

Antes que nada, el hecho más importante que hay que tener en cuenta es que dichos documentos no son textos oficiales de la Santa Sede, aún cuando fueron publicados en el diario vaticano L’Osservatore Romano y su edición semanal en inglés y otras lenguas. Ambos documentos no representan un amplio espectro de las opiniones de los miembros de la Academia Pontificia Internacional Mariana, de la cual yo también soy miembro; ni siquiera por lo que se, contienen una abierta, justa y honesta consideración de los temas involucrados.

El sondeo inicial fue hecho sin una representación de los que están a favor de la definición y sin un debate serio. Los comentarios posteriores fueron escritos más con intención de propaganda que con seria atención a la realidad de los temas discutidos. Me temo que estos documentos son una muestra clásica de la manipulación de los medios de comunicación y de numerosos sectores dentro de la Iglesia, por parte de grupos interesados en interpretar el magisterio de la Iglesia desde su parcial perspectiva, un abuso que se ha venido dando después del Concilio Vaticano II y que es necesario exponer a plena luz.

II. Una Clarificación sobre el Significado de ‘Corredentora’

Este término requiere de ordinario una explicación previa, especialmente para las personas de habla inglesa, ya que el prefijo “co” es de inmediato interpretado como designando completa igualdad. Por ejemplo, el cosignatario de un cheque o el co-propietario de una casa es considerado en igualdad con el otro signatario o propietario. Es natural, pues, el temor de muchos de que describir a Nuestra Señora como Corredentora equivale a ponerla al mismo nivel de su Divino Hijo, implicando que es “Redentora” en el mismo sentido que Él lo es, reduciendo así a Jesús a “la mitad del equipo de redentores”. Sin embargo, en latín -de donde proviene el término Coredemptrix- el sentido es siempre que la cooperación de María y su colaboración en la redención es secundaria, subordinada y dependiente de Cristo, y aún así, “querida y aceptada libremente por Dios…como constituyendo una parte no necesaria pero sí maravillosamente grata del gran precio” pagado por el Hijo para la redención del mundo. Como señala el Dr. Mark Miravalle:

El prefijo “co” no significa ‘ igual’, sino que viene del latín “cum” que significa ‘con’. El título de Corredentora aplicado a la Madre de Jesús no pone nunca a María en nivel de igualdad con Jesucristo, divino Señor de todos en el proceso salvífico de la redención humana. Denota más bien, su singular y única participación en la obra salvífica de su Hijo por la redención de la familia humana. La Madre de Jesús participa en la obra redentora de su Hijo el Salvador, el único que pudo reconciliar la humanidad con el Padre en su gloriosa divinidad y humanidad.

Claramente, pues, lo que quieren los que están a favor de una definición papal no es una declaración dogmática de que María es la cuarta persona de la Santísima Trinidad, o que está en igualdad con Jesús ( ambos absurdos les han sido atribuidos por la prensa secular y católica). Lo que ellos quieren, es un reconocimiento oficial de que María ha participado en la redención del mundo de un modo tan especial que no tiene paralelo con ninguna otra humana creatura. De forma clásica en teología y en la ensañanza de los Papas esto se ha expresado con el término ‘Corredentora’.

III. La Corredención de María y el Concilio Vaticano Segundo

Desde la primera línea de su comentario, sale a relucir una de las estrategias clave de quienes se oponen a la definición dogmática: hacer aparecer a los que están a favor de esta definición como contrarios al Concilio Vaticano II:

Desde cualquier perspectiva que se considere, el movimiento que solicita la declaración dogmática de los títulos marianos: Corredentora, Mediadora y Abogada, no está en acuerdo con el sentido del gran texto mariológico del Concilio Vaticano II, el capítulo ocho de “Lumen Gentium”.

Respondiendo a esta mala interpretación sin fundamento, quisiera señalar cuatro puntos:

1 El capítulo ocho de Lumen Gentium enseña con toda claridad la doctrina de María Corredentora en los números 56, 58 y 61. He aquí una cita muy importante del número 58:

La Santísima Virgen María…perseveró fielmente su unión con el Hijo hasta la cruz, junto a la cual, no sin designio divino, se mantuvo erguida, sufriendo profundamente con su Unigénito y asociándose con entrañas de madre a su sacrificio, consintiendo amorosamente en la inmolación de la víctima que ella misma había engendrado.

