Boletin – December 2001

Published on August 6, 2012 by in En Espanol

0

Continue Reading

Boletin – February 2002

Published on August 6, 2012 by in En Espanol

0

Continue Reading

Boletin – February 2004

Published on August 6, 2012 by in En Espanol

0

Continue Reading

Boletin – October 2002

Published on August 6, 2012 by in En Espanol

0

Continue Reading

Boletin – September 1999

Published on August 6, 2012 by in En Espanol

0

Continue Reading

Boletin – September 2007

Published on August 6, 2012 by in En Espanol

0

Continue Reading

Boletin – February 2009

Published on August 6, 2012 by in En Espanol

0

Continue Reading

Boletin – February 2007

Published on August 6, 2012 by in En Espanol

0

Continue Reading

Boletin – April & May 2000

Published on August 6, 2012 by in En Espanol

0

Continue Reading

Boletin – August & September 2001

Published on August 6, 2012 by in En Espanol

0

Continue Reading

Boletin – November & December 2000

Published on August 6, 2012 by in En Espanol

0

Continue Reading

Boletin – November & December 2001

Published on August 6, 2012 by in En Espanol

0

Continue Reading

Boletín – September 2006

Published on August 6, 2012 by in En Espanol

0

Continue Reading

Una Ofensiva Mariana de Benedicto XVI

Published on July 31, 2012 by in En Espanol

0

En el 93º aniversario (13 de Mayo del 2010) de la primera aparición de Nuestra Señora del Rosario a los 3 niños portugueses, el Papa Benedicto se dirigirá al mundo desde este favorecido santuario Mariano. En medio de un ataque sin precedentes sobre el papado en estos días, y a la luz de la profecía de Fátima del 13 de Julio de 1917, de que “el Santo Padre tendrá que sufrir mucho”, muchos se preguntas si esta profecía no sólo se refiere al atentado de Juan Pablo II en el mismo aniversario en 1981, sino también a los ataques gravemente injustos hechos al presente contra nuestro santo Vicario de Cristo.

“Sólo Ella puede ayudarle”. Estas palabras de Nuestra Sra. de Fátima hablan también de la presente crisis en la Iglesia y del ataque específico al papado. Muchos fieles creen que volviendo a Nuestra Señora en este tiempo de crisis eclesial, sea la última respuesta. el El Cardenal Ratzinger parece confirmar esto, al menos en principio en su famoso Reporte Ratzinger de 1984, en el que él identifica el remedio a la crisis omnipresente de fe y cultura de hoy precisamente por “tornar a María”.

En la mente de un grupo significativo de cardenales, obispos, teólogos y laicos, la mejor defensa para el papado de Benedicto XVI es una ofensiva Mariana. El 25 de Marzo del presente año, una representación internacional de numerosos miembros de la jerarquía Católica, la comunidad teológica y laicos se reunieron en el Forum del Vaticano en Roma para hablar a favor de una solemne definición de la maternidad espiritual universal de Nuestra Señora, por amor a la verdad y como un remedio Mariano por los graves males que enfrenta actualmente la Iglesia.

Organizado por la Revista Inside the Vatican, este “Día de Diálogo” Romano sobre el 5º dogma Mariano (ver www.insidethevatican.com), puesto en relieve por obispos de 4 continentes, teólogos Católicos y Protestantes, e incluso embajadores en el Vaticano.

“Creemos que el 5º Dogma Mariano ayudará a protegernos de desastres”, así dijo Mercedes Tuason, Embajadora de Filipinas en el Vaticano. La embajadora leyó una carta de la Presidente de Filipinas, Gloria Arroyo, que fue dirigida y presentada al Papa Benedicto XVI en Agosto del 2009, en la que la Presidenta solicita la definición papal de María como la Madre Espiritual de la humanidad, a favor de la nación Filipina. Los obispos asiáticos, en el mismo foro, elevaron una fuerte voz por el dogma Mariano, como una ayuda poderosa en la evangelización Cristiana de Asia, en particular de China.

Los temas que han dominado, y en gran medida paralizado, los diálogos ecuménicos en el primer mundo en relación a María (comunión de los santos, la gracia sola, la fe sola, etc.), fueron discutidos como fundamentalmente irrelevantes para los pueblos aun no bautizados de Asia. “El símbolo Chino de amor es una madre sosteniendo a un niño”, comentó el Arzobispo Ramón Argüelles de Lipa, Filipinas, quien explicó que el concepto de una madre trayendo misericordia y redención de un dios a sus hijos en una idea estándar y muy aceptada en la cultura Asiática. De hecho, en algunos casos en donde un sistema de creencia oriental no tiene un intercesor femenino entre ellos y un dios, se lo inventan. “Ya tenemos una”, declaró el Arzobispo Argüelles, “en la persona de María Corredentora, Mediadora de todas las gracias y Abogada”.

El Arzobispo M. Chinnappa de Madras, India, confirmó este mismo llamamiento Asiático de una madre trayendo las gracias y la misericordia de Dios a la humanidad. Reportó que gentes multi-religiosas del segundo país más grande acuden a los santuarios Marianos debido al consuelo que reciben del concepto y de la intercesión real de una madre. También se refirió a la entusiasta recepción que recibió de Musulmanes, Hindúes y Cristianos por igual, de sus propias repetidas enseñanzas de los roles de Nuestra Señora como madre espiritual de la raza humana, y de su solemne proclamación papal. Ha recibido una entusiasta respuesta favorable no sólo en la India, sino también en otros 10 países en los que ha predicado y enseñado la necesidad de un quinto dogma Mariano.

El ex obispo militar Argentino, Antonio J. Beseotto, defendió el título de Corredentora como un título Católico tradicional y apropiado para describir los sufrimientos de María con Jesús en la obra de la Redención. El prelado Argentino, bien conocido por su valiente posición contra el uso del gobierno Argentino de la anticoncepción y el aborto en el 2004, transmitió el apoyo masivo de América Latina por esta potencial definición papal Mariana, mismo que incluye cientos de obispos, millones de fieles y miles de religiosas contemplativas que rezan diariamente porque el Papa Benedicto proclame este dogma Mariano.

La principal objeción planteada recientemente a esta definición Mariana ha sido su efecto potencial en el ecumenismo, ya que varios cuerpos Cristianos fuera de la comunión con Roma, se opondrían a cualquier expresión de la infalibilidad papal y con mayor razón a una definición Mariana. En respuesta, la teóloga Anglicana, Dra. Judith Gentle, miembro de la Sociedad Mariológica de Nuestra Sra. de Walsingham en Inglaterra, se refirió a esta probable proclamación por el Papa Romano como aquel que constituye el remedio actual para las dificultades ecuménicas que estamos enfrentando en el presente.

“Lejos de ser un obstáculo” –remarca- “la entrada de la madre en los esfuerzos de unir la familia de Cristo, es precisamente lo que es necesario en este momento del viaje ecuménico”. La teóloga Anglicana declaró que ella y muchos otros “hogares de la fe Cristiana”, ven al “obispo de Roma” como la única persona y oficina que pueda efectuar el remedio ecuménico”, proclamando y de esta manera liberando así a la madre de Jesús para interceder por la unidad Cristiana, la que está simplemente más allá de nuestras habilidades humanas.

En un punto en el diálogo, un miembro de la audiencia objetó: “Porqué imponer un nuevo dogma a la gente, si esta doctrina Mariana es algo ya enseñado por la Iglesia?” El Obispo José Bagobiri de Nigeria respondió que la pregunta en sí misma refleja un concepto equivocado del dogma Católico. “Los dogmas de la Iglesia no son impuestos, sino más bien propuestos” –declaró- en el sentido de que revelan verdades divinamente reveladas los que llaman a todos los miembros de la Iglesia a aceptarlos y celebrarlos. Entre mejor pueda ser la verdad propuesta en la forma de una definición solemne, cuanto más conduce a un adecuado entendimiento y libre consentimiento de la verdad que encarna el dogma. La libertad de uno viene cuando aceptamos o rechazamos ser Católicos -no en qué doctrinas o dogmas que objetivamente son verdades en sí mismas- uno quiere asentir como Católico.

Un dogma es la “perfección de una doctrina” como lo anotó Pío IX en su definición solemne de la Inmaculada Concepción. Si una doctrina ya ha sido enseñada por el Magisterio, es algo que obliga a los fieles a una aceptación religiosa de mente y voluntad a la mentalidad manifiesta del Papa (cf. Lumen Gentium, 25).

Mientras el Papa Benedicto busca la intercesión de Nuestra Señora el 13 de Mayo -aniversario de Fátima- por nuestra asediada situación eclesial, se nos recuerda de un pontífice anterior dirigiéndose a María, durante un grave tiempo histórico para la Iglesia.

En 1848, el Beato Pío IX fue obligado a huir del Vaticano bajo un violento ataque de las fuerzas socialistas. Mientras estaba en el exilo y después de haber consultado algunos prelados Marianos, el maltratado Pontífice concluyo que el último remedio para el papado y la crisis en la Iglesia sería la definición solemne de la Inmaculada Concepción, y al hacerlo, atraer la poderosa intercesión de Nuestra Señora en la agitación eclesiástica. El Papa definió el dogma y el papado y la Iglesia fue prontamente restablecida a su previo respeto y más allá de manera significativa.

¿No estaremos enfrentando una situación paralela en nuestros días, con los medios seculares del mundo y aun algunos miembros equivocados de la Iglesia que están pidiendo a gritos en medio de la crisis eclesial internacional, la dimisión de nuestro amado Santo Padre? Quizá necesitamos el mismo remedio Mariano, cuando todos los esfuerzos humanos de diplomacia y justicia parecen estar lejos de ser suficientes para las crisis actuales de la Iglesia y del Papado, una proclamación Mariana que reconozca los roles de María de intercesión, y al hacerlo así, traerlos poderosamente en plena acción hoy, por nuestra Iglesia y por nuestro Papa.

Algunos quizá argumente que debido a los ataques existentes al Santo Padre, lo último que el debería hacer es detonar más controversia con un dogma Mariano sobre la maternidad espiritual de María. Pero la historia y la fe combinada han demostrado que cuando la Iglesia ha enfrentado sus más grandes batallas, ya sean las persecuciones romanas en los primeros siglos, las de invasores extranjeros en lugares como Lepanto y Viena en más recientes siglos, o la de los asaltos seculares y de los medios en el tercer milenio, yendo a María con convicción y fortaleza, efectúa un libramiento de gracia que empoderar, protege y santifica la Iglesia de manera que sólo puede ser descrita como sobrenatural. La Iglesia necesita hoy un remedio sobrenatural. La Iglesia necesita hoy a su Madre.

“Que la Iglesia sea así Renovada por Sacerdotes que Sean Santos”

Madre Inmaculada,
en este lugar de gracia,
convocados por el amor de tu Hijo Jesús,
Sumo y Eterno Sacerdote, nosotros,
hijos en el Hijo y sacerdotes suyos,
nos consagramos a tu Corazón materno,
para cumplir fielmente la voluntad del Padre…
Madre de la Iglesia,
nosotros sacerdotes, queremos ser pastores
que no se apacientan a sí mismos,
sino que se entregan a Dios por los hermanos,
encontrando la felicidad en esto.
Queremos cada día repetir humildemente
no sólo de palabra sino con la vida, nuestro “aquí estoy”.
Guiados por ti,
queremos ser Apóstoles
de la Divina Misericordia,
llenos de gozo por poder celebrar diariamente
el Santo Sacrificio del Altar
y ofrecer a todos los que nos lo pidan
el sacramento de la Reconciliación.
Abogada y Mediadora de la gracia,
tu que estás unida a la única mediación universal de Cristo,
pide a Dios, para nosotros,
un corazón completamente renovado,
que ame a Dios con todas sus fuerzas
y sirva a la humanidad como tú lo hiciste…
(Extracto del Acto de Encomienda y Consagración de los Sacerdotes al Inmaculado Corazón de María, Papa Benedicto XVI. Fátima, 12 de Mayo del 2010. La liga para la oración completa
está en www.motherofallpeoples.com)

“Queridos amigos que están enfermos, reciban la llamada de Jesús que pronto pasará entre Uds. en el Santísimo Sacramento, y encomiéndele cada revés y dolor que tengan, para que se conviertan –de acuerdo a su designio- en medios de redención para el mundo entero.
Uds. serán redentores con el Redentor, así como son hijos en el Hijo.
En la cruz…está la madre de Jesús, nuestra madre”.
(Extracto de la Bendición a los Enfermos, Papa Benedicto XVI, Fátima, 13 de Mayo del 2010. La liga para la oración completa está en www.motherofallpeoples.com)

Continue Reading

“Por el Santo Padre y el Dogma”

Published on July 31, 2012 by in En Espanol

0

El 11 de Septiembre de 1999, El Dr. Mark Miravalle, Presidente de Vox Populi Mariae Mediatrici, el movimiento internacional que busca la solemne definición de la Madre de Todos los Pueblos como Corredentora, Mediadora de todas las Gracias y Abogada, hizo la siguiente presentación en la Conferencia sobre el Triunfo del Corazón Inmaculado de María, llevada a cabo en New York.

Queridos Hermanos y Hermanas en el Inmaculado Corazón de María,

Permítanme empezar con las palabras de Su Santidad, el Papa Juan Pablo II, de quien creo es la “pieza maestra” del Triunfo del Inmaculado Corazón de nuestra Madre:

“María es el atardecer de la Redención…espiritualmente crucificada con su Hijo crucificado (cf. Gál. 2:20), contemplo con heroico amor la muerte de su Dios, “consintió amorosamente a la inmolación de esta Víctima que Ella misma había dado a luz” (Lumen Gentium, 58)…de hecho, en el Calvario, se unió a sí misma con el sacrificio de su Hijo lo que llevó a la fundación de la Iglesia…Habiendo sufrido por la Iglesia, el rol de María como Corredentora no terminó con la glorificación de su Hijo” (Juan Pablo II, Discurso Papal dado en el Santuario de Nuestra Señora de la Alborada en Guayaquil, el 31 de Enero de 1985, publicado en L’Osservatore Romano el 11 de Marzo del mismo año).

Más que ningún otro papa en la historia, Juan Pablo II, ha llamado a nuestra Señora “Corredentora” –en al menos seis ocasiones- debido a su participación excepcional maternal en la Redención de la familia humana llevada a cabo por Jesucristo, el único Redentor y Rey de todos los pueblos y naciones. El prefijo “co” no significa igual, sino que viene de la palabra Latina “cum”, que significa “con”. El uso papal del titulo “Co-rredentora” aplicado a la Madre de Jesús, nunca pone a María a nivel de igualdad con Jesucristo el Redentor divino de todos. Más bien denota la participación excepcional de su corazón maternal en el sufrimiento redentor de Su Hijo, como la “Nueva Eva”, la nueva “Madre de los Vivientes”, como los Padres de la Iglesia se refieren a Ella.

Tal y como San Pablo invita a todos y cada uno de los Cristianos a convertirse en “co-trabajadores” (1Cor. 3:9) con Jesucristo, sin ponernos en nivel de igualdad con el único Señor y Dios, así también el título de “Co-rredentora”, se refiere a este sufrimiento sin paralelo del Corazón Inmaculado de nuestra Madre por cada uno de nosotros en el Calvario, pero nunca al nivel de divinidad. Al mismo tiempo, nuestra Madre Corredentora es nuestro ejemplo perfecto en el llamado escriturístico para que “hagamos lo que está faltando en los sufrimientos de Cristo por el bien de Su Cuerpo que es la Iglesia” (Col. 1:24); para ofrecer todos los sacrificios y sufrimientos de nuestro día, en unión con nuestro Señor Jesús para que se liberen las gracias del Calvario por la Iglesia y por el mundo.

Pero nuestro amado Santo Padre nos recuerda que: “El rol de María como Corredentora no termina con la glorificación de su Hijo”. Después de haber participado en la adquisición de las gracias del Calvario y habiendo sido dada a la humanidad como el regalo final del Señor Crucificado (cf. Jn 19:26), nuestra Madre continúa con su rol salvífico como Corredentora en la distribución de las gracias del Calvario como la Mediadora de todas las Gracias y Abogada. (Cf. Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, nn. 58-62). Como Mediadora de todas las Gracias, nuestra Madre Celestial alimenta a sus hijos terrenos con las inestimables gracias de Su Hijo, tanto en su amoroso servicio a Cristo el “único Mediador” (1 Tim 2:5), como en la unión intima con el Espíritu Santo quien, como el Santificador, escoge y distribuye todas Sus gracias celestiales a través de Su esposa e instrumento humano, el Corazón Inmaculado de María. Como Abogada del pueblo de Dios, nuestra Señora lleva todas las necesidades pedidas por la familia humana ante el trono de Cristo Rey, intercediendo por nosotros como Reina y Abogada en el Reino de Dios. Como Corredentora, Mediadora de todas las Gracias y Abogada, Ella es verdaderamente la Madre de todos los Pueblos, buscando llevar a todos los pueblos y naciones al Corazón de Su Hijo Eucarístico.

Como Uds. saben, los tres grandes roles de nuestra Madre como Corredentora, Mediadora de todas las Gracias y Abogada, forman parte de la doctrina oficial de la Iglesia en las enseñanzas del Magisterio Papal. Vox Populi Mariae Mediatrici (o la “Voz del Pueblo por María Mediadora”) está buscando el apoyo de nuestro amado Santo Padre “Totus Tuus”, para que defina papalmente los roles doctrinales de la Madre de todos los Pueblos, como Corredentora, Mediadora de todas las Gracias y Abogada como dogma de la Iglesia, para que la Iglesia y el mundo conozcan al nivel más alto de verdad definida de que nosotros tenemos verdaderamente una Madre Celestial que está sufriendo por nosotros, nutriéndonos e intercediendo por nosotros. Más de quinientos cuarenta obispos, incluyendo 45 cardenales y cerca de 6 millones de Católicos (incluyendo a la extinta Madre Teresa de Calcuta) de los cinco continentes, están rezando y pidiendo para que este gran Papa Mariano honre pronto a nuestra Santísima Madre con esta gran corona dogmática.

¿Porqué es tan importante que la Madre de Todos los Pueblos sea papalmente proclamada como la Corredentora, Mediadora de todas las Gracias y Abogada? En el gran misterio de providencia y libre albedrío, Dios ha querido que ciertas acciones se den sólo a través de la libre cooperación del hombre. Dios respecta nuestra libertad y no fuerza su gracia de Su gracia sobre nosotros. Y así como Dios esperó el libre ¨fiat¨ de una mujer joven para darnos al Redentor (Lc 1:38), de igual manera ahora la misma Mujer -respetando nuestra libertad- espera el libre ¨fiat¨ de un hombre, nuestro amado Vicario de Jesús en la tierra, para liberar una gran abundancia de gracias sobrenaturales sobre la Iglesia y el mundo entero. Pero como Juan el discípulo amado ¨recibió¨ a María ¨en su casa¨ (Jn 19:27), de la misma manera nuestro Santo Padre debe ¨dar la bienvenida¨ a María en las casas y los corazones de la familia humana, por medio de proclamarla papalmente como la Madre de Todos los Pueblos al nivel más alto de autoridad y verdad de la Iglesia.

Mis queridos Hermanos y Hermanas Marianos, creo que hemos llegado un punto de clímax histórico, en esta definida ¨Era de María¨. Nuestros corazones todos anhelan el cumplimiento de la gran profecía de nuestra Señora dada en Fátima que dice: ¨Al final, mi Corazón Inmaculado triunfarᨠ(13 de Julio de 1917). La proclamación papal de nuestra Señora como Corredentora, Mediadora de todas las Gracias y Abogada, por el Vicario de Cristo, es la invitación libre en nombre de la humanidad que permite a nuestra Madre Espiritual ejercer plenamente sus roles maternales de corredención y mediación para traerle a sus hijos terrenales las gracias celestiales tan críticamente necesitadas por la Iglesia y el mundo contemporáneo.

Como tal, este quinto y último Dogma Mariano iniciará el Triunfo del Corazón Inmaculado de María. Sus títulos son sus obras y sus funciones por la Iglesia, y la proclamación papal de la verdad total sobre nuestra Madre María y sus obras santificantes por la Iglesia y el mundo, la liberará a Ella para usar Su poder total de maternal intercesión por las graves necesidades de la humanidad contemporánea. Nuestra Madre se refiere a este rol salvífico otorgado a Ella por la Santísima Trinidad, cuando dijo en Fátima: ¨Dios quiere establecer la devoción a mi Inmaculado Corazón¨, apareció como muestra ¨Madre Dolorosa¨ el día del gran milagro solar y suplicó al mundo que respondiera a Su llamado porque ¨Sólo Ella puede salvarlos¨ (13 de Julio de 1917).

El Sábado 31 de Julio de 1999 fui nuevamente bendecido, al poder atender la Misa matutina del Papa Juan Pablo II en su residencia veraniega de Castel Gandolfo y hablar posteriormente con Su Santidad. Pude comunicarle el enorme progreso internacional del movimiento Vox Populi Mariae Mediatrici y del apoyo orante de muchos millones de fieles Marianos de todo el mundo: cardenales, obispos, clérigos, religiosos e igualmente de laicos, por la definición papal del Quinto Dogma Mariano.

Ahora, mis amigos en los Corazones de Jesús y María, les pido un regalo especial para el Santo Padre y para nuestra Señora. Pido a cada uno de ustedes consagrados al Corazón Inmaculado de María que hagan una promesa personal el día de hoy, y que es el agregar en cada Rosario, en cada Misa, en cada hora de Adoración Eucarística, cada ayuno, cada sacrificio diario de cualquier tipo, desde ahora hasta que se dé esta gran proclamación papal del Quinto Dogma, la siguiente sencilla intensión: ¨Por el Santo Padre y por el Dogma¨.

Esta sencilla intensión desde el corazón, agregada a cada una de sus oraciones y sacrificios diarios, será un regalo espiritual para nuestra Madre de Todos los Pueblos y para nuestro amado Santo Padre, con una fuerza y eficacia espiritual más allá de cualquier poder humano.
Hagamos cada uno de nosotros, hermanos y hermanas en el Corazón Inmaculado de María, nuestra humilde parte como co-trabajadores o ¨co-redentores¨ con nuestra Madre Co-redentora y nuestro Santo Padre Totus Tuus, para que se dé la realización plena de la gran profecía de Fátima de que ¨al final, mi Corazón Inmaculado triunfará¨, y la gran profecía Mariana escriturística de que ¨ Me llamarán bienaventurada odas las generaciones…¨(Lc 1:48).

Disponible para reproducción y distribución libre. Para mayor información sombre el movimiento por el Quinto Dogma Mariano o por hojas de petición, favor de contactar a: Vox Populi Mariae Mediatrici, Centro de Distribución, Blvd. Puerta del Sol 502-9, Colinas de San Jerónimo, 64630 Monterrey, N.L., México. Email: lbejar@spe.com.mx

Continue Reading

0

¿Qué tienen en común Sn. Padre Pío, Sn. Francisco J. Cabrini, Sta. Gema Galgani, Sn. Maximilano Kolbe, Sn. Leopoldo Mandil, Sta. Teresa Benedicta de la Cruz, Sn. José Ma. Escribá, Beata Teresa de Calcuta, Siervo de Dios Juan Pablo II y Sor Lucía de Fátima (más allá de su santidad eminente como testigos del Siglo XX)? todos ellos repetidamente invocaron a Nuestra Señora como la “Corredentora” y enseñaron la doctrina de la Corredención Mariana, en lo concerniente al rol sin paralelo de María con y supeditada a Jesucristo en la obra de la Redención de la familia humana.

Uno de los grandes ejemplos del desarrollo de la doctrina Católica, es visible con la evolución histórica del dogma Mariano. Como la pequeña bellota que crece a través de los años llegando a ser un gran roble, las semillas de la Escritura divinamente plantadas en relación a María, han crecido bajo el nutriente del Espíritu Santo en dogmas de fe solemnemente declarados –lo que constituye la forma más alta de reconocimiento de una verdad de la Iglesia-.

En el 431, el Concilio de Éfeso declaró solemnemente a María la Madre de Dios, o literalmente la “Portadora de Dios” (Theotokos), en medio de la controversia Nestoriana sobre la naturaleza y persona de Cristo.(1)

Dos siglos después (649), el Papa Martín I declaró la “Virginidad Perpetua” de Nuestra Señora, que era virgen antes, en y después del parto de Jesucristo. (2)

Pasó un lapso mayor a los 1,200 años antes de la proclamación del siguiente dogma Mariano, con la solemne definición papal de la Inmaculada Concepción (1854) por el Beato Pío IX, en donde el Papa ejerció el carisma de la infalibilidad papal para pronunciar que, desde momento el mismo de la concepción de María, estaba libre de pecado original y llena de gracia. (3) Un siglo después, el Papa Pío XII volvió a ejercer la infalibilidad papal, definiendo solemnemente la Asunción de María (1950), esto es que al final de su vida terrena la Madre de Jesús fue llevada en cuerpo y alma a la gloria celestial. (4)

Estos 4 dogmas Marianos identifican las prerrogativas principales de la Santísima Virgen María durante su vida terrena en relación a su Hijo Divino. Pero las tareas sublimes asignadas a la Virgen Madre por la Santísima Trinidad no terminan ahí. María recibió un quinto rol en relación específica con la raza humana, que fue primeramente declarado por su Hijo Crucificado como su don final a la humanidad antes de su muerte redentora: “Mujer, ¡he ahí a tu Hijo!… ¡He ahí a tu Madre!” (Jn 19:25-27).

María no es solamente Madre de Dios hecho hombre, la Virgen Perpetua de las Vírgenes, la Inmaculada Concepción y la Única Asunta –después de Cristo- también es la Madre Espiritual de todos los pueblos y naciones. Como lo enseña el Concilio Vaticano II: “Una vez recibida en los cielos, no dejó su oficio salvador, sino que continúa alcanzándolos por su múltiple intercesión, los dones de la eterna salvación… Por eso la Bienaventurada Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora” (Lumen Gentium, 62).

Como Madre Espiritual de la humanidad, Nuestra Señora ejerce 3 funciones maternales a favor de sus hijos terrenales. Es una “Madre sufriente” o “Corredentora.” El prefijo “co” no significa igual pero “con”, como está ejemplificado en el llamado de San Pablo a todos los Cristianos de ser “co-trabajadores con Dios” (1 Cor. 3:9). María cooperó “con Jesús” de manera como ninguna otra criatura humana o angelical, compartiendo sus sufrimientos con Él en la obra de la redención. Vaticano II nos recuerda nuevamente que la Bienaventurada Virgen “mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la cruz, en donde, no sin designio divino, se mantuvo en pie, se condolió vehementemente con su Unigénito y se asoció con corazón maternal a su sacrificio, consintiendo con amor en la inmolación de la víctima engendrada por Ella misma” (LG 58). Juan Pablo II, de feliz memoria, llamó a María la “Corredentora” en seis ocasiones.(5)

Su segunda función maternal para la humanidad es una “Madre alimentadora” o “Mediadora de todas las gracias”. Como los padres, doctores, santos y papas nos enseñan, cada gracia que recibimos de la redención de Jesucristo nos llega a través de la intercesión de María. Caná hace clara la habilidad de la Madre para liberar las gracias y milagros de su Hijo para las necesidades de la humanidad (Jn 2:1-10). Juan Pablo II llamó a María la “Mediadora de todas las gracias” en siete ocasiones. (6)

Su tercera función maternal es como “Madre suplicante” o “Abogada”. No hay más grande intercesora ante el trono de su Hijo Rey que aquella de la Reina Madre. Así como el Rey Salomón no podía negar nada a su madre Reina (cf 1 Re 2:19), así también, Cristo Rey no le niega nada a su Reina Madre.

Puesto que la Maternidad Espiritual de Nuestra Señora bajo estos tres aspectos como Corredentora, Mediadora de todas las Gracias y Abogada es ya parte de las enseñanzas doctrinales del Magisterio Papal, ¿Por qué la necesidad de una definición papal de estos títulos? ¿De dónde ha derivado el movimiento para una definición papal de la mediación universal de Nuestra Señora?

Aparte de ciertos malos entendidos de que este movimiento tiene sus orígenes en revelaciones privadas, los inicios históricos de este movimiento Internacional de la Iglesia, data desde las dos primeras décadas del Siglo XX, con los esfuerzos del renombrado Cardenal belga, Cardenal Mercier, y del entusiasta apoyo de Sn. Maximiliano Kolbe.

Para fines de 1915, el Papa Benedicto había recibido numerosas peticiones para la definición dogmática de la mediación universal de Nuestra Señora del Cardenal Mercier, compañeros obispos, superiores religiosos y del clero. (7) El Cardenal Mercier emitió en 1918 una carta pastoral pidiendo el dogma de la Mediación de Nuestra Señora, la que incluyó específicamente el concepto de la Corredención como parte integral de la Mediación.(8) Con la aprobación papal dada por Benedicto XV en 1921 para la misa y el oficio de “María, Mediadora de todas las gracias” a petición de Mercier y otros, el movimiento mundial para la solemne definición papal de la mediación universal de María fue lanzado en una carta del Cardenal Mercier a todos los obispos del mundo (Abril de 1921), en la que expresaba su profundísima esperanza por esta coronación dogmática de la mediación de Nuestra Señora. (9)

El ilustre cardenal Belga continuó su abogacía por el dogma con Pío XI en el mismo día de su elección papal (6 de Febrero de 1922). (10) El recientemente electo pontífice respondió inmediatamente a la petición del dogma, ordenando el establecimiento de 3 comisiones teológicas para estudiar el asunto en 1922. Las comisiones Belga y Española concluyeron fuertemente a favor de la definición papal, mientras que la conclusión de la comisión Romana nunca fue emitida. (11) (Sigue en la página posterior —— )

Desde entonces al presente, un gran número de peticiones por la definición papal de la mediación universal de Nuestra Señora, han continuado inundando la Santa Sede. Las peticiones para un nuevo dogma Mariano sólo en los últimos 10 años (aprox. 1994-2004), son más de 6 millones de más de 165 países, e incluye más de 550 obispos y 45 cardenales(12)

Aunque esos números no incluyen los cientos de peticiones de obispos junto con un gran número de peticiones del clero y de laicos entregados a la Santa Sede por el Cardenal Mercier, (13) Gagnon y otros prelados desde 1930 a 1994, la reciente campaña de peticiones por este quinto dogma en la última década representa la más numerosa petición per annum en la historia de la Iglesia.

Pero la pregunta de “porqué” debe ser nuevamente dirigida si el Magisterio enseña ya la verdad de la mediación Mariana en sus tres componentes de Corredentora, Mediadora y Abogada, entonces ¿dónde está la necesidad de una definición papal solemne de la misma verdad en forma de un dogma?

Gracias históricas y paz mundial. Con cada nuevo dogma Mariano proclamado por el sucesor de Pedro, portador de las llaves del reino, un nuevo océano de gracias desciende sobre la Iglesia y el mundo. Para que Nuestra Señora ejercite en plenitud los roles maternales otorgados a ella por Dios, la humanidad necesita ejercitar su libre albedrío aceptando sus roles que puedan ser activados en nuestro favor. Dios nunca fuerza sus gracias santificantes sobre nosotros, pero espero nuestro libre “sí” antes de otorgarlas.

El “sí” de la humanidad, pronunciado por el Santo Padre en una proclamación papal de nuestra aceptación total de la Maternidad Espiritual de Nuestra Madre, liberaría gracias extraordinarias de paz y redención a un mundo en donde las guerras internas de aborto, abuso de niños, pornografía, divorcio, drogas, depresión y soledad, al igual que conflictos externos de terrorismo, pobreza, hambruna, plagas y desastres naturales, están amenazando a la mayoría de las familias, países y sociedades en todo el mundo.

La proclamación del dogma permitiría a la Madre tener la oportunidad de interceder por una nueva paz y gracia para nuestro mundo. El Santo Padre estaría declarando nuestro reconocimiento, en el más alto nivel de verdad Católica, de que Ella es verdaderamente nuestra Madre Espiritual universal, nuestra Corredentora, Mediadora de todas las gracias y Abogada, y que nosotros humilde y confiadamente suplicamos a nuestra Reina y Madre Celestial por la paz interior de Cristo en los corazones de la humanidad, la que es necesaria para cualquier paz global auténtica y perdurable.

Las palabras sucintas pero profundas de la Beata Teresa de Calcuta, deben elocuentemente sintetizar el corazón y el imperativo del llamado contemporáneo por el quinto Dogma Mariano:

María es nuestra Corredentora con Jesús. Ella le dio a Jesús su cuerpo y sufrió con él al pie de la cruz.
María es la Mediadora de todas las gracias. Ella nos dio a Jesús, y como nuestra Madre nos obtiene todas las gracias.
María es nuestra Abogada quien ruega a Jesús por nosotros. Es sólo a través del Corazón de María que nosotros llegamos al Corazón de Jesús Eucarístico.
La definición papal de María Corredentora, Mediadora y Abogada traerá grandes gracias a la Iglesia.
Todo par Jesús a través de María.
Dios lo bendiga.

Madre Teresa, MC(14)

Dr. Mark Miravalle
Universidad Franciscana de Steubenville

Para más copias, contacte Vox Populi vía internet: voxpopuli@1st.net o reproducir como lo deseé.
________________________________________
(1) Concilio de Éfeso, 431 D.C., como está citado de Henricus Denzinger, Enchiridion Symbolorum, Definitionum er Declarationum De Rubís Fidei et Morum, Barcelona, ed. Herder, 1946, n. 113.

(2) Martín I, Lateran Council, 649 D.C., Densinger 256.

(3) Pío IX, Ineffabilis Deus, 1854, Denzinger 1641.

(4) Pío XII, Munificentissimus Deus, 1950.

(5) Juan Pablo II, Saludo a los Enfermos Después de la Audiencia General (8 Sept. 1982); Discurso del Angelus (31 Nov. 1984); L´Osservatore Romano, 860: 1, Discurso Domingo de Ramos en Alborada, Guayaquil, Ecuador (31 Ene. 1985);
L´Osservatore Romano, 876: 7, Discurso Domingo de Ramos y Día Mundial de la Juventud (31 Mar. 1985); L´Osservatore Romano,880:12, Discurso a la Alianza Federada de Transportación de Enfermos a Lourdes (24 Mar. 24, 1990); Discurso Conmemorando el Sexto Siglo de la Canonización de Sta. Brígida de Suecia (6 Oct. 1991); L´Osservatore Romano, 1211:4.

(6) Juan Pablo II, Discurso al Consejo General, Superiores Provinciales y Directores de los Institutos Italianos de la Congregación de Sn. José (1 Dic. 1978), n. 3; Discurso a los Jóvenes de la Basílica de Ntra. Sra. en Monte Rojo (30 Ago. 1980), n. 3; Discurso del Angelus (17 Jun. 1988), n. 2; Homilía para la Octava de Pascua en la Parroquia Romana de María, Madre del Redentor (10 Abr. 1988), n. 7; Reflexión Hecha en la Basílica de Nuestra Señora de Gracias en Benevento (2 Jul. 1990), n. 1; Discurso del Angelus in Leche (18 Sept. 1994), nn. 1, 3; Discurso al Capítulo General de las Hermanas Mercedarias de la Caridad (28 Jun. 1996), n. 4.

(7) Cf. Cardenal Mercier, Carta Pastoral (8 Sept. 1918), en Manfred Hauke, María Mediadora de Gracia, María al Pie de la Cruz IV: Suplemento, Academia de la Inmaculada, 2004, p.3; cf. Mercier, Oeuvres pastorales V, 160, en Hauke, María, Mediadora, p. 6; Mercier, en los Archivos Arquidiocesanos, Cartón XXV, Documento 21, en Hauke, María Mediadora, p.95.

(8) Mercier, Carta Pastoral (8 Sept. 1918), en Hauke, María Mediadora, p. 3.

(9) Mercier, Carta (nota 7), en Oeuvres pastorales VI, 471f, Hauke, María Mediadora, p. 3.

(10) Hauke, María Mediadora, p. 96.

(11) Ibid.

(12) Archivos del Centro de Peticiones de Vox Populi Mariae Mediatrici, PO Box 220, Goleta, Ca 93116.

(13) Cf. J. M. Hupperts, “Kardinal Mercier, dienaar en apostel der allerheligste Maagd” en De Standaard van Maria 6, 1926, p.68, nota 5, en Hauke, María Mediadora, p. 93.

(14) Beata Teresa de Calculta, Carta del 14 de Agosto de 1993.

Continue Reading

Maria Corredentora

Published on July 31, 2012 by in En Espanol

0

Objetivo

Cuanto voy a exponer en este diálogo tiene por objeto dar a conocer con claridad, y con una metodología teológica, cómo se entiende la ‘corredención mariana’, y si esta prerrogativa de la Virgen María, Madre de Dios, es una verdad definible, como dogma de fe; es decir, que reúne las condiciones necesarias para que sea declarada por la Autoridad de la Iglesia dogma de fe.

I. Estado de la Cuestion

El tema de la ‘corredención mariana’ se vivió pacíficamente en la Iglesia, desde los tiempos de San Ireneo. El enseñó que María, – antítesis de Eva quien introdujo el pecado en el mundo-, por su fe y obediencia fue causa de salvación para sí y para toda la humanidad. A lo largo de los siglos, en la era patrística, y con más abundancia y claridad en la Edad Media, y sobre todo en la teología y en la mariología de los siglos XVI y XVII son incontables los testimonios que afirman y enseñan que la Virgen Madre de Dios, fue alma Socia del Redentor, y que colaboró con El y dependiente con El de manera singular la obra de la redención, por lo cual puede ser considerada como verdadera corredentora del la humanidad.

Esta ha sido –en síntesis- la enseñanza pacífica de la tradición de la Iglesia, y del Magisterio vivo de la Iglesia, hasta los días del Concilio Vaticano II, y ratificada y reafirmada solemnemente en varias ocasiones por el mismo por el mismo Concilio ( LG 56 a,b; 58_62):

“El Padre de la misericordia quiso que precediera a la Encarnación la aceptación de la
Madre predestinada; para que de esta manera, así como la mujer contribuyo a la mu-
erte, también la mujer contribuyese a la vida. Lo cual se cumple de modo eminentísi-
mo en la Madre de Jesús, por haber dado al mundo la Vida misma que renueva todas
las cosas” (nº56)
“Así María, hija de Adán, al aceptar el mensaje divino, se convirtió en Madre de Jesús
Y al abrazar de todo corazón –y sin entorpecimiento de pecado alguno la voluntad
salvífica de Dios, se consagró totalmente como esclava del Señor a la Persona y a la
obra de su Hijo, sirviendo con diligencia, con El y bajo El al misterio de la redención.
…Con razón, pues, piensan los Santos Padres que María no fue un instrumento pura-
Mente pasivo en las manos de Dios, sino que cooperó a la salvación de los hombres
Fe y obediencia libres. Como dice San Ireneo, obedeciendo se convirtió en causa de
Salvación, para sí misma y para todo el género humano” (nº 56)

La 2ª parte del nº 58, sobre presencia de María en el Calvario; “sufriendo

profundamente con su Unigénito…
asociándose con entrañas de Madre a su sacrificio,
consintiendo amorosamente en la inmolación de la víctima, que ella misma
había engendrado…
hay que darles y completar su sentido con el texto del nº 61:

a) en la predestinación desde toda la eternidad fue:
“ + Madre de Dios;
+ Juntamente con la Encarnación del Verbo;
+ Por disposición de la divina Providencia,

b) En la historia, en la realización
+ Madre excelsa del divino Redentor;
+ Compañera singularmente generosa, más que todas las criaturas;
+ humilde esclava del Señor:

c) En la realización: formas y modos…
+ Concibiendo a Cristo,
+ Engendrándolo
+ alimentándolo,
+ Presentándolo al Padre en el templo
+ Padeciendo con el Hijo cuando moría en la Cruz,
Cooperó de una forma del todo singular a la obra del Salvador
(Redención), con la obediencia, la fe, la esperanza y la ardiente caridad”
( nº 61

Esta doctrina se profesaba universalmente –en cuanto se puede afirmar así-en la Iglesia, antes de 1950. Tanto es esto así verdad, que en la primera Semana de Estudios Marianos que organizó la SME, en 1941, se presentaron tres estudios sobre la ‘corredención mariana’. Y la Semana siguiente, celebrada en 1942, se dedicó íntegramente el tema de la mediación y la corredención mariana. En esta semana el P. Basilio de San Pablo, Pasionista, defendió sin otras preocupaciones la definibilidad –en aquellos años, 1942- de la corredención mariana. No habían surgido todavía las duras y agresivas controversias

/Algo se había discutido en tiempos del Cardenal Mercier, en la
discusiones sobre las Mediación mariana, o Maria Mediadora de
todas las gracias Entre los teólogos de entonces, J. Lebón, era claro
defensor de la ‘corredención mariana’/.
Comienza a tratarse de la corredención, en forma de mérito, sacrificio,
etc., 1928, 1940- 45. Ver, G. Baraúna De natura corredemptionis
marianae.…(1921-1958), Roma, 1959, pp. 34…44, etc
/

El P. Basilio de San Pablo, presentó un estudio sobre: Jerarquía entre los elementos formales de mérito, satisfacción, sacrificio, y corredención de María… Est. Marianos, II (1943) 271-318.

Refiriéndose a las controversias entre los teólogos, plantea el problema de la Definibilidad de la corredención, pp. 309- Apunta, Consorcio, sacrific, mérito,
(Folios…)

II. – Las Cotroversias Sobre la Corredencion

Las ‘controversias’ sobre la corredención nacen propiamente hacia 1937,
1940-44; 1950-54; se intensifican después de 1958, congreso de Lourdes .
Existe una amplia bibliografía dispersa. Ver: G. Baraúna, o.c., pp. XIII-
XXXIII; 414 títulos.-Añadido, y numerosos más.
Las controversias han girado,

+ Sobre la naturaleza de la corredención;

+ Sobre clases de corredención:
-Remota- próxima;
-objetiva-subjetiva.
– Dependiente- independiente.

+ El Hecho de la redención, y qué clase de corredención;

+Modos de la corredención

Las controversias han esclarecido muchos conceptos teológicos,
Han enriquecido notablemente la teología-soteriología y la mariología, la
Historia de la teología…

Valor de las controversias:

A pesar del valor positivo, que tienen las controversias, yo no las concedo mucho valor, desde el punto de vista de la objetividad de los juicios.
Mas en particular: los autores que rechazaron desde el principio la corredención mariana, por lo general desconocían los documentos y testimonios de la tradición teológica, En sus primeros documentos, en la Edad Media, y en los documentos mariológicos del siglo XVII, principalmente, casi en su totalidad. Esto es digno de ser tenido en cuenta. No citan autores de esa época.

Se discutió mucho sobre la Inmaculada; pero, los teólogos, en general no se percataron mucho, de que los autores del siglo XVII eran unánimes en afirmar la corredención, como argumento a favor de la Inmaculada.

De haber conocido la tradición, muchos autores hubiesen aportado su autoridad, y nunca hubieran afirmado que la teoría ‘corredencionista’ era una novedad de teólogos, que pretendían introducirla en la Iglesia.

III- Planteamiento Teologico de la Corredencion Mariana:

El P. Henricus Lennerz, tan benemérito para la marilogía: autor de un bello manual: Tractatus de B.Virgine María, y de valiosos artículos, publicados en la Revista Gregorianum, piensa que la teoría ‘corredencionista’, es una novedad que se había introducido en la Iglesia.

El plantea muy bien, y con mucha precisión el problema de la ‘corredención mariana’, desde un punto de vista teológico.

Considera el hecho y el modo, puesto que son dos elementos diferenciables.

Pero, tienen una misma significación desde el punto de vista de su existencia, o determinación, en cuanto todo depende de la voluntad de Dios.

Tenemos que convenir en esto.

¿Qué es lo esencial en la realización la redención?… Lo que Dios haya determinado, y como él lo haya determinado. ¿Cómo conocemos esa disposición=voluntad, ¿por la palabra de Dios, por la enseñanza de la Iglesia?….

Para determinar lo que esentialiter contiene la redención:
¿Hay que atribuirla a solo Cristo, o a Cristo y María, asociada a El.?

Es principio general en los teólogos corredencionistas, el que formulóó así Cristóbal de Vega (s.XVII): “Todos los católicos profesan como cierto, que la Virgen María por ninguna razón fue causa primaria,o principal de nueastra redención”( C. e Vega, nº 1772, p. 441b). Pero, es Cristo el único, en razón de número, redentor, o podemos asociar a la Virgen María:?…

Reflexión:

a-) Dios es absolutamente ‘libre’ a la hora de determinar la redención del género humano: el hecho y el modo.. Lo que Dios haya determinado, eso es lo esencial en la redención, lo mismo que en la realización de la Encarnación .

b-) Si Dios determinó que solamente la obra del Verbo hecho carne fuese la obra de la redención, en este caso solamente sería esencial a la redención la obra de Cristo. Entonces, ninguna otra criatura podía aportar algo, de manera esencial, en la redención.

c-) Pero, si Dios quiso que con la obra de Cristo, desde su Encarnación, juntamente concurriese la obra de María (dependiente y subordinada
a Cristo) como obra de redención del género humano, esta obra es esencial para la redención, que será de Cristo y de María. (Cf. Lennerz, “De cooperatione…, Gregor., 28 (1947), 574-75).

d-) ¿Dónde podemos conocer la determinación de la voluntad de Dios? Principalmente, y fundamentalmente:

(1º) En la revelación divina: Sagrada Escritura –y Tradición , si no existen datos de la Revelación;

(2º) en el Magisterio de la Iglesia, que interpreta auténticamente la revelación divina;

(3º) En la Tradición teológica: Santos Padres-Teólogos, que manifiestan el sentir general de la Iglesia; máxime si es una Tradición uniforme,
unánime, como esta. En la voz del pueblo: Vox Populi, que está en armonía con la FIDES Ecclesiae, que no se puede equivocar.

IV. La Tradicion Teologica:

Me interesa desarrollar el argumento de la Tradicción teológica, o simplemente de la Traditio Ecclesiae, que es fuente y signo de verdad.
Este argumento no ha sido bien conocido, ni planteado convenientemente hasta nuestros días; y es fundamental en esta cuestión -como lo fue para la definición de los dogmas de la Inmaculada Concepción (1854), y de la Asunción de la Virgen María en cuerpo y alma a los cielos (1950)

El Canónigo Werner Goossens, uno de los autores más importantes en los comienzos de las controversias sobre la mediación y la corredención mariana, autor de la obra: De cooperatione inmediata Matris Redemptoris ad redemptionem objetivam, Parisiis, 1939, afirma expresamente que aquí, el argumento e Traditione no ha sido bien conocido, y por tanto, hasta su tiempo no se había aplicado de una forma eficaz y conveniente.

El afirma la importancia de este argumento, y de manera particular en las cuestiones sobre la Virgen María, y dice que en su aplicación, la mayor parte de las veces se hace con graves defectos, por lo cual el argumento carece de valor. Se apoya en la autoridad de M. Brillant, M. Nédoncelle, y L. Leloir (p.10).

Al aplicar este argumento, el mismo dice, siguiendo a J.Lebón, que piensa tener en cuenta los ‘principios’ que todos los teólogos afirman que deben ser tenidos en cuenta en esta cuestión, pero, que a la hora de la verdad al aplicar el argumento, todos olvidan y no tienen en cuenta esa norma.

Este argumento no debe hacerse en un estilo y estructura meramente histórica, sino que los datos de la tradición deben ser tomados e interpretados como expresiones de la doctrina común, y de la fe de la Iglesia.

Pero, el desconocimiento de los datos de la tradición teológica, sobre todo, aun por los tratadistas más importantes en esta cuestión, ha impedido hasta ahora hacer un argumento ‘e Traditione’, que dé a conocer realmente la FIDES Ecclesiae a lo largo de los siglos. Esto es sumamente importante. Porque ese desconocimiento, incluso de especialistas en estudios sobre la Virgen María, ha sido causa de errores, y de controversias sin fundamento.

El argumento debe iniciarse con el estudio de los Santos Padres y escritores eclesiásticos, y continuarse desde el tiempo de San Bernardo, hasta nuestros días.

De la época patrística han publicado algunos meritorios estudios C. Dillenschneider y muy pocos autores más . Pero, ha existido un desconocimiento general hasta nuestros días de la literatura medieval sobre este tema, y más aun de la literatura teológica clásica de la época tridentina, y más aun del siglo XVII, que es el siglo de oro de la mariología, y de manera particular en las cuestiones de la Inmaculada Concepción, y de la colaboración inmediata de María a la redención objetiva. Este desconocimiento afecta a mariólogos no españoles principalmente. He existido un desconocimiento casi absoluto de la aportación de autores del siglo XVII español, para esta causa. Apenas si se citan dos autores: F. Suárez y Q. de Salazar. Autores verdaderamente notables, pero ni mucho menos los más importantes en esta cuestión mariológica.

Refiriéndonos solamente al siglo XVII, en España, podemos decir que encontramos más de 100 autores: Teólogos, escrituristas, autores espirituales, mariólogos concepcionistas, etc.

Yo he estudiado en profundidad el argumento de la Tradición teológica, como argumento teológico a favor de la corredención mariana, de manera particular según los autores españoles del siglo XVII. Y puedo afirmar que he consultado más de sesenta autores, que defienden esa tesis. A esas autoridades hay que añadir los 25 autores jesuitas, de ese mismo tiempo, que ha estudiado expresamente Benito Prada, cmf., en un estudio publicado en Est. Marianos (XIX, 1958): “La corredención en los teólogos jesuitas del siglo XVII, (pp. 256-336).

El desconocimiento general que ha existido de esta literatura mariana acerca de la corredención de María ha hecho que no se haya conocido hasta ahora debidamente la FIDES Ecclesiae, como argumento teológico; Y ha sido causa tambien de que co se conozca la Tradición teológica sobre este tema. Ha hecho igualmente que viarios mariólogos de renombre, en la época moderna, hayan llegado a pensar, y a afirmar que la corredención inmediata de María a la Redención objetiva, era una teoría nueva en la Iglesia, etc.

Universalidad de esta doctrina:

El argumento y la conclusión importante que se puede deducir de esta reflexión, es: que los autores españoles de defienden la corredención mariana, están persuadidos de que enseñan la doctrina universal de la Iglesia; y que esa es la doctrina que se debe defender, porque es argumento para probar la Inmaculada Concepción, y responde a la verdad de la misión de María como corredentora.
Podría aducir aquí el testimonio de muchos autores españoles del silgo XVII. Propondré solamente uno: Gonzalo Sánchez Lucero, que pertenece al primer tercio del siglo XVII. Cuando se refiere al título de María: Corredemptrix, dice que es ‘corriente y común < o universal> en la literatura cristiana <y teológica> llamar ‘Corredentora’ a la Virgen María , Madre del Hijo de Dios. Y que este lenguaje tiene un sentido objetivo. Tiene conciencia de que es una enseñanza o doctrina común en la Iglesia. Lo cual nos asegura de que la corredención mariana ya en aquel tiempo era una doctrina común en la fe de la Iglesia, no de algunos teólogos y eruditos.

El texto de Provervios, 8, 30: Yo estaba con El, ordenando todas las cosas, lo interpreta en sentido mariano, y lo aplica a la presencia activa de María en la redención, que su Hijo realizó. Y para justificar esta interpretación acude al argumento de la tradición teológica, diciendo que desde los Santos Padre se ha considerado a la Virgen como ‘corredentora’; colaboró con Cristo a la redención.

Es frecuente entre los mariólogos españoles del siglo XVII, defensores de la ‘corredención’ mariana, acudir con frecuencia al testimonio de la tradición de la Iglesia, a los Santos Padres, y a los autores de la Edad Media, como argumento para considerar y afirmar que la Madre del Hijo de Dios es verdadera ‘corredentora’ con su Hijo, y que esta es la doctrina de la Iglesia.
Cristóbal de Vega,S.J., uno de los mariólogos más importantes del siglo XVII apoya sus afirmaciones y su pensamiento en textos de autores de la época patrística, y de la Edad Media.

En un momento supremo de su exposición, o comentario de la presencia activa de la Virgen María en el Calvario, como ‘corredentora’ con su Hijo, de manera particular por su amor y su unión interior espiritual con El, por su fe y obediencia,, etc. apoya sus afirmaciones en San Buenaventura, y sobre todo en el texto clásico de Arnoldo de Bonovalle, que comenta cómo la Virgen María está íntimamente unida a su Hijo, por el amor, por la ardiente caridad “era una la voluntad de la Madre y el Hijo, uno mismo el holocausto, o sacrificio; los dos ofrecían A Dios; la Madre en la sangre del corazón, EL Hijo en la sangre de la carne… El afecto de la Madre, según su capacidad, cooperó mucho a aplacar a Dios, porque el amor de Cristo presentaba al Padre tanto el ofrecimiento de sí mismo, como el de la Madre…”(Ver, Arnoldo di Bonavalle,
Testi mariani del Secondo Millenio, Cittá Nova Ecitrice, 3,1996, pp.268-269).

Universalidad

La Tradición Teológica y eclesial sobre la Corredención Mariana tiene un sentido universal. No es cosa de un siglo, ni de un reducido número de personas. Es una expresión de todo el sensus fidelium, de la FIDES Ecclesiae. Esto está probado y se demuestra histórica y teológicamente. Quisiera que la Autoridad y las Jerarquías de la Iglesia prestasen atención a este hecho Se trata del mismo estado, o la misma situación en que se encontró la Inmaculada Concepción en los siglos XVII-XVIII. Era ya definible; pero se definió dos siglos más tarde, con los mismos y solos los argumentos que se habían propuesto dos siglos antes. Desde el punto teológico se añadió nuevo, muy poco

Más todavía. La Corredención mariana –como doctrina de la Iglesia desde la época Apostólica, ofrece más garantía que la misma Inmaculada Concepción.

Porque ha sido admitida y confesada en la Iglesia durante XX siglos, sin oposición de ninguna escuela teológica, y sin discusiones escolásticas, hasta estos últimos tiempos. Ha sido una posesión pacífica de la Iglesia hasta la época moderna, 1935-1940.

Bajo otro aspecto, también importante: La corredención mariana no solo la han enseñado unas escuelas, y familias religiosas de teólogos. Es universal; porque la han enseñado lo mismo los teólogos escolásticos, los comentaristas de la sagrada Escritura, los numerosos autores espirituales, que tratan del amor salvífico de María; los autores de obras generales de mariología, los autores de la mariología monástica; autores de Europa y autores de América, como el franciscano Francisco Hurtado (s. XVII), que enseñó mariología en Guatemala,
Y allí enseñó precisamente la doctrina de la corredención en el siglo XVII.

El siglo XVII fue para España –y para la Iglesia- el ‘siglo de oro’ de la ‘Corredención mariana, y esto, por dos conceptos: a) por su contenido y su clarificación teológica, y b) por el elevado número de teólogos que trataron y defendieron esta verdad, más de ochenta autores. También en otras naciones de Europa, incluida Italia, encontramos algunas figuras eminentes que enseñaron la ‘corredención mariana’.

Quiero hacer honor a un Carmelita Descalzo, que vivió en el siglo XVII, eminentísimo teólogo, y defensor de la ‘Corredención’: el P. Liberio de Jesús, figura eminente de la Iglesia en Italia, calificado como teólogo eximio, Prefecto en 1757 del Colegio de Propaganda Fide, colaborador y consejero del Eminentísimo Cardenal Alberico Archinto, y Secretario en asuntos políticos del Papa Benedicto XIV.

En su obra de “Controversias escolásticas’ ( tom. VIII, Milan, 1757, ) dedica unas páginas a explicar las excelencias de la Virgen Madre de Dios, a la que exalta como mediadora y corredentora con su Hijo. El enseña que no es ‘corredemptrix in propietate’, es decir: por propio derecho, y de manera absoluta, e independiente; sino solum quatenus mundo edidit Salvatorem, lactavit, nutrivit el libenter consenssit ut pro humano genere crucem pateretur ( “Controversiarum…t, VIII, parte II, ‘De laicocephalia Anglican., disp. IV, controversia IX: ‘An Sancti sint a nobis…invocabiles, Cols.865 A-B-.

Son estas algunas de las funciones de la Corredentora, que recuerda y cita de forma expresa el Vaticano II. ‘Concibiendo a Cristo, engendrándolo, alimentándolo…, padeciendo con su Hijo cuando moría en la cruz” (LG 61). Admite también una ‘mediación mediata’, id est, per intercessionem apud Deum, citando a San Bernardo.

En todos estos sectores de la Iglesia, y en los más diversos campos de la teología, en la mariología, en la liturgia, se afirma la colaboración de la Madre del Redentor a la redención, es decir, de su misión como Corredentora.

Me gustaría poder ofrecer aquí algunos testimonios de esta mariología. Baste un testimonio de la mariología monástica, siguiendo la clasificación que ha hecho S.S. el Papa Benedicto XVI en varios documentos. El cisterciense Lorenzo de Zamora , en una obra muy singular, titulada; Monarchia Mystica de la Iglesia, (1611) en la que María cumple una misión salvífica propia, que explica en la parte 3ª; contempla a la Madre del Redentor como Reparadora con su Hijo del mal, o pecado de la humanidad, y como Abogada ante el Señor (pp. 262-63; 254-55; y ver 364).

Otro monje Cisterciense, contemporáneo suyo, Angel Manrique, en sus Sermones Predicables (1620), expone de manera expresa la doctrina sobre la corredención mariana, explicando algunos temas importantes de mariología bíblica.

*// Para no alargar este apartado, remito sobre este tema a mis muchos estudios sobre la ‘Corredención mariana’, en autores españoles del siglos XVII, solo los principales: Enrique Llamas,ocd, “Maternidad divina y colaboración de María a la redención”, En Est. Marianos, 64 (1998) 387-413; Ibid., “La colaboración de María a la redención en los teólogos españoles del siglo XVII”, Est. Marianos, LXX, (2004)235-264); Ibid., “Colaboración de María a la redención, Est. Marianos, Introducción, vol. LXX, pp. 7-16; Ibid., “Inmaculada Concepción de María y Corredención mariana, en la ‘Mística Ciudad de Dios’,de la Madre Agreda”, en Celtiberia, 99 (2005), pp.525-566; Ibid., “La Inmaculada Concepción y el desarrollo de la mariología española en el siglo XVII”, en Est. Marianos, LXXI, (2005), pp. 241-267; Ibid, “El siglo XVII, siglo de oro de la ‘Corredención mariana’, en Salmanticensis, LII (2005), pp.213-256; Publicado también en: “Maria, Unica Cooperatrice alla Corredenzione. Tai del Simposio sul Mistero della Corredenzione Mariana”, Fatima, Portogallo, 3-7- maggio, 2005, New Bedford, MA=2741 U:S:A: pp. 221-322.; Ibid., El ‘dolor salvífico’ de Maria. La ‘Compassio Mariae’, en los mariólogos españoles de los siglos XVI-XVII”, en Est. Marianos, LXXII (2006), pp. 145-173; Ibid., ·Cultura teológica en Guatemala.: Siglos XVI-XVII. ¿‘La primera mariología’, redactada en Centro América (1616-1624)?”, en ‘El Pensamiento Hispanico en América, siglos XVI-XX’, Salamanca, 2007, pp. 82-103; Ibid.. “El ‘Decreto Inmaculista’ del Concilio de Trento y los mariólogos españoles del sigloXVII”, En Marianum,LXIX (2007), 193-238.-Ibid., “Aspectos y valores mariológicos en la Iglesia hispana en torno a la figura de San Ildefonso de Toledo”, en Est. Marianos, LXXIV (2008),pp. 23-51. Ibid., “El desarrollo de la colaboración de María a la redención, a la luz del ‘de la Inmaculada’, en la mariología española del siglo XVII”, en Marianum,LXXI (2009), pp. 211-280. //*

V. Concepto de Co-Redencion:

El concepto que yo mantengo aquí al hablar de María‘corredentora’, no es el de una redención ‘compartida’ por el Hijo y la Madre, ni a partes iguales, ni proporcionales. Me refiero a una sola redención del género humano, que tiene por autor absoluto e independiente al Hijo de Dios, Jesucristo Redentor nuestro, Única Fuente de la gracia. A esa Redención absoluta y sobreabundante, Dios misericordioso, libre y voluntariamente, unió los méritos de la Virgen María, Madre del Redentor, para que brillase y resplandeciese más la belleza y armonía de los misterios del Dios misericordioso y providente, en la línea de la teología estética de Von Baltasar.

Es como entendió el Papa Pío XII el concepto de redención, cuando dijo en Haurietis Aguas(15, maii, 1956) : “Cum enim ex Dei voluntate in humanae redemptionis peragendo opere, Beatísima Virgo Maria cum Christo fuerit indivulse coniuncta, adeo ut ex Jesuchristi caritate eiusque cruciatibus, cum amore doloribusque ipsius Matris intime consociatis, sit nostra salus profecta”…(AAS.,48 (1956), 352.

Este concepto de co-redención es enteramente correcto, y teológicamente válido, tanto por las exigencias de la Cristología, por la autonomía e independencia de las acciones del Hijo de Dios, como por el planteamiento teológico que se puede hacer de la ‘Corredención mariana’, y de sus diversas posibilidades, como estructuró el P. Lennerz, como dije más arriba: Dios en su libre y eterna voluntad –supuesto que recuerda y tiene a la Vista el Papa Pío XII- determinó el factum de la Corredención mariana, y sus modos.

VI. Definibilidad de la ‘Corredencion Mariana’

La definibilidad de la corredención mariana, tal como la entendemos aquí –y creo que debe ser entendida en la Iglesia- tiene al menos dos aspectos.

1º- Un aspecto es: considerar la definibilidad de la corredención mariana, desde dentro -podemos decir-, desde su visión teológica dentro de la historia salutis, que nos da a conocer su naturaleza, y las condiciones necesarias que debe tener, como verdad revelada, para poder ser definida dogma de fe.

2º- El segundo aspecto es: considerar y contemplar la ‘definibilidad’ de la ‘Corredención mariana’, desde fuera, por razones externas al dogma; por la conveniencia y la oportunidad de la definición dogmática; por los efectos que puede producir en la Iglesia católica, en las Iglesias cristianas, en el mundo.

Yo no me refiero aquí a este segundo aspecto, porque no es de mi incumbencia. Podría opinar sobre él; pero, no me corresponde aquí dar juicios. Únicamente me parece oportuno advertir, que para juzgar de un hecho importante,como este, no hay que mirar solo a los aspectos negativos, que puede producir; hay que tener en cuenta también los efectos positivos de que puede privar a la Iglesia su negación, su omisión, o su rechazo, por causas externas

3º- Después de estudiar detenida y profundamente la ‘corredención mariana’, como verdad teológica, y de analizar detalladamente su desarrollo histórico, en la vida y en la historia de la Iglesia, que discurrió en una forma paralela al Dogma de la Inmaculada Concepción, me atrevo a afirmar:

a) que la colaboración eficiente de la Virgen María a la redención, ha sido propuesta por la mayor parte de los mariólogos, y de los más autorizados. como razón y argumento teológico para probar teológicamente la Concepción Inmaculada de María, hoy dogma de fe. Es un valor muy positivo.
b) La ‘Colaboración’ de María con su Hijo a la redención, para ser declarada dogma de fe, ha recorrido un camino, y ha tenido un desarrollo más favorable; puesto que según la tradición teológica eclesial, ha estado en pacífica posesión y profesión de fe por el pueblo cristiano, y por la
Iglesia, explícitamente desde el siglo II-III, hasta mediado el siglo XX. Ni en la época patrística, ni en la Edad Media, ni en la época de la Teología tridentina, ni en los siglos de la teología clásica (siglos XVI-XVII), ha existido rechazo de esta tesis en el seno de la Iglesia. Esto es importante.
c) En la Tradición Teológica eclesial los teólogos, Comentaristas de la Biblia, autores espirituales, etc, afirman formalmente, y en sus propios términos, la colaboración eficiente de la Virgen María con su Hijo a la obra de la redención objetiva.
d) Esta colaboración de María la entiende la mayor parte de los autores como una verdadera mediación de María con relación a Dios y a su Hijo Redentor.
e) De todo esto se sigue: que la colaboración efectiva de la Virgen María con
Su Hijo Redentor a la redención=’Corredención mariana’, reúne todas las condiciones teológicas necesarias para ser definida esta verdad como DOGMA DE FE.

Son las mismas ‘condiciones’, que según los más autorizados teólogos del siglo XVII (cf. Juan Antonio Valézquez, S.J, ‘Maria Immaculate Concepta…..1653), reunía la verdad de la Inmaculada Concepción:

+ Es doctrina implícita en la Sda. Escritura (Gr. 3, 15…)

+ Es una doctrina contenida de modo uniforme y unánime en la
Tradición Teológica eclesial, hasta 1950: profesada por Santos
Padres, Autores eclesiásticos, Obispos, Teólogos de todas
Escuelas Teológicas. Las controversias del siglo XX no
oscurecen su resplandor, antes bien han servido para esclarecer
sus conceptos
+ Es doctrina enseñada expresamente por el Magisterio vivo de
la Iglesia, en momentos concretos dominados por las contro
versias de los teólogos, y como enseñanza general de la Iglesia
+ Es doctrina propuesta y enseñada en sus propios términos, y
en su totalidad por el Concilio Ecuménico Vaticano II
( LG 56, 58-61).

+ Es una verdad reflejada en muchos textos de la liturgia de la
Iglesia, y en otros textos de la literatura de la Iglesia.
+ Es una verdad profesada por la FIDES Populi- sensus
Fidelium, en comunión con los Obispos y la Sede Apostólica
+ De todo lo expuesto aquí, y es una mínima parte, pienso:
Que la verdad de la “Corredención mariana-mediación de
María’ reúne las mismas condiciones para ser definida
dogma de fe que reunían en su tiempo la verdad de la
Inmaculada Concepción, y la Asunción gloriosa de María
en cuerpo y alma a los cielos.

* * *

Someto humildemente esta exposición al juicio y a la Autoridad de la Iglesia.

P. Enrique Llamas Martínez, ocd.
Prof. Emérito,
Universidad Pontificia
Salamanca
19 de marzo, Solemnidad de San José,
Esposo de María.

Continue Reading

Maria, Madre y Modelo de la Iglesia

Published on July 31, 2012 by in En Espanol

0

1º) Dos títulos, dos partes: María, Madre y modelo, son dos títulos y dos conceptos distintos, si bien están relacionados entre sí. Aun en el orden natural, una de las perfecciones de la madre es ser modelo y ejemplar para sus hijos. Esta duplicidad de conceptos nos obliga a dividir nuestro estudio en dos partes:

I. Primera parte: María Madre de la Iglesia. Maternidad espiritual de María.

II- Segunda Parte: María ‘modelo’ de la Iglesia. Su ‘Ejemplaridad ‘ para la iglesia.

La relación de estos dos títulos, o dos conceptos tiene en cierto sentido su fundamento en la misma naturaleza. La Madre, en cuanto tal, es siempre modelo, y puede ser el ejemplar más perfecto para sus hijos. Pues, si les ha comunicado su propio ser, es normal que ejerza sobre una profunda ejemplaridad en todo lo que significa perfección. Si filii matrizant -como dice el conocido axioma- es natural que la madre sea su ejemplar y su modelo, en el orden físico, y sobre todo en el oren moral.

Esta reflexión tiene una aplicación perfecta a las realidades espirituales y sobrenaturales. María, como Madre de la gracia, es modelo y paradigma para todos los hijos de Dios, para alcanzar la perfección más elevada. Tiene que existir, por tanto, en el orden sobrenatural un influjo positivo y eficiente de la Madre sobre sus hijos, y una atracción en los hijos con relación a su Madre. Es la mutua relación que debe existir, en un mundo correctamente ordenado, entre todos los que participan de una misma vida, de una misma naturaleza, mucho más en el orden de la gracia y de la vida sobrenatural.

I. Primera Parte

Maria, Madre de la Iglesia

I. Introducción:

1º) María, Madre de la Iglesia: María es esencialmente Madre. Fue predestinada desde toda la eternidad, en el mismo decreto de la Encarnación, para ser Madre del Hijo de Dios, hecho hombre. En esa predestinación se incluía la maternidad física y biológica con relación a su Hijo, y también la maternidad espiritual sobre todos los hijos de Dios, los redimidos, los discípulos de su Hijo. Lo veremos más adelante.
El conjunto de los hijos de Dios, redimidos por la sangre, la muerte y la resurrección de Jesucristo la familia de Dios, la Iglesia. Por eso, María es al mismo tiempo Madre también de la Iglesia, de todo el pueblo de Dios, de los Pastores y de los fieles.

El título: ‘María, Madre de la Iglesia’, fue promulgado solemnemente por el Papa Papa Pablo VI, el 21 de noviembre de 1964, en la sesión de clausura de la 3ª etapa del Concilio Vaticano II.

“Para gloria de la Virgen María y consuelo nuestro, declaramos a María Santísima Madre de la Iglesia,, es decir: de todo el pueblo cristiano, tanto fieles como pastores, que la llaman Madre amantísima, y decretamos que con este dulcísimo nombre, ya desde ahora, todo el pueblo cristiano honre e invoque a la Madre de Dios”[1].

Pablo VI no creó aquí con esta declaración el hecho de la maternidad de María, con relación a la Iglesia. Ese título resume y sintetiza una doctrina conocida y aceptada en la iglesia desde la Edad Media, y profesada expresamente por el Magisterio vivo, desde hace ya siglos[2].
Pablo VI proclamó con solemnidad, y con la fuerza de su supremo magisterio ordinario, una verdad ya conocida y aceptada universalmente en la Iglesia. Lo hizo dentro ded un acto conciliar; pero, no formuló una definición dogmática. Sin embargo, su promulgación tiene todo el valor doctrinal de un acto solemne del Magisterio ordinario de la Iglesia. En ese acto reconoció implícitamente, y aceptó una enseñanza transmitida por la tradición en la misma Iglesia, interpretó y completó el texto del Concilio Vaticano II, y reafirmó con su autoridad un acto conciliar, de valor universal, aunque no fuera una definición dogmática[3].

2º) Maternidad espiritual: El título: María, Madre de la Iglesia, es un reconocimiento solemne de la maternidad espiritual de María, en sí misma, y de su universalidad: Madre de todos los redimidos por la Pasión y la resurrección e su Hijo, por su amor y por su obediencia en el cumplimiento de la voluntad del Padre. Madre de todo el Pueblo de Dios, del Cuerpo Místico de Cristo, que abarca a todas las generaciones. La reticencia del Concilio -en cuanto tal- en el uso de este título no afecta en lo más mínimo a su contenido doctrinal. Se debe a otros factores de carácter externo.

Y no podía ser de otra manera; porque la doctrina de la maternidad espiritual de María es muy antigua en la Iglesia, y muy íntima en su vida. “No hay nada -dice José Antonio de Aldama- más antiguo en la doctrina católica, que llamar a la bienaventurada Virgen María Madre de los hombres”[4].

Justamente, en el contexto de esta doctrina, en la que se consideró a María como colaboradora con su Hijo a la redención, desde el tiempo de San Ireneo, y al ritmo del desarrollo de la eclesiología -y aún antes- se llamó a María ‘Madre de la Iglesia’, sin que esta práctica crease dificultades de carácter doctrinal antes de 1950. Hasta entonces las relaciones de María y la Iglesia se encubrían y se desarrollaban bajo la consideración del ‘paralelismo’, que no excluía la maternidad, ni la ejemplaridad.

Poco a poco se fue descubriendo que la maternidad espiritual no encaja totalmente en la línea, o no se corresponde del todo con un estricto ‘paralelismo’. Rebasa sus límites, y parece indicar cierta superioridad, que en algún orden, o bajo algún aspecto es indiscutible. Y así, cuando se incrementó el movimiento ecuménico, y más aún en la era conciliar, algunos participantes en el concilio Vaticano II, favorables a la teoría eclesiotipista, se mostraron contrarios a introducir el título ‘Madre de la Iglesia’, para no entorpecer ni dificultar las tareas de un Concilio, que de intento quería promover el espíritu ecuménico. Monseñor Philips, profesor de la Universidad de Lovaina, lo describía un poco gráficamente, diciendo que el “cometa podría haber dañado con su cola” a la Iglesia[5].

Dejando al margen la consideración de muchos de muchos aspectos, y cuestiones relativas a las relaciones de María y la Iglesia, centramos aquí nuestra atención en el análisis del sentido teológico-mariológico de la maternidad espiritual de María, expresado en el título Madre de la Iglesia.

3º) Metodología y planteamiento: La maternidad espiritual no es una entidad independiente, como la gracia santificante; es más bien una cualidad, una función, un munus, que María, la Madre de Dios cumplió y cumple por designio divino con relación a los hombres en la historia de la salvación. En sí, es la función general, que envuelve y comprende otras acciones de significado más particular y reducido. Todas revisten un matiz, o un carácter maternal; porque la presencia de María en la Iglesia es una presencia maternal, como la calificó el Papa Juan Pablo II[6].

