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Por Howard Q. Dee

El Honorable Howard Q. Dee, Ex-Embajador de las Filipinas en la Santa Sede, apodado por el Papa Juan Pablo II como “Embajador de Nuestra Señora.” Debido al tópico de su conversación era Nuestra Señora. El Embajador Lee dió la siguiente presentación en la Conferencia Internacional de Vox Populi en Roma, en Mayo de 1998.

Mi “Jornada Mariana” inició en 1960. En aquel tiempo, el mundo Católico estaba esperando que el Papa Juan XXIII revelara el Tercer Secreto de Fátima. Yo era uno de ellos. Ahora, han pasado casi 40 años. Nos estamos acercando al tercer milenio. Y nuevamente el pueblo de Dios está lleno de una impaciencia anticipada. Muchos creen que es inminente una “teofanía”, un momento cuando Dios manifieste Su presencia para salvar a Su pueblo. El Santo Padre actual, en su libro Cruzando el Umbral de la Esperanza, expresó este sentimiento cuando dijo que, mientras terminamos este siglo, las palabras de Nuestra Señora a los niños en Fátima parecen estar cerca de su cumplimiento. Cuando venga la victoria –dijo él- será traída por María.

Su elaborada preparación para el Gran Año Jubilar, el que ha sido llamado la “llave hermenéutica¨ de su pontificado, es, sin lugar a dudas, una anticipación de esta victoria.

FATIMA: Su Fuerza Profética dentro del Tercer Milenio

Cuando estaba investigando el mensaje de Fátima en Mayo de 1981, me encontré con un texto conmemorativo concerniente a Fátima el cual apenas había sido emitido en Radio Vaticano. En parte decía: “Ni el Papa Juan XXIII ni el Papa Paulo II, consideraron recomendable revelar al mundo la tercera parte del Secreto de Fátima. Sin embargo, es claro que la tercera parte del Secreto es de una gravedad particular, confirmada por la realidad trágica que todo el mundo esta experimentando hoy en día. ¿Habremos llegado a la plenitud de los tiempos? ¿Estamos viviendo los comienzos del Apocalipsis profetizado por Sn. Juan? Ha llegado el tiempo en que las palabras ya no son suficientes. Ahora es necesario actuar inmediatamente si queremos que la humanidad, que cada uno de nosotros, pueda ser capaz de ver, además del fuego, la luz.”

Me quedé asombrado. Porque la voz autorizada y conservadora de Radio Vaticano se estaba refiriendo al fuego y a tiempos apocalípticos. Sentí que la Santa Sede estaba lanzando un llamado de alerta. Entonces pasó algo que confirmó mi pensamiento: Las noticias en la televisión de que un asesino había disparado al Papa Juan Pablo II. Era el 13 de Mayo, el aniversario de la primera aparición de Fátima. Desde ese momento, supe en mi corazón que esto no había sido una coincidencia y que estamos por ver el cumplimiento del mensaje de Fátima durante el pontificado del Papa Juan Pablo II. Cómo entonces desee que pudiera reunirme cara a cara con él y hablar sobre el Triunfo del Corazón Inmaculado de María.

Dos años después, el Senador Filipino Benigno Aquino Jr., un paladín de la libertad, fue asesinado cuando regresaba a casa del exilo. La nación lloró profundamente su muerte; cerca de 2 millones de Filipinos marcharon en su funeral. El país cayó en un torbellino y los obispos Filipinos acudieron a María pidiendo ayuda al declarar un Año Mariano, para conmemorar su bilenio en 1985. Se le pidió a 5 millones de Filipinos que rezaran el Rosario diariamente, rogando por liberación y salvación. Se llevaron a cabo las elecciones, pero la Conferencia de Obispos Católicos en una acción sin precedentes en la historia de la Iglesia universal, declaró los procedimientos fraudulentos. Siguieron varios días de gran drama y mucha oración. El dictador huyó y María Corazón Aquino tomó posesión como la séptimo Presidente de la Tercera República Filipina. Fue el 25 de Febrero de 1986 –Fiesta de Nuestra Señora de la Victoria. El 13 de Mayo –aniversario de Fátima- la nueva Presidente me llamó y me pidió que si podía ser su Embajador en la Santa Sede. Entonces supe que estaba en una misión para Nuestra Señora, pero no sabía de que misión se trataba.