Este texto usa claramente el lenguaje de enseñanza papal previa sobre la íntima colaboración de María en el misterio de la redención, como se nota también en la siguiente cita del número 61:

Por disposición de la divina Providencia, (María) fue en la tierra la Madre excelsa del divino Redentor, compañera singularmente generosa entre todas las demás criaturas y humilde esclava del Señor. Concibiendo a Cristo, engendrándolo, alimentándolo, presentándolo al Padre en el templo, padeciendo con su Hijo cuando moría en la cruz, cooperó en forma enteramente singular a la obra del Salvador con la obediencia, la fe, la esperanza y la ardiente caridad con el fin de reataurar la vida sobrenatural de las almas.

En ambos textos podemos notar el gran énfasis puesto en María como la más íntima colaboradora en la obra de nuestra redención.

2. ¿Por qué no usa el Concilio la palabra ‘Corredentora’ aun cuando muchos Obispos acudieron a él en busca de una declaración de María como Corredentora y Mediadora? Esto se debe a una dudosa estrategia encaminada a favorecer el diálogo ecuménico. En el prólogo del primer borrador del documento que vendría luego a ser el capítulo ocho de Lumen Gentium, encontramos la siguiente afirmación:

Algunas expresiones y términos usados por los Sumos Pontífices han sido omitidos ya que, aunque en sí mismos absolutamente ciertos, podrían con dificultad ser entendidos por los hermanos separados ( en este caso protestantes). Entre estos términos pueden nombrarse los siguientes: “Corredentora de la raza humana…” [ Pío X, Pío XI ].

Estas eran las leyes del juego que los Padres Conciliares se vieron obligados a seguir. Algunos teólogos argumentarían que tal enfoque ha llevado a un ecumenismo tipo “mínimo común denominador”. Monseñor Brunero Gherardini, distinguido profesor de teología ecuménica, hace ver que, con o sin el uso del término ‘Corredentora’, los observadores protestantes en el Concilio captaron de inmediato la postura Católica sobre la participación de María en la redención. Ellos consideran cualquier participación humana en la obra de la redención del hombre, aún de modo secundario o subsidiario, como algo contrario al principio de Lutero “solus Christus” [solo Cristo] y, por lo tanto, una usurpación a Dios y a Cristo. Se sigue de aquí que al elaborar la enseñanza de la Iglesia sobre la colaboración de María en la redención estamos lidiando no sólo con la posibilidad de justificar un término, sino con un dato fundamental de teología Católica, un tema que no será de fácil manejo en el diálogo ecuménico con sólo sustituir una palabra o frase por otra que pareciera más neutral.

3. El Papa Juan Pablo II, uno de los Padres del Concilio Vaticano II, habló el 13 de Diciembre de 1995, acerca del deseo de algunos de los Padres Conciliares sobre un tratamiento más explícito de María como Corredentora y Mediadora en una forma que no fuera tan negativa, como en la afirmación hecha en el comentario que decía: “El actual movimiento en pro de una definición no está claramente en línea con la dirección del Vaticano II.” He aquí lo que dijo el Papa:

Durante las sesiones del Concilio, muchos Padres quisieron enriquecer aún más la doctrina mariana con otras afirmaciones sobre el papel de María en la obra de la salvación. El contexto particular en que se desarrolló el debate mariológico del Vaticano II no permitió que estos deseos, aunque fundamentales y ampliamente difundidos, fueran aceptados; sin embargo, la entera discusión sobre María en el Concilio, siguió siendo vigorosa y equilibrada, y los temas en sí, aunque no completamente definidos, recibieron significativa atención en el tratamiento general. Aún así, la vacilación de algunos Padres respecto al título ‘Mediadora’ no impidió que el Concilio usara este título al menos una vez, y afirmara en otros términos el papel mediador de María desde su consentimiento al mensaje del ángel, hasta su maternidad en el orden de la gracia (cf. Lumen Gentium, n. 62). Más aún, el Concilio asevera su cooperación “de un modo totalmente singular” en la obra de restaurar la vida sobrenatural en las almas (ibid., n. 61).