Como la maternidad divina es un determinante esencial, que hace que la Virgen María actúe siempre y en todo como Madre de Dios, así su maternidad espiritual hace que actúe también siempre y en todas las cosas como Madre de los redimidos, porque es Madre de la Iglesia. En todo momento su presencia en el misterio de Cristo y de la Iglesia es una ‘presencia materna’ (Juan Pablo II).

Ahora bien: Esta maternidad espiritual en su ejercicio, en su realización concreta adopta diversas modalidades. Si la consideramos en su colaboración maternal con su Hijo a la redención del género humano, es una maternidad corredentora. Considerada en el “influjo salvífico sobre los hombres”, que realiza en la Iglesia, como la considera el Papa Juan Pablo II, es una maternidad mediadora, o una mediación materna[7]. Finalmente, si la consideramos con relación a la comunicación de la gracia, el ejercicio de su maternidad equivale a la intercesión y a la distribución de las gracias.

Los mariólogos y los autores de manuales de Mariología adoptan diversos procedimientos en el tratamiento de este tema. Algunos autores lo estudian en una forma relativa; o, si consideran la relación como una unión a/, o conexión con…otros misterios, plantean la cuestión desde esos temas fundamentales: corredención, mediación, distribución de gracias, etc. Así procede José Antonio de Aldama, después de hacer un razonamiento preliminar[8].

Se puede hacer también un planteamiento de la ‘maternidad espiritual’ en sí misma de forma directa, contemplándola como una cuestión particular, que tiene que tiene en sí un sentido y un contenido teológico, que abarca y engloba los aspectos en forma de relación. Es la ‘maternidad espiritual’, como cuestión teológica en sí misma, a la que se refería el concilio Vaticano II, cuando decía:

“Esta maternidad de María en la economía de la gracia perdura sin cesar, desde
el momento del asentimiento que prestó fielmente en la Anunciación, y que
mantuvo sin vacilar al pie de la cruz, hasta la consumación perpetua de todos
los elegidos”[9].

¿A qué forma de ‘maternidad espiritual’ se refiere aquí el Concilio? ¿No se refiere a la ‘maternidad ‘espiritualidad, como una cualidad específica y singular, que se desarrolló desde la Anunciación hasta el calvario, y que se continúa en la Iglesia hasta el final de los tiempos?… Ciertamente es la maternidad como tal, aunque desde el punto de vista didáctico y conceptual podamos considerarla en relación con diversos momentos en la historia de la salvación, a los que corresponden diversos conceptos. Son los correspondientes al ejercicio concreto de la ‘maternidad espiritual’, que el Concilio Vaticano II lo hace en algún modo equivalente, a mi modo de ver, en esta etapa de la historia de la salvación a la múltiple intercesión de María, mediante la cual nos obtiene los dones de la eterna salvación [10].

Domenico Bertetto hace un planteamiento más independiente de este tema. Enmarca el amplio y complejo misterio de la ‘maternidad espiritual’ de María en el capítulo cuarto de la 2ª parte de su obra, dentro del tema general: María en el misterio de la Iglesia. Contempla la maternidad espiritual bajo un signo de relación, y propone estos cuatro puntos de referencia: 1º) eficiencia; 2º) pertenencia; 3º) ejemplaridad; 4º) finalidad[11]. A cada uno de estos términos corresponde uno de los aspectos fundamentales de la Maternidad espiritual de María[12].

Ante esta consideración, me parece que desde el punto de vista metodológico se debe plantear ante todo una cuestión general, sobre la ‘Maternidad espiritual’, considerada en sí misma, como cuestión teológica. Aparte de cuanto hemos expuesto, podemos considerar como razón de esta norma metodológica, su analogía con la maternidad divina, y la función que tiene en el esquema general de la mariología. La maternidad divina es el punto de partida para considerar a María con relación a Cristo. En forma similar, la ‘maternidad espiritual’ en sí misma es la base para considerar a María en relación con Cristo y con la Iglesia.

4º) Mi plateamiento: Desde el punto de vista teológico y metodológico es necesario considerar la maternidad espiritualidad= m.e., como una cualidad, prerrogativa, o condición permanente de la persona de la Virgen María, como un don sobrenatural, y una gracia que el Padre de las misericordias le concedió, constituyéndola como Madre de todos los redimidos. Al margen, por tanto, de todas las demás cuestiones: origen, momentos principales, formas y aspectos de esta maternidad, María es Madre espiritual de todos los discípulos de su Hijo, como una modalidad permanente y determinante para su existencia, que la constituyó en una dignidad singular, y la confirió esa función especial a cumplir en la vida de la Iglesia: Madre de la Iglesia.

Esta prerrogativa tiene sus fundamentos en varios acontecimientos de la historia de la salvación, la ‘historia salutis’. En primer lugar, en su participación en el misterio de la Encarnación, como Madre del Redentor y de los redimidos, y bajo otro aspecto por su colaboración eficiente con su Hijo en la redención del género humano, desde su nacimiento hasta su muerte en cruz. Hay que tener en cuenta aquí lo que enseña y afirma el concilio Vaticano II:

“La Santísima Virgen… por la disposición de la divina Providencia, fue en la tierra la Madre excelsa del divino Redentor, compañera singularmente generosa más que todas las demás criaturas, y humilde esclava del Señor. Concibiendo a Cristo, engendrándolo, alimentándolo, presentándolo al Padre en el templo, padeciendo con su Hijo cuando moría en la cruz, cooperó de forma del todo singular a la obra del Salvador con la obediencia, la fe, la esperanza y la ardiente caridad, con el fin de restaurar la vida sobrenatural de las almas. Por eso, es nuestra Madre en el orden de la gracia”[13].

Esta prerrogativa, o cualidad permanente de de María, su maternidad espiritual, es como un punto de referencia de todas las demás cuestiones que pueden plantear. Se trata de una realidad general -aunque sea de carácter funcional, y como una ‘misión’ a cumplir-, que debe ser un punto de partida y un presupuesto para todos los demás aspectos particulares, y las cuestiones derivadas que se puedan plantear. Es la maternidad que Jesús proclamó desde la Cruz: “Mujer, ahí tienes a tu Hijo” (cf Jn 19, 25-27); la maternidad en la que confluyen y desde la que hay que contemplar todos los demás aspectos y cuestiones particulares: formas y modalidades de la m.e., Madre de la Iglesia, Madre y Mediadora, Madre que intercedes, maternidad espiritual como ‘presencia materna’, en la Iglesia, en la terminología de Juan Pablo II[14]

En otro apartado de este mismo volumen se estudia y se contempla la maternidad espiritual de María, bajo ese aspecto general, a que me referido más arriba[15]. Por eso, prescindo aquí de tratar las cuestiones generales relativas a la m. espiritual[16].

Doy por supuesto, por tanto, y me remito a ese apartado especial, publicado en este mismo volumen. El objetivo y la finalidad de mi estudio en estas páginas es estudiar y analizar tres momentos más importantes, y singulares del ejercicio, o desarrollo de la m. e. de María. Son los siguientes: 1º), en el misterio de la Encarnación; 2º), en el Calvario; y 3º), en las Bodas de Caná.

Estos tres momentos constituyen el fundamento principal del título: María, Madre de la Iglesia. En ellos, la Madre actúa no solo como la potior pars de la Iglesia -después de Cristo, Cabeza del Cuerpo Místico-, sino que es la personalización y la representación más perfecta y eminente de la Iglesia. Es la nueva Eva, que representa con su Hijo, nuevo Adán, a la humanidad entera regenerada, que es la Iglesia de Dios.

II. Maria, Madre de la Iglesia: Desarrollo Teologico-Espiritual

2.1: Consideración general:

El título: María, Madre de la Iglesia, tan gustosamente aceptado en el Pueblo de Dios, no figura en las Actas del Concilio Vaticano II, como una afirmación positiva en reconocimiento de la ‘maternidad espiritual’ de la Madre de Dios, Madre de Jesús el Redentor.Y esto, a pesar de que el Papa Pablo manifestó grande interés porque el Concilio lo aceptase y lo aprobase solennemente así, en sus propios términos, para gloria de la Virgen Madre y para el bien de toda la Iglesia. Es más. El mismo Papa manifestaba el 4 de diciembre de 1963 su deseo y su esperanza –casi en forma de súplica- de que en la siguiente sesión conciliar, el Concilio reconociese expresamente el puesto singular que le corresponde a la Madre del Redentor en la historia de salvación y en la vida de la Iglesia: “el más elevado después de Cristo, y al mismo tiempo el más cercano a nosotros, de manera que podamos honrarla con el título de <<Madre de la Iglesia>>. Esto contribuirá a su honor y a nuestro consuelo”[17].

La esperanza del Papa se vio frustrada por la actitud contraria de gran número de los Padres Conciliares, que tenían el corazón cerrado a la generosidad del espíritu. Pablo VI no recibió en este caso el ‘consuelo’ que esperaba; pero no se lo negaría desde el cielo la Virgen Madre, pues tanto trabajó por dar a conocer su dignidad, su grandeza, su santidad, su belleza espiritual, y su maternidad divina y espiritual.

La negativa del Concilio en este caso no obedeció a razones propiamente doctrinales. Antes al contrario. El mismo Concilio enseña de manera expresa en el capítulo VIII de la Constitución sobre la Iglesia -y en otros documentos- una doctrina sobre la maternidad espiritual, que corresponde exactamente al contenido y al significado del título: ‘Madre de Dios’. El Concilio se dejó guiar en este caso, bajo la acción del Espíritu, por el oportunismo, y por razones externas a la verdad, más por el imperativo de la verdad misma. En última instancia, debemos decir que trata simplemente de una cuestión de terminología. Pero, también el lenguaje y las palabras tienen sus razones[18].

A pesar de la reticencia de muchos Padres conciliares, y de que el título: María Madre de la Iglesia, no fuese recogido oficialmente en el texto conciliar, resonó fuertemente en el aula conciliar en la solemne proclamación que hizo el Pablo VI de ese título, en la conclusión de la 3ª sesión del Concilio, el 21 de noviembre de 1964:

“Así pues, para gloria de la Virgen María y consuelo nuestro, proclamamos a Maria Santísima Madre de la Iglesia, es decir: de todo el pueblo cristiano, tanto fieles como Pastores, que la llaman Madre amantísima, y decretamos que con este dulcísimo nombre, ya desde ahora, todo el pueblo cristiano honre e invoque a la Madre de Dios”[19]

Este título es en cierta manera nuevo en su formulación; pero, con relación a su contenido y a su significación no es nuevo ni inédito. Lo afirma así el mismo Pablo VI. El título expresa una doctrina antigua en la Iglesia, con fundamento en la revelación divina; en textos, alusiones y referencias del Nuevo y del Antiguo Testamento, de manera particular en los momentos en que se habla en el Nuevo Testamento del ejercicio de la ‘maternidad espiritual’ de la Madre del Redentor, como veremos más adelante, y en el texto del cap. XII del Apocalípsis.

Los misterios de la vida de la Virgen María, después de la proclamación de su ‘maternidad espiritual’ por Jesús en el calvario, y después también de la muerte y de la resurrección de su Hijo, manifiestan su presencia y su función maternal en los albores de la Iglesia, y el cuidado y la protección que la Madre dispensa a sus hijos. Ese es el espíritu de su presencia en Pentecostés, de su Asunción gloriosa a los cielos, y de la protección maternal que ejerce sobre la Iglesia[20].

La vida y la Tradición de la Iglesia atesoran un caudal inagotable de documentos y testimonios, que reconocen y proclaman a la Virgen María como ‘Madre de la Iglesia’. Esa Tradición ininterrumpida ha sido ratificada por el Magisterio vivo de los últimos siglos. Los Papas, desde el Beato Pio IX (1854) hasta Juan Pablo II -la Iglesia-, han encomendado a la Virgen María, como a su Madre, la vida y las actividades de la Iglesia, y han suplicado y pedido también su protección y su ayuda en los momentos más difíciles y más adversos de su historia. María, Madre solícita y poderosa, ha protegido siempre, y en ocasiones de manera extraordinaria, a la Iglesia y a los cristianos[21].

Como un hecho de nuestros días, podemos recordar algunos gestos del Papa Pablo VI, que proclamó solemnemente en la clausura de la 3ª sesión del Concilio Vaticano II el título de María, Madre de la Iglesia. Había hecho gestiones ya anteriormente, y habia encomendado a la Virgen María esta causa, y otros problemas de la Iglesia. Después de la solemne y emocionada proclamación del título, decía el mismo Papa:

“Esta es la razón por la que nosotros…levantamos nuestros ojos ardientes, con amor de hijos y con confianza , a Ella. Ella, que nos dio a Jesús, fuente de gracia sobrenatural, no dejará de ofrecer a la Iglesia su ayuda maternal, sobre todo en este tiempo, en que la Esposa de Cristo se empeña afanosamente en cumplir su misión salvadora”[22]

2.-2: Momentos Mas Importantes de ‘Maria, Madre de la Iglesia’

2.-2. 1: Presentación:

*- Algunos autores se preguntan por el cuándo y el cómo la Virgen María fue nuestra madre en el orden de la gracia; cuándo se inició su maternidad espiritual, y cómo la ejercitó y la ejercita actualmente sobre sus hijos. La mayor parte de los autores que tratan el tema general de la ‘maternidad espiritual’ no han tenido una intención determinada de fijar y precisar estos detalles en si mismos. Pero, explicando los temas más importantes sobre la ‘maternidad espiritual’ de María, afloran la mayor de las veces afirmaciones, o insinuaciones, que se refieren a sus orígenes, y a las diversas formas y aspectos que reviste el ejercicio de comunicar, o de colaborar a la comunicación de la gracia sobrenatural a las almas. Con esto se puede ilustrar en parte el tema propuesto.

Los Papas más recientes, en algunos documentos importantes sobre la ‘maternidad espiritual’ de María, en ocasiones hacen referencias más o menos directas a esas cuestiones. Ahora bien: lo más importante sobre esto, no son las circunstancias de tiempo, ni las modalidades externas del ejercicio de la maternidad espiritual; sino las explicaciones doctrinales que hacen de los contenidos teológicos de los momentos y misterios de la vida de Jesucristo, en los que la Virgen María colaboró como Madre de la gracia, y colaboradora con su Hijo a la salvación del género humano.

Por lo general, los autores insisten en la afirmación del Concilio Vaticano II, según la cual toda la vida de la Virgen María, “de la humilde esclava del Señor, -dice el Papa Pablo VI- desde el momento en que fue saludada por el Ángel hasta su Asunción en alma y cuerpo a la gloria celestial, fue una vida de amoroso servicio”, fue un ejercicio de su ‘maternidad espiritual’, o de su solicitud maternal[23].

*- El Papa Juan Pablo, en un documento ya citado más de una vez, dice con precisión que “…la maternidad ‘espiritual’ (quo ad spiritum ) se inició justamente con la maternidad ‘física’ (quo ad corpus ). Y haciendo referencia al misterio de la Anunciación, y al diálogo entre María y el Angel, concluye: “Al mismo tiempo que la maternidad física (quo ad copus), ha comenzado <María> su ‘maternidad espiritual’[24].

Según la enseñanza del Magisterio vivo de la Iglesia, la ‘maternidad espiritual’ se inició en el momento de la Anunciación -como dice Juan Pablo II-, con el ‘consentimiento’=consensus que la Virgen María prestó al mensaje del Angel. En virtud de este ‘consentimiento’ el Verbo de Dios se hizo hombre en el seno virginal de María, como Redentor y Salvador universal. Su maternidad biológica fue al mismo tiempo la ‘maternidad
espiritual’ de salvación. La Madre del Redentor fue al mismo tiempo la Madre de todos los redimidos. Porque este comienzo de su maternidad fue al mismo tiempo -según la enseñanza del Concilio Vaticano II- “una cooperación a la salvación de los hombres, con su fe y obediencia libres”[25].

En el progreso y en el desarrollo de la historia de la salvación la ‘maternidad espiritual’ de María tuvo algunos momentos singulares, característicos, en los que resaltan algunos aspectos y detalles, que definen la naturaleza y la intensidad de la colaboración salvífica de María.
Examinaré solamente unos momentos más importantes de la vida de María, cuyos principios y normas de interpretación son aplicables a otros misterios de su vida. Estos momentos son:

1º- La ‘maternidad espiritual’ de María y el misterio de la Encarnación;

2º- Presencia materna de María en el Calvario[26]

3º- Maternidad eclesial en las ‘Bodas de Caná.

2.-2.2. María,‘Madre de la Iglesia’ en el misterio de la Encarnación.

“La Virgen María es propia y formalmente Madre de la Iglesia por su colaboración, o ‘consentimiento’=’consensus’, al misterio de la Encarnación”.

1º- Explicación:

Entendemos aquí la ‘maternidad espiritual en su sentido más propio; en cuanto es una acción espiritual, mediante la cual la Madre, la Virgen María, al ser Madre del Hijo de Dios, colabora al mismo tiempo de una manera eficiente, a hacer presente en el mundo y en las almas la gracia y la vida sobrenatural. El término ‘Madre’ en nuestro casi no es una metáfora, ni un simple ‘simbolismo’. Responde a una realidad en el orden sobrenatural: la regeneración del mundo del pecado por la llegada del Hijo de Dios, el Salvador, y la regeneración de las almas por la comunicación de la gracia sobrenatural, que mana de las fuentes de la salvación, que es Cristo.

Esta ‘regeneración’ se realiza, por disposición divina, en el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios, Redentor y salvador universal, al cual colaboró la Virgen María espiritual y formalmente en una doble forma: a) por su consentimiento=consensus[27] , por su amor, y su fe, hecha obediencia a la voluntad del Padre: He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra (Lc 1, 38); y b), porque, por obra del Espíritu Santo, suministró de su misma naturaleza la materia asumida por el Verbo de Dios, el Dios hecho Hombre, que fue redentor del género humano por los misterios de su carne[28].

Ciertamente María, como afirma el Vaticano II, recogiendo la enseñanza de los Padres de la Iglesia, ‘no fue un instrumento puramente pasivo en las manos de Dios, sino que cooperó a la salvación de los hombres, con fe y obediencia libres[29].

Los mariólogos y los comentaristas del misterio de la Anunciación resaltan la importancia y el significado del consensus de María. Ciertamente tiene una importancia definitiva. El sí de María fue un acto de amor, de fe y obediencia, de acogida de la voluntad del Padre, fue el acto de su colaboración a la redención del género humano: de su ‘maternidad espiritual’[30]. Porque, como una Madre, se consagró a la persona y a la obra de su Hijo, sirviendo con El y bajo El al misterio de la redención.

2º) El testimonio eclesial:

Todo esto, en síntesis, lo enseña de manera explícita el concilio Vaticano II, para mantener el verdadero sentido y significado de este problema. Lo ha enseñado también el Magisterio de la Iglesia, Su autoridad aquí es decisiva, pues se trata de una verdad que pertenece al depósito de nuestra fe.

El Concilio Vaticano II se expresa de esta manera:

“La Virgen Nazarena es saludada por el Ángel de la Anunciación, por mandato de Dios, como ‘llena de gracia’ (Cf Lc, 1,28), a lo que ella responde al mensajero celestial: He aquí la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra (Lc 1, 38). Así, María, hija de Adán, al aceptarel mensaje divino se convirtió en Madre de Jesús,, y al abrazar de todo corazón…la voluntad salvífica de Dios, se consagró totalmente como esclava del Señor, a la persona y a la obra de su obra, sirviendo con diligencia al misterio de la redención[31]…

El Papa Pablo VI, interpretando la doctrina del Concilio, incluye otros aspectos en la glosa que hace al texto conciliar en la Exhortación Signum Mágnum. Dice así:

“María, apenas fue asegurada por la voz del Ángel que Dios la elegía por Madre intacta de su Hijo Unigénito, sin ponerlo en duda,, dio su propio asentimiento a una obra que empeñada todas las energías de su frágil naturaleza, diciendo: ‘He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra’ (Lc 1, 38).

Desde aquel momento Ella se consagró toda al servicio, no solo del Padre celestial y del Verbo encarnado, convertido en Hijo suyo, sino también de todo el género humano, habiendo comprendido bien que Jesús, además de salvar a su pueblo de la esclavitud del pecado, sería un Rey de un reino mesiánico universal, e imperecedero” ( cf Mt 1, 21; Lc 1, 33)[32].

No puede ser más claro el pensamiento de Pablo VI sobre la ‘maternidad espiritual’ de María en relación con la Encarnación del Hijo de Dios. Ella, hecha Madre del Verbo de Dios se consagró a su servicio, como una Madre al servicio de su Hijo, y también al servicio de todo el género humano. ¿Por qué? Porque era madre espiritual de todos los redimidos.

A este mismo propósito es importante la enseñanza del Papa Juan Pablo II. En la Encíclica sobre La Madre del Redentor hace varias referencias a la relación entre la maternidad divina y la ‘maternidad espiritual’ de María. Aparte de otros testimonios, es preciso tener en cuenta el texto de su alocución del día 10 de enero de 1979, en el que directamente reflexiona sobre este tema. La fuerza de su pensamiento culmina en esta afirmación, .que aparece como una conclusión de su razonamiento, y que he recordado anteriormente: “Al mismo tiempo que la maternidad física (‘quo ad corpus’), ha comenzado su maternidad espiritual (‘quo ad spiritum’)

Hay que advertir que esta enseñanza del Magisterio actual de la Iglesia sobre la ‘maternidad espiritual’ de María, y su mutua relación en el misterio de la Encarnación ha sido uniforme en todos los tiempos. Es clásico el texto de San León Magno, que expresa el sentir de la Iglesia de su tiempo: ‘La generación de Cristo es el origen del pueblo cristiano; y el nacimiento de Cristo Cabeza es el nacimiento del cuerpo (místico)”[33].
El pensamiento de San León Magno es bien claro en este texto. Si el nacimiento de Cristo, es nuestro nacimiento, implícitamente se afirma que La Madre de Cristo es también nuestra en el orden de la salvación. Por eso, María en el misterio de la Encarnación es Madre de Cristo Salvador y Redentor, Cabeza de la Iglesia, y de los miembros redimidos. Esta es la idea que ha mantenido siempre el Magisterio vivo de la Iglesia.

Más cercano a nosotros exponía esta misma doctrinal el Papa San Pío X, en su importante Encíclica Ad diem illum (2, 02, 1904), en la que dice:

“¿No es María la Madre de Cristo? Ella es, por lo tanto nuestra Madre.

Porque hay que asentar que Jesús, Verbo hecho carne, es a la vez el Salvador del género humano… Pero, la Virgen no concibió solo al Hijo de Dios, para que recibiendo de Ella naturaleza humana, se hiciese hombre, sino también para que, mediante esta naturaleza recibida de Ella, fuese el Salvador de los hombres….Y se puede decir que llevando a Jesús en su seno, María llevaba en él también a todos aquellos para quienes la vida del Salvador encerraba la vida. Por lo tanto, todos los que estamos unidos a Cristo, somos, como dice el Apóstol: miembros de su cuerpo… Por esto somos llamados en un sentido espiritual y místico, hijos de María, y Ella, por su parte, nuestra Madre común”[34]

Se pueden citar otros textos del Magisterio de la Iglesia, parecidos a los que hemos trascrito. Pero, me parece que no es necesario. El Magisterio en este punto ha culminado en el Concilio Vaticano, y en la enseñanza de los últimos Papa, Pablo VI, intérprete autorizado del Vaticano II, y el Papa Juan Pablo II.

Puente de enlace con los Papas de la época anterior fue el Papa Pío XII, que en la Enc. Mystici Corporís (29 de junio, 1943), concluye su reflexión mariana con esta afirmación:

“<María> Ella fue la que llevó en su seno virginal a Cristo el Señor, y lo dio a luz investido de su dignidad de Cabeza de la Iglesia… Ella, por lo mismo, es la Madre Santísima de todos los miembros de Cristo”[35].

3º) La tradición teológica:

La tradición antigua de los Padres de la Iglesia y de los teólogos, hasta la Edad Media no ignora la doctrina de la maternidad espiritual de María, aunque no aparezcan exposiciones directas de su sentido, y explicaciones de su contenido y de sus momentos en la historia de la salvación. Pero, aparece afirmada por algunos Padres y escritores eclesiásticos, de forma directa, o como una deducción de otras reflexiones teológicas y de la comparación antitética Eva-Maria, que se remonta a la época de San Irenéo, o de las afirmaciones sobre la misión de María en la historia salutis.

Aparte de otras consideraciones la maternidad espiritual de María tiene también un sentido nupcial en el Nuevo Testamento. En la escena de la Anunciación (Lc 1, 26-38), como en el misterio del Calvario (Jn 19, 25-27), y en la presencia de María en las bodas de Caná (Jn 2, 1-11), más allá del sentido propio, histórico y literal, los exégetas descubren fenómenos y acontecimientos del la historia de la salvación en la Nueva Alianza, en la que el Hijo de Dios se desposó con la naturaleza humana en el seno virginal de María.

En cierta reciprocidad de conceptos, y dentro de un amplio simbolismo de los acontecimientos, María actúa como Madre espiritual y como Esposa. Y así, en el misterio de la Anunciación Ella pronuncia el fiat (Lc 1, 38) como mística Esposa del Verbo, dando existencia a la Iglesia, distinta de Cristo, de la que El es Cabeza, después de asumir en unión personal la naturaleza humana, que iba a redimir[36]. En conveniente tener en cuenta estos matices, para conocer los diversos aspectos y relaciones bajo los cuales la tradición de la Iglesia ha propuesto la maternidad espiritual de María.

Podemos esquematizar su pensamiento en algunas formulaciones generales, como capita maiora, que equivales a un reconocimiento de la maternidad espiritual de María, Madre de los redimidos o de los discípulos de Jesús. Así lo han hecho algunos tratadistas.

a’) La maternidad espiritual de María aparece afirmada al proponer y explicar el paralelismo antitético Eva-María, que tiene su fundamento en la Sagrada Escritura. Tanto es así, que el Concilio Vaticano II resumió este argumento diciendo, que “…no pocos Padres antiguos comparándola con Eva, llaman a María Madre de los vivientes” [37] ; y afirman con mayor frecuencia: ‘La muerte vino por Eva, la vida por María”[38]

b’) La doctrina del Cuerpo místico es otra de las razones para afirmar que en la era patrística se reconocía ya la maternidad espiritual de María. San Agustín desarrolla esta doctrina, y reconoce que si María es Madre de Cristo, Cabeza de la Iglesia, lo es también de los miembros, como afirma San Agustín.

Una aplicación similar puede hacerse, tomando como punto de referencia la concepción y el nacimiento de Cristo como ‘Redentor’, y como Salvador´’ universal. Estos aspectos los desarrolla San León Magno[39].

c’) Una argumentación parecida puede hacerse tomando como punto de convergencia la presencia de María en el calvario, y la proclamación que Jesús hizo de su maternidad, extensiva al discípulo San Juan, el discípulo Amado, cuando dijo a su Madre: ‘Mujer, ahí tienes a tu hijo. Después dijo al discípulo: Ahí tienes a tu madre (Jn 19, 26-27).

La prueba de este argumento supone que Juan, el discípulo de Jesús era el representante de la Iglesia, o de la humanidad. Sobre este particular, podemos decir que en la tradición de la Iglesia, por el contenido y el significado de la escena del Calvario, San Juan actuaba allí, no como una persona particular, sino por designio divino, como representante del género humano. Pero, ¿en qué sentido?..

Algunos comentaristas piensan que esto puede afirmarse así de una forma impropia, o en un sentido acomodaticio del texto bíblico. Pero, dada la naturaleza y la significación del misterio que se realizaba en el calvario, se puede afirmar sin duda que esta representación tiene un valor propio en sentido histórico, y también en sentido simbólico. La tradición de la Iglesia, desde la época más antigua lo ha afirmado, y entendido así.

Aparte de todo, en este sentido parece interpretar el pensamiento de la tradición el Magisterio mismo de la Iglesia. No se trata de un sentido meramente acomodaticio, sino verdadero, en un sentido bíblico, que el Papa Benedicto XIV afirma, que la Iglesia lo recibió adoctrinada por el magisterio del Espíritu Santo[40]. Por su parte, el Papa León XIII afirma que la Iglesia “ha visto siempre, de manera constante, que Jesucristo designó en Juan a la persona de todo el género humano[41] ( en H.Marín, o.c., nº 426).

2.-2. 3: María, ‘Madre de la Iglesia’ en el Calvario.

1º) Preludio:

El momento más importante de la maternidad espiritual de María es el de su presencia en el Calvario, durante la crucifixión y muerte de su Hijo. Por la importancia de los textos bíblicos, por el contenido y la significación del misterio redentor, por la atención que ha prestado la Iglesia a ese acontecimiento sobrenatural, bien podemos decir que estamos ente el misterio que más ha desperado la sensibilidad y el interés de los estudiosos, por descifrar y esclarecer todas las incógnitas que presenta.

Por otra parte, pienso que se puede decir que es el fenómeno más estudiado de la vida de Jesucristo, y que reúne la más copiosa e interesante literatura. Han profundizado en su contenido y significación la exégesis y la teología, la espiritualidad y la antropología; lo han representado con profusión y variedad de estilos el arte, la iconografía, la literatura. Los ‘calvarios’ de la escultura han querido mantener su presencia y su cercanía a la contemplación de los fieles. El Renacimiento abre una época de oro para el misterio del Calvario. Libros de teología y devoción, como el español anónimo: Passio duorum (La Pasión de los dos…) en la conjunción del siglo XV y XVI crean un estilo de contemplar y de vivir el misterio[42].

El misterio del Calvario es naturalmente incomprensible, no solo por su naturaleza y por su significado sobrenatural, sino aún desde el punto de vista humano, por su desarrollo y su final trágico, que humanamente no tiene explicación. No vale acudir a costumbres, o a hechos ya consumados en el tiempo. No es suficiente acogerse a la ley, para dar una explicación satisfactoria, o acudir a las intrigas y al odio que acumulaban las altas Jerarquías de Jerusalén contra Jesús. Hay que buscar otra razón, que rebasa la razón: el misterio, encerrado en el corazón del Padre: Dios reinará desde un madero (Regnabit a ligno Deus).El triunfo de la cruz explica la vida de la Iglesia, fundada en la ley del amor.
Por eso, el misterio del Calvario despierta siempre interés y deseos de penetrar en las sombras de su luz, y descubrir las razones de sufrir para sanar, de morir para vivir.

Jesús desde la cruz, puesta su esperanza en solo Dios y en su poder misericordioso, momentos antes de morir, profirió las palabras más tiernas y consoladoras para su Madre y sus discípulos. Hijo, Madre. Allí estaba representado el mundo y la Iglesia, la madre viuda desde hacía unos años, y un discípulo amado, virgen en el amor: Y dirigiéndose a su Madre, le dice: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Después dijo al discípulo: Ahí tienes a tu Madre

2º) Proclamación de la maternidad espiritual de María.

“Estaban de pie junto a la cruz de Jesús su Madre y la hermana de su Madre, María de Cleofás y María Magdalena. Viendo a su Madre, y al discípulo, a quien amaba, que estaba allí, Jesús dijo a la Madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Después dijo al discípulo: Ahí tienes a tu madre (Jn 19, 26-27).

A’) La escena del calvario tiene un doble contenido con relación a la maternidad espiritual de María. El tiempo de la vida de Jesús fue un tiempo ‘constitucional’ con relación a la redención de los hombres. Desde el momentos de la Encarnación hasta su muerte el cruz Jesús fue desarrollando y enriqueciendo su misión como Salvador y Redentor del género humano; acumulando caudales a los méritos infinitos de las obras realizadas por los misterios de su carne. La redención, bajo este aspecto, culminó en la cruz, y se cerro con su muerte gloriosa, vencida por la resurrección.

Lo mismo podemos decir analógicamente de la colaboración corredentora de María con su Hijo, y de su maternidad espiritual. Desde el misterio de la Encarnación, hasta la muerte de su Hijo, ella fue acrecentando el ejercicio de su maternidad espiritual, en una serie sucesiva de actos, que manifiestan esa colaboración a través de los diversos misterios de su vida. Esta serie sucesiva de acontecimientos en el ejercicio de su colaboración corredentora, la describe en parte el Concilio Vaticano II, cuando dice:

“…Concibiendo a Cristo, engendrándolo, alimentándolo, presentándolo al Padre en el templo, padeciendo con su Hijo cuando moría en la cruz, cooperó de forma enteramente singular a la obra del Salvador,…para restaurar la vida sobrenatural de las almas. Por eso es nuestra madre en el orden de la gracia”[43]

Según el pensamiento del Concilio cumplió en el calvario y ejerció su función de corredentora, ya que por sus actitudes espirituales en aquellos momentos desconcertantes de dolor, por su com-pasión con su Hijo, unida a El por el más estrecho vinculo de amor maternal, con su y obediencia a la voluntad del Padre –por designio divino-, por su esperanza inquebrantable, y por su encendida caridad –que recuerda el mismo Concilio- cooperó de una manera del todo singular, objetiva, inmediata, sobrenatural en la redención del género humano.

Esta tesis es fundamental para valorar espiritual y sobrenaturalmente la vida de la Virgen Madre, como Madre del Hijo de Dios, y como colaboradora a la obra de la redención. Toda su vida, como afirma el mismo Concilio, vivió unida espiritual y sobrenaturalmente “con el Hijo, en la obra de la salvación…desde el momento de la concepción virginal de Cristo hasta su muerte.”[44]. Toda su vida fue un ejercicio de maternidad espiritual, una cooperación eficiente a la obra redentora.

Esa colaboración corredentora, que equivale a su maternidad espiritual, culminó en el Calvario. Alli adquirió su perfección más alta, porque allí su amor a Dios y a su Hijo llegó al summum de su fuerza espiritual y de su expresión vital; porque no hay amor más grande que el que da su vida por los demás. María aquí aceptó la muerte de su Hijo, y ella murió espiritual y afectivamente con El. Los mariólogos del siglo XVI y XVII se esfuerzan por esclarecer esta unidad de Cristo y María en el calvario, con relación al dolor, al sufrimiento, a la oblación sacrificial, a todo lo que significa y espesa la compassio.

La colaboración corredentora de María con su Hijo quedó consumada en el Calvario. Su Maternidad espiritual había conseguido su máxima eficacia y expresión . ¿Qué faltaba? El momento siguiente representa el culmen de su significado: su proclamación desde la cruz.

B’) Los conceptos: Los términos y los conceptos del texto citado son suficientemente conocidos; lo mismo que el significado del substantivo ‘mujer’, y la razón por la que Jesús lo usó en ese momento, en vez de utilizar el nombre propio: ‘María’, o el término familiar: ‘madre’.

Relacionada la escena del Calvario con la de la Anunciación se advierten notables diferencias circunstanciales, pero también ciertas afinidades, provenientes del desarrollo y de la finalidad de la historia de la salvación. Son dos momentos distintos, pero solidiarios de una misma causa. Hay un núcleo fundamental en las dos escenas, que cumple -al parecer- un mismo objetivo. Lo componen el contenido de los términos: ‘consensus’-consentimiento- y ‘compassio’-compasión

Lo que fue el ‘consensus’ para el misterio de la Encarnación, fue en cierto modo en el calvario la ‘com-passio’ de María: un punto central de referencia, en torno al cual gira el desarrollo de los dos acontecimientos salvíficos.

El ‘consensus’ fue como la puerta que dio acceso al Verbo de Dios al mundo de la salvación redentora: Janua coeli: María, por su maternidad divina, fue la puerta por la que el Verbo del Padre se hizo presente en el mundo, para renovarlo y restaurarlo, por los misterios de su carne y por el sacrificio de sí mismo, ofrecido en un acto de amor infinito.

La compassio fue la aportación de la Madre al sacrificio de su Hijo amado, como colaboración de la humanidad redimida, para recuperar la belleza y la hermosura del espíritu, deformados por el pecado original y por todos los pecados del mundo. La escena del calvario es una réplica de la escena del paraíso, en la que la mujer Eva aparece como colaboradora al pecado de Adán. Jesús, como nuevo Adán, en el último episodio de su vida terrena, cargado de simbolismo, asocia a su obra a su Madre inmaculada, la nueva Eva, al acto supremo de su amor y de su obediencia al Padre; a su sacrificio redentor, purificando a la Iglesia con su sangre, y entregándose a la muerte corporal por ella[45].

La compassio incluye y sintetiza toda la colaboración de María en el calvario, como Madre espiritual de la nueva humanidad; colaboración pluriforme, pero sobre todo como asociación y participación espiritual en los dolores y el sufrimiento, en la muerte y en el acto de aceptación por parte de su Hijo, en la conformidad con su voluntad, adherida a la voluntad del Padre; hecha espiritualmente una victima sacrificial, agradable a Dios, clavada en espíritu en la cruz con su Hijo[46]

Compassio-compatiens es la terminología usada comúnmente desde la Edad Media, para expresar la actitud de María en el calvario, su participación en el sacrificio de su Hijo, y el ejercicio de su maternidad espiritual. Es tal vez la terminología más expresiva, válida por lo mismo en nuestros días. La ha usado también el Vaticano II[47]. Esto tiene grande importancia para interpretar la doctrina de los mariólogos de los siglos XV-XVII sobre la participación corredentora de la Virgen María en al obra de la redención de su Hijo[48]

3º) Doctrina del Magisterio de la Iglesia:

Los testimonios del Magisterio de la Iglesia sobre la ‘maternidad espiritual’ de María, reflejada en su presencia y en sus actuaciones en el calvario son muy abundantes, y de un amplio y profundo contenido teológico y espiritual. En ellos se nos da a conocer los aspectos y el valor de la colaboración salvífica de María, dependiente siempre y en todo a la eficacia de la acción mediadora y redentora del Hijo de Dios.

No es necesario reunir aquí todos los testimonios; ni es necesario tampoco hacer un comentario particular de cada uno. Los mismos textos manifiestan sus peculiaridades, y los valores doctrinales y espirituales de sus contenidos.

En el 1748 el Papa Benedicto XIV publico su ‘Bula aurea’ bajo el título Gloriosae Dominae (16 de marzo), que ya hemos recordado más arriba, y en la que valora la devoción de la Iglesia a la Virgen del calvario:

“…La Iglesia católica, adoctrinada por el magisterio del Espíritu Santo, procuró honrarla <a la V. María> con innumerables obsequios, como a Madre de su Señor y Redentor, y como a Reina de cielos y tierra. Con gran atención y esmero se ha esforzado por amarla con afecto de piedad filial. Como a madre propia amantísima, recibida como tal de labios de su divino Esposo moribundo”[49].

El Papa Pío VIII (1829-1830) en su corto Pontificado quiso afianzar la confianza de los fieles en la protección de la Virgen María, “porque Ella es nuestra Madre, Madre de piedad y de gracia, Madre de misericordia, a quien Cristo, cuando iba a morir en la cruz, nos entregó, para que Ella rogase por nosotros ante su Hijo”[50].

El Papa León XIII establece esta clara afirmación en la Encíclica Quamquam pluries (1889): “La Virgen Santísima, así como es Madre de Jesucristo, lo es también de todos los cristianos, puesto que los engendró en el monte calvario entre los supremos tormentos del Redentor”[51]. Esta misma doctrina la recuerda León XIII en otros muchos testimonios , de los quiero citar este tan expresivo: “Estando Ella presente y ante sus mismos ojos, debía ofrecerse el divino sacrificio, cuya víctima ella misma había alimentado; Esto es al final lo que se observa en los más c_onmovedores misterios: ‘Junto a la cruz de Jesús estaba de pie María, su Madre, herida de un amor inmenso hacia nosotros; la cual para recibir hijos, ella misma ofreció a su Hijo a la justicia divina, con-muriendo (‘commoriens) en su corazón con él, atravesada por la espada del dolor”[52].

Del Papa Pío XI (1922-1939), de entre los muchos testimonios que nos legó, cito solamente dos más importantes. Al comienzo de su pontificado adoctrinaba así a la Iglesia, con relación a la Virgen María: “La Virgen dolorosa participó con Jesucristo en la obra de la redención, y constituida Madre de los hombres, los acogió como hijos, y los defiende con todo su amor, como encomendados a ella por el testamento de su caridad divina”[53]

En una Carta a la Institución de los Siervos de María, en el séptimo centenario de su fundación, el Papa hizo una clara afirmación de la maternidad espiritual de María: “Dentro de poco tendrá lugar el recuerdo del séptimo centenario de la fundación de la Orden, dentro del año jubilar, en el que se celebra la redención del género humano y la constitución de la Virgen María, al pie de la cruz de su Hijo, como Madre de todos los hombres”[54].

La riqueza de testimonios del Magisterio vivo de la Iglesia, sobre María, nuestra espiritual en el calvario, hizo que los Papas posteriores publicasen numerosos documentos, con el reconocimiento y la explicación de ese mismo misterio. D. Bertetto ha analizado detenidamente la aportación importante del Papa Pío XII, que promulgó luminosos testimonios, afirmando ante todo el hecho de la maternidad espiritual de María, relacionándola con las personas particulares, y con las familias[55]; y relacionando ese título con María Mediadora y distribuidora de gracias[56]

Pío XII explica la doctrina general sobre la maternidad espiritual, y sus relaciones con otros aspectos del misterio de María. Brota de la maternidad divina, bajo su aspecto físico[57], y se asocia como un título nuevo a la colaboración de María a la obra de la redención, proclamada así por Jesús desde la cruz. Estos son elementos esenciales constitutivos de la maternidad espiritual.

Hay que añadir a esto el ejercicio permanente y actual de la maternidad espiritual, que la Virgen Madre realiza desde su sede celeste, y que se relaciona en general con la medición universal de las gracias. En sus grandes Encíclicas Mýstici Corporis, y Mediator Dei, Pío XII explica las razones de la maternidad espiritual de María, y perfila otros matices sugestivos, que manifiestan tanto el amor de Jesucristo a los hombres, como la solicitud y la grandeza de la Madre, que colaboró a la obra de la redención[58].

Pío XII acude repetidas veces a la escena del Calvario, para resaltar la figura de la Virgen Madre, su amor a su Hijo crucificado y sus hijos de adopción, a los que ama más que todas las madres terrenas; su fortaleza de ánimo al soportar los atroces tormentos de la pasión, su ejemplaridad para todos sus devotos, y para la Iglesia… Su magisterio es rico y abundante, y contribuyó muy eficazmente a incrementar la devoción mariana, y de manera muy notable el desarrollo y el progreso de la mariología[59].

El magisterio mariano de Pío XII culminó en el Concilio Vaticano II, como se aprecia en algunos textos especiales, en los que afirma y describe la maternidad espiritual de María, y hace precisamente referencia a algunos de los testimonios del Pontifice[60]. El Concilio Vaticano II en esta materia representa un punto de llegada, y también un punto de partida. Porque el Concilio asumió, refirmó y propuso en su texto mariano las tesis fundamentales, patrocinadas hasta entonces por la mariología de signo cristológico, con relación a la colaboración de María inmediata, objetiva y singular a la obra de la redención, o corredención mariana (aunque no incorporase ese témino a su texto), y con relación a la mediación, a la maternidad espiritual, a la intercesión, y a la distribución de las gracias. En el Concilio la corredención mariana, con relación a su contenido y a su significación teológica (al margen de la terminología) recibió un respaldo y una garantía, porque pasó a ser enseñanza de la Iglesia, aunque haya muchos que quieran ignorarlo.

Los textos del Concilio los he trascrito anteriormente, al tratar de la naturaleza y del hecho de la maternidad espiritual de María. Son los textos de la Constitución LG, ns. 56, 57, 58, 60, 61, 62, 63, 64. Y Conc. Vaticano II, AA, 4.

La importancia, el significado y la dimensión eclesial de estos textos del Concilio Vaticano II los conocemos a través de los comentarios y referencias textos de los Papas posteriores, Pablo VI y Juan Pablo II. Son varios los testimonios que se pueden aportar sobre este tema de plena actualidad en la mariología de nuestros días. Pero, presentamos aquí solamente un testimonio, a modo de ejemplo, en el cual podemos ver la unidad de pensamiento de los Papas con todo el Magisterio vivo de la Iglesia.

En el magisterio de Pablo VI no abundan precisamente los testimonios relativos a la maternidad espiritual de María en el Calvario, al pie de la cruz, en contraste con los muchos testimonios sobre la Inmaculada Madre de Dios, sobre la Virgen Asunta, y sus relaciones con la Iglesia. Pero, contamos con algunos textos y referencias, que nos dan a conocer ese aspecto de la vida de María, asociada a su Hijo en el Calvario[61].
Tal vez el más importante sea el que dedica a este tema en la Exhortación Apostólica Signum Mágnum (1967), que hemos citado más de una vez. Dice así:

“ La primera verdad es esta: María es Madre de la Iglesia no solo porque es Madre de Jesucristo, y su más íntima compañera en la nueva economía, cuando el Hijo de Dios asumió de Ella la naturaleza humana, para liberar con los misterios de su carne al hombre del pecado, sino también porque refulge como modelo de virtud ante toda la comunidad de los elegidos…. La bienaventurada Virgen María. después de haber participado en el sacrificio redentor del Hijo, y de modo tan íntimo que mereció ser por El proclamada Madre no sólo del discípulo Juan, sino permítasenos afirmarlo- del género humano por Ella de algún modo representado”[62].

El magisterio del Papa Juan Palo II sobre la Virgen Dolorosa, y sobre la maternidad espiritual de María en el calvario es más rico y abundante. Califica el dolor de la Madre, asociado al de su Hijo, como una colaboración eficiente con El a la obra de la redención, modelo y ejemplar para la Iglesia.

La labor apostólica de Jesús, y de la predicación del evangelio, culminó.

“con los acontecimientos del Calvario y con la cruz.

“Allí, la maternidad <<espiritual>> llegó, en cierto modo, a su momento clave. <<Jesús, viendo a su Madre y al discípulo a quien amaba, que estaba allí, dijo a la Madre: “Mujer,he ahí a tu hijo” (Jo 19, 26). Así, de forma nueva, la ha unido a Ella, la propia Madre, al hombre; el hombre al cual ha transmitido el evangelio”[63].

En la Encíclica sobre La Madre el Redentor (1987) hace muchas consideraciones a propósito de la escena del calvario, de carácter teológico-espiritual, eclesial y salvífico. La entiende como una confirmación de la “maternidad de María en la economía de la gracia, en su momento culminante, es decir, cuando se realiza el sacrificio de la Cruz de Cristo, su misterio pascual”. María está participando en el amor redentor de su Hijo; resalta la universalidad del significado de la escena; la representación por Juan de toda la humanidad; las palabras de Jesús y su dimensión eclesial, como un ‘testamento’ en la economía de la salvación;

Después de transcribir el texto del evangelista San Juan, propone algunas ideas, partiendo de la atención que el Hijo ha manifestado por su Madre:

“…sobre el significado de esta atención, el <<testamento de la Cruz>> de Cristo dice aún más. Jesús ponía en evidencia un nuevo vínculo entre Madre e Hijo, del que confirma solemnemente toda la verdad y realidad. Se puede decir que, si la maternidad de María respecto de los hombres ya había sido delineada precedentemente, ahora es precisada y establecida claramente”[64].

A continuación de estas palabras pone de relieve y explica el modo de la universalidad de la maternidad de María, como una colaboración corredentora a la obra redentora de su Hijo:

“Más aún -dice-: es verdaderamente madre de los miembros de Cristo por haber cooperado con su amor a que naciesen en la Iglesia los fieles[65].

Por consiguiente, esta <<nueva maternidad de María>>,engendrada por la fe, es ‘fruto del nuevo amor’, que maduró en ella definitivamente junto a la Cruz, por medio de su participación en el amor redentor del Hijo”[66]

Finalmente, pasando por alto otras consideraciones importantes -todas son importantes, las que Juan Pablo II hace en estas páginas- quiero poner de relieve la fuerza persuasiva que tiene el pensamiento del Papa, sobre la maternidad de María sobre la Iglesia: María, Madre de la Iglesia.

En el calvario, junto a la cruz donde expira su Hijo, María vive y experimenta en su corazón de Madre un nuevo amor. Es el ‘amor del dolor corredentor’, que compartió con su Hijo. De esta novedad del amor, nace la ‘nueva maternidad espiritual’, que se continúa en la Iglesia y a través de la Iglesia. La Iglesia está simbolizada por Juan, el discípulo amado de Jesús. María, la Madre, con Juan constituyen la Iglesia[67].

En otro importante documento Juan Pablo II reitera algunos ideas comentadas en la Encíclica sobre la Madre del Redentor, en particular, su participación en el dolor salvífico de su Hijo. Fue precisamente en el calvario donde Ella compartió con El su sufrimiento, y alcanzó un vértice ya difícilmente imaginable en su profundidad desde el punto de vista humano, pero, ciertamente misterioso y sobrenaturalmente fecundo [68].

¿En que consiste esa fecundidad de su dolor? En que Ella fue ‘corredentora’ en el Calvario, junto a su Hijo Redentor universal. El Papa explica el significado de la escena del calvario, resaltando “su participación del todo especial”, con su compassio, “en la muerte redentora del Hijo” (n. 25). Todos estos detalles, con los que hemos citado más arriba, están recogidos en este texto importante:

“Testigo de la pasión de su Hijo, con su presencia, y partícipe de la misma con su compasión, María Santísima ofreció una aportación singular al Evangelio del sufrimiento, realizando por adelantado la expresión paulina citada al comienzo. Ciertamente Ella tiene títulos especialísimos para poder afirmar lo de completar en su carne –como también en su corazón, lo que falta a la pasión de Cristo[69].

Haciendo una síntesis de la doctrina del Magisterio de la Iglesia sobre la Maternidad de María en el Calvario, podemos decir que recoge todos sus elementos esenciales y fundamentales. Se trata de una maternidad espiritual y sobrenatural, que pertenece a la economía salvífica de la gracia; queda establecida claramente en el calvario; es una maternidad universal; y es al mismo tiempo una participación en la muerte redentora de Cristo, y una colaboración corredentora, eficiente, objetiva e inmediata a la obra del Cristo Redentor universal. Es también una presencia y mediación materna.

* Calificación teológica:

Muchos autores se abstienen de calificar teológicamente las proposiciones relativas a la ‘maternidad espiritual’ de la Virgen María. En el desarrollo de este problema algunos teólogos adoptan diversos procedimientos, desde el punto de vista metodológico y expositivo, en los que no encajan bien Las formulaciones de las proposiciones de la enseñanza del Magisterio de la Iglesia.

He aportado en estas páginas muchos documentos del Magisterio vivo de la Iglesia, con relación a la maternidad espiritual, a sus contenidos y aspectos. El Magisterio de la Iglesia es la norma para establecer una calificación teológica y dogmática, de una doctrina o de una proposición, que la contiene.

+ La maternidad espiritual de María, con fundamento en el misterio de la Encarnación y en el calvario, es una verdadera maternidad en el orden de la gracia, es una proposición de fe divina y católica, por la enseñanza de la Palabra de Dios y del Magisterio unánime de la Iglesia,

+ La maternidad espiritual de María, reviste especialmente la modalidad de colaboración eficiente a la redención en general; es proposición de fe divina y católica, con fundamento en la Escritura, y porque es doctrina del Magisterio de la Iglesia ( (Pío XII, Conc. Vaticano II, Juan Pablo II, en RM…).

+ La proposición: que en esta colaboración maternal María fue ‘corredentora’ de una forma objetiva e inmediata, algunos teólogos la califican como más conforme con el Magisterio eclesiástico (José Antonio de Aldama,S.J.).

–Yo pienso que hoy se puede calificar como de fe católica , por la doctrina clara del Conc. Vaticano II, que acoge la enseñanza de Pío XII, y por la enseñanza del Papa Juan Pablo II en ‘Redemptoris Mater’,y porque está dentro de la clarificación y de la inspiración bíblica.

2.-2. 4: Maternidad Eclesial de Maria en ‘Las Bodas de Cana’ (Cf. Jn 2, 1-12).

1º) Planteamiento del tema:

En la mariología de hoy y en la exégesis joánica, se afirma que la presencia de María y su intervención en las bodas de Caná, tal como las describe San Juan, es una presentación de su acción maternal, en el orden espiritual, y en un sentido simbólico. El relato es similar al de la presencia de María en el Calvario. Es un mismo evangelista el autor de los dos relatos. La referencia la llegada, o no llegada de Jesús es un punto de convergencia del simbolismo. El hecho de Jesús, dirigiéndose a su Madre, la designe con el sustantivo: mujer es un fuerte punto de referencia.

Desde la Edad Media muchas autores interpretaban esa escena, descrita por Juan, en un sentido místico-eclesiológico, abierto a muchas perspectivas. Jesús realizó allí su primer signo. Los Apóstoles creyeron. Se trata de escenificar la fe, fundamento de la primera Iglesia: Jesús, María la Madre, y los Apóstoles, puesto precisamente por la intervención de la Madre.

La exégesis vitalista y simbólica, más que la simple filología, han descubierto otros rasgos y matices del contenido y de la redacción histérica del relato de Juan, que acentúan y resaltan el valor de la presencia de María, como la Madre espiritual en los albores de la Iglesia, ligada a la fe de los Apóstoles[70]. Santo Tomás de Aquino mira más al corazón de la escena y explica si sentido eclesial, porque en ella se manifiesta la unión de Cristo con su iglesia incipiente[71].

2º) Análisis y explicaciones:

+ Mariólogos y biblistas actuales descubren otros matices en el ‘misterio’ de las Bodas de Caná, que como ‘misterio’ encierra una profunda teología simbólica, que no ha conseguido todavía un pleno esclarecimiento.

+ El P. Ignacio de la Potterie, S.J., uno de los autores más sugerentes en este tema, después de recorrer un largo camino de análisis filológico, de alumbrar ideas y proposiciones superpuestas o inducidas, atento al ritmo gramatical de las frases y al significado del término ‘mujer’, que rima con la escena del calvario, siguiendo a J.P. Charlier, concluye con estas afirmaciones:

“En sus gestos y en su diálogo, la Virgen María y Cristo transcienden ampliamente el plano humano y material de aquella fiesta <de bodas>; suplantan a los jóvenes esposos de Caná, para venir a ser El Esposo y la Esposa espirituales del banquete mesiánico”[72].

En esta interpretación se pone como base el sentido simbólico–nupcial del mesianismo, e incluso se eleva la boda de Caná -dentro del mesianismo- a un contexto soteriológico, en el que la Virgen María -como en el calvario- ostenta la dignidad de corredentora, y madre espiritual de los redimidos. En esta línea, acentuada por J.P. Charlier, en el simbolismo de la Esposa de las bodas, ‘colabora’ con Cristo –el Esposo-, en preparar el ‘nuevo vino’. Y en calidad de Esposa es la primera colaboradora de Cristo, que se convierte verdaderamente en una ayuda semejante a El (Gen. 2, 19). Y ‘en la hora en que se realiza el signo, Juan nos presenta a la Virgen-Esposa integrada de la manera más profunda en el plan redentor’ [73], también como corredentora.

En este primer plano de la consideración nupcial descubrimos a María como ‘colaboradora’ con su Hijo al plan redentor de Dios. Pero, adelantando la reflexión, llegamos a descubrir un ‘tema nuevo’ –lo llama I. de la Potterie-: “que se insinúa discretamente en el relato de Caná: el de la ‘maternidad espiritual’ de María, con relación al nuevo Pueblo de Dios. En la tradición bíblica la ‘Hija de Sión’ se representa con frecuencia en su función maternal, que el versículo 5 del Salmo 86 (LXX) expresa muy bien: <<de la madre Sión se dirá: todos han nacido en ella>>[74]

I. de la Potterie extiende su reflexión a otros temas complementarios. Haciendo una síntesis conclusiva de este tema tan sugerente, podemos concluir enlazando la escena de las Bodas con la escena del calvario, como lo hace este autor:

“Al adoptar esta actitud e invitar también a los <<servidores>>, a los discípulos, a una obediencia perfecta, María es la primera que impulsa a los demás a hacerse nuevo pueblo de Dios. Esta idea, implícitamente presente en Juan 2, 1-12, se /Desarrollará más adelante…donde se proclamará de manera explícita la maternidad espiritual de María, para los discípulos de Jesús”[75].

+ Hugo Rahner, desde un punto de vista teológico y más espiritual, adopta en la interpretación de la escena de las bodas de Caná el simbolismo nupcial, que incluye el sentido y el significado eclesial, y que tiene aplicación a muchos momentos de la nueva Alianza, en la sangre de Cristo, porque “su interpretación de las Bodas de Caná comprende todo el desarrollo de la historia de la salvación, desde la primara venida en la Encarnación, hasta el retorno glorioso del Señor al fin de los tiempos”[76], simbolizado en la victoria de la conversión del agua en vino Se mueve en un ambiente místico-simbólico, según el cual en la Alianza María es “la Madre de todos los que son santificados por la fe’ en Jesucristo[77].

Piensa este autor que Jesús, al referirse en Caná a la llegada de su hora, aludió a las escenas del calvario, al punto central de la obra de la redención: a su Pasión y a su muerte. Su sangre derramada era el ‘vino nuevo’ de la nueva y eterna alianza. En los dos momentos está presente su Madre, la Virgen María, la gran mujer en la historia del mundo, que su Hijo proclamará como <<Madre>> de todos los creyentes y el modelo de la Madre Iglesia[78].

Hugo Rahner llega aquí a la cima de su reflexión teológico-bíblica, relacionando el significado de las Bodas de Caná con el punto central de la obra de la Redención: su <<hora>>. Desde esa cumbre contempla la muerte del Señor en la Cruz, y la sangre preparada por María, derramada para la salvación de todos los hombres. En ese momento definitivo Jesús proclama a María, su Madre, Madre de todos los pueblos, de todos los que creerán en El, porque es Madre, figura y modelo de la Iglesia[79].

+ Otros autores proponen interpretaciones muy similares a las que he recogido aquí. El mismo D. Bertetto, conocedor de diversas teorías e interpretaciones, se manifiesta favorable a la tesis de la maternidad espiritual-eclesial de María en las ‘Bodas de Caná, en referencia con la mística del Calvario y la llegada de la hora de Jesús.

Reconoce que Santo Tomás y los autores medievales, siguiendo la interpretación de los Santos Padres , han aportado una serie de datos, que han ayudado a los modernos teólogos y biblistas a conocer más profundamente la función maternal de María en el episodio de las Bodas de Caná.
Aparte de esto, es importante la consideración que hace este autor. Juan, el discípulo amado de Jesús, autor del relato de las Bodas de Caná, no actúa solamente como un simple escritor, que consigna un dato sin más de la historia de Jesús. Parece más probable afirmar que actúa aquí como ‘autor divinamente inspirado’, que pretende ofrecer la enseñanza de un misterio de salvación, al relatar el primer milagro de Jesús.

Es claro que en esta enseñanza la Virgen María manifiesta un gran poder de intercesión ante su Hijo. Se ve así en el primer milagro realizado por Jesús, en la conversión del agua en vino, que afianzó y aumentó la fe de sus discípulos. Por la fe se unieron más espiritualmente a El, y ‘se insertaron vitalmente, como el sarmiento en la vid, en Jesucristo Cabeza del Cuerpo Místico, como los primeros miembros de la Iglesia, familia de los creyentes[80].

María, la Madre de Jesús, invitada personalmente a la Boda, a la que asiste también su Hijo con sus discípulos, actúa aquí ya como la Madre de esa familia espiritual, que es la Iglesia naciente.

NOTA 1ª. Maternidad espiritual de María y la Doctrina Patrística:

La doctrina que hemos expuesto sobre la ‘maternidad espiritual’ de María, siguiendo principalmente el pensamiento del Magisterio de la Iglesia está en conformidad con la tradición patrística y en su mayor parte inspirada por ella. En muchas ocasiones los Papas citan en sus documentos y se remiten a las enseñanzas de los Santos Padres. El mismo Concilio Vaticano II se remite expresamente a la autoridad del Santos Padres, tratando de la maternidad espiritual de María[81].

Esto mismo hacen de forma más amplia los mariólogos y autores de manuales de mariología.La documentación es más abundante, cuando se trata de algunos aspectos particulares de la ‘maternidad espiritual’, por ejemplo: la maternidad espiritual, bajo el aspecto de mediación, de corredención y de distribución de las gracias. Por otra parte, están estudiados algunos aspectos particulares de la maternidad espiritual, según el pensamiento de los Santos Padres. Esta bibliografía, desde hace cuarenta años, está recogida en forma perfecta por el P. Giuseppe M. Besutti, en su ‘Bibliografía Mariana’[82].

NOTA 2ª. Maternidad espiritual de María en el ‘Diálogo ecuménico’.

Diversos autores se han referido al tema de la colaboración de María a la redención-‘maternidad espiritual’ en particular, aparte de otros estudios más generales. En general podemos decir que este tema ha progresado poco en el movimiento ecuménico. No hay avances significativos. Y en ocasiones no se ha prestado atención, y se ha guardado silencio sobre este tema.

+ Las Iglesias luteranas tienen un sistema sobre redención, gracia e iglesia muy distinto del católico, y por lo general, no hablan de maternidad espiritual de María. Hans Asmussen, uno de los teólogos más cercanos a la mariología católica, afirma que María tiene cierta relación con la salvación, que no podemos pensar en Cristo sin pensar en su Madre, y que hay un nuevo nacimiento de la Virgen. Pero, no hay un desarrollo doctrinal[83].

+ Entre autores de formación calvinista destaca Max Thurian, teólogo de la Iglesia Reformada, que habla de la presencia de María en el calvario en un sentido salvífico, participante del los sufrimientos de su Hijo, muy unida a la misión de la Iglesia, muy unida a la obra redentora de Cristo, el único salvador… Estas afirmaciones son muy generales, y son comunes en la mariología católica. Pero, ¿Qué función cumple la Virgen María en la redención?…Max Thurian no tiene un sistema, ni una amplia explicación sobre esto. No obstante él afirma que María es indispensable en la obra de la salvación. ¿En qué sentido?… Tal vez porque es la Madre de Jesús de Nazaret, el único Salvador[84].

+ La más cercana a los católicos es la Iglesia Anglicana. En general, el Anglicanismo incluye en su calendario litúrgico la celebración de cinco fiestas marianas. Y en cuanto a la doctrina, admite las verdades fundamentales que la Iglesia profesaba antes de su separación de la Iglesia de Roma (1534). Maternidad divina, virginidad, etc. Algunos Obispos y teólogos modernos admiten un género de mediación mariana y también de intercesión, en la Comunión de los Santos.

Pero, en el Anglicanismo no existe uniformidad de pensamiento ni de doctrina mariana. No existe propiamente una mariología ‘anglicana’. Y el tema de la ‘maternidad espiritual’ de María, no forma parte de su teología[85]. No obstante, existen en nuestros días algunos teólogos anglicanos, que reconocen una función maternal de María sobre la Iglesia en el calvario. Al parecer, el Papa Juan Pablo en II alude a estos teólogos en la Encíclica sobre La Madre del Redentor, cuando dice en el apartado sobre ‘El camino de la Iglesia, y la unidad de todos los cristianos’, que es un buen auspicio que algunas Iglesias y Comunidades eclesiales no católicas de Occidente estén de acuerdo con la Católica en cuestiones fundamentales de fe y doctrina, y sobre todo en lo que se refiere a la Virgen María, a quien reconocen como Madre de Dios, y la miran a los pies de la cruz, que acoge como hijo suyo al discípulo amado, el cual a su vez la recibe como Madre[86].

Este es un verdadero reconocimiento de la ‘maternidad espiritual’ de María. Algunos autores son partidarios también de una mediación e intercesión de María a favor de los hombres en la ‘Communio Sanctorum’. Representantes del Anglicanismo, participantes en los Congresos Internacionales mariológicos y marianos se manifestaron favorables a estas tesis[87].

* * * *

II. Segunda Parte.

Maria, ‘Modelo’ de la Iglesia

I. Presentación:

1º) Este tema: ‘María, ‘modelo’ de la Iglesia’ en cierto sentido forma una ‘unidad’ con el tema de la ‘maternidad espiritual’, y más propiamente con el de María, Madre de la Iglesia. Son dos amplias cuestiones, o dos temas que mutuamente se complementan. Incluso podríamos afirmar, según mi opinión, que no es posible tener un conocimiento teológico perfecto, completo y adecuado de la ‘maternidad espiritual’, o de María, Modelo de la Iglesia, en la historia de la salvación -como la consideramos aquí- si no incluimos en esa maternidad, o en ‘María, Madre de la Iglesia’ la referencia, o la prerrogativa de su ejemplaridad, o la consideración de María, como modelo y paradigma de la Iglesia y de las almas.

‘Madre’ y ‘Modelo’ son dos conceptos distintos, pero, tienen su afinidad, y gozan de cierta semejanza, desde el punto de vista de las maternidad. Porque, la acción del modelo, que influye en la creación o modelación de un nuevo ser, o de una imagen más o menos perfecta, que reproduce al ejemplar, ¿no es algo similar a una acción maternal?.

El ‘ejemplar’ transmite analógicamente el ser y la vida, su configuración, de una manera del todo singular; pero, semejante al original, como una copia o una reproducción más profunda, y como un hijo se asemeja a su madre, salvando las diferencias.

No se puede negar que un modelo ejerce un verdadero influjo positivo en la creación, o configuración de un nuevo ser, que resulta semejante a sí mismo. Dentro del campo de la analogía, esto tiene cierta similitud con una acción maternal, que se acentúa en el campo de las realidades espirituales, y sobrenaturales, de las que sabemos muy poco.

Esta reflexión tiene una aplicación ajustada en el orden de las realidades espirituales, y dentro de la historia de la salvación. Se puede decir que en este orden es mayor la perfección del ser y más perfecta la semejanza, que en el orden puramente natural, donde a veces las personas y los individuos carecen de influencia y del sentido de la ejemplaridad[88].

Esta consideración general tiene una aplicación perfecta en el ámbito de la ‘maternidad espiritual’ de María, y en el campo de la vida de la Iglesia, y del ejercicio de la vida espiritual de las almas. Ser ‘modelo’ y ‘ejemplo’ son ciertamente conceptos distintos de ‘madre’ y de ‘maternidad’. Pero, aunque diferentes -lo mismo que la educación-, caen dentro de la función adecuada y más perfecta del ser Madre.
Es evidente que la acción maternal no consiste solo en la función de engendrar, o traer al mundo una nueva vida. Su función consiste también -aunque sea como una consecuencia- en su crianza y en su educación, desarrollando las facultades y las virtualidades que encierra su ser, y perfeccionando por ese ejercicio todas sus buenas cualidades.

Estas reflexiones subyacen a unas afirmaciones importantes que hace el Papa Pablo VI acerca de María, como modelo de la Iglesia, que nos sirven también para hacer un planteamiento correcto de este problema. Vamos de lo humano y natural, a lo sobrenatural y espiritual, más perfecto. Dice así el Papa, haciéndose eco de la enseñanza del concilio Vaticano II:

“En efecto; como toda madre humana no puede limitar su misión a la generación de un nuevo hombre, sino que debe extenderla a las ‘funciones de nutrición y educación de la prole; así se comporta la bienaventurada Virgen María. Después de haber participado en el sacrificio redentor del Hijo… Ella continúa ahora desde el cielo cumpliendo su función maternal de cooperación en el nacimiento y en el desarrollo de la vida divina en cada una de las almas de los hombres redimidos. Es esta una verdad muy consoladora que, por libre beneplácito de Dios sapientísimo, forma parte integrante del misterio de la humana salvación. Debe, por tanto, ser considerada de fe por todos los cristianos”[89].

El Papa Pablo VI, sensible a los planteamientos y a la explicación de estos problemas, después del enriquecimiento de la mariología con la doctrina y las perspectivas abiertas por el concilio Vaticano II, con referencia a la ‘maternidad espiritual de Maria y a la de la Iglesia, tiene un texto muy significativo, que nos sirve como tema de reflexión, y punto de partida de nuestras consideraciones sobre este tema.

2º) El reconocimiento y la veneración de la ejemplaridad de María, o de su prerrogativa característica como modelo de la Iglesia y de las almas, es el fundamento, o una forma del culto, con que la honra y la venera la Iglesia, llamado el culto de imitación. Este culto ha sido reconocido oficialmente y practicado en la Iglesia de muy diversas formas desde la época más antigua. Tiene su fundamento en la Biblia, por ejemplo, en el elogio que Isabel, “llena del Espíritu Santo, hizo a voz en grito de la fe de María: Bienaventurada Tú, porque has creído…(cf Lc 42-43). Lo exaltó de forma singular San Ambrosio, y lo recomendó vivamente a sus discípulos, como lo ha recordado, y reconocido en nuestros días el Papa Pablo VI [90].

La imitación de María y su cualidad -que es una verdadera dignidad- como modelo, tuenen su fundamento en su perfección y santidad eminente y singular, reconocida también por la Iglesia. Pero es en efecto y verdaderamente modelo, cuando por su influjo y su ejemplaridad contribuye a modelar su imagen espiritual en las almas. Este es influjo se considera como una causalidad, o una acción positivo de una causa, que causa en las almas los efectos de la santidad. Dicha causalidad, según el pensamiento de algunos mariólogos modernos, esta contenida en los designios salvíficos de Dios, que desde la eternidad eligió a María para Madre y colaboradora con su Hijo el Redentor a la obra de la redención. Esta reflexión parece coherente, ya que el concepto de ‘maternidad espiritual’ incluye la acción espiritual a favor de las almas. Bajo este punto de vista, la imitación de María queda dignificada y elevada al más alto grado, ya que -aparte de otras razones-, María es la personificación inefable de la Iglesia[91].

De aquí podemos deducir el valor y la importancia que tiene este tema para la mariología en general, y de manera particular para la mariología actual. Por una parte, un estudio en profundidad de las relaciones de María, como modelo de la Iglesia, nos conduce a un conocimiento más amplio y más profundo de su misterio en la historia de la salvación, desde su predestinación.

Es posible clarificar más aún la relación íntima entre la ejemplaridad de María, o su cualidad como modelo de la Iglesia, con su maternidad espiritualidad. Esto sería una aportación positiva para la mariología, y una conquista notable para el conocimiento de la Iglesia. Esta es la verdad muy consoladora, como la califica el Papa Pablo VI, que no debe estar ausente en los esquemas de la mariología, como sucede en nuestros días. En muy pocos manuales de Mariología se presta atención a esta cuestión, eminentemente teológica y espiritual.

Algunos mariólogos exponen muy brevemente este tema, relegado a un capítulo final, de una forma vaga e imprecisa, entre cuestiones de religiosidad popular, de espiritualidad mariana, etc; pero no se le da el relieve que tal tema merece. En este contexto, es una honrosa excepción el tratado de mariología del P. Domenico Bertetto, S.D.B., a quien he citado varias veces. Con mucho acierto, desde el punto de vista metodológico, dedica un amplio apartado al estudio de: ‘María Modelo y Ejemplar de la Iglesia’, dentro del capítulo general: ‘María en el misterio de la Iglesia’[92].

c-) El tema: María, Modelo de la Iglesia, tiene dos vertientes, o puede ser considerado desde dos puntos de vista distintos. Quiero decir que incluye dos puntos de referencia. Por una parte, el punto focal de referencia es la misma Virgen María, la Madre de Dios y colaboradora eficiente con su Hijo en la obra de la redención. Bajo este aspecto, consideramos y contemplamos la imagen de María adornada y enriquecida con todas las gracias, las virtudes, los dones del Espíritu Santo, y los carismas particulares, que constituyen los rasgos de su ejemplaridad. Estos rasgos son la irradiación de la perfección que los fieles deben imitar.

Por otra parte, María como modelo =[-el conjunto de sus dones sobrenaturales y de sus perfecciones…-], podemos contemplarla como objeto, o como término de la acción espiritual y sobrenatural de las almas, que se ejercitan en / y practican su imitación. Esta imitación tiene por objeto realidades concretas: virtudes o actitudes de la Virgen María. La imitación es como el eco de la ejemplaridad y de la perfección del modelo, que proyecta sus rayos de luz, que tocan el corazón de las almas, moviéndolas a la imitación; es la respuesta del alma a la influencia, o a la fuerza de atracción, que ejerce sobre ella la irradiación espiritual del modelo.

Estos dos aspectos son diferentes, como aparece a simple vista; pero, son complementarios el uno el otro. La función del modelo es influir en quienes lo contemplan, e irradiar la fuerza de sus perfecciones, y suscitar en ellos la acción de imitación. De lo contrario: ¿para qué sirve un modelo, que no ejerce una influencia en los que lo conocen?…Serviría solamente para ser una pieza de museo.

En forma parecida podemos decir de la imitación, o de la persona que debe practicarla. No es fácil realizar espontáneamente una obra de forma perfecta, si no tenemos un modelo que imitar. Esto tiene especial aplicación y verificación en el orden espiritual y sobrenatural: en la perfección de las almas. Es verdad que una persona puede realizar grandes obras, maravillosas y muy perfectas, siguiendo una inspiración interior. Pero, esto es propio de los genios, y de individuos superdotados. La mayor parte de las personas, máxime en la vida espiritual, necesita guiarse por la inspiración que le suscita un modelo: Jesucristo, la Virgen María, San José, los Santos….