Presenté mis credenciales al Santo Padre en las vísperas del cumpleaños de Nuestra Señora, y después del ceremonial de intercambio formal de mensajes, Su Santidad me invitó a su estudio para tener una conversación privada que duró 45 minutos. Mi deseo de entrevistar al Santo Padre, nacido hacía 5 años, me fue dado por Nuestra Señora de una manera más allá de mis sueños. Le relaté al Santo Padre cómo nuestra democracia había sido restablecida con la intercesión de Nuestra Señora al final del Año Mariano Filipino. Su Santidad escuchó atentamente, asintiendo y repitiendo las palabras “Año Mariano.” Entonces él me explicó como Nuestra Señora de Fátima había salvado su vida en 1981. Dijo que, por un acto de la Divina Providencia, la bala que le había pegado no tocó sus órganos vitales y que había mandado la bala a Fátima para ser embebida en la corona de Nuestra Señora.

Imagínese mi asombro cuando, durante la Misa Pontifical en la Catedral de Sn. Pedro, unas semanas después del Día del Año Nuevo, el Santo Padre anunció el Año Mariano para la Iglesia universal. Al día siguiente, L’Osservatore Romano reportó que el Santo Padre había sido inspirado por los eventos de las Filipinas durante el Año Mariano. Nuestra Señora había cumplido su misión para mí, la que había mantenido en secreto.

En su Carta Apostólica, Tertio Millenio Adeviente, en la que el Santo Padre anuncia la celebración del Advenimiento del Tercer Milenio, atribuye al Año Mariano dedicado a nuestra Santísima Madre, los eventos milagrosos de Europa Oriental. Esos eventos, dijo, “permenecen sorprendentes por su vastedad y por la velocidad con que ocurrieron. Uno puede discernir el trabajo de la mano invisible de la Providencia con cuidado maternal.”

Su Santidad dijo que esos eventos históricos fueron sólo el preludio para una gran victoria que “encontrará expresión total en el Año 2000, el Gran Año Jubilar.” Para este año en el que estamos ahora, 1998, dedicado al Espíritu Santo, pidió específicamente que renováramos “nuestra fe en la venida definitiva del Reino de Dios, preparándonos para ello diariamente en nuestros corazones…”

El Papa no estaba hablando de una venida figurativa. El dice: “El término Jubileo habla de regocijo; no solamente de una alegría interna sino de un júbilo que se manifiesta también exteriormente, puesto que la venida de Dios es también un evento externo, visible, audible y tangible.”

Después de la victoria Mariana en Filipinas, el Cardenal Sin reunió a un buen número de renombrados teólogos para celebrar un simposium internacional en Fátima, Portugal, sobre “La Alianza de los Corazones de Jesús y María.” Esto se hizo para cumplir con el deseo de Nuestro Señor, expresado a la Hermana Lucía, de que “mi Iglesia entera reconozca esta victoria como venida de Mi Madre, para que la devoción a su Inmaculado Corazón pueda ser puesta junto con la devoción a Mi Sagrado Corazón.” El Cardenal Sin quiso pagar tributo a Nuestra Señora por nuestra victoria Mariana y quiso que la Iglesia entera reconociera la gran estatura que Dios ha dado al Corazón Inmaculado de María, de tal manera que se pueda realizar su Triunfo en el mundo.

Esta propuesta se encontró con obstáculos desde el principio. Algunos teólogos dijeron que no existían bases teológicas para poner juntos los Dos Corazones. Uno es el corazón de Dios y el otro es el corazón de una mujer, aunque se trate de la Madre de Dios. Esta objeción es similar a la que se pone al Quinto Dogma de Nuestra Señora Corredentora, Mediadora de todas las Gracias y Abogada, de que “ninguna criatura, ni siquiera María, puede ser puesta al mismo nivel en esta función particular redentiva con la Palabra de Dios.” El Cardenal Jaime Sin decidió valientemente proceder de cualquier manera y escribió al Santo Padre para pedir las bendiciones de Su Santidad, mismas que le fueron otorgadas inmediatamente.

Se llevó a cabo una reunión preliminar en el Vaticano presidida por el Cardenal Ciappi el teólogo personal del Santo Padre. Durante las discusiones, los teólogos de la Congregación de la Doctrina de la Fe propusieron limitar el simposium sólo al Corazón Inmaculado y no a la unión con el Sagrado Corazón. No sólo el Cardenal Ciappi defendió vigorosamente la inspiración original del Cardenal Sin, sino que todas las objeciones desaparecieron después de que el mismo Santo Padre dio una serie de homilías durante el Angelus precisamente sobre la Alianza de los Corazones de Jesús y María.