Es este un comentario agudo hecho por alguien que ha continuado meditando y desarrollando estos mismos temas. A mi entender, este es el primer reconocimiento oficial hecho público por un Papa sobre las corrientes dentro del Concilio que moldearon la redacción del capítulo 8 de Lumen Gentium. Hace una fina referencia a los Padres que “quisieron enriquecer aún más la doctrina mariana con otras afirmaciones sobre el papel de María en la obra de la salvación”, sin criticarlos de ninguna manera. Hace también referencia al papel de María como Corredentora (cooperación en la obra de restaurar la vida sobrenatural en las almas) y Mediadora.

4. Se ve claro que los autores del comentario en cuestión, quisieran crear la impresión de que el Concilio Vaticano II dejó esculpida en granito una posición de la cual la Iglesia no podría desviarse nunca en el futuro. Pero en primer lugar, ningún Concilio tiene autoridad para obligar a los fieles en materias que no comprometan la fe y la moral. Y en segundo lugar -lo que es todavía más importante– los Padres Conciliares explícitamente declaran en el número 54 de Lumen Gentium que el Concilio:

…no tiene la intención de proponer una doctrina completa sobre María ni resolver las cuestiones que aún no ha dilucidado plenamente la investigación de los teólogos. Así, pues, siguen conservando sus derechos las opiniones que en las escuelas Católicas se proponen libremente acerca de aquella que, después de Cristo, ocupa en la santa Iglesia el lugar más alto y a la vez el más próximo a nosotros.

Es interesante notar que, justo en vísperas del Concilio las cuestiones íntimamente relacionadas entre sí acerca de la activa participación de María en la obra de nuestra redención como Corredentora y Mediadora, habían alcanzado un alto nivel sin precedente en claridad y madurez tanto entre los teólogos como entre los fieles. Al mismo tiempo, sin embargo, la oposición empezó a aparecer. Ya hemos anotado que la “sensibilidad ecuménica” sería presentada como una primera razón para evitar el tema o al menos su tratamiento directo; también empezó a surgir entre varios influyentes Obispos y sus periti (expertos), disgusto hacia el lenguaje general sobre la mediación, tal y como se venía aplicando tradicionalmente a María.

Tomando en cuenta este conflicto que salió a relucir en el aula Conciliar, la declaración arriba citada tiene un significado especial.
Pone en evidencia, sin ninguna duda, que los Padres Conciliares quisieron dejar constancia de su intención de no cerrar las puertas a la libre discusión sobre teología Mariana, aún cuando no estaban preparados paraa hacer declaraciones explícitas sobre algunos temas que habían sido largamente considerados en “en posesión”, y que ahora venían a ser disputados, tal como la activa colaboración de María en la obra de nuestra redención.

Segunda Parte

Continuando con mi respuesta a la declaración de algunos miembros de la Academia Pontificia Internacional Mariana, respecto a la conveniencia de una definición dogmática de María como Corredentora, Mediadora y Abogada, lo mismo que al posterior comentario en apoyo de dicha declaración, me doy perfectamente cuenta que requiere mucho más tiempo y paciencia el corregir impresiones equivocadas, que el producirlas.

Para presentar el caso a favor de la definición dogmática, uno debe proceder con cuidado y proporcionar las fuentes de modo que estas puedan ser evaluadas de modo independiente. Se que esto también requerirá cierto grado de concentración por parte del lector. Pero creo que este esfuerzo por parte mía y de ustedes vale la pena, porque lo que está en juego es muy importante. No se trata tan solo de conferir nuevos títulos a la Madre de Dios como para ofrecerle “nuevas joyas a su corona”, sino más bien, esforzarnos por captar la magnitud de la misión que Dios le ha dado en nuestra salvación, y lo que El espera de nosotros también. ¡Que el Espíritu Santo guie a los que ponderen los siguientes hechos a ejemplo de María misma (cf. Lc 2:19, 51)!