Tratamos aquí de María, modelo de la Iglesia. Me parece que esto no incluye el tema de la imitación, que constituye un capítulo aparte. Por eso, aquí trataré solamente de las cuestiones relativas a la Virgen María, como modelo y ejemplar excepcional para la Iglesia, para sus miembros, sobre los que ejerce una influencia maternal benéfica y permanente.

II. María, Modelo y ejemplar de la Iglesia. El hecho.

¿Es María verdaderamente modelo y ejemplar de la Iglesia? ¿Se trata de una ejemplaridad propia y objetiva, o es más bien simplemente metafórica?. La Virgen María es una persona real e individual, que asunta gloriosamente en cuerpo y alma a los cielos, participa de la eterna bienaventuranza. La Iglesia, por el contrario, es una entidad sobrenatural, una colectividad de carácter jurídico, con unas características muy singulares. Todo lo relativo a la maternidad espiritual y a la ejemplaridad puede tener una denominación común para María y la Iglesia; pero, hay que salvar sus características diferenciales, y particulares[93].

Esto no impide la realidad de una verdadera ejemplaridad espiritual de María para la Iglesia, que se ejerce y se realiza sobre sus miembros. Los interrogantes que hemos formulado incluyen dos problemas. Por una parte, la existencia, o el hecho mismo de la ejemplaridad de María. Y en segundo lugar -suponiendo que la respuesta a la pregunta es afirmativa- ¿cual es la naturaleza, cuáles son las formas, la extensión, la universalidad y las aplicaciones -por concretar unas cuestiones- de esa ejemplaridad?

2. 1.- María es ‘Modelo’, ‘ejemplar’ y ‘Figura’=’icono’ de la Iglesia:

1º)- Presentación: El objetivo de este apartado es aportar las pruebas, argumentos y razones, de carácter teológico, que garantizan la existencia de esta prerrogativa de la Virgen Madre de Dios: modelo de la Iglesia. Conocido así este hecho maravilloso, pasaremos a dar una explicación, teológica también, de su significado principal. Para una comprensión objetiva y razonada de este problema, debemos situarnos en el orden sobrenatural, y dentro de la historia de la salvación, la historia salutis.

La ejemplaridad de María para la Iglesia, o ser modelo perfecto de la Iglesia, están en íntima relación con la maternidad divina y espiritual, y dependen de ellas, por disposición de la voluntad divina. La voluntad de Dios es la que ha dictado, en sus designios eternos de salvación, las razones de la ejemplaridad de la Virgen María con relación a la Iglesia.

En este supuesto, para conocer la existencia, o el hecho de la prerrogativa de: María, Modelo de la Iglesia no debemos acudir a razones meramente humanas. Este hecho está íntimamente unido -como he dicho- a la ‘maternidad espiritual’, y pertenece al orden de la salvación, sabia y armoniosamente establecido por Dios. Es importante a propósito de esto, un texto del Papa Pablo VI, en la primera parte de su Exhortación Apostólica Signum Magnum, -que ya hemos citado más de una vez-. Refiriéndose a la ‘maternidad espiritual’ de la Virgen María, que para él incluye también la ejemplaridad, afirma que es “…una verdad… que por libre beneplácito de Dios sapientísimo forma parte integrante del misterio de la humana salvación[94]

Ante esta perspectiva, para conocer las razones de la ejemplaridad de María tenemos que acudir a la revelación divina y a las enseñanzas del Magisterio vivo de la Iglesia, que en muchas ocasiones recomienda e invita a los fieles a imitar las perfecciones espirituales de la Virgen María, proponiéndola como modelo y ejemplar universal. En todos estos casos el Magisterio reconoce la ejemplaridad de María, y su perfección altísima como modelo singular para la Iglesia.

2º)- María, ‘Modelo’ y ‘ ejemplar’ de la Iglesia, por ser ‘Madre espiritual’ El Papa Pablo VI expone esta idea, y afirma que fue el mismo Jesucristo el que relacionó, y en cierta manera incluyó la ‘ejemplaridad’, y la dignidad de ‘modelo’ en la ‘maternidad espiritual’. Dice así en un texto muy significativo bajo este aspecto:

“Lo que debe estimular a los fieles a seguir los ejemplos de la Virgen Santísima, es el hecho de que Jesús mismo, dándonosla por Madre, la ha señalado tácitamente como ‘modelo’ a seguir; es, en efecto, natural que los hijos tengan los mismos sentimientos que su Madre. Por tanto, así como cada uno de nosotros puede repetir con San Pablo: ‘El Hijo de Dios me ha amado’ (Cf Gal 2, 20; Ef 5, 2); así, con toda confianza puede creer que el Salvador divino le ha dejado también a él en herencia espiritual a su Madre, con todos los tesoros de gracia y de virtud…a fin de que los volcase sobre nosotros, mediante el influjo de su poderosa intercesión, y nuestra voluntariosa imitación”[95].

Podemos añadir a esto el testimonio del Concilio Vaticano II, que afirma y resalta la ejemplaridad de María para la Iglesia, como un hecho, determinando en algunos casos el objeto de su ejemplaridad.

3º)- María, ‘Modelo de la Iglesia’, por su perfección: Entre las razones de la ejemplaridad de María para la Iglesia, esta es una de las más importantes. El modelo debe reunir en sí todas las perfecciones de que son capaces los que deben imitarlo.

Los Papas principalmente comentan y resaltan la importancia de la perfección moral y espiritual de la Virgen María, exhortando a los fieles a su imitación. Aparte de todo, la perfección más elevada es una de las condiciones necesarias, que exige la categoría del ‘Modelo’.

La literatura religiosa sobre esto es muy abundante. Quiero transcribir un texto muy significativo del Papa Pablo VI, relacionado con la proclamación del título: María, Madre de la Iglesia, y por lo mismo también ejemplar y modelo. En el Discurso de clausura de la tercera Sesión del Concilio Vaticano II, después de haber proclamado el título en honor de la Virgen Santísima, y como justificación de esa proclamación, dice:

“En esta vida mortal [María] realizó la figura perfecta del discípulo de Cristo, fue el espejo de todas las virtudes, y realizó plenamente todas las bienaventuranzas predicadas por Cristo. Por lo cual, toda la Iglesia, al desarrollar su variada vida y su actividad, toma el ejemplo absolutísimo de la Virgen Madre de Dios, para imitar perfectamente a Cristo[96].

Unos párrafos adelante, insiste sobre la perfección de la Virgen María, como Modelo de la Iglesia. Recomienda a los Padres Conciliares que eleven en el pueblo cristiano el nivel de la piedad y la devoción hacia la Madre de Dios,

“…proponiéndola como ejemplo a imitar, por su fidelidad, por su obediencia pronta a todo impulso de la gracia celeste y, finalmente, por su vida totalmente confortada según los preceptos de Cristo y el aliento del amor, de modo que todos los fieles, unidos entre sí por el nombre común de Madre, se sientan cada vez más firmes en la confesión de la fe…[97].

4º)- María Modelo de la Iglesia: aspectos concretos: Estos aspectos los ha concretado el Concilio Vaticano II, enseñando implícitamente la existencia de la ejemplaridad de María, como modelo de la Iglesia: como Madre y como Virgen, y en el orden de la fe, de la caridad, y de la unión perfecta con Cristo[98].

El Concilio aquí se acoge a la autoridad y al testimonio de la Tradición patrística, y en particular a la de San Ambrosio, que es uno de los autores más importantes en este tema:

“La Virgen Santísima, por el don y la prerrogativa de la maternidad divina, que la une con su Hijo Redentor, y por sus gracias y dones singulares, está también íntimamente unida a la Iglesia. Como ya enseñó San Ambrosio, la Madre de Dios es tipo de la Iglesia en el orden de la fe… Pues, en el misterio de la Iglesia, que con razón es llamada también madre y virgen, precedió la Santísima Virgen, presentándose de forma eminente y singular como modelo, tanto de la Virgen como de la Madre”[99].

Este texto tiene dos partes, correspondientes a dos ideas importantes. La primera equivale a una afirmación formal del Concilio, que podemos formular así: María es tipo-modelo de la Iglesia. Precisa incluso los puntos de referencia en los que se verifica su ejemplaridad: Madre y Virgen. En esa afirmación aparece también claramente señalada la ejemplaridad de María para la Iglesia, con relación a la maternidad, que al principio del texto aparece como maternidad divina, pero, en cuanto incluye también la maternidad espiritual, o maternidad soteriológica.

La segunda parte del texto clarifica la acción maternal de María sobre la Iglesia, mediante la fe y la obediencia. El Concilio pone de relieve -como uno de los fundamentos de su enseñanza- la fraternidad de los fieles con Cristo, El Hijo primogénito del Padre, y Hermano Mayor de la familia de Dios. La acción maternal sobre la Iglesia se traduce por la cooperación de la Madre a la generación y educación de los hijos de adopción, con su amor materno[100].

Se puede hablar ciertamente de un paralelismo entre María y la Iglesia en este punto, aunque no perfecto. La Iglesia mantiene cierta dependencia de Cristo Cabeza el Cuerpo Místico, y también de María, verdadera Madre espiritual. Según el pensamiento de San Ambrosio, ese paralelismo se manifiesta en el orden de la fe, de la caridad y de la unión perfecta con Cristo. Pienso que hay que reconocer también cierta excelencia de María con relación a la Iglesia, en cuanto Ella es la Madre espiritual de los fieles que constituyen la Iglesia. Esto puede entenderse también de la múltiple intercesión con que en el Cielo la Virgen Asunta cuida con amor materno de los hermanos de su Hijo[101].

5º)- María, Modelo de la Iglesia, en la santidad: El texto mariano del Concilio Vaticano II presenta una atención especial a la santidad de María y de la Iglesia. La función de la Madre consiste en irradiar santidad, y en incrementar la santidad de la Iglesia. La Iglesia a su vez contempla gozosa la santidad de la Madre de gracia, e imita su caridad[102]. La contempla a la luz del Verbo de Dios, hecho hombre, porque la Madre virginal es su ejemplar y su modelo[103].

Bajo este punto de vista, y situándonos en el corazón de este tema, podemos decir todavía algo más. María no es solo un modelo de la santidad de la Iglesia y para la Iglesia. Contemplando a la Virgen Asunta gloriosamente a los cielos, representada en la Mujer del Apocalipsis (12, 1-14), vencedora del dragón de las siete cabezas, y coronada con corona de doce estrella, podemos decir que María es la personificación de la santidad de la Iglesia; es mucho más que un simple modelo, por muy perfecto que este sea.

El Concilio Vaticano II admite y enseña, a mi modo de ver, esta singularidad de la Virgen Inmaculada, toda hermosa, la belleza en sí misma, no solo estética, sino esencial y ontológica, como la definió Pablo VI[104], personificación de la Iglesia en su santidad. Este es el significado de este texto conciliar, tan importante:

“Mientras la Iglesia ha alcanzado en la Santísima Virgen la perfección, por la cual no tiene mancha ni arruga (cf Ef 5, 27), los fieles luchan todavía por crecer en santidad…; por eso, levantan sus ojos a María, que resplandece como modelo de virtudes para toda la comunidad de los elegidos”[105].

María ha llegado ya a la santidad plena. Es la personificación de la santidad más alta y más perfecta, radiante y luminosa, Inmaculada. Es el Icono de la santidad, y como persona singular y única, es la expresión más fiel y representativa de la santidad del Dios infinito en sus perfecciones. La Iglesia,= sus miembros, están en vías de progreso y de incremento en su santidad.

Este progreso se realiza en su mayor parte, en la práctica de las virtudes, y en la vivencia de la oración contemplativa de los fieles. Por este camino los fieles se asemejan cada día más y más al Redentor; y por el ejercicio de la fe, de la esperanza y de la ardiente caridad, y por la obediencia a la palabra y a la voluntad del Padre de las misericordias, se unen más íntimamente, y se configuran de la forma más perfecta con la imagen del Cristo resucitado[106].

6º)- María, Modelo de la Iglesia: Otros aspectos: Las consideraciones que he hecho hasta aquí no agotan el tema de la ejemplaridad de Manía para la Iglesia. Existen otros muchos aspectos de esta ejemplaridad, que se derivan de los rasgos más importantes, y de la aplicación de las enseñanzas de los Papas, y de la verificación de momentos transcendentales en la vida de la Iglesia y de las almas.

Los rasgos que irradia la figura imitable de María, reflejados en el texto mariano del Concilio Vaticano II, son como conceptos e ideas que contribuyen a un conocimiento más objetivo y profundo de la imagen de María. Hoy se hace más necesario este conocimiento, para poner por obra las enseñanzas del Vaticano II sobre la verdadera devoción mariana, que consiste en el conocimiento y el amor a nuestra Madre , Madre de Dios, y en la imitación de sus virtudes [107].

Entre esos otros rasgos de la ejemplaridad de María, podemos proponer como más importantes:

* María, modelo de la Iglesia, en el culto que consiste en hacer de la propia vida
una oblación a Dios[108].
* María, modelo de la Iglesia en el ejercicio del culto litúrgico[109].
* María, modelo de la Iglesia, en las actitudes fundamentales de la vida cristiana[110].
* María, modelo de la Iglesia, en el amor apostólico[111].
* María, modelo de la Iglesia, el más perfecto después de Cristo.
* María, modelo de la Iglesia y universal.

2. 2.- María, modelo de la Iglesia, en sentido propio y objetivo.

Los elementos que integran este apartado son realidades, con sentido propio y objetivo. No se trata de metáforas ni de meros simbolismos. Se trata, sí, de sentidos y significaciones espirituales y sobrenaturales, que comportan una fuerza y un valor mayor que el de las realidades naturales.

María, como personificación de la Iglesia, contiene en sí toda su perfección y santidad. Por eso, en su propia realidad personal, después de Cristo, es el modelo más perfecto del misterio eclesial, y de todos sus miembros. Y no se puede decir que esto sea un simbolismo, o que tenga simplemente un significado metafórico. Es real y objetivo, con la misma objetividad que tienen la Virgen Santísima Madre de Dios, el misterio de la Iglesia, y la gracia y la santidad.

Tal vez no conocemos bien, ni con mucha precisión el mecanismo del influjo espiritual que la Virgen María, como Madre espiritual, ejerce sobre sus hijos. Ella está dotada de todas las perfecciones: reúne en sí y refleja en cierto modo las supremas verdades de la fe[112], y los más elevados dones de la salvación, para irradiarlos sobre las almas, y para atraerlas hacia Jesucristo, con la fuerza de su influencia espiritual, como Mediadora entre Dios y los hombres.

Nada de esto puede interpretarse como una simple metáfora. La Virgen María es modelo eminente de la Iglesia. Por su influencia materna María modela a la Iglesia a su imagen y semejanza, y la configura perfectamente con la imagen de Jesucristo, que es el modelo absoluto de todos los elegidos en la historia de la salvación. Todos deben reflejar su rostro para formar parte de la Jerusalén del cielo (Cf Ef 1, 3-12).
De esta manera, desde la Iglesia, configurados sus miembros con la imagen de la Virgen Madre, modelo de santidad, pueden llegar a configurarse -por el camino más corto y más recto- con la imagen gloriosa y radiante del Hijo de Dios, para ser la alabanza de su gloria (cf. Ef 1, 6).

 

Notas

[1] Pablo VI, ‘Discurso en la sesión de clausura de la tercera etapa conciliar, 21,IX, 1964.- Acta Synodalia Sacrosancti Concilii Vaticani II, vol. III, pars VIII, p. 916.

[2] Me refiero a la antigüedad y al origen del título: ‘Madre de la Iglesia’, no a la antigüedad de la doctrina, tan antigua como la misma Iglesia. Es lo que han hecho: Domenico Bertetto, ‘Maria, Mater Ecclesiae’, en Salesianum, XXVII (1965), 3-64; ID., “Maria, Madre della Chiesa”, Catania, Edizioni Paoline, 1965; D. Fernández, “Orígenes históricos de la expresión ‘Mater Ecclesiae’, en ‘Ephem. Mariologicae, 32 (1982), 189-200;

[3] Aquí hay que tener en cuenta y distinguir la formulación del título, como tal: María, Madre de la Iglesia, y su contenido. Lo cierto es que el Concilio no utiliza en sus textos la formulación del título, pero enseña la doctrina, como enseñanza universal de la Iglesia. La postura del Concilio no parece lógica, ni muy coherente; por eso, no parece lícito argüir de aquí cierta reticencia del Concilio bajo el aspecto doctrinal. No hay que confundir este aspecto con lo que puede ser fruto de una prudencia externa. Ver D. Bertetto, “Maria, la Serva del Signore, l.c., pp. 552-553.

[4] “Nihil antiquius est in doctrina católica, quam B(eatam) Mariam Virginem appellare Matrem hominum” (J.A. de Aldama, ‘Mariologia, se de Matre Redemptoris…, l.c., p. 409, nº 132). Hay que entender esta afirmación en el sentido, según el cual, en el orden sobrenatural la vida espiritual se comunica a las almas por la gracia, por una acción que se llama maternal. Fundamentalmente, es la acción de María, asociada a Su Hijo en la obra de la redención, en la que actuó como Madre corredentora.

[5] Monseñor G. Philips, que vivió el movimiento, el ambientes y las controversias de aquellos años, y que redactó con el franciscano P. Carlos Balic, Presidente de la Pontificia Academia Mariana Internacional de Roma, el texto mariano del Vaticano II, se expresa así acerca de María, Madre de la Iglesia, antes del Vaticano II: “El tema del paralelismo entre María y la Iglesia, ha surgido en la teología contemporanea <antes de 1964> de una manera tan inadvertida, como fulgurante. Al. Müller, ha comparado su aparición a la de un cometa en el mundo mariológico” ( G. Philips, “Marie et l’Eglise’’, en H. de Manoir, “Maria”,…t. VII, Beauchesne, 1964, p. 365.

[6] Juan Pablo II, Enc. “Redemptoris Mater”, 25 de marzo, 1987.La parte III la titula el Papa Mediación materna. Pero, en otros escritos importantes la llama presencia materna. Así en la homilía de la inauguración el Año Mariano, en la Basílica de San Pedro, solemnidad de Pentecostés, 6-VI,1987: “El Obispo de Roma se une con sus Hermanos en el Episcopado, para profundizar en toda la Iglesia, en la perspectiva del Año Mariano, la conciencia de la presencia materna de la Madre de Dios…” (‘Insegnamenti di Giovanni Paolo II, Libreria Editrice Vaticana, X/2, 1988, pp. 2005-06, nº. 6). Ver mi estudio: Enrique Llamas, “La ‘Mediación materna’ de María en la Encíclica ‘Redemptoris Mater’, en Est. Marianos, 61 (1995), pp. 149-180.

[7] Juan Pablo II, Encicl. ‘Redemptoris Mater’, (25, III, 1987), parte III, ns. 38 ss.

[8] “Cum hac spirituali maternitate intime connectuntur, uno vel alio modo, corredemptio, dispensatio gratriarum, et universalis mediatio. Disputatur vero inter theologos, quo ordine haec munera logice inter se connectentur” (J. A. de Aldama, “Mariología…”, l.c., p.408, nº 131. Expone las diversas teorías sobre las prioridades de estos privilegios: corredención, mediación, etc).

[9] Conc. Vaticano II, LG 62.

[10] Conc. Vaticano II, LG 62: “ <María> asunta a los cielos no ha dejado esta misión salvadora, sino que con su múltip’le intercesión continúa obteniéndonos los dones de la salvación eterna” (nº 62). El Concilio llama ‘misión salvadora’ a lo que al principio del párrafo llamó ‘esta Maternidad de María’…

[11] D. Bertetto, “Maria la Serva del Signore . Trattato di Mariologia”, Napoli, Ediz. Dehoniane, 1988, pp. 471 ss.

[12] Los autores no están conformes en la ordenación lógica, o en establecer las prioridades entre esos diversos aspectos. En mi opinión, hay que dar prioridad a la colaboración de María con su Hijo a la obra de redención, que es la maternidad corredentora, y que me parece el fundamento de todo lo demás. Me parece incluso que el Concilio Vaticano II favorece esta opinión, cuando dice, que María en diversos momentos de su vida, “cooperó de forma enteramente singular a la obra del Salvador, con la obediencia, la fe, la esperanza y la ardiente caridad, con el fin de restaurar la vida sobrenatural de las almas. Por eso es nuestra Madre en el orden de la gracia” (LG 61).

[13] Conc. Vaticano II, LG 61.

[14] Ver mi estudio: E. Llamas, “La mediación mariana de María en la Encíclica ‘Redemptoris Mater’, en Est. Marianos, 61 (1995), pp.149-180.

[15] Ver este mismo vol., pp.

[16] La bibliografía sobre este tema, en estos últimos 50 años, es muy abundante. Cito solaente por si interés la obra de Jean Marie Salgado, “La Maternité Spirituelle de la trés Sainte Vierge Marie”, Editrice Vaticana, 1990. El autor ha publicado otros muchos estudios de carácter histórico y doctrinal.

[17] Pablo VI, Discurso en la 2ª Sesión del Concilio Vaticano II, 4, XII, 1963; AAS., 56 (1964), p. 37.

[18] Algunos autores, en aquellos años, fundados en la terminología de: padre, madre, aplicada a los cristianos, sin tener en cuenta la significación de esos términos en el orden espiritual y sobrenatural, hicieron absurdas aplicaciones –en cierta manera irreverentes- llamando a la Virgen ‘abuela’ de los cristianos, si la Iglesia era su Madre, y María la Madre de la Iglesia. Un disparate, por no entender bien la maternidad según el espíritu, y dar más importancia a la maternidad biológica, y a otros factores. Cf D. Bertetto, “Maria, la Serva”…, l.c., pp. 553-554.

[19] Acta Synodalia…Concilii Vaticani II , vol. III, parte VIII, p. 916.

[20] Cf. Concilio Vaticano II, LG 62.

[21] Uno de los casos más señalados fue la situación de la Iglesia en tiempos de Pio IX, que definió el dogma de la Inmaculada Concepción (1854), pidiendo la ayuda materna de María. Y la consiguió.

[22] Pablo VI, Discurso en la clausura de 3ª sesión conciliar, 21,XI, 1964; Acta Synodalia…, vol. III, pars VIII, p. 916. El mismo Concilio Vaticano II, refiriéndose a la ayuda y protección maternal de la Virgen María sobre la Iglesia, dice que “la experimenta continuamente, y la recomienda a la piedad de los fieles” (Vaticano II, LG 62).

[23] Es la idea que expone el Concilio Vaticano II, y que hemos comentado ya, glosando los textos de LG 57.

[24] Juan Pablo II, ‘Alocución’ de 10 de enero, de 1979

[25] Conc. Vaticano II, LG 56.

[26] Cf. A.Luis Iglesias, C.SSR., “Dos Momentos culminantes de la maternidad espiritual: la anunciación y el calvario”, en Est. Marianos, XX (1959), pp. 109-156.

[27] El Vaticano II pone de relieve la importancia de este consensus-‘consentimiento de la Madre, expresamente querido y establecido por el Padre de las misericordias, antes de la realización de la Encarnación, para manifestar que ‘así como la mujer contribuyó a la muerte, también la mujer contribuyese a la vida’ (Conc. Vaticano II, LG 56

[28] Cf. Heb 10. Conc. Vaticano II, 55, traduce: misterios de su carne, por misterios de su humanidad.’

[29] Conc. Vaticano II, LG 56.

[30] Ver, Juan Pablo II, Encíclica RM 13-14; Pablo VI, SM 5; J.M. Bover, ‘Deiparae Virginis consensus corredentionis ac Mediationis fundamentum’, Matriti 1942, 359 pp. José A. de Aldama, S.J. ‘Mariologia, seu de Matre … l.c., nº 133, p. 410.

[31] Conc. Vaticano II, LG 56. El Concilio Vaticano II asocia en este texto expresamente la ‘maternidad espiritual’ de María con su intervención como corredentora con su Hijo: ‘sirviendo al misterio de la redención con El y Bajo El’,… y ‘cooperó a la salvación de los hombres… Este matiz es importante tenerlo en cuante; pues nos ofrece el verdadero concepto de la m.e., como colaboración corredentora.

[32] Pablo VI, SM 5.

[33] San León Magno, Sermón 6 en la Natividad del Señor, ML 54, 213.

[34] San Pío X, Carta Enc., Ad diem illum ( 2 de febrero, 1904), 6; AAS., 36, 452-53.

[35] Pío XII, Enc. Mystici Corporis, (29, VI, 1943); AAS., 35 (1943) 247.

[36] Cf. D. Bertetto, “Maria la Serva” …, o.c., p. 496. En forma parecida, en la escena del Calvario, María, como nueva Eva, asociada místicamente en unión esponsal con el nuevo Adán, comunica los frutos de la redención a la humanidad.

[37] Concilio Vaticano II, LG 56.

[38] Cf Conc. Vaticano II, LG 56. En el texto del Concilio se remite, y se anotan los lugares de varios testimonios de la tradición de la Iglesia.

[39] Cf José Antonio de Aldama, ‘Mariología, seu de .. l.c., nº 139, p. 415, que cita las fuentes, o autores más notable sobre estos aspectos.

[40] Benedicto XIV, Bula ‘Gloriosae Domine’ (27,septiembre, 1748); Bullarium, 2, 428. Afirma que María, en el Calvario es “Madre propia de la Iglesia, recibida de los labios de su Esposo moribundo”

[41] León XIII, Enc. ‘Adiutricem populi’ (5 de septiembre, 1895),: AAS 28, 130: “In Joanne autem, quod perpetuo sensit Ecclesia, designavit Christus personam humani generis”

[42] ‘Passio duorum.,’ Tractado de devotísimas y muy íntimas contemplaciones de la Pasión del Hijo de Dios, y compasión de la Virgen su Madre, por e sta razón llamado Passio duorum”, Valladolid, 1526. Tuvo numerosas ediciones. Sobre esta obra, Ver: J. Meseguer, ‘Passio Duorum’, Autores, ediciones, la obra’, en Arch.Iber-Americano, Barcelona, 29 (2969) 73, ss. J.Antonio de Aldama,S.J., “La piedad mariana en el tratado “Passio duorum”, en Est. Marianos, XLIV (1979), 53-72; E. Llamas, “El dolor salvífico de María: La ‘compassio Mariae’ en los mariólogos españoles de los siglos XVI-XVII”, en Est. Marianos,LXXII (2006), pp. 156-57 (con nota bibliográfica).

[43] Conc. Vaticano II, LG 61.

[44] Conc. Vaticano II, LG 52.

[45] Cf. los textos de Hec 20, 28, y Ef 5, 25-32. San Pablo se refiere al gran misterio de la Iglesia, liberada del pecado por la muerte de Cristo, y purificada por su sangre.

[46] La relación de la escena del calvario con la del paraíso aparece afirmada y explicada en la mariología moderna y en documentos autorizados del Magisterio de la Iglesia. El mismo Vaticano II, en dos ocasiones importantes, hace en el fondo referencia a estos acontecimientos: LG, 56, sobre el consensus de la Virgen María a la Encarnación: LG 56: “…para que de esta manera, así como la mujer contribuyó a la muerte, también la mujer contribuyese a la vida”. .. “y comparándola con Eva, llaman <los Santos Padres> a María <<Madre de los vivientes>>, afirmando aún con mayor frecuencia que <<la muerte vino por Eva, la vida por María>>.

[47] Vaticano II, LG 61: “…Filioque suo in cruce morienti compatiens.

[48] Cf. J. Luis Bastero, “La compassio mariana hasta el siglo XIII”, y Enrique Llamas,ocd., “El dolor salvífico de María. La ‘compassio Mariae’ en los mariólogos españoles de los siglos XVI-XVII”, en Est. Marianos, LXXII (2006), pp. 109-132; y 145-173.

[49] Benedicto XIV, Bula ‘Gloriosae Dominae’, Bullarium, 2, 428.

[50] Papa Pío VIII, ‘Praesentissimus’ (30, marz0, 1830), Bullarium Romanum, 9, 106.

[51] Papa León XIII, “Quamquam pluries” (15, VIII, 1889), ASS 22, 67.

[52] Papa León XIII, “Iucunda semper” (8 septiembre, 1894), ASS 27, 178.

[53] Papa Pío XI, Carta Apostólica, ‘Explorata res est’ ( 2, 02, 1923), AAS 15 (1923), 104.

[54] Papa Pio XI, Carta “Septimo abeunte” (16, julio, 1933); AAS 25 (1933) p. 435.

[55] Pío XII, Discurso de 3 de mayo de 1939, y de 10 de julio de 1945. Ver “Discorsi e Radiomessaggi”, I, 92; y II, 76.

[56] Pio XII, Radiomensaje de 8 de diciembre, 1953; Ver Tondini, “Le Encicliche mariane, 776.

[57] Pío XII, Rediomensaje de 19 de junio, 1947, en AAS, XXXIX (1947), pp. 271-72.

[58] Pio XII, “Mystici Corporis, (29, junio, 1943), AAS XXXV (1943), 247; “Mediator Dei” (20, noviembre, 1947), AAS XXXIX (1947), 582.

[59] Otros datos sobre la maternidad espiritual de María en Oío XII, ver D. Bertetto, “María la Serva del signore, o.c., pp.535-539

[60] Conc. Vaticano II, LG 58. El concilio explica en este texto la presencia de María en el calvario, asociada a su Hijo, que moría en la cruz. Concluye con esta frase: “…y finalmente fue dada <María> por el mismo Cristo Jesús agonizante en la Cruz, como madre, al discípulo con estas palabras: `Mujer, he ahí a tu hijo (cf Jo 19, 26-27). Y remite en nota a: Pio XII, Enc. Mystici Corporis, 29, junio, 1943.

[61] Cf D. Bertetto, “La Madonna nella parola di Paolo VI”, Roma, Las, 1980, passim.

[62] Pablo VI, Exhort. Apostólica, l.c., 1ª Parte, 1.

[63] Juan Pablo II, Alocución, 10 de enero, 1979.

[64] Juan Pablo II, RM 23.

[65] Estas expresiones están tomadas del Concilio Vaticano II, al que se cita en nota: Vaticano II, LG 54 y 53 respectivamente.

[66] Juan Pablo II, RM 23.

[67] Juan Pablo II, RM 24. El Papa, fundado en la armonía y coherencia de los dogmas, recurre al Apocalipsis, 12, 1, al significado simbólico de las bodas de Caná, que explicó anteriormente, y a la tradición patrística (San León Magno), relaciona la Encarnación con el nacimiento de la Iglesia, en laque María mantiene continuadamente una presencia materna.(San Leeriormente, y a l ecurre al ApocaliarmonMrduiene el pensamiento del Papa, sobre la maternidad de Mar en estas pal”

[68] Juan Pablo II, “Salvifici Doloris. El dolor humano”, (11, 02, 1984), 25.

[69] Juan Pablo II, l. c.

[70] Cf. D. Bertetto, “María, la Serva…, l.c., p. 557.

[71] Santo Tomás de Aquino, “In Joannem”, II, lectio 1.

[72] I. de la Potterie,S.J., “María en el misterio de la Alianza”, (traduc. de Bartolomé Perera Gelmes), Madrid, B.A.C., 1993, p. 248. Cf. J.P. Charlier, “Le signe de Caná. Essai de Théologie Johannique (Bruselas, 1959), c. VI, p. 77.

[73] J.P. Charlier, o.p. p. 80.

[74] I. de la Potterie, o.c., p. 249. A. Serra, sigue esta misma linea. Repara en las palaras que María dijo a los servidores de las bodas: Haced lo que El os diga (Jn 2, 5). Piensa que son como ‘testamento’, como en el calvario, que significan ser dóciles a las palabras de Jesús: creer, orestar la obediencia de la fe, y cumplir su voluntad. De este modo, y apoyado en esa autoridad -concluye De la Potterie- se señala implícitamente la maternidad espiritual de María” ( o.c., p. 249); Cf A. Serra, Maria a Cana e sotto la Croce, p. 30.

[75] I. De la Potterie, o.c., pp.249-250.

[76] Hugo Rahner, “María y la Iglesia”, Madrid, Ediciones Cristiandad, 2002, p. 81.

[77] Hugo Rahner, o. c., p. 82.

[78] Hugo Rahner, o.c., pp. 83-84.

[79] Cf Hugo Rahner, o.c., pp.83-84.

[80] Cf. D. Bertetto, “Maria la Serva…, l.c., p.500.

[81] Conc. Vaticano II, LG 56: “Por eso, no pos Padres antiguos afirman…”

[82] Como obras de información sobre la doctrina de los Padres, cito a modo de ejemplo, algunos autores:
A. Rivera, cmf., “María, Madre de los miembros del Cuerpo Mistico, en la tradición Patrística”, en Est.Marianos, XVIII, 1959, pp. 42-73. – Francesco Spedalieri, S.J., “La Maternitá spirituale di Maria. La credenza comume della Chiesa alla fine del s.IV” y “La Maternitá spituale di María” dal Conc. Di Efeso alla fine dell’etá patrística”, en la obra: “Maria nella Scrittura e nella Tradizione della Chiesa, Roma,
1965, pp. 52-118, 227-288. – J.A. de Aldama, S.J., ‘Mariología, seu de Matre Redemptoris’, Madrid, 1956, pp.408-454. – Bertetto, Domenico, Maria la Serva del Signore. Mariología, Napoli, Edizioni Dehoniane, 1988, pp. 81-110: ‘Mariologia Patrística’. – Ponce Cuellar, Miguel, ‘María, Madre del Redentor y Madre de la Iglesia’, Barcelona, Herder, 2001, pp. 201- 284: Segunda Parte: ‘Desarrollo en los Padres’; – González, Carlos Ignacio, ‘María, evangelizada y evangelizadora’, Bogotá, CELAM, 1989; pp.181-286: II Parte: ‘María en la Tradición de la Iglesia’. – Jean Galot, S.J., ‘Maria, la Donna nell’Opera della salveza’, Roma, Pont.Univer. Gregoriana, 1991, pp. 239-378. G.M. Besutti, “Bibliografía Mariana, 1948-1950”, Roma, Marianum, 1950…Se han publicado IX volúmenes…

[83] Cf Hans Asmussen, “Maria die Mutter Gottes”, Stuttgart, Evangelis. Verlagswerk, 1951, pp.110-21.

[84] Cf. Max Thurian, “Marie, Mère du Seigneur, Figure de l’Eglise”, Taizé, Les Presses de,… 1962, p. 142 ss. (Existe traduc. italiana y española…)

[85] Cf. “Doctrine in the Church of England”, The Report of the Comisión on Christian Doctrine,… (1922), London, 1938, pp. 214-215. Cf mi obra: Enrique Llamas Martínez,ocd., “El Anglicanismo, Origen-Historia-Mensaje”, Salamanca, Universidad Pontificia…Centro de Estudios Orientales y Ecuménicos, 2003, pp. 271-179: ‘La Virgen María’ (con bibliografía).

[86] Juan Pablo II, RM 30: “…es un buen auspicio que estas iglesias y Comunidades eclesiales <cristianas de Occidente> concuerden con la Iglesia católica en puntos fundamentales de la fe cristiana, incluso en lo concerniente a la Virgen María. En efecto, la reconocen como Madre del Señor, y consideran que eso forma parte de nuestra fe en Cristo. … miran a María que, a los pies de la cruz, acoge como hijo suyo al discípulo amado, el cual a su vez, la recibe como Madre”.

[87] Ver mis estudios: E. Llamas, ‘Declaración ecuménica del Congreso Mariológico de Malta’, en Pastoral Ecuménica (1984), pp.76-77; ID., ‘Declaraciones mariológicas ecuménicas (1979-1987)’, en Renovación Ecuménica, nº 94 (1988), pp. 7-10.
[88] El Papa Pablo VI resalta el sentido del ‘influjo’, que ejerce un modelo para la creación de la nueva imagen, saliendo al paso de los que pretenden rebajar esa influencia positiva del ‘ejemplo’. Lo hace así al referirse a la Virgen María, modelo de la Iglesia. Habla del ‘influjo’ de su poderosa intercesión, y de ‘otro influjo’, que ejerce sobre los hombres: ‘el del ejemplo. Influjo real importantísimo ( Pablo VI, Signum Magnum =SM (13 de mayo, 1967), nº 5 -segunda parte-, y nº 3, parte primera. Ver Concilio Vaticano II, LG 65

[89] Pablo VI, SM, nº 1, primera parte.

[90] Pablo VI, Marialis Cultus=MC (2, 02, 1974), 21. De San Ambrosio es esta clásica frase, referida a la vida de María: Vita eius omnium est disciplina (“Expositio in Lucam”, II, 26; CSEL, 32, IV p. 45). Sobre San Ambrosio, bajo este aspecto, Cf. Martino Bertagna, OFM., “Elementa cultus mariani apud S. Ambrosium Mediolanensem”, en ‘De primordiis cultus mariani. Acta Congrssus Mariologici-Mariani in Lusitania anno 1967 celebrati’, vol. III, Romae, 1970, pp. 1-16; D. Bertetto, SDB., “De cultu imitationis B.M. Virginia apud Patres latinos”, en ‘De primordiis cultus…, l.c., pp.99118 (sobre San Ambrosio, pp. 101-110)

[91] Sobre esta y otras cuestiones introductorias, Cf. D. Bertetto, “Maria, la Serva…, l.c., pp. 268-270.

[92] D. Bertetto, “Maria, la Serva del Signore, Mariología”, Napoli, Ediz. Dehoniane, 1988. Teniendo en cuenta la enseñanza del Concilio Vaticano II, estudia en este apartado algunas cuestiones importantes: ‘María Santísima ejemplar y modelo de la Iglesia, como Madre y como Virgen (pp.571-579); “María Santísima modelo y ejemplar de la Iglesia en la santidad y en las virtudes”(pp. 579-584); “María Santísima modelo y ejemplar de la Iglesia en la asociación esponsal con Cristo”(pp. 484-586; “María, modelo de los jóvenes” (pp. 588-593); ‘Conclusiones’ (pp.594-595). Hace también una referencia a María y el sacerdocio de la Iglesia (pp.586-588).
[93] Ver mi estudio: Enrique del Sdo. Corazón (Llamas),ocd., “Comparación entre la maternidad espiritual de la Virgen María y la maternidad de la Iglesia”, en Est. Marianos, XX (1959), pp.207-262. Ver también: M.M. Philipon, O.P., “Maternité spirituelle de Marie et de l’Eglise”, en Et. Mariales (1952) pp. 64 ss; Sixto González, O.P., “Maternidad de María y Maternidad de la Iglesia”, en Est. Marianos, XVIII (1957), pp. 301-349.

[94] Pablo VI, SM nº 1, parte primera.

[95] Pablo VI, SM nº 5, parte segunda.

[96] Pablo VI, Discurso de clausura de la 3ª Sesión conciliar, l.c., pp. 916-17.

[97] Pablo VI, Discurso de clausura…, l. c.

[98] Concilio Vaticano II, LG 63.

[99] Conc. Vaticano II, LG 63

[100] Concilio Vaticano II, LG 63: “ Creyendo y obedeciendo, engendró en la tierra al mismo Hijo del Padre, y sin conocer varón…como una nueva Eva, que presta su fe exenta de toda duda… al mensajero de Dios. Dio a luz a quien Dios constituyó primogénito entre muchos hermanos (cf Rom 8, 29), esto es, los fieles, a cuya generación y educación coopera con amor materno”. Este tema, así y en estos mismos términos, lo desarrolla el Papa Pablo VI en Signum Magnum

[101] Cf D. Bertetto, “Maria , la Serva…, l.c., pp. 571-572.
En el número siguiente, el Concilio expone la maternidad espiritual-virginal de la Iglesia, contemplando su santidad eximia, para imitar su caridad. La Iglesia es Virgen, porque por virtud del Espíritu Santo, e imitando a la Madre del Señor, guarda pura e íntegra, y conserva virginalmente la fe, la esperanza, y la caridad sincera (Vaticano II, LG 64).

[102] Conc. Vaticano II, LG 64.

[103] Cf Conc. Vaticano II, LG 65.

[104] Cf Pablo VI, Alocución de 9 de septiembre de 1973 (Oss.Rom., 10, IX, 1973). Cf. mi estudio: E. Llamas, ocd., “Pablo VI, Promotor y Animador de la devoción mariana”, en Rev. de Espiritualidad, nº 143 (1977), p. 328.

[105] Concilio Vaticano II, LG 65.

[106] Cf Conc. Vaticano II, LG 65.

[107] Cf Conc. Vaticano II, LG 67.

[108] Cf Papa Pablo VI, MC, nº 21-22.

[109] Cf Papa Pablo VI, ibid, 34-36.

[110] Cf Pablo VI, MC 34-36.

[111] Cf Conc. Vaticano II, LG 65.

[112] Conc. Vaticano II, LG 65-

Continue Reading

La Verdad Sobre María

Published on July 31, 2012 by in En Espanol

0

Santa María, Madre de Dios, tu has dado al mundo su verdadera luz, Jesús, tu Hijo, el Hijo de Dios. Te has entregado por completo a la llamada de Dios y te has convertido así en fuente de la bondad que mana de Él. Muéstranos a Jesús. Guíanos hacia Él. Enséñanos a conocerlo y amarlo, para que también nosotros podamos ser capaces de un verdadero amor y ser fuentes de agua viva en medio de un mundo sediento.

Papa Benedicto XVI
Encíclica Dios es Amor, No. 42

Al discutir sobre la persona y rol de María, Madre de Jesús, siempre deben ser evitados dos extremos. El primero es el que llamamos el del exceso Mariano. Esto significa poner a la Bienaventurada Virgen al nivel de lo divino, asignarle a María una naturaleza divina que le otorgue igualdad con Dios mismo. Esto, por supuesto viola la verdad revelada, la completa aunque exaltada humanidad de María. Aunque históricamente ha habido pocas ocasiones cuando la Madre de Jesús ha sido puesta como una “diosa”, no obstante, resulta un exceso Mariano que es obviamente, un grave peligro para la fe Cristiana.

El segundo extremo en relación a la persona y rol de la Bienaventurada Virgen, es lo que podemos llamar deficiencia Mariana.

Esto significa minimizar el rol de la Bienaventurada Virgen. ¿Qué se está significando con minimizar el rol de María? Sería el asignarle a María el rol de ser sólo una “buena discípula”, una “hermana del Señor”, un mero “canal físico de Jesús”, pero nada más allá de esto.

Desafortunadamente es este segundo extremo que es encontrado hoy más ampliamente. Este extremo también viola la verdad revelada sobre la Bienaventurada Virgen, puesto que María es revelada, como hablaremos de ello, como intercesora y como Madre Espiritual. El negarle a María el rol de Madre Espiritual es negar ese aspecto tan central en su propia identidad y su relación con Cristo y su Cuerpo, la Iglesia.

Como veremos, hay ejemplos claros en la Escritura del rol de María como intercesora y Madre Espiritual en lugares tales como en las bodas de Caná, Juan 2:1, donde María intercede por el primer milagro de Jesús, lo mismo que en Juan 19:26, donde se le otorga al pie de la Cruz, el rol de Madre Espiritual de Juan, el discípulo amado, y posteriormente de todos los discípulos del Señor.

Podemos encontrar estos dos extremos, exceso Mariano y defecto Mariano, referido en una declaración del Concilio Vaticano II, en relación al balance adecuado de la devoción Mariana:

[El Sínodo] exhorta encarecidamente a los teólogos y a los predicadores de la divina palabra, que se abstenga con cuidado tanto de toda falsa exageración como también de una excesiva estrechez de espíritu, al considerar la singular dignidad de la Madre de Dios. Cultivando el estudio de la Sagrada Escritura, de los Santos Padres y doctores y de las liturgias de la Iglesia, bajo la dirección del Magisterio, ilustren rectamente los dones y privilegios de la Bienaventurada Virgen, que siempre están referidos a Cristo, origen de toda verdad, santidad y piedad. (Lumen Gentium, No. 67).1

La pregunta debe entonces ser formulada: ¿Qué protege a los Cristianos de esos dos extremos Marianos? ¿Qué es lo que nos protege de una “falsa exageración” en exceso Mariano, o “muy resumido en actitud” en términos de defecto Mariano? La respuesta sólo puede ser el oficio de la enseñanza auténtica de la Iglesia, el Magisterio. El Magisterio es esa autoridad de enseñanza que Nuestro Señor ha otorgado a sus apóstoles y sus sucesores, quienes, guiados por el Espíritu Santo, tienen la responsabilidad crucial de salvaguardar, interpretar y servir a la Revelación Divina. Esta es la revelación de Dios como está contenida en ambas, la Tradición Sagrada y la Sagrada Escritura.

Regresemos a las palabras del Concilio Vaticano II y veamos como la Palabra íntegra de Dios nos es revelada:

Con objeto de que el Evangelio se conservara constantemente íntegro y vivo en la Iglesia, los apóstoles dejaron por sucesores suyos a los obispos, “transmitiéndoles su propio cargo de magisterio”. Así pues, esta sagrada tradición y esta Escritura sagrada de uno y otro Testamento son como un espejo en que la Iglesia, peregrina sobre la tierra, contempla a Dios…. La Sagrada Escritura es habla de Dios en cuanto que, por inspiración del Espíritu divino, se consigna por escrito; y la Tradición transmite íntegramente la palabra de Dios que ha sido confiada a los apóstoles…a fin de que, por la iluminación del Espíritu de verdad, fielmente la guarden, expongan y difundan por su predicación; de donde resulta que la Iglesia no toma de la sola Sagrada Escritura su certeza acerca de todas las cosas reveladas. Por lo cual ambas han de ser recibidas y veneradas con igual sentimiento de piedad y con la misma reverencia (Dei Verbum, Nos. 7, 9).

El Concilio indica que es una fuente doble de la revelación de Dios a la humanidad. El primer aspecto de esta fuente doble es la Sagrada Tradición. La Sagrada Tradición comprende las verdades orales de Dios, trasmitidas a los apóstoles y a sus sucesores (el papa y los obispos en unión con el papa), bajo la guía del Espíritu Santo. Vaticano II describe la Sagrada Tradición en la siguiente forma:

La predicación apostólica, que se expresa de modo especial en los libros inspirados, debía conservarse, por sucesión continua, hasta la consumación de los tiempos. De ahí que los apóstoles, al transmitir lo que ellos mismos habían recibido, amonesten a los fieles a que mantengan las tradiciones que aprendieron, ora de palabra, ora por carta (2 Tes 2:15); y que luchen por la fe que les fue transmitida una vez para siempre (Iud 3). Lo que los apóstoles transmitieron comprende todo lo que contribuye a que el pueblo de Dios lleve vida santa y se acreciente la fe; y así la Iglesia, en su doctrina, vida y culto, perpetúa y transmite a todas las generaciones todo lo que ella misa es, todo lo que cree. (Dei Verbum, No. 8).

La Sagrada Escritura es el otro aspecto de esa doble fuente.

La Escritura comprende las verdades divinas de Dios escritas bajo la inspiración del Espíritu Santo. Los libros de la Escritura, como lo anota el Concilio, “con firmeza, con fidelidad y sin error aquella verdad que, por nuestra salud, quiso Dios que quedara consignada en las letras sagradas” (Dei Verbum, No. 11).

El Concilio Vaticano II anota con firmeza que ambos, la Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura deben recibir igual reverencia como aspectos reveladores de Dios revelándose a Sí mismo a la humanidad por nuestra salvación. Este entendimiento de la unidad de la Tradición y la Escritura es muy importante in mariología. Puesto que muchas de las verdades que Dios ha revelado sobre la Madre de Jesús, están firmemente contenidas en la Sagrada Tradición. Al mismo tiempo, la doctrina Mariana deberá también ser al menos reflejada implícitamente en la predicación apostólica, que vino a ser escrita y ahora conocida como el Nuevo Testamento.

El rol de salvaguardar este depósito de fe en la Escritura y en la Tradición, está dado al Magisterio de la Iglesia, el cuerpo oficial de la enseñanza. De nuevo podemos leer del Vaticano II:

La función, empero, de interpretar auténticamente la palabra de Dios, escrita o tradicional, solo ha sido confiada al magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad se ejerce en nombre de Jesucristo. Este magisterio no está por encima de la palabra de Dios, sino a su servicio, de modo que no enseña sino lo que ha sido transmitido, en cuanto que, por divino mandato y con asistencia del Espíritu Santo, piadosamente lo oye, santamente lo guarda y fielmente lo expone, y de este depósito único de la fe saca todo lo que propone para ser creído como divinamente revelado. [de la Tradición y Escritura] (Dei Verbum, No. 10).

Por tanto, el Magisterio, tiene la responsabilidad única de salvaguardar el depósito de la fe que Cristo dio a su Iglesia, la que es guiada por el Espíritu Santo.

¿Porqué una discusión sobre la Revelación Divina es tan crucial para la doctrina y devoción a la Bienaventurada Virgen María? Para sintetizarlo en una sola afirmación podemos decir que: “La ortopraxis Mariana está basada en la ortodoxia Mariana”. “Ortopraxis” es una palabra griega que significa la práctica correcta o devoción correcta. “Ortodoxia” significa la recta o correcta doctrina. Cuando aplicamos esto a la mariología, la devoción a María será auténtica sólo cuando esté basada en una auténtica doctrina que viene de la Palabra de Dios confiada a su Iglesia.

Entonces, la devoción Mariana será auténtica y, como tal, un instrumento de gracia y unión fundamental con Jesucristo, cuando evite ambos el exceso y el defecto Mariano. Para evitar los extremos en la devoción Mariana, debemos construir nuestra veneración a María sólidamente en una auténtica doctrina sobre María. Esto lo recibimos de la Tradición y la Escritura, resguardada por el Magisterio. La verdad de Cristo y su Iglesia es el único fundamento legítimo para una balanceada y legítima devoción a la Madre de Jesús. Brevemente, podemos decir que una verdadera devoción a María está basada en una verdadera doctrina sobre María.

También es críticamente importante el establecer la fuente doble de la Tradición y la Escritura cuando se discuta de la presencia de la doctrina en la Revelación Divina. En ocasiones la pregunta es planteada: “¿Cómo puede un Católico creer en la Inmaculada Concepción de María, o en su Virginidad Perpetua, o en su Asunción, cuando esas doctrinas no están explícitamente contenidas en la Biblia?”

Debemos recordar que la Biblia no es la única fuente de la revelación de Dios. De hecho, el creer que la Biblia es la única fuente de la Revelación es en sí mismo una posición no escriturística, puesto que en ninguna parte de la Biblia se establece que la Escritura es la única fuente de la Revelación. Más bien, Escritura y Tradición constituyen la revelación plena de Dios depositada en la Iglesia (D.V. n. 9), y por tanto una verdad Cristiana no necesita ser explícitamente revelada en la Biblia para ser una auténtica doctrina Cristiana, y esto incluye la doctrina de la Iglesia sobre María. De igual manera, como veremos, cada doctrina de la Iglesia sobre la Madre de Jesús, tiene cuando menos una presencia implícita en la Sagrada Escritura, y esta “semilla” escriturística es entonces nutrida y desarrollada bajo la guía del Espíritu Santo en la Tradición e historia de la Iglesia, hasta que se convierte en el gran “árbol” de una doctrina o dogma Mariano.

En este viaje de doctrina y devoción Mariana empezaremos por discutir la naturaleza de la devoción a María y sus orígenes en los primeros siglos de la Iglesia. En los Capítulos Tres al Seis, examinaremos la doctrina de la Bienaventurada Virgen como se encuentra en las fuentes de la Revelación Divina y como enseñada en el Magisterio de la Iglesia.

Después de que tengamos un entendimiento sólido de la auténtica doctrina Mariana, entonces examinaremos la expresión de una auténtica doctrina Mariana, posteriormente examinaremos la expresión de una auténtica devoción a María. Esto incluye el capítulo que trata sobre el Rosario, la más grande oración Mariana; la consagración a Jesús por María, la coronación de la devoción Mariana; y los mensajes de María al mundo moderno a través de las revelaciones privadas Marianas. Terminaremos con una discusión en “defensa de María”, respondiendo a las objeciones básicas tanto a la doctrina como a la devoción a la Bienaventurada Virgen.

Empecemos nuestro viaje de doctrina y devoción Mariana con la más completa antigua oración Mariana, registrada y fechada aproximadamente en el 250 D.C. Es conocida como la Sub Tuum Praesidium (“Under Your Protection”):

Bajo tu amparo nos acogemos
O Santa Madre de Dios,
no desprecies las suplicas que te dirigimos
en nuestras necesidades,
Antes bien guárdanos de todo peligro,
O siempre Virgen gloriosa y bendita.

Notas

1. Concilio Vaticano Segundo, Constitución Dogmática sobre la Revelación Divina, Dei Verbum, 18 de Noviembre de 1965, Nos. 7, 9.
2. Ibid., No. 8.
3. Ibid., No. 11.
4. Ibid., No. 10.
5. Cf. Ibid., No. 9.

Continue Reading

0

Por: Mark Miravalle, STD

Simposio Internacional sobre la Corredención Mariana, Inglaterra, 23 de Febrero del 2000.

Es una tendencia de la naturaleza humana caída el creer que ha dominado y capturado intelectualmente en forma total un dominio de verdad revelada, la que en realidad llega mucho más allá de las capacidades limitadas de la mente humana, y así previniendo un asombro reverencial apropiado por los misterios de fe divinamente revelados.

La tentación racionalista es tan antigua como el mismo Paraíso (cf. Gén. 3:4-6), y su aceptación en las forma más radical es encarnada en ideologías y movimientos yuxtapuestos tales como el Gnosticismo (y su expresión moderna como “Nueva Era”), Comunismo y Francmasonería. Pero el racionalismo tiene sus formas más sutiles en caminos más próximos al género del Apocalipsis. Tendencias de minimalismo y desmitologismo han infectado en tiempos recientes el cuerpo de la Teología en general, y los miembros específicos de la Mariología no han sido inmunes a estas tendencias.

Quizá una mirada al Este Mariano puede ayudarnos aquí. No sólo la sabiduría antigua de los Santos Cirilo, Efraín, Germano, Andrés y el Damasceno, sino aún la más reciente encíclica curesmal del Patriarca Bartolomeo I de 1998, manifiesta una armonía Bizantina entre la sobresaliente erudición y el respeto humilde por la transcendencia del misterio Mariano, el “otro Mariano” que escapa a la total comprensión del hombre en este tiempo.

“La Señora, la Virgen Madre, brilla como la que concibió alegría para el mundo. Brilla como el sentido de la historia; la meta de la creación; Ella que hizo nuestra composición celestial. Ella brilla como…la gloria de las vírgenes, el aliento de los cielos…la profundidad de misericordias; Ella, el amor que conquista todo deseo.

Deliberadamente siguió a su Hijo, Dios en sí mismo, desde su nacimiento hasta su Pasión y Cruz. Y el Dios-hombre desde lo alto de la Cruz, nos entregó a todos a su Santísima Madre como nuestra Madre en el orden de la gracia.

Ella sostiene nuestra vida y santifica nuestro tiempo…Permanece con nosotros, y con su amor divino, vigilantemente, envuelve toda nuestra vida. Cuida de nosotros como bebés. Nos enseña como a niños. Nos atiende como al enfermo. Nos eleva a una vida de esperanza como la que dio a luz a Dios.

Todos nosotros grandes o pequeños, el bebé recién nacido lo mismo que el que está por morir, necesita la presencia de la Madre de Dios…Somos purificados por medio de sus lágrimas; somos salvados a través de su divina belleza; y mantenemos un silencio santo en la presencia de asombro arrollador”.1

De igual manera debemos buscar un asombro reverencial por la Teotokos y Mediadora que es enteramente humana y sin embargo “indemne” de humanidad, para estar en íntima relación con la Santísima Trinidad para la gloria de Dios y la santificación del hombre, de forma que va más allá de la comprensión humana. ¿Qué no será la primera pregunta del método occidental gradual y quizá inconscientemente “¿ Puede ser esta verdad Mariana entendida por otros?” en lugar de “¿Cómo podemos otorgar justicia y reverencia propia a ese misterio Mariano revelado sobrenaturalmente?”

Más allá de todo esto, la cura para un racionalismo progresivo es una humildad teológica del corazón. Por tanto, con una admisión garantizada de la dimensión apolítica del misterio mediatorio Mariano en relación de Dios con el hombre, echemos una mirada sobre una pequeña
dimensión de la revelación meta-racional de la corredención y mediación de Nuestra Señora en relación con la Santísima Trinidad, luchando en pequeña medida de ver a María no como la ve el hombre, sino como Dios la ve.

Quisiera considerar la sublimidad de la relación de Nuestra Señora con la Santísima Trinidad desde dos perspectivas: primeramente, la revelación histórica y cronológica de María en relación con la Santísima Trinidad tal y como está descrita en los siete puntos simplificados dentro de la “Teología del Corazón”; y segundo, brevemente la relación ontológica de María con las Tres Personas Divinas de la Trinidad, con especial énfasis en su participación única en la acción Trinitaria de la santificación humana, lo que más manifiesta su intimidad y “unión de corazón” sin precedentes con las Tres Personas Divinas.

La Revelación Histórica de Nuestra Señora en Relación con la Trinidad

Punto 1. Abba, Padre de toda la humanidad, creó a la Inmaculada.

Podemos correctamente decir que el Corazón del Padre formó en forma única y especifica el Corazón de María. Entendiendo el significado de la palabra “corazón” como aquella que constituye el rincón más interno, el santuario interno, el tabernáculo espiritual de la persona, ya sea divino o humano, vemos que la creación y modelación sin paralelo del Corazón de la Inmaculada por parte del Padre, es la más grande obra maestra de toda la creación, de las cosas materiales y espirituales, de los coros angélicos y del cosmos.

El Corazón de María es modelado no sólo libre de la mancha del pecado original, no solamente intacto, sino positivamente formado por el Abba Padre con una capacidad totalmente original para recibir a Dios. Ella es la Nueva Eva y la Nueva Arca de la Alianza, construida por el Creador-Carpintero de una madera incorruptible con la precisa misión de llevar la nueva y eterna alianza entre Dios y el hombre. El Corazón del Padre nunca creo ni nunca volverá a crear jamás un corazón humano formado como el Corazón de la Inmaculada.

Punto 2. Entonces, La Inmaculada Regresó Su Corazón al Padre en el acto más grandioso de abandono que jamás haya presenciado la humanidad.

En la Anunciación, la pieza maestra del Abba lleva a cabo el resumen de la consagración total, libre y personal en una entrega incondicional de regreso al Padre de toda la humanidad. El “fiat” de la Inmaculada torna la creación preeminente de Dios, de regreso a El mismo, la cima del abandono humano en respuesta perfecta a la entrega inicial del Padre, tal y como nuestro Santo Padre enseña: “Debe ser reconocido que antes que nadie fue Dios mismo, el Padre Eterno, quien se entregó a sí mismo a la Virgen de Nazaret…”. 2
Es el acto más grande de abandono humano por dos razones. Es el don más grande creado libremente regresado al Abba; y está envuelto en aceptación asentida de sufrimiento corredentivo.

Punto 3. Cuando la Inmaculada regresó su Corazón al Padre, Abba mandó al Espíritu Santo a María, y el Corazón del Espíritu Santo implantó el Corazón del Hijo en el seno de la Inmaculada.

En una segunda ocasión de comunión personal, el Espíritu y la Novia son conjuntados. Después de su unión inicial providencial en la Inmaculada Concepción, el Esposo Divino y la esposa humana son unidos en una unicidad tal que San Maximiliano anota que no queda adecuadamente captada en la expresión “esposa”.

Sólo por una comparación analógica con la misma unión hipostática, en el evento super histórico -llamando a la unión íntima de Sus corazones- puede haber una atribución adecuada a la misteriosa unicidad entre la “Inmaculada Concepción Divina” y la Inmaculada Concepción humana para traer al Redentor del hombre.

La misma unicidad misteriosa de corazón entre el Espíritu y la Novia conducirá a la unicidad de acción santificante captada en la declaración Kolbeana: “La unión entre la Inmaculada y el Espíritu Santo es tan indecible, aún más perfecta, que el Espíritu Santo actúa solamente a través de la Santísima Virgen, su Esposa. Es por esto que es la Mediadora de todas las gracias dadas por el Espíritu Santo. Y puesto que cada gracia es un don de Dios Padre a través de su Hijo y por medio del Espíritu Santo, por tanto no hay gracia de la que María no pueda disponer como de Ella misma, la cual no le es dada con este propósito”3

Con la implantación del Corazón del Hijo en el seno de la Inmaculada, la Madre queda llena de gracia del Padre, Hijo y Espíritu Santo, con una plenitud de gracia inmensamente superior a la plenitud inicial recibida en la concepción. Es el tabernáculo humano de la Trinidad y la Nueva Arca inmaculada, encubierta y protegida por el Espíritu-Shekinah (cf. Ex. 13:21), como la persona humana portadora de la Alianza Eterna entre la Divinidad y la humanidad.

Punto 4: El Corazón de la Madre entonces alimenta y nutre el Corazón del Hijo en su seno, dándole vida humana y salud; y cuando el Hijo nació, formó Su Corazón humano con el Suyo propio, alimentándolo y nutriéndolo con su propio Corazón.

Imagínense la unión espiritual y física de corazón entre la Madre y el Hijo antes de que el Hijo viera la luz del día. Nueve meses de sangre, nutrición y amor nutriente del Corazón de la Madre al Corazón humano del Hijo oculto en su seno; nueve meses de santificación perpetua Eucarística del Sagrado Corazón del Hijo oculto en el seno del Inmaculado Corazón de la Madre. Así empieza la encarnación, unión inseparable de los Dos Corazones.

Y es aquí donde la misión eterna de la Redención y la Corredención toma carne.

En la aclamación de la extinta Madre Teresa: “Desde luego, Ella es la Corredentora. Le dio su cuerpo a Jesús, y el cuerpo de Jesús es lo que nos salvó” 4

“Hemos sido santificados por medio del ofrecimiento del cuerpo de Jesucristo de una vez por todas” (Heb. 10:10).

Punto 5. La unión absoluta entre el Corazón de la Madre y el Corazón del Hijo se completó cuando en la cruz, el Hijo, quien fue traído a la humanidad a través de la Madre por el Espíritu Santo y como un don de amor del Padre, entregó a su Madre a los corazones de toda la humanidad como la Madre de todos los Pueblos.

Aquí se encuentra el punto culminante de la Redención y la Co-rredención y la revelación póstuma al mundo de la unión de los Dos Corazones. Contenido dentro del don de la Madre está la verdad de dicho don: de que el Corazón del Hijo fue traído al mundo a través del Corazón de la Madre, quien formó Su Corazón humano con el Suyo propio. Esto preparara al Corazón de la Madre para la mejor formación de otros corazones humanos para que estén en completa unión con el Corazón de Su Hijo.

El precio de este unión de corazón por parte de la Madre, unión de corazón que contiene y refleja la alianza misma entre la Divinidad y la humanidad, será una “crucifixión espiritual” en unicidad con el Hijo y en obediencia al Padre:

“…Aceptando y asistiendo al sacrificio de su Hijo, María es el amanecer de la Redención…Crucificada espiritualmente con su Hijo crucificado (cf. Gál. 2:20), contempló con amor heroico la muerte de su Dios, ‘consintió amorosamente a la inmolación de esta Víctima que ella misma había traído (Lumen Gentium, 58)…”

De hecho, en el Calvario se unió a sí misma con el sacrificio de su Hijo conduciendo al establecimiento de la Iglesia; su corazón maternal a lo más profundo de la voluntad de Cristo ‘para unir en uno sólo a los hijos dispersos de Dios” (Jn. 11:52). Habiendo sufrido por la Iglesia, María merece ser la Madre de todos los discípulos de su Hijo, la Madre de su unidad…

Puesto que estuvo unida de manera especial a la Cruz de su Hijo, también tuvo el privilegio de experimentar su Resurrección. De hecho, el rol de María como Corredentora no cesó con la glorificación de su Hijo”5; Juan Pablo II.

“María permanece en el punto crucial de la historia humana y especialmente en el punto crucial de la historia de la mujer…como Co-rredentora al lado del Redentor, emerge del orden natural. Ambos, la Madre y el Hijo brotan de la raza humana…”6; Sta. Edith Stein. “Sufre junto con su Hijo, y en su espíritu experimenta Su muerte”7; von Baltazar.

“Por la naturaleza de su obra, el Redentor debe tener asociada a su Madre con su obra. Por esta razón, la invocamos con el título de Corredentora. Nos dio al Salvador, lo acompañó en la obra de la Redención hasta la Cruz misma, compartiendo con El las penas de la agonía y la muerte, en la cual, Jesús consumó la Redención de la humanidad e inmediatamente bajo la Cruz, en los últimos momentos de su vida, fue proclamada por el Redentor como nuestra Madre, la Madre del universo entero”8; Pío XI.

Su Corazón con sangre, su Corazón con lágrimas, juntos redimen el mundo.

“He ahí a tu Madre” (Jn. 19:26), un don del Corazón del Redentor para cada corazón humano, para todas las gentes y naciones. Aún así, se requiere de obediencia para aceptar este don el que, paradójicamente, puede ser adecuadamente sobrevalorizado por el corazón humano después de que ha sido recibido, abierto y llevado “a su propia casa” (Jn. 19:27).

Punto 6. También es el Corazón de la Madre quien dio a toda la humanidad el Corazón Divino del Padre, a través del Corazón del Hijo, puesto que el Corazón de Jesús revela y manifiesta el Corazón del Abba Padre.

El Corazón del Hijo es la manifestación del Corazón del Padre, dándole carne por medio del Corazón de la Madre y perforado por adopción humana. “Al llegar la plenitud de los tiempos envió Dios a su Hijo nacido de mujer” (Gál. 4:4). La única missio que une los Corazones del Hijo y de la Madre, una missio que está ordenada por y revela al mismo tiempo el Corazón del Padre, es el amor-redentor que produce “hijos adoptivos” (Gál. 4:5).

Y es el Espíritu del Hijo y el Esposa de la Mujer que gimen en los corazones de los adoptados, en reconocimiento eterno de que el origen de la misión del amor redentivo y corredentivo proviene del Corazón del Abba, el Corazón del Santificador iluminando e inspirando el corazón de los adoptados para clamar ¡Abba, Padre! (Gál. 4:6).

Punto 7. Ahora la Madre de todos los pueblos, dada a nosotros como Madre por el Corazón del Hijo, busca alimentar y nutrir los corazones de la humanidad como lo hizo con el Corazón humano de Su Hijo.

Cuando los corazones de la humanidad hayas sido alimentados y nutridos espiritualmente por el Corazón de la Madre y Ella haya formado los corazones del hombre como sólo la Inmaculada puede hacerlo, entonces llevará nuestros corazones a la unión con el Corazón del Hijo como sólo Ella puede hacerlo. Conoce el Corazón del Hijo como ninguna otra criatura terrenal o celeste.

La Madre del Corazón del Hijo desea formar personal e individualmente los corazones de la humanidad, para una comunión de corazón con el Corazón Eucarístico de Jesús, el que, por una perfecta disposición de la Santísima Trinidad, es alcanzable sólo a través de la formación directa por el Corazón de la Madre. Es sólo a través del Corazón de la Madre que la humanidad puede ser llevado al rincón más íntimo del Corazón del Hijo.

El Corazón de la Inmaculada es el portal entre la Divinidad y la humanidad; el facilitador y traductor de la Divinidad para la humanidad, tal que permita hacer la Divinidad recibible y entendible para el corazón humano.

El Corazón de María, que es providencialmente moldeada y destinada por la Santísima Trinidad como la Inmaculada que forma todos los corazones humanos con capacidad espiritual para recibir a Dios, y que alimenta los corazones del hombre de gracias Trinitarias con una eficacia inconmensurable, debe ser debidamente reconocida y reverenciada como la Madre de todos los Pueblos.

Relación Ontológica entre Nuestra Señora y las Tres Divinas Personas tal y como se manifiesta en la Corredención y Mediación

Sus títulos son sus obras; sus títulos son sus funciones. Sus títulos manifiestan la necesaria unión de corazón entre el Corazón Inmaculado y las Tres Divinas Personas, misma que permite tal participación íntima en la acción Trinitaria en favor de la santificación del hombre.

Sus títulos son sus obras maternales y alimentadoras para el hombre, pero primero revelan una unicidad de corazón con las Tres Divinas personas, individual y colectivamente, tal que le permite ser la portadora de la alianza entre la Divinidad y la humanidad.

Hija y Corredentora por el Padre-Creador

A pesar de ser común y propiamente yuxtapuesta con el Redentor como el título lo denota, también debe ser entendido que la misión de la Corredentora es iniciada por el Abba Padre. La Hija Virgen es modelada inmaculada desde el principio por el Padre Creador, para que desde el principio la Mujer pueda compartir íntimamente en el aplastamiento del Mentiroso y su descendencia (Gén. 3:15).

La misión redentora-corredentora viene del Padre, es dirigida por el Padre y lleva a la gloria del Padre como es debido (cf. Gál. 4:6), y de aquí también con el rol de Corredentora: La criatura más grandiosa de Abba y la criatura más horrenda de Abba en guerra absoluta, con ramificación eterna para el resto de las criaturas de Abba (cf. Apo. 12:1-6).

Madre y Mediadora con el Hijo-Mediador

En respuesta a la invitación arcangélica, la Inmaculada verdaderamente medía a la humanidad con la Divinidad en el acto de dar carne a la Palabra, y así se convierte en Madre y Mediadora para el Hijo (Lc 1:38). Como Sn. Agustín nos recuerda, lo que es físicamente para el Hijo, así lo es para el Cuerpo espiritual de su Hijo, para los miembros de ese Cuerpo9 –Madre y Mediadora con y supeditada al Hijo-Mediador de todos los pueblos.

Primero Ella medió al Autor de toda gracia para la familia humana. Luego Ella medía toda la gracia del Autor de la familia humana. Su mediación, una participación sin precedentes en la mediación única de Cristo (1 Tim 2:5), manifiesta el poder y la gloria de El (cf. L.G. 60), que testifica, y debidamente lleva, a la alabanza de ambos.

Esposa y Abogada en el Espíritu-Abogado

El Esposo Divino y la esposa humana que llegaron juntos a la voluntad del Padre de toda la humanidad para traer el Corazón del Hijo, ahora continúan en unión inefable de corazón para llevar las peticiones de la humanidad al Corazón del Hijo. El Espíritu y la Novia, el primero Divino y la segunda humana, santifican como uno solo. En términos Kolbeanos, la “Inmaculada Concepción increada”10 y la Inmaculada Concepción creada, Divino el primero, humana la segunda, actúan como uno solo. De la misma manera, el Divino Abogado (cf. Jn. 15:16) y la Abogada humana, uno Divino y la otra humana, actúan como uno en llevar las necesidades pedidas de los corazones humanos al Corazón del Hijo.

Y así como en el Cenáculo vemos a la Abogada humana “por sus oraciones implorando los dones del Espíritu quien la cubrió con su sombra en la Anunciación” (L.G. 59), así también hoy, la Abogada humana implora al Espíritu-Abogado por un nuevo Pentecostés, en respuesta y cumplimiento de las necesidades de todos los corazones humanos; por la presencia y reino renovado del Corazón del Hijo en cada corazón humano.

Conclusión

Por tanto esforcémonos por un enfoque y metodología más Trinitaria para la Mariología del Tercer Milenio, humildemente buscando y orando para captar y comprender más el amor Trinitario y la visión de la Nueva Arca entre la Divinidad y la humanidad. Que la Madre de Todos los Pueblos pronto sea vista en su más completa gloria, para la alegría de la Santísima Trinidad y para la mayor salvación y santificación de su familia humana.

Notes

1 Patriarca Ecuménico Bartolomeo I, “Encíclica Universal de Cuaresma sobre la Madre de Dios y Madre de Todos Nosotros en el Orden de la Gracia”, Marzo de 1998.

2 Redemptoris Mater, n. 39

3 “Carta al P. Salezy Mikolaczyk, 28 de Julio de 1935, como fue encontrada en Monteau-Bonamy, La Inmaculada Concepción y el Espíritu Santo, p. 99.

4 Audiencia con la Madre Teresa, 14 y 15 de Agosto de 1993, Calcuta, India.

5 Alocución Papal en el Santuario de Nuestra Señora de la Alborada, Guayaquil, 31 de Enero de 1985 [ORE, 876:7].

6 Edith Stein, “Problemas de la Educación de la Mujer” en Mujer.

7 Hans urs von Balthazar, La Girnalda de Tres Dobleces, Ignatius Press, p. 102.

8 Alocución Papal a los Peregrinos de Vicenza, 30 de Noviembre de 1933, L’Osservatore Romano, 1 de Dic. 1933.
Punto 6. También es el Corazón de la Madre quien dio a toda la humanidad el Corazón Divino del Padre, a través del Corazón del Hijo, puesto que el Corazón de Jesús revela y manifiesta el Corazón del Abba Padre.