Los teólogos guiados por el Cardenal Sin presentaron las ponencias del simposium con dos vota al Santo Padre. El primer votum era para que el Santo Padre emitiera un importante documento sobre la Alianza de los Corazones de Jesús y María. El segundo votum, era para que elevara la celebración de la fiesta del Inmaculado Corazón de una festividad opcional a una obligatoria.

Diez años después, el 1 de Enero de 1996, el segundo votum fue otorgado. El Santo Padre autorizó un decreto emitido por la Congregación del Culto Divino, elevando la fiesta del Inmaculado Corazón de María a una fiesta obligatoria al día siguiente de la del Sagrado Corazón. Esto cumple esencialmente con el ruego de Nuestro Señor para que la Iglesia honrara adecuadamente el Corazón Inmaculado de Su Madre. Creo que este es un preludio de la venida del Triunfo del Corazón Inmaculado de María.

El Quinto Dogma y el Triunfo de Nuestra Señora.

Es necesario establecer el lugar correcto de María al lado de Jesús para preparar el cumplimiento de la promesa hecha por Nuestra Señora de Fátima, que era la conversión de Rusia y un período de paz mundial. Hoy, es el largamente esperado Triunfo de su Corazón Inmaculado prometido en Fátima, que traerá la paz al mundo. El mundo Católico entero, guiado por el Santo Padre, está anticipando y anhelando esta victoria. La promesa de que Rusia se convertiría estaba condicionada a una consagración solemne colegial de Rusia hecha por el Santo Padre, junto con los obispos del mundo al Corazón Inmaculado de María, y en el reconocimiento de toda la Iglesia de que dicha victoria se estaba dando por el Corazón de la Madre.

Para que Nuestra Señora traiga la paz a todas las naciones, el Santo Padre debería poner claro que la Iglesia universal reconozca el rol de María en la victoria por venir. Yo creo que el debería hacer esto, proclamando el privilegio y el poder que la Santísima Trinidad ha otorgado en la Señora y Madre de Todas las Naciones: Corredentora, Mediadora de todas las Gracias y Abogada. Ahora las posibilidades son mayores que nunca antes. El Santo Padre parece favorablemente dispuesto a realizar dicha proclamación, ya que varias veces ha hablado de Nuestra Señora como Corredentora. En la Redemptoris Mater se refiere a María como Mediadora. Asimismo, Su Santidad la ha llamado Abogada. Aún así, estos títulos están creando mucha controversia ahora, particularmente entre teólogos. ¿Porqué?

La teología es la ciencia de Dios. Quizá los teólogos estén enfocando el problema –como me lo sugirió un obispo- demasiado clínicamente. La teología es una disciplina en la cual no tengola menor experiencia. Aún así, permítame dar algunas percepciones de los títulos de Nuestra Señora desde el simple enfoque de un profano que entiende este dogma predominantemente con su corazón.

La primera, está inspirada por Su Eminencia Christoph Cardenal Schoenborn, O.P. En su tésis entregada al Simposium de Fátima sobre la Alianza de los Dos Corazones, dijo: “¿Porqué es que la teología encuentra el centro de su corazón, en el corazón de una mujer que es la Madre de Jesús? María es la garantía del realismo Cristiano; en ella se pone de manifiesto que la palabra de Dios no sólo es pronunciada sino también escuchada; de que Dios no sólo ha llamado, sino que también el hombre ha contestado; que la salvación no sólo fue presentada, sino también recibida. Cristo es la palabra de Dios, María es la respuesta; en Cristo, Dios ha bajado de los cielos; en María la tierra se ha vuelto fructífera. María es el sello de la perfecta ‘criaturidad’; en ella se ilustra -por anticipado- lo que Dios intentaba para la creación.”

En mi entendimiento sencillo del Cardenal Schoenborn, el don de la redención, libre y perfectamente dado, debe ser libre y perfectamente recibido. El Corazón de Jesús es la Palabra de Dios hecha carne. ¿Pero qué es la Palabra de Dios si no es escuchada y recibida por el corazón del hombre. El Corazón de Jesús representa el amor de Dios por el hombre, pero de nuevo, ¿Qué es el amor de Dios si el hombre no responde a el? Los anhelos del Corazón de Jesús son perfectamente cumplidos en el Corazón de María. Su Corazón en el único receptáculo sin mancha de la Palabra de Dios. El Corazón de María ha respondido perfectamente, amor con amor, al perfecto amor de Dios.