IV. “ ¿Término no usado por el Magisterio Papal?”

El comentario publicado sin firma el 4 de Junio de 1997 en la edición diaria italiana de L’Osservatore Romano nos informa que “desde el tiempo del Papa Pío XII, el término Corredentora no ha sido uzado en ningún documento importante del Magisterio papal.” Esta afirmación hace surgir algunas preguntas legítimas e importantes.

1. ¿ Este término fue usado en el Magisterio papal antes de Pío XII ? Sí, lo fue. La palabra ¨Corredentora¨ que tiene unos quinientos años de historia en teología como una forma de hablar acerca de la singular colaboración de María en la obra de nuestra redención, hizo su primera aparición en pronunciamientos oficiales de las Cogregaciones Romanas durante el reinado del Papa Pío X (1903-1914). Se pueden encontrar en las Acta Apostolicae Sedis [ abreviado: AAS, publicación oficial de las Actas de la Sede Apostólica]. Aunque San Pío X no firmó estos documentos, sí fueron promulgados bajo su autorización. El Papa Pío XI hizo referencia explícita a María como Corredentora en sus alocuciones a los peregrinos y en un radiomensaje del 28 de Abril de 1935 para la clausura del Año Santo en Lourdes. Basados en este uso, el término y el esclarecimiento de su significado se hizo cada vez más frecuente entre los teólogos y mariólogos hasta la víspera del Concilio Vaticano II.

2. ¿Ha sido utilizado el término por algún Papa subsiguiente? Sí, la palabra ¨Corredentora¨ o ¨corredentivo¨ ha sido usada por lo menos seis veces por el Papa Juan Pablo II, al hablar de la íntima cooperación de María en la obra de nuestra Redención. También ha usado la palabra ¨corredentor¨ o ¨corredención¨al menos en tres ocasiones al hablar de la contínua colaboración de los Cristianos en la obra de la Redención.

V. “ ¿Marginal y Desprovisto de Peso Doctrinal?”

El comentario sin firma afirma además que “el término Corredentora no ha sido usado por el Magisterio papal en ningún documento importante”, para luego admitir que se le puede encontrar “ aquí y allá en escritos papales más bien marginales y desprovistos de peso doctrinal.” Antes de seguir adelante, echemos un vistazo al párrafo 25 de la Constitución Dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium , del Concilio Vaticano II, un texto de capital importancia sobre el Magisterio del Papa u oficio de enseñanza:

“…Este obsequio religioso de la voluntad y del entendimiento de modo particular debe ser prestado al magisterio auténtico del Romano Pontífice aun cuando no hable ‘ex cathedra’; de tal manera que se reconozca con reverencia su magisterio supremo y con sinceridad se preste adhesión al parecer expresado por él, según su manifiesta mente y voluntad , que se colige principalmente (1) ya sea por la índole de los documentos, o (2) ya sea por la frecuente proposición de la misma doctrina, o (3) la manera en que la doctrina es formulada..

Basado en un cuidadoso análisis de este texto, he sostenido en mi libro Totus Tuus que la enseñanza del Papa sobre la consagración o entrega a María forma una parte importante de su “magisterio ordinario” y que él ha llevado esta doctrina a un nuevo nivel de importancia. Creo que se puede alegar lo mismo respecto a su enseñanza sobre María como Corredentora, Mediadora y Abogada.
Espero poder desarrollar esta idea e ilustrarla en artículos posteriores.

Ahora, ¿No parece un tanto irónico que un escritor anónimo en el diario Vaticano pueda campantemente minimizar el ejercicio diario del oficio de enseñanza del Papa y de sus predecesores, tachándolo de “marginal y desprovisto de peso doctrinal”? ¿Podría este increíble intento de invalidar la enseñanza papal ser mejor explicado por el hecho de que, tanto la declaración como los dos comentarios fueron publicados mientras el Santo Padre estaba en Polonia?

La pregunta que quisiera hacer aquí es sencillamente esta: ¿ Qué podríamos considerar más “marginal y desprovisto de peso doctrinal”, el ejercicio del Papa de su magisterio ordinario o la supuesta sabiduría superior de un autor o autores que se esconden detrás de la cubierta del anonimato? La verdadera sabiduría queda del lado del Santo Padre.