9 San Agustín, cf. De s. Virginitate 6,6

10 Cf. Manteau-Bonamy, La Inmaculada Cancepción y el Espíritu Santo, Ch. 2.

Continue Reading

0

Por: Mark Miravalle, STD

Simposio Internacional sobre la Corredención Mariana, Inglaterra, 23 de Febrero del 2000.

Es una tendencia de la naturaleza humana caída el creer que ha dominado y capturado intelectualmente en forma total un dominio de verdad revelada, la que en realidad llega mucho más allá de las capacidades limitadas de la mente humana, y así previniendo un asombro reverencial apropiado por los misterios de fe divinamente revelados.

La tentación racionalista es tan antigua como el mismo Paraíso (cf. Gén. 3:4-6), y su aceptación en las forma más radical es encarnada en ideologías y movimientos yuxtapuestos tales como el Gnosticismo (y su expresión moderna como “Nueva Era”), Comunismo y Francmasonería. Pero el racionalismo tiene sus formas más sutiles en caminos más próximos al género del Apocalipsis. Tendencias de minimalismo y desmitologismo han infectado en tiempos recientes el cuerpo de la Teología en general, y los miembros específicos de la Mariología no han sido inmunes a estas tendencias.

Quizá una mirada al Este Mariano puede ayudarnos aquí. No sólo la sabiduría antigua de los Santos Cirilo, Efraín, Germano, Andrés y el Damasceno, sino aún la más reciente encíclica curesmal del Patriarca Bartolomeo I de 1998, manifiesta una armonía Bizantina entre la sobresaliente erudición y el respeto humilde por la transcendencia del misterio Mariano, el “otro Mariano” que escapa a la total comprensión del hombre en este tiempo.

“La Señora, la Virgen Madre, brilla como la que concibió alegría para el mundo. Brilla como el sentido de la historia; la meta de la creación; Ella que hizo nuestra composición celestial. Ella brilla como…la gloria de las vírgenes, el aliento de los cielos…la profundidad de misericordias; Ella, el amor que conquista todo deseo.

Deliberadamente siguió a su Hijo, Dios en sí mismo, desde su nacimiento hasta su Pasión y Cruz. Y el Dios-hombre desde lo alto de la Cruz, nos entregó a todos a su Santísima Madre como nuestra Madre en el orden de la gracia.

Ella sostiene nuestra vida y santifica nuestro tiempo…Permanece con nosotros, y con su amor divino, vigilantemente, envuelve toda nuestra vida. Cuida de nosotros como bebés. Nos enseña como a niños. Nos atiende como al enfermo. Nos eleva a una vida de esperanza como la que dio a luz a Dios.

Todos nosotros grandes o pequeños, el bebé recién nacido lo mismo que el que está por morir, necesita la presencia de la Madre de Dios…Somos purificados por medio de sus lágrimas; somos salvados a través de su divina belleza; y mantenemos un silencio santo en la presencia de asombro arrollador”.1

De igual manera debemos buscar un asombro reverencial por la Teotokos y Mediadora que es enteramente humana y sin embargo “indemne” de humanidad, para estar en íntima relación con la Santísima Trinidad para la gloria de Dios y la santificación del hombre, de forma que va más allá de la comprensión humana. ¿Qué no será la primera pregunta del método occidental gradual y quizá inconscientemente “¿ Puede ser esta verdad Mariana entendida por otros?” en lugar de “¿Cómo podemos otorgar justicia y reverencia propia a ese misterio Mariano revelado sobrenaturalmente?”

Más allá de todo esto, la cura para un racionalismo progresivo es una humildad teológica del corazón. Por tanto, con una admisión garantizada de la dimensión apolítica del misterio mediatorio Mariano en relación de Dios con el hombre, echemos una mirada sobre una pequeña
dimensión de la revelación meta-racional de la corredención y mediación de Nuestra Señora en relación con la Santísima Trinidad, luchando en pequeña medida de ver a María no como la ve el hombre, sino como Dios la ve.

Quisiera considerar la sublimidad de la relación de Nuestra Señora con la Santísima Trinidad desde dos perspectivas: primeramente, la revelación histórica y cronológica de María en relación con la Santísima Trinidad tal y como está descrita en los siete puntos simplificados dentro de la “Teología del Corazón”; y segundo, brevemente la relación ontológica de María con las Tres Personas Divinas de la Trinidad, con especial énfasis en su participación única en la acción Trinitaria de la santificación humana, lo que más manifiesta su intimidad y “unión de corazón” sin precedentes con las Tres Personas Divinas.

La Revelación Histórica de Nuestra Señora en Relación con la Trinidad

Punto 1. Abba, Padre de toda la humanidad, creó a la Inmaculada.

Podemos correctamente decir que el Corazón del Padre formó en forma única y especifica el Corazón de María. Entendiendo el significado de la palabra “corazón” como aquella que constituye el rincón más interno, el santuario interno, el tabernáculo espiritual de la persona, ya sea divino o humano, vemos que la creación y modelación sin paralelo del Corazón de la Inmaculada por parte del Padre, es la más grande obra maestra de toda la creación, de las cosas materiales y espirituales, de los coros angélicos y del cosmos.

El Corazón de María es modelado no sólo libre de la mancha del pecado original, no solamente intacto, sino positivamente formado por el Abba Padre con una capacidad totalmente original para recibir a Dios. Ella es la Nueva Eva y la Nueva Arca de la Alianza, construida por el Creador-Carpintero de una madera incorruptible con la precisa misión de llevar la nueva y eterna alianza entre Dios y el hombre. El Corazón del Padre nunca creo ni nunca volverá a crear jamás un corazón humano formado como el Corazón de la Inmaculada.

Punto 2. Entonces, La Inmaculada Regresó Su Corazón al Padre en el acto más grandioso de abandono que jamás haya presenciado la humanidad.

En la Anunciación, la pieza maestra del Abba lleva a cabo el resumen de la consagración total, libre y personal en una entrega incondicional de regreso al Padre de toda la humanidad. El “fiat” de la Inmaculada torna la creación preeminente de Dios, de regreso a El mismo, la cima del abandono humano en respuesta perfecta a la entrega inicial del Padre, tal y como nuestro Santo Padre enseña: “Debe ser reconocido que antes que nadie fue Dios mismo, el Padre Eterno, quien se entregó a sí mismo a la Virgen de Nazaret…”. 2
Es el acto más grande de abandono humano por dos razones. Es el don más grande creado libremente regresado al Abba; y está envuelto en aceptación asentida de sufrimiento corredentivo.

Punto 3. Cuando la Inmaculada regresó su Corazón al Padre, Abba mandó al Espíritu Santo a María, y el Corazón del Espíritu Santo implantó el Corazón del Hijo en el seno de la Inmaculada.

En una segunda ocasión de comunión personal, el Espíritu y la Novia son conjuntados. Después de su unión inicial providencial en la Inmaculada Concepción, el Esposo Divino y la esposa humana son unidos en una unicidad tal que San Maximiliano anota que no queda adecuadamente captada en la expresión “esposa”.

Sólo por una comparación analógica con la misma unión hipostática, en el evento super histórico -llamando a la unión íntima de Sus corazones- puede haber una atribución adecuada a la misteriosa unicidad entre la “Inmaculada Concepción Divina” y la Inmaculada Concepción humana para traer al Redentor del hombre.

La misma unicidad misteriosa de corazón entre el Espíritu y la Novia conducirá a la unicidad de acción santificante captada en la declaración Kolbeana: “La unión entre la Inmaculada y el Espíritu Santo es tan indecible, aún más perfecta, que el Espíritu Santo actúa solamente a través de la Santísima Virgen, su Esposa. Es por esto que es la Mediadora de todas las gracias dadas por el Espíritu Santo. Y puesto que cada gracia es un don de Dios Padre a través de su Hijo y por medio del Espíritu Santo, por tanto no hay gracia de la que María no pueda disponer como de Ella misma, la cual no le es dada con este propósito”3

Con la implantación del Corazón del Hijo en el seno de la Inmaculada, la Madre queda llena de gracia del Padre, Hijo y Espíritu Santo, con una plenitud de gracia inmensamente superior a la plenitud inicial recibida en la concepción. Es el tabernáculo humano de la Trinidad y la Nueva Arca inmaculada, encubierta y protegida por el Espíritu-Shekinah (cf. Ex. 13:21), como la persona humana portadora de la Alianza Eterna entre la Divinidad y la humanidad.

Punto 4: El Corazón de la Madre entonces alimenta y nutre el Corazón del Hijo en su seno, dándole vida humana y salud; y cuando el Hijo nació, formó Su Corazón humano con el Suyo propio, alimentándolo y nutriéndolo con su propio Corazón.

Imagínense la unión espiritual y física de corazón entre la Madre y el Hijo antes de que el Hijo viera la luz del día. Nueve meses de sangre, nutrición y amor nutriente del Corazón de la Madre al Corazón humano del Hijo oculto en su seno; nueve meses de santificación perpetua Eucarística del Sagrado Corazón del Hijo oculto en el seno del Inmaculado Corazón de la Madre. Así empieza la encarnación, unión inseparable de los Dos Corazones.

Y es aquí donde la misión eterna de la Redención y la Corredención toma carne.

En la aclamación de la extinta Madre Teresa: “Desde luego, Ella es la Corredentora. Le dio su cuerpo a Jesús, y el cuerpo de Jesús es lo que nos salvó” 4

“Hemos sido santificados por medio del ofrecimiento del cuerpo de Jesucristo de una vez por todas” (Heb. 10:10).

Punto 5. La unión absoluta entre el Corazón de la Madre y el Corazón del Hijo se completó cuando en la cruz, el Hijo, quien fue traído a la humanidad a través de la Madre por el Espíritu Santo y como un don de amor del Padre, entregó a su Madre a los corazones de toda la humanidad como la Madre de todos los Pueblos.

Aquí se encuentra el punto culminante de la Redención y la Co-rredención y la revelación póstuma al mundo de la unión de los Dos Corazones. Contenido dentro del don de la Madre está la verdad de dicho don: de que el Corazón del Hijo fue traído al mundo a través del Corazón de la Madre, quien formó Su Corazón humano con el Suyo propio. Esto preparara al Corazón de la Madre para la mejor formación de otros corazones humanos para que estén en completa unión con el Corazón de Su Hijo.

El precio de este unión de corazón por parte de la Madre, unión de corazón que contiene y refleja la alianza misma entre la Divinidad y la humanidad, será una “crucifixión espiritual” en unicidad con el Hijo y en obediencia al Padre:

“…Aceptando y asistiendo al sacrificio de su Hijo, María es el amanecer de la Redención…Crucificada espiritualmente con su Hijo crucificado (cf. Gál. 2:20), contempló con amor heroico la muerte de su Dios, ‘consintió amorosamente a la inmolación de esta Víctima que ella misma había traído (Lumen Gentium, 58)…”

De hecho, en el Calvario se unió a sí misma con el sacrificio de su Hijo conduciendo al establecimiento de la Iglesia; su corazón maternal a lo más profundo de la voluntad de Cristo ‘para unir en uno sólo a los hijos dispersos de Dios” (Jn. 11:52). Habiendo sufrido por la Iglesia, María merece ser la Madre de todos los discípulos de su Hijo, la Madre de su unidad…

Puesto que estuvo unida de manera especial a la Cruz de su Hijo, también tuvo el privilegio de experimentar su Resurrección. De hecho, el rol de María como Corredentora no cesó con la glorificación de su Hijo”5; Juan Pablo II.

“María permanece en el punto crucial de la historia humana y especialmente en el punto crucial de la historia de la mujer…como Co-rredentora al lado del Redentor, emerge del orden natural. Ambos, la Madre y el Hijo brotan de la raza humana…”6; Sta. Edith Stein. “Sufre junto con su Hijo, y en su espíritu experimenta Su muerte”7; von Baltazar.

“Por la naturaleza de su obra, el Redentor debe tener asociada a su Madre con su obra. Por esta razón, la invocamos con el título de Corredentora. Nos dio al Salvador, lo acompañó en la obra de la Redención hasta la Cruz misma, compartiendo con El las penas de la agonía y la muerte, en la cual, Jesús consumó la Redención de la humanidad e inmediatamente bajo la Cruz, en los últimos momentos de su vida, fue proclamada por el Redentor como nuestra Madre, la Madre del universo entero”8; Pío XI.

Su Corazón con sangre, su Corazón con lágrimas, juntos redimen el mundo.

“He ahí a tu Madre” (Jn. 19:26), un don del Corazón del Redentor para cada corazón humano, para todas las gentes y naciones. Aún así, se requiere de obediencia para aceptar este don el que, paradójicamente, puede ser adecuadamente sobrevalorizado por el corazón humano después de que ha sido recibido, abierto y llevado “a su propia casa” (Jn. 19:27).

Punto 6. También es el Corazón de la Madre quien dio a toda la humanidad el Corazón Divino del Padre, a través del Corazón del Hijo, puesto que el Corazón de Jesús revela y manifiesta el Corazón del Abba Padre.

El Corazón del Hijo es la manifestación del Corazón del Padre, dándole carne por medio del Corazón de la Madre y perforado por adopción humana. “Al llegar la plenitud de los tiempos envió Dios a su Hijo nacido de mujer” (Gál. 4:4). La única missio que une los Corazones del Hijo y de la Madre, una missio que está ordenada por y revela al mismo tiempo el Corazón del Padre, es el amor-redentor que produce “hijos adoptivos” (Gál. 4:5).

Y es el Espíritu del Hijo y el Esposa de la Mujer que gimen en los corazones de los adoptados, en reconocimiento eterno de que el origen de la misión del amor redentivo y corredentivo proviene del Corazón del Abba, el Corazón del Santificador iluminando e inspirando el corazón de los adoptados para clamar ¡Abba, Padre! (Gál. 4:6).

Punto 7. Ahora la Madre de todos los pueblos, dada a nosotros como Madre por el Corazón del Hijo, busca alimentar y nutrir los corazones de la humanidad como lo hizo con el Corazón humano de Su Hijo.

Cuando los corazones de la humanidad hayas sido alimentados y nutridos espiritualmente por el Corazón de la Madre y Ella haya formado los corazones del hombre como sólo la Inmaculada puede hacerlo, entonces llevará nuestros corazones a la unión con el Corazón del Hijo como sólo Ella puede hacerlo. Conoce el Corazón del Hijo como ninguna otra criatura terrenal o celeste.

La Madre del Corazón del Hijo desea formar personal e individualmente los corazones de la humanidad, para una comunión de corazón con el Corazón Eucarístico de Jesús, el que, por una perfecta disposición de la Santísima Trinidad, es alcanzable sólo a través de la formación directa por el Corazón de la Madre. Es sólo a través del Corazón de la Madre que la humanidad puede ser llevado al rincón más íntimo del Corazón del Hijo.

El Corazón de la Inmaculada es el portal entre la Divinidad y la humanidad; el facilitador y traductor de la Divinidad para la humanidad, tal que permita hacer la Divinidad recibible y entendible para el corazón humano.

El Corazón de María, que es providencialmente moldeada y destinada por la Santísima Trinidad como la Inmaculada que forma todos los corazones humanos con capacidad espiritual para recibir a Dios, y que alimenta los corazones del hombre de gracias Trinitarias con una eficacia inconmensurable, debe ser debidamente reconocida y reverenciada como la Madre de todos los Pueblos.

Relación Ontológica entre Nuestra Señora y las Tres Divinas Personas tal y como se manifiesta en la Corredención y Mediación

Sus títulos son sus obras; sus títulos son sus funciones. Sus títulos manifiestan la necesaria unión de corazón entre el Corazón Inmaculado y las Tres Divinas Personas, misma que permite tal participación íntima en la acción Trinitaria en favor de la santificación del hombre.

Sus títulos son sus obras maternales y alimentadoras para el hombre, pero primero revelan una unicidad de corazón con las Tres Divinas personas, individual y colectivamente, tal que le permite ser la portadora de la alianza entre la Divinidad y la humanidad.

Hija y Corredentora por el Padre-Creador

A pesar de ser común y propiamente yuxtapuesta con el Redentor como el título lo denota, también debe ser entendido que la misión de la Corredentora es iniciada por el Abba Padre. La Hija Virgen es modelada inmaculada desde el principio por el Padre Creador, para que desde el principio la Mujer pueda compartir íntimamente en el aplastamiento del Mentiroso y su descendencia (Gén. 3:15).

La misión redentora-corredentora viene del Padre, es dirigida por el Padre y lleva a la gloria del Padre como es debido (cf. Gál. 4:6), y de aquí también con el rol de Corredentora: La criatura más grandiosa de Abba y la criatura más horrenda de Abba en guerra absoluta, con ramificación eterna para el resto de las criaturas de Abba (cf. Apo. 12:1-6).

Madre y Mediadora con el Hijo-Mediador

En respuesta a la invitación arcangélica, la Inmaculada verdaderamente medía a la humanidad con la Divinidad en el acto de dar carne a la Palabra, y así se convierte en Madre y Mediadora para el Hijo (Lc 1:38). Como Sn. Agustín nos recuerda, lo que es físicamente para el Hijo, así lo es para el Cuerpo espiritual de su Hijo, para los miembros de ese Cuerpo9 –Madre y Mediadora con y supeditada al Hijo-Mediador de todos los pueblos.

Primero Ella medió al Autor de toda gracia para la familia humana. Luego Ella medía toda la gracia del Autor de la familia humana. Su mediación, una participación sin precedentes en la mediación única de Cristo (1 Tim 2:5), manifiesta el poder y la gloria de El (cf. L.G. 60), que testifica, y debidamente lleva, a la alabanza de ambos.

Esposa y Abogada en el Espíritu-Abogado

El Esposo Divino y la esposa humana que llegaron juntos a la voluntad del Padre de toda la humanidad para traer el Corazón del Hijo, ahora continúan en unión inefable de corazón para llevar las peticiones de la humanidad al Corazón del Hijo. El Espíritu y la Novia, el primero Divino y la segunda humana, santifican como uno solo. En términos Kolbeanos, la “Inmaculada Concepción increada”10 y la Inmaculada Concepción creada, Divino el primero, humana la segunda, actúan como uno solo. De la misma manera, el Divino Abogado (cf. Jn. 15:16) y la Abogada humana, uno Divino y la otra humana, actúan como uno en llevar las necesidades pedidas de los corazones humanos al Corazón del Hijo.

Y así como en el Cenáculo vemos a la Abogada humana “por sus oraciones implorando los dones del Espíritu quien la cubrió con su sombra en la Anunciación” (L.G. 59), así también hoy, la Abogada humana implora al Espíritu-Abogado por un nuevo Pentecostés, en respuesta y cumplimiento de las necesidades de todos los corazones humanos; por la presencia y reino renovado del Corazón del Hijo en cada corazón humano.

Conclusión

Por tanto esforcémonos por un enfoque y metodología más Trinitaria para la Mariología del Tercer Milenio, humildemente buscando y orando para captar y comprender más el amor Trinitario y la visión de la Nueva Arca entre la Divinidad y la humanidad. Que la Madre de Todos los Pueblos pronto sea vista en su más completa gloria, para la alegría de la Santísima Trinidad y para la mayor salvación y santificación de su familia humana.

Notes

1 Patriarca Ecuménico Bartolomeo I, “Encíclica Universal de Cuaresma sobre la Madre de Dios y Madre de Todos Nosotros en el Orden de la Gracia”, Marzo de 1998.

2 Redemptoris Mater, n. 39

3 “Carta al P. Salezy Mikolaczyk, 28 de Julio de 1935, como fue encontrada en Monteau-Bonamy, La Inmaculada Concepción y el Espíritu Santo, p. 99.

4 Audiencia con la Madre Teresa, 14 y 15 de Agosto de 1993, Calcuta, India.

5 Alocución Papal en el Santuario de Nuestra Señora de la Alborada, Guayaquil, 31 de Enero de 1985 [ORE, 876:7].

6 Edith Stein, “Problemas de la Educación de la Mujer” en Mujer.

7 Hans urs von Balthazar, La Girnalda de Tres Dobleces, Ignatius Press, p. 102.

8 Alocución Papal a los Peregrinos de Vicenza, 30 de Noviembre de 1933, L’Osservatore Romano, 1 de Dic. 1933.
Punto 6. También es el Corazón de la Madre quien dio a toda la humanidad el Corazón Divino del Padre, a través del Corazón del Hijo, puesto que el Corazón de Jesús revela y manifiesta el Corazón del Abba Padre.

9 San Agustín, cf. De s. Virginitate 6,6

10 Cf. Manteau-Bonamy, La Inmaculada Cancepción y el Espíritu Santo, Ch. 2.

Continue Reading

0

Piden proclamar a María “corredentora, medianera y abogada”

ROMA, domingo 11 de abril de 2010 (ZENIT.org).- El arzobispo Ramón Argüelles de la diócesis filipina de Lipa y el arzobispo Malayappan Chinnappa de la diócesis india de Madras-Mylapore consideran que el reconocimiento formal de la Virgen María como corredentora favorecería el diálogo interreligioso y una evangelización sana, también de Asia.

Ambos prelados intervinieron en la Jornada de Diálogo sobre el Quinto Dogma Mariano del Vatican Forum -de la revista Inside the Vatican y del Colegio Santo Tomás Moro-, celebrada en Roma (cerca de la Plaza de San Pedro del Vaticano) el pasado 25 de marzo.

Según informó el periódico de la diócesis de San Pablo y Mineápolis, The Catholic Spirit, monseñor Chinnappa afirmó que el reconocimiento de la función de María en el plan de Dios para redimir al mundo junto a Cristo “favorecería el diálogo interreligioso y la sana evangelización”.
También ayudaría al ecumenismo, al aclarar que María tuvo una función subordinada, aunque especial, con Jesús y que “los católicos no adoran a María, sino que la veneran a la luz de su cooperación única con el Señor”, dijo.

Por otra parte, aseguró que María desempeña un papel único en la evangelización de los no cristianos, en concreto en Asia.

En este sentido, el arzobispo explicó que la figura femenina, a menudo en forma de divina madre, tiene gran importancia en varias tradiciones religiosas de este continente.

Personas familiarizadas con estos llamados “cultos maternos” se abren fácilmente a la devoción a la Madre de Dios, añadió .

Como ejemplo, indicó que el santuario de la Virgen de la Salud en Vailankanni (India) atrae a millones de visitantes, incluidos hindúes y musulmanes.

An Asia, para muchas personas que no son cristianas, Dios es un ser supremo y poderoso que les puede infundir una sensación de miedo, continuó.

Para contrarrestarlo, muchas religiones han establecido un “abogado al que nos podemos aproximar con menos miedo”, añadió.

“’Co’ significa ‘con’ y un título así no sustituye al del verdadero redentor, que es Cristo”, ni diluye el papel y su naturaleza del Hijo, destacó este obispo de la India.

La idea es reconocer que, de una manera secundaria y dependiente, ningún otro ser humano ha colaborado en la obra de la redención como lo hizo María, dijo.

El arzobispo Chinnapa destacó que la colaboración de la Virgen en la obra redentora incluyó su libre consentimiento a dar a luz al Hijo de Dios y su participación singular en el sufrimiento de Cristo en el Calvario

En opinión del prelado, la humildad de María, la obediencia, la fe, el sufrimiento y persistencia “tienen un valor muy grande” en el plan salvífico de Dios y deben ser reconocidos.

Finalmente, monseñor Chinnappa dijo que, destacando la vital función que María ha jugado en el plan de salvación de Dios, la Iglesia es capaz de mostrar cómo una persona puede ser “llamada por Dios para restablecer el reino de Dios”.

Por su parte, el arzobispo Argüelles, presidente de la Sociedad Mariana-Mariológica de Filipinas, afirmó que la declaración solemne de esta función de María, ayudaría a evangelizar Asia, especialmente China.

Dijo que en las últimas décadas, un número creciente de chinos no cristianos han estado visitando el santuario filipino de Nuestra Señora de Caysasay.

Precisamente en ese lugar existen creencias indígenas que dan culto a una diosa que lleva a un redentor para todo el mundo.

Los asiáticos también entienden el concepto budista del bodhisattva [persona embarcada en el camino del Buda de una manera significativa, n.d.t.], que está motivado por la compasión para alejarse de la iluminación final y el nirvana con el fin de “permanecer en la tierra para ayudar a los seres que sufren”, explicó.

Y preguntó: “¿No es ésta la función de María, corredentora y medianera, que será fácil de entender para el alma asiática?”.

El arzobispo Arguelles destacó que cuando el padre Matteo Ricci, SI, evangelizó China en el siglo XVI, descubrió que los chinos ven la imagen de Cristo crucificado como “demasiado horrible”.

Entonces, recordó, el padre Ricci se sirvió de María, Madre de Misericordia, como una imagen más aceptable para introducir a la gente en la Pasión y la cruz.

Además de los arzobispos Argüelles y Chinnapa, entre los ponentes previstos para la jornada de diálogo de la pasada fiesta de la Anunciación se encontraban el padre carmelita Enrique Llamas, presidente de la Sociedad Mariológica de España, y la teóloga anglicana Judith Gentle, miembro de la Sociedad Mariológica “Nuestra Señora de Walsingham”, de Gran Bretaña.

A lo largo de la historia, la Iglesia ha proclamado cuatro dogmas sobre la Madre de Jesús, que permiten reconocerla como Madre de Dios, Virgen, Inmaculada y Asunta al cielo, explicó uno de los impulsores de la jornada, Robert Moynihan.

Desde hace casi un siglo -el cardenal belga Désiré-Joseph Mercier lo inició hacia 1920-, existe un creciente movimiento en la Iglesia a favor de la proclamación de un quinto dogma mariano.

En estos años, más de 800 cardenales y obispos han pedido a los distintos papas una definición infalible del papel especial de María en la salvación de la humanidad.

Además, los promotores de esta devoción han recogido más de siete millones de peticiones de fieles de todo el mundo.

En los últimos meses, cardenales y obispos de todos los continentes han pedido a Benedicto XVI que considere el dogma de la Maternidad espiritual de María bajo tres aspectos esenciales, como co-redentora, como mediadora de todas las gracias y como abogada.

Juan Pablo II usó el título co-redentora al menos en seis ocasiones durante su papado, y Benedicto XVI, sin usar el título, ha subrayado repetidamente la doctrina de la co-redención de María, o “co-sufrimiento” con Jesús.

Lo ha hecho de un modo particular en su discurso del Día Mundial del Enfermo y en su oración del año 2008 por las personas que sufren en China, dirigida a Nuestra Señora de Sheshan.

Por Patricia Navas

Continue Reading

0

Con mucho agrado doy mi aval personal a la publicación del libro intitulado María Corredentora, Mediadora y Abogada Bases Teológicas III: Discernimientos Contemporáneos sobre un Quinto Dogma Mariano. Esta serie de artículos sobre Nuestra Señora articula hermosamente lo que ya está en los corazones de muchos de los fieles Marianos en las Filipinas. Nuestro amor por nuestra Señora, vos Señora de Todas las Naciones, la Madre de Todos los Pueblos es manifiesto y generoso en todas las Filipinas, ya que la historia y la experiencia muestran su gran amor y protección maternal.

Este último trabajo contribuirá grandemente hacia un entendimiento teológico a profundidad sobre el importante y único rol de Nuestra Señora en la historia de la Redención. Y, entre más podamos entender teológicamente su rol, más podremos establecer los fundamentos para una devoción auténtica Mariana. Por esta razón, me siento muy contento de dar mi aval para la distribución de este libro.

Ricardo Cardenal J. Vidal
Arzobispo de Cebu

Continue Reading

0

Es con un gran profundo sentido de admiración por el trabajo del Dr. Mark I. Miravalle y del Movimiento Vox Populi por el Quinto Dogma Mariano, que doy mi gustoso e incondicional apoyo y aval al tercer volumen de la serie de Bases Teológicas: María Corredentora, Mediadora y Abogada Bases Teológicas, y al ya dicho Movimiento por el Dogma de Vox Populi.

Deseo agregar que considero un gran honor y privilegio, y también una verdadera alegría, el agregar mi voz a las voces de muchos millones en honor de la Mujer, “Bella como la luna y brillante como el sol” (Cant.6:9) quien trajo al mundo al Hijo de Dios hace 2000 años. Es a través de Ella que El vino a nosotros y es la voluntad de Dios el Padre que a través de Ella nosotros debemos de ir a El, y a través de El, con El, y en El, en el Espíritu Santo, al Padre, Su Padre y nuestro Padre.

Que la riqueza de las bendiciones de Dios reposen sobre todos aquellos que están promoviendo esta causa tan valiosa y sagrada para dar honor a la siempre Bendita Virgen María y para el honor y gloria de la Santísima Trinidad Padre, Hijo y Espíritu Santo, un Dios por los siglos de los siglos.

Amen.

Muy Rev. Sydney A. Charles
Obispo de St. George’s-in-Granada, Antillas.

Continue Reading

0

Estoy muy feliz de expresar mi aval incondicional al movimiento Vox Populi Mariae Mediatrici y al tercer volumen de sus Bases Teológicas de la serie intitulada María Corredentora, Mediadora de todas las Gracias, y Abogada Bases Teológicas III: Discernimientos Contemporáneos sobre un Quinto Dogma Mariano.

Verdaderamente nada es imposible para Dios, nuestro Abba Padre. A través del poder del Espíritu Santo predestinó a una condescendiente Virgen Judía, para dar a luz a Jesús su único Hijo. La Inmaculada Virgen María nutrió Su niño hasta la edad adulta con la asistencia amorosa de San José su esposo fiel.

Desde el principio del tiempo, ninguna mujer puede ser comparada a María sin pecado en su humildad y en su indescriptible sufrimiento durante la pasión y muerte de su Hijo. No es sorprendente que Ella haya sido asunta al cielo en cuerpo y alma y gloriosamente coronada como Reina.

Como Madre de la Iglesia y de toda la humanidad, se ha aparecido muchas veces a Sus hijos, especialmente en estos últimos tiempos, con el mensaje fundamental de amar a Jesús, su Iglesia y a toda la humanidad.

El Santo Padre, el Papa Juan Pablo II, fielmente vive su lema, “Totus Tuus” y es un firme creyente en la doctrina existente mariana sobre la Corredentora, Mediadora y Abogada, y yo creo en el Quinto Dogma Mariano. También creo que él será guiado por el Espíritu Santo, sobre cuando lo defina, quizá sea como parte de la Nueva Evangelización 2000.

En algunas ocasiones es objetado que quizá el ecumenismo sea dañado si este último Dogma Mariano es definido. Esta posición no sólo manifiesta una falta de conocimiento verdadero sobre el Ecumenismo como lo enseña el Santo Padre en Ut Unum Sint, sino también es estar en contra de las palabras reveladas en forma privada por Nuestra Señora misma. En el año de 1945 en Amsterdam, Nuestra Señora de todas las Naciones reveló a una vidente, Ida Peerdeman, la urgente necesidad de la proclamación del último Dogma Mariano para apresurar el Triunfo del Sagrado Corazón de su Hijo. Estos mensajes han sido considerados aceptables por la consciencia individual del ordinario local.

Con una fe infantil Teresiana, en los misteriosos y hermosos designios de Abba Padre, y con una verdadera apreciación por los mensajes de María, Madre de todas las Naciones y Reina de los Profetas, dados a nuestra época contemporánea, creamos que a través de su poderosísima intercesión, llegará definitivamente el día cuando habrá un sólo pastor y un sólo rebaño.

¡Apoymos la ¨sabiduría de Nuestra Mamá¨!.

Con amor en Jesús y María,

Muy Rev. Nicolas D’Antonio, O.F.M.
Emérito, New Orleans, U.S.A.

Continue Reading

0

Todo verdadero Católico tiene devoción a Nuestra Señora. Nuestra Señora no es solamente honrada como Madre de Dios, admirada como la concebida inmaculadamente, apreciada como Virgen perpetua y buscada posteriormente como Reina asunta al cielo, sino también es considerada como Nuestra Madre Espiritual.

En la India, la devoción Mariana es muy fuerte. María es la principal Patrona de la India, especialmente desde que la independencia fue otorgada al país en la Fiesta de su Asunción el 15 de Agosto. Culturalmente en la India, a las mujeres se les tiene una gran estima, a pesar de que en la práctica hay muchos casos de mal trato.

De acuerdo a la mentalidad Hindú, la mujer es amada y venerada. La Deidad se concibe como teniendo una contraparte femenina. El Dios Vishnu tiene una Diosa Lakhmi y el Dios Siva tiene a Parvathi. Los Hindúes piensan que aplacando estas deidades femeninas, pueden conseguir favores de las poderosas deidades masculinas. Debido a tal concepto, María, Madre de Dios, fácilmente toma un lugar en la mentalidad y en el corazón Hindú. Es un hecho que muchos hindúes veneran a María. María también tiene un lugar de honor en el Islam. Los Católicos Indios tienen naturalmente una gran devoción a Nuestra Señora, puesto que están entrenados en la devoción Mariana desde su tierna edad.
Pero también habrá que recordar que la devoción permanece en la periferia de la vida de uno que no entra en el alma, una es la manera de pensar y otra es la manera de vivir, salvo que uno esté convencido de su necesidad. Referente a Nuestra Señora, la devoción hacía ella no debe ser solamente basada en una elevada dignidad ni tampoco en sus evidentes cualidades y virtudes. En la devoción a Nuestra Señora hay algo que va más allá de las distinciones personales. Esto es, que María está muy cercana a nosotros y tiene algo que hacer con nuestra salvación. Los primeros cuatro dogmas muestran a Nuestra Señora como una persona de eminencia e íntimamente conectada con Nuestro Señor como la concebida Inmaculadamente, Virgen Madre de Dios. Pero es el triple rol maternal doctrinal como Corredentora, Mediadora y Abogada, que libera su posición dominante en nuestra vida.

Si el rol de María es presentado como Corredentora, entonces naturalmente la gente se dará cuenta de su importancia en el trabajo de la redención y se verá impulsada a venerarla y amarla como una persona muy necesaria en su vida y en su salvación. Si Nuestra Señora es proclamada por las gentes como Mediadora, entonces el pueblo será atraído hacia ella para obtener las gracias de Nuestro Señor a través de ella. Es el título de Nuestra Señora como Abogada que inspira confianza en la gente. Por tanto será una gran ventaja, para la mayoría de la gente si estas tres prerrogativas de Nuestra Señora son declaradas como un quinto dogma Mariano.

Pienso que el por qué ciertos teólogos encuentran difícil entender la posición de Nuestra Señora como Corredentora, es debido a que están atrapados en las redes de silogismos y malentendidos. Es verdad que Nuestro Señor es el único Redentor pero vemos que en el acto de la Redención Nuestro Señor quiso involucrar a otros con El. Que El escogió haber nacido de una Virgen humilde de Nazaret cuando pudo haber logrado la Redención de diferente manera, esto nos hace entender que la Redención no excluye la cooperación por parte de otros. Nuestro Señor utiliza a María en su obra redentora hasta el punto en que se convirtió en la Madre del Redentor. Lo que San Pablo dice en 1Cor.3:9 es bastante revelador: Nosotros somos ‘colaboradores’ de Dios.

Nuestro Señor es el único Redentor de la humanidad; sin embargo, en Su divina disposición hizo uso de la humanidad en Su acto de Redención y María es la persona más prominente. Cuando decimos que Nuestra Señora es Corredentora no significamos que es independiente de Nuestro Señor, ni tampoco que está a la par con Él. Lo único que queremos decir es que Nuestro Señor utilizó a María en Su obra redentora.
El que Nuestra Señora sea Mediadora sigue como corolario de su rol como Corredentora. Así también con la prerrogativa de Nuestra Señora como Abogada.

Al implorar al Santo Padre que defina estos tres roles maternales de Nuestra Señora como dogma, los simpatizantes del movimiento de Vox Populi están solamente deseando el tener a Nuestra Señora puesta más centralmente en la devoción Mariana. Es motivo de consolación que muchas personalidades eminentes de los más niveles del clero y que muchos distinguidos teólogos, se están dando cuenta ahora de la necesidad de tener este Quinto Dogma proclamado por el Santo Padre. Que María nuestra Abogada obtenga este favor del Dios Trino, iluminando la mente y reforzando el corazón del Santo Padre hacía la declaración del Dogma.

Muy Rev. Peter M. Chenaparampil
Obispo de Alleppey, India

Continue Reading

0

Es con una gran alegría que recibí la información de la publicación del tercer volumen de las series, María Corredentora, Mediadora y Abogada Bases Teológicas III: Discernimientos Contemporáneos sobre un Quinto Dogma Mariano.

Con gran fervor y devoción he participado en los últimos años en la Conferencia Internacional de Líderes de Vox Populi Mariae Mediatrici, un movimiento internacional católico. Como Pastor en la Iglesia Católica y Pastor Principal de la Arquidiócesis de Ibadan, he visto como hay una vibrante devoción hacía Nuestra Madre Santísima María que ha edificado la fe de muchos fieles de nuestros tiempos. Sabemos que la devoción a María tiene sus inicios desde la Iglesia primitiva a través de los años hasta nuestros días presentes. Este Siglo, el Vigésimo, que ahora está en sus últimos días, dio un crecimiento impresionante en apariciones y devociones Marianas. Aunque algunas de las apariciones tienen principalmente aprobación y reconocimiento local, algunos otros han obtenido reconocimiento universal. Hemos visto a muchos hijos e hijas de la Iglesia crecer en el conocimiento, amor y devoción a María. También han abundado las peregrinaciones a los Santuarios Marianos.

Correspondiendo a las gracias de Dios a través de las apariciones y devociones Marianas, existe la necesidad de seguir más adelante para creer en el dogma de la definición solemne de la mediación universal de María como Corredentora, Mediadora de todas las gracias y Abogada de Pueblo de Dios. Puesto en forma sencilla, estos títulos son una consecuencia del rol excepcional de María como Madre de Cristo, el único Redentor de todos. María es la verdadera Madre de Jesucristo, quien es Dios el Hijo hecho hombre. Lumen Gentium dice esto de manera maravillosa cuando declara:

“Ella está enriquecida con esta suma prerrogativa y dignidad: ser la Madre de Dios Hijo y, por tanto, la hija predilecta del Padre y el sagrario del Espíritu Santo; con un don de gracia tan eximia, antecede con mucho a todas las criaturas celestiales y terrenas” (L.G. 53)

Por virtud de su Maternidad, María ha sido dotada con roles extremadamente grandes e inmensos. Toda su vida fue un compartir en la misión redentora de su Hijo. Su fiat en la Encarnación y su consentimiento en el Calvario para ser la Madre de todos aquellos por los que su Hijo sufrió y murió, para marcar su mediación, mientras que en Caná ella continúa pidiendo por todos los hijos de Dios.

Bíblica y teológicamente la vemos como Corredentora, Mediadora y Abogada. De hecho estos títulos transmiten nuestros sentimientos filiales por María como nuestra Mare. Para nosotros María es la Corredentora, por que participó de manera excepcional con su Hijo Jesucristo en la Redención de la humanidad. María es Mediadora de todas las gracias, significando como Madre del Redentor, trae al mundo la Fuente de Todas las Gracias entregadas por Dios para sernos entregadas a través de la infalible intercesión de María. Finalmente, María como Abogada de todo el Pueblo, expresa nuestra fe en su rol como aquella cuya preocupación por cada persona tiene las dos características de única y maternal. De nuevo, intercede por nosotros como lo hizo en Caná.

Estos roles únicos de Nuestra Santísima Madre merecen la atención y el beneplácito de los fieles. Yo apoyo cualquier acción auténtica en la Iglesia que confirme la fe en nuestra Santísima Madre como Corredentora, Mediadora y Abogada. Mientras nos acercamos al Tercer Milenio del evento de la Encarnación, ruego porque la definición infalible de estos roles de María nos acompañe en nuestro caminar en la fe. Que María, la Madre de la Iglesia interceda por todos sus hijos mientras transitamos al siguiente siglo y al siguiente milenio.

Muy Rev. Felix Alaba Adeosin Job
Obispo de Ibadan, Nigeria

Continue Reading

0

Hace ya más de cinco años que por primera vez escuché del movimiento eclesial Vox Populi Mariae Mediatrici (La Voz del Pueblo por María Mediadora), y del esfuerzo que estaban haciendo por sustentar sólidamente su posición en bases teológicas, patrísticas y ecuménicas, de tal manera que pudieran presentar argumentos convincentes para su objetivo central: solicitar a Su Santidad Juan Pablo II que proclame solemnemente como Dogma final de este siglo, que nuestra Santísima Madre la Virgen María es Corredentora, Mediadora de Todas las Gracias y Abogada del Pueblo de Dios, con objeto de que se conozca la verdad completa de su participación excepcional en el misterio de nuestra redención.

Por mi profundo amor a María Santísima –especialmente bajo la advocación de Santa María de Guadalupe, la Verdaderísima Madre del Dios por quien se vive (en sus propias palabras dadas al ahora Beato Juan Diego)- y por mi convicción del rol excepcional que Ella tuvo y sigue teniendo ahora en el misterio de nuestra salvación como Reina y Madre de todo los Pueblos, produje y envié mi petición personal a Su Santidad en apoyo al Quinto Dogma Mariano, carta que quedó consignada con fecha 9 de Septiembre de 1994.

Para mi gran alegría, fui enterándome y participando activamente en los avances significativos que tuvo el movimiento Vox Populi –el cual arrancó por iniciativa de seglares pero que pronto se convirtió en movimiento eclesial- logrando a la fecha el apoyo de más de 500 Cardenales y Obispos de todo el mundo, secundados en forma extraordinaria por más de 5 millones de peticiones dirigidas al Papa por fieles laicos.

Ahora tengo el privilegio de presentar el libro intitulado: Bases Teológicas III, en el cual se condensan las aportaciones más recientes que se han dado en la materia, desarrolladas por connotados teólogos, mariólogos y especialistas de nuestro tiempo, tanto católicos como no católicos, quienes siguen profundizando en los tesoros inagotables de la Hija Predilecta, Madre Amantísima y Esposa Fiel del Dios Trino que la escogió desde toda la eternidad para participar de manera única en la historia de la salvación.

Ruego a Nuestra Madre que acoja estos trabajos y al Espíritu Santo para que ilumine las mentes de quienes los lean, y que conjuntamente con Ella se regocijen de las maravillas que el Señor ha hecho en su favor, suplicando al Padre Celestial que tenga a bien otorgar, en nombre de Jesucristo, esta Quinta corona Dogmática a Nuestra Reina y Señora, Madre de todos los pueblos, Corredentora, Mediadora y Abogada.

Con mi especial bendición para la familia Vox Populi y para todos aquellos hombres de buena voluntad que penetren en los misterios aquí descubiertos.

México, D. F., 7º de Octubre de 1999, Año del Padre y Festividad de Nuestra Señora del Rosario.

Ernesto Cardenal Corripio Ahumada
Arzobispo Emérito Primado de México

Continue Reading

0

El tercero en una serie, Bases Teológicas III, Discernimientos Contemporáneos sobre un Quinto Dogma Mariano, busca extender la discusión desde el dominio de la teología especulativa y revelacional, hasta el domino de los temas contemporáneos alrededor de la propuesta solemne papal para la definición de los roles doctrinales de Nuestra Señora como Corredentora, Mediadora de todas las Gracias y Abogada.

Discernimientos Contemporáneos es mucho más entendible para el lector no teológico, y responde a preguntas modernas teológicas y pastorales relacionadas a las ramificaciones ecuménicas en el contexto del Jubileo, de las objeciones y respuestas de las Comisiones Teológicas, hasta el cumplimiento de las profecías marianas entre otras. Los participantes en el volumen varían desde el mariólogo clásico al médico científico, del obispo católico al pastor luterano y del embajador del Vaticano al novelista Cristiano.

Se da especial agradecimiento a los Cardenales y Obispos que prácticamente representaron cada Continente y contribuyeron con sus prólogos y prefacios, manifestando la auténtica universalidad de este movimiento y su amor fundamental por Ella, quien es la verdadera Madre de todos los pueblos.

Que este humilde volumen sea una asistencia para todos aquellos que buscan con sinceridad de mente y de corazón la “verdad total sobre María”, y ponderan la validez de las preguntas sobre la definición papal solemne de sus títulos y sus obras maternales por el Pueblo de Dios como Corredentora, Mediadora de todas las gracias y Abogada.

Mark I. Miravalle, S.T.D.
Enero 1, 2000
Solemnidad de la Madre de Dios

Continue Reading

0

“Tu protesta en contra de llamarla Corredentora la habrían considerado pobre en comparación con el lenguaje que usaste cuando te encontraron con los Padres llamándola Madre de Dios, Segunda Eva y Madre de todos los vivientes, la Madre de la Vida, Estrella de la Mañana, el Nuevo Cielo Místico, el Cetro de la Ortodoxia, la toda inmaculada Madre de la Santidad y por el estilo…”

Ven. Cardenal John Henry Newman a Pusey(i)

Irónicamente este trabajo se inicia explicando lo que María Corredentora no significa, con el objeto de evitar concepto erróneos que puedan predisponer el término desde un principio, independientemente del uso que se le ha dado en la Iglesia, es decir, la aplicación que le han dado los papas, santos, doctores, místicos y mártires, porque una cosa es defender la postura de “Yo no acepto que la Iglesia llame a la Madre de Jesús ‘Corredentora,’” y otra muy diferente rechazar el título por una mala interpretación de lo que la misma Iglesia señala. Es una cuestión diferente e intelectualmente injusta afirmar que la Iglesia, al nombrar “Corredentora” a la Madre de Jesús, se está refiriendo a algo distinto de lo que ella misma dice que significa.

Ahora bien: según las enseñanzas de la Iglesia Católica ¿cuál sería el significado incorrecto de “Corredentora”? No significa que María sea una diosa, que sea la cuarta persona de la Trinidad, que posea de alguna manera naturaleza divina, que de algún modo María no sea una criatura completamente dependiente de su Creador como todas las demás criaturas. Me uno a la verdad cristiana de Sn. Luis María Grignion de Montfort, uno de los santos marianos más grandes de la historia, y a la Iglesia, al afirmar que la Madre de Jesús es sin lugar a dudas una criatura totalmente dependiente del Divino Creador del universo, y que Dios no tiene ninguna necesidad de su participación para llevar a cabo su divina voluntad:

Reconozco, con toda la Iglesia, que María, siendo una simple criatura que ha venido de las manos del Altísimo es, en comparación a Su Infinita Majestad, menos que un átomo; o más bien, ella no es nada, porque sólo Él es “quien es” (Exodo 3,14); en consecuencia, ese gran Señor que es eternamente independiente y autosuficiente, nunca tuvo ni tiene ahora ninguna necesidad en lo absoluto de la Santísima Virgen para llevar a cabo su voluntad y manifestar su gloria, pues basta su voluntad para que todo se haga.(ii)

La verdad que encierra la doctrina de la Iglesia en torno a la Virgen María se aplica enteramente al tema de la redención. La Iglesia afirma que la participación de María en la redención que llevó a cabo Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, no era absolutamente necesaria. Ahora bien, María, por su origen natural de criatura e hija de Adán y Eva dentro de la familia humana, también tenía necesidad de redención y de ser preservada de los efectos del pecado original, pero por su dependencia total a su Hijo Redentor, fue redimida de hecho, aunque de manera más perfecta que todos los demás hombres.

Por lo tanto, concebir a María Corredentora, Madre de Jesús, como la cuarta persona de la Trinidad o algún tipo de diosa, es grave herejía contra la revelación cristiana y este concepto deberá ser inmediata y enérgicamente rechazado. Errores tan terribles como éste sólo obscurecen los verdaderos temas teológicos que encierra la doctrina de la Corredentora, como son: la naturaleza y los límites de la participación humana en la obra divina; el misterioso balance que existe entre la Divina Providencia y la libertad humana en la salvación; el rol que desempeña la cooperación humana en la distribución individual de gracias de la redención; el designio divino de que una mujer participara directamente en la restauración de la gracia con su efectos para la dignidad humana personal, y otros temas importantes.

Entonces ¿a qué se refiere la Iglesia cuando llama “Corredentora” a la Santísima Virgen María? Primero hagamos un análisis del significado etimológico del título.

El prefijo “co” se deriva del término en latín “cum,” que significa “con” (y no “igual a”). Aunque en algunas ocasiones los idiomas modernos, como el inglés, usan el prefijo “co” dándole connotaciones de igualdad, el verdadero significado latino sigue siendo “con.” En inglés, por ejemplo, el prefijo “co” se usa en otras ocasiones exclusivamente para significar “con” en un contexto de subordinación o dependencia, como en el caso de “piloto y co-piloto”; “estrella y co-estrella” y “Creador y co-creador” en la teología del cuerpo y el amor esponsal, etc.

Sn. Pablo, en la palabra revelada por Dios, identifica a los primeros cristianos como “colaboradores de Dios” (1Cor 3,9), que en el contexto y el significado que le da a “co,” es imposible que denote igualdad. Asimismo, somos “coherederos” de Cristo (Rom 8,17), sin que esto signifique que somos herederos del cielo a la manera del único Hijo de Dios que es heredero del Cielo.

El verbo en latín “redimere” significa “restaurar” o literalmente “volver a adquirir.” El sufijo latino “-trix” es femenino y denota “el que hace algo,” por lo que el significado etimológico de Corredentora (Co-redemptrix) se refiere a la “mujer con el Redentor,” o literalmente: “la mujer que restaura con.”

En suma, el título “María Corredentora” como lo ha aplicado la Iglesia, denota la participación única y activa de María, la Madre de Jesús, en la obra de la redención lograda por Jesucristo, divino y humano Redentor. El título de Corredentora, en el contexto de la consumación salvífica de los hombres, jamás podría poner a María en un nivel de igualdad con Jesucristo, el divino Señor de todo lo creado. El Corazón de María, creado inmaculado y transparente para reflejar perfectamente las glorias de su Hijo(iii), quedaría, más que ningún otro corazón, profundamente herido si erróneamente la percibieran como una redentora a un nivel de igualdad o paralelo al de su divino Hijo.

El título Corredentora, más bien, identifica la participación eminentísima y singular de María con su Hijo en la restauración de la gracia para la familia humana. La Madre del Redentor participa de manera totalmente secundaria y subordinada en la redención de la humanidad, con y bajo su Divino Hijo. Sólo Jesucristo en su divinidad, el Supremo Alfa y Omega, podía satisfacer la justa compensación que se debía para reconciliar a la humanidad con Dios, Padre del género humano, por los pecados de la humanidad

Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, es el Redentor de la humanidad. La Iglesia nos enseña que María es la mujer completamente asociada “con el Redentor” quien, por encima de cualquier otra criatura, ángel o santo, participó en su obra de salvación. Ella le dio a Jesús su propia carne y sangre; padeció junto con Él todos sus sufrimientos terrenos; recorrió con Jesús el camino al calvario ofreciéndose con Él en el Gólgota en obediencia al Padre; y, finalmente, murió con Jesús en su corazón.

¿A qué se refiere la Iglesia cuando llama a María la Corredentora? Simplemente esto: que María siempre está “Con Jesús,” desde la anunciación hasta el calvario.

Y por ello Sn. Luis María Grignion de Montfort concluye su disertación sobre la Virgen Madre de Dios afirmando claramente que el rol de María en la salvación, aunque no se encuentra en el orden de la absoluta necesidad, lo está en el orden de la perfecta y manifiesta voluntad de Dios:

Sin embargo, yo digo que, siendo las cosas como son ahora — es decir, que Dios habiendo querido comenzar y completar sus más grandes obras mediante la Santísima Virgen desde el primer instante de crearla — bien podríamos pensar que su conducta no cambiará jamás porque Él es Dios y en Él no hay cambios, ya sea en sus sentimientos o en su conducta.(iv)

De aquí que la pregunta para todo discípulo de Cristo no sería tanto “¿qué cosa fue absolutamente necesaria para que yo pueda aceptarla?”, sino más bien “¿cuál fue la voluntad manifiesta de Dios para que yo pueda creerla?”. Dios manifestó su voluntad de que fuera una mujer y madre la que debía estar directa y profundamente involucrada “con el Redentor,” en el rescate de la familia humana entregada a Satanás y a los efectos del pecado. En virtud de este rol que excede por mucho al de cualquier otra criatura humana, la Madre de Jesús es la única que puede reclamar el título de Corredentora “con Jesús” en la obra expiatoria de la redención humana. Es un título que le ha otorgado la Iglesia y le pertenece más que a ninguna otra criatura por encima del llamado que tienen todos los cristianos de ser “corredentores,”(v) porque sólo la Madre inmaculada, crucificada espiritualmente en el calvario, experimenta un dolor maternal que bien se podría decir va más allá de la imaginación humana.(vi)

Es María y no la Iglesia quien primero dio a luz al Redentor, y el sufrimiento de María, con y bajo el Redentor, fructifica en el nacimiento místico de la Iglesia en el calvario (Jn.19, 25-27). Y es justamente por este nacimiento místico de la nueva Eva, la nueva “Madre de los Vivientes,”(vii) que nosotros podemos ser corredentores en la misteriosa y salvífica distribución de gracias que fluyen del calvario.

María, la Virgen de Nazaret y gran personaje histórico, quien durante toda su vida cooperó “con Jesús” en la obra de la redención, se convierte, en palabras de Juan Pablo II, la “Corredentora de la humanidad.”(viii)

Quizás las palabras de un anglicano y contemporáneo intelectual de Oxford, que a su vez sigue las huellas de otro intelectual de Oxford, el Venerable Cardenal Newman, nos obliguen a reabrir nuestras mentes en torno al título de Corredentora y sus implicaciones en el contexto de la revelación cristiana:

La cuestión no se puede determinar señalando los peligros que puede haber por la exageración y el abuso, o valiéndose de textos aislados de la Escritura, como el caso de 1Timoteo 2,5, o por los cambios de modalidad en la teología y la espiritualidad, o por no querer decir algo que pueda ofender al compañero en el diálogo ecuménico. Es posible que algunos entusiastas, sin pensarlo, hayan elevado a María a una posición virtualmente equiparable con la de Cristo, pero esta aberración no es necesariamente una consecuencia del hecho de reconocer que en las palabras Mediadora y Corredentora, bien podría haber una verdad que está luchando por expresarse. El rol corredentor de María —y en esto el conjunto de teólogos responsables estaría de acuerdo— es subordinado y auxiliar al de Cristo que es central; pero si en verdad ella tiene esa función, mientras mejor y más claramente se comprenda, será mejor. El asunto requiere de investigación teológica y, como sucede con otras doctrinas marianas, no sólo se trata de decir algo acerca de ella, sino algo más general con respecto a la Iglesia en su conjunto o, incluso, a la humanidad en su totalidad.(ix)

Notas

(i) Ven. Cardenal John Newman, Certain Difficulties Felt by Anglicans in Catholic Teaching Considered, vol. 2, In A Letter Addressed to the Rev. E. B. Pusey, D.D., On Occasion of His Eirenicon of 1864, Longman’s, Green and Co., 1891, vol. 2, p.78.

(ii)Luis María Grignion de Montfort, Verdadera Devoción a María, cap. 1, n. 14.

(iii) Por ejemplo, Lc. 1:46: “mi alma glorifica al Señor” y Jn. 2:5: “hagan lo que Él les diga”

(iv) De Montfort, Verdadera Devoción a María, cap. 1, n. 15.

(v) Cf. Juan Pablo II, Discurso dirigido a los enfermos del Hospital de los Hermanos de Sn. Juan de Dios, Abril 5, 1981, L’Osservatore Romano, edición en inglés, Abril 13, 1981, p. 6; Audiencia General, Enero 13,1982, Inseg. V/1, 1982, 91; Discurso dirigido a candidatos al sacerdocio, Montevideo, Mayo 8, 1988, L’Osservatore Romano, edición en inglés, Mayo 30, 1988, p. 4; cf. Pío XI, Alocución papal en Vicenza, Nov. 30, 1933.

(vi)Juan Pablo II, Carta Apostólica Salvifici Doloris, Feb. 11, 1984, 25; AAS 76, 1984, p. 214.

(vii) Cf. Gen. 3:20

(viii) Cf. Pío XI, Alocución Papal en Vicenza; Juan Pablo II, Audiencia General, Sept.8, 1982; Inseg V/3, 1982, 404.

(ix)J. Macquarrie, “María Corredentora y Controversias sobre Justificación y Gracia: Un punto de Vista Anglicano,” María Corredentora: Temas Doctrinales Actuales, Queenship, 2002, p. 140.

Continue Reading

“Serás Corredentora”

Published on July 23, 2012 by in En Espanol

0

Conforme los teólogos y santos del medioevo iban complementando la historia de María Corredentora, también los himnos litúrgicos de la época comenzaron a entonar su verdad. El título “Corredentora” hace su primera aparición en un himno litúrgico entre los siglos XIV y XV.

Los títulos de María reflejan sus funciones, y en la medida en que se fue esclareciendo en la mente medieval la función salvífica de la Madre con Jesús, resultó apropiado que el título de “Corredentora,” que transmite de mejor manera la función de la participación de María en la redención, se cantara en la oración pública de la Iglesia.

Las dos estrofas intituladas Canto llano a la Santísima Virgen con su Hijo en el regazo bajado de la Cruz, pertenecientes a un himno litúrgico de Salzburgo de los siglos XIV y XV, son probablemente las más antiguas registradas del término “Corredentora”:

Buena, dulce y amable,
Indigna de todo dolor;
Si de raíz arrancas el luto de aquí
Cual sufriendo con el redentor
Por el transgresor capturado,
En corredentora te convertirás.

Después veo que no se debe tanto sufrir con
Mi triste madre porque
Veo que agradecido debo estar
A ti, mi redentora,
Que te dignas liberarme
De las garras de mi enemigo.(i)

Vemos que en este himno se aplican los dos títulos “Corredentora” y “Redentora.” El título Redentora que se venía usando por lo menos cuatro siglos antes que el de Corredentora, ciertamente transmite el mismo rol y función subordinada de la inmaculada Virgen, pero con los avances innovadores en la nueva terminología de Sn. Bernardo(ii), Arnoldo de Chartres,(iii) y Seudo-Alberto(iv), con el prefijo “co” se puede hacer una más clara distinción entre la necesaria y fundamental redención cumplida por Jesucristo de la excelsa participación de la Madre inmaculada en la redención.

El título Redentora se siguió aplicando de forma ortodoxa en la doctrina de la Iglesia por varios siglos más(v), en yuxtaposición al término de Corredentora que se iba incrementando gradualmente. Poco a poco “Redentora” cedió el paso al título que acentúa la subordinación y dependencia de la Madre y que etimológicamente se transmite con el título “Corredentora.”

A mediados del siglo XV, el renombrado reformador dominico y Arzobispo de Florencia, Sn. Antonio (= 1459), elaboró las enseñanzas de Sn. Alberto y Seudo-Alberto, explicando que María participó singularmente en los méritos de Cristo en la pasión lo que la llevó a convertirse en la “Madre de todos por la recreación”:

Sólo a María se le dio el privilegio de comunicación con la pasión. Para que Él pudiese concederle la recompensa, el Hijo quiso que ella tuviera parte en los méritos de la pasión y también para asociarla a los beneficios de la redención, al grado que, así como fue adjutrix de la redención por su copasión, también se convirtiera en Madre de todos por su recreación.”(vi)

Sn. Antonio llama a María la “Redentora del hombre perdido” quien “lo guía al reino celestial.”(vii) Además, da testimonio de que la Santísima Virgen es la madre espiritual de la humanidad: Como resultado de su sufrimiento corredentor en la pasión, consecuentemente nos engendra en el orden espiritual: “…la Santísima Virgen nos engendró y nos dio a luz al haber padecido los dolores más amargos con su Hijo(viii).” ; y más adelante: “…La Madre de misericordia ayudó (adjuit) al Padre de las misericordias en la suprema obra de misericordia, soportando con [Cristo] el sufrimiento de la pasión.”(ix)

La Corredentora sufrió primero con el Salvador para poder obtener la gracia santificante, la leche espiritual con la que, a su vez, alimentaría a sus hijos espirituales. Más tarde serían los papas de los siglos XIX y XX, los que enseñarían con autoridad magisterial la verdad de que Nuestra Señora es la mediadora de todas las gracias por el fruto de su Corredención.(x)

Aún cuando en los siglos XV y XVI disminuyó en términos generales la teología mariana, sin embargo tres son los notables autores que en este período hacen significantes contribuciones.

El autor francés Alain de Varènes (c. 1521), quien quizás por primera vez en el contexto de un tratado teológico, se refirió a la Santísima Virgen como la “Corredentora,” empleando el título como parte de una profunda articulación teológica sobre la única cooperación de la Madre en la reconciliación del hombre con Dios:

Por lo tanto, María Santísima cooperó con su Hijo al verse destinada a una obra semejante logrando, con su amor, que de los dos se hiciera uno y así derribando el muro hostil…imitando a su Único Hijo, derribando el muro del jardín que es la enemistad, anulando en la carne del Unigénito la Ley de los mandamientos con sus preceptos, para que Él pudiera crear en sí mismo un hombre nuevo en lugar de dos, logrando la paz y poder reconciliar a todos con Dios en un solo cuerpo por la cruz de su Hijo, poniendo fin a la enemistad en el Señor Jesús y, de cierta forma, en ella misma como Corredentora (como se ha creído), anunciando la “paz en la Única Palabra, su Unigénito, para aquellos que estaban lejos y paz a los que estaban cerca, porque a través de ella -y en segundo lugar-, unos y otros tenemos libre acceso al Padre en un mismo Espíritu” (Ef 2,14-17).Porque fue ella quien pisó la cabeza de la serpiente.(xi)

El Arzobispo italiano Ambrosio Catarino (= 1553), expandió la reflexión dominica sobre la corredención al enseñar que tanto Cristo como su Madre hicieron méritos para que fuéramos redimidos en virtud de su común sufrimiento: “Esta generación pertenece a ambos — es decir, es de un hombre y una mujer, de Cristo y de María, porque ambos, aunque eran completamente inocentes (María lo fue por Cristo) sin embargo…nos merecieron la salvación por sus sufrimientos — ciertamente y en primer lugar Cristo como hombre, y luego la misma Virgen como mujer.”(xii)

Catarino también citó el modelo de la nueva Eva, defendiendo la distinción crucial entre la redención del todo suficiente de Cristo y la asociación de María con Jesús como colaboradora por conveniencia:

La gloriosa obra de la redención para la que fue escogida, prueba claramente que era conveniente que de algún modo fuera la asociada de Cristo — no que Cristo por si solo no fuera suficiente, sino porque era bueno y conveniente que Él mismo tuviera una asociada. Porque así como por una mujer comenzó la muerte…también por una mujer tenía que comenzar la vida, dado que ésta es la opinión más común de lo antiguos.(xiii)

Cuando uno de los principales teólogos del Concilio de Trento se convirtió en el defensor por excelencia de María Corredentora, se promulgó a todo lo ancho de los círculos católicos de teología, la verosimilitud teológica y doctrinal de la corredención. El Padre Alfonso Salmerón (= 1585) jesuita, renombrado teólogo, exégeta y uno de los primeros seguidores de Sn. Ignacio, explicó y defendió constantemente el título de Corredentora en un desarrollo sistematizado de la doctrina sin precedentes.

En un texto extraordinario, Salmerón defiende los títulos marianos de Corredentora, Mediadora, Abogada y otros títulos legítimos que hacen justicia a la bondad y gloria de María, llena de gracia:

A María se le nombra propiamente la llena de gracia por haber estado unida tan íntimamente a Jesús…Cuánto no fue lo que Él dispuso y arregló para que ella, como Madre, derramara entre nosotros sus hijos las gracias más abundantes por haberla asumido con Él, no por necesidad o debilidad, sino en razón de que se hacía menester compartir y evidenciar, con plena certeza, lo bondadosa y gloriosa que sería la madre (y si podemos decir), corredentora, mediadora, cooperadora de la salvación del género humano y a quien todos los fieles deberían acudir pidiendo su auxilio como si se tratara de una abogada personal.(xiv)

Suena muy congruente que por lo general, la doctrina de la Corredentora haya ido madurando a la par del desarrollo de la doctrina de la Inmaculada Concepción (que culminó con la solemne definición papal en 1854).

Aquí cabría reiterar que María es Corredentora solamente porque antes fue la Inmaculada Concepción, preparada por Dios para la gran batalla contra su enemigo el maligno por las almas. La Virgen, perfecta y pura, participa del más grande de todos los sacrificios para que la gracia pueda fluir a la humanidad por el mismo inmaculado canal por el que Cristo, la Primera Gracia, pasa a la humanidad. La gracia se distribuye a la familia humana mediante ese canal libre de las limitaciones que tendría un canal manchado por el pecado, permitiendo la mayor eficacia posible en el corazón humano que la recibe. Más tarde, los papas confirmarían que el misterio de la Corredención no se podría entender fuera del contexto de la plenitud de gracia de María.(xv)

Salmerón hizo notar que la participación de María Corredentora no disminuye, sino que añade a la gloria de Cristo, porque todos sus méritos en la redención se derivan de la capacidad redentora de Jesús:

La Madre se mantuvo al pie de la cruz con un propósito: para que la restauración de la humanidad correspondiera con el colapso del mundo. Como la caída del mundo fue llevada a cabo por dos, pero especialmente por un hombre, así mismo la salvación y la redención debía lograrse por dos, pero especialmente por Cristo; porque toda la excelencia que posee María la ha recibido de Cristo, no sólo en consideración a una cierta y adecuada harmonía, sino en consideración de la eminente capacidad de Cristo de redimir, capacidad que quiso compartir con su madre (de cuyas obras podía prescindir en lo absoluto) como Corredentora, no sólo honrándola, sino otorgándole la gloria del mismo Cristo.(xvi)

Según Salmerón, la sencilla razón de ser de la Corredentora en el ejercicio de sus múltiples funciones en beneficio de la humanidad y que se identifican con sus títulos, es el amor maternal cristiano: “Por amor a nosotros…es nuestra la que llaman Madre de Misericordia, Reina del cielo, Señora del mundo, Estrella del Mar, Abogada, Corredentora, Protectora y Madre de Dios.”(xvii)

A lo largo del extraordinario tratado de Salmerón sobre la corredención mariana, se repite constantemente el prefijo “co” que enfatiza la legítima subordinación y dependencia de la Madre al Señor de la redención, y así habla de un “cosufrimiento”(xviii) de la Madre, de “comiseria,”(xix) de “codolor;”(xx) que fue “cocrucificada,”(xxi) que “comurió,”(xxii) “cosufrió,” “cooperó,”(xxiii) y fue “counida”(xxiv) con Jesús en la redención. La clara y generosa teología de María Corredentora desarrollada por Salmerón, vendría a ser un sólido fundamento doctrinal para que el siguiente siglo rebosara de literatura teológica sobre la Corredentora.

Concluimos el siglo XVI con las enseñanzas marianas de otro jesuita y Doctor de la Iglesia, Sn. Pedro Canisio (= 1597). El teólogo holandés y “Segundo Apóstol de Alemania”, habla del ofrecimiento redentor que hace la Madre de su Hijo-Víctima en el calvario: “Estando al pie de la cruz de su Hijo, su fe se mantuvo incólume y ofreció como víctima viva y real a Cristo por la expiación de los pecados del mundo.”(xxv)

Notas

(i) Orat. ms S. Petri Slaisburgens., saec. XV; Codex Petrin. A, III, 20 y Orat. ms S. Petri saec. XIV, XV; Codex Petrin. A, I,20, citado por G.M. Dreves, Analecta hymnica medii aevi, Leipzig, Reisland, t. 46, 1905, p. 126, n. 79. El original en latín es como sigue:

20. Pia dulcis et benigna 21. Tunc non tantum condolere
Nullo prorsus luctu digna Moestrae matri se debere
Si fletum hinc eligeres Me cerno grates solvere
Ut compassa redemptori Tibi meae redemptrici
Captivato transgressori Quae de manu inimici
Tu corredemptrix fieres Dignatur me evolvere

(ii) Seguramente fue Sn. Bernardo el primero en usar el término “copasión”; PL 183, 438 A; cf. R. Laurentin, Le Titre de Corédemptrice, p. 15.

(iii) Arnoldo de Chartres escribió que María cooperó abundantemente y sobre manera en nuestra redención y fue “cocrucificada” y “comurió” con su Hijo; cf. Tractatus de septem verbis Domini in cruce; tr. 3; PL 189, 1694, 1695 A, 1693 B.

(iv) Seudo-Alberto, Mariale, preg. 42, 4; 1. 29, 3; preg. 150.

(v) Por ejemplo, cf. J:B. Petitlot, Coronula mariana, Molinis, Fudez, 1866, c. 4, art. 2, I, p. 248; S.M. Giraud, S.M., Prêtre et hostie, Lyon, Delhomme, 1885, Conclusión, 5, t. II, p. 577.

(vi) Sn. Antonio, Summa Theologica, pars 4, tit. 15, cap. 20, parr. 14; ed. Veronae, 1740, col. 1064.

(vii) Ibid, c. 44, art. 3; ed. Veronae, t. 4, 1254 E.

(viii) Cf. F. Godts, De Definibilitate Mediationis Universalis Deiparae, Bruxellis, 1904, p. 212.

(ix) Sn. Antonio, Summa Theologica, pars 4, tit. 15, cap. 14, parr. 2; ed. Veronae, col. 1002.

(x) Cf. Capítulo XI; Para ver la referencia pontificia a Mediadora de todas las gracias, incluyendo a Juan Pablo II, cf. Capítulo IV, nota 11.

(xi) Obra sin título; incipit: In hoc opere contenta. In Cant. Cant. Homiliae quindecim In aliq. Ps… In supersanctam Dei genitricem Mariam panegyrici…P.H. Stephanus, 1515. Sermo 4 in Deigenitr., fol. 207 r.; reeditado en Alva y Astorga, P., Bibliotheca Virg., Madrid, 1648, III, 525 BC 2.

(xii) A. Catarino, O.P., De Immaculata Conceptione Virginis Mariae opusculum, disp. Lib. 3, persuasio 14; ed. Alva y Astorga, Bibliotheca virginalis Mariae…, Matriti, 1648, vol. 2, p. 56.

(xiii) Ibid., Lib. 3, persuasio 5; ed. Alva y Astorga, vol. 2, p. 47.

(xiv) Alfonso Salmerón, Commentarii in Evangel., tr. 5, Opera, Cologne, ed. Hiérat, 1604, t. III, pp. 37b-38a

(xv) Cf. Juan Pablo II, L’Osservatore Romano, edición en inglés, Diciembre 12, 1983, p. 1.

(xvi) Salmerón, Commentarii, vol. 10, tr. 41, p. 359b.

(xvii) Ibid., vol. 11, tr. 38, p. 312a

(xviii) Ibid., vol. 3, tr. 43, 495 a; cf. X, 51, 425 a; cf. Laurentin, Le Titre de Corédemptrice, pp. 15-16.

(xix) Ibid., vol. 3, 51, 426 a, 424 a, 429 b; vol. 11, 38, 311b; vol. 10, 51, 426 a; cf. Laurentin, Le Titre de Corédemptrice, pp. 15-16.

(xx) Ibid., vol. 3, 43, 495 a.

(xxi) Ibid., vol. 3, 43, 399 b; vol. 11, 2, 188 a.

(xxii) Ibid., vol. 10, 51, 426b.

(xxiii) Ibid., vol. 6, 6, 39 a.

(xxiv) Ibid., 36b.

(xxv) Sn. Pedro Canisius, De Maria Incomparabili Virgine, 1.4.c.26; cf. Bourassé, Summa Aurea de Laudibus B.M. Virginis, vol. 8, col. 1425.

Continue Reading

0

La mente de un santo está sobrenaturalmente dispuesta a la verdad. Mientras más santificado esté el corazón humano, más dócil será la mente a los revelados misterios de la fe. Por la razón de que los santos han sacrificado todos sus deseos mundanos por el paraíso celestial, están menos propensos a tener intelectos sesgados o confusos, mismos que son provocados por los apegos del mundo —la agenda humana, sea eclesiástica o de cualquier otro tipo, puede obscurecer las verdades divinas e impedir su consentimiento—.

El testimonio de los santos y beatos representa el nivel más alto y digno de confianza del sensus fidelium —ese consenso de la fe cristiana que se encuentra comúnmente dentro del Pueblo de Dios, que a su manera está inspirado y protegido por el Espíritu de la Verdad.(i)

Según una máxima de la Iglesia antigua, la “voz del pueblo” (vox populi), es un eco de la “voz de Dios” (vox Dei). Dentro de este coro de “vox populi”, el testimonio de los santos aporta los estribillos más puros y genuinos al reconocer, vivir y algunas veces hasta morir, por la fe cristiana. Por ello es particularmente valioso escuchar sus cantos de alabanza a María Corredentora.

Estamos plenamente conscientes de la relación tan limitada que ofrecemos dentro de una amplísima e ilustre gama de testimonios que han dado los santos de Dios a su Mater Dolorosa, y por ello nos permitimos citar solamente aquellos testimonios más recientes, de hecho, sólo a aquellos santos y beatos que han muerto en los últimos cien años. Este género se limita radicalmente a aquellos que han sido canonizados o beatificados en ese período.