Nuestra Señora es el “sello de la perfecta criatura.” Desde este enfoque, ella es indispensable en los planes de Dios para la redención del hombre. Y es indispensable no por que Dios sea incapaz de redimirnos por Sí mismo, sino porque El quiere que el hombre, a quien creó con libre voluntad, coopere libremente en su propia redención, para hacer esta redención verdaderamente redentora, digna para ambos, Dios y el hombre.

Esta redención sería indigna de Dios si fuese impuesta al hombre. Y sería indigna del hombre si no deseara esta redención desde su libre voluntad. Por tanto, el Redentor necesita que el hombre sea corredentor, cooperando en su propia redención. Este rol de corredención le fue ofrecido a María quien fue concebida sin pecado original. Solamente Ella pudo empezar un nuevo linaje de sangre liberada de la esclavitud del pecado. Su Concepción Inmaculada terminó con la herencia del pecado en el hombre, calificándola, sólo a Ella, para ser Corredentora, la que como el cordero pascual debe ser sin mancha. Esto le fue ofrecido por el Señor a través del Angel Gabriel, y con su fíat lo aceptó en favor de toda la humanidad convirtiéndose en Corredentora.

Es por esto que en las apariciones de “La Señora de Todas las Naciones” en Amsterdam en 1945 –un título que fue aprobado por el recién fallecido obispo local ordinario, Hendrik Bomers de Haarlem- Nuestra Señora dijo: “La Señora es Corredentora, no porque yo sea la Madre de Dios, sino porque –y anótalo bien- porque soy la Inmaculada Concepción.”

La Pregunta Ecuménica

Algunos se oponen al quinto Dogma Mariano objetanto que será divisivo, que no sería un catalítico para la unidad de la Iglesia. El argumento es como sigue: “Creo en mi corazón que Nuestra Señora es Corredentora, Mediadora de todas las Gracias y Abogada, pero no puedo apoyar su proclamación en este momento. Quizá divida a la Iglesia.”

Encontré una respuesta a esta objeción en los escritos de Su Eminencia, Luis Cardenal Martínez, autor del libro El Espíritu Santo. El Cardenal escribió: “Djos santificadores son necesarios para nuestras almas, el Espíritu Santo y la Virgen María, porque ellos son los únicos que pueden reproducir a Cristo… El primero es el santificador por esencia porque El es Dios, santidiad infinita… y le corresponde a El comunicar a las almas el misterio de esa santidad. La Virgen María, por su parte, es la co-operadora, el instrumento indispensable, en y por diseño de Dios… Encontes, estos dos, el Espíritu Santo y María, son los artífices indispensables de Jesús, los santificadores indispensables de las almas. Cualquier santo en el cielo puede co-operar en la santificación de las almas, pero su co-operación no es necesaria… mientras que la co-operación de estos Artesanos de Jesús es tan necesaria que sin ella las almas no son santificadas (y esto por diseño actual de la Providencia). Tal es la gracia que el Espíritu Santo y la Virgen María tienen en el orden de la santificacion. Por tanto, la piedad Cristiana debería poner a estos dos artesanos de Cristo en su lugar verdadero, haciendo de la devoción hacia ellos algo necesario, profundo y constante. El Santificador por Su Esencia… la Virgen maría la Cooperadora, el instrumento indispensable.”

Esto, yo creo, es el argumento más poderoso e impulsador para apoyar el Quinto Dogma Mariano: que por el fiat divino, no puede haber santificación posible sin la acción del Espíritu Santo quien es la Esencia y la Cooperación de la Santísima Virgen María, el instrumento indispensable de mediación.

Con esta tesis, podemos decir con convicción que no es suficiente que creamos la verdad de este dogma en nuestros corazones. Pero este conocimiento nos debe hacer entender que este dogma es esencial para nuestra Fe Católica, no en su periferia sino en su medula. Y debemos proclamarlo al mundo para que se dé el Triunfo del Inmaculado Corazón de María y del Espíritu Santo, primero en nuestros corazones y después en todas las naciones. La verdad en sí misma no puede causar división; sólo el rechazo de la verdad.

Esta proclamación no es por el bien de María, puesto que no podemos agregar ningún título que la Santísima Trinidad no le haya otorgado ya, pero es por nuestro bien, que entendamos y aceptemos esta verdad, por nuestra propia santificación y gracia.

En cuanto a la oportunidad de la definición Mariana, esta verdad debe ser proclamada ahora porque nuestra necesidad es urgente, ya que la batalla entre la Palabra de Vida y la cultura de la muerte, está rugiendo en medio de nosotros y el incendio del mal cubre al mundo. Tal y como Radio Vaticano advirtió, las palabras no son ya suficientes, debemos actuar resueltamente ahora.

De Mayo 13 en Mátima a Mayo 31 en Amsterdam

Aún cuando las apariciones Marianas de Fátima son, sin lugar a dudas, las más importantes del Siglo XX, profetizando los eventos de este siglo que impactan nuestra fe y el futuro de la humanidad, los mensajes de la Señora de Todas las Naciones –que duraron 14 años- son una extensión de los mensajes de Fátima. Los mensajes de Amsterdam, aprobados por aceptación del Obispo Bomers de Haarlem, están dados para nuestro tiempo y contienen tres elementos, cada uno de ellos conectado a un evento importante que aún está por venir.

El primer elemento es la venida del Espíritu Santo, que va a ser enviado al mundo por el Padre y por el Hijo en un Segundo Pentecostés. Como un acto de Divina Misericordia, vendrá y “morará en los corazones de todos los pueblos”, para preservarlos de “degeneración, calamidades y guerra.”

El segundo elemento es la grave advertencia de “fuerzas tremendas amenazando al mundo”, de “terribles castigos” y de “graves eventos”, incluyendo la pérdida general de fe.

Este grave tiempo –dijo la Señora de Todas las Naciones– ya están sobre nosotros. Ella habló de un gran castigo de fuego, que podría ser la descripción de un holocausto nuclear. “Caerán huracanes de fuego de las nube… habrá una lluvia ininterrumpida de fuego…”

El tercer elemento, es un mensaje de esperanza. Nuestra Señora dijo: “Este Dogma será y es la coronación gloriosa de su Madre, y cuando sea proclamado, la Señora de Todos los Pueblos obtendrá la paz, paz para el mundo entero. El Espíritu Santo de paz está ahora más cerca que nunca, pero solamente vendrá si Uds. rezan. El es la sal. Es el agua. Es la luz. Es el poder que protege a la Madre de Uds. El ha procedido del Padre y del Hijo, y es quien ha dotado a la Señora de Todos los Pueblos con Su poder, y debido a esto, puede y quiere distribuir sus gracias a Uds.”

“El tiempo ha llegado. El Espíritu Santo debe venir sobre la tierra. El Espíritu Santo debe venir nuevamente y en esta ocasión será sobre todas las gentes. La Señora viene a anunciar al Espíritu Santo y viene a preparar camino para esto.”

AKITA: Continuación y Confirmación de Fátima y Amsterdam

Veintiocho años separan las apariciones de Fátima 1917 de las de Amsterdam, que empezaron en 1945. Otros 28 años después -en 1973- una imagen esculpida en madera de La Señora de Todas las Naciones, en un convento de monjas contemplativas en Akita, en la diócesis de Niigata, Japón, empezó a derramar lágrimas humanas, a transpirar sudor humano y a sangrar sangre humana. La Hermana Inés Sasagawa Kasuko fue la testigo escogida: recibió los estigmas de Nuestro Señor y los mensajes de Nuestra Señora. El tercer mensaje fue el 13 de Octubre de 1973, que coincide con la fecha del milagro del sol en Fátima.

Como La Señora de Todos los Pueblos advirtió nuevamente en Akita -al igual que lo que hizo en Amsterdam- sobre un castigo de fuego sobre la humanidad: “Si los hombres no se arrepienten y cambian de vida, el Padre Celestial descargará un gran castigo sobre toda la humanidad. Será definitivamente un castigo más grande que el Diluvio, tal como nunca haya visto jamás. Caerá fuego del cielo y una gran parte de la humanidad perecerá.”

El Obispo Ito, el superior en Akita, emitió una declaración sobre las apariciones, cuando visitó las Filipinas en 1991. Lo que dijo es importante, ya que Nuestra Señora misma le externó a la Hermana Sasagawa, que el Obispo Ito proveería la interpretación autorizada de los eventos en Akita.