Sta. Gemma Galgani (= 1903), de origen italiano que a sus cortos veinticinco años de edad, experimentó varias manifestaciones sobrenaturales, incluyendo visiones de Jesús, ataques diabólicos y los estigmas. Durante algunos de sus éxtasis registrados, Sta. Gemma habla fuertemente de los sufrimientos corredentores que la Madre sufre en el calvario:

Oh pecadores malvados, dejen de crucificar a Jesús, porque al mismo tiempo también traspasan a la Madre…Oh Madre mía, ¿en dónde te encuentro? Siempre al pie de la cruz de Jesús…¡Oh qué dolor el tuyo!…¡Ya no veo un solo sacrificio, sino dos: uno para Jesús, otro para María!…Oh Madre mía, si alguien te viera con Jesús no sería capaz de decir quién expira primero: ¿tú o Jesús?(ii)

¡Qué compasiva te me muestras, oh Madre mía, verte cada sábado al pie de la cruz!…¡Oh! Ya no veo sólo una Víctima, sino dos.(iii)

Sta. Gema escribe a su director espiritual sobre estos intensos sufrimientos de la Santísima Virgen desde del nacimiento de Jesús, pues contemplaba dolorosamente su crucifixión:

¡Oh, qué gran dolor debió haber sido para la Madre después que nació  Jesús, pensar que tendrían que crucificarlo! ¡Qué tormentos debió haber tenido siempre en su Corazón! ¡Cuánto habrá suspirado y cuántas veces habrá llorado! Aún así, nunca se quejó. ¡Pobre Madre!(iv)

…verdaderamente entonces, cuando ella lo ve crucificado… esa pobre Madre fue traspasada por muchas espadas…Entonces mi Madre fue crucificada con Jesús.(v)

Vimos anteriormente que la aprobación eclesiástica de María Corredentora tuvo lugar bajo el pontificado del Papa Sn. Pío X (= 1914). Durante su pontificado, tres documentos de la Curia Romana se refieren a la “misericordiosa Corredentora del género humano,” “nuestra Corredentora” y “Corredentora del linaje humano.” En sus propias palabras, el canonizado Papa instruye, en su Encíclica Mariana Ad Diem Illum de 1904, acerca de la “comunión de vidas y sufrimientos entre la Madre y el Hijo” al ofrecer la víctima redentora: “[María tendría] la tarea de cuidar y alimentar a la Víctima y de depositarla en el altar. De aquí se deriva la comunión de vida y sufrimientos entre la Madre y el Hijo, sufrimientos que para ambos y de igual manera, se pueden aplicar las palabras del profeta: ‘Pues mi vida se consume en aflicción, y en suspiros mis años’ (Sal. 30,11).(viii)

Más aún, Sn. Pío X invoca a nuestra Madre inmaculada como la “Reparadora del mundo perdido” y por lo tanto “Dispensadora de todos las gracias que nos mereció Jesucristo con su muerte y con su sangre.”(ix)  Asimismo cita a Sn. Buenaventura al hablar de la profunda participación redentora de la Madre en el calvario, afirmando que María “participó de tal manera en los sufrimientos (del Hijo), que de haber sido posible, con gusto habría padecido ella misma todos los tormentos que el Hijo soportaba.”(x)

Sta. Francisca Xavier Cabrini (= 1917), primer ciudadana americana canonizada, en repetidas ocasiones se refiere a la Corredentora en sus enseñanzas y dichos(xi), nombrando a la Santísima Virgen la “nueva Eva, la verdadera Madre de los vivientes” aquella que fue “escogida por Dios para ser la Corredentora del género humano.”(xii) La Madre Cabrini también discurre sobre las enseñanzas del Papa de la época, Sn. Pío X, sobre la corredención y hace el siguiente comentario de la Corredentora:

Si la gloria de haberle dado vida a nuestro Redentor le perteneció a ella, entonces también, como bien dijo nuestro Santo Padre, la tarea de cuidar y preparar a la Víctima sagrada para el sacrificio del linaje humano. María no sólo fue Madre de Jesús en las alegrías de Belén, pero más aún en el calvario…es ahí donde mereció ser digna Corredentora de todos.(xiii)

Sn. Maximiliano María Kolbe (= 1941), por ser el “teólogo de la inmaculada” se convierte también en el teólogo de la Corredentora. El santo mártir polaco, quien experimentó en su propia vida y de manera heroica el misterio de la corredención, al ofrecer su vida a cambio de un prisionero de guerra en Auschwitz, ofrece un tributo excepcional a la Corredentora, compañera  predestinada con el predestinado Redentor en restaurar la gracia a la humanidad: “Desde ese momento [de la caída], Dios promete un Redentor y una Corredentora cuando dice: ‘Enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje; ella te pisará la cabeza.’”(xiv) Sn. Maximiliano continúa su disertación, animando a una Mayor comprensión de María Corredentora para los tiempos contemporáneos: “Es claro que desde el principio nuestra relación con María Corredentora y Dispensadora de las gracias en la economía de la Redención no fue entendida en toda su magnitud. Pero actualmente, la fe en la mediación de la Santísima Virgen María crece cada día más.”(xv)

Esta sabiduría relativa a la madurez que iba adquiriendo el desarrollo doctrinal de la Corredentora, como parte esencial de su mediación universal, llevó a Sn. Maximiliano a ser uno de los primeros, junto con el renombrado Cardenal Mercier de Bélgica, en promulgar por una solemne definición pontificia de la mediación de Nuestra Señora en 1923. Consciente de las intenciones que tenía el Papa Benedicto XV de establecer tres comisiones teológicas para estudiar la posible definición de la mediación universal de María,(xvi) Sn. Maximiliano pidió a Nuestra Madre interceder para acelerar la solemne proclamación, ya que el rol de Nuestro Señora como la Mediadora de todas las gracias constituía la base teológica fundamental para el acto de la consagración Mariana y para las actividades de su Militia Immaculatae (“Milicia de la Inmaculada”):

Las palabras del Cardenal Mercier fueron las siguientes: “En su instrucción del 28 de Noviembre de 1922, el Santo Padre nos informó su decisión de nombrar tres delegaciones: una en Roma, otra en España y la tercera en Bélgica, para examinar en detalle el siguiente problema: ¿Pertenece al depósito de la verdad revelada la mediación de la Santísima Virgen María y podría ser susceptible de una definición?”
…La Militia basa sus actividades sobre esta realidad. Acudimos a la inmaculada y somos instrumentos en sus manos porque ella distribuye todas las gracias de conversión y santificación al os habitantes de este valle de lágrimas. Es más, firmemente profesamos esta verdad en nuestro acto de consagración a la Virgen María porque cada gracia nos viene del dulcísimo y puro Corazón de Jesús a través de las manos de María. Pero ¿en qué se fundamenta? Veamos la historia. Todas las conversiones siempre han venido por María, y cada santo tenía una devoción particular por ella. Los Padres y Doctores de la Iglesia han proclamado que ella, la Segunda Eva, ha reparado lo que la primera destruyó: que ella es el canal de todas las gracias, que ella es nuestra esperanza y refugio, que recibimos gracias por ella. En su Encíclica del Rosario (22 de Septiembre de1891), el Papa León XIII dice: “Se puede afirmar con toda verdad que por designio divino, del inmenso tesoro de gracias que nos son comunicadas, nada nos llega si no es por María.” Oremos, pues para que nuestra Santa Madre apresure la proclamación solemne de este privilegio suyo para que toda la humanidad pueda correr a sus pies con plena confianza, porque hoy en día tenemos gran necesidad de su protección.(xvii)

La Corredentora y el ecumenismo

Sn. Leopoldo Mandic (= 1942), sacerdote croata de la Orden de los Capuchinos con base en Padua, fue internacionalmente reconocido como confesor y director espiritual por casi cuarenta años. Aunque físicamente débil por los sufrimientos que le causaban varias dificultades físicas, incluyendo la del habla, por algunas enfermedades, fue un gigante espiritual que pasaba doce horas al día en el confesionario como un consagrado “canal de reconciliación.” Apóstol y “víctima del ecumenismo,” Sn. Leopoldo ofreció su vida a la corredentora por la reunificación de las iglesias orientales con la Iglesia de Roma. Era tanta la devoción de este santo a María Corredentora, que el deseo de toda su vida era escribir un libro que defendiera a la Santísima Madre como la “Corredentora de la raza humana,” y el “canal de cada gracia” que nos viene de Cristo Jesús.(xviii)

Sn. Leopoldo se refiere a la Madre como la “Corredentora del género humano” no menos de trece veces, y también vuelve a encender la chispa del título medieval y moderno de “nuestra Redentora.”(xix) Tan valiente defensor era de la Corredentora, que sobre una de sus imágenes, Sn. Leopoldo escribió el siguiente testimonio personal: “Yo, fraile Leopoldo Mandic Zarevic, creo firmemente que la Santísima Virgen es la fuente moral de todas las gracias, por haber sido Corredentora del linaje humano, y todos hemos recibido de su plenitud.”(xx)

Con el objeto de transmitir la naturaleza incondicional de la devoción que profesaba a la Corredentora este Patrono de la reunificación de la Iglesia, Sn. Leopoldo escribió un juramento en su propia mano ofreciendo toda su vida como víctima “en total sumisión a la Corredentora del linaje humano” por la “redención” y reconciliación de los pueblos orientales: “En verdad ante Dios y la Santísima Virgen y bajo juramento, me obligo por toda mi vida, en sumisión a la Corredentora del linaje humano, a poner todo mi esfuerzo por la redención de los pueblos orientales disidentes que caen en el error y cisma, al margen de la obediencia a mis superiores.”(xxi)

El testimonio de Sn. Leopoldo tanto a la insoslayable verdad de María Corredentora como a la auténtico imperativo cristiano del ecumenismo, prueba concretamente en una vida humana canonizada, que la generosa devoción de la Iglesia a María Corredentora no es de ninguna manera una oposición para un verdadero ecumenismo católico. De hecho, el “ministro de la reconciliación” (xxii) nos muestra que la Corredentora es el medio mariano más adecuado para que pueda haber una verdadera reconciliación cristiana, en virtud de ser “nuestra Madre común,”(xxiii) en palabras de Juan Pablo II. Por lo tanto, la Madre Corredentora es también Madre del Movimiento Ecuménico y nunca su obstáculo.

Con el ejemplo de Sn. Leopoldo, va también el ejemplo actual de Juan Pablo II, quien se ha mostrado de igual forma “plenamente mariano, y plenamente ecuménico.” Juan Pablo II es el Papa de la Corredentora sin que esto viole el verdadero significado o imperativo del ecumenismo cristiano, pues la misión ecuménica de la Iglesia consiste en la oración que es como “su alma,” y el diálogo que es como “su cuerpo,” en la búsqueda de la verdadera unidad cristiana con la única Iglesia, santa, católica y apostólica de Jesucristo.(xxiv) En su Encíclica sobre el ecumenismo, Ut Unum Sint, el Santo Padre prohibe cualquier compromiso doctrinal en aras de lograr esta meta: “En el Cuerpo de Cristo que es ‘el camino, la verdad y la vida’ (Jn.14,6), ¿quién consideraría legítima una reconciliación lograda a expensas de la verdad?”(xxv)

Por lo tanto, no es una opción auténticamente católica creer en “cualquiera de las dos,” es decir, en María Corredentora o en el ecumenismo, es más bien un deber y obligación creer en ambas, pues precisamente la reunificación de todos los cristianos se llevará a cabo mediante el rol de María Corredentora.

Sta. Teresa Benedicta de la Cruz (= 1942), aclamada filósofa convertida y monja carmelita de clausura, ha sido proclamada “Copatrona de Europa.” Nacida en el seno de una familia judía como Edith Stein, Sta. Teresa Benedicta fue otra víctima de Auschwitz, quien, antes del ofrecimiento final de su vida, regaló al mundo sus pensamientos personales, filosóficos y sus meditaciones místicas.

Profundamente devota de Nuestra Señora de los Dolores, Sta. Teresa Benedicta pasó muchas horas en oración ante la imagen de la Madre Dolorosa y describió a la Madre Corredentora nuestra entrada al “orden redentor.”(xxvi) Al igual que su Madre del Cielo, fue primero “ilustre hija de Israel”(xxvii) antes de convertirse en discípula de Cristo.

En su tratado teológico Scientia Crucis, en el que aborda el conocimiento de la cruz según los escritos de Sn. Juan de la Cruz, Sta. Teresa Benedicta confirma, junto con Dionisio, que el acto más grandioso que puede hacer un ser humano es cooperar con Dios en la salvación de los hombres: “La más divina de todas las obras divinas es cooperar con Dios en la salvación de las almas.”(xxviii) Pero sólo Nuestra Señora es quien coopera en esta obra divina por encima de todas las demás criaturas. Sta. Teresa Benedicta, en una línea de conocimiento realmente fecunda, declara que el rol de la Corredentora trasciende el simple nivel humano de actividad para entrar en el ámbito sobrenatural de la cooperación humana: “María deja el orden natural y se sitúa al lado del Redentor como Corredentora.”(xxix)

La humilde María de Nazaret, como hija de Adán y Eva, abandona el orden natural del ser y acepta la predestinación de Dios de convertirse en Madre espiritual de todos los pueblos, lográndolo al haberse “mantenido al lado del Redentor” en el orden sobrenatural, el orden hipostático y el orden redentor universal. Ella es la Madre espiritual de todos los pueblos por haber cooperado con Dios en la salvación de las almas, la “más divina de todas las obras divinas.” La carmelita, de origen judío y Copatrona de Europa, da un paso más al reverenciar a la última Hija de Zion, como la “Colaboradora de Cristo el Redentor.”(xxx)

El Fundador del Opus Dei, Sn. José María Escrivá (= 1975), excepcional e  incansable apóstol de nuestros días, animaba continuamente a los miembros de su congregación mundial, “Obra de Dios,” a que apreciaran a su Madre celestial en todos sus roles salvíficos. Sn. José María defiende enérgicamente a Nuestra Señora Corredentora, como lo demuestra el siguiente texto, en el que aplaude el uso pontificio del término Corredentora y su doctrina:

Los supremos pontífices se han dirigido correctamente a María como la ‘Corredentora,’ pues junto con su Hijo que sufría y moría, sufrió y casi murió con su Hijo que sufría y moría; en ese momento renunció a sus derechos maternales por la salvación del hombre y, en cuanto dependió de ella, ofreció a su Hijo para aplacar la divina Justicia, que bien podemos decir que ella, junto con Cristo, redimió al género humano. De esta forma estamos en mejor posición de entender ese momento de la pasión del Señor que jamás debemos de cansarnos de meditar: ‘Stabat iuxta crucem Jesus Mater eius,’ ‘Junto a la cruz de Jesús estaba su Madre’ (Jn. 19,25).(xxxi)

Para el histórico y estigmatizado santo, Padre Pío de Pietrelcina (= 1968), no es necesaria ninguna introducción, y tampoco encontraríamos una adecuada.

La consagración y oblación del Padre Pío a la Madona Corredentora no tenía límites dentro de los confines de hiperdulía. Este santo místico del confesionario, constantemente dirigía a sus penitentes a la Madre de los Dolores, e incansablemente les daba la penitencia sacramental de recitar siete Aves Marías a la Señora de los Dolores; muchos penitentes han reportado que antes de que él pudiera terminar de decir este título mariano, frecuentemente rompía a llorar.(xxxii)

Sus continuos elogios a la Madre de los Dolores y Corredentora expresados en sus miles de consejos en el confesionario y en su cotidiana dirección espiritual, se pueden resumir en un testimonio de la Corredentora en una de sus cartas: “Parece que ahora comienzo a comprender lo que fue el martirio de nuestra amadísima Madre… ¡Oh, si toda la gente pudiera tan siquiera penetrar en este martirio! ¿Quién sería capaz de soportar el sufrimiento con ésta, sí, nuestra querida Corredentora? ¿Quién le negaría el muy adecuado título de Reina de los Mártires?”(xxxiii)

Los Beatos

Un gran número de Beatos se solidarizan con los Santos en la alabanza a María Corredentora.

El Beato Bartolo Longo (= 1926), ha sido objeto recientemente de una renovada veneración, por la notable cita de Juan Pablo II en su Carta Apostólica del Rosario Rosarium Virginis Mariae, publicada en el 2002, y en la que se refiere a él como “Apóstol del Rosario”(xxxiv). Nuestra Señora es “por gracia, todopoderosa” profesa el Beato Bartolo, y repetidamente invoca a la inmaculada como “nuestra Corredentora y Dispensadora de las gracias.”(xxxv) Su sentida invocación de Corredentora para sus tiempos, también debería de ser nuestra petición orante en nuestros tiempos: “Oh Virgen Santa, cumple hoy con tu misión de ser nuestra Corredentora.”(xxxvi)

El Beato Luigi Orione (= 1940), Fundador religioso y protector de Sn. Juan Bosco, también se vale del título Corredentora: “María es la Corredentora de la humanidad, es nuestra más tierna Madre, pues incluso derramó tantas lágrimas especialmente por esta razón…”(xxxvii)

El extraordinario Cardenal de Milán, Beato Ildefonso Schuster (= 1954), promulgó una mariología bien documentada sobre María Corredentora con generosas aplicaciones del título Corredentora a lo largo de sus prolíficos escritos teológicos, homilías y obras catequéticas.(xxxviii)

El Cardenal teólogo, presenta una elaborada mariología de la Corredentora: “Incluso en el Cielo María ejercita la función de ser nuestra Abogada, esa función que Jesús le encargó en el calvario, esto es para que la redención reparara completamente la caída, incluso sobreabundantemente. Para Adán y Eva, pecadores, y para la causa del pecado original en este mundo, Dios contrapuso a Cristo y María, el Redentor y la Corredentora del linaje humano.”(xxxix) En relación con la Fiesta de Nuestra Señora de los Dolores, escribe:

Desde hace muchos siglos la devoción especial a la Virgen de los Dolores, Corredentora del linaje humano, ha estado en el alma del pueblo cristiano…[la moderna Fiesta del 15 de Septiembre fue, sin embargo,] más la fiesta del triunfo de la Santísima Madre quien al pide la cruz, precisamente por su cruel martirio, redimió al linaje humano junto con su Hijo, y mereció que fuera triunfalmente exaltada por encima de los coros de Ángeles y Santos.(xl)

En su comentario sobre la presentación del Niño Jesús, el Beato Ildefonso dice que el anciano Simeón “ya vislumbraba desde lejos la cruz plantada en el calvario y previó que María Corredentora estaría al pie de la cruz con el Corazón traspasado por una espada… María escuchó al anciano y le entendió, pero no dijo una sola palabra. Su martirio sin sangre comenzó desde ese momento pero guardó silencio, porque usualmente la víctima se queda callada y no habla.”(xli)

El Beato Jaime Alberione (= 1971), fue un moderno apóstol de la comunicación social y la evangelización. Fundador de la piadosa Sociedad de Sn. Pablo, que ha difundido libros católicos y material para los medios de comunicación por los cuatro puntos de la tierra. Su extensa mariología sobre la corredención, es al mismo tiempo, teológicamente astuta y atractiva para el corazón cristiano:

“Así como Jesús se ofreció a sí mismo en el Huerto de Getsemani, María igualmente dio su consentimiento a la inmolación y, hasta donde se lo permitieron sus fuerzas, inmoló a su Hijo. Su consentimiento fue similar al que dio en la encarnación, aunque de modo distinto…Y durante toda su vida nunca se interrumpió la unión de voluntades, intenciones y dolores entre la Madre y el Hijo, y mucho menos se rompió esa unión en el calvario…Como resultado de la unión de dolores, voluntades e intenciones entre María y Jesucristo, María se convirtió en Reparadora y en nuestra Corredentora y la Dispensadora de todos los frutos de la cruz…Jesús es el único Redentor. Jesús es el Mediador principal por designio divino.”(xlii)

Con sucinta precisión teológica, el Beato Alberione explica que la misión corredentiva de la Madre duró toda la vida: “[Ella] sufrió junto con Jesús el Redentor; ella fue Corredentora. Ella sabía que ésta era su misión para reparar dignamente por el pecado, para reabrir el Cielo, para salvar a la humanidad. Cumplió con éste, su oficio, desde el pesebre de Jesús hasta el calvario y luego al sepulcro.”(xliii) Con la misma precisión identifica el rol de María en la adquisición de la gracia y su resultado en la distribución de esa gracia: “[María] cooperó en la adquisición de la gracia y por ello es Corredentora; le presenta a Dios nuestras necesidades y por ello es la Mediadora de la gracia; nos ama y nos comunica la divina misericordia a nosotros, y por ello es nuestra Madre espiritual.”(xliv)

Dentro del grupo de Venerables recientes, citamos al eminente estudioso bíblico y misionero en China, Venerable Gabriel María Allegra (= 1974). El Venerable Gabriel defendió incondicionalmente la definibilidad dogmática de María como Corredentora y Mediadora de todas las gracias, particularmente en sus fundamentos bíblicos(xlv): “Creo firmemente y con todas mis fuerzas predicaré al resto de los fieles, que el título de Corredentora es teológicamente exacto para explicar la parte que tuvo María en la obra de nuestra salvación.”(xlvi) Este eminente y respetado estudioso bíblico, de forma muy conmovedora nos dice: “Las aflicciones de María y aquellas de Jesús no fueron sino una sola aflicción que hizo sufrir a dos corazones…La compasión de María incrementó el sufrimiento de Jesús y la pasión de Jesús fue la causa de las aflicciones de María. Este doble ofrecimiento redimió al mundo.”(xlvii) El Venerable Allegra subraya además, que “María merecía el título de Corredentora”(xlviii) y que “su ser estuvo íntimamente unido al de su Hijo moribundo en la cruz, como nuestra Corredentora.”(xlix)

Terminamos este solo cristiano de alabanzas que, a una voz, cantan los cristianos electos, con la voz única de la Madre Teresa de Calcuta (= 1997), recientemente beatificada, cuya profundidad mariológica, radicada en la sencillez, resuena en una carta fechada en 1993 en donde apoyó la definición dogmática de María Corredentora:

14 de Agosto de 1993
Fiesta de Sn. Maximiliano Kolbe

María es nuestra Corredentora con Jesús;
Ella le dio su cuerpo y sufrió con Él al pie de la cruz.
María es la Mediadora de todas las gracias;
Ella nos dio a Jesús, y como Madre, nos obtiene todas sus gracias.
María es Nuestra Abogada,
Quien intercede ante Jesús por nosotros.
Sólo a través del Corazón de María,
Podremos llegar al Corazón Eucarístico de Jesús.
Con la definición papal de María Corredentora, Mediadora y Abogada,
Enormes serán las gracias que recibirá la Iglesia.

Todo a Jesús por María.

Que Dios los bendiga,

M. Teresa, MC.(1)

Notas

(i) Cf. M. De María, “Il ‘sensus fidei’ e la ‘Corredentrice,'” María Corredentrice, Frigento, 2000, vol. 3, p. 8. Para estudios más extensos, cf. S.M. Miotto, “La voce dei Santi e la ‘Corredentrice,'” María Corredentrice, pp. 189-223; S. Manelli, F.F.I., “Corredención Mariana en la Hagiografía del Siglo XX,” María Corredentora: Temas Doctrinales Actuales, pp. 191-261; Nota: La Mayoría de las referencias contenidas en este capítulo se pueden encontrar en estas dos obras más completas.
(ii) Sta. Gemma Galgani, Estasi, Diario, Autobiografica, Scritti vari, Roma, 1988, p. 24.

(iii) Ibid., p. 34.

(iv) Sta. Gemma Galgani, Lettere, Roma, 1979, p. 106.

(v) Ibid.

(vi) Cf. Capítulo XI.

(vii) Cf. ASS 41, 1908, p. 409; AAS 5, 1913, p. 364; AAS 6, 194, p. 108.

(viii) Sn. Pío X¸ Ad Diem Illum, 12.

(ix) Ibid.

(x) Ibid.

(xi) Cf. G. de Luca, Parole sparse della Beata Cabrini, Roma, 1938.

(xii) Ibid., p. 164, 169.

(xiii) Ibid., p. 170.

(xiv) Sn. Maximiliano Kolbe, Scritti, Roma, 1997, n. 1069. También cf. L. Iammorrone, “Il mistero di Maria Corredentrice in San Massimiliano Kolbe,” María Corredentrice, vol. 2, pp. 219-256; H. M. Manteau-Bonamy, O.P., Immaculate Conception and the Holy Spirit, pp. 99-102.

(xv) Sn. Maximiliano Kolbe, Scritti, n. 1229.

(xvi) Ambas comisiones, española y belga, recomendaron enfáticamente la solemne definición de la mediación universal de María; las conclusiones de la comisión romana nunca fueron oficialmente publicadas, cf. M. O’Carroll, C.S.Sp., “The Fifth Marian Dogma and the Commission: Theological Gaps,” Contemporary Insights on a Fifth Marian Dogma, p. 143.

(xvii) Sn. Maximiliano Kolbe, “The Mediaton of the Most Blessed Virgin Mary,” Rycerz Niepokalanej, 1923, vol. 3, pp. 45-46.

(xviii) Cf. P. E. Bernardi, Leopoldo Mandic: Santo della riconciliazione, Padua, 1990, p. 118.

(xix) Cf. P. Tieto, Suo umile servo in Cristo, vol. 2, Scritti, Padua, 1992, p. 117. También para un tratamiento más extenso, cf. P. Stemman, “Il mistero di Maria ‘Corredentrice’ nella vita e negli Insegnamenti di san Leopoldo Mandic,” Maria Corredentrice, Frigento, 1999, vol. 2, pp. 257-276.

(xx) Sn. Leopoldo Mandic, Scritti, vol. 2, p. 124.

(xxi) Cf. Stemman, “Il mistero di Maria ‘Corredentrice,'” p. 269. El texto original en latín es el siguiente: “Vere coram Deo et Deiparae Virgini, interposita sacramenti fide, me obstrinxi in obsequium Corredemptricis humani generis, disponendi omnes ratione vitae meae iuxta oboedientiam meorum superiorum in redemptionem Orientalium Dissidentium a schismate et errore.” Sn. Leopoldo Mandic, Scritti, vol. 2, p. 97.

(xxii) Cf. Stemman, “Il misterio di María ‘Corredentrice,'” p. 262.

(xxiii) Juan Pablo II, Redemptiros Mater, 30.

(xxiv) Cf. Juan Pablo II, Encíclica Ut Unum Sint, 21, 28.

(xxv) Ut Unum Sint, 18.

(xxvi) Cf. F. Oben, Edith Stein, Alba House, 1988, pp. 57-61, 67.

(xxvii) Papa Juan Pablo II, Discurso de Beatificación en Colonia, Mayo 1, 1987.

(xxviii) Edith Stein, The Science of the Cross: A Study of St. John of the Cross, eds. Dr. Lucy Gelber y Fr. Romaeus Leuven, O.C.D., trad. Hilda C. Graef, Henry Regnery Co., 1960, p. 215.

(xxix) Ibid. Cf. también Hna. M. F. Perella, “Edith Stein. Ebrea, carmelitana, martire,” Palestra del Clero, 1999, vol. 78, p. 695. Nota: Una autora contemporánea de las provincias Renanas es Adrienne von Speyr (= 1967), mística suiza estigmatizada, colega muy cercana al teólogo suizo Hans Urs von Balthasar. La gran semejanza de pensamiento entre von Balthasar y von Speyr está confirmada por el mismo von  Balthasar: “Quiero tratar de evitar que después de mi muerte, alguien se de a la tarea de separar mi obra de la de Adrienne von Speyr. Ni remotamente será posible ” (Hans Urs von Balthasar. Unser Auftrag, 11). Von Speyr, receptora de cientos de revelaciones durante su vida, revela un extraordinario recuento teológico y místico de la Madre Corredentora. En su libro, Mary in the Redemption (Ignatius Press, 2003), aplica el título diez veces a lo largo de la obra entre profundos pensamientos teológicos. Por ejemplo:”…Y María es tan leal al Padre que en su Hijo ella ve tanto al que ha sido designado por el Padre (porque ella se hace una con la voluntad del Padre) y progresivamente, a través del Hijo, al Padre mismo. Sin embargo, será más difícil para el Hijo hacerla participar, a ella que es inocente, de su pasión y hacer uso de su pureza de manera que la involucre en la obra de la redención convirtiéndola en Corredentora. Será mucho más difícil involucrar en todo esto a una que es inmaculada, que a un converso que tiene muchas cosas personales que expiar y por ello con gusto coopera soportando una parte de la culpa común. En este sentido el sacrificio de la Madre se aproxima a la matanza de los ‘inocentes'” (Mary in the Redemption, p. 32).

Y también de von Speyr: “…Y ya que el Hijo la escogió como su Madre, seguirá siendo su Madre incluso hasta que Él muera. La ha escogido para todo, y su corredención ya estaba planeada y contenida en su preredención. Por lo tanto, ella era Corredentora desde que lo dio a luz, hecho que fue explícitamente dedicado al Hijo para que pudiera llevar a cabo su misión, un acto cuyo significado está contenido en la misión divina-humana de Jesús. Y este propósito no se pierde en María. Ella sigue siendo su Madre ya sea estando dentro de ella, lejos de ella, o bien pendiendo de la cruz” (Mary in the Redemption, p. 83-84).

(xxx) Sta. Teresa Benedicta, Beata Teresa Benedetta della Croce, Vita Dottrina Testi inediti, Roma, 1997, p. 1997.

(xxxi) Sn. José María Escrivà, Amici di Dio. Omelie, Milán, 1978, p. 318; también cf. Miotto, “La voce dei Santi e la ‘Corredentrice,'” p. 215; F. Delelaux, “Nel dolore invocare e imitare María Corredentrice,” Eco del Santuario dell’Addolorata, Castelpetroso, 1995, n. 3, pp. 6-8, n. 4, pp. 3-5.

(xxxii) A. Negrisolo, N. Castello, S.M. Manelli, Padre Pio nella sua interiorità, Roma, 1997, pp. 123.

(xxxiii) Sn. Padre Pio, Epistolario, San Giovanni Rotondo, 1992, vol. 3, p. 384; cf. también a estas obras del Padre Pio: Castello, Manelli, La “dolce Signora” di Padre Pio, Cinisello Balsamo, Italy, 1999; Manelli, “María SS.ma Corredentrice nella vita e negli scritti di Padre Pio da Pietrelcina,” Maria Corredentrice, Frigento, vol. 2, pp. 277-294; M. Da Pobladura, Alla scuola spirituale di Padre Pio da Pietrelcina, San Giovanni Rotondo, 1978; F. Da Riese, P. Pio da Pietrelcina crocifisso senza croce, Foggia, 1991.

(xxxiv) Juan Pablo II, Carta Apostólica Rosarium Virginis Mariae, 16 de Octubre, 2002, 43.

(xxxv) Beato Bartolo Longo, I quindici sabati del santo Rosario, Pompeya, 1996, ed., p. 62; trad. al inglés., The Fifteen Saturdays, Pompeya, 1993, p. 65.

(xxxvi) Beato Bartolo Longo, I quindici sabati, pp. 98, 101.

(xxxvii) Beato Luigi Orione, citado en antología Con don Orione verso María, Roma, 1987, p. 215; cf. también a Miotto, “La voce dei Santi e la ‘Corredentrice.'”

(xxxviii) Cf. I. Schuster, Liber Sacramentorum. Note storiche e liturgiche sul Messale Romano, Turin-Roma, 1928, vol. 9; L’Evangelo di Nostra Donna, Milán, 1954.

(xxxix) Ibid., vol. 8, p. 181.

(xl) Ibid., vol. 7, p. 89.

(xli) Schuster, L’Evangelo di Nostra Donnna, p. 67.

(xlii) G. Alberione, Maria Regina degli Apostoli, Roma, 1948, pp. 110-111; cf. también Manelli, “María Corredentrice nel pensiero del venrabile Giacomo Alberione,” Maria Corredentrice, Frigento, 2000, pp. 163-188.

(xliii) Alberione, Brevi meditazioni pero ogni giorno dell’anno, Roma, 1952, vol. 1, pp. 452-453.

(xliv) Alberione, Le grandezze di Maria Feste di María Santissima, Albano, 1945, p. 42.

(xlv) Cf. Murabito, “La Corredenzione di Maria nel pensiero del venerabile Padre Gabriele Allegra,” Maria Corredentrice, Frigento, 1999, vol. 2, pp. 195-314.

(xlvi) G.M. Allegra, Fasciculus Florum, Quaderno, 18 de Noviembre, 1939; Archivio della Vice Postulazione.

(xlvii) Allegra, I sette dolori di Maria, Castelpetroso, 1995, pp. 30-31.

(xlviii) Ibid., p. 30.

(xlix)Allegra, Il Cuore Immacolato di Maria, Acireale, 1991, p. 132.

(1) Beata Teresa de Calcuta, Carta a Vox Populi Mariae Mediatrici, 14 de Agosto, 1993, Vox Populi Mariae Mediatrici Archivos, Hopedale, Ohio.

Continue Reading

0

Así como en el nonato no existen cambios de naturaleza desde su gestación hasta su nacimiento sino sólo el transcurrir del tiempo y su crecimiento, igualmente ha sucedido con la doctrina de María Corredentora desde su concepción bíblica hasta su gestación apostólica pasando por el desarrollo patrístico posterior.

Conforme se fue desarrollando la comprensión soteriológica de la redención como “rescate” de la humanidad de la esclavitud de Satanás, también se fue comprendiendo gradualmente y en forma natural y pacífica el rol instrumental de María inmaculada en el proceso de la redención. Los padres y doctores de la Iglesia, partiendo del modelo de la nueva Eva, comenzaron a expandir su prédica y doctrina en cuanto al rol redentor de la Madre “con Jesús” desde la concepción hasta la natividad y eventualmente hacia el calvario.(1)

La segunda mitad del primer milenio comenzó con el testimonio del gran himno akatista del Este (hacia 525), refiriéndose a la Madre de Dios como la “redención”: “Salve, redención de la lágrimas de Eva.”(2)

El poeta y compositor de himnos latino Sn. Fortunato (= 600), ensalzó a la Santísima Virgen “nuestro único remedio,” por sus méritos causales en la salvación del mundo, pues dando a luz a Dios “lavará el pecado del mundo “:

O Virgen admirable, nuestro único remedio,
A quien Dios llenó con la riqueza del mundo,
Mereciste llevar a tu Creador en el vientre
Y dar a luz a Dios, concibiendo en fe.
Por este nuevo nacimiento, lavarás al mundo del pecado.(3)

En el siglo VII se comenzó a hablar por primera vez de que la inmaculada había “redimido” de hecho con el Redentor por haber participado en el “rescate” o “redención” del género humano de la esclavitud de Satanás. Aunque inicialmente durante el período sólo se hizo referencia a la participación de María en la redención en virtud de su cooperación al dar a luz al Redentor, para fines del primer milenio la doctrina se fue desarrollando hasta incluir el sufrimiento personal de María “con Jesús” en el calvario. Durante este siglo y al tiempo que se fue comprendiendo mejor lo que había significado que el Redentor rescatara a la humanidad, se comenzaron a dar testimonios yuxtapuestos de la participación de la Madre en la redención.

La palabra griega de redención es “lutrosis,” que en su significado ancestral denota rescatar o dispensar una deuda. En el significado patrístico es un acto de liberación, exoneración o literalmente redención. Ambos significados, el antiguo como el patrístico griego, se basan en la raíz etimológica “luo” que significa disolver o soltar. Tanto la palabra en latín “redimere” que significa “volver a comprar o adquirir” como la palabra griega “lutrosis” que significa “dispensar una deuda”, se transmitieron por igual y en forma complementaria para referirse en la época patrística a la participación de la Madre en la redención.

Sn. Modesto de Jerusalén (= 634), Patriarca de Jerusalén (o “Seudo-Modesto”)(4), se refirió a la gloriosa Madre de Dios por quien “hemos sido redimidos” (griego lelutrometha) de la esclavitud de Satanás: “Oh dormición hermosa de la gloriosa Madre de Dios por quien hemos recibido la remisión de nuestros pecados (Ef. I,7) y hemos sido redimidos de la tiranía del demonio.”(5)

Al mismo tiempo, Teodoro Mínimo Monremita (hacia s.VII) exhortó igualmente: “Que todas las criaturas conozcan el gran rescate que ella ofreció a Dios.”(6)

Sn. Andrés de Creta (= 740), renombrado orador y Arzobispo, se dirigió a María como la “Madre del Redentor” (tou Lutrotou)(7) diciendo: “en ti, hemos sido redimidos de la corrupción”(8) y añade: “Todos hemos obtenido la salvación por su medio.”(9)

Sn. Juan Damasceno (= hacia 754-787), ilustre contemporáneo de Sn. Andrés, Doctor de la Iglesia y uno de los últimos y más grandes padres griegos, reafirmó el rol de la Santísima Virgen en la readquisición de la humanidad. Damasceno enseñó que la Santísima Virgen es aquella “por la que fuimos redimidos de la maldición,”(10) y que por María “se restauró enteramente la raza de los mortales.”(11)

El teólogo y académico Alcuino del siglo IX (= 804), Abad de Tours e inspirador del Renacimiento carolingio, se expresó así del rol redentor de María: “El mundo entero se regocija de que por ti fue redimido.”(12)

Sn. Tarasio, Patriarca de Constantinopla y contemporáneo de Alcuino en el Este (= 806), llamó a la Santísima Madre la “paga” por la deuda de Eva, lo que refleja un crecimiento en la comprensión del precio soteriológico de la redención: “Tu [María], eres la paga por la deuda de Eva.”(13) Sn. Teodoro de Estudión (= 826) el gran reformador monástico, llama a María el “rescate del mundo.”(14)

Con la contribución del monje bizantino, Juan el Geómetro a fines del siglo X, brilló una nueva luz al comprender la inseparabilidad de la Madre con el Hijo en el cumplimiento de la redención que culminó en el calvario. Juan Pablo II reconoció este sensacional e histórico avance de la doctrina de María Corredentora en el libro Vida de María de Juan el Geómetro, cuando el Santo Padre confirmó:

Esta doctrina [de la colaboración de María en la redención], fue sistemáticamente elaborada por primera vez a finales del siglo X en el libro Vida de María escrito por el monje bizantino Juan el Geómetro. En esta obra, María está unida a Cristo en toda la obra de la redención, compartiendo, según designio divino, la Cruz y el sufrimiento por nuestra salvación. Ella permaneció unida a su Hijo “en cada acto, actitud y deseo.”(15)

Juan el Geómetro identificó a Nuestra Señora como la “redención (lutrosis) del cautiverio,”(16) y describió su unión con Jesús en toda la obra de salvación:

La Virgen, después de haber dado a luz a su Hijo, jamás se separó de sus actividades, disposiciones y voluntad…Cuando él se iba lejos, ella iba con él, cuando obraba milagros, era como si ella los obrara con él y compartía su gloria y se regocijaba con él. Cuando fue traicionado, arrestado, juzgado, cuando sufrió; ella, no sólo se mantuvo a su lado siempre y en todas partes percatándose especialmente de su presencia, sino que además sufrió con él…Terriblemente dividida, hubiese deseado mil veces sufrir ella misma la maldad que vio padecer en su Hijo.(17)

Juan agradeció a Jesús tanto sus sufrimientos como los de su Madre por los que la humanidad obtuvo frutos espirituales: “A los dos les damos las gracias por haber sufrido tan terrible maldad por nosotros y por haber querido que tu Madre también padeciera esa terrible maldad por ti y por nosotros…”(18)

Según el Geómetro, Cristo se dio a sí mismo como rescate por nosotros, y de igual manera y a cada momento ofreció a su madre como rescate por la humanidad, para que Jesús: “muriera por nosotros sólo una vez y que ella en su voluntad muriera mil veces; para que su corazón ardiera por ti y por aquellos por los que el Padre ofrecía a su propio Hijo, sabiendo que sería librado de la muerte.”(19) Más aún, Juan profesó que María sufrió por la Iglesia como “una madre universal.”(20)

Se debe ponderar el hecho de que por más de mil años el Pueblo de Dios ha dado testimonio de la fecundidad espiritual que tuvieron los sufrimientos de la Madre “con Jesús” desde la anunciación hasta el calvario por la redención universal. Al reconocer el sufrimiento sin límites del corazón de la Madre en la muerte del Hijo crucificado, también se reconoció su nuevo y merecido rol como madre espiritual y universal de la Iglesia y de toda la humanidad.

Por lo tanto, es en este siglo X y después de mil años de gestación pacífica, cuando nace propiamente la doctrina de María Corredentora en el calvario.

El título de “Redentora”

En un salterio francés del siglo X, se encontró incluida en la letanía de los santos una invocación a manera de petición: “Santa Redentora del mundo, ruega por nosotros.” En la belleza que hay en la relación entre “doctrina” y “título” y entre la verdad transmitida por esa misma doctrina y la misma verdad captada en una sola palabra, se encuentra esta petición a la Virgen Madre de Jesús bajo el título de “Redentora,” que refleja el desarrollo de la doctrina de la que Juan el Geómetro dio testimonio.

Los padres siempre vieron a la nueva Eva como la Virgen Madre que activa y voluntariamente participó, con y bajo Jesús, el nuevo Adán, en la restauración de la gracia para la familia humana. A principios de la Edad Media, la redención se fue comprendiendo en la medida en que se enfocaba más hacia su cumplimiento en la crucifixión de Cristo en el calvario, y en esa medida también se iba reconociendo y reverenciando mayormente la participación de la Madre en el calvario. Pero el mismo principio de la participación subordinada presente en el modelo de la nueva Eva, también se presentó en el título y doctrina de la “Redentora” — la Madre participa como criatura totalmente subordinada y dependiente de su divino Hijo el Redentor, con poder suficiente de reconciliar Él solo la tierra con el cielo.

Sin embargo, la petición del siglo X no termina diciendo “Santa Redentora del mundo, ten misericordia de nosotros,” que habría inferido un paralelo erróneo o una relación de competencia con el único divino Redentor, sino más bien dice “Santa Redentora del mundo, ruega por nosotros,” por lo que está solicitando su intercesión al modo de todas las demás peticiones cristianas que buscan la poderosa intercesión de los santos humanos. ¿Fue una imprudencia de nuestros hermanos y hermanas del medioevo llamar a María la “Redentora?”(22) En sentido estricto, no es mayor imprudencia dirigirse a María como “Redentora,” de lo que la Iglesia lo hace llamándola “Mediadora”.

El título Redentora transmite en su totalidad la doctrina de la corredención mariana, que se va comprendiendo en la medida en que se va profundizando en el rol que ejerció María en el calvario. “Redentora” (como el posterior título de “Corredentora”), se utilizan en un contexto de completa y total subordinación a Jesucristo, divino Redentor y Señor de todo lo creado. El título de “nueva Eva” no era más amenazante para la primacía del “nuevo Adán” en la doctrina de los padres, de lo que podría haber amenazado el título de “Redentora” a la primacía de Cristo el “Redentor” entre los habitantes del medioevo. De la misma forma en que se invoca a la Madre de Jesús como “Mediadora” (Lumen Gentium, 62) y no “comediadora,” entendiendo propiamente su completa subordinación como criatura a Jesús el “único Mediador” (1Tm 2,5)(23), asimismo es perfectamente legítimo y teológicamente ortodoxo llamar a María la “Redentora” bajo los mismos términos eclesiásticos de total subordinación al Redentor.

En el período que va de los siglos X al XIV, la doctrina y el título de la corredención mariana lograron importantes avances que iban preparando el camino para un desarrollo mariológico posterior de María “Corredentora.” Las referencias y testimonios honrando a Nuestra Señora como Madre y “Redentora” por haber dado a luz al Redentor, siguieron su curso acompañados de una explicación más profunda de su sufrimiento “con Jesús” en el calvario.

Un autor anónimo del siglo XI escribió: “La Virgen Madre de Dios da a luz como nuestra Redentora”(24). El gran santo Pedro Damián (= 1072), Cardenal y Doctor de la Iglesia, exhortó a la Iglesia a dar gracias a la Madre de Dios, después de Dios mismo, por nuestra redención: “…somos deudores de la Santísima Madre de Dios y …después de Dios, deberíamos darle gracias por nuestra redención.”(25)

Sn. Anselmo (= 1109), probablemente el teólogo escolástico y filósofo más importante de los primeros años, habló de la redención como la victoria lograda por la unión de la Madre con el Hijo: “Lo que digo lo refiero dignamente tanto a la Madre de Dios como a mi Señor de cuya fecundidad yo, un simple esclavo, fui redimido y por cuyo nacimiento he sido liberado de la muerte eterna.”(26) Sn. Anselmo declara además:
“Oh Hijo, eres la salvación de los pecadores, y tú, Oh Madre,”(27) y también: “Gracias a tu mediación tenemos acceso al Hijo que redimió al mundo.”(28)

Eadmer de Cantorbery (= 1124), compañero de Sn. Anselmo, fue uno de los primeros en hablar del “mérito” de Nuestra Señora en relación con la redención e invoca a la Santísima Virgen como “Reparadora.” El término Reparadora es básicamente el equivalente al de Redentora, pero pone el énfasis en la restauración o reparación entre Dios y los hombres. El término Reparadora lo usaría el Papa Sn. Pío X unos 900 años después para referirse a la Madre (29). Eadmer enseña que María “mereció convertirse dignamente en Reparadora del mundo perdido,”(30) y que “así como Dios es Padre y Señor de todas las cosas porque por su solo poder ha creado todo, de igual forma María Santísima es la Madre y Señora de todas las cosas porque reparó todo por sus méritos.”(31)

Sn. Bernardo y Arnoldo de Chartres: Cosufrimiento y “Cocrucifixión”

Una de las más extraordinarias contribuciones a la historia de María Corredentora nos viene de la contemplación del gran Sn. Bernardo de Claraval (= 1153), sin duda alguna la figura más significativa del siglo XII, y de su discípulo Arnoldo de Chartres (= 1160).

Sn. Bernardo, a quien en algunas ocasiones se le ha denominado “el último de los padres de la Iglesia,” fue el primero en enseñar que María había “ofrecido” a Jesús como divina víctima al Padre Celestial por la reconciliación del mundo. Las enseñanzas de Sn. Bernardo se enmarcan en el contexto del ofrecimiento de Jesús por María en la presentación del Templo (aún antes del calvario): “Oh Virgen sagrada, ofrece a tu Hijo; y presenta nuevamente al Señor este Fruto de tu vientre. Ofrece esta Víctima santa y agradable a Dios por nuestra reconciliación. Dios Padre recibirá con gran alegría esta oblación, esta Víctima de infinito valor.”(32)

El Abad de Claraval fue también el primero en referirse a la “compasión”(33) de Nuestra Señora, un término que etimológicamente viene del latín “cum” (con) y “passio” (sufrimiento o recepción [compra de propiedad robada]), por lo tanto se refiere a su “cosufrimiento” o “sufrimiento con” Jesús. Según Bernardo, la Madre Virgen acogió el “precio de la redención;”(34) se mantuvo “en el punto de partida de la redención,”(35) y “liberó a los prisioneros de guerra de su cautiverio.”(36)

Además, Sn. Bernardo fue el primer teólogo y doctor de la Iglesia en predicar que María hizo “reparación” por la desgracia y ruina que nos trajo Eva: “Corre, Eva, a María; corre, madre a tu hija. La hija responde por la madre, aleja el oprobio de la madre, te ofrece reparación a Ti, Padre, por la madre…Oh mujer a ser venerada singularmente…Reparadora de los padres.”(37)

Arnoldo de Chartres, mariólogo fundamental y renombrado discípulo de Sn. Bernardo, se le puede considerar justificadamente el primer autor que formalmente expuso explícitamente la doctrina de María Corredentora en el calvario. Si bien dos siglos antes Juan el Geómetro se había referido al sufrimiento que había padecido María con Jesús crucificado, Arnoldo especifica que son Jesús y María quienes, juntos, llevan a cabo la redención por haber ofrecido mutuamente el único y mismo sacrificio que ofrecieron al Padre. El Abad francés nos asegura que: “Juntos (Cristo y María) llevaron a cabo la tarea de redimir a los hombres…ambos ofrecieron un único y mismo sacrificio a Dios: ella en la sangre de su corazón, Él en la sangre de su carne…de tal suerte que junto con Cristo, ella obtuvo un efecto común en la salvación del mundo.”(38)

En una sensacional e innovadora teología y terminología, Arnoldo afirmó que María estuvo “cocrucificada” con su Hijo(39) en el calvario, y que la Madre “comurió” con Él (40). Como respuesta a las objeciones interpuestas primero por Ambrosio, en el sentido de que María no había sufrido la pasión, que no estaba crucificada como Cristo y que no había muerto como Cristo en el calvario, Arnoldo respondió que María experimentó “compasión” o “cosufrimiento” (utilizando el término de su maestro Bernardo) con la pasión de Cristo: “lo que hicieron en la carne de Cristo con clavos y lanza, en su alma esto fue cosufrimiento.”(41) Arnoldo continúa su exposición de que María estuvo de hecho “cocrucificada” de corazón con Jesús crucificado (42), y que la Madre “comurió” con la muerte de su Hijo. María “comurió con el mismo dolor de una madre o un padre.”(43)

Arnoldo concluyó diciendo que la Madre del Redentor no “operó” la redención en el calvario, sino que “cooperó” en la redención y al nivel más alto posible (44). Es el amor de la Madre el que coopera de forma singular en el calvario de la forma más favorable a Dios: “[En el calvario] el amor de la Madre cooperó excesivamente, a su manera, para hacernos propicio a Dios.”(45)

No cabe duda que las contribuciones de Bernardo y Arnoldo fueron extraordinarias del todo. El rol de la Madre en la redención es afirmado por Bernardo en términos tales como ofrecimiento, satisfacción y compasión. Su rol en el calvario es proclamado por Arnoldo en términos como cocrucificada, comurió, cooperó. Estos testimonios se pueden igualar, por su comprensión teológica y madurez, a testimonios contemporáneos que sobre María Corredentora han ofrecido los papas en los siglos XX y XXI. El desarrollo histórico de la doctrina y título de la Corredentora, ejemplificado de manera extraordinaria durante este último período patrístico y comienzos del medioevo, dará frutos aún mayores en el futuro cercano, poniendo de manifiesto este título que expresa de la forma más clara la singular colaboración que tuvo la Madre en la redención con y bajo Jesús.

Notas

(1) Para un estudio más extenso sobre la historia del título de María Corredentora y la corredención mariana durante la época del medioevo y la moderna, cf. Carol, De Corredemptione; R. Laurentin, Le Titre de Corédemptrice; G. Roschini, Maria Santíssima Nella Storia Della Salvezza, vol. 2, pp. 171-232; L. Riley, “Historical Conspectus of the Doctrine of Mary’s Co-redemption.” Varias citas contenidas en esta obra fueron obtenidas de estos extensos estudios. Nota: Las referencias encontradas en el artículo de Laurentin ilustran la excepcional sabiduría histórica del autor, pero varios de los comentarios sobre el desarrollo de la corredención mariana en relación con su aplicación en la “redención” y “corredención” no parecen estar fundamentadas en sus propias aunque excelentes fuentes (cf. Nota 22 de este capítulo y Capítulo IX, nota 2).

(2) Himno Akatista, Estrofa 1; PG 92, 1337 A.

(3) Sn. Fortunato, In laudem S. Mariae Virginis et Matris Domini, versos 119-125; PL 88, 284.

(4)Para ver las controversias sobre la autenticidad de su origen, cf. M. Jugie, “Deux homélies patristiques pseudépigraphes. Saint Athanase sur l’Annonciation et saint Modeste de Jérusalem sur la Dormition,” Echos d’Orient, 30, 1941-2, pp. 283-289, y Dom. B. Capelle, “Témoignage de la liturgie…,” Bulletin de la société française d’études mariales, 7, 1949, pp. 40-41, n. 16.

(5) Enconium in B. Virginem, VII; PG 86, 3293 B.

(6) Teodoro Minimo Monremita, s. In annunciatione, t. 8, en A. Ballerini, Sylloge, Paris, Lecoffre, 1857, t. 2, p. 229.

(7) Sn. Andrés de Creta, Canon in Nativ., ode 4; PG 97, 1322 B.

(8) Ibid., ode 5; PG 97, 1322 C.

(9) Sn. Andrés de Creta, Canon in B. Annae conceptionem; PG97, 1307.

(10) Sn. Juan Damasceno, Homilia in Annuntiationem B.V. Mariae; PG 96, 657. Laurentin atribuye esta referencia a “Seudo-Juan Damasceno,” cf. Laurentin, Le Titre de Corédemptrice, p. 59.

(11) Sn. Juan Damasceno, Homilia I in Nativitatem B.V. Mariae; PG 96, 661.

(12) Alcuino, s. De Nativ.; PL101, 1300 D.

(13) Sn. Tarasio, Sermo in Praes., IX; PG 98, 1492 A.

(14) Sn. Teodoro de Estudión, Triodium Dominicae abstinentiae, ode y, citado en A. Ballerini Sylloge, t. 2, p. 229, nota c.

(15) Juan Pablo II, Audiencia General, Oct. 25, 1995, n. 2; L’Osservatore Romano, edición en inglés, Nov. 1, 1995, p. 11.

(16) Juan el Geómetro, S. On the Annunciation; PG 106, 846 a.

(17) Juan el Geómetro, Life of Mary según se encuentra en A. Wenger, A.A., “L’Assomption,” Études Mariales, BSFEM,23,1966,66, citada en inglés por M. O’Carroll, C.S.Sp., Theotokos: A Theological Encyclopedia of the Blessed Virgin Mary, Michael Glazier,1982, p. 204.

(18) Ibid., Wenger, L’Assomption, p. 406.

(19) Ibid.

(20) Ibid.

(21) Litanies des saintes, en un Salterio de origen francés preservado en la librería de la Catedral de Salisbury, Pergamino 173, fol. en columnas dobles, 0.39×0.32m. Manuscrito núm. 180, fol. 171 v., b, editado por F.E. Warren, “An Unedited Monument of Celtic Liturgy” en Celtic Review, 9, 1888, pp. 88-96.

(22) Cf. Laurentin, Le Titre de Corédemptrice, p. 12. El Padre Laurentin se refiere a Redentora como un “título imprudente” y a las versiones cortas de “María es la redención” y “ella redime; ella es redentora” las califica de “desconcertantes” (p.13). Laurentin defiende la validez de “Redentora” en tanto que denota una “afirmación equívoca” de expresiones más antiguas de “María redime” (“de Maria redemit a Maria Redemptrix, el matiz no tiene importancia,” p. 12) y que los Padres, al aplicar estos términos a María, le daban un significado totalmente diferente al que le daban sólo a Cristo el Redentor, por haber pagado el precio del pecado. Sin embargo, Laurentin deja de validar la dimensión participativa de María en el acto mismo de la redención allende a la encarnación, como se menciona en estas últimas referencias del rol que tuvo María en la redención, y que no son sino un desarrollo natural de aquellas antiguas expresiones de la “nueva Eva” y del principio de recapitulación en el que la nueva Eva sí contribuye, aunque de manera subordinada, en el proceso salvífico con el nuevo Adán, así como en el necesario proceso reversivo de la participación de Eva al pecado de Adán. Aceptar el modelo patrístico de la nueva Eva y su obvia cooperación causal en la salvación, y luego excluir de cualquier participación real a María en la posterior soteriología de la redención, de la que se hizo mención durante los siglos X al XIV, sería negar que ésta última sea resultado de un desarrollo sólido y real de la anterior. De hecho, la redención es pagar el precio para liberar a una persona, y este precio lo pagó enteramente Cristo Jesús, el nuevo Adán, el “Redentor,” y por su participación, la Madre de Jesús, la nueva Eva, la “Redentora” (y más tarde Corredentora). Este constituye el proyecto de salvación querido por Dios y que fundamenta por completo la teoría de recapitulación que salva al linaje humano utilizando los mismos medios por los cuales se perdió — el libre albedrío de un hombre y una mujer — manifestando así la omnipotencia y gloria de Dios. Sólo si rechazamos a priori que haya habido alguna legítima participación humana en la redención obtenida por Cristo, posición que va en contra de las referencias magisteriales contemporáneas sobre una verdadera participación mariana en la redención y que podemos encontrar, por ejemplo, en Lumen Gentium, 57, 58, 61 o en Salvifici Doloris, 25 (los sufrimientos de María en el calvario “fueron una contribución a la redención de todos,”), nos veremos continuamente forzados a concluir que estas referencias a la “redención de María” corren el riesgo de convertirse en una redención paralela o rival de la obtenida por Cristo. Éstas no constituyen tal amenaza, y el contexto bajo el que se utilizaron durante los períodos pre-escolástico, escolástico y post-escolástico (al igual que en la era patrística en formas más concisas), manifiestan una verdadera participación de María en la redención de Cristo.

(23) Cf. Lumen Gentium, 60, 62.

(24) Inscripción con una ilustración de la natividad, Ms. 123 de la Bibliotheca Angelica, Roma, fol. 29v.

(25) Sn. Pedro Damián, Sermo 45 in Nativitate Beatissimae Virginis Mariae; PL 144, 743.

(26) Sn. Anselmo de Cantorbery, Oratio 52; PL 158, 953 C-954 A.

(27) Sn. Anselmo, Oratio 51; PL 158, 951.

(28) Sn. Anselmo, Oratio 54; PL 158, 961. Algunos autores lo consideran como una cita de “Seudo-Anselmo,” cf. A. Wilmart, Revue benedictine, 36, 1924, pp. 52-71.

(29) Pío X, Ad Diem Illum, 12.

(30) Eadmer de Cantorbery, Liber de Excellentia Virginis Mariae, c. 9; PL 159, 573.

(31) Ibid., c. 11; PL 159, 578.

( 32) Sn. Bernardo de Claraval, Sermo 3 de Purificatione Beatae Mariae; PL 183, 370.

(33) Sn. Bernardo; PL 183, 438 A.

(34) Sn. Bernardo, Homil 4 sup.Missus est; PL 183, 83 C.

(35) Sn. Bernardo, Sermon des 12 étoiles; PL 183, 430 C.

(36) Ibid.; PL 183, 430 D; Homil 4 sup. Missus est; cf. Laurentin, Le Titre de Corédemptrice, p. 14 ff.

(37) Sn. Bernardo, Homilia 2 super Missus est; PL 183, 62.

(38) Arnoldo de Chartres, De Laudibus B. Mariae Virginis; PL 189, 1726-1727.

(39) Arnoldo de Chartres; PL 189, 1693 B.

(40) Ibid.

(41) Cf. Laurentin, Le Titre de Corédemptrice, p. 15, nota 51; “quod in carne Christi agebant clavi et lancea, hoc in ejus mente compassio naturalis”; PL 189, 1731 B.

(42) Ibid., p. 15, nota 52; “concrucifigebatur affectu”; PL 189, 1693 B.

(43) Ibid., p. 15, nota 53; “parentis affectu commoritur”; PL 189, 1693 B.

(44) Ibid., p. 15, nota 54; “co-operabatur…plurimum”; Tractatus de septem verbis Domini in cruce, tr. 3; PL 189, 1695 A.

(45) Arnoldo de Chartres, Tractatus de septem verbis Domini in cruce, tr. 3; PL 189, 1694.

Continue Reading

“No Hay Ninguna Otra Palabra”

Published on July 23, 2012 by in En Espanol

0

Los frutos mariológicos producto de la Epoca de Oro sustentaron el pensamiento mariano de la corredención durante dos siglos consecutivos. Los siglos XVIII y XIX no produjeron ninguna cosecha sustancial novedosa en la comprensión de la Madre Corredentora, aunque si dio testimonios generosos del título en las áreas teológica y espiritual. A finales del siglo XIX, “Corredentora” claramente se convierte en el título dominante para referirse a la colaboración salvífica de la Madre de Dios en la redención, y es utilizado en cientos de testimonios por una pléyade de teólogos, santos y místicos.(i) Por otro lado, el título de Redentora en este período se deja prácticamente de lado.

Sn. Luis María Grignion de Montfort (= 1716), ilustrísimo maestro mariano, de quien Juan Pablo II extraería su ‘motto’ mariano de consagración, “Totus Tuus” (“todo tuyo”), enseñó que el sacrificio corredentor de la Madre a lo largo de toda su vida, es una forma de glorificar la propia independencia de Nuestro Señor, precisamente por haber “dependido” de la Virgen Madre:

…[Nuestro Santísimo Señor] dio gloria a su independencia y majestad por haber dependido de esa dulce Virgen para su concepción, su nacimiento, su presentación en el templo, su vida oculta durante 30 años, incluso hasta en su muerte, en donde ella debía estar presente para que junto con Él se hiciera uno y el mismo sacrificio, y para que pudiera ser inmolado al Padre Eterno con el consentimiento de ella, así como el antiguo Abraham consintió con el ofrecimiento de Isaac a la voluntad de Dios. Fue ella quien lo alimentó, lo apoyó, lo crió, y finalmente lo sacrificó por nosotros.(ii)

El autor franciscano Carlos del Moral (= 1731), bien podría ser el primer teólogo en enseñar que si bien los méritos de la inmaculada Corredentora fueron totalmente dependientes de los méritos de Jesús, también fueron por sí solos, méritos de “condigno” en sentido secundario. Los méritos de Nuestra Señora, según del Moral, fueron, más que simplemente de “conveniencia” o congruencia (de congruo), también dignos de merecer, no en estricta justicia, sino en relación con, y dependientes de, los méritos sobreabundantes del Redentor:

La Madre de Dios al pie de la cruz, cosufriendo y ofreciendo a su Hijo al Padre Eterno, con su Hijo y por sus méritos hizo satisfacción en un sentido (secundum quid), pero de condigno y sólo de manera secundaria como la Corredentora, por los pecados del género humano.(iii)

Y añade:

…la Madre de Dios cooperó con su Hijo en la salvación del hombre, la gracia y gloria de los ángeles, por actos meritorios de condigno pero dependientes de los méritos de su Hijo. Por lo tanto y en ese sentido, decimos que ahora parece consistente con los principios teológicos, que lo que Cristo el Señor nos mereció recae también bajo los méritos de condigno —y no sólo de congruo— de la Madre de Dios que dependió…de los méritos superabundantes de su Hijo.(iv)

Sn. Alfonso María de Ligorio (= 1787), mariano, Doctor de la Iglesia y Fundador de los Redentoristas, invocó a la Señora del calvario bajo el título de “Redentora”, en reconocimiento de sus méritos y su sacrificio en el calvario: “Por el gran mérito que adquirió en este gran sacrificio, se le llama redentora.”(v) El Doctor de la Mediación Universal de María también la llama la “Corredentora,”(vi) y explica cómo su corredención en el calvario es el medio por el que se convierte espiritualmente en “Madre de nuestras almas”:

Ella ofreció al Padre Eterno, con supremo dolor en su propio corazón, la vida de su amado Hijo por nuestra salvación. Por ello San Agustín da testimonio de que por haber cooperado amorosamente para que los creyentes nacieran a la vida de la gracia, se convirtió en Madre espiritual de todos los que son miembros de nuestra cabeza, Cristo Jesús.”(vii)

y:

Cristo dispuso que la Santísima Virgen, a través del sacrificio y oblación de su vida, cooperara en nuestra salvación convirtiéndose en Madre de nuestras almas. Y nuestro Salvador quiso dar a entender esto cuando, antes de morir, viendo desde la cruz a Su Madre y al discípulo con ella, primero le dijo a María: “He ahí a tu hijo” —como si dijera: “Mira, ahora el hombre nace a la vida de la gracia porque has ofrendado Mi vida por su salvación.”(viii)

En cuanto a la unión de voluntades y singularidad del sacrificio ofrecidos por Jesús y María, Sn. Alfonso explica:

En la muerte de Jesús, María unió su voluntad a la de su Hijo de tal modo, que ambos ofrecieron un único y mismo Sacrificio; y por ello el santo Abad [Arnoldo de Chartres] dice que por ello el Hijo y la Madre llevaron a cabo la redención del género humano obteniendo la salvación del hombre —Jesús satisfaciendo por nuestros pecados y María obteniendo que esta satisfacción nos fuera aplicada.(ix)

Venerable John Henry Newman y P. Fredrick William Faber

Para mediados del siglo XIX, se contó con la corroboración del Venerable Cardenal John Henry Newman (= 1890), una de las fuentes teológicas más citadas durante el Concilio Vaticano Segundo. Newman defiende el título de María Corredentora en su diálogo con el sacerdote anglicano Pusey, con motivo de la relación del título con otros títulos gloriosos patrísticos concedidos a la Madre de Cristo: “Cuando te encontraron con los Padres llamándola Madre de Dios, Segunda Eva y Madre de todos los vivientes, la Madre de la Vida, Estrella de la Mañana, el Nuevo Cielo Místico, el Cetro de la Ortodoxia, la toda inmaculada Madre de la Santidad, y por el estilo, habrían considerado una pobre compensación para tal lenguaje, que protestaras en contra de llamarla Corredentora…”(x)

Una valiosa contribución apologética al uso legítimo de Corredentora, nos viene de la pluma de un colega de Newman del movimiento Oxford, Fundador del Oratorio de Londres, P. Fredrick William Faber (= 1863). Aunque más abierto al corazón popular que a la mente especulativa, el comentario de Faber sobre el título de María Corredentora proporcionó distinciones importantes en beneficio de un concepto más preciso y su aplicación pastoral para la feligresía común.(xi)

Faber comienza haciendo un honesto resumen del título Corredentora a la luz de los testimonios de los santos y doctores, pero teniendo en mente la necesidad de proteger la unicidad de Cristo como único y divino Redentor:

Los santos y doctores se han solidarizado en llamar a nuestra Santa Señora corredentora (co-redemptress) del mundo. No hay duda de que es legítimo usar este lenguaje, porque se cuenta con una abrumadora autoridad para ello. La cuestión estriba en su significado. ¿Se trata solamente de hipérbole panegirista, de la exageración amorosa de la devoción, el inevitable lenguaje de un verdadero entendimiento de María que encuentra el lenguaje común inadecuado para transmitir toda la verdad? ¿O se trata literalmente de una verdad que está vinculada a documentos precisos teológicamente reconocidos? Esta es una cuestión que se ha presentado a la mayoría de las mentes en relación con la devoción a nuestra Santísima Madre y pocas preguntas se han hecho que hayan sido respondidas de manera más vaga e insatisfactoria que ésta. Por un lado, parecería arrebatado afirmar que el lenguaje que han usado tanto los santos como los doctores es sólo exageración e hipérbole, florida fraseología que intenta maravillar sin que tenga de fondo un verdadero significado. Por otro lado, ¿quién puede dudar que nuestro Santísimo Señor es el único Redentor del mundo, Su Preciosísima Sangre el único rescate del pecado, y que María misma, aunque de diferente manera, necesitaba ser redimida tanto como nosotros, y lo fue de hecho, de manera excelsa, y de índole más magnífica en el misterio de la Inmaculada Concepción?(xii)

Faber condena un falso concepto de “redentora” que erróneamente designe a María como una redentora femenina paralela a Cristo. Pero también aplaude el sentido exacto de la doctrina transmitida, particularmente con el término compuesto Co-redentora: “Ciertamente nosotros evitamos afirmaciones tales como que el lenguaje de los santos no tiene significado o que es inconveniente; y, al mismo tiempo, no dudamos que nuestra Santísima Señora no es la corredentora del mundo en el sentido estricto de ser redentora, y que nuestro Señor es el único Redentor del mundo, pero ella sí es co-rredentora en el sentido estricto de esa palabra compuesta.”(xiii)

Faber describe cómo todos los cristianos bautizados están llamados a participar de forma análoga en la obra de la redención en la aplicación de las gracias redentoras a las almas, al comentar el llamado que hace Sn. Pablo en Colosenses 1:24 al cosufrimiento (el mismo llamado que más tarde sería una exhortación de los papas del siglo veinte de convertirse en “corredentores”):(xiv)

Los elegidos, como miembros suyos, cooperan con [Cristo] en esta obra. Se han convertido en sus miembros por la gracia de la redención, es decir, por la aplicación en sus almas de su sola redención. Por sus méritos han adquirido la habilidad de merecer. Las obras de sus miembros, por su unión con El, pueden satisfacer por el pecado, los pecados de los demás y los propios. Por lo tanto, usando el mismo lenguaje de Sn. Pablo, por la santificación de sus sufrimientos o por sus penitencias voluntarias están “completando en sus cuerpos lo que falta a los sufrimientos de Cristo, por su Cuerpo, que es la Iglesia.” De este modo, por la comunión de los santos con su Cabeza, Jesucristo, la obra de la redención se continúa perpetuamente, en cumplimiento y aplicación de la redención que Nuestro Santísimo Señor logró en la cruz. No se trata de una cooperación figurativa o simbólica de los elegidos con nuestro Redentor, sino de una real y sustancial colaboración. Hay un sentido real y secundario en que los elegidos pueden merecer la salvación de otras almas, en el que pueden hacer expiación por el pecado y desviar los juicios, pero esto se realiza por permiso de Dios, por la adopción divina, por participación y en total subordinación a la única y total redención de Cristo Jesús.(xv)

El mandato paulino en Colosenses 1:24 hace un llamado a todos los cristianos a cosufrir con Jesús en la distribución de las gracias de la redención o “redención recibida.” Pero Faber atinadamente señala el singular rol de María Corredentora con Jesús en la “redención cumplida,” o la histórica obtención de las gracias redentoras:

Ella [María], cooperó con nuestro Señor en la redención del mundo en un sentido un tanto diferente, en un sentido que sólo puede ser verdadero de manera figurada en los santos. Su libre consentimiento era necesario para la encarnación, tan necesario como lo es el libre albedrío para merecer según los designios de Dios…María consintió con la pasión de Jesús, y si en realidad no se podía negar porque su consentimiento iba implícito desde la encarnación, sin embargo y de hecho, no se negó; así que cuando Jesús fue al calvario, ella lo ofreció voluntariamente al Padre…Finalmente, fue una cooperación de carácter totalmente diferente a la de los santos, porque la de ellos no es sino la continuación y aplicación de una redención suficiente ya cumplida, mientras que la cooperación de María fue una condición necesaria para el cumplimiento de la redención; una es mera consecuencia de un acontecimiento que el otro asegura, y que se convierte en acontecimiento sólo por medio de éste. Por lo tanto, fue una cooperación más real, más presente, más íntima, más personal y hasta cierto punto de naturaleza causal por sí sola, que de ninguna manera puede decirse de la cooperación de los santos.(xvi)

Faber continúa describiendo los tres distintos derechos que tiene María para el título de Corredentora:

En primer lugar, tiene derecho al título por su cooperación con nuestro Señor en el mismo sentido que los santos, pero en un grado singular y superlativo. El segundo derecho es peculiar a su persona, por la indispensable cooperación de su maternidad. En tercer lugar, tiene el derecho en virtud de sus dolores…Estos últimos dos no son compartidos por ninguna otra criatura o por todas las criaturas juntas. Pertenecen a la incomparable magnificencia de la Madre de Dios.(xvii)

Concluye afirmando que “no hay ninguna otra palabra” que capte plenamente la doctrina de la corredención en la que la Madre del Redentor se sitúe de manera singular entre todos los electos:

De hecho, no existe ninguna otra palabra que exprese la verdad; y en cuanto a la cooperación de María se refiere, fuera de la única y suficiente redención de Jesús, ésta se mantiene señera y muy por encima de la cooperación de los elegidos de Dios. A esto, como a tantas otras prerrogativas de nuestra Santísima Señora, no se le puede hacer justicia con el simple hecho de mencionarlo. Antes de que podamos comprender todo lo que implica, es necesario hacerlo un asunto personal a través de la meditación.(xviii)

Es probable que Faber, al querer traducir al corazón del “hombre común,” del católico londinense “ordinario,” cuánta gloria y sublimidad hay en esta verdad de la Corredentora, lo que le ayudó a simplificar su verdad en expresiones tan exquisitas. La firme defensa que hace del título es excepcional,(xix) como también lo fue su devoción a la Mujer que lo representa.

Porque es un hecho que “ninguna otra palabra” puede captar en toda su plenitud el misterio inefable de que una criatura, a través de una vida llena de dolor y sufrimiento, pueda tomar parte de un rol tan insondable para rescatar a sus semejantes, cuyos efectos serían de una magnitud infinita tal, que irían más allá de la finitud misma de la criatura, y todo bajo la condición de devolver a lo Divino lo único que en su condición de criatura posee realmente — su libre albedrío.