Esto es lo que el dijo: “La característica distintiva de las apariciones Marianas en Akita, es que la estatua de madera de la Madre Santísima está al frente de la Cruz. Esta postura de la estatua milagrosa significa que la Santísima Virgen tiene una profunda relación y liga con la Pasión redentora de Cristo en la Cruz, en el Calvario.

“La estatua fue labrada en base a una estampa que reproducía una pintura al óleo de la Santísima Madre de Amsterdam, la que se apareció de 1945 a 1959 a una mujer Católica Holandesa llamada Ida Pedeerman. La Santísima Madre se identificó a si misma como Corredentora. Este rol de Corredentora significa que la Santísima Madre dio a luz al Redentor y compartió en los sufrimientos de Cristo. Cristo vino al mundo como el Redentor y la obra de la redención fue la Cruz, con todos sus sufrimientos de cuerpo y espíritu. La Santísima Madre sufrió con Su Hijo Jesús, al permanecer de pie al frente de la Cruz. Aunque el sufrimiento de Nuestra Señora no es el principio esencial del sacrificio redentivo de Nuestro Señor, su sufrimiento fue necesario para que la humanidad fuese capaz de recibir las gracias Divinas provenientes de la redención de Cristo en la Cruz.”

En el libro, Akita, la Madre de Dios como Corredentora, se cita al Padre Thomas Teiji Yausda SVD, director espiritual de la Hermana Sasagawa, diciendo que “Los milagros del llanto y sangrado de la estatua de la Santísima Madre en Akita fueron permitidos por Dios para ilustrar la verdad del rol de María como Corredentora.”

Incluso la Medalla Milagrosa –las apariciones que constituyen el comienzo verdadero del mensaje Mariano al mundo moderno y el trabajo de la corredención Mariana- también representa a la Santísima Madre como Corredentora, Mediadora de todas las Gracias y Abogada. Aparece como Mediadora de todas las Gracias con sus manos extendidas distribuyendo gracias. Las palabras inscritas “María, concebida sin pecado, rogad por nosotros que recurrimos a vos”, la presentan como la Abogada de los pecadores. La cruz está entrelazada con la letra M en su base, como una clara referencia a María como Corredentora, puesto que es por la cruz que Cristo ha redimido al mundo.

La Madre de Todos los Pueblos y el Nuevo Advenimiento

Hemos visto como estos tres mensajes del Siglo XX, Fátima, Amsterdam y Akita están entrelazados, guiando el destino de la humanidad mientras entramos al tercer milenio. Fátima ocurrió en 1917. Veintiocho años después, en 1945, la Señora de Todas las Naciones vino a Amsterdam, y después de otros 28 años, se manifestó en Akita en 1973. Y si agregamos otros 28 años después de Akita, nos llevará al 2001, el primer año del tercer milenio.

El Obispo John Ito, Ordinario de Akita quien aprobó las apariciones, me escribió después de que informó brevemente al Santo Padre sobre los eventos de Akita y presentó su pastoral para su aprobación al Cardenal Joseph Ratzinger, personalmente me confirmó que esos dos mensajes, el de Fátima y el de Akita, son esencialmente lo mismo. El Obispo Ito dijo: “El Padre quiere purificar a la humanidad antes de que entre al tercer milenio.” El Obispo Ito dijo categóricamente que el milagro de Akita confirma la autenticidad de los mensajes de Amsterdam, puesto que la estatua que lloró y sangró es una imagen esculpida de La Señora de Todas las Naciones. El cielo no hubiese permitido que los eventos sobrenaturales en Akita se concentraran en una imagen de Nuestra Señora de Todas la Naciones, si sus mensajes en Amsterdam no representaran la verdad. Y si es la verdad, ¿porqué estamos suprimiendo la proclamación de la verdad? La proclamación del Quinto Dogma ya no es nuestra prerrogativa; es ahora nuestro deber. Debemos hacer caso a la advertencia de Radio Vaticano, de que “ha llegado el tiempo cuando las palabras ya no son suficientes. Es ahora necesario actuar inmediatamente si queremos que la humanidad, que cada uno de nosotros, sea capaz de ver, aparte del fuego, la luz.”