No existe ninguna otra palabra más que Corredentora (aunque tratemos de utilizar otros neologismos latinizados o frases teológicas más largas que carecerían del impacto que tiene esa palabra única), para transmitir la cooperación de María “con Jesús” en la redención de la humanidad. Durante el Primer Concilio Vaticano, el Obispo francés, Jean Laurent, presentó a los padres del Concilio el votum que se transcribe a continuación, para definir dogmáticamente a María Corredentora. Aunque al momento no fue aceptado por carecer de madurez para una definición dogmática, el votum, sin embargo, es una manifestación ortodoxa y significativa de la aceptación eclesial de la doctrina:

Con los sufrimientos y muerte de Cristo por salvar a la humanidad, la Santísima Virgen María cosufrió y comurió con Él, con lo que hizo la más aceptable satisfacción a la justicia divina…con ello se convirtió en nuestra Corredentora con Cristo —no por necesidad (porque el mérito infinito de Cristo era suficiente en abundancia), sino por una asociación espontánea y verdaderamente meritoria.(xx)

En la incesante lucha entre cabeza y corazón, amor e intelecto, el amor cristiano es el que debe siempre prevalecer. El poder de los santos y del sensus fidelium es el poder débil del amor cristiano (cf. 2Cor.12,10). La mente teológica siempre debe estar alerta y cuidarse de su mayor reto, el del orgullo intelectual (cf. 1Cor.8,1), ante el humilde gobierno que constituyen los testimonios de los santos y del Espíritu Santo, que habla mediante la feligresía católica universal.

El Cardenal Manning, prominente clérigo inglés (= 1892), al responder la obra en francés escrita por el Padre Jeanjacquot (= 1891), jesuita, en la que defiende el título de la Corredentora y su doctrina, escribe fuertes palabras de amonestación a aquellos que se encuentran en círculos teológicos e intelectuales y que buscan acallar las voces de los santos y la feligresía universal cristiana, que profesan amor por su Madre Corredentora:

No hay nada más fácil que tener, en uno y al mismo tiempo, una mente profunda y superficial: estar saturados e indigestos de grandes conocimientos pero incapaces de comprender los principales principios de la fe. Este es el caso, en gran medida, de algunos individuos que, en tanto profesan sus creencias en la encarnación y el divino Logos, se rehusan a designar a María como Madre de Dios, y quienes alzan sus voces en contra de los títulos de corredentora, cooperadora, reparadora y mediadora, por haber interpretado erróneamente su significado. La presuntuosa audacia con la que estos autores han censurado el lenguaje y las devociones no sólo de los católicos en general, sino también de santos, quizá haya causado alarma de momento en algunas almas humildes y tímidas. Por lo tanto, es muy oportuno poner en sus manos esta excelente traducción que contiene argumentos realmente sólidos, claros e irrefutables de que, en virtud de la encarnación de la Palabra, Nuestra Santísima Madre recibió de su divino Hijo el derecho verdadero de sustentar todos estos títulos, de tal suerte que los títulos que se le aplican no son meras metáforas, sino realidades; no son la expresión de ideas puramente retóricas o poéticas, sino la expresión de una relación verdadera y latente entre ella y su divino Hijo, entre ella y nosotros.(xxi)

Notas

(i) Según las cuentas de Laurentin (dentro de los razonables límites de este estudio), el título de Corredentora durante el siglo XVIII, se utilizó veinticuatro veces contra dieciséis de Redentora. En el siglo XIX, sólo algunos autores se sirven del título Redentora, en tanto que entre 1850 y 1900 se emplea el título Corredentora “innumerables” veces, ciertamente cientos de veces; cf. Laurentin, Le Titre de Corédemptrice, pp. 19-22 y pie de página 76.

(ii) Montfort, True Devotion to Mary, n. 18.

(iii) Clasificados como méritos ex mera condignitate; C. del Moral, Fons Illimis theologiae scoticae marianae e paradiso lattices suos ubertim effundens, Matriti, 1730, vol. 2, p. 420, n. 43.

(iv) Ibid., p. 385, n. 20.

(v) Sn. Alfonso de Ligorio, Glorie di Maria, ed. Roma, Poliglotta, 1878, P. 2, disc. 6, p. 395.

(vi) Cf. Laurentin, Le Titre de Corédemptrice, p. 59, n. 126.

(vii) Sn. Alfonso de Ligorio, La Glorie di Maie, discorso sulla Salve Regina, cap. 1, Opera Ascetiche, Roma, 1937.

(viii) Ibid.
(ix) Ibid., pp. 138-139.

(x) Ven. Cardenal John Newman , Certain Difficulties Felt by Anglicans..., vol. 2, p. 78.

(xi) Cf. F. W. Faber, The Foot of the Cross or the Sorrows of Mary, Peter Reilly, 1956 ) publicado en 1858); cf. también a Calkins, “Mary the Coredemptrix in the Writings of Fredrick William Faber (1814-1863),” Mary at the Foot of the Cross: Acts of the International Symposium on Marian Coredemption, Franciscan Friars of the Immaculate, 2001, pp. 317-344.

(xii) Faber, The Foot of the Cross, p. 370.

(xiii) Ibid., pp. 370-371.

(xiv) Juan Pablo II ha hecho uso del término en varias ocasiones, por ejemplo, al dirigirse a los enfermos en el Hospital de los Hermanos de Sn. Juan de Dios (Fatebenefratelli) en la Isla Tiber en Roma el 5 de Abril, 1981, L’Osservatore Romano, edición en inglés, Abril 13, 1981, p. 6; dirigiéndose a los enfermos después de una audiencia general en Enero 13, 1982, Inseg., V/1, 1982, 91 y durante un discurso a los Obispos de Uruguay reunidos en Montevideo con relación a los candidatos para el sacerdocio, Mayo 8, 1988; L’Osservatore Romano, edición en inglés, Mayo 30, 1988, p. 4. Ver también Capítulo XIII, pie de página 22.

(xv) Faber, The Foot of the Cross, p. 372.

(xvi) Ibid., pp. 372-374.

(xvii) Ibid., p. 375.

(xviii) Ibid., p. 377. Nota: Un poco después, en el siglo XIX, el prominente teólogo alemán, Matthias Scheeben, defendería y desafiaría al mismo tiempo la legitimidad del título de Corredentora en la misma obra. Scheeben, de manera similar a Faber, distinguió el singular rol de la Virgen en la redención muy por encima de cualquier otra colaboración humana, y luego dio sustancia al uso del título de Corredentora cuando se especifica que es “en Cristo y por Cristo”: “La colaboración de María con el Redentor en el sacrificio redentor de Cristo…es evidentemente diferente a cualquier otra colaboración humana tanto por su intimidad como por su eficacia. Y por ello es necesario mirar los efectos del sacrificio de Cristo como coadquiridos por María en este sacrificio, y por este sacrificio. Se podría decir que María, en unión con Cristo (es decir, por su colaboración con Él), hizo satisfacción a Dios por los pecados del mundo, mereció la gracia, y consecuentemente redimió al mundo, porque ofreció con Él el precio de nuestra redención. Pero está permitido decir esto, únicamente si se especifica expresamente que es en Cristo y por Cristo — es decir, en el sacrificio de Cristo y por el sacrificio de Cristo — que ella coofreció este sacrificio. Es en este sentido y de esta forma que la Madre del Redentor, correctamente y sin peligro, puede ser llamada Corredentora” (M. Scheeben, Dogmatik, Freiburg, 1882, vol. 3, p. 608).

Más adelante, en la misma obra, Scheeben objeta el título basándose en que el término Redención se refiere a algo que es específico sólo del divino Redentor, de la misma forma que el concepto de Supremo Sacerdocio de Cristo, un orden del sacerdocio formal del que María no puede tomar parte (cf. Scheeben, Dogmatik, trad. inglés por Geukers, B. Herder Book, 1947, pp. 217-227). Pero él mismo señala que los Padres sí predicaron, de hecho, que María fue redimida y rescatada: “Se tiene como una idea muy antigua en la Iglesia, expresada por varios testigos, y es más bien, ciertamente un dogma comprobado por el modo en que la Iglesia ha interpretado el protoevangelio en la Vulgata, ‘Ella te pisará la cabeza,’ (Gen. 3,15), que los efectos de la muerte redentora de Cristo pueden y deben ser atribuidos, en un sentido muy real, tanto a su Madre como a su simiente. Efectivamente, en los escritos de los padres y los santos, casi todos los títulos que señalan a Cristo Redentor están inscritos, de manera proporcional y sentido de conveniencia, también a la Madre del Redentor. Por eso se le llama salvadora, reparadora, restauradora, liberadora, reconciliadora del mundo, y de hecho, también redentora, y también salvación, liberación reconciliación, propiciación y redención” (Scheeben, Dogmatik, p. 193).

El término redención, rescatar o volver a comprar, es más común, por su naturaleza y significado, al concepto específico de la formal ordenación sacerdotal en Cristo, el cual no puede incluir a María como formal sacerdote sacrificatorio. Los “pros y contras” de Scheeben en este pasaje con relación a la Corredentora, y tan poco característicos de este teólogo típicamente claro y certero, podrían indicar la posible influencia del obispo de Linz que había censurado el título en esa diócesis, misma que más tarde sería revertida por la aplicación eclesiástica del título y ratificada por la Santa Sede bajo el pontificado de Pío X (cf. Hauke, “Mary, ‘Helpmate of the Redeemer': Mary’s Cooperation in Salvation as a Research Them,” International Symposium on marian Coredemption, nota 34; Scheeben, Dogmatik, p. 197, nota 8).

(xix) A la luz de tan clara y generosa defensa del título Corredentora de Faber, es difícil entender los comentarios del Padre Laurentin en el sentido de que “el mejor de los autores [durante este período] lo aplica [el título Corredentora] con gran indecisión y turbación, por ejemplo, el Padre Faber,” cf. Laurentin, Le Titre de Corédemptrice, p. 22; Es en ocasiones como éstas que la incuestionable contribución histórica y escolástica de Le Titre, desafortunadamente es comprometida por un comentario negativo sobre el desarrollo doctrinal que, una vez más, no puede ser fundamentado en las fuentes.

(xx) J. Laurent, Vota Dogmatica concilio Vaticano proponenda; cf. K. Moeller, Leben und Briefe von Johannes Theodor Laurent, Trier, 1889, vol. 3, p. 29; ex Collectanea Francescana, vol. 14, 1944, p. 280.

(xxi) Cf. Carol, “The Problem of Our Lady’s Co-redemption,” The American Ecclesiastical Review, vol. 123, 1950, p. 38.

Continue Reading

“Mi Hijo y Yo Redimimos al Mundo”

Published on July 23, 2012 by in En Espanol

0

Durante los siglos XIII y XIV, una providencial mezcla de teólogos, santos y místicos continuaron con el fructífero desarrollo de la doctrina de María Corredentora. La dimensión mística comenzó a jugar un importante papel en éste y los siguientes períodos de desarrollo doctrinal sobre la corredención, con grandes figuras espirituales como Sta. Catalina de Siena y Sta. Brígida de Suecia, que contribuyeron a la harmonía entre teología y espiritualidad dentro de la Iglesia. El Espíritu Santo puede y es un hecho que utiliza sus dones proféticos a través de almas predilectas, como luces para guiar este gran legado de Tradición y teología sobre una línea específica de desarrollo doctrinal.

Lo que fueron las revelaciones recibidas por Sta. Margarita María Alacoque para el desarrollo de la doctrina del Sagrado Corazón de Jesús y las revelaciones de Sta. Faustina Kowalska para la Divina Misericordia en nuestros tiempos(1), lo fueron también las Revelaciones de Sta. Brígida para el progreso medieval de la doctrina de María Corredentora, porque en estas Revelaciones se nos transmite, con las propias palabras de la Santísima Madre, que “Mi Hijo y yo redimimos al mundo.“(2)

La compasión de la inmaculada y su fecundidad en el calvario no tiene parangón en labios del prominente teólogo Ricardo de Sn. Lorenzo (= 1230), quien se refirió a la reconciliación de la culpa por la Madre por su “comunión con” la pasión de Cristo. “Lo que el Hijo concedió al mundo mediante Su pasión, la Madre lo concedió al mundo por su íntima participación, reconciliando culpables y pecadores por su copasión, después de haber obtenido la redención del mundo entero por haber dado a luz al Redentor.”(3) Continúa hablando de los sufrimientos de Nuestra Señora con Jesús en el calvario: “Sus lágrimas se confundieron con [Su] sudor y lágrimas, con la sangre y el agua que brotaban de las heridas de su Hijo, para borrar las machas de las almas.”(4)

El más destacado de todos los teólogos franciscanos, Sn. Buenaventura (= 1274), expresó con sus propias palabras los grandes avances de Sn. Bernardo y Arnoldo respecto a la corredención de la Madre. El seráfico doctor muestra que la doctrina de la corredención de la nueva Eva enseñada por los padres de la Iglesia se cumple en Jesús y María como “reparadores” del linaje humano: “Así como ellos [Adán y Eva] fueron los destructores del linaje humano, éstos [Jesús y María] son sus reparadores.”(5)

Sn. Buenaventura relaciona explícitamente los principios patrísticos de la recapitulación y recirculación(6) con los sufrimientos de María en el calvario por nuestra redención. María “nos compró,” y “pagó el precio”(7) con Jesús al pie de la Cruz: “Esa mujer (llamada Eva), nos sacó del paraíso y nos vendió; pero ésta (María) nos rescató y nos compró.”(8) El místico padre de la teología franciscana declara que María “también obtuvo méritos para la reconciliación del linaje humano”(9); que ella “coofreció” a la divina víctima en el calvario(10); y que ofreció “satisfacción” por nuestros pecados.(11)

Otra contribución muy significativa a la corredención mariana y de la misma época que la franciscana, fue la del dominico Sn. Alberto Magno (= 1280), guía de Sto. Tomás de Aquino y Doctor de la Iglesia por derecho propio. Sn. Alberto enseñó que la Virgen María ejercitó el “principio de asociación o participación”(12) con Cristo en la redención del linaje humano, y que ella “participó de los mismos actos.”(13)

“Seudo Alberto” no tardó en seguir los pasos de Alberto Magno, elaborando y sistematizando el mismo “principium consortii” de María en la redención en la famosa obra, Mariale.(14) En esta obra, el autor llama a María la “colaboradora de la redención” (co-adjutrix redemptionis)(15), afirmando que en el calvario, María, la nueva Eva, colaboró con Cristo “a reengendrar al género humano a la vida de gracia”(16) y habla elocuentemente de su compasión como la adjutrix o “compañera” de la redención en el Gólgota:

Sólo a ella [María] se le dio el privilegio, es decir, una participación en la pasión; fue el deseo del Hijo que ella tuviera parte en los méritos de la pasión con objeto de que Él pudiera dar la recompensa y con el objeto de hacerla partícipe de los beneficios redentores. Él quiso que ella participara de las aflicciones de la pasión con el fin de convertirse en Madre de todos mediante la recreación, incluso por ser la ´adjutrix´ de la redención por su copasión. Y así como el mundo entero está obligado con Dios por su pasión extrema, también está obligado a la Señora de todos por su copasión.(17)

María participó singularmente de la pasión. María mereció singularmente de su cumplimiento. El mundo está singularmente obligado a la Señora, en virtud de su copasión, Madre de todos nosotros por nuestra recreación.

A principios del siglo XIV, el insuperable franciscano de la Concepción Inmaculada, Beato Juan Duns Escoto (= 1308), usó el término “Redentora” al narrar y refutar una típica objeción escolástica a la doctrina de la Inmaculada Concepción y el rol de María en la redención.(18)

Es en este momento histórico que hizo su aparición la contribución mística de Sta. Brígida de Suecia (= 1373). Las Revelaciones, registros escritos sobre una serie de visiones y profecías concedidas a Sta. Brígida por Jesús y María, fueron muy respetadas y reverenciadas por la Iglesia de la Edad Media, incluyendo a un gran número de pontífices, obispos y teólogos(19). Las palabras que revelaron Jesús y su Madre en relación con el rol corredentor de Nuestra Señora, fueron muy significativas para el desarrollo de la doctrina de la Corredentora, ya que influenciaron a varios teólogos durante el siglo XVII, la “Edad de Oro” de la corredención, unos trescientos años después.

A través de estas visiones proféticas a Sta. Brígida, la Madre de los Dolores revela que: “Mi hijo y yo, como con un solo corazón, redimimos al mundo.”(20) Jesús confirma esta misma verdad con sus propias palabras: “Mi Madre y yo salvamos a los hombres como si se tratara de un sólo Corazón; Yo por el sufrimiento que padecí en mi corazón y mi carne; ella, por el dolor y el amor que padeció en su corazón.”(21) Se torna un tanto difícil debatir el testimonio sobrenatural de una profecía que ha sido ratificada y reverenciada por la Iglesia en relación al rol de María Corredentora — testimonio que brota de labios del Redentor y la Corredentora mismos. Los medievales, en general, no lo hicieron.

El místico de las Provincias Renanas Juan Tauler (= 1361), ofreció su propia contribución teológica y mística a María Corredentora. Como no lo hizo autor alguno antes que él, este teólogo dominico articula con precisión que la Madre hizo un ofrecimiento inmolatorio en el calvario.

Tauler enseña que la Madre de Jesús se ofreció con Jesús como una víctima en vida por la salvación de todos(22), y el Padre Eterno aceptó esta oblación de María por la salvación del género humano: “Dios aceptó su oblación como un sacrificio agradable por convenir a la salvación de la raza humana… para que por los méritos de sus dolores, la ira de Dios se tornara en misericordia.”(23) En el desarrollo natural que había tenido en la patrística la recapitulación de la nueva Eva llevada a su plenitud en el calvario, el Beato Juan dice que el dolor de la Madre fue arrancado del árbol de la cruz para redimir a la humanidad con su Hijo: “Así como Eva, atrevidamente arrancó del árbol del conocimiento del bien y del mal destruyendo a los hombres en Adán, así tu has tomado el sufrimiento del árbol de la cruz sobre ti misma, y con tu sufrimiento saciado, has redimido a los hombres junto con tu Hijo.”(24)

Dirigiéndose a Nuestra Señora, Tauler nos relata que María conocía de antemano su cosufrimiento con Jesús, y que participaría de todos sus méritos redentores y aflicciones: “El te anunció [María] todo lo que ibas a sufrir, y por ello te asociaría a todos sus méritos y aflicciones, cooperando así con Él en la redención salvífica del hombre.”(25)

Concluimos este fecundo período de corredención mariana de los siglos XIII y XIV, alimentado con tanta opulencia por la mezcla providencial de teólogos y místicos, con el testimonio de la “mística de místicos,” Sta. Catalina de Siena (= 1380). La gran Doctora de la Iglesia y Co-patrona de Europa, llama a la Santísima Madre la “Redentora del género humano” tanto por haber engendrado al Logos, como por haber padecido dolores de “cuerpo y mente” con Jesús: “Oh María…portadora de luz…María, Germinadora de la fruta, María, Redentora del género humano porque, al proveer al Logos de tu carne, redimiste al mundo. Cristo redimió con su pasión y tú con el dolor de tu mente y tu cuerpo.”(26)

Notas

(1) Por ejemplo, la influencia que tuvieron las revelaciones de Sta. Faustina para el desarrollo de la Encíclica Dives in Misericordia, o el desarrollo litúrgico de la Fiesta de la Divina Misericordia.

(2) Sta. Brígida, Revelaciones, L. I, c. 35, ed. Roma, ap. S. Paulinum, 1606, p. 56b.

(3) Ricardo de Sn. Lorenzo, De laudibus Deatae Mariae Virginis, 1.3, c. 12; inter Opera Sancti Alberti Magni, ed. Vivés, vol. 36, p. 158.

(4) Cf. C. Dillenschneider, Marie au service de notre Rédemption, Haguenau, 1947, p. 246.

(5) Sn. Buenaventura, Sermo 3 de Assumptione; Opera Omnia, ed. Claras Aquas, vol. 9, p. 695.

(6) En tanto que algunos teólogos prefieren utilizar el término de recapitulación en el paralelo Adán-Cristo y recirculación para Eva-María, existe también el peligro de restringir el paralelo Eva-María a la dimensión soteriológica de recirculación, y al hacerlo, inferir que la Virgen Madre no tuvo un rol activo, aunque subordinado, con Cristo en la recapitulación, sino únicamente con Cristo en el aspecto antítético reversivo de la restauración. Según Sn. Ireneo, María participa activamente en ambos conceptos de recapitulación y recirculación: “Adán tuvo que ser recapitulado en Cristo, para que la muerte fuera absorbida por la inmortalidad, y Eva [tenía que ser recapitulada] en María, para que la Virgen, haciéndose abogada de otra Virgen, destruyera y aboliera la desobediencia de la primer virgen con la obediencia de la otra virgen” (Proof of Apostolic Preaching 33, SC 62, p. 83).

(7) Cf. Sn. Buenaventura, De donis Spiritus Sancti, collatio 6, n. 5/17; Opera Omnia, ed. Claras Aquas, 1882-1902, vol. 5, p. 484.

(8) Sn. Buenaventura, de don. Sp. 6; 14.

(9) Sn. Buenaventura, In III Sent., dist. 4, art. 3, quaest. 3, concl.; Opera Omnia, ed. Claras Aquas, vol. 3, p. 115.

(10) Cf. Sn. Buenaventura, De donis Spíritus Sancti, collatio 6, n. 17; Opera Omnia, vol. 5, p. 486.

(11) Ibid., collatio 6, n. 16.

(12) Sn. Alberto Magno, Comment. In Mat. I, 18; Opera Omnia, vol. 37, p. 97; cf. Roschini, Maria Santissima Nella Storia Della Salvezza, vol. 2, p. 184.

(13) Ibid.

(14) Seudo-Alberto, Mariale super Missus est; Opera Omnia.

(15) Ibid., preg.. 42, 4, t. 37,81.

(16) Ibid., 29, 3.

(17) Ibid., preg. 150.

(18) Beato Duns Escoto, Ms. Ripoll. 53, Barcelona, L. III, dist. 3, preg. 1 en C. Bali ć, O.F.M., Theologiae marianae elementa, Sibenici, Typ. Kaćić, 1933, pp. 211, 28-31.

(19) Cf. Sta. Brígida, Revelationes, ed. Roma, ap. S. Paulinum, 1606.

(20) Sta. Brígida, Revelationes, L. I, c. 35.

(21) Sta. Brígida, Revelationes, IX, c. 3.

(22) Tauler, Sermo pro festo Purificat. B.M. Virginis; Oeuvres complètes, ed. E.P. Noël, Paris, vol. 5, 1911, p. 61.

(23) Ibid., vol. 6, pp. 253-255.

(24) Ibid., p. 256.

(25) Ibid., p. 259.

(26) Sta. Catalina de Siena, Oratio XI, comunicado en Roma el día de la anunciación, 1379 en Opere, ed. Gigli t. IV, p. 352.

Continue Reading

0

La historia de la Corredentora, que se ha venido edificando por más de dieciocho siglos sobre las bases firmes de la Escritura y la Tradición tiene, en los Vicarios de Cristo, sus principales impulsores a efecto de que la doctrina pueda alcanzar un desarrollo pleno. Durante los siglos XIX y XX, los pronunciamientos que hicieron los pontífices elevaron la doctrina, y eventualmente el título, al rango de enseñanza común del Magisterio de la Iglesia, guiados por el Espíritu Santo y ejerciendo la autoridad petrina que sólo ellos poseen.

El amor que la Iglesia muestra durante este período por la Madre de Dios es tan grande, tan recta la articulación que desarrolla sobre sus verdades, que se le designó universalmente como la “Era de María.” Datada por lo general en 1830, fecha de las apariciones de Nuestra Señora de la Gracia, la “Medalla Milagrosa,” a Sta. Catalina Labouré y que se extiende hasta nuestros días, este extraordinario período en la historia de la Iglesia fue testigo de la declaración de dos dogmas marianos, un impresionante despliegue de vida Mariana en el campo de la literatura, las artes y la devoción, además de haber experimentado exponencialmente más apariciones Marianas, eclesiásticamente aprobadas, que cualquier otro período en la historia de la Iglesia. No debe sorprender, por lo tanto, observar el asombroso desarrollo mariológico de la doctrina y devoción a su Madre Corredentora, enseñada por los Santos Padres de esta Edad Mariana.

Esto nos lleva a preguntar en primera instancia, ¿en qué consiste específicamente la doctrina pontificia del Magisterio ordinario, el ministerio de autoridad doctrinal de la Iglesia?

El Concilio Vaticano Segundo nos enseña que los fieles “deben aceptar el juicio de su Obispo, dado en nombre de Cristo, y deben adherirse a él con religioso respeto. Este obsequio religioso de la voluntad y del entendimiento de modo particular ha de ser prestado al Magisterio auténtico del Romano Pontífice aun cuando no hable ex cathedra(i); de tal manera que se reconozca con reverencia su Magisterio supremo y con sinceridad se preste adhesión al parecer expresado por él, según su manifiesta mente y voluntad, que se colige principalmente ya sea por la índole de los documentos, ya sea por la frecuente proposición de la misma doctrina, ya sea por la forma de decirlo” (Lumen Gentium, 25).

Como veremos más adelante, el “carácter” de los documentos pontificios que articulan la doctrina de María Corredentora, incluyen cartas apostólicas, el canal oficial de comunicaciones para el Magisterio ordinario, así como otras formas de enseñanza pontificia, como es el caso de las cartas apostólicas, exhortaciones y discursos generales (así como las posteriores enseñanzas conciliares ecuménicas del Concilio Vaticano Segundo). La verdad sobre María Corredentora también se ha confirmado por la “frecuente” enseñanza de los Papas sobre la doctrina de la corredención, y la constante aplicación del título de Corredentora por los pontífices.(iii) De hecho, los sucesores de Pedro de los siglos XIX y XX, cumplieron con los criterios conciliares para la doctrina ordinaria del Magisterio pontificio, en relación con la corredención Mariana y su título.(iv)

Por lo tanto, no es de extrañar que durante esta Era Mariana, los Santos Padres dieran un estatus más preciso y de autoridad a la historia de María Corredentora mediante un testimonio pontificio sin precedentes(v). Construyendo sobre fundamentos bíblicos, apostólicos, patrísticos y teológicos medievales, han hecho válidos sus elementos más importantes con una guía neumatológica y protección que no posee ningún otro ministerio de instrucción sobre la tierra.

Teniendo en cuenta el principio de que el rol debe anteceder al título, vemos que esta regla prioritaria fue pedagógicamente respetada por los pontífices, quienes comenzaron por examinar el rol de la corredención Mariana y luego el término del rol en el propio título de Corredentora.

En su Carta Apostólica, Ineffabilis Deus, en la que definió la Inmaculada Concepción (1854) el Beato Pío IX hace referencia a la corredención de la Madre recordando la declaración que se hiciera en el medioevo temprano de “Reparadora de sus primeros padres” basados en los orígenes bíblicos de la profecía del Génesis 3,15 sobre su guerra corredentora contra la serpiente: “También declararon que la gloriosísima Virgen fue la Reparadora de sus primeros padres, la que dio la vida a la posteridad, siendo escogida desde la eternidad, preparada por el Altísimo para Sí mismo, vaticinada por Dios cuando dijo a la serpiente, ‘enemistad pondré entre ti y la mujer’ — evidencia inequívoca de que ella pisó la cabeza venenosa de la serpiente” (Beato Pío IX, Ineffabilis Deus, Diciembre 8, 1854).

En su Encíclica Jucunda Semper, el Papa León XIII (1878-1903), enseñó que María compartió con Jesús en lo profundo de su alma, la dolorosa expiación a nombre del linaje humano: “Cuando María se ofreció por completo a Dios junto con su Hijo en el Templo, ya estaba compartiendo con Él la dolorosa expiación a nombre del linaje humano…[al pie de la cruz] lo ofreció voluntariamente a la divina justicia, muriendo con Él en su Corazón, traspasada por la espada del dolor.”(vi)

El “Papa del Rosario” del siglo XIX, también comenzó con una serie de enseñanzas pontificias que identifican a la Madre del Señor como “cooperadora” (co-operare, “colaborar con”) en la distribución de las gracias de la redención, como resultado directo de su cooperación en la obtención de las gracias de la redención: “Ella, que fue cooperadora en el sacramento de la redención del hombre sería, de igual manera, cooperadora en la dispensación de las gracias derivadas de ella.”(vii) De nuevo, Nuestra Señora es la Mediadora de todas las gracias porque ella es primero la Corredentora; la adquisición de la gracia antecede a su distribución. La “Madre que sufre,” se convierte en la “Madre que alimenta.”

Sn. Pío X (1903-1914) continúa con el tributo pontificio a la corredención Mariana, en su primera Encíclica Mariana, Ad Diem Illum (1904). En este famoso texto, el Papa de la Eucaristía otorga autoridad pontificia a muchos testimonios teológicos anteriores sobre la participación de María en los méritos de la redención a la luz de su sufrimiento con el Redentor:

Por la unión de sufrimientos y propósitos entre Cristo y María, mereció convertirse de la manera más digna en la reparadora del mundo perdido y en consecuencia dispensadora de todos los favores que Jesús nos adquirió con su muerte y con su sangre…Sin embargo, porque ella supera en santidad y unión con Cristo a toda criatura humana y angelical por haber sido escogida por Cristo para asociarla en la obra de la salvación humana, mereció por nosotros de congruo, como dicen, aquello que Cristo nos mereció de condigno, siendo ella la principal dispensadora de las gracias que se distribuyen.(viii)

En su sentido tradicional estricto, el mérito de condigno (meritum de condigno ex toto rigore justitiae) se refiere al mérito o “derecho de merecer,” con estricta igualdad entre obra y premio y también igualdad entre la persona que da el premio y la persona que lo recibe. El mérito de congruo o congruencia (meritum de congruo) se refiere al premio según una valoración libre por el acto y por la generosidad de aquel que da el premio.

El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que el mérito sobrenatural es tanto un don de la gracia como un premio por la colaboración del hombre con Dios, fundado en la libre voluntad de Dios de asociar al hombre con su obra salvífica:

Frente a Dios no hay, en el sentido de un derecho estricto, mérito por parte del hombre. Entre Él y nosotros, la desigualdad no tiene medida, porque nosotros lo hemos recibido todo de Él, nuestro Creador.

El mérito del hombre ante Dios en la vida cristiana proviene de que Dios ha dispuesto libremente asociar al hombre a la obra de su gracia. La acción paternal de Dios es lo primero, en cuanto Él impulsa, y el libre obrar del hombre es lo segundo, en cuanto que éste colabora, de suerte que los méritos de las obras buenas deben atribuirse a la gracia de Dios en primer lugar, y al fiel, seguidamente. Por otra parte, el mérito del hombre recae también en Dios, pues sus buenas acciones proceden, en Cristo, de las gracias provenientes y de los auxilios del Espíritu Santo.(ix)

¿Quién, entonces, es más merecedor de los méritos de Dios por su colaboración en la obra salvífica con Cristo que la Madre Corredentora? Ninguna otra criatura, humana o angélica, escogió colaborar más con Dios en el plan redentor, que la inmaculada, creada llena de gracia sin pecado por el Padre de toda la humanidad precisamente para este propósito.

Sn. Pío X otorgó validez de autoridad del Magisterio ordinario, que María mereció para la humanidad en el orden de la “conveniencia” o mérito de congruo, aquello que Jesús nos mereció en el orden de la “justicia” o estricto mérito de condigno. La Madre en el calvario al menos obtiene para la humanidad el mérito de congruo (x), que se basa en la conveniencia de la recompensa, por sus sufrimientos unidos a los de Jesús, acoplados a la generosidad del Padre Eterno por el sacrificio amoroso de la Hija Virgen y la obediencia que le ofreció por la salvación del mundo.

Aplicación del título Corredentora por el Magisterio

La aplicación del título Corredentora en pronunciamientos oficiales en las congregaciones romanas, también se llevan a cabo bajo el Magisterio de Sn. Pío X. Corredentora se utiliza tres veces por la Santa Sede en las iniciativas de tres Congregaciones de la Curia, y por lo tanto, están contenidas en las publicaciones de sus actos oficiales, Acta Sanctae Sedis (que más tarde sería Acta Apostolicae Sedis).

La primera vez que se usó oficialmente el título de Corredentora fue el 13 de Mayo de 1908, en un documento de la Congregación de los Ritos. Respondiendo positivamente una petición para elevar al rango de fiesta los Siete Dolores de Nuestra Señora, a una doble de segunda clase para toda la Iglesia, la Congregación de los Ritos expresó su deseo de que con ello “se incremente el culto a la Madre Dolorosa y se intensifique la piedad y agradecimiento de los fieles hacia la misericordiosa Corredentora del linaje humano.”(xi)

La Congregación del Santo Oficio (actualmente la Congregación para la Doctrina de la Fe), sería la próxima en valerse del término. El 26 de Junio de 1913 al expresar su satisfacción con la práctica de añadir el nombre de María al de Jesús en el saludo “Alabados sean Jesús y María,” a lo que uno responde “ahora y siempre,” el documento oficial firmado por el Cardenal Rampolla declaró: “Hay cristianos que tienen tan tierna devoción hacia aquella, la más bendita de entre las vírgenes, que no pueden mencionar el nombre de Jesús sin que vaya acompañado del nombre glorioso de la Madre, nuestra Corredentora, la Santísima Virgen María.(xii)

Seis meses después, el mismo Santo Oficio concedió una indulgencia parcial por recitar una oración de reparación a la Santísima Virgen (Vergine benedetta): las oraciones concluyen con las palabras: “Bendigo tu santo Nombre, alabo tu exaltado privilegio de ser la verdadera Madre de Dios, siempre Virgen, concebida sin mancha de pecado, Corredentora del género humano.”(xiii)

En estos casos, el Santo Oficio, comisionado por la Iglesia como guardián de la ortodoxia doctrinal, libremente usa el término de Corredentora en una referencia complementaria a la Fiesta de Nuestra Señora de los Dolores, que manifiesta su sentido de familiaridad y su confianza en el propio término. La misma Dicastería concedió luego gracias indulgenciadas a una oración que identifica el rol de María, Corredentora del linaje humano, como un privilegio digno de bendición. La aplicación del título por la Congregación de los Ritos (actualmente Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos), también habla de que es apropiado el título como parte de la auténtica devoción católica.

Por otra parte, fue bajo el pontificado de Sn. Pío X, que se llevó a cabo en Roma el Primer Congreso Internacional Mariológico en 1904 (como celebración del cincuenta aniversario del dogma de la Concepción Inmaculada), donde el tema de María Corredentora dominó en el Congreso. El teólogo francés (más tarde Cardenal) Alexis Lépicier (= 1936), presentó un ensayo que pronto se publicaría a manera de libro intitulado, La inmaculada Madre de Dios, Corredentora del género humano.(xiv) En el texto, Lépicier afirma que después del título de Madre de Dios, el de Corredentora es el más glorioso que se pueda conceder a la Virgen. La contribución de Lépicier fue favorablemente recibida por un gran número de teólogos y mariólogos en el Congreso de Roma.(xv)

El pontífice sucesor, Benedicto XV (1914-1922), hizo una contribución inestimable a la exactitud de la doctrina de la corredención, como la doctrina inequívoca del Magisterio pontificio. En el texto clásico de su Carta Apostólica, Inter Sodalicia (1918), el Papa Benedicto articula que María participó de la pasión cosufriendo e inmolándose con su Hijo para aplacar la justicia del Padre, y concluye con la explícita enseñanza pontificia de que María “redimió al género humano junto con Cristo”: “A tal grado sufrió [María] y, por decirlo así, casi murió con su Hijo que sufría y moría; a tal grado renunció a sus derechos maternales por la salvación del hombre y, en cuanto dependió de ella, ofreció a su Hijo para aplacar la divina Justicia, que bien podemos decir que ella, junto con Cristo, redimió al género humano.”(xvi)

Apoyado en los hombros de estos pontífices y sus doctrinas oficiales sobre la corredención, el Papa Pío XI (1922-1939) se convirtió en el primer Papa en usar el título de Corredentora en discursos pontificios.

La primera ocasión fue el 30 de Noviembre de 1933, en una Alocución papal a los peregrinos de Vicenza en Italia. Con sensibilidad pastoral pero firmeza en su doctrina, Pío XI explicó en este primer empleo pontificio de “Corredentora,” la razón exacta de ser un término legítimo por el cual invocar a la Madre del Redentor: “Por la naturaleza de su obra, el Redentor debía asociar [en italiano, “non poteva, per necessità di cose, non associare“] a su Madre con su obra. Por esta razón, la invocamos bajo el título de Corredentora. Ella nos dio al Salvador, lo acompañó en la obra de redención hasta la cruz, compartiendo con Él los sufrimientos, la agonía y la muerte, con los que Jesús dio cumplimiento cabal a la redención humana.”(xvii)

En este sencillo pasaje, el Papa Pío XI expone en forma razonada el título de Corredentora a la luz de que el Redentor no podía “no” haber asociado a su Madre en la redención por la perfecta providencia de Dios.(xviii)

Durante el Año Santo de la Redención en 1934, Pío XI repite el título de Corredentora durante la conmemoración cuaresmal de Nuestra Señora de los Dolores. L’Osservatore Romano reporta las declaraciones a los peregrinos de habla hispana en esa ocasión: El Papa ve con alegría que han venido a Roma a celebrar con él “no sólo el décimonoveno centenario de la divina redención, sino también el decimonoveno centenario de María, el centenario de su corredención, de su maternidad universal.” Luego el Santo Padre exhorta a la juventud a “seguir el pensamiento y deseos de María Santísima, nuestra Madre y Corredentora: ellos también, deben hacer grandes esfuerzos por ser corredentores y apóstoles, según el espíritu de la Acción Católica, que es precisamente la cooperación de los laicos en el apostolado jerárquico de la Iglesia”.(xx)

Al año siguiente, Pío XI y por tercera vez, invoca a la Madre de Jesús como la Corredentora, en un programa de radio que el pontífice sabía que llegaría más allá de los límites de una pequeña audiencia papal en Roma, que “tendría peso y alcance universal.”(xxi) En un mensaje de radio el 28 de Abril de 1935 para clausurar el Año Santo en Lourdes, Pío XI directamente invocó a la Madre como la “Corredentora” quien concurrió con el Señor en el ofrecimiento del “sacrificio de nuestra redención”: “Oh Madre de amor y misericordia quien, cuando tu dulcísimo Hijo estaba consumando la redención del género humano en el altar de la cruz, estuviste junto a Él y sufriendo con Él como Corredentora… te suplicamos conservar en nosotros e incrementar día con día el precioso fruto de su redención y tu compasión.”(xxii)

El Papa Pío XII (1939-1958) no se sirvió explícitamente del título, pero en repetidas ocasiones ilustró la enseñanza doctrinal de la corredención al nivel de Magisterio ordinario. En su encíclica, Mystici Corporis (1943), declaró que la antigua doctrina de la nueva Eva había sido adecuadamente cumplida por la corredención de María en el calvario, y que María, como la “nueva Eva” ofreció a Jesús al Padre Eterno, sacrificándolo en beneficio de “todos los hijos de Adán”: “Fue ella quien, siempre íntimamente unida a su Hijo, como la nueva Eva, lo ofreció en el Gólgota al Padre Eterno, junto con el sacrificio de sus derechos maternales y su amor en beneficio de todos los hijos de Adán manchados por el vergonzoso pecado de éste.”(xxiii)

Durante un mensaje de radio a los peregrinos, el 13 de Mayo de 1946, aniversario de las apariciones de Fátima, Pío XII habló de la inmaculada Virgen como la “cooperatrix” asociándola con el “Rey de Mártires” en la “inefable obra de la redención humana”:

“Él, que es Hijo de Dios, refleja en su Madre celestial la gloria, la majestad y el dominio de su realeza; porque, habiendo sido asociada con el Rey de Mártires en la inefable obra de la redención humana como madre y cooperatrix, permanece para siempre asociada a Él, casi con poder ilimitado, en la distribución de las gracias que fluyen de la redención. Jesús es Rey por toda la eternidad, por naturaleza y por derecho de conquista; por Él, con Él y bajo Él, María es la Reina por gracia, por relación divina, por derecho de conquista y por elección singular.(xxiv)

Nótese la manera tan elocuente en que este pontífice relaciona la corredención de María con su dignidad de Reina, obtenida por derecho en su victoriosa conquista con Cristo, el Rey, en la restauración de la gracia. Pío XII también está reiterando la continua doctrina pontificia, de que la Madre distribuye las gracias de la redención como resultado directo de su asociación con Cristo en la economía salvífica por la que se adquirieron las gracias.

En su encíclica sobre la dignidad de Reina que tiene Nuestra Señora (Ad Caeli Reginam) de 1954, Pío XII utilizó su expresión predilecta de “asociada” del Redentor(xxv), al referirse a la participación de la Madre en la redención. Citando a Suárez, mariólogo jesuita del siglo XVII, afirmó su singular cooperación en la redención: “Así como Cristo, porque Él nos redimió, es por un título especial nuestro Rey y Señor, también lo es Santa María [nuestra Reina y Señora], por la forma única en que cooperó con nuestra redención.”(xxvi) En otra alocución, el pontífice (ahora Venerable Pío XII), afirma la unión del nuevo Adán y la nueva Eva al hacer “satisfacción” por el pecado del primer Adán y la primera Eva: “¿No son Jesús y María los dos amores sublimes del pueblo cristiano? ¿No son el nuevo Adán y la nueva Eva a quienes el árbol de la cruz une en el amor y el dolor para hacer satisfacción por el pecado de nuestros primeros padres en el Edén?”(xxvii)

¿A qué conclusión podemos llegar con estos testimonios de la autoridad pontificia en la Era Mariana que hacían camino hacia al Concilio Vaticano II? Este extraordinario colegio de Santos Padres otorgó aprobación oficial pontificia a la doctrina de María Corredentora y, con su testimonio y doctrina, al título de María Corredentora. Fueron ellos los que confirmaron el mérito de la Madre(xxviii) y la satisfacción(xxix) en el calvario, su participación en el sacrificio(xxx) y su participación al pagar el precio de la deuda contraída por la humanidad(xxxi). Los pontífices de la Era Mariana repetidamente se sirven de la nueva terminología aplicada a María, es decir, “cooperadora”(xxxii) y “corredentora,”(xxxiii) y confirmaron su cosufrimiento y comuerte con Jesús en el calvario.(xxxiv)

En resumen, estos Papas de la Era Mariana aportaron a la doctrina oficial del Magisterio pontificio las mejores ideas y formulaciones sobre la corredención, tomando del abismal depósito de conocimientos de los Padres y Doctores de la Iglesia, de Juan el Geómetro, Sn. Bernardo y Arnoldo, San Alberto y Tauler, lo mejor de la Epoca de Oro del siglo XVII y el misticismo de Sta. Catalina y Sta. Brígida de Suecia. Y por supuesto, la revelación mística de labios de Nuestra Señora misma a través de Sta. Brígida, que testifica que “Mi hijo y yo redimimos al mundo con un solo Corazón,”(xxxv) fue ratificado con autoridad pontificia en boca de Benedicto XV, quien da testimonio de que Nuestra Señora “redimió al género humano junto con Cristo.”

Notas

(i) Lumen Gentium, 25.

(ii) Se han encontrado un gran número de citas en la extensa obra Mons. Arthur B. Calkins, “El Misterio de María Corredentora en el Magisterio pontificio,” María Corredentora: Temas Doctrinales Actuales, Queenship, 2002, pp. 25-92.

(iii) El criterio de repetición al uso pontificio del título Corredentora, incluye las seis ocasiones en que Juan Pablo II se ha servido de él y que se examinarán en el siguiente capítulo.

(iv) Para la misma aplicación que sobre la corredención Mariana ha tenido el criterio conciliar durante el Magisterio de Juan Pablo II, cf. Calkins, “Pope John Paul II’s Teaching on Marían Coredemption,” Mary Coredemptrix Mediatrix Advocate: Theological Foundations II, Queenship, 1996, p. 145. Nota: Si bien el título de Corredentora no se ha utilizado en documentos de carácter conciliar o encíclico, su repetido uso (por lo menos nueve ocasiones por ambos Pío XI y Juan Pablo II) cumple con el criterio conciliar de la “frecuencia” en la enseñanza papal.

(v) Para un estudio más profundo, cf. Calkins, The Mystery of Mary Coredemptrix in the Papal Magisterium,” pp. 25-92; Carol, “Our Lady’s Coredemption,” pp. 382-386; J. Schug, CAP., “Mary Coredemptrix: Her Title and Its Significance in the Magisterium of the Church,” Mary Coredemptrix Mediatrix Advocate: Theological Foundations, Queenship, 1995, pp. 215-246.

(vi) León XIII, Encíclica Jucunda Semper.

(vii) León XIII, ASS 28, 1895-1896, PP. 130-131.

(viii) Sn. Pío X, Encíclica Ad Diem Illum; ASS 36, p. 453.

(ix) Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2007-2008.

(x) María no puede merecer el mérito de condigno en sentido estricto, pues obviamente no hay una igualdad entre la persona de Dios y la persona creada de María necesaria para satisfacer estrictamente la segunda condición de mérito de condigno. Sólo el Hombre-Dios puede recibir mérito en relación de estricta justicia por el acto redentor llevado a cabo en el Gólgota, y en relación de igualdad entre Él y el Padre Eterno.

Si no hay igualdad entre la persona que otorga el premio y la que lo recibe, pero hay igualdad entre el acto meritorio y el premio, entonces este tipo de mérito puede referirse como “condign merit ex mera condignitate” (cf. Carol, “Our Lady’s Coredemption,” p. 410; cf. también a M. Llamera, O.P., Alma Socia Christi, Roma, 1951, vol. 1, p. 245 y M. Cuervo, O.P., “La cooperación de María en el misterio salud…,” Estudios Marianos, 1943, vol. 2, pp. 137-139). Varios autores, quizás continuando con la posición que inició del Moral (= 1731), apoyan la tesis general de que María sí mereció en el orden de mérito de condigno, pues había igualdad entre su obra corredentora y la recompensa que Dios le otorgó a nombre de toda la humanidad, pero obviamente no en estricto sentido de igualdad entre ella y Dios (cf. J. Lebon, “Comment je conçois, j’établis et je defends la doctrine de la Médiation Maríale,” Ephemerides Theoligicae Lovanienses, 1939, vol. 16, pp. 674-678; A. Fernández, O.P., “De Mediatione B. Virginis secundum doctrinam D. Thomae,” La Ciencia Tomista, 1938, vol. 38, pp. 145-170; C. Bali, “Die sekundäre Mittlerschaft der Gottesmutter (Hat María die Verdienste Christi de condigno für uns mitverdient?),” Wissenschaft und Weisheit, 1937, vol. 4, pp. 1-22; L. Colomer, O.F.M. Cuervo, Ibid; J.A. de Aldama, S.J., “Cooperación de María a la Redención…,” Estudios Marianos, 1943, vol. 2, pp. 179-193; E. Sauras, O.P., “Causalidad de la cooperación de María…,” Estudios Marianos, 1943, vol. 2, pp. 319-358; F. Vacas, O.P., “María Corredentora pudo merecer de condigno ex condignitate,” Boletín Eclesiástico de Filipinas, 1940, vol. 18, pp. 719-729; M. Llamera, O.P., “El mérito maternal corredentor de María,” 1951, vol. 11, pp. 83-140; cf. también Llmaera, Alma Socia Christi, vol. 1, pp. 243-255).

(xi) AAS, 1, 1908, p. 409.

(xii) AAS 5, 1913, p. 364.

(xiii) AAS 6, 1914, p. 108.

(xiv) A. Lépicier, L’Immacolata Madre di Dio, Corredentrice del genere umano, Roma, 1905.

(xv) Ibid.

(xvi) Benedicto XV, Carta Apostólica Inter Sodalicia; AAS 10, pp. 181-182.

(xvii)Pío XI, L’Osservatore Romano, Diciembre 1, 1933, p. 1.

(xviii) Los cuestionamientos exegéticos de Laurentin de si este texto y el del 23 de Marzo 1934, son exactos, parecerían un tanto exagerados (cf. Laurentin, Le Titre de Corédemptrice, p. 26) Efectivamente Pío XI, ejerciendo su oficio de romano pontífice y en un documento con carácter de discurso público, se refirió al título de Corredentora haciendo una exposición razonada del mismo. Hasta qué punto pudo haber reflexionado antes de usarlo, y si se basó en un texto previamente preparado o no, es dudosa especulación. L’Osservatore Romano lo publica como palabras auténticas de Pío XI que explican el título Corredentora exponiendo razonadamente su utilización. Laurentin no hace una objeción directa en cuanto a examinar el legítimo nivel de autoridad pontificia que se empleó, sino más bien si se trató de una auténtica alocución papal o no. No sería aconsejable usar especulación semejante para juzgar los méritos de otras alocuciones papales o incluso cuestionar, por ejemplo, el estado legal que guardan alocuciones papales anteriores escritas previamente por algún teólogo y no por el mismo pontífice. En algunos casos, las palabras espontáneas manifiestan más auténticamente las verdaderas convicciones que tiene un pontífice en su mente y su corazón, en tanto que también demuestran su confianza y familiaridad con ellas, por ejemplo, en este caso con el título de Corredentora.

Sin embargo, la conclusión de Laurentin en este mismo documento alude a que en virtud del “uso y protección” que el título recibía de dos papas, el término Corredentora merece, de tal suerte, nuestro respeto y no debe atacarse su legitimidad: “Empleado o protegido por dos papas, aún en el ejercicio más humilde de su Magisterio supremo, el término requiere, por lo tanto, todo nuestro respeto. Sería gravemente pretencioso, a lo menos, atacar su legitimidad” (Laurentin, Le Titre de Corédemptrice, pp. 27-28). No obstante, continúa diciendo que “sería inexacto decir que Roma recomienda o alienta positivamente su aplicación.” ¿Acaso el ejemplo mismo del papa de haberse valido del título Corredentora, no es de por sí una recomendación o un estímulo positivo para su uso, particularmente si se realizó en el contexto de un discurso pontificio que tiene “gran peso y alcance universal” (citando las mismas palabras de Laurentin)?

(xix) Pío XI, L’Osservatore Romano, Marzo 25, 1934, p. 1.

(xx) Ibid.

(xxi) Cf. Laurentin, Le Titre de Corédemptrice, p. 27.

(xxii) Pío XI, l’Osservatore Romano, Abril 29-30, 1935, p. 1.

(xxiii)Ven. Pío XII, Encíclica Mystici Corporis, Junio 29, 1943; AAS 35, 1943, p. 247.

(xxiv) Ven. Pío XII, Mensaje de Radio a Fátima, Mayo 13, 1946; AAS 38, p. 266.

(xxv) Ven. Pío XII, Encíclica Ad Caeli Reginam; AAS 46, 1954, p. 635.

(xxvi) Ibid., p. 634.

(xxvii) Ven. Pío XII, L’Osservatore Romano, Abril 22-23, 1940, p. 1.

(xxviii) Cf. Sn. Pío X, Ad Diem Ilum.

(xxix) Cf. Ven. Pío XII, AAS 46, 1954, p. 635; cf. Benedicto XV, Inter Sodalicia.

(xxx) Cf. Ven. Pío XII, Mystici Corporis; AAS35, p. 247.

(xxxi) Cf. León XIII, Jucunda Semper; Benedicto XV, Inter Sodalicia; Ven. Pío XII, L’Osservatore Romano, Abril 22-23, 1940.

(xxxii) Cf. León XIII, AAS 28, 1895-1896, pp. 130-131; Ven. Pío XII, Mensaje de Radio a Fátima.

(xxxiii) Cf. Magisterios de Pío X y Pío XI.

(xxxiv) Cf. León XIII, Jucunda Semper; Benedicto XV, Inter Sodalicia.

(xxxv)Sta. Brígida, Revelaciones, L. I, c. 35.

Continue Reading

La Segunda Eva

Published on July 20, 2012 by in En Espanol

0

Sin duda el Espíritu de la Verdad ha de haber revestido de luz especial a los primeros pastores y teólogos cristianos que vivieron tan de cerca el punto culminante de la revelación cristiana, cuando la Palabra se hizo carne y murió por nosotros, para poder predicar y enseñar el Evangelio a la Iglesia primitiva. A pesar de que ninguno de ellos podría haber reclamado para sí mismo un “oficio” de autoridad o inspiración, la gran mayoría de los primeros autores (y en muchos casos mártires), confirmados y guiados por el Espíritu en su oficio pontificio, se les honra en la Iglesia propiamente con los títulos de “padres apostólicos” y “padres de la Iglesia.”

Cuando los primeros padres contemplaron la encarnación redentora, naturalmente reconocieron y honraron el rol de la Virgen y Madre de Jesús en la economía de salvación, porque negarse a reconocer el rol que en los planes del Padre celestial debía fungir la Virgen de Nazaret con el Redentor, sería como rechazar lo obvio — sería como inferir que el Hijo careció de una madre, que el ángel enviado por el Padre no vino a pedir su libre consentimiento y que ella no cooperó moral y físicamente para dar al Salvador el instrumento de salvación, su naturaleza humana.
También los primeros padres percibieron el acto salvífico de la redención en términos de las enseñanzas de Sn. Pablo: “…dándonos a conocer el Misterio de su voluntad según el benévolo designio que en él se propuso de antemano, para realizarlo en la plenitud de los tiempos: hacer que todo tenga a Cristo por Cabeza” (Ef.1,9-10). La revelación de Cristo como “nueva cabeza” de la creación, quien compendia en sí a todo el linaje humano y el resto de la creación, es el concepto patrístico de la recapitulación.

El modelo patrístico de “recapitulatio” (“volver a empezar,” “compendiar”), basado en la doctrina paulina de Cristo como “nueva cabeza” (“re-caput“), se convirtió en el principal modelo en que se basaron los padres para hablar de la redención. El Redentor compendió en su persona a todo el linaje humano santificándolo y uniéndolo con Dios. Todo lo que fue creado desde el principio “vuelve a comenzar, se unifica” en Cristo y se vuelve a crear pero ya libre del pecado, en una especie de “segunda creación.” Mediante esta nueva creación, Dios retomó su plan inicial de creación que había sido destruido por el pecado de Adán, restaurándolo y uniéndolo a la persona del Redentor. Puesto que el linaje humano se perdió por el pecado de Adán, primer padre del género humano, era necesario que Jesucristo se hiciera hombre, un segundo o “nuevo Adán,” para restaurar o rescatar a los hombres (cf. Rm.5,12-20). “‘Fue hecho el primer hombre Adán, alma viviente; el último Adán, espíritu que da vida” (1Co.15,45).(1)

Pero si Jesús es el “segundo” o “nuevo Adán,” enviado por el Padre celestial para revertir el “error” de Adán, ¿qué hay de una segunda o nueva “Eva” en este proceso de salvación?

Junto con el principio de recapitulación, se encuentra la teoría integral y complementaria de la recirculación enseñada por los padres, en la que al proceso de salvación logrado por Cristo, el nuevo Adán, le deberá seguir otro pero esencialmente opuesto, marcando cada paso el proceso de la caída de Adán. Por lo tanto, si el Padre Eterno planeó restaurar a la familia humana usando los mismos medios pero contrarios, que llevaron a la caída de Adán (manifestando así el absoluto poder y gloria de Dios), entonces ¿qué hay de la parte del proceso realizado por Eva en la pérdida de la gracia? ¿Acaso en el concepto cristiano de la recirculación, el plan divino antitético no necesita una representante para la primera Eva, instrumento clave en el pecado de Adán?

Los primeros padres reconocieron de inmediato a la nueva “Madre de los Vivientes,” aquella que invertiría el curso de los hechos tomando el lugar de la primera “Madre de los vivientes” (Gen.3,20). Dentro de esta teología salvífica de recapitulación y recirculación, ven claramente el papel crucial de María en el plan de salvación, y sus testimonios al respecto son el fruto de la contemplación, el sacrificio e incluso el martirio. A su parecer, ella es sin lugar a dudas la “Segunda Eva.”(2)

Sn. Justino Mártir (= hacia 165), fue el primer defensor cristiano de la función central que desempeñó la Virgen María en la reversión divina que conduce a la salvación. Eva concibió la palabra de la serpiente dando a luz a la “desobediencia y la muerte;” el fiat de María dio a luz al que es Santo, que al vencer la simiente mortal de la serpiente, abrió las puertas a la vida:

Sabemos que Él, en el principio y antes que las demás criaturas, procedió del Padre por su solo poder y voluntad….y que por medio de la Virgen se hizo hombre para que la desobediencia que comenzó con la serpiente, se deshiciera de la misma manera en que surgió. Pues Eva, virgen e inmaculada, concibió la palabra de la serpiente y engendró la desobediencia y la muerte. Pero la Virgen María, al anunciarle el Ángel Gabriel la buena nueva de que el Espíritu del Señor vendría sobre ella y el poder del Altísimo la cubriría con su sombra, engendrando y dando a luz al Santo e Hijo de Dios, ella respondió: “Hágase en mí según tu palabra.” Por María nació Aquél…por el que Dios venció a la serpiente, los ángeles y a todo hombre parecido a la serpiente.(3)

El sabio Obispo de Lyons, Sn. Ireneo (= hacia 162), está considerado como el primer y verdadero mariólogo. Sn. Ireneo es el primero en enseñar una soteriología completa de recirculación entre la desobediencia de la virgen Eva, “causa de la muerte” para ella y para todo el linaje humano, y la obediencia de la virgen María, causa instrumental de salvación para ella y para todos los hombres:

Así como aquella…fue desobediente haciéndose causa de la muerte para sí misma y para todo el linaje humano, así también María….fue por su obediencia causa de la salvación para sí misma y para todo el linaje humano…El nudo de la desobediencia de Eva se desató con la obediencia de María. Pues lo que la virgen Eva ató por su incredulidad, la virgen María lo desató por su fe.(4)

La frase “causa de salvación para ella y para todo el linaje humano,” es realmente una extraordinaria profesión de corredención mariana escrita por el “padre del cristianismo ortodoxo” en el siglo segundo de la Iglesia. Es nada más y nada menos que el sorprendente testimonio de la Iglesia primitiva del singular rol de la Madre con Jesús en la salvación — una proclamación de que la Virgen Madre fue instrumento directo para la causa de la redención que comenzó, pero no terminó, con la encarnación redentora.(5)

En el tributo que hace Sn. Ireneo no propone a María como causa esencial o “formal” de la salvación, sino como causa instrumental sin paralelo alguno con Eva, instrumento de causalidad en la pérdida formal de Adán de la gracia para la humanidad. Así como Eva está completamente subordinada a Adán en la “muerte” del género humano, también el rol instrumental de María está completamente subordinado y es dependiente de Jesucristo, el nuevo Adán, puesto que sólo Cristo es la causa última y esencial de la salvación y recapitulación como “cabeza,” la “Palabra que viene de lo alto y el verdadero hombre” que “nos redimió con su propia sangre.”(6)

La pureza doctrinal de Sn. Ireneo es una profesión irrefutable de que la Virgen María, con su obediente “sí,” fue causa de salvación para toda la raza humana que tuvo como primer efecto su propia salvación. Pero Ireneo va más allá al identificar a la Virgen María como la “abogada” o intercesora de la virgen desobediente, por quien la desobediencia de Eva es destruida:

Por la desobediencia de una virgen el hombre cayó y después de su caída fue presa de la muerte. De la misma forma pero por una Virgen que fue obediente a la palabra de Dios, el hombre se regeneró…Era apropiado y necesario que Adán fuera restaurado en Cristo, para que aquello que era mortal fuera absorbido e inmerso en la inmortalidad, y que Eva fuera restaurada en María, para que una Virgen fuese la abogada de una virgen, y que la desobediencia de la primera fuera borrada y destruida por la obediencia de la otra.(7)

Otro obispo y apologista cristiano de los primeros siglos, Sn. Melito de Sardis (hacia 170), se refiere en su Homilía Pascual al rol de la Virgen Madre en el sacrificio salvífico del Hijo:

Él es el cordero degollado
Que nace de María, la cordera perfecta,
que sacado de su rebaño
lo llevan para inmolarlo…
Pero con su resurrección de entre los muertos,
resucitó al hombre de la tumba profunda.(8)

Sn. Melito utiliza la metáfora del “cordero,” que en el Antiguo Testamento representan tanto el sacrificio como la pureza virginal.(9) El Obispo de Sardis, aplicando la misma metáfora a la Madre y al Hijo, se refiere claramente a la participación de la Madre en el sacrificio salvífico de Jesús, el cordero de Dios degollado.(10)

Tertuliano (= hacia 240-250) continúa con este modelo de recapitulación Eva-María, al describir el rol de la Virgen por quien hemos “recobrado el camino de la salvación”:

Fue por un acto opuesto que Dios recobró la imagen y semejanza que el demonio había arrebatado. Pues si por Eva, virgen aún, avanzó la palabra causante de la muerte, de igual modo debía introducirse la Palabra de Dios creadora de vida, en una Virgen; que por el mismo sexo por el que había venido nuestra ruina, se recuperara también el camino de salvación. Eva creyó en la serpiente; María creyó en Gabriel. La falta cometida por la primera al no creer, la borró la segunda creyendo.(11)

Sn. Efrén (= 373), Diácono sirio y Doctor de la Iglesia, a quien se le conoce con justicia como el “Arpa del Espíritu Santo,” entonó con cánticos que María había “pagado la deuda”(12) de la humanidad: “Eva emitió una cuenta por cobrar y la Virgen pagó la deuda.” Sn. Efrén enseña que hemos sido “reconciliados” con Dios mediante la Madre de Dios: “Mi Santísima Señora, Madre de Dios y llena de gracia,…Esposa de Dios por quien nos reconciliamos con Él.”(13) Sn. Efrén proclama que Dios escogió a la Santísima Virgen para ser “instrumento de nuestra salvación,”(14) y la llama “precio de redención de los cautivos.”(15) Probablemente sea el primero en invocar a María con el título específico de “nueva Eva.”(16)

Sn. Epifanio, Obispo de Salamis (= 403), prolífico autor mariano y defensor de Nicea resume en forma sucinta el rol de María como instrumento salvífico quien provee la “causa de Vida” al mundo: “Ya que por Eva hubo causa de muerte para el linaje humano y la muerte entró en el mundo, María proporcionó la Causa de la vida por quien hemos obtenido la vida.”(17)

En Occidente, durante el siglo cuarto, “Siglo de Oro” de la literatura patrística, Sn. Ambrosio, Doctor y Padre espiritual de Sn. Agustín, enseña que la Virgen Madre de Cristo “dio a luz la redención para el linaje humano”(18); que “llevó en su vientre la remisión de los pecados”(19); y “concibió la redención para todos.”(20)

Sn. Ambrosio demuestra además que María fue la primera en recibir la “salvación” en preparación a su participación en la salvación de todos: “No nos sorprendamos de que el Salvador del mundo haya comenzado su obra en María, por quien la salvación de todos estaba siendo preparada, para que ella fuera la primera en recibir los frutos de su propio Hijo.”(21)

Sn. Agustín (= 430), monumental Padre y Doctor de la Iglesia, extiende la enseñanza de Sn. Ambrosio al argumentar que la Virgen Madre dio de su propia carne “la hostia” para el sacrificio que regeneraría a toda la humanidad y a nombre de toda la humanidad(22). Agustín también fundamenta su enseñanza sobre María, basándose en la estructura de la Segunda Eva, y adecuadamente representa al sexo femenino en el triunfo redentor sobre Satanás: “Es un gran sacramento que de la misma manera que por una mujer nos vino la muerte, también por una mujer nos nazca la vida; y así el diablo, una vez conquistado, sea atormentado en ambos sexos, femenino y masculino, porque se había gloriado de la caída de ambos. No habría recibido un castigo adecuado de haber sido liberados por ambos sexos, pero no fuimos liberados por ambos.”(23)

Sn. Agustín señala además que, “Al hombre que sería engañado, una mujer le ofrece el veneno. Al hombre que será restaurado, una mujer le ofrece la salvación. Una mujer, al engendrar a Cristo, compensa por el pecado del hombre engañado por una mujer.”(24) Juan Pablo II dice de Sn. Agustín que fue el primero en referirse a la Santísima Virgen como la “cooperadora” en la redención.(25)

La “boca de oro” de Sn. Juan Crisóstomo (= hacia 407), predica que “una virgen nos sacó del Paraíso; por una Virgen encontramos la vida eterna. Por una virgen fuimos condenados; por una Virgen fuimos coronados.”(26)

El distinguido predicador de Ravena, Sn. Pedro Crisólogo (= 450), nos dice que “todos los hombres merecieron la vida por una mujer.”(27) Y Próculo de Constantinopla (= 446) se dirige a la Madre del Redentor con éstas palabras: “tú, que sola cargas con la redención del mundo.”(28)

Y aún son varios los padres y escritores eclesiásticos que reconocen la doctrina de la participación única de María como segunda Eva en la obra salvífica, tales como Gregorio Taumaturgo(29) y Sn. Cirilo de Jerusalén(30). Teódoto de Ancira la llama la “Madre de la economía,”(31) y Severiano de Gabala se refiere a ella como la “Madre de la Salvación.”(32)

En las ancestrales liturgias cristianas copta, etíope y mozárabe (varias de las cuales se siguen usando hoy en día), rezan la doctrina de María en la salvación(33), manifestando la máxima de la liturgia clásica, “lex orandi, lex redendi” (“así como oremos, creeremos”). La liturgia armenia, que data del siglo quinto, invoca a la Madre como la “salvadora” (“la que salva”) y “libertadora” (“la que libera”).(34)

Hombres de una fe extraordinaria y gran sabiduría fueron estos apóstoles y padres de la Iglesia que vivieron los primeros quinientos años del cristianismo, dando todos ellos un mismo testimonio: que María, la nueva Eva, por su fe y obediencia participó de manera única en la salvación “con Jesús.” Con bellas y diversas expresiones, los padres proclaman que aún cuando participó voluntariamente de la encarnación redentora que como fin último llevaría al calvario, María siempre fue parte central, instrumental y esencial de los planes de Dios “con Jesús” para revertir el pecado de Adán y Eva.

A los Padres no se les puede juzgar basándose en una moderna comprensión de la redención que enseñaría explícitamente el rol redentor y corredentor de Jesús y María en el calvario bajo las recientes y diversas categorías soteriológicas de sufrimiento, satisfacción, mérito y sacrificio. Pero si retomamos el significado esencial de María Corredentora, la mujer “con Jesús” en la obra de la salvación, sin duda el concepto patrístico de la nueva Eva enseña la doctrina de la corredención mariana en su forma más simplificada. La nueva Eva es la Mujer con Jesús que fue “causa de salvación para sí misma y para el resto del linaje humano.”

Este fiel y antiguo testimonio patrístico de la doctrina de María Corredentora, modelada en torno a la nueva Eva, fue sucintamente capturado por el eclesiástico “Padre de la Escritura,” Sn. Jerónimo (= 420): “Muerte por Eva; vida por María.”(35)

Notas

(1) Para ver un resumen de recapitulación, recirculación y demás citas de los padres sobre la Madre Virgen, cf. Luigi Gambero, Mary and the Fathers of the Church, Ignatius Press, 1999, Cap. 4 (trad. del original en italiano, Maria nel pensiero dei padri della Chiesa, Edizione Paoline, 1991).
(2) Para un tratado más extensivo y fuente de las citas más relevantes, cf. J.B. Carol, De Corredemptione Beatae Mariae Virginis, Roma, Vaticana, 1950, Pars Secunda, Caput I; L. Riley, “Historical Conspectus of the Doctrine of Mary’s Co-redemption,” Marian Studies, vol. 2, 1951.
(3) Sn. Justino, Dialogus cum Tryphone, Cap. 100; PG 6,709-712.
(4) Sn. Ireneo, Adversus Haereses, vol. 3, Cap. 22, n. 4.
(5) Para Sn. Ireneo, la encarnación sin la pasión, no hubiera bastado para nuestra salvación. Cf. P. B. De Margerie, S.J., “Mary Coredemptrix In the Light of Patristics,” Mary Coredemptrix Mediatrix Advocate Theological Foundations: Towards a Papal Definition?, Queenship, 1995, p. 7
(6) Sn. Ireneo, Adversus Haereses, vol. 5, Cap. 1, n. 1.
(7) Sn. Ireneo, en J. Barthulot, Saint Irénée: Démonstration de la Prédication Apostolique traduite de l’Arménien et annotée, en R. Graffin y F. Nau, Patrologia Orientalis, vol. 12, Paris 1919, pp. 772 et seq.
(8) Melito de Sardis, Easter Homily, 71, 11. 513-520.
(9) Cf. por ejemplo, a Lv. 5:6; Núm. 6:14; 7:17.
(10) Cf. O. Perler, Meliton de Sardes, Sur la Pâque et fragments, SC 123, Paris, ed. Du Cerf, 1996, p. 176.
(11) Teruliano, De Carne Christi, Cap. 17; PL 2,827-828.
(12) Sn. Efrén, On the Institution of the Church, n. 11, J.T. ed. Lamy, Mechliniae, 1889, t. 3, 978.
(13) Sn. Efrén, Opera Omnia, ed. Assemani vol. 3, Roma, 1832, p. 528.
(14) Ibid, p. 607.
(15) Ibid, p. 546.
(16) E. Druwé, “La Médiation Universelle de Marie,” Maria: Études sur la Saint Vierge, ed. H. Du Manoir, vol. 1, Paris, 1949, p. 467.
(17) Sn. Epifanio, Adversus Haereses, 1.3, t. 2; PG 42, 729.
(18) Sn. Ambrosio, De Mysteriis, Cap. 3, n. 13; PL 16, 410.
(19) Sn. Ambrosio, De institutione virginum, Cap. 13, n. 81, PL 16, 339.
(20) Ibid. Nota: Los demás comentarios de Sn. Ambrosio en relación a la Corredentora serán tratados a la luz de las discusiones de Arnoldo de Chartres sobre el tema.
(21) Sn. Ambrosio, Lc. 2, 17; ML 15, 559.
(22) Sn. Agustín, Serm. Ined., 5, nn. 5,6; ML 46, 832-833; en De Margerie, “Mary Coredemptrix In the Light of Patristics,” p. 16.
(23) Sn. Agustín, De agone christ., Cap. 22; PL XL, 303.
(24) Sn. Agustín, Sermo 51 de concord. Matth, Et Luc., n. 2; PL 38, 335.
(25) Cf. Sn. Agustín, De sancta Virginitate, 6; PL 40, 399; Juan Pablo II, Audiencia General, Abril 9, 1997, L’Osservatore Romano, edición en inglés, Abril 16, 1997,p. 7.
(26) Sn. Juan Crisóstomo, In Psalmos, 44; PG 55, 193.
(27) Sn. Pedro Crisólogo, Sermo 142; PL 52, 580.
(28) Próculo de Constantinopla, Sermo 5, art. 3; PG 65, 720 C.
(29) Sn. Gregorio Taumaturgo, Homilia I in Annuntiatione Sanctae Virginis Mariae; PG 10, 1147.
(30) Sn. Cirilo de Jerusalén, Catechesis, 12, n. 15; PG 33, 741.
(31) Teódoto de Ancira, MG 77, 393 C.
(32) Severiano de Gabala, MG 56, 4.
(33) Por ejemplo, cf. De Margerie, “María Corredentora a la Luz de la Patrística,” p. 21.
(34) Cf. Laurentin, Le Titre de Corédemptrice, Etude Historique, Paris, Nouvelles Editions Latines, 1951, p. 11. El término original armenio es “Pyrgogh.”
(35) Sn. Jerónimo, Epist, 22, 211; PL 22, 408.

Continue Reading

La Profecía de la Corredentora

Published on July 20, 2012 by in En Espanol

0

Una cosa es definir un término y otra muy diferente, creer en él. Es clara la definición que da la Iglesia al significado de Corredentora, siendo ésta la participación única de María en la obra de la redención con Jesús; pero, ¿en qué se basa la Iglesia para creer en esta verdad?

La perfecta providencia de Dios, dictada no por absoluta necesidad sino por disposición divina, el Corazón de Dios que se manifiesta al corazón del hombre, se nos ha revelado primordialmente a través de la Sagrada Escritura.

A la Madre de Jesús se le ha identificado justamente no como una mujer en las Escrituras, sino como La Mujer de las Escrituras. Ella es, como veremos más adelante, la “mujer” del Génesis (Gen.3,15), la “mujer” de Caná (Jn.2,4), la “mujer” del calvario (Jn.19,25), la “mujer” de la Revelación (Rev.12,1), y la “mujer” de los Gálatas (Gal. 4,4).

Pero en este sentido, hemos de considerar a la Mujer de las Escrituras en su específico rol “con Jesús” en la obra de la redención. Comencemos con la Antigua Alianza entre Dios y los hombres y su testamento escrito.

La Gran Profecía – Génesis 3,15(1) “Enemistad pondré entre ti y la mujer”

Partamos desde el principio con el protoevangelio (“primer evangelio”) del libro del Génesis, ya que el amor misericordioso del Padre no permitió que la humanidad caída permaneciera, salvo por unos cuantos versos, en franca desesperación sin Redentor.

Después de llevarse a cabo el “pecado de pecados,” Dios está pronto a revelar su plan redentor, dando marcha atrás o “recapitular,” como dirían los primeros padres, el pecado de Adán y Eva. El Creador, en su omnisciencia, da a conocer un plan que aniquilará totalmente a la serpiente usando los mismos medios que utilizó Satanás, aunque a la inversa, para restaurar la gracia en la familia humana. De esta forma Dios, el Padre de la humanidad, revela su omnipotencia soberana por encima de Satanás.

Dios revela su plan salvífico por medio de una futura mujer y su “simiente” de victoria: “Voy a poner perpetua enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta [la simiente o linaje de la mujer] te herirá la cabeza, y tú le herirás el calcañar (Gen.3,15).”

En ésta, la más grande de todas las profecías del Antiguo Testamento, vemos que habrá siempre una incesante lucha mortal entre una mujer y su descendencia (o “simiente”), y Satanás y su simiente de maldad y pecado. Con la batalla se conseguirá también una completa y definitiva victoria de la mujer y su descendencia contra Satanás y sus secuaces, al pisarle la cabeza a Satanás.

La “simiente” que obtendrá la victoria final sobre Satanás y su simiente, sólo puede referirse a Jesucristo. Nadie, salvo el Redentor crucificado y resucitado, puede reclamar la victoria. Por lo tanto, la “mujer” de quien proviene esa simiente de victoria, en el sentido más estricto y esencial, sólo puede referirse a María, la única y verdadera madre natural de Jesucristo. El Redentor no nace físicamente de Eva, ni de Israel y tampoco de la Iglesia. Nace solamente de María, la “nueva Eva”.

Este pasaje del Génesis, quintaesencialmente profético, prevé la victoria definitiva sobre Satanás en el futuro (“pondré”). De la misma manera serían dos personas que a futuro obtendrían la victoria; de este modo y mediante una mujer que aún no nacía y su simiente victoriosa, se reivindicaría lo que perdió la primer mujer.

Dios pone “enemistad” entre la mujer y la serpiente y sus respectivas “simientes.” En la Escritura, “enemistad” denota una completa y radical oposición(2), y es precisamente esta enemistad lo que separará a la mujer y su simiente (Madre e Hijo) de Satanás y su simiente. La naturaleza y el rol de María Corredentora se profetiza ya desde un principio, precisamente por medio de esta enemistad establecida por designio divino.

La mujer y su simiente participan en la lucha contra la serpiente y su simiente. A la luz de la historia de la salvación, se entiende que este pasaje prefigura a María, Madre del Redentor, quien íntimamente comparte, al igual que Jesús el Redentor, idéntica batalla contra Satanás y sus actos malvados. La Mujer “con Jesús” participa en la gran batalla que dejó traslucir el Padre Celestial, inmediatamente después de que la primer mujer participara en la pérdida de la humanidad “con Adán,” para volver a adquirir a la humanidad. Eva se convierte en la “copecadora” (que significa “con el pecador”); María es profetizada como la “Corredentora” (“con el Redentor”).(3)

Asimismo, en esta “enemistad” entre la mujer y la serpiente se ve ya profetizada a “la Inmaculada,” pues convenía que ella estuviera libre de pecado y llena de gracia. Solamente una persona completamente inmaculada o “sin mancha” (mácula, “mancha”), puede mantenerse en franca oposición al Maligno. Correctamente entendido, esta Mujer estará “llena de gracia” (Lc.1,28), porque posee objetivamente la plenitud de los frutos de la redención de manera singular como salvaguarda; por esta razón jamás será tocada por Satanás y su simiente pecadora.(4)

“La Inmaculada” del Padre Celestial, su Hija Virgen llena de gracia, representará a la humanidad en la batalla “con Jesús” por las almas. Ella será la obra maestra de Dios, su criatura más extraordinaria que habrá de combatir contra su más horrible criatura en esta batalla cósmica. Por el beneplácito de Dios, convenía que la compañera del Redentor en la economía de salvación estuviera totalmente libre de la mancha del pecado, de lo contrario, un compañero con la mancha del pecado actuaría más bien como doble agente, trabajando para el Redentor y al mismo tiempo para Satanás. María por lo tanto, que será la Corredentora, colabora entera y exclusivamente “con Jesús,” en virtud de que es primero la Inmaculada Concepción(5). Su impecancia desde el primer momento de su concepción será el regalo que Dios otorgue a la humanidad, y la respuesta de la humanidad será el “fiat” voluntario de María. Porque Dios respeta absolutamente la libre cooperación de sus criaturas en la economía de la salvación, la libertad y la total donación de sí es esencial y necesaria.

“Ella te pisará la cabeza.” La revelación de la Corredentora en Génesis 3,15 no depende de la traducción del pronombre (“él” o “ella”) contenido en la segunda línea de esta profecía y ampliamente debatido, sino que se revela en primer instancia al vaticinar el Padre que habrá una batalla futura en la que María, mujer de la “simiente,” Madre del Salvador, participará intrínsecamente con su Hijo en contra de los enemigos Satanás y su simiente.

Sin embargo, en el texto revelado es digno de mención que quien combatirá directamente contra la serpiente será la mujer, mientras que la simiente de la mujer estará en lucha paralela contra la simiente de la serpiente. Si hemos de respetar el paralelismo propio del texto, la conclusión congruente de esta primer “enemistad” anunciada entre la mujer y la serpiente, es que los pronombres subsecuentes lógicamente se tienen que referir a la primer protagonista, la mujer, y al primer antagonista, la serpiente. Por lo tanto el pronombre “ella” se refiere a la mujer protagonista que le pisa la “cabeza” a la serpiente-antagonista.(6)

La Vulgata tradicional conteniendo el pasaje del Génesis con el pronombre femenino “ipsa” o “ella”, ha sido usado por varios pontífices en sus documentos papales para referirse a María. Por ejemplo, el Beato Papa Pío IX en su bula Ineffabilis Deus del 8 de diciembre de 1854 que define la Inmaculada Concepción, refiere que la mujer del Génesis 3,15 es María quien pisará la cabeza de Satanás “con su pie virginal,” identificando claramente la participación de la Madre en la victoria redentora del Hijo. Este es sólo uno de los muchos ejemplos que se pueden encontrar en el Magisterio Pontificio y que inequívocamente identifican a la mujer del Génesis 3,15 con María:

Los padres y escritores escolásticos, iluminados e instruidos desde lo alto, enseñaron que la profecía divina: “Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y su linaje,” es un presagio claro y contundente de que habría un Redentor misericordioso para la humanidad, esto es, el Unigénito Hijo de Dios, Cristo Jesús. De igual modo enseñan cómo la profecía también alude a su Santísima Madre, la Virgen María, y la clara expresión de su común enemistad contra el demonio. De la misma forma en que Cristo, Mediador entre Dios y los hombres, canceló el decreto de condenación contra nosotros al tomar nuestra naturaleza y clavándola triunfalmente en la cruz, la santísima Virgen al estar íntima e indisolublemente unida a Cristo, se convirtió en eterno enemigo, junto con Cristo, de la serpiente venenosa, compartiendo con su Hijo la victoria sobre la serpiente al pisarle la cabeza con su pie virginal.(7)

Es un hecho contundente que Nuestra Señora, al parecer, no tuviera obstáculo alguno por debates en la traducción del pronombre, cuando en la Iglesia se aprueban las apariciones de la Medalla Milagrosa de Nuestra Señora de la Gracia en Rue de Bac (27 de Nov., 1830), en cuyas visiones y medalla acuñada posteriormente, se mostraría al mundo a la Mediadora de todas las gracias literalmente pisando con su pie virginal la cabeza de la serpiente.(8)

María Corredentora es la Mujer de Génesis 3,15, pero también es la Mujer y la Virgen Madre de Isaías quien, en otra gran profecía del Antiguo Testamento, se le profetiza que manifestará la gran señal de salvación pronosticada a Ahaz: “He aquí que una doncella está encinta y va a dar a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel” (Is. 7,14). También es la Mujer de Miqueas quien, “con dolores de parto,” dará a luz al futuro príncipe que salvará a Israel: “Más tú, Belén Efratá, aunque eres la menor entre las familias de Judá, de ti ha de salir aquel que ha de dominar en Israel, y cuyos orígenes son de antigüedad, desde los días de antaño. Por eso él los abandonará hasta el tiempo en que dé a luz la que ha de dar a luz. Entonces el resto de sus hermanos volverá a los hijos de Israel.” (Mic.5,2-3). La profecía de los dolores de parto de la mujer se refiere, no a los dolores de parto consecuencia del pecado y que no pueden ser aplicados a la inmaculada que ha sido concebida sin pecado original y sus efectos, sino más bien, a los sufrimientos que compartirá la Madre del Redentor al engendrar espiritualmente a la multitud al más alto precio.

Tipos y Símbolos de la Corredentora en el Antiguo Testamento

¿Y qué hay de esa gran cantidad de mujeres que en el Antiguo Testamento son tipos de María y que presagian con su propia vida a la Corredentora por venir?

Sara, esposa de Abraham, concibió milagrosamente y dio a luz a Isaac convirtiéndose en “Madre de las naciones” (Gen.17,15-17). María, concibiendo milagrosamente, dará a luz al Redentor y se convertirá en “Madre de todos los pueblos” (cf. Lc.1,38, Jn.19,25-27).

Rebeca vistió a Jacob con la ropa de Esau para obtener la herencia que el Padre otorgaba al primogénito (cf. Gen.25,1-40). María vestirá a Jesús con el ropaje de la humanidad, obteniendo así la herencia que el Padre Celestial dará al resto de la familia humana.

Raquel dio a luz a José, el que salvaría a la tribu de Jacob, y que es vendido por sus propios hermanos en veinte monedas de plata (cf. Gen.37,28). María dará a luz a Jesús, el futuro salvador de todos los pueblos, que será vendido por treinta monedas de plata (cf. Mt. 26,15).
Débora la profetisa, participa activamente como compañera de Baraq en la victoria sobre Sísara (que culmina con la destrucción de la cabeza de Sísara por Yael), razón suficiente para que Débora proclame un himno de exultación (cf. Jc.4,5). María, Reina de los Profetas, será la activa compañera de Cristo en la victoria sobre el pecado y la destrucción de la cabeza de Satanás, lo que le llevará a proclamar la grandeza del Señor (cf. Lc.1,46).

La valerosa Judit combatió contra el enemigo Holofernes triunfando y cortándole la cabeza (cf. Jdt.13,8-16). La arrojada María combatirá contra Satanás y triunfará aplastándole la cabeza (cf. Gen.3,15, Jn.19,27).

La Reina Ester fue favorecida por el Rey Asuero al arriesgar su vida y salvar a su pueblo de un decreto de muerte (Est.7,1-4). María Corredentora será favorecida por Cristo, el Rey, cuando ofrezca su vida “con Jesús” por la misión de la redención que salvará a todos los pueblos del decreto de la muerte eterna (Lc.1,38).

Sin duda el más extraordinario tipo de María Corredentora, lo encontramos en la historia de la noble “Madre de los Macabeos” (cf. 2M,7) del Antiguo Testamento. Perseguidos por el rey secular Antíoco, sus siete hijos, uno tras otro, son torturados y asesinados en la presencia de su madre por la fidelidad que mostraban a las prácticas de ayuno de la Alianza. El mismo Antíoco pide a la madre intervenir por su séptimo hijo para que, aceptando las ofertas de riqueza y poder del rey, así como el alejamiento y rechazo de las disciplinas de ayuno de la Alianza, se pueda salvar a sí mismo. La madre, en cambio, aprovecha la oportunidad para exhortar a su hijo con palabras de aliento y esperanza, instruyéndolo a “aceptar la muerte para que vuelva yo a encontrarte con tus hermanos en la misericordia (de Dios).” (2M 7,29).

¡Qué forma tan elocuente esta de presagiar, con la historia de la Madre de los Macabeos, la propia historia de María Corredentora! Las siete espadas de dolor que atravesarán el corazón de la Madre se prefiguran en el sufrimiento de los siete hijos de los Macabeos. La valiente mirada que el rostro de la madre, irremediablemente bañado en lágrimas, dirige al rostro del Hijo crucificado en el calvario, transmite, en un mensaje que no se puede expresar con palabras, la imperiosa necesidad de perseverar con el plan redentor de la nueva y eterna Alianza. Las tentaciones que susurró el Príncipe de este mundo al Hijo, a saber: riqueza, poder, fama, e inclusive la “ineficacia” de la crucifixión que estaba por acaecer, se contrarrestan con el testimonio fiel, humilde, pobre y obediente de la Virgen Madre, quien por ser totalmente inmaculada constituye el fruto más extraordinario y digno que logró la redención de su Hijo.

El recuento bíblico de la Madre de los Macabeos y sus siete hijos, finaliza con las siguientes palabras: “Por último, después de los hijos murió la madre” (2M 7,41). De igual manera nos dicen los Santos Padres que la Madre Corredentora experimentó en el calvario una verdadera “muerte con Él en su corazón que era atravesado por la espada del dolor,”(9) donde la Madre del Salvador es “crucificada espiritualmente con su Hijo crucificado.”(10)

Por otra parte, a la Madre Corredentora se le profetiza con el más grande de los símbolos marianos del Antiguo Testamento: “Arca de la Alianza”. El Arca es el lugar donde se encuentra “la presencia de Dios,” fragmentos de las tablas de los Diez Mandamientos, el báculo de Aarón y el misterioso maná celestial, que en su conjunto representan la ley, el sacerdocio y el alimento sustantivo de la Alianza. Como tal, el Arca es el signo concreto de la alianza salvífica entre Yahveh y el pueblo de Israel (cf. Dt 31,25; Ex. 16,4-36; Nm. 17,1-13).

De este modo la Madre del Redentor llevará en su vientre a Cristo, la Nueva Ley, Cristo el Sumo Sacerdote y Cristo Eucaristía, lo que hace de ella Arca suprema de la Nueva Alianza. Creada y modelada por el poder divino, es la portadora de la nueva y eterna alianza entre la divinidad y la humanidad, un Arca enteramente libre y activa hecha de madera incorruptible que igualmente lleva cargando y sufre con el Sumo Sacerdote de la Eterna Alianza.

Cada gemido del Antiguo Testamento es un suspiro anhelante por la futura encarnación y cumplimiento de la misión de Cristo Redentor. Y cada suspiro por el Hijo que traerá la redención es, al mismo tiempo, y según el plan salvífico del Padre Eterno, uno que anhela a la Madre Corredentora, pues según enseña el Beato Papa Pío IX en la proclamación dogmática de la Inmaculada Concepción, por voluntad inmutable del Padre de la creación, en “un mismo y único decreto,” el Redentor y la Corredentora debían participar juntos de la misión para redimir a los hombres.(11)

Notas

(1) Para ver comentarios más extensos, cf. T. Gallus, S.J., Interpretatio mariologica Protoevangelii, vol. 1, Tempore post-patristico ad Concilium Tridentinum, Roma, 1949; vol. 2, A Concilio Tridentino usque ad annum 1660, Roma, 1953; vol 3 Ab anno 1661 usque ad definitionem dogmaticum Immaculatae Conceptionis (1854), Roma, 1954; cf. D. Unger, O.F.M. Cap., “Patristic Interpretation of the Protoevangelium,” Marian Studies, vol. 12, 1961, pp. 111-164; cf. A. Bea, S.J., “Il Protoevangelio [Gen. 3:15] nella tradizione esegetica,” L’Osservatore Romano, Oct. 30, 1954, p. 1; “Maria SS. Nel Protovangelo (Gen. 3:15),” Marianum, vol. 16, 1953, pp. 1-21; cf. S. Manelli, F.F.I., All Generations Shall Call Me Blessed, Academia de la Inmaculada, 1995; “Mary Co-redemptrix in Sacred Scripture,” Mary Coredemptrix, Mediatrix, Advocate Theological Foundations II, Queenship, 1996, pp. 71-80.

(2)Para ver otros ejemplos de “enemistad” en la Escritura, cf. Nm. 35:21-22, Dt. 4:42, Dt. 19:4,6.

(3) Cf. Cardenal Alfonso Maria Stickler, Maria: Mitterloserin, Salzburgo, 9 de Dic.,1990, Informationsblatt der Priesterbrudershaft St. Petrus, n. 12, Wigratzbad, Jahrgang, 1991.

(4) Beato Pío IX, Constitución Apostólica Ineffabilis Deus, 1854

(5) Cardenal Karol Wojtyla, Homilía de la Fiesta de la Inmaculada Concepción, 8 de Diciembre,1973; cf. Juan Pablo II, Audiencia General, 7 de Dic., 1983, L’Osservatore Romano, edición en inglés, 12 de Diciembre, 1983, p.2; Audiencia General, 24 de Enero 1996, L’Osservatore Romano, edición en inglés, 31 de Enero, 1996, p. 11; también cf. H.M. Manteau-Bonamy, O.P., Immaculate Conception and the Holy Spirit: The Marian Teachings of St. Maximilian Kolbe, traducida por R. Arnandez, F.S.C., Franciscan Marytown Press,1977, caps. 2,7.

(6) Para ver un estudio más profundo sobre el paralelismo entre el texto de Génesis 3:15 y la defensa del pronombre ipsa (“ella”) y comentarios históricos y medievales, particularmente Cornelius à Lapide, cf. Hno. Thomas Sennott, M.I.C.M., “María Corredentora,” María al Pie de la Cruz II: Actos del Simposio Internacional sobre la Corredención Mariana, Academia de la inmaculada, 2002, pp. 49-63. El autor ofrece la siguiente explicación inicial sustentando el ipsa y cita a Cornelius à Lapide como apoyo:

“En hebrero hu es ‘él,’ y he ‘ella,’…En hebreo no hay pronombre neutral (‘it‘ en inglés), tanto hu y he pueden ser traducidos como neutrales (‘it‘) dependiendo del contexto.

En griego ‘él’ es autos, ‘ella’ aute, y el neutral auto.

En latín, ‘él’ es ipse, ‘ella’ ipsa, y el neutral es ipsum

Cornelius à Lapide en su gran Commentaria in Scripturam Sacram dice que el misterio fundamental se refleja incluso en la gramática hebrea. ‘Hu también es utilizado con frecuencia en lugar de he especialmente cuando se enfatiza una acción y se predica un aspecto varonil de la mujer, como el caso que nos ocupa de aplastar la cabeza de la serpiente…No hace ninguna diferencia que el verbo sea masculino yasuph, esto es “(él) aplastará,” pues con frecuencia sucede en hebreo que se utiliza el masculino en lugar del femenino y viceversa, especialmente cuando existe una razón fundamental del misterio, como lo acabo de mencionar’ (C. à Lapide, Commentaria in Scripturam Sacram, Larousse, Paris, 1848, p. 105). El ‘misterio fundamental’ es, por supuesto, que Nuestra Señora aplasta la cabeza de la serpiente con el poder de Nuestro Señor.”

(7) Beato Pío IX, Ineffabilis Deus; Para ver otras referencias conciliares o del Magisterio Papal en donde se cita el singular rol de María en la redención revelado en el pasaje del Génesis 3:15, cf. Leon XIII, Encíclica Augustissimae Virginis, 1897; ASS 30,p.129; Sn. Pío X, Encíclia Ad Diem Illum, 2 de Feb., 1904; ASS 36, p. 462; Pío XI, Encíclica Divini Redemptoris, 1937; AAS 29, p. 96; Pío XII, Constitución Apostólica Munificentissimus Deus, 1937; AAS 42, p. 768; Encíclica Fulgens Corona, 1953; AAS 45, p. 579; Concilio Vaticano Segundo, Lumen Gentium, 55; Pablo VI, Carta Apostólica Signum Magnum, 13 de Mayo, 1967; Juan Pablo II, Encíclica Redemptoris Mater, 25 de Marzo,1987.

(8) Ver las descripciones de las apariciones relatadas en R. Laurentin, Catherine Labouré et la Médaille Miraculeuse, Paris, 1976.

(9) León XIII, Encíclica Jucunda Semper, 8 de Sept., 1894; ASS 27, 1894-1895, p. 178.

(10) Juan Pablo II, en un discurso en el Santuario Mariano en Guayaquil, Ecuador el 31 de Enero, 1985, L’Osservatore Romano, edición en inglés, 11 de Marzo,1985, p. 7.

(11) Beato Pío IX, Ineffabilis Deus.

Continue Reading

Fátima y María Corredentora

Published on July 20, 2012 by in En Espanol

0

En los mensajes de Nuestra Señora del Rosario en Fátima, Portugal (1917), aprobados por la Iglesia, la Mujer vestida de sol exhorta a los jóvenes visionarios y al mundo entero a “sacrificarse por los pecadores”(i) y a “hacer de todo lo que puedan, un sacrificio, ofreciéndolo a Dios como acto de reparación por los pecados con los que Él es ofendido.”(ii) Es un llamado a la corredención de los hombres, ejemplificada por su Reina.

Nuestra Señora invita a Lucía, Jacinta y Francisco a una vida de corredención por la salvación de las almas: “¿Están dispuestos a ofrecerse a Dios y soportar todos los sufrimientos que Él quiera mandarles como un acto de reparación por la conversión de los pecadores?”(iii) Los niños responden fielmente a esta invitación celestial de ser corredentores: “sí, estamos dispuestos.” La Corredentora responde a su vez, “entonces van a sufrir mucho, pero la gracia de Dios será su consuelo.”(iv) Fue precisamente su heroico fiat al llamado de Fátima por la corredención humana, lo que llevó a que Juan Pablo II a beatificar a Jacinta y Francisco el 13 de Mayo de 2002.(v)

En la monumental aparición del 13 de Julio de 1917, que predice grandes pruebas y persecuciones para la Iglesia y el mundo, específicamente para el Santo Padre(vi), Nuestra Señora de Fátima nuevamente invita a los niños a “sacrificarse por los pecadores” identificando su propia mediación corredentiva y la constante oración del Santo Rosario, como el único y verdadero remedio por el que se podrá obtener la paz en el mundo: “…Sigan rezando el Rosario todos los días en honor de Nuestra Señora del Rosario para poder obtener la paz en el mundo y el final de la guerra, porque sólo ella podrá ayudarlos.”(vii) Es por ello muy consecuente que apareciera el 13 de Octubre durante el evento histórico de gran milagro solar bajo la apariencia de Nuestra Señora de los Dolores.(viii)

Efectivamente, la corredención humana está envuelta en el mensaje del 13 de Julio en Fátima, con el llamado a los cristianos de ofrecer sacrificios y consagrarse al Corazón Inmaculado de María. Además, Nuestra Señora del Rosario predice un eventual Triunfo del Corazón Inmaculado de María como fruto de los varios niveles de cooperación humana: “Al final, mi Corazón Inmaculado reinará.”(ix)

La Hermana Lucía, última vidente con vida, escribió un libro que se publicó recientemente, en el que identifica la incuestionable doctrina de María Corredentora en la esencia misma del mensaje de Fátima. Llamados del Mensaje de Fátima, obra escrita en 1998, proporciona un inspirado testimonio teológico y místico de María Corredentora y los efectos sobrenaturales del providencial rol de la Madre por la humanidad.(x) El tema de María Corredentora es el hilo mariológico más importante a lo largo de los extraordinarios escritos de la Hermana Lucía, seguido únicamente por el tema del Corazón Inmaculado de María (y ciertamente complementario al primero). Tan instructivas e inspiradoras resultan sus meditaciones teológicas sobre María Corredentora, que ofrecemos una considerable extensión de sus reflexiones, que integran muy bien el título a la totalidad de los mensajes de Fátima al mundo contemporáneo.

Al referirse a la devoción del Corazón Inmaculado de María, la Hermana Lucía reconoce que el Corazón de María Corredentora estuvo unido al Corazón de Cristo desde la anunciación hasta el calvario.

Dios comenzó la obra de nuestra redención en el Corazón de María, porque con su “fiat” se comenzó a realizar nuestra redención: “Dijo María, ‘He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.’ (Lc. 1,38). “Y la Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros” (Jn. 1,14). Por lo tanto, en la unión más íntima posible entre dos seres humanos, Cristo comenzó con María, la obra de nuestra salvación. Los latidos del Corazón de Cristo son los del Corazón de María, la oración de Cristo es la oración de María, las alegrías de Cristo son las alegrías de María, fue de María que Cristo recibió el Cuerpo y la Sangre que serían derramados y ofrecidos por la salvación del mundo. Por lo tanto María, hecha una sola cosa con Cristo, es la Corredentora del género humano. Con Cristo en su vientre, con Jesucristo en sus brazos, con Cristo en Nazaret y en su vida pública; con Cristo subió la cima del calvario, sufrió y agonizó con Él, recibiendo en su Corazón Inmaculado los últimos sufrimientos de Cristo, sus últimas palabras, su última agonía y las últimas gotas de su Sangre, para poderlas ofrecer al Padre.(xi)

El comentario que hace la Hermana Lucía sobre la presentación del Niño en el Templo describe el conocimiento que tenía la Madre del eventual cumplimiento de la profecía de Simeón y su ofrecimiento expiatorio (propiciatorio) “con Jesús” como Corredentora de la humanidad:

María sabía que esta profecía se cumpliría en la persona de su Hijo; sabía que Él había sido enviado por Dios para llevar a cabo la obra de nuestra redención, y lejos de quererlo salvar de tales dolores y sufrimientos, lo tomó en sus brazos puros, lo llevó al Templo con sus manos virginales y lo puso en el altar para que el sacerdote pudiera ofrecerlo al Padre Eterno como una víctima expiatoria (propiciatoria) y un sacrificio de alabanza.

María no solamente ofrece a su Hijo, se ofrece a sí misma con Cristo, porque Jesús había recibido su Cuerpo y su Sangre de ella, de esa manera ella se ofrece en Cristo y con Cristo a Dios, Corredentora con Cristo de la humanidad.(xii)

La poderosa intercesión de María, Mediadora de todas las gracias, de ninguna manera viola la revelación bíblica de 1 Timoteo 2,5 en relación a que Cristo es el Único Mediador. Antes bien, la participación subordinada de la Madre en la mediación de Cristo conduce a la culminación de la misión redentora del Único Mediador(xiii). La Hermana Lucía defiende el poder intercesor de la Madre de Dios, en virtud de su misión previa como Corredentora:

Hay, por lo tanto, un solo Mediador divino: Cristo Jesús; pero como intercesores suplicantes tenemos a María, los Santos y cada uno de nosotros, si así lo queremos. El mismo San Pablo, en varios pasajes de sus cartas, pide a la gente orar tanto por él como unos por otros. “siempre en oración y súplica, orando en toda ocasión en el Espíritu, velando juntos con perseverancia e intercediendo por todos los santos, y también por mí, para que me sea dada la Palabra al abrir mi boca y pueda dar a conocer con valentía el Misterio del Evangelio, del cual soy embajador entre cadenas, y pueda hablar de él valientemente como conviene.” (Ef. 6,18-20).

Así es que, si el Apóstol nos pide orar unos por otros, tenemos mucha Mayor razón para pedir a María que interceda por nosotros, porque su oración será mucho más agradable al Señor en virtud de su dignidad como Madre de Dios y su Mayor unión con Cristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, en razón de su misión como Corredentora con Cristo así como por su gran santidad.(xiv)

Al comentar sobre la asunción de Nuestra Señora, la vidente de Fátima incorpora la batalla corredentora profetizada en Génesis 3,15 y la “mujer” victoriosa. La predestinada Corredentora del género humano es el primer fruto de la redención, de tal modo que no podía permanecer en la “sombra de la muerte”:

En cuanto se cometió el primer pecado que condenó a los seres humanos, Dios, hablando al diablo que había tomado la forma de una serpiente y que había incitado a los primeros seres humanos a hacer el mal, le dijo: “Enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje: él te pisará la cabeza mientras tú acechas su calcañar” (Gn. 3,15).

Esta mujer, predestinada por Dios para dar a Cristo naturaleza humana y para ser, con Él, Corredentora del linaje humano — “Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendiente y su descendiente” — esta mujer, dijo Dios, no podía permanecer en la sombra de la muerte, porque no incurrió en la sentencia del castigo. Por lo tanto, María es el primer fruto de la redención lograda por Cristo y, por sus medios, fue elevada al Cielo en cuerpo y alma, donde vive y reina, en Dios, con su Hijo y el de Él.(xv)

Este “llamado a la santidad” de Fátima articulado por la vidente carmelita, nos ofrece a la Madre Corredentora como nuestro más acabado y ejemplar modelo para buscar la santidad, dentro de la vocación que Dios mismo nos ha dado, de igual manera que la Virgen inmaculada “se santificó a sí misma” como esposa y madre:

Nuestra Señora se santificó como virgen pura e inmaculada correspondiendo con las gracias que Dios le había otorgado en ese estado. Se santificó como esposa fiel y devota, cumpliendo todos los deberes de su estado de vida. Se santificó como madre amorosa dedicándose al Hijo que Dios le había encomendado, mimándolo en sus brazos, criándolo y educándolo, y también ayudándolo y siguiendo de cerca el desarrollo de su misión. Con Él cruzó el camino angosto de la vida, el escabroso camino al calvario; con Él agonizó, recibiendo en su Corazón las heridas de los clavos, la lanza que le perforó el costado y los insultos hostiles de la muchedumbre; finalmente, se santificó como madre, señora y guía de los Apóstoles, cuando accedió a quedarse en la tierra por el tiempo que Dios quisiera, para dar cabal cumplimiento a la misión que Él le había encomendado como Corredentora con Cristo de todos los seres humanos.(xvi)

Finalmente, la Hermana Lucía evoca el llamado a todos los cristianos para que sean corredentores en la obra de la salvación. ¿Cuál es nuestra contribución a la redención, pregunta la Hermana, y cómo se haría misteriosamente eficaz para los demás? Ella misma se contesta con excepcional humildad, y sin embargo, con profundo conocimiento de la redención, de la unidad de los Dos Corazones y de nuestro Jesús eucarístico que nos ha dado la Virgen Madre Corredentora:

¿Y, cuál es nuestra propia contribución? Son nuestras humildes oraciones, nuestros pobres y pequeños actos de autonegación que, unidos a la oración y sacrificio de Cristo Jesús y del Corazón Inmaculado de María, los podemos ofrecer en reparación y para la salvación de nuestros pobres hermanos y hermanas que se han desviado del verdadero y único camino que lleva a la Vida.

Y en este punto me pregunto: ¿y porqué, si los méritos y oraciones de Jesucristo fueron suficientes para hacer reparación por el mundo y para salvar al mundo, el Mensaje invoca los méritos del Corazón Inmaculado de María y nos llama también a nosotros a que hagamos sacrificios, a ofrecer reparación?

¡La verdad es que no lo sé! Tampoco sé qué explicación darían los teólogos de la Iglesia si yo les preguntara. Pero he meditado y pensado mucho en esta cuestión. Abro el Evangelio y veo que desde el principio, Jesucristo unió su obra redentora al Corazón Inmaculado de aquella que Él se escogió como Madre.

La obra de nuestra redención comenzó desde el momento en que la Palabra descendió del Cielo para asumir un cuerpo humano en el vientre de María. Desde ese momento, y durante los nueve meses siguientes, la sangre de Cristo fue la sangre de María, tomada de su Corazón Inmaculado; el Corazón de Cristo latía al unísono con el Corazón de María.

Y podemos pensar que las aspiraciones del Corazón de María estaban completamente identificadas con las aspiraciones del Corazón de Cristo. El ideal de María era el mismo que el de Cristo y el amor que habitaba en el Corazón de María, era el amor del Corazón de Cristo por el Padre y por todos los seres humanos; desde el principio, toda la obra de redención pasó por el Corazón Inmaculado de María a través de ese lazo que los unía íntima y estrechamente con la divina Palabra.

En virtud de que el Padre encomendó Su Hijo a María, guardándolo por espacio de nueve meses en su vientre castísimo y virginal —y “todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta: ‘La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel’ (que significa Dios-con-nosotros).” (Mt 1,22-23; Is 7,14) — y ya que María consintió voluntariamente en todo lo que Dios hubiera querido llevar a cabo en ella – “Yo soy la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38) que fue lo que le dijo al ángel —y por disposición de Dios, María se convirtió con Cristo, en la Corredentora de la raza humana.

El Cuerpo recibido de María es el que, en Cristo, se convierte en Víctima ofrecida por la salvación de la humanidad; la Sangre que recibió de María es la que circula por las venas de Cristo y que se derrama del divino Corazón, y es este mismo Cuerpo y esta misma Sangre que, recibidas de María, se nos da a nosotros bajo las apariencias de pan y vino, como nuestra comida de todos los días, para que se fortalezca en nosotros la vida de la gracia, y para que en nosotros, miembros del Cuerpo Místico de Cristo, se siga continuando su obra redentora por la salvación de cada uno y de todos, al punto que uno se aferra de Cristo y coopera con Cristo.

De este modo y habiéndonos iluminado para que ofrezcamos a la Santísima Trinidad los méritos de Jesucristo y los del Corazón Inmaculado de María, Madre de Cristo y de su Cuerpo Místico, el Mensaje nos pide también contribuir con las oraciones y sacrificios de todos los que somos miembros del único Cuerpo de Cristo recibido de María, hecho divino en la Palabra, ofrecido en la Cruz, presente en la Eucaristía, constantemente creciendo en los miembros de la Iglesia.

Ya que ella es Madre de Cristo y de su Cuerpo Místico, el Corazón Inmaculado de María es en algún sentido el Corazón de la Iglesia: y es aquí en el corazón de la Iglesia que ella, siempre unida con Cristo, cuida a los miembros de la Iglesia, otorgándoles su protección maternal. Mejor que nadie, María da cumplimiento al mandato de Cristo: “Hasta ahora nada le habéis pedido en mi nombre. Pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea colmado.” (Jn. 16,24). Es el nombre de Cristo, su Hijo, que María intercede por nosotros con el Padre. Y es en el nombre de Cristo, presente en la Eucaristía y unido con nosotros en la Santa Comunión, que unimos nuestras humildes oraciones con las de María para que ella pueda dirigirlas al Padre en Cristo Jesús, Hijo de María.

Por todo esto es que una y otra vez le rogamos: “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros los pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.”

¡Ave María!(xvii)

Notas

(i) 13 de Julio, 1917 aparición de Fátima, cf. A. Martins, S.J., Novos Documentos de Fatima, Porto, 1984, traducido al inglés como Documents on Fatima and the Memoirs of Sister Lucia, Fatima Family Apostolate, 1992, p. 401.

(ii) Técnicamente un mensaje de la aparición del “Ángel de la Paz” (no directamente de Nuestra Señora, pero al mismo tiempo parte del mensaje de Fátima), segunda aparición de Fátima en 196, cf. Documents on Fatima and the Memoirs, p. 396.

(iii)13 de Mayo, 1917 aparición de Fátima, cf. Document on Fatima and the Memoirs, p. 399.

(iv) Ibid.,

(v) Juan Pablo II, Beatificación de Jacinta y Francisco, 13 de Mayo, 2000, L’Osservatore Romano, Mayo 17, 2000.

(vi) Para referencia, se transcriben las primeras dos partes del mensaje del 13 de Julio, seguida de la “Tercera Parte.” Lo que se refiere a los sufrimientos particulares del Santo Padre, se encuentran en el mensaje del 13 de Julio y también en la “Tercera Parte” del secreto de Fátima, dado a conocer por Juan Pablo II el 13 de Mayo de 2000 y publicado en L’Osservatore Romano, 28 de Junio,2000, edición en inglés, seguido por un comentario del Vaticano a la Tercera Parte, refiriéndose a que la Hermana Lucía identificaba al “obispo vestido de blanco” directamente con Juan Pablo II:

“Unos momentos después de que llegamos a la Cueva de Iria cerca del roble entre una gran multitud de personas y cuando rezábamos el Rosario, vimos el resplandor de la luz y poco después a Nuestra Señora por encima del roble.
‘¿Qué quiere de mi, le pregunté’.
‘Quiero que vengan aquí el día 13 del próximo mes y que sigan recitando el Rosario todos los días en honor de nuestra Señora del Rosario para obtener la paz en el mundo y el fin de la guerra. Porque sólo ella podrá ayudar.’
‘¡Deseo pedirle que nos diga quién es usted y que haga un milagro para que todos nos crean que se apareció a nosotros!’
‘Continúen viniendo aquí cada mes. En Octubre les diré quién soy y lo que deseo, y haré un milagro que todos verán para hacerlos creer.’
Aquí hice algunas peticiones que no recuerdo exactamente. Lo que sí recuerdo es que Nuestra Señora dijo que era necesario rezar el Rosario todo el año para obtener gracias, y continúo diciendo: ‘Hagan sacrificios por los pecadores y digan muchas veces, especialmente cuando hacen algún sacrificio: “Jesús es por tu amor, por la conversión de los pecadores y en reparación de los pecados cometidos contra el Corazón Inmaculado de María..”‘
Cuando la Señora dijo estas últimas palabras, abrió sus manos una vez más como lo había hecho los dos meses anteriores. Los rayos de luz parecían penetrar la tierra y vimos, por decirlo así, un vasto mar de fuego. Sumergidos en este fuego vimos a los demonios y a las almas de los condenados. Éstas últimas eran como rescoldos transparentes y ardientes, todos ennegrecidos o bruñidos en bronce, que tenían forma humana. Flotaban en aquella conflagración, que a veces se elevaba en el aire por las llamas que ellas mismas emitían, junto con grandes nubes de humo. Retrocedían después hacia todos lados como chispas en incendios inmensos, sin peso o equilibro, entre alaridos y gemidos de dolor y desesperación que nos horrorizaron y nos hicieron temblar de miedo (debió haber sido este espectáculo lo que me hizo gritar, como dice la gente que nos escuchó).
Los demonios se distinguían de las almas de los condenados por sus aterrador y repugnante parecido con espantosos y desconocidos animales, negros y transparentes como brasas ardientes. Asustados y como suplicando ayuda, levantamos nuestros ojos a Nuestra Señora quien, con ternura y tristeza, dijo:
‘Visteis el infierno donde van las almas de los pobres pecadores; para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Corazón Inmaculado. Si se hace lo que os voy a decir, se salvarán muchas almas y tendrán paz. La guerra pronto terminará. Pero si no dejaren de ofender a Dios, en el pontificado de Pío XI comenzará otra peor.
Cuando veáis una noche iluminada por una luz desconocida, sabed que es la gran señal que Dios os da de que va a castigar al mundo por sus crímenes, por medio de la guerra, el hambre y de las persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre.
Para impedirlo, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la Comunión reparadora de los Primeros Sábados. Si se atienden mis deseos, Rusia se convertirá y habrá paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados y el Santo Padre tendrá mucho que sufrir; varias naciones serán aniquiladas. Pero al fin, mi Corazón Inmaculado triunfará. El Santo Padre me consagrará a Rusia, que se convertirá y será concedido al mundo algún tiempo de paz. En Portugal el dogma de la fe se conservará siempre…’ (luego de estas palabras la Virgen María les cuenta a los niños la tercera parte del secreto). Después la Virgen dijo: ‘Esto no lo digas a nadie. A Francisco, sí podéis decírselo.’ Y agregó: ‘Cuando recen el Rosario, digan después de cada misterio, “Oh Jesús mío, perdónanos nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno y lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.’
Después de un momento de silencio, pregunté, ‘¿es todo lo que pide de mí?’
‘Sí, por hoy es todo lo que pido de ti.’
Y como siempre, comenzó a elevarse hacia el Este y desapareció en el vasto firmamento.”
La tercera parte del secreto dado a conocer por Juan Pablo II en el año 2000 dice lo siguiente:
“J.M.J. La tercera parte del secreto revelado en la Cueva de Iria-Fátima el 13 de Julio de 1971. Escribo en obediencia a Vos, Dios mío, que lo ordenáis por medio de su Excelencia Reverendísima el Señor Obispo de Leiria y de la Santísima Madre vuestra y mía.
Después de las dos partes que ya he expuesto, hemos visto al lado izquierdo de Nuestra Señora un poco más en lo alto, a un Ángel con una espada de fuego en la mano izquierda; centelleando emitía llamas que parecía iban a incendiar al mundo; pero se apagaban al contacto con el esplendor que Nuestra Señora irradiaba con su mano derecha dirigida a él: el Ángel señalando la tierra con su mano derecha, dijo con fuerte voz: ‘Penitencia, Penitencia, Penitencia!’ Y vimos en una inmensa luz qué es Dios: <<algo semejante a como se ven las personas en un espejo cuando pasan ante él>> a un Obispo vestido de blanco <<hemos tenido el presentimiento de que fuera el Santo Padre>>. También a otros Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas subir una montaña empinada, en cuya cumbre había una gran Cruz de maderos toscos como si fueran de alcornoque con la corteza; el Santo Padre, antes de llegar a ella, atravesó una gran ciudad medio en ruinas y medio tembloroso con paso vacilante, apesadumbrado de dolor y pena, rezando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino; llegado a la cima del monte, postrado de rodillas a los pies de la gran Cruz fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros de arma de fuego y flechas; y del mismo modo murieron uno tras otro los Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas y diversas personas seglares, hombres y mujeres de diversas clases y posiciones. Bajo los dos brazos de la Cruz había dos Ángeles cada uno de ellos con una jarra de cristal en la mano, en las cuales recogían la sangre de los mártires y regaban con ella las almas que se acercaban a Dios.
Tuy-3-1-1944.”

(vii) 13 de Julio, 1917 Aparición de Fátima, cf. Documents on Fatima and the Memoirs, p. 401.

(viii) 13 de Octubre, 1917 Aparición de Fátima, cf. Documents on Fatima and the Memoirs, p. 405.

(ix) 13 de Julio, 1917 Aparición de Fátima, cf. Documents on Fatima and the Memoirs, p. 402.

(x) Hermana Lucía, “Calls” From the Message of Fatima, Ravengate Press, 2002, publicado originalmente en portugués bajo el título Apelos da Messagem de Fatima.

(xi) Hermana Lucía, “Calls” From the Message of Fatima, p. 137.

(xii) Ibid, p. 279.

(xiii) Cf. Lumen Gentium, 61,62.

(xiv) Hermana Lucía, “Calls” From the Message of Fatima, p. 266.

(xv) Ibid., p. 295.

(xvi) Ibid., p. 195.

(xvii) Ibid., pp. 114-116.

Continue Reading

El Papa de María Corredentora

Published on July 20, 2012 by in En Espanol

0

Dando testimonio de casi cada uno de los aspectos de la historia de María Corredentora, Juan Pablo II, el Papa “Totus Tuus,” ha superado a todos los pontífices que le han precedido. La suma de sus testimonios es muy vasta, el sentido es profundo y el amor inspirado.

Al igual que cuando se está ante una bodega repleta de excelentes vinos, no tenemos la oportunidad de degustar y apreciar cada enseñanza del Papa Juan Pablo II en relación con su Madre Corredentora(i). Sin embargo, se ofrece lo siguiente como una degustación de su doctrina más excepcional:

Juan Pablo II y su aplicación de Corredentora

Juan Pablo II constituyó un eficaz remedio ante el silencio del Concilio, debido a su continua aplicación en documentos oficiales del título Corredentora. Durante los primeros años de su pontificado, el Vicario de Cristo invocó en varias ocasiones a la Madre inmaculada como la “Corredentora”, saneando la relación existente entre la doctrina y el título. El título es legítimo y el Santo Padre no duda en expresar sus convicciones al respecto.

El 8 de Septiembre de 1982, Fiesta de la Natividad de María y dentro del contexto de un discurso papal a los enfermos (quienes más que nadie necesitan conocer el poder del sufrimiento corredentor), el Papa Juan Pablo II se dirigió por primera vez a María nombrándola “Corredentora de la humanidad”: “Aunque María fue concebida y nació sin la mancha del pecado, participó maravillosamente en los sufrimientos de su divino Hijo, convirtiéndose de este modo en la Corredentora de la humanidad.”(ii)

Es de dominio público que el Papa Juan Pablo no acostumbra celebrar su cumpleaños el 18 de Mayo, sino más bien el día de su “santo” patrono, el 4 de Noviembre, día de Sn. Carlos Borromeo, por quien le nombran “Karol.” Y fue en este día, durante una audiencia general en 1984, que el Papa se dirigió una vez más a su Madre con el título de “Corredentora”:

San Carlos se dirigió a nuestra Señora — La Corredentora — de forma tal, que al reconstruir el momento y un diálogo posible entre María y Jesús cuando éste se perdió en el Templo a los doce años, saltan a la vista acentos revelatorios muy singulares. Sn. Carlos escribe: “Sufrirás aún Mayores dolores, Oh Madre bendita, y continuarás viviendo; pero la vida para ti será mil veces más amarga que la muerte. Verás cómo entregan en manos de pecadores a tu Hijo inocente … Lo mirarás brutalmente crucificado entre ladrones, su santo costado abierto por la cruel lanzada, y finalmente, contemplarás aquella sangre que tú misma le diste… ¡Aún así, no podrás morir!” (Homilía el domingo después de la Epifanía en la Catedral de Milán, 1584).(iii)

La siguiente ocasión en que el Santo Padre aplicó el título Corredentora fue una fecha sumamente importante. El 31 de Enero de 1985, en un santuario mariano en Guayaquil, Ecuador, Juan Pablo II profesa el título de Corredentora en el contexto de su homilía, haciendo un profundo comentario teológico de la doctrina bíblica y conciliar sobre la corredención:

María va delante de nosotros y nos acompaña. La silenciosa jornada que comienza con la Concepción Inmaculada y pasa por el “sí” de Nazaret, que la convierte en Madre de Dios, encuentra en el calvario un momento particularmente importante. Allí también, aceptando y cooperando con el sacrificio de su Hijo, María es el amanecer de la redención… Crucificada espiritualmente con su Hijo crucificado (cf. Ga. 2,20), María contempló con amor estoico la muerte de su Dios, “consintiendo amorosamente en la inmolación de la víctima que ella misma había engendrado” (Lumen Gentium, 58) . . .

Ciertamente, María en el calvario se unió al sacrificio de su Hijo que derivó en la fundación de la Iglesia; compartió en lo más profundo de su Corazón maternal la voluntad de Cristo “de reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos” (Jn. 11,52). Habiendo sufrido por la Iglesia, María merecía convertirse en la Madre de todos los discípulos de su Hijo, la Madre que los uniría . . .

Los Evangelios no narran la aparición de Cristo resucitado a María, pero por la forma especial con que se une a su Hijo en la cruz, tuvo que haber tenido también el privilegio de la experiencia del Resucitado. Ciertamente el rol de María como Corredentora no termina con la glorificación de su Hijo.(iv)

La homilía que dirige el Vicario de Cristo en Guayaquil no se puede pasar por alto por considerarse marginal o carente de peso doctrinal.(v) Todas estas declaraciones: “Espiritualmente crucificada con su Hijo crucificado…”; “se unió al sacrificio de su Hijo que derivó en la fundación de la Iglesia…”; “ciertamente el rol de María como Corredentora no termina con la glorificación de su Hijo…,” constituyen sublimes confesiones de la doctrina de María Corredentora que, colmadas de una profunda doctrina y de la convicción personal del Santo Padre, deberían producir en los corazones católicos obediente beneplácito, agradecimiento y respeto.

Al cabo de unos cuantos meses, Juan Pablo vuelve a confirmar la legitimidad de la Corredentora cuando se dirige a sus “favoritos” y amados jóvenes durante el Domingo de Ramos y Día Mundial de la Juventud, al invocar el auxilio de María bajo el título de “Corredentora”:

A la hora del Angelus, en este domingo de Ramos que la Liturgia también denomina como el domingo de la pasión del Señor, nuestros pensamientos corren hacia María, inmersa en el misterio de un desmesurado dolor.

María acompañó a su divino Hijo en el más discreto silencio, ponderando todo en las profundidades de su Corazón. En el calvario, permaneciendo al pie de la cruz, en la inmensidad y profundidad de su sacrificio maternal, tenía a Juan a su lado, el Apóstol más joven…

Que María, nuestra Protectora, la Corredentora, a quien ofrecemos nuestra oración con gran efusión, haga que nuestro deseo corresponda generosamente con el deseo del Redentor.(vi)

Nuevamente, en un discurso a los enfermos el 24 de Marzo de 1990 (esta vez voluntarios de Lourdes), el Papa pidió el auxilio de María con el título de “Corredentora”: “¡Que María Santísima, Corredentora del género humano con su Hijo, les ayude siempre a tener fortaleza y confianza!”(vii)

Al conmemorar el sexto aniversario de la canonización de Sta. Brígida de Suecia (6 de Octubre de 1991), el Santo Padre refirió que esta mística del siglo XIV, cuyas revelaciones fueron un gran estímulo para el desarrollo medieval de la doctrina, llegó a comprender plenamente el título y rol de la “Corredentora”:

Brigidita miró a María como su modelo y apoyo en todos los momentos de su vida. Habló energéticamente del privilegio divino de la Inmaculada Concepción de María. Contempló su asombroso oficio como Madre del Salvador. La invocó como la Inmaculada Concepción, nuestra Señora de los Dolores y Corredentora, exaltando la singular misión de María en la historia de la salvación y la vida del pueblo Cristiano.(viii)

Estas afirmaciones del Papa Totus Tuus, son muestras irrefutables de la autenticidad del título Corredentora en la Iglesia, tanto en un contexto doctrinal como en la invocación suplicante de la Iglesia.

La contribución de Juan Pablo II al desarrollo doctrinal de la corredención Mariana no es menos espectacular. En Mayo de 1983, el mes de María, el Sucesor de Pedro se refiere a la asociación de la Virgen inmaculada con Cristo en la obra de la redención, resaltándola como “el modelo más perfecto de cooperación,” que da comienzo con su “sí” en la anunciación:

Muy queridos hermanos y hermanas: en el mes de Mayo alzamos nuestros ojos a María, la mujer que fue asociada de una manera única en la obra de reconciliar a la humanidad con Dios. Según el designio del Padre, Cristo debía llevar a cabo esta obra por medio de su sacrificio. Sin embargo, una mujer estaría asociada con Él, la Virgen inmaculada, quien por eso se presenta ante nuestros ojos como el modelo más perfecto de cooperación en la obra de salvación…

El “Sí” de la anunciación no sólo fue la aceptación de la maternidad que se le ofrecía, sino que significaba, sobre todo, el compromiso de María de servir al misterio de la redención. La redención fue la obra de su Hijo; María fue asociada a esta obra en un nivel subordinado. Sin embargo, su participación fue real y exigente. Al consentir con el mensaje del Ángel, María accedió a colaborar en la totalidad de la obra para reconciliar a los hombres con Dios, en el momento en que su Hijo la llevara a cabo.(ix)

En la Fiesta de Corpus Christi, el 5 de Junio de 1983, el Santo Padre nuevamente subrayó la activa participación de Nuestra Señora en el sacrificio redentor que se continúa con cada santa misa. En este sacrificio, María “se ofreció junto con su Hijo al Padre” y el resultado fue que cada vez que se celebra la misa, podemos comunicarnos íntimamente “con ella, con la Madre”:

Nacido de la Virgen para ser una oblación pura, santa e inmaculada, Cristo ofreció en la cruz el único Sacrificio perfecto que en cada misa pero de manera incruenta, se renueva y actualiza. En ese único Sacrificio, María, la primera redimida, la Madre de la Iglesia, participó de manera activa. Ella permaneció cerca del Crucificado, sufriendo profundamente con su Primogénito; con un Corazón de madre, se asoció ella misma a su sacrificio; con amor consintió a su inmolación (cf. Lumen Gentium, 58; Marialis Cultus, 20): lo ofreció a Él y se ofreció a sí misma al Padre. Cada Eucaristía es un memorial de ese sacrificio y esa pascua que restauró la vida al mundo; cada misa nos pone en íntima comunión con ella, con la Madre, cuyo sacrificio “se hace presente” así como “se hace presente” el Sacrificio de su Hijo cuando se consagran el pan y el vino con las palabras que pronuncia el sacerdote.(x)

En ese mismo año (7 de Diciembre de 1983), Juan Pablo II expone cómo la Inmaculada Concepción de María era un prerequisito indispensable para que la Madre pudiera desempeñar su misión corredentora (una verdad que, por su interconexión doctrinal, merece Mayor apreciación en la actualidad): “Debemos, por encima de cualquier cosa, observar que María fue creada inmaculada con el objeto de estar en mejores condiciones de poder actuar por nosotros. La plenitud de gracia le permitió cumplir con su misión de manera perfecta, al colaborar con la obra salvífica; le dio el máximo valor a su cooperación en el sacrificio. Cuando María presentó a su Hijo clavado en la cruz al Padre, su dolorosísimo ofrecimiento fue completamente puro.”(xi)

En 1984, en su Carta Apostólica Salvifici Doloris (El Sentido Cristiano del Sufrimiento Humano), el Santo Padre rindió una extraordinaria doctrina de los sufrimientos padecidos por María en el calvario:

Es especialmente consolador notar —y también puntualizar de acuerdo con el Evangelio y la historia— que al lado de Cristo, en el primer y más exaltado lugar, está siempre su Madre, continuando de principio a fin el ejemplar testimonio que ella soporta a lo largo de toda su vida a este particular evangelio de sufrimiento. En ella, se acumularon tantos e intensos sufrimientos conectados entre sí de tal manera, que no sólo fueron una prueba de su inquebrantable fe, sino también una contribución a la redención de todos… En el calvario, los sufrimientos de María, unidos a los de Jesús, llegaron a una intensidad tal, que desde el punto de vista humano, difícilmente se podrían llegar a imaginar; sin embargo, la misteriosa y sobrenatural fecundidad coadyuvó en la redención del mundo. María pues, al ascender al calvario y manteniéndose al pie de la cruz con el discípulo amado, coparticipó de la muerte redentiva de su Hijo.(xii)

Cuando el Papa afirma que la acumulación de tantos e intensos sufrimientos en María constituyeron una “contribución a la redención de todos,” está confirmando que la Corredentora participó no sólo de la distribución de gracias en el calvario, sino también de la obtención de las gracias redentivas universales.(xiii) Asimismo, cuando el Papa describe que los sufrimientos de la Madre en el calvario “llegaron a una intensidad tal que, desde el punto de vista humano, difícilmente se podrían llegar a imaginar,” da fe de que el Corazón Inmaculado de María llegó al extremo de los sufrimientos humanos al contemplar y aceptar la violenta y cruel inmolación de su Hijo inocente, que también era Dios, para rescatar a la humanidad. Porque su singular y eminente participación en la muerte de Cristo sería “sobrenaturalmente fecunda para la redención del mundo,” la inmaculada sufre voluntaria y amorosamente por toda la humanidad.

A los jóvenes peregrinos de Vicenza (reminiscencia de la primera vez en que Pío XI, ante los peregrinos de Vicenza en 1933, usó el título de Corredentora), Juan Pablo repentinamente expresó que al morir Jesús en la cruz, María también fue “crucificada” en “su propio ser, su Corazón, su maternidad,” en la “noche oscura” más espantosa de la historia humana: “…Cuando Jesús murió en la Cruz, el propio ser de María, su Corazón, su maternidad, todo fue crucificado. Al escribir la encíclica Redemptoris Mater, comparé este momento en la vida de María a una noche oscura, la más oscura de todas las noches que haya experimentado jamás alma mística alguna en el curso histórico de la Iglesia.”(xv)

En la encíclica Evangelium Vitae escrita en 1995 y que forma parte de su doctrina magisterial ordinaria, reconoce que el “sí” de la Corredentora a lo largo de toda su vida comienza en la anunciación dando cabal cumplimiento en el calvario, en donde María al “ofrecer a Jesús,” “recibe y engendra” a los discípulos de su Hijo y a sus hijos espirituales:

“Permaneciendo al pie de la cruz de Jesús (Jn. 19,25), María comparte el don que el Hijo hace de sí mismo: ella ofrece a Jesús, lo entrega y lo engendra hasta el fin por nosotros. El “sí” que había dado el día de la anunciación, alcanza su completa madurez el día de la cruz, cuando llega el momento en que María recibirá y engendrará como hijos a todos aquellos que quieran ser discípulos de Cristo y derramando sobre ellos el amor salvífico de su Hijo: “Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: ‘Mujer, ahí tienes a tu hijo’” (Jn. 19,26).(xvi)

El 25 de Octubre de 1995 en su Audiencia General, Juan Pablo II hizo una extraordinaria síntesis histórica de la corredención Mariana en la que expuso esencialmente el panorama de su desarrollo; con esto, el Papa ratificó la doctrina en su calidad de pontífice:

Al decir que “la Virgen María… es reconocida y venerada como verdadera Madre de Dios y del Redentor” (Lumen Gentium, n. 53), el Concilio destaca el vínculo existente entre la maternidad de María y la redención.

Después de haber tomado conciencia de la función maternal de María, a quien se había venerado en la doctrina y culto de los primeros siglos como la Madre virginal de Jesucristo y por lo tanto, como Madre de Dios, en la Edad Media la piedad de la Iglesia y la reflexión teológica hicieron ver la cooperación que ella tuvo en la obra del Salvador.

Este retraso se explica por el hecho de que todos los esfuerzos de los Padres de la Iglesia y de los primeros concilios ecuménicos, estaban enfocados a la identidad de Cristo, dejando necesariamente de lado otros aspectos del dogma. La revelación de la verdad, en toda su riqueza, se iría descubriendo sólo de forma gradual. A lo largo de los siglos, la mariología estaría siempre dirigida por la cristología. La divina maternidad de María se proclamó en el Concilio de Efeso, principalmente para reiterar la unicidad de la persona de Cristo. De igual manera, hubo también un entendimiento más profundo de la presencia de María en la historia de la salvación.

A finales del siglo II, San Ireneo, discípulo de Policarpo, ya había señalado la contribución de María en la obra de salvación. Este Santo había entendido el valor que tenía el consentimiento de María al momento de la anunciación, reconociendo la obediencia y la fe de la Virgen de Nazaret al mensaje del ángel, la perfecta antítesis de la desobediencia e incredulidad de Eva, lo cual tuvo un efecto benéfico para el destino de la humanidad. De hecho, así como Eva causó la muerte, María con su “sí,” se convirtió “en causa de salvación” para sí misma y para toda la humanidad (cf. Adv. Haer., III, 22, 4; SC 211, 441). Pero esta afirmación no tuvo un desarrollo consistente y sistemático por parte de los demás Padres de la Iglesia.

En cambio, esta doctrina se elaboró sistemáticamente por primera vez a finales del siglo X, en la Vida de María escrita por un monje bizantino, Juan el Geómetra. Aquí se describe a María como unida a Cristo en toda la obra de redención, participando, según el designio de Dios, de la cruz y el sufrimiento por nuestra salvación. Ella permaneció unida al Hijo “en cada acto, actitud y deseo” (cf. Life of Mary, Bol. 196, f. 123 v.)

En Occidente, San Bernardo, fallecido en 1153, dirigiéndose a María, comenta la presentación de Jesús en el templo: “Ofrece a tu hijo, Virgen sacrosanta, y presenta el fruto de tu vientre al Señor. Para que nuestra reconciliación sea plena, ofrece la Víctima celestial agradable a Dios” (Serm. 3 en Purif., 2: PL 183, 370).

Arnoldo de Chartres, discípulo y amigo de San Bernardo, iluminó particularmente el ofrecimiento de María en el sacrificio del calvario, al distinguir en la cruz “dos altares: uno en el Corazón de María, el otro en el cuerpo de Cristo. Cristo sacrificó su carne, María su alma.” María se sacrificó espiritualmente en profunda comunión con Cristo, implorando la salvación del mundo: “Lo que pide la Madre, el Hijo lo aprueba y el Padre lo concede” (cf. De septem verbis Domini in cruce, 3: PL 189, 1694).

Desde ese momento, otros autores han explicado la doctrina de la especial cooperación de María en el sacrificio redentor.(xvii)

La Mujer del calvario es también la Mujer del Apocalipsis. En la Audiencia pontificia del 29 de Mayo de 1996, el Papa identificó el sufrimiento de la mujer del Apocalipsis al de la Madre al pie de la Cruz que sufre por dar a luz místicamente a la comunidad de los discípulos:

Identificada por la maternidad, la mujer “está encinta, y grita con los dolores del parto y con el tormento de dar a luz” (12,2). Esta nota se refiere a la Madre de Jesús en la cruz (cf. Jn. 19,25), donde comparte con angustia el nacimiento de la comunidad de discípulos, teniendo el alma atravesada por una espada (cf. Lc. 2,35). A pesar de sus sufrimientos, ella está “vestida con el sol” —esto es, refleja el esplendor divino— y aparece como una “gran señal” de la relación esponsal con su pueblo.(xviii)

En la misma Audiencia, Juan Pablo reiteró el rol de la nueva Eva inmaculada, “fiel asociada” del Redentor, por su participación en la redención:

Era conveniente que al igual que Cristo, el nuevo Adán, María, la nueva Eva, no conociera pecado y, por lo tanto, fuera apta para cooperar en la redención.

El pecado, que inunda a la humanidad como un torrente, se detiene ante el Redentor y su fiel Colaboradora, con una diferencia substancial: Cristo es totalmente santo en virtud de la gracia que en su humanidad, deriva de la persona divina; María es totalmente santa en virtud de la gracia que recibió por los méritos del Salvador.

Una catequesis sobresaliente, parte de las setenta enseñanzas que sobre la Santísima Virgen ha realizado el Pontífice (xx),fue dirigida el 2 de Abril de 1997 durante su Audiencia General, haciendo un conmovedor comentario en relación a las enseñanzas del Concilio sobre la corredención y la compasión de la Madre en el calvario:

Con nuestra mirada iluminada por el resplandor de la resurrección, hacemos una pausa para reflexionar en la participación de la Madre en la pasión redentora de su Hijo, y que fue cumplida cuando compartió sus sufrimientos. Regresemos nuevamente, pero ahora en la perspectiva de la resurrección, al pie de la cruz donde la Madre soportó “con su Hijo unigénito intensos sufrimientos, asociándose con entrañas de madre a su sacrificio, consintiendo amorosamente en la inmolación de la víctima que ella misma había engendrado” (Ibid. n. 58).

Con estas palabras, el Concilio nos recuerda la “compasión de María”; en su Corazón retumba todo lo que sufre Jesús en cuerpo y alma, enfatizando su disposición de compartir el sacrificio redentor de su Hijo y de unir sus propios sufrimientos maternales a su ofrecimiento sacerdotal.

El texto del Concilio recalca también que su consentimiento a la inmolación de Jesús no es una aceptación pasiva, sino un genuino acto de amor, por el cual ella ofrece a su Hijo como una “víctima” de expiación por los pecados de toda la humanidad.

Finalmente, Lumen Gentium relaciona a la Santísima Virgen con Cristo, protagonista de la redención, aclarando que al haberse asociado ella “con su sacrificio,” ella permanece subordinada a su divino Hijo.(xxi)

Con este texto, el Santo Padre demuestra una profundísima penetración de la compasión que sintió el Corazón de la Madre en el calvario. “en su Corazón retumba todo lo que sufre Jesús en cuerpo y alma,” y por ello “participa del sacrificio redentor.” María no participa del sacrificio formal como “sacerdote,” sino de manera subordinada como “madre” uniéndose a la ofrenda de un solo Sacrificio, ofreciendo a su Hijo como “víctima de expiación” por los pecados del mundo.

Esta catequesis es inmediatamente seguida por otra de inspirada instrucción el 9 de Abril de 1997, relativa al rol de la Madre de Dios como singular y única “Cooperadora” en la redención, en la que añade el imperativo de todos los cristianos de participar como “corredentores” en la obra de distribuir los frutos espirituales de la redención. Sólo María, la Corredentora inmaculada, cooperó en la obtención de gracias de la redención como la nueva Eva y bajo el nuevo Adán en beneficio de la humanidad. La doctrina de María Corredentora se convierte crucialmente en un “tipo de Iglesia” (cf. Lumen Gentium, 63), pues el Pueblo de Dios también está llamado a participar de la misteriosa aplicación de la redención:

La colaboración de los cristianos en la salvación tiene lugar después del evento del calvario, cuyos frutos se esfuerzan por difundir a través de la oración y el sacrificio. María, en cambio, cooperó durante el evento mismo y en su oficio de Madre; por lo tanto, su cooperación abarca toda la obra salvífica de Cristo. Solamente ella estuvo asociada de esta manera con el sacrificio redentor que mereció la salvación de toda la humanidad. En unión con Cristo y en sumisión a Él, ella colaboró en obtener la gracia de salvación para toda la humanidad.

El rol de la Santísima Virgen como cooperadora, tiene su origen en su divina maternidad. Dando a luz a Aquél que estaba destinado a obtener la redención del hombre, alimentándolo, presentándolo al Padre en el templo, y padeciendo con su Hijo cuando moría en la cruz, “cooperó en forma enteramente singular… a la obra del Salvador” (Lumen Gentium, n. 61). Aunque la llamada de Dios para cooperar en la obra de la salvación concierne a cada ser humano, la participación de la Madre del Salvador en la redención de la humanidad, es un hecho único e irrepetible.(xxiii)

La cooperación meritoria de la Madre en la redención de los hombres se origina de su función de “Theotokos” (o “la que engendra a Dios”), porque dio a luz al Redentor y permanece “con Jesús” en la obra salvífica hasta la Cruz. Por ello la participación de la Madre del Redentor no es una especulación teológica opcional, sino más bien y como lo declara el Pontífice, “un hecho único e irrepetible.”

Finalmente, en el Gran Jubileo del Año, el Santo Padre comparó el sacrifico de María con el monumental sacrificio de Abraham, Padre de la fe, en el Antiguo Testamento; aunque a diferencia del sacrificio de Abraham, se requería que la Madre diera cabal cumplimiento al sacrificio del Hijo:

Hija de Abraham por la fe así como por la carne, María compartió esta experiencia personalmente. Como Abraham, ella también aceptó el sacrificio de su Hijo, pero si bien es cierto que a Abraham no se le obligó llevar a cabo el sacrificio propiamente dicho de Isaac, Cristo tomó la copa del sufrimiento hasta la última gota. María personalmente tomó parte en la aflicción de su Hijo, creyendo y esperando al pie de la cruz (cf. Jn. 19,25).

Este fue el epílogo de una larga espera. Habiendo sido instruida en la meditación de los textos proféticos, María pudo entrever lo que le esperaba, y alabando la misericordia de Dios que guarda fidelidad a su pueblo de generación en generación, dio su propio consentimiento a su plan de salvación; particularmente dio su “sí” al evento central de este plan, el sacrificio de ese Niño que ella había llevado en el vientre. Como Abraham, ella aceptó el sacrificio de su Hijo.(xxiv)

Valiente testimonio resulta ser éste que sobre María, la “Corredentora,” dio Juan Pablo II y que ha de perdurar para siempre, haciéndolo único merecedor del título “Papa de la Corredentora.” Conforme los días de su pontificado se extienden, sorprendiendo y alimentando al mundo entero cada vez más, así también su incansable homenaje a la Madre del Redentor. Juan Pablo II, siempre fiel a su María Corredentora, continuará su tributo de entrega a María, hasta que la providencia decida amorosamente cerrar el capítulo de su Pontificado y de su vida.

Notas

(i) Para un estudio más extenso, cf. Calkins, “Pope John Paul II’s Teaching on Marían Coredemption,” pp. 113-147; también “El Misterio de María Corredentora en el Magisterio Papal,” María Corredentora: Temas Doctrinales Actuales, pp. 41-47.

(ii) Juan Pablo II, Insegnamenti di Giovanni Paolo II, Librería Editrice Vaticana, 1978-, V/3, 1982, 404.

(iii) Juan Pablo II, L’Osservatore Romano, edición en inglés, 12 de Noviembre, 1984, p. 1
(iv) Ibid., 11 de Marzo, 1985, p. 7.
(v) Desafortunadamente, estas fueron las expresiones utilizadas para describir el significado de que el Papa Juan Pablo II aplicara continuamente el título Corredentora, según un artículo anónimo aparecido en L’Osservatore Romano el 4 de Junio, 1997. En este artículo, se incluía una breve conclusión de un comité ecuménico ad hoc de teólogos (dieciséis católicos y cinco no católicos), reunidos en 1996 durante la Conferencia Mariana en Czestochowa para estudiar la posibilidad de definir dogmáticamente a María como Corredentora, Mediadora de todas las gracias y Abogada (reunión que, según estimaron los miembros del comité duró menos de una hora).

A pesar de que los miembros del comité ad hoc declararían más tarde que no se les había informado de ningún modo de estar actuando como una “comisión oficial del papa”; sin embargo, las conclusiones se publicaron diez meses después en L’Osservatore Romano, como conclusiones de una “comisión establecida por la Santa Sede” y se circularon como una “Declaración de la Comisión Teológica del Congreso Pontificio de la Academia Internacional Mariana” (L’Osservatore Romano, 4 de Junio, 1997). Justamente, la publicación coincidía con la reunión de unos setenta obispos, cien teólogos y líderes laicos de talla internacional que se llevaba a cabo en el Centro de Conferencias Domus Mariae en Roma (miembros del Movimiento Internacional Maríano, Vox Populi Mariae Mediatrici), mismo que presentaba al Santo Padre un votum para la definición papal de María como Corredentora, Mediadora de todas las gracias y Abogada, fundamentada en parte por la teología y doctrina del Papa Juan Pablo II; este votum contenía peticiones de más de quinientos cincuenta obispos, cuarenta y cinco cardenales y más de seis millones de fieles laicos católicos de todo el mundo.

La declaración de la comisión se publicó mientras el Santo Padre hacía una visita pastoral en Polonia. Por varias razones, las conclusiones de la comisión reflejan una directa contradicción a las enseñanzas y prácticas del Papa en relación con la corredención Mariana, así como el uso legítimo del título Corredentora. Para un estudio más extenso, cf. M. Miravalle, Diálogo Continuo con la Comisión de Czestochowa, Queenship, 2002.

(vi) Juan Pablo II, L’Osservatore Romano, edición en inglés, 9 de Abril, 1985, p. 12.

(vii) John Paul II, Inseg., XIII/1, 1990, 743:1.

(viii) Juan Pablo II, L’Osservatore Romano, edición en inglés, 14 de Octubre, 1991, p. 4.
(ix) Ibid., 9 de Mayo, 1983, p. 1.

(x) Ibid., 13 de Junio, 1983, p. 2.

(xi) Ibid., 12 de Diciembre, 1983, p. 1.

(xii) Juan Pablo II, Carta Apostólica Salvifici Doloris, 25.

(xiii) La terminología clásica para expresar esta participación en la adquisición de las gracias redentivas del calvario incluyen el término “redención in actu primo” o participación en la “redención objetiva.”

(xiv) Pío XI, L’Osservatore Romano, 1° de Diciembre, 1933, p. 1.

(xv) Juan Pablo II, L’Osservatore Romano, edición en inglés, 16 de Septiembre, 1991, p. 4.

(xvi) Juan Pablo II, Encíclica Evangelium Vitae, 25 de Marzo, 1995, 103; AAS87, 1995, p. 520.

(xvii) Juan Pablo II, L’Osservatore Romano, edición en inglés, 1° de Noviembre, 1995, p. 11.

(xviii) Ibid., 5 de Junio, 1996, p. 11

(xix) Ibid.

(xx) De Septiembre 1995 a Noviembre 1997, Juan Pablo II ofreció setenta enseñanzas catequéticas sobre la Santísima Virgen María, que han sido reunidas y publicadas bajo el título de Theotókos: Mujer, Madre, Discípula: Catequesis sobre María, Madre de Dios, Pauline Books and Media, 2000.

(xxi) Juan Pablo II, L’Osservatore Romano, edición en inglés, 9 de Abril, 1997, p. 7.

(xxii) Al menos en tres ocasiones, el Papa Juan Pablo ha subrayado el llamado a todos los cristianos de ser “corredentores” en la distribución de las gracias del calvario obtenidas por Jesús y María, y a todos los cristianos de participar en la “corredención.” Debido a la importancia que tiene para María Corredentora como auténtico modelo para la Iglesia, transcribimos textualmente las referencias: “¿Es necesario recordar a todos ustedes, que penosamente son probados por los sufrimientos, y que me están escuchando, que su dolor los une cada vez más con el Cordero de Dios que ‘quita el pecado del mundo’ mediante su pasión (Jn. 1,29)? ¿Y que por eso ustedes también, asociados con él en el sufrimiento, pueden ser corredentores de la humanidad? Ustedes conocen estas verdades reveladoras. Nunca se cansen de ofrecer sus sufrimientos por la Iglesia, para que todos sus hijos sean consistentes con su fe, perseveren en la oración y tengan ferviente esperanza” (discurso a los enfermos del Hospital de los Hermanos de Sn. Juan de Dios (Fatebenefratelli) en la Isla de Tiber el 5 de Abril,1981, L’Osservatore Romano, edición en inglés, 13 de Abril, 1981, p. 6); “A los enfermos que están hoy presentes, a los que están en los hospitales, en casas de retiro y en las familias, yo les digo: nunca deben sentirse solos, porque el Señor está con ustedes y jamás los abandonará. Sean valientes y fuertes: unan su dolor y sufrimientos a los del Crucificado y serán corredentores de la humanidad junto con Cristo” (discurso dirigido a los enfermos después de una Audiencia General el 13 de Enero, 1982, Inseg., V/1, 1982, 91); “El candidato debe ser irreprochable” (Tt. 1,6) advierte nuevamente San Pablo. Deberán cultivar la personal dirección espiritual (candidatos al sacerdocio), un amor ilimitado a Cristo y su Madre, y grandes deseos de unirse estrechamente a la obra de la corredención” (al dirigirse a los Obispos de Uruguay reunidos en Montevideo en relación a los candidatos al sacerdocio, 8 de Mayo, 1988, L’Osservatore Romano, edición en inglés, 30 de Mayo, 1988, p. 4).
(xxiii) Juan Pablo II, L’Osservatore Romano, edición en inglés, 16 de Abril, 1997, p. 7.
(xxiv) Ibid, 1° de Marzo, 2000, p. 11.