Hace dos mil años, durante el Primer Adviento, el Espíritu Santo descendió sobre María y cuando el poder del Altísimo la cubrió, concibió a Jesús, Hijo de Dios. Ahora, durante este Nuevo Adviento, es La Madre de Todos los Pueblos, la Corredentora, Mediadora de todas las Gracias y Abogada, la que acompañará a su Esposo para descender a nuestros corazones y almas, y nos recreará a cada uno de nosotros –si le damos nuestro fíat- de Jesús. Unidos con los Corazones de Jesús y María, en su pasión por la Voluntad del Padre, inflamados con el fuego del Espíritu Santo, podemos disipar las tinieblas que cubren el mundo y renovar la faz de la tierra.

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My Marian journey began in 1960 when the Catholic world was waiting for Pope John XXIII to reveal the third secret of Fatima. Now, as we start the third millennium, there is again an eager anticipation among God’s people of an imminent theophany when God will manifest His presence to save His people. John Paul II, in his book, Crossing the Threshold of Hope, expressed this sentiment when he said that Our Lady’s words to the children of Fatima seem close to their fulfillment. The victory, he said, when it comes, shall be brought by Mary.

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On February 9, 2005, Jesus gave Anne, a lay apostle, the following message: “The Church is aware of this mission of mercy and is assisting through the cooperation of your bishop. It is I who wills this mission and it is I who directs its course.”

As Providence would have it, on that same day, that course was directed to the Philippines. Sister Briege McKenna and Fr. Kevin Scallon, who were in Manila to give a retreat, told a group of Marian devotees about Anne and the mission given to her by Jesus. Anne, they assured us, was not the usual visionary with the usual “messages from heaven.” They shared some marvelous accounts of their personal encounters with Anne. Sister Briege and Fr. Kevin were obviously taken up with Jesus’ directions for our troubled times.

What is encouraging is that from these initial activities there is emerging a viable group of lay apostles who are excited about their new-found Apostolate and are promoting it on their own.

A small group of members of our Marian Solidarity for Pope John Paul II read the Volumes with great interest, and subsequently we made contact with Direction For Our Times based in Chicago, receiving permission to reprint the Volumes in the Philippines for local circulation. I then received an invitation from retired Archbishop Philip Hannan of New Orleans to attend a conference featuring Anne herself. I attended with my daughter Angie from Vancouver, Canada. We were both very impressed with Anne and with her simplicity and spirituality, as she described the pathway of “climbing the mountain” of holiness. […]

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A call for an international renewal of prayer for the coming of the Holy Spirit into our troubled world is coming from former Vatican Ambassador, Howard Dee of the Philippines, through the praying of the new form of the Prayer of the Lady of All Nations, which has been recently approved by the Vatican Congregation for the Doctrine of the Faith.

Ambassador Howard Dee, the renowned Marian leader from the Philippines, is initiating a renewed call for prayer for a “new Pentecost” through the increased praying of the Prayer of the Lady of All Nations in its newly approved form. The local bishop, Most Reverend Joseph Maria Punt of the Diocese of Amsterdam, has consulted with the Congregation for the Doctrine of the Faith regarding the Prayer of the Lady of All Nations. The Congregation has officially approved the text of the prayer, while directing that the phrase of the prayer, “who once was Mary,” be changed to “the Blessed Virgin Mary,” in order to avoid the possibility of a misunderstanding. The new definitive form of the Prayer of the Lady of All Nations, as directed by the Congregation for the Doctrine of the Faith, is now as follows:

Lord Jesus Christ, Son of the Father,
send now Your Spirit over the earth.
Let the Holy Spirit live in the hearts of all nations,
that they may be preserved from degeneration,
disaster and war.
May the Lady of All Nations, the Blessed Virgin Mary,*
be our Advocate. Amen.

– Editor

* After consultation of the local bishop with the Congregation for the Doctrine of the Faith (2006) regarding the prayer, the Congregation approved the text of the prayer with the directive to change the original clause “who once was Mary” to “the Blessed Virgin Mary,” because of possible misunderstanding.

Let Us Renew the Prayer of Our Lady of All Nations

At the beginning of the millennium, the late Pope John Paul consecrated the world to the Immaculate Heart of Mary and said: “Humanity stands at a crossroads. Humanity now has the instruments of unprecedented power: we can turn this world into a garden, or reduce it to a pile of rubble.”

What is the present state of our world today?