Continue Reading

El Inicio de la Corredentora

Published on July 20, 2012 by in En Espanol

0

“Incarnatio redemptiva redemptio inchoativa” (“La encarnación redentiva es la redención iniciada”). Este concepto patrístico del milagro de milagros por el que la Segunda Persona de la Santísima Trinidad se dignó encarnarse por nosotros, nos da perfecto entendimiento de que la encarnación de Jesucristo es verdaderamente el “inicio de la redención.” Sin embargo, estaba dentro del plan perfecto del Padre que la encarnación redentiva se llevara a cabo sólo a través del consentimiento de un ser humano, una mujer, una virgen.

“Sí” a la Anunciación: Lc. 1:26-38 “Hágase en mí según tu palabra”

Quizás Sn. Bernardo lo describe de mejor manera cuando afirma que el mundo entero estaba en espera de escuchar la respuesta de la Virgen de quien dependía la salvación: “El ángel espera una respuesta;…Nosotros también esperamos, Oh Señora, tus palabras de compasión, que ya se hace insoportable la sentencia de la condena… Seremos liberados al instante sólo si tu aceptas…La tierra entera aguarda anhelante…”(i) Sn. Lucas relata el comienzo de la redención:

Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo. “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.” Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús.

Él será grande y será llamado
Hijo del Altísimo,
y el Señor Dios le dará
el trono de David, su padre;
reinará sobre la casa de Jacob por los siglos
y su reino no tendrá fin.”
María respondió al ángel: “¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?”
El ángel le respondió:
“El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo
te cubrirá con su sombra;
por eso el que ha de nacer será santo
y será llamado Hijo de Dios.
Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un
hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios.”
Dijo María: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí
según tu palabra.” Y el ángel, dejándola, se fue.

“Hágase en mí según tu palabra.” Con éstas, las palabras de una virgen libre e inmaculada, la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. “El Padre Eterno confió en la Virgen de Nazaret,”(ii) y la Virgen dio su “sí” al plan del Padre para redimir al mundo a través del Hijo encarnado.
Para aquellos que se sienten inclinados a descartar el “fiat de la historia” como despojado de una participación real y activa de la Virgen (como si su consentimiento hubiese sido sólo parte de un reconocimiento pasivo o una simple sumisión), cabría recordar que en griego, el “fiat” de María se expresa en la modalidad optativa (ghenòito moi…), modalidad que expresa su deseo activo y gozoso y no simplemente una aceptación pasiva de participar en el plan divino.(iii)

Inicio de la Redención – Inicio de la Corredención

De igual modo que con la encarnación se inicia la redención, el fiat de María es el inicio de la corredención. En palabras de la Beata Teresa de Calcuta, “Por supuesto que María es la Corredentora. Ella le dio a Jesús su cuerpo y el cuerpo de Jesús fue lo que nos salvó.”(iv) La Carta a los Hebreos nos dice que somos “santificados, merced a la oblación de una vez para siempre del cuerpo de Jesucristo” (Hb.10,10). Pero Jesús recibe el precioso instrumento de la redención, su cuerpo sagrado, a través de María. Por este íntimo y sublime don salvífico de cuerpo a Cuerpo, corazón a Corazón, Madre a Hijo, la inmaculada Virgen comienza su rol como Corredentora al darle la naturaleza humana— de la Corredentora al Redentor.

Pero María, al donarle a Jesús un cuerpo también le dona, aunque sin palabras, su corazón, pues al decir “sí” a su plan de redención sin importar el precio, la inmaculada dona también su libre albedrío, su alma y espíritu, y sin condición alguna, lo ofrece de vuelta al Padre Eterno.

Al decir “hágase en mí,” la humilde Virgen de Nazaret se hace, citando a Sn. Ireneo, “causa de salvación para sí misma y para todo el linaje humano”(v); el “precio de la redención de los cautivos”(vi) como proclama Sn. Efrén; ella “concibe la redención para todos”(vii) explica Sn. Ambrosio; y en el Himno Akatista del Este correctamente se le saluda, “Salve, redención de las lágrimas de Eva”. Sn. Agustín nos dice que la Virgen fiel concibió a Cristo primero en su corazón y después en su cuerpo(viii); y Sto. Tomás de Aquino explica que la Santísima Virgen al consentir libremente en recibir la Palabra, estaba representando en sentido real el consentimiento de todo el linaje humano de recibir al Hijo Eterno como Redentor.(ix)

La respuesta de la inmaculada al Arcángel Gabriel, su “si” expresado con suavidad, se amplifica y resuena a través de la creación y del tiempo. Es el sí de toda la humanidad, pronunciado por lo mejor de la humanidad, pues María no habla sólo en su nombre, sino que en nombre de todos los hombres, da su consentimiento para que se envíe un Redentor según el designio del Padre, pero es tanto el respeto que Dios Trino tiene por el libre albedrío de los hombres, de ordinario frágil y voluble, que prefiere esperar a que el hombre consienta en la misión de la que literalmente pende el destino eterno de cada alma humana. Y sin embargo, sólo María de entre todas las criaturas es la que, por estar libre de pecado, tiene más libertad de escoger y está más dispuesta a ofrecerse al Padre para cumplir y llevar a término su voluntad. Y cuando ella otorga su consentimiento, Él responde generosamente.

Los teólogos se han dado a la tarea de estudiar exhaustivamente cuál es la naturaleza precisa del fiat de María y la relación que tiene con su rol en la redención, y han intentado categorizarla. Algunos han argumentado que su fiat es sólo una participación “remota,” “indirecta” o “mediata” en el plan de la redención, muy distante a los eventos del calvario, como para considerarla como íntima participación en la redención. Pero aquí debemos recordar la sabiduría de los primeros padres de la Iglesia que enseñaron que con la encarnación se anticipa y comienza la redención.

Si analizamos el asunto desde la perspectiva de Dios, Padre del linaje humano, más luz se ha de encontrar: El Padre envía a un Ángel con una invitación a su Hija Virgen e inmaculada, en donde le solicita su consentimiento de ser la Madre del Redentor, incluyendo todo aquello que misteriosamente forma parte del plan y rol redentor, convirtiéndose así en la más grande cooperadora humana en el plan salvífico de redención,

No se trata de dos invitaciones: una para concebir al Redentor y otra para sufrir con el Redentor — no se envía una a Nazaret y otra al calvario. El Todopoderoso invita a María a la vocación más extraordinaria que se pueda imaginar, la de unirse íntimamente al Redentor y su misión mesiánica, misma que da inicio desde que la inmaculada reviste de carne a la Palabra, pero ciertamente no termina allí. La Virgen sabe que su vocación es una vocación de toda la vida y para la historia, pues ha de convertirse en la Madre del “Siervo Sufriente” de Isaías — misión mesiánica que la Virgen conocía de antemano por haber sido educada en el Templo—. Su vocación es un llamado celeste que la invita, comenzando desde la anunciación y a lo largo de toda su vida, a padecer intensos sufrimientos; a estar siempre “con Jesús” y acompañar con su corazón al Redentor dondequiera que vaya y haga lo que haga. En el sufrimiento, siempre será su constante compañera. Pero sería en el calvario donde la Hija Virgen del Padre Celestial llegaría a comprender plenamente que su consentimiento de compartir el sufrimiento en la gran inmolación de su Hijo Víctima, lo había ofrecido hacía treinta y tres años en Nazaret.

Ahora bien, ¿acaso no es éste el mismo “sí” con que se hace una profesión en las diversas vocaciones cristianas? El sacerdote, el religioso, la persona que se casa, todos dicen “sí” el día de la ordenación, la profesión o el matrimonio, y aceptan esa vocación de servicio y amor por toda la vida, sin saber lo que le deparará el futuro. ¿O es el sacerdote iluminado desde lo alto el día de su ordenación y sabe de antemano todos y cada uno de los dolores y alegrías que le esperan en su vida de sacerdote? Antes bien, el “sí” que otorga el día de su ordenación es un “si” a todo un plan que tiene el Padre Eterno para su vocación. El Padre no necesita, varios años después, enviar una segunda invitación ante los aspectos más críticos de su sacrificio sacerdotal, pues el primer “si” del sacerdote es un “si” a la vocación de por vida.

Desde la anunciación hasta el calvario y allende a éstos, el “sí” de la Virgen de Nazaret sería su vocación de por vida, un eterno “sí” a sufrir “con Jesús”. A la luz de esto, con el fiat de María no sólo comienza su providencial vocación de ser la Corredentora con Jesús, sino también inicia su propia participación, deseada y aceptada íntimamente, en la totalidad del plan redentor que tenía el Padre con el Hijo, y en la forma en que históricamente se llegara a desarrollar, con los actos y circunstancias, esta misión redentora de Jesús.

María con su “fiat” en la anunciación y con pleno consentimiento de corazón y espíritu, coopera “con Jesús” en el plan redentor del Padre, no habiendo para ella ningún momento en que no participe íntima, moral y directamente en el desarrollo del designio salvífico del Padre, que alcanzará plena madurez y nacimiento místico solamente en el calvario(x). “Principium huius maternitatis est munus Corredemptricis”(xi) (“con el oficio de su maternidad comienza el de su corredención”). De ahí que conviene describir el singular rol de María en el plan de redención, iniciado en la anunciación, como “el inicio de la corredención,” y la culminación de su participación “con Jesús” en el calvario, como “el cumplimiento de la corredención.”

La prueba de José y el corazón de María

Poco tiempo después de su fiat comienza a sufrir intensamente porque a la inmaculada se le comienza a notar su estado de embarazo. Ella es el Tabernáculo del Redentor, pero esto no lo saben ni lo comprenden los demás. Los sufrimientos de la Virgen se multiplican al ver cómo sufre una persona tan cercana, tan justa y tan querida por ella, y esto acrecienta el sacrificio que ofrece su joven corazón: es la gran prueba de José.
“Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto.” (Mt.1,18-19). Después de regresar de Ain-Karim en donde la Virgen, icono de caridad, ejercitó durante tres meses la virtud del servicio a su prima Isabel, José advierte las primeras señales exteriores de su embarazo, lo que le produce gran obscuridad por no entender lo que pasa con su joven desposada y el Hijo que lleva en las entrañas.

María advierte esta angustia interior de José y sufre con él, y aunque parezca ilógico, ella misma es la causa de este sufrimiento. Ya desde ésta, la primera de las grandes pruebas, la Madre y el Hijo son objeto de confusión y aparente contradicción humana, por haberse mantenido unidos en su fiat al plan redentor del Padre celestial. La Madre, “con Jesús en el vientre,” sufre en silencio y lo ofrece intensamente; en tanto que el corazón de su justo y casto esposo participa de antemano la pasión, producto de los misteriosos designios de Dios para salvar a los hombres. Es una prueba de fe para José con la que se medirá su amor. María, la Mujer que sufre en silencio, no se defiende; en medio del dolor que causa el silencio y el juicio equivocado, ella espera que el Padre celestial defienda sus designios de salvación y también a su hija virgen.

Y no se equivoca, pues el Padre sale en su defensa: “Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: <<José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.>>…Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer. Y no la conocía hasta que ella dio a luz un hijo, y le puso por nombre Jesús” (Mt.1,20-21,23-24).

Todos aquellos que se encuentren cerca del Redentor tendrán su parte en el sufrimiento, y el custodio del Redentor comienza a experimentarlo. Más su excepcional participación (aunque externa) en la encarnación redentora y su desarrollo durante los años ocultos de Jesús de Nazaret será muy fecunda, haciendo de José el Guardián de todos los redimidos, el Patriarca de los patriarcas, el Padre espiritual de Jesús y de todos nosotros.

Lc. 2,22-38 — Simeón profetiza a la Corredentora

Poco tiempo después, el poder del Espíritu de la Verdad confirmaría el rol de la Corredentora mediante una profecía.

Aún cuando la Virgen Madre no estaba realmente sujeta bajo ninguna ley para la expiación de los pecados, obedientemente se sujetó a la Ley mosaica acudiendo al Templo para cumplir con los rituales de purificación; allí ofreció su “pobre sacrificio”: un pichón tierno para el holocausto y otro por los pecados. Pero allí también ofrecería a su hijo varón al Señor, su Dios.(xii)

Es realmente paradójico que la Madre y el Hijo, que en el calvario se ofrecerían como “oblación por los pecados” de la humanidad, entraran humildemente en el Templo a ofrecer un sacrificio por el Hijo que era el sacrificio mismo de la redención. En realidad la Madre ofrecía al Cordero, “el sacrificio perfecto,” el Cordero Pascual que el Padre Eterno aceptará cuando llegue “su hora”; el Cordero Víctima y Supremo Sacerdote.(xiii)

Al parecer Simeón no era sacerdote sino más bien “anawim,” un hombre pobre bendecido por Dios, fiel a Yahveh y su Alianza. Simeón era un anciano de oración y expectación, un simple miembro de la feligresía, una voz humilde dentro de la vox populi, que esperaba al Mesías para poder emprender el camino a la casa eterna en paz.

El Templo era, ante todo, un lugar de sacrificio, y los eventos que se desarrollaron durante la presentación en realidad fueron la misteriosa prefiguración del calvario en donde también estarían las mismas dos figuras públicas: Jesús y María. María, al hacer el ofrecimiento del Niño obedeciendo fielmente los designios salvíficos de Dios — en el Templo y en el Gólgota — participó históricamente de la liberación de los hombres. Es ella quien ofrece el Niño al Padre Eterno junto con el ofrecimiento de sí misma por el común propósito de la redención.

Simeón reconoció al Niño y supo que era la “salvación” (Lc.2,30) preparada ante todos los pueblos, “luz que ilumina a los gentiles, y gloria del pueblo Israel” (v.32). Y entonces el santo Simeón volvió la mirada hacia la Madre de la salvación y por su relación maternal con este signo de contradicción, también le predijo “con Jesús,” que su misión y vida estarían llenas de sufrimiento: “Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: <<Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción — ¡y a ti misma una espada te atravesará el alma! —a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones>> (Lc.2,34-35).

Si la Señal es rechazada, entonces la Madre de la Señal también será rechazada. ¿Qué madre no sufre con su hijo cuando éste es rechazado o contradecido? Si su hijo era la predicha señal de contradicción (ante la que todos los corazones serían “revelados” a favor o en contra del verdadero Redentor), entonces en el Templo María no experimentó un dolor pasajero, sino toda una vida de dolor por haber sido la Madre íntimamente unida a la Señal, la madre que sufrió “con la Salvación.” El Padre de la humanidad no pudo haber querido mayor sacrificio que aquel de la Madre y su Hijo que culminaría en el calvario. Y sin embargo, el sacrificio comenzaría mucho antes; realmente los sufrimientos de la Madre anteceden a los sufrimientos del Hijo.

Desde ese momento de la presentación y por un período de más de treinta años, el corazón inmaculado ponderó con tristeza y dolor, una y otra vez y a diferentes niveles de conciencia, la profecía de Simeón, y ya desde aquel momento su corazón había sido traspasado anticipadamente al pensar en los sufrimientos que le esperaban a su inocente Hijo. Finalmente su corazón quedaría también atravesado con el de su Hijo, al que estaba unido indisolublemente. “Mirarán al que traspasaron” (Jn.19,37), y el corazón traspasado de María “sufrió con” el Corazón traspasado de Jesús, del que brotó sangre y agua para la redención.

Notas

(i) Sn. Bernardo de Claraval, Hom 4,8-9; Opera Omnia, ed. Cisterc 4, 1966, 53-54

(ii) Juan Pablo II, Redemptoris Mater, 39

(iii) I. De La Potterie, Maria nel mistero dell’Alleanza, Genoa, 1988, p. 195 (trad. al inglés., Mary in the Mystery of the Covenant, 1992).

(iv) Beata Teresa de Calcuta, Entrevista Personal, Calcuta, 14 de Agosto, 1993.

(v) Sn. Irineo, Adversus Haereses, vol. 3, ch. 22, n. 4; PG7, 959.

(vi) Sn. Efrén, Opera Omnia, ed. Assemani, Roma, 1832, vol. 3, p. 546.

(vii)Sn. Ambrosio, Ep. 49, n. 2; PL 16, 1154 A.

(viii) Sn. Agustín, De Sancta Virgin. iii

(ix) Sto. Tomás de Aquino, Summa Theologica, III, Q. 30, a.1.

(x) La tradición patrística que mantiene que la fecha original de la anunciación y la fecha original del Viernes Santo es el 25 de Marzo, parecería confirmar que la encarnación y la redención son inseparables. Cf. Tertullian, Adversus Judaeos, 8; PL, 2, 656 en J. Saward, The Mysteries of March, Editorial de la Universidad Católica de América, 1990, p. xv.

(xi) F. Ceuppens, De Mariologia Biblica, Roma, 1951, p. 201; cf. Manelli, “Mary Coredemptrix In Sacred Scripture,” Mary Coredemptrix, Mediatrix, Advocate: Theological Foundations II, Queenship, 1996, p. 86.

(xii) Cf. Lev. 12:2,8

(xiii) Cf. Rt. Rev. Aloys Schaefer, The Mother of Jesus in Holy Scripture (trad. del alemán por Rt. Rev. Ferdinando Brossart), Frederick Pustet, 1913, p.186.

Continue Reading

El Cumplimiento de la Corredentora

Published on July 20, 2012 by in En Espanol

0

El calvario fue la cumbre donde la historia humana culminó el drama de la salvación de Dios por el hombre. Cada experiencia y expresión humanas, cada acto, cada pensamiento, cada ejercicio del libre albedrío encuentra su significado y cumplimiento sólo a través de la cruz.
El calvario es el lugar en donde la Madre Corredentora ejercita plenamente su función, pero a un nivel de experiencia humana que trasciende la dignidad y eficacia de cualquier otra vocación humana. La Madre, por haber participado del acto mismo de la redención en el calvario, le dio a su vez un significado cristiano, un propósito y un valor a cualquier acto humano a través de la historia. Y finalmente todos los actos han de ser juzgados mediante la dimensión objetiva de la salvación, según el amor y la verdad.

Jn. 19,25-27: “Mujer, ahí tienes a tu hijo! …Ahí tienes a tu madre.”

La profecía de Simeón se cumplió por la dolorosa espada de sufrimiento y que ningún otro corazón humano habría sido capaz de soportar y luego vivir. Sólo al Corazón Inmaculado el Padre Eterno le concedió todas las gracias necesarias para soportar la inmolación de su Hijo como Víctima por el nacimiento espiritual de los demás hijos e hijas. “Junto a la cruz de Jesús estaba su madre…Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo.” Luego dice al discípulo: “Ahí tienes a tu madre.” Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa. (Jn.19,25-27).

Jesús, María y el árbol de la cruz. La respuesta del Padre celestial en la primer caída del hombre y la incipiente victoria de Satanás (Gen.3,1-6), es del orden enteramente sobrenatural. En el Edén, el pecado original del hombre se comete por el Primer Adán y la intercesión de la Primera Eva ante el árbol del fruto prohibido. En el calvario, este pecado original fue revertido y redimido por Jesús, el nuevo Adán(1) y la intercesión de María, la nueva Eva, ante el árbol de la cruz. En el calvario, la profecía de Génesis 3:15 se ve cumplida sobrenaturalmente con la “Mujer” y su “simiente de victoria” aplastándole la cabeza a Satanás y su simiente de pecado.

Por ello la Liturgia de la Iglesia entona a Dios Padre las alabanzas de la nueva Eva en la misión de la redención:

En tu omnisciencia planeaste la redención del linaje humano y decretaste que la nueva Eva debía estar al pie de la cruz del nuevo Adán: así como por el poder del Espíritu Santo se convirtió en su madre, también por un nuevo don de tu amor, ella debía participar en su pasión, y aquella que había dado a luz sin los dolores del parto, debía soportar los más grandes dolores al engendrar a una nueva vida a la familia de tu Iglesia.(2)

“Mujer, ahí tienes a tu hijo!” (Jn.19,26). Mujer del Génesis, Mujer de Caná, y ahora, casi a punto de que tu corazón maternal sea crucificado, tu, la Mujer del calvario, ahí tienes a tu hijo. Y ahí tienes también tu oficio universal de Madre Espiritual de todos los que han sido redimidos aquí en el calvario, representados por tu “nuevo hijo,” el discípulo amado. Porque tú, María Corredentora, has sufrido “con Jesús” para rescatarlos, y por ello los alimentarás y protegerás espiritualmente con Jesús, el Redentor de todos los pueblos, como la nueva Madre de todos los pueblos.

Juan Pablo II señala elocuentemente la participación de la Madre en el “amor redentor” de su Hijo y la universal fecundidad espiritual que tuvo para la humanidad:

La Madre de Cristo, parte central de este misterio — misterio que abarca a cada individuo y a toda la humanidad — se nos otorga como madre a cada individuo y a toda la humanidad. El hombre al pie de la cruz es Juan, “el discípulo amado.” Pero no está solo. Siguiendo la tradición, el Concilio no duda en llamar a María “Madre de Cristo y madre de la humanidad”: siendo “descendiente de Adán, se hace una con el resto de los seres humanos…Sin duda es ‘manifiestamente madre de todos los miembros de Cristo…ya que por amor cooperó para pudieran nacer los fieles en la Iglesia.'”

Y así, esta “nueva maternidad de María” que se generó por la fe, es fruto del amor “renovado” que maduró definitivamente cuando estuvo al pie de la cruz participando del amor redentor de su Hijo.(3)

¿Pero cuál fue realmente el precio que pagó María Corredentora con su sufrimiento para poder participar “con Jesús” en la redención del género humano y que daría como resultado convertirse en Madre espiritual de todos los pueblos?

Ningún ser humano, con todo su entendimiento y corazón podrá jamás llegar a comprender plenamente lo profundo y pasmoso que fue este sufrimiento. Ya varios pontífices y poetas, músicos y artistas han intentado, en varias y formas creativas, transmitir el dolor de la Madre; desde el Stabat Mater hasta la Pieta. Pero todos estos esfuerzos humanos han fallado de alguna manera y sólo ha quedado a los humildes reconocer sin tardanza su inhabilidad para comprender cabalmente el tipo de sufrimiento que Nuestra Señora de los Dolores experimentó, “con Jesús,” en la readquisición del género humano.

La Madre se mantuvo erguida al pie de la cruz de Jesús, escuchando cómo los espectadores entonaban una letanía de blasfemias, algunas de ellas recitadas por los que han sido entrenados en las cosas de Dios pero que igualmente lo condenaban mediante exégesis racionalistas de las leyes del Padre. Algunas otras blasfemias eran vociferadas por la gente común que en su ignorancia, sólo iban tras las huellas de sus extraviados pastores. Sin embargo, los que más despreciaban a su Hijo eran aquellos que condenaban su propia miseria. Y la Madre escuchó cada uno de los insultos, recibiendo asimismo y por ser la Madre del condenado, su propia tajada de imprecaciones, de la misma manera en que hoy, cuando se quiere causar daño a alguien, se dirige a la persona de la madre. Estas blasfemias forman parte del testimonio, aunque involuntario, de la misma misión que compartían Jesús y la Corredentora.

Jesús se desangraba en la cruz, pero su Madre no podía evitarlo y sanar sus heridas. Crucificado en la cruz, Jesús no encontraba lugar dónde descansar su cabeza por la corona de espinas, pero su Madre tampoco podía acomodar su cabeza. En la cruz, Jesús dijo “tengo sed” (Jn.19,28), y su Madre no pudo saciar su sed. Finalmente, fue en la cruz donde Jesús confesó en franca kénosis humana, “¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?” (Mt.27,46; Mc.15,34), pero la Madre no pudo consolar a su Hijo.

La Madre permaneció unida al Corazón de su Hijo cuando, desde el nuevo árbol de la cruz, Jesús desveló el principal motivo por el que hemos sido sanados: “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen” (Lc.23,34). Entonces la Madre también perdonó y uniéndose a esta plegaria, pidió perdón al Padre, propósito central de la redención y la corredención. Cuando María escuchó que su Hijo aseguraba al buen ladrón: “Yo te digo que hoy mismo estarás conmigo en el paraíso” (Lc.23,43), encontró una gota de consuelo en medio de un océano de desolación (y la confirmación de la misión redentora de ambos).

Finalmente y con sentimientos contradictorios de amargura y dulzura en su corazón, la Madre escuchó las palabras del Hijo que se iba, que moría, al que arrebataban de su lado, al que no volvería a ver, pero la misión de redención que a los dos les había llevado la vida, había sido rotundamente exitosa por haber rescatado a la humanidad: “Todo está cumplido” (Jn.19,30). No sólo había llegado a su fin, sino que estaba cumplido.

Juan Pablo II describe la intensidad del sufrimiento de la Madre inmaculada en este momento como algo “inimaginable”:

Los muchos e intensos sufrimientos estuvieron tan interconectados y se amasaron en ella de forma tal, que no sólo fueron una prueba de su fe inquebrantable, sino también una contribución a la redención de todos…Los sufrimientos de María, además de los de Jesús en el calvario fueron tan intensos, que difícilmente se puede llegar a imaginar desde el punto de vista humano, pero de todo ello surgió una misteriosa y sobrenatural fecundidad para la redención del mundo. El haber ascendido y permanecido con Él al pie de la cruz, junto al discípulo amado, fue un tipo de participación especial en la muerte redentora de su Hijo.(4)

Apocalipsis 12: La Mujer Vestida “de Sol”(5) y el Dragón

La última revelación bíblica de la Corredentora la encontramos con el lenguaje místico del Apocalipsis.

La visión de la “mujer vestida de sol” del Apocalipsis 12,1 se introduce por la visión del Arca de la Alianza dentro del Templo (Ap.11,19): “Y se abrió el Santuario de Dios en el cielo, y apareció el arca de su alianza en el Santuario…Una gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza” (Ap.12,1)

María es la Nueva Arca que lleva dentro la Nueva Alianza entre Dios y los hombres, Jesús el Redentor (6). Es sumamente significativo que la imagen mariana de la Nueva Arca anuncie gloriosamente la última y gran revelación de la Mujer de las Escrituras: ella es la Mujer que porta el esplendor solar y celestial, la Mujer vestida “del Sol” rodeada de una luz brillante y de Jesús y “con Jesús,” el verdadero Hijo y Luz del mundo.

Los padres de la Iglesia y posteriormente los escritores escolásticos (7), enseñaron que la Mujer del capítulo 12 del Apocalipsis representa igualmente a María y la Iglesia de varias maneras; pero en primera instancia, la Mujer del Apocalipsis 12 revela a María porque la inmaculada Virgen de Nazaret “dio a luz un Hijo varón, el que ha de regir a todas las naciones con cetro de hierro” (Ap.12,5). Jesús es ese Hijo que ha de regir y sólo María es su natural y verdadera Madre.

La Mujer, en los extraordinarios textos paralelos del Génesis 3,15 y Apocalipsis 12, puesta en enemistad con la serpiente únicamente puede ser la inmaculada, enemistad que lleva a, y culmina con, la batalla cósmica por las almas que relata el Apocalipsis 12,13-17: “Cuando el Dragón vio que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la Mujer que había dado a luz al Hijo varón…Entonces despechado contra la Mujer, se fue a hacer la guerra al resto de sus hijos.” La batalla espiritual de la criatura más extraordinaria de Dios y su más terrible criatura son, figurativamente hablando, los “sujetalibros” de la Sagrada Escritura que narra una batalla por las almas que se extiende no sólo a todo lo ancho de la palabra escrita de Dios, sino a lo largo de toda la historia humana, incluyendo el momento en el que vivimos.

La Corredentora “con Jesús,” combate contra el Dragón que persigue al resto de sus hijos que son la humanidad redimida. Con su simiente de pecado en todas sus formas —incluso las contemporáneas manifestaciones de aborto, comunismo, pornografía, francmasonería, materialismo, secularismo, clonación, guerra nuclear y por el estilo— el Dragón busca tentar a sus hijos y alejarlos para siempre de la Mujer y su Simiente victoriosa.

La Mujer del Apocalipsis 12 es, simultánea y complementariamente, la “Mujer de la gloria” y la “Mujer del sufrimiento.”(8) Es la mujer de gloria en cuanto a que es la mujer vestida de sol y coronada por doce estrellas (v.1) que da a luz al hijo varón que regirá a las naciones (v. 5). Es la mujer del sufrimiento en cuanto a que es la mujer encinta y “grita con los dolores del parto y con el tormento de dar a luz” (v.2) y combate contra el Dragón por salvar “a sus demás hijos” (v.17).

Ambas, la Mujer de gloria y la Mujer del sufrimiento, son en primera instancia una revelación de María Corredentora. La Virgen María es la Mujer de gloria vestida con la plenitud de gracias que vienen del Hijo; coronada con doce estrella como Reina de los Apóstoles y de toda la creación, y quien por sí sola da a luz a Jesús, el hijo varón, Rey de todas las naciones. También es la Mujer del sufrimiento que en el calvario “grita con los dolores del parto y con el tormento de dar a luz” por dar a luz místicamente a todos los hombres a la manera de “hijos” espirituales (Jn.19,25-27). Al ser glorificada en el cielo, no se le está simplemente rindiendo honor decorativo en reconocimiento de su rol humano como Madre del Salvador, sino el fruto de haber participado con su vida en la misión salvífica de su Hijo, por haber participado en sus sufrimientos, porque la gloria y el sufrimiento están inexorablemente unidos en la misión redentora (Jn.13,3).

Al día de hoy, María continúa luchando contra el Dragón por las almas y esta batalla mística le ocasiona sufrimiento y lágrimas(9), porque en nuestros tiempos muchos hijos suyos se pierden. Ella es la Mujer del Apocalipsis que “grita con los dolores del parto y con el tormento de dar a luz,” y la Mujer del calvario llamada a “contemplar a su hijo.” Ambos pasajes son revelaciones paralelas de la misma Madre Corredentora que continúa sufriendo intensamente para poder dar a luz discípulos en Cristo Jesús.(10)

Cuando examinamos a la luz de las Escrituras la participación de la Madre en el cumplimiento de la redención que realizó Jesucristo, la Palabra de Dios nos lleva a una simple y muy obvia conclusión: la Mujer y Madre “con Jesús,” desde la anunciación hasta el calvario, participa de manera singular en la obra de la redención por la que se obtiene la salvación humana y al precio del más grande sufrimiento humano que se pueda imaginar.

La Madre inmaculada participa, como no lo hace ninguna otra criatura, de la “redención cumplida” en su rol de Corredentora, convirtiéndose de esta forma en Mediadora de todas las gracias(11) en el orden de la “redención obtenida.”(12) Por haber adquirido la gracia ella puede distribuir la gracia — desde la “Madre hacia nosotros en el orden de la gracia” (Lumen Gentium, 61)

La Escritura, en el Antiguo y Nuevo Testamentos, se nos revela que un hombre y una mujer “vendieron” a la humanidad a Satanás por medio del pecado; y que un Hombre y una Mujer “volvieron a comprar” a la humanidad mediante el sufrimiento. El precio que pagó la Mujer “con Jesús” por nuestro eterno rescate, quizás se pueda transmitir en la poesía de los clásicos versos del Stabat Mater:

Estaba la Madre dolorosa
junto a la Cruz llorando,
mientras su Hijo pendía.

Su alma llorosa,
triste y dolorida,
traspasada por una espada.

¡Oh cuán triste y afligida
estuvo aquella bendita
Madre del Unigénito!

Estaba triste y dolorosa,
como madre piadosa,
al ver las penas de su Divino Hijo.

¿Qué hombre no lloraría,
si viese a la Madre de Cristo
en tan atroz suplicio?

¿Quién no se contristaría,
al contemplar a la Madre de Cristo
dolerse con su Hijo?

Por los pecados de su pueblo,
vio a Jesús en los tormentos,
y sometido a los azotes.

Vio a su dulce Hijo
morir abandonado,
cuando entregó su espíritu.

¡Oh, Madre, fuente de amor!
Haz que sienta tu dolor
para que contigo llore.

Haz que arda mi corazón
en amor de Cristo mi Dios,
para que así le agrade.

¡Oh santa Madre! Haz esto:
graba las llagas del Crucificado
en mi corazón hondamente.

De tu Hijo lleno de heridas,
que se dignó padecer tanto por mi,
reparte conmigo las penas.

Haz que yo contigo piadosamente llore,
y que me conduela del Crucificado,
mientras yo viva.

Haz que esté contigo junto a la Cruz
pues deseo asociarme en el llanto.
¡Oh Virgen la más ilustre de todas las vírgenes!

No seas ya dura para mí,
haz que contigo llore.
haz que lleve la muerte de Cristo.

Hazme socio de su Pasión y que venere sus llagas.
Haz que, herido con sus heridas,
sea yo embriagado con la Cruz y con la Sangre de tu Hijo.

Para que no me queme y arda en las llamas,
por ti, oh Virgen, sea defendido
en el día del juicio.

¡Oh Cristo! Cuando hubiere de salir de aquí,
dame, por tu Madre,
que llegue a la palma de la victoria.

Cuando el cuerpo feneciere,
haz que al alma se le de la gloria del Paraíso.
Amén. Aleluya.(13)

Notas

(1) Cf. 1 Cor. 15:22, 45.

(2) Colección de Misas de la Santísima Virgen, vol. 1, Sacramentario, Catholic Book Publishing, 1992, p. 117; texto original en latín en Collectio Missarum de Beata Maria Virgine I, Librería Editrice Vaticana, 1987, p. 49.
(3) Juan Pablo II, Redemptoris Mater, 23.
(4) Juan Pablo II, Salvifici Doloris, 25.
(5) Para ver comentarios adicionales de María como la Mujer del Apocalipsis 12, cf. Matthias J. Scheeben, Mariology, Herders, 1947. Vol. 1, p. 15; Bernard Le Frois, The Woman Clothed With The Sun: Individual or Collective, Orbis Catholicus, Roma, 1954; Papa Paulo VI, Signum Magnum.
(6) Cf. Capitulo II, “La Profecía de la Corredentora.
(7) Cf. Le Frois, The Woman Clothed with the Sun, cap. 1, arts. 1,2,3; de La Potterie, Maria nel mistero dell’Alleanza, p. 258.
(8) Manelli, Mary Coredemptrix in Sacred Scripture, p. 99.
(9) Por ejemplo, durante las apariciones de Nuestra Señora en Akita, Japón aprobadas por la Iglesia, se han documentado hechos de que una estatua de madera labrada con la imagen de Nuestra Señora de Todos los Pueblos en Amsterdam, ha llorado 101 veces, cf. T. Yasuda, “The Message of Mary Coredemptrix at Akita and Its Complementarity with the Dogma Movement,” Contemporary Insights on a Fifth Marian Dogma, Queenship, 2000, pp. 235-249.
(10) Cf. R. Laurentin, La Vergine Maria, Roma, 1984, pp. 51-52.
(11) Para ver referencias sobre el título y función de Nuestra Señora como Mediadora de todas las gracias, cf. Pío VII, Ampliatio privilegiorum ecclesiae B.M. Virginis ab agnelo salutatae in coenobio Fratrum Ordinis Servorum B.M.V., Florentiae, A.D., 1806; en J. Bourasse, Summa aurea…, vol. 7, Paris, 1862, col. 546; Pío IX, Encíclica Ubi Primum, 1849; León XIII, Supremi Apostolatus, 1883 y Octobri Mense, 1891; Sn. Pío X, Ad Diem Illum; Benedicto XV, Carta Apostólica Inter Sodalicia, Marzo 22, 1918; AAS 10, 1918 y Misa y Oficio de Mediadora de todas las Gracias aprobada en 1921; Pío XI, Carta Apostólica Cognitum Sane, AAS 18, p.213 y Encíclica Ingravescentibus Malis, AAS 29,1937, p. 380; Papa Pío XII, Superiore Anno, AAS 32, 1940, p. 145.; Pío XII, cf. AAS 45, 1953 y Mediador Dei, 1947; Juan Pablo II, Redemptoris Mater, cap. 3, “Mediación Materna” y un Discurso Papal, Roma, Octubre 1, 1997, L’Osservatore Romano, edición en inglés, Octubre 8, 1997, p. 11; cf. También A. Robichaud, S.M., “Mary, Dispensatrix of all Graces,” Mariology, vol. 2, pp. 426-460 y Michael O’Carroll, C.S.Sp., “Still Mediatress of All Graces?,” Miles Immaculatae vol. 24, 1988, pp. 121-122. Las siete ocasiones en que Juan Pablo II ha utilizado el título de Mediadora de todas las gracias durante su pontificado se detallan a continuación (cortesía de la investigación de Mons. Arthur B. Calkins):

1. Diciembre 1, 1978, Discurso pronunciado al Concilio General de los Superiores Provinciales y Directores de los Institutos Italianos de la Congregación de Sn. José (Josefinos de Sn. Leonardo Murialdo). N.3:

No podemos concluir sin dirigirnos a la Santísima Virgen, a quien Murialdo amaba y veneraba solicitando su intercesión como Mediadora Universal de todas las gracias. María siempre estaba presente en sus cartas en las que siempre recomendaba recitar el rosario, encomendando a sus hijos difundir la devoción a la Santísima Virgen diciendo: “Si uno desea hacer un poco de bien entre los jóvenes, debemos inculcarles el amor a María.” La obra benéfica que llevó a cabo su Fundador es la mejor confirmación de ello. Por lo que los invito a ustedes a seguir este ejemplo [Inseg I (1978) 250; Pláticas 379].

2. Agosto 30, 1980, Discurso dirigido a los jóvenes en el Santuario de Nuestra Señora en Monte Rojo. n.3:

Concluyo encomendándolos a la Virgen María de quien Sn. Bernardino era sumamente devoto, dedicándose a proclamarla todos los días por todo el país italiano. Habiendo perdido a su propia madre, escogió a Nuestra Señora como su madre prodigándole su afecto y confiándose plenamente en ella. Se puede afirmar que se convirtió en el cantante de las bellezas de María, y predicando su mediación con inspiración y amor profundos, no temió afirmar que : “Cada gracia otorgada al hombre procede del orden de una triple causa: de Dios pasa a Cristo, de Cristo pasa a la Virgen, de la Virgen se nos otorga a nosotros.”

Acudan a ella amorosa y confiadamente todos los días, pidiéndole les conceda la gracia de embellecer su alma y su vida, y esto bastará para hacerlos felices [Inseg III/2 (1980) 495; ORE 648:3].

3. Enero 17, 1988, Discurso del Angelus, n. 2:

Otro centro de devoción mariana digno de mencionar es la Iglesia dedicada a Nuestra Señora en Meadi, en las faldas del Cairo a orillas del Nilo. Parece ser que la Iglesia fue construida en el siglo cinco aunque, en el curso de los siglos y en tiempos modernos, ha sido modificada y restaurada. Los que se encargan de esta Iglesia son cristianos coptos-ortodoxos y muchos peregrinos acuden continuamente a este santuario a encomendar sus intenciones a la Mediadora de todas las gracias [Inseg XI/1 (1988) 119; ORE 1023:5].

4. Abril 10, 1988, Homilía de la Octava de Pascua en la parroquia de María, Madre del Redentor en Roma, n. 7:

En este Año Mariano, su parroquia, que está bajo el patrocinio de María, Madre del Redentor, Redemptoris Mater, tiene una razón extra para renovar y fortalecer su devoción hacia ella, la Madre de todas las gracias, nuestra Abogada con su Hijo Jesús y el Auxilio de los Cristianos. Acudan a ella, hónrenla, acérquense a ella. Ella los escuchará y obtendrá para ustedes cualquier cosa buena que deseen [Inseg XI/1 (1988) 863; ORE 1036:11].

5. Julio 2, 1990, Reflexiones durante la visita al Santuario de Nuestra Señora de las Gracias en Benevento, n. 1:

Con amorosa intuición y desde tiempos antiguos, les ha sido posible comprender el misterio de María como Mediadora de todas las gracias, porque ella es Madre del Autor mismo de la Gracia, Jesucristo. Es por ello que el pueblo de Benevento, desde tiempos remotos, ha acudido a ella y continúa invocándola no sólo como “Nuestra Señora de todas las Gracias,” sino frecuentemente como “Nuestra Señora de la Gracia” [Inseg XIII/2 (1990) 17; ORE 1148:2].

6. Septiembre 18, 1994, Discurso del Angelus en Lecce, nn. 1,3:

Desde la ciudad de Lecce, honrada por el nombre de Civitas mariana, hoy levanto mi oración hacia ti, Santísima Virgen María. Lo hago estando entre esta amadísima gente de Apulia, que te venera con profunda devoción y te honra como Madre de todas las Gracias. Tu vas delante de nosotros en esta peregrinación de fe, acompañas al sucesor de Pedro en la visita de hoy que es un paso más en la “Gran Oración por Italia…”

Vigila y cuida constantemente de cada uno de nosotros y derrama tus abundantes dones sobre todos, O Reina sin pecado concebida, O Madre de todas las Gracias, O Virgen María! [Inseg XVII/2 (1994) 344-345; ORE 1358:8-9].

7. Junio 28, 1996, Discurso dirigido al Capítulo General de las Hermanas Mercedarias de la Caridad, n.4:

Que la Virgen María, Madre de Cristo y de la Iglesia, invocada con el título “de las Mercedes,” las asista y guíe a encontrarse frecuentemente con su divino Hijo en el misterio de la Eucaristía. Que ella, verdadera Arca de la Nueva Alianza y Mediadora de todas las gracias, les enseñe a amarlo como ella lo amó. Que asimismo interceda por ustedes en las diversas obras apostólicas que realizan. [Inseg XIX/1 (1996) 1638; ORE 1451:5]

Los teólogos buscan categorizar tanto la naturaleza de la redención como la específica naturaleza de la participación de la Madre en la redención en términos tales como redención “in actu primo” o participación en la “redención objetiva,” que se refiere a la obtención de las gracias de la redención. Esto se diferencia de la redención “in actu secundo” o “redención subjetiva,” que identifica la distribución de las gracias de la redención a la humanidad.

Y sin embargo, el acto histórico de la redención que realizaron Jesús y María en el calvario, es un evento “objetivo”, como también lo es la recepción de las gracias de la redención por los miembros de la familia humana, en el sentido de que está exento de un simple concepto relativista de redención personal. Quizás los términos de “redención cumplida” estén más cerca de la terminología clásica de in actu primo y in actu secundo y sean más compatibles para una mejor comprensión contemporánea al designar la histórica adquisición de la gracia obtenida por Cristo y María, y el término “redención recibida” para designar la recepción salvífica personal para la familia humana.

(13) Misal Romano, Leccionario para la Misa, Catholic Book Publishing, 1979, p. 801-802

Continue Reading

El Concilio y la Corredentora

Published on July 20, 2012 by in En Espanol, January 2006

0

El 25 de Enero de 1959, el ya beatificado Juan XXIII, el “Papa Bueno,” anunció su deseo de convocar a un concilio ecuménico. Poco después, comenzarían los preparativos para el Concilio Vaticano II. El 18 de Junio de ese mismo año, se enviaron desde Roma cartas circulares a todos los cardenales, arzobispos, obispos y superiores generales de las congregaciones religiosas, y el 18 de Julio, una carta a todas las universidades católicas y facultades de teología. Las cartas fueron enviadas con el propósito de solicitar las sugerencias de los futuros Padres del Concilio sobre los temas que eventualmente debían tratarse durante el Concilio mismo.

Para la primavera de 1960, tiempo en que terminó el período de preparación, ya se habían recibido los temas sugeridos, y todas las peticiones y propuestas de los obispos y prelados fueron compiladas por el secretario del consejo preparatorio. De entre estas peticiones, hubo aproximadamente cuatrocientas directamente de obispos para que se definiera dogmáticamente la mediación de Nuestra Señora, incluyendo su cooperación en la Redención y particularmente su rol como Mediadora de todas las gracias. Alrededor de cincuenta obispos solicitaron específicamente la definición dogmática de María como “Corredentora.”

Según los reportes, el Mayor número de peticiones recibidas de los Padres que asistirían al Concilio fue sobre un mismo tema, a saber: concordaban en que el asunto de la mediación de Nuestra Señora merecía tratamiento conciliar; en segundo lugar, el Mayor número de peticiones recibidas solicitaba condenar el comunismo; y el tercer tema de Mayor consenso fue la necesidad de una definición dogmática solemne sobre la función de la Madre en la mediación universal “con Jesús.”

La dirección que posteriormente se le daría al Concilio Vaticano II, anunciada por el Beato Juan XXIII el día de su inauguración el 11 de Octubre de 1962 (a la sazón fiesta de la Divina Maternidad de María), fue “de índole predominantemente pastoral” y no dogmática. No obstante, la gran cantidad de “votos” o peticiones por una definición dogmática de la corredención y mediación de la Madre son históricamente significativas, porque ponen de manifiesto el inmenso amor que los Padres del Concilio profesaban por la Madre universal, y por ello, buscaban profesar la verdad completa sobre su rol en la historia de la salvación.

El primer borrador o “esquema” sobre la Santísima Virgen María se presentó a los Padres del Concilio el 23 de Noviembre de 1962, preparado por una subcomisión de teólogos intitulado: “Sobre la Santísima Virgen María, Madre de Dios y Madre de los Hombres.” Poco conocido es el hecho de que la documentación contenida en este primer esquema del Concilio Vaticano II contenía una hermosa síntesis sobre la historia de la doctrina de María como “Corredentora,” partiendo de la doctrina de los primeros padres sobre la nueva Eva, las ricas enseñanzas del Magisterio pontificio de los siglos XIX y XX encaminadas al Concilio.

En la sección relativa a los diversos títulos con los que se expone la cooperación con Cristo de la Madre de Dios en la obra de la redención humana, la documentación ofrecía la argumentación que a continuación transcribimos, sobre la legitimidad del título de Corredentora y su doctrina (seguida de una extensa anotación sustentando la tradición de la nueva Eva):

Todas estas cosas fueron desarrolladas por los sumos pontífices y teólogos, creando una terminología por la que María fue rápidamente llamada “Madre espiritual de los hombres, Reina del cielo y la tierra”; en otras modalidades, “nueva Eva, Mediadora, Dispensadora de todas las gracias,” y por supuesto, “Corredentora”… Tocante al título de “Corredentora,” y “Asociada de Cristo el Redentor,” se deben añadir algunos comentarios.

Ya desde el siglo X se utilizaba el título de “Redentora”: “Santa Redentora del mundo, ruega por nosotros.” Cuando en los siglos XV y XVI este título tan familiar fue asimismo aplicado, de inmediato se reconoció la cooperación de la Santísima Virgen en la obra de nuestra Redención, y al nombre de “Redentora” se le añadió el sufijo “co,” por lo que la Madre de Dios fue llamada “Co-redentora,” en tanto que Cristo continuó siendo el “Redentor.” Desde entonces y hasta el siglo XVII, el título Corredentora se utilizó sólo en obras devocionales relacionadas con la piedad y santidad, pero también en un gran número de tratados teológicos, lo que también se puede decir de los romanos pontífices, como es el caso de algunos textos de Sn. Pío X y Pío XI…

Las notas del esquema mencionan además, cómo el Papa Pío XII se valió de fórmulas tales como “Asociada del Redentor,” “noble Asociada del Redentor,” “amada Asociada del Redentor” y “Asociada en la divina obra de la redención” sin que mencionara específicamente el término, pero también la forma en que los supremos pontífices frecuentemente glorificaban el auxilio de María “cum Iesu” en la economía de la salvación. Acto seguido, cita al Papa Pío XI quien, el 1 de Diciembre de 1933 se valió del título de Corredentora, citando luego más referencias en apoyo de la doctrina de la corredención por los Papas León XIII, Pío XI, y Pío XII. La documentación referida incluso mencionaba a Pío VI en el siglo XVIII, quien había condenado la tesis de que, a menos que un título de María no estuviera explícitamente contenido en las Escrituras, no debía tenerse por cierto, aunque hubiese sido aprobado por la Iglesia e incorporado a su oración pública (Auctorem fidei, 1794).

Con tan abundante documentación sobre la Corredentora y su doctrina en la historia de la Iglesia y en la doctrina pontificia, ¿por qué entonces no se usó el título en la versión final del esquema Mariano, que después aparecería como Capítulo VIII de Lumen Gentium?

Una razón cierta para que el título Corredentora no apareciera en la versión final del tratamiento conciliar sobre la Santísima Virgen, fue que se incluyó una “prohibición” para el uso del título, escrita por un subcomité teológico en forma de “Nota Aclaratoria” (Praenotanda), que venía inmediatamente después del texto original del esquema mariano, tal y como se distribuyó a los Padres del Concilio. La prohibición de la subcomisión decía así: “Se han omitido algunas expresiones y palabras utilizadas por los supremos pontífices, mismas que en sí, son absolutamente ciertas, pero que podrían ser entendidos con dificultad por los hermanos separados (en este caso protestantes). De entre estas palabras se puede enumerar la siguiente: ‘Corredentora del género humano’ (Pío X, Pío XI)…”

La prohibición de la comisión teológica de ninguna forma se basó en inquietudes por la legítima doctrina de la Corredentora, pues la nota inequívocamente afirma que títulos tales como “Corredentora del género humano” utilizados por los pontífices, son “en sí mismas absolutamente ciertas.” En cambio, el término fue prohibido en virtud de que hubo ciertas opiniones por parte de los miembros de la subcomisión, en cuanto a que el término Corredentora “podría ser entendido” por cristianos protestantes “con dificultad.”

¿No es justo examinar la prohibición del término Corredentora a la luz del vasto género de la terminología católica? Uno se siente obligado a considerar lo que habría pasado con toda la tradición teológica del catolicismo, si todos nuestros títulos teológicos de fe hubieran tenido que ser medidos bajo esta misma pauta; de cierto es que los términos católicos como “transubstanciación,” “infabilidad pontificia” o incluso “Madre de Dios,” habrían padecido, porque sin duda estos términos también habrían corrido el riesgo de ser “entendidos con dificultad” por nuestros hermanos y hermanas cristianos que no comulgan plenamente con la fe católica.

A pesar de todo, la prohibición de la subcomisión pasó, y tristemente, la cuestión de incluir el título de Corredentora en los temas sobre María en el Vaticano II, a pesar de la vasta documentación de la Tradición y autoridades católicas, y las numerosas peticiones para que se incluyera en la fase preparatoria, no se permite siquiera alcanzar el piso del Concilio para discusión por los propios Padres del Concilio, entre quienes soplan los vientos del Espíritu Santo.

Aún así, el Espíritu le reservaba a su Esposa Corredentora un testimonio verdadero y generoso. Como nunca antes en la historia de la Iglesia, la doctrina de los sufrimientos de María “con Jesús,” recibió su más grandiosa y explícita declaración por parte de la autoridad del Concilio ecuménico.

La Corredención Mariana en Lumen Gentium

Al principio del Capítulo VIII de Lumen Gentium, los Padres del Vaticano II introducen humildemente una aclaración y negativa de que este capítulo sobre la Santísima Virgen de ninguna manera constituye “una doctrina completa sobre María.” Muy por el contrario, los Padres alientan la “investigación de teólogos” para que mejor se aclaren las opiniones que pueden “conservar sus derechos” para que se sigan proponiendo libremente en las escuelas católicas, de aquella que:

Este [sagrado Concilio] no tiene la intención de proponer una doctrina completa sobre María ni resolver las cuestiones que aún no ha dilucidado plenamente la investigación de los teólogos. Así, pues, siguen conservando sus derechos las opiniones que en las escuelas católicas se proponen libremente acerca de aquella que, después de Cristo, ocupa en la santa Iglesia el lugar más alto y a la vez el más próximo a nosotros (Lumen Gentium, 54).

Resulta evidente para cualquier persona que quisiera examinar más a fondo cualquier publicación mariológica internacional de los años cuarentas, cincuentas y principios de los sesentas, que uno de los dominantes, y probablemente el más dominante de los temas mariológicos que a la sazón era estudiado por teólogos y “propuesto en las escuelas católicas,” era precisamente la doctrina de la corredención Mariana y su mediación. Por eso es que cualquier concepto que se tenga de que el Concilio Vaticano II buscaba poner fin al desarrollo doctrinal de María Corredentora, es simple y sencillamente un error y sería una contradicción de las propias palabras y enseñanzas del Concilio.

Cuatro años antes de que comenzara el Concilio, el Congreso Internacional Mariológico llevado a cabo en Lourdes en 1958, se dedicó al tema de la “Cooperación de la Santísima Virgen María y la Iglesia en la Redención de Cristo.” En este Congreso, los teólogos presentes unánime y moralmente apoyaron la doctrina de la singular cooperación de la Madre en la redención de Cristo. Es un hecho que María Corredentora está siendo difundida en escuelas católicas, congresos mariológicos y seminarios, en donde se ha apreciado vivamente su integridad doctrinal.

El Concilio comienza su tratado teológico sobre la corredención de María en la sección II de Lumen Gentium intitulada “Función de la Santísima Virgen en la economía de la salvación” (L.G. 55-59). Esta parte se refiere a las profecías del Antiguo Testamento sobre la Madre del Redentor, que se cumple con la nueva economía de salvación, cuando el Hijo de Dios, a fin de librar al hombre del pecado, toma de la Hija excelsa de Sión la naturaleza humana:

…Estos primeros documentos, tal como se leen en la Iglesia y tal como se interpretan a la luz de una revelación ulterior y plena, evidencian poco a poco, de una forma cada vez más clara, la figura de la mujer Madre del Redentor. Bajo esta luz aparece ya proféticamente bosquejada en la promesa de victoria sobre la serpiente, hecha a los primeros padres caídos en pecado (cf. Gén. 3,15). Asimismo, ella es la Virgen que concebirá y dará a luz un Hijo, que se llamará Emmanuel (cf. Is 7,14; comp. con Mic 5,2-3; Mt 1,22-23). Ella sobresale entre los humildes y pobres del Señor, que confiadamente esperan y reciben de Él la salvación. Finalmente, con ella misma, Hija excelsa de Sión, tras la prolongada espera de la promesa, se cumple la plenitud de los tiempos y se instaura la nueva economía, al tomar de ella la naturaleza humana el Hijo de Dios, a fin de librar al hombre del pecado mediante los misterios de su humanidad.

El documento continúa citando a los antiguos Padres que articularon la activa cooperación de la Madre en la economía de salvación, basándose en el modelo de la nueva Eva y el principio de recapitulación:

Pero el Padre de la misericordia quiso que precediera a la encarnación la aceptación de la Madre predestinada, para que de esta manera, así como la mujer contribuyó a la muerte, también la mujer contribuyese a la vida…

Así María, hija de Adán, al aceptar el mensaje divino, se convirtió en Madre de Jesús, y al abrazar de todo Corazón y sin entorpecimiento de pecado alguno la voluntad salvífica de Dios, se consagró totalmente como esclava del Señor a la persona y a la obra de su Hijo, sirviendo con diligencia al misterio de la redención con Él y bajo Él, con la gracia de Dios omnipotente. Con razón, pues, piensan los Santos Padres que María no fue un instrumento puramente pasivo en las manos de Dios, sino que cooperó a la salvación de los hombres con fe y obediencia libres. Como dice San Ireneo, <<obedeciendo, se convirtió en causa de salvación para sí misma y para todo el género humano>>. Por eso no pocos Padres antiguos afirman gustosamente con él en su predicación que <<el nudo de la desobediencia de Eva fue desatado por la obediencia de María; que lo atado por la virgen Eva con su incredulidad, fue desatado por la virgen María mediante su fe>>; y comparándola con Eva, llaman a María <<Madre de los vivientes>>, afirmando aún con Mayor frecuencia que <<la muerte vino por Eva, la vida por María>>.

Vemos cómo el Concilio enseña que la Madre “se consagró totalmente como esclava del Señor a la persona y a la obra de su Hijo, sirviendo con diligencia al misterio de la redención con Él y bajo Él”. Inequívoca y llanamente, esta es la Madre que “con Jesús” coopera en la obra de la redención. La enseñanza certera sobre la legitimidad de la corredención Mariana se encuentra en esta doctrina del Vaticano II. Pero éste es apenas el comienzo.

Los Padres del Concilio se refieren a la singular cooperación de la Madre que duró toda su vida sobre la tierra: “Esta unión de la Madre con el Hijo en la obra de la salvación se manifiesta desde el momento de la concepción virginal de Cristo hasta su muerte” (LG,57). Luego sintetizan los primeros años de esta cooperación que van desde la visitación al milagroso nacimiento, a la profecía de su corredención en la presentación, al dolor de la Virgen cuando es separada de su hijo en el Templo (cf. LG, 57).

El testimonio más profundo del Concilio a la corredención, se encuentra en el número 58 de Lumen Gentium. Los Padres, basándose en la doctrina pontificia que llevaría al Concilio, sintetizan la previa enseñanza ordinaria del Magisterio en relación con el cosufrimiento de María con Jesús en el calvario:

En la vida pública de Jesús aparece reveladoramente su Madre ya desde el principio, cuando en las bodas de Caná de Galilea, movida a misericordia, suscitó con su intercesión el comienzo de los milagros de Jesús Mesías (cf. Jn. 2,1-11). A lo largo de su predicación acogió las palabras con que su Hijo, exaltando el reino por encima de las condiciones y lazos de la carne y de la sangre, proclamó bienaventurados (cf. Mc. 3,35; Lc. 11,27-28) a los que escuchan y guardan la palabra de Dios, como ella lo hacía fielmente (cf. Lc. 2,29 y 51). Así avanzó también la Santísima Virgen en la peregrinación de la fe, y mantuvo fielmente su unión con el Hijo hasta la cruz, junto a la cual, no sin designio divino, se mantuvo erguida (cf. Jn. 19,25), sufriendo profundamente con su Unigénito y asociándose con entrañas de madre a su sacrificio, consintiendo amorosamente en la inmolación de la víctima que ella misma había engendrado; y, finalmente, fue dada por el mismo Cristo Jesús agonizante en la cruz como madre al discípulo con estas palabras: Mujer, he ahí a tu hijo (cf. Jn. 19,26-27).

Manteniéndose con Jesús en su sufrimiento; asociándose a su sacrificio; consintiendo en la inmolación de la víctima. Cosufriendo, cosacrificando, cosatisfaciendo, corredimiendo. ¿Acaso el Concilio no va a la zaga de lo mejor que tiene la Tradición sobre la corredención?

Para ampliar su doctrina sobre la corredención Mariana, el Concilio vuelve a resumir la obra de María al compartir durante toda su vida los sufrimientos del Redentor y enseña que su participación en la restauración de la vida sobrenatural con Cristo, es el fundamento de su rol como madre espiritual de todos los pueblos. Llevada al cielo, María se convierte en maternal Mediadora de los “dones de salvación eterna,” pero sin que Jesús, el único Mediador, pierda su dignidad y eficacia:

La Santísima Virgen, predestinada desde toda la eternidad como Madre de Dios juntamente con la encarnación del Verbo, por disposición de la Divina Providencia, fue en la tierra la Madre excelsa del divino Redentor, compañera singularmente generosa entre todas las demás criaturas y humilde esclava del Señor. Concibiendo a Cristo, engendrándolo, alimentándolo, presentándolo al Padre en el templo, padeciendo con su Hijo cuando moría en la cruz, cooperó en forma enteramente singular a la obra del Salvador con la obediencia, la fe, la esperanza y la ardiente caridad con el fin de restaurar la vida sobrenatural de las almas. Por eso es nuestra Madre en el orden de la gracia.

Esta maternidad de María en la economía de la gracia perdura sin cesar desde el momento del asentimiento que prestó fielmente en la anunciación, y que mantuvo sin vacilar al pie de la cruz hasta la consumación perpetua de todos los elegidos. Pues, asunta a los cielos, no ha dejado esta misión salvadora, sino que con su múltiple intercesión continúa obteniéndonos los dones de la salvación eterna. Con su amor materno cuida de los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan y se hallan en peligros y ansiedad hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada. Por este motivo, la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora. Lo cual, sin embargo, ha de entenderse de tal manera que no reste ni añada a la dignidad y eficacia de Cristo, único Mediador.

No cabe duda que el testimonio del Concilio Vaticano II a la historia de la Corredentora es igualmente generoso en su doctrina como profundo en su teología. Sin necesidad de usar el título, enseña ampliamente la doctrina. La verdad sin el nombre.

Y sin embargo, la doctrina de la corredención Mariana y el título de María Corredentora están esencial, ontológica y revelatoriamente conectadas, y no pueden ser artificialmente separadas. Si uno acepta la doctrina, como de hecho lo hace el Concilio Vaticano II, uno debe también aceptar la verdad del título que tiene su fuente, su ser, su historia, en la doctrina. Afirmar, por lo tanto, que el Vaticano II no enseñó la doctrina de María Corredentora, es un error histórico y una violación a la verdad.

El Concilio Vaticano II no usó el título Corredentora “es una verdad absolutamente cierta,” sin embargo, profesó la doctrina que es la verdadera madre del título. La doctrina católica de María “con Jesús, desde la anunciación hasta el calvario” es la suprema doctrina del Concilio (ecuménico) Vaticano II. Su título, por el momento histórico, se descarta, pero este momento de silencio pronto pasará con el pontificado Maríano de Juan Pablo II.

El 4 de Junio del 2002, el teólogo de la Casa Papal, Padre Georges Cottier, O.P., publicó un artículo en el periódico del Vaticano, L’Osservatore Romano, intitulado “La Corredención.” En este artículo, el teólogo papal defiende el uso legítimo del título de Corredentora a la luz de las enseñanzas del Concilio Vaticano II. Asimismo, articula una auténtica interpretación de las enseñanzas doctrinales del Concilio sobre la corredención de María:

Los textos del Concilio que hemos citado enfatizan contundentemente esto:

Ante la cruz, María sufre profundamente con su Unigénito asociándose con entrañas de madre a su sacrificio, consintiendo amorosamente en la inmolación de la víctima que ella misma había engendrado: ¿qué podrían significar estas palabras sino que María juega un rol activo en el misterio de la pasión y en la obra de la redención? El mismo Concilio lo aclara…

¿Se podría añadir al título de Mediadora el de Corredentora? A la luz de lo anterior, la respuesta es afirmativa.

Notas

i Cf. G.M. Besutti, O.S.M., Lo Schema Maríano al Concilio Vaticano II, Edizioni Maríanum, 1966, p. 17.

ii Se recibieron 1998 respuestas que representan el 77% de aquellos a quienes se les pidió sugerencias, cf. Besutti, Ibid.

iii Besutti afirma que el número de obispos pidiendo la definición de la mediación de María eran más de 500, cf. Besutti, Ibid; Cf. también a A. Escudero Cabello, La cuestión de la mediación Mariana en la preparación del Vaticano II, Roma, 1997, pp. 86-92; O’Carroll, Theotokos, p. 352.
Relationes, Prensa Vaticana, 1963, según la cita de O’Carroll, Theotokos, p. 308; cf. también a Calkins, “The Mystery of Mary Coredemptrix in the Papal Magisterium,” p. 36.

iv Cf. O’Carroll, “Vatican II,” Theotokos, p. 352.

v Cf. Capítulo IV, nota 11.

vi Besutti, Lo Schema Maríano, p. 22; cf. también a C. Balić, O.F.M., “La Doctrine sur la Bienheureuse Vierge Marie Mère de l’Eglise, et la Constitution “Lumen Gentium” du Concile Vatican II,” Divinitas, vol. 9, 1965, p. 464.

vii “De Beata María Vergine Matre Dei et Matre Hominum,” Sección 3, nota 16, Acta Synodalia Concilii Oecumenici Vaticani Secundi, Typis Polyglottis Vaticanis, 1971, vol. 1. Pt. 4. Por la importancia que tiene la relevante sección, nota 16, para entender la firmeza del título y la enseñanza de la Corredentora al momento de escribir el primer esquema, transcribimos el original en latín:

Quae omnia evoluta sunt a Theologis et a Summis Pontificibus, et creata est nomenclatura, ubi María vocatur mox Mater spiritualis hominum, mox Regina caeli et terrae, alia vice Nova Heva, Mediatrix, Dispensatrix amnium gratiarum, immo et Corredemptrix. Quod attinet ad titulum “Regina” cf. notam (14); quoad titulum “Mater spiritualis,” “Mater hominum” cf. notam (12); quoad titulum “Correemptrix,” socia Christi Redemptoris” hic quaedam adiungenda sunt:

I am saeculo x ocurrit titulis Redemptrix: “Sancta redemptrix mundi, ora pro nobis.” Quando saeculo xv et xvi hic titulus usitatus evadit, et iam percipitur immediata cooperatio B. Virginis in opere nostrae redemptionis, vocabolo “Redemptrix” additur “con,” et ita Mater Dei nuncupatur “corredemptrix,” dum Christus “Redemptor” appellari pergit. Inde a saeculo xvii, titulus “Corredemptrix” communissime usurpatur non solum in operibus pietati ac devotioni inservientibus, verum etiam in quamplurimis tractatibus theologicis [cf. Carol, J., De corrredemptione Beatae Virginis Maríae, Romae, 1950, p. 482]

Quod vero attinet ad Romanos Pontifices, occurrit in quibusdam textibus S. Pii X et Pii XI, in contextibus minoris ponderis: cf. AAS 41 (1908) p. 409; AAS 6 (1914) pp. 108 s.; L’Osserv. Rom., 29-30 apr. 1935.

Pius XII consulto vitare voluit hanc expressionem adhibendo frequenter formulas “Socia Redemptoris,” “Generosa Redemptirs Socia,” “Alma Redemptoris Socia,” “Socia in Divini Redemptoris opere.”

Consortium Maríae cum Iesu in oeconomia nostrae salutis saepe saepius a Summis Pontificibus extollitur: “ad magnam Dei Matrem eamdemque reparandi humani generis consortem” [Leo XIII, Const. Apost. Ubi primum, 2 febr. 1898; Acta Leonis XIII, XVIII, p. 161];

Pius XI, Alloc peregrinantibus e diocesi Vicent.: L’Osser. Rom. 1 dec. 1933: “Il Redentore non poteva, per necessità di cose, non associare la Madre Sua alla Sua opera, e per questo noi la invochiamo col titolo Corredentrice...”;

Pius XII, Litt. Encycl. Ad caeli Reginam, 11 oct. 1954: AAS 46 (1954) p. 634: “Si María, in spirituali procuranda salute cum Iesu Christo, ipsius salutis principio, ex Dei placito sociata fuit…”

Praeter titulos allatos adsunt quamplurimi alii, quibus a christifidelibus María salutatur.

Leo XIII, Litt. Encycl. Supremi Apostolatus, 1 sept. 1883: Acta Leonis XIII,III, p. 282: “Veteris et recentioris aevi historiae, ac sanctiores Ecclesiae fasti publicas privatasque ad Deiparam obsecrationes vota commemorant, ac vicissum praebita per Ipsam auxilia partamque divinitus tranquillitatem et pacem. Hinc insignes illi tituli, quibus Eam catholicae gentes christianorum, Auxiliatricem, Opiferam, Solatricem, bellorum potentem Victricem, Paciferam consalutarunt.”

Cf. Pius VI, Const. Auctorem fidei, 28 aug. 1794 [Documentos Maríanos, n. 230]: “Item [doctrina] quae vetat, ne imagines, praesertim beatae Virginis, ullis titulis distinguantor, praeter denominationibus, quae sint analogae mysteriis, de quibus in sacra Scriptura expressa fit mentio; quasi nec adscribi possent imaginibus piae aliae denominationers, quas vel in ipsismet publicis precibus Ecclesia probat et commendat: teMaría, piarum aurium offensiva, venerationi beatae praesertim Virgini debitae iniuriosa.

ix La documentación se refiere aquí a “J. B. Carol, De correemptione Beatae Virginis Maríae, Romae, 1950, p. 482.”

x La nota cita luego: “cf. Sn. Pío X y Pío XI, en contexto de menor importancia, cf. ASS 41 (1908), p. 409; AAS 6 (1914) pp. 1098 s.; L’Osservatore Romano, 29-30, Abril, 1935.”

xi “De Beata María Vergine Matre Dei et Matre Hominum,” Sección 3, nota 16, Acta Synodalia, vol. 1. pt. 4.

xii Aunque esta documentación no está incluida en la versión final de Lumen Gentium, Capítulo XVIII, su presencia en el primer esquema mariano dado a los Padres del Concilio, es un fuerte testimonio del indudable fundamento en la Tradición Católica y la doctrina ordinaria del Magisterio pontificio.

xiii Acta Synodalia Concilii, vol. 1. Pt. 4; cf. Besutti, Lo Schema Mariano, p. 41. El original en latín de la Praenotanda dice: “Omissae sunt expressions et vocabula quaedam a Summis Pontificibus adhibita, quae licet in se verissima, possent difficilius intelligi a fratribus separatis (in casu protestantibus). Inter alia vocabula adnmumerari quent sequential: ‘Corredemptrix humani generis’ [S. Pius X, Pius XI]…”

xiv Por ejemplo, cf. a la gran cantidad de libros revisados y artículos publicados sobre la corredención y mediación marianas durante este período de tiempo según cita Editiones Academie Marianae Internationalis; Ephemerides Mariologicae; Études Maríales; Marían Studies; American Ecclesiastical Review, etc…

xv María et Ecclesia, Acta Congressus Mariologici-Maiíani in Civitate Lourdes Anno 1958 Celebrati, Romae, Academia Mariana Internationalis, Via Merulana, 24.

xvi Ibid.

xvii Lumen Gentium, 55.

xviii Ibid., 56.

xix Ibid., 61-62.

xx Cf. a nota explicatoria de la subcomisión teológica en Besutti, Lo Schema Maríano, p. 41.

xxi G. Cottier, O.P., L’Osservatore Romano, edición en italiano, 4 de Junio, 2002.

xxii Ibid. Nota: Durante la Teleconferencia Internacional para la Congregación de los Sacerdotes celebrada el 28 de Mayo, 2003 y presidida por su Prefecto, Cardenal Castrilón Hoyos, teólogo y colaborador de L’Osservatore Romano, el Padre Jean Galot, S.J. ofreció una defensa adicional del título Corredentora y sus fundamentos, en las enseñanzas del Concilio Vaticano II que fue promulgada por todo el mundo por esta congregación vaticana: “La cooperación de María en la obra salvífica ya se vislumbraba en su aceptación de la encarnación, pero sólo lograría su plenitud cuando la doctrina del sacrificio redentor fuera clarificada. Por mucho tiempo la intervención real de María en este sacrificio no se tomó en consideración: María podía ser llamda Redentora, en el sentido de que como madre del Redentor había dado al mundo al Salvador.

Durante la Edad Media también se desarrolló una meditación doctrinal relativa al sacrificio y significado de la participación de María en el drama del calvario. Para explicar esta participación que enfatiza el sufrimiento experimentado por una madre unida con su Hijo, María ya no se describía como Redentora, sino como Corredentora [original en italiano, Corredentrice], porque al sufrir con el Salvador, se había asociado a su obra redentora. Corredención significa cooperar en la redención. No representa una semejanza entre María y Cristo, porque Cristo no es el co-Salvador sino el único Salvador. María no es la Redentora sino Corredentora [Corredentrice], porque se unió a Cristo en el ofrecimiento de su pasión. De este modo queda salvaguardado el principio de la unicidad del Mediador:

‘Hay un sólo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también, que se entregó a sí mismo como rescate por todos’ (1Tm 2,5).

El Concilio niega que la presencia mediadora de María oscurezca o disminuya la única mediación de Cristo. Al atribuir a la Santísima Virgen los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora, afirma que ‘la mediación única del Redentor no excluye, sino que suscita en las criaturas diversas clases de cooperación, participada de la única fuente’ (62). Por lo tanto, el título de Corredentora [Corredentrice] no puede ser una amenaza para el poder soberano de Cristo, porque de éste emana y encuentra su energía. Las palabras del Concilio son claras: ‘La misión maternal de María para con los hombres no oscurece ni disminuye en modo alguno esta mediación única de Cristo, antes bien sirve para demostrar su poder. Pues todo el influjo salvífico de la Santísima Virgen sobre los hombres no dimana de una necesidad ineludible, sino del divino beneplácito y de la superabundancia de los méritos de Cristo; se apoya en la mediación de éste, depende totalmente de ella y de la misma saca todo su poder. Y, lejos de impedir la unión inmediata de los creyentes con Cristo, la fomenta.’ (60)…

El Concilio enfatiza especialmente que María participó en el sacrificio de la crucifixión: ‘Así avanzó también la Santísima Virgen en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente su unión con el Hijo hasta la cruz, junto a la cual, no sin designio divino, se mantuvo erguida (cf Jn. 19,25), sufriendo profundamente con su Unigénito y asociándose con entrañas de madre a su sacrificio, consintiendo amorosamente en la inmolación de la víctima que ella misma había engendrado…’ En esta tragedia, María reconoce el plan divino: la redención.

El Concilio Vaticano señaló que los orígenes del