Human existence on earth constitutes a web of life consisting of three orders: a moral and spiritual order, a socio-economic and political order, and an ecological order with the earth’s ecosystems. Tragically, today, all these three orders are in a sad state of disrepair, bringing about a crisis in our human web of life and in the meaning and purpose of human existence.

Our moral and spiritual order and its values are badly eroded by a moral relativism that tramples upon the Commandments of God and replaces God with our egoism that provides its own rules and pursues its own “truth.” Man is committing the same sin of Lucifer and Adam.

In the socio-economic and political order, we see the spread of a global ideology without moral guidelines, giving rise to problems of economic inequity and mass poverty, political discord, social disorder, ideological conflicts and warfare, and terrorism on a global scale.

In this global village where there are no borders to limit the spread of ideologies, political and economic forces, cultural trends and lifestyles, every nation now faces threats common to all nations: Widespread poverty and deprivation, pandemic diseases, global terrorism, and even nuclear annihilation.

Another threat in the ecological order is global warming and climate change, and its accompanying natural disasters caused by our abuse of God’s creation. Already, many living species, including ocean life, are becoming extinct due to our destruction of nature’s ecosystems. A new British report says that this ecological disaster will cause massive drought and hunger on a global scale. Entire populations will become refugees, without food or water.

We can see how the collapse of the moral order impacts on the entire human web of life and threatens man’s very existence. This confirms what Pope John Paul said at Fatima in 1984: The collapse of moral values will cause the collapse of societies and threaten civilization itself.

During the Jubilee Year 2000, he said that we are living in apocalyptic times described in Revelation 12: the Woman clothed with the sun engaged in a furious battle with the Red Dragon. He said that this “great struggle between good and evil shows how, when man puts God aside, he cannot achieve happiness, but ends up destroying himself.”

He said that “the struggle for the soul of the contemporary world is now at its height where the spirit of the world seems strongest as humanity is suffering from the effects of ‘unrestrained secularism.'”

Yet, at the beginning of the new Millennium, the Holy Father announced a New Advent and promised a new springtime for our Church. He pleaded: “Open your door to Christ, welcome the Spirit, so that a new Pentecost may take place in every community! A new humanity, a joyful one, will arise from your midst.” He said that “the coming of God is also an outward, visible, audible and tangible event,” and “we must prepare for it daily in our hearts.”

Now, more than ever, we need to heed the call of the Holy Father to open our doors to Christ for His return in glory and to welcome the Spirit in a New Pentecost to renew the face of the earth.

In our times threatened with degeneration, disaster and war, the Prayer for the coming of the Holy Spirit through the intercession of Our Lady of All Nations is a most powerful weapon. The coming of Christ and His Spirit begins in our hearts. This prayer is for the Spirit to live in the hearts of all nations and peoples that they may be preserved from degeneration disaster and war, with the Blessed Virgin Mary as our Advocate. She and the Holy Spirit will prepare the world for the second coming of Christ as in the First Advent.

This new form of the prayer has been approved by the Congregation of the Doctrine of Faith and we must use it to full advantage by praying it daily, preferably before each decade of the Holy Rosary. The world will benefit from it.

The Prayer of the Lady of All Nations

Lord Jesus Christ, Son of the Father,
send now Your Spirit over the earth.
Let the Holy Spirit live in the hearts of all nations,
that they may be preserved from degeneration,
disaster and war.
May the Lady of All Nations, the Blessed Virgin Mary,*
be our Advocate. Amen.

* After consultation of the local bishop with the Congregation for the Doctrine of the Faith (2006) regarding the prayer, the Congregation approved the text of the prayer with the directive to change the original clause “who once was Mary” to “the Blessed Virgin Mary,” because of possible misunderstanding.

Ambassador Howard Dee
Former Vatican Ambassador for the Philippines
Manila, Philippines

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My Marian journey began in 1960 when the Catholic world was waiting for Pope John XXIII to reveal the third secret of Fatima. Now, as we approach the third millennium, there is again an eager anticipation among God s people of an imminent theophany when God will manifest His presence to save His people. The present Holy Father, in his book, Crossing the Threshold of Hope, expressed this sentiment when he said that, as we end this century, Our Lady’s words to the children of Fatima seem close to their fulfillment. The victory, he said, when it comes, shall be brought by Mary.

His elaborate preparation for the Great Jubilee Year that he called the hermeneutical key and the defining point of his pontificate is without doubt in anticipation of this victory. […]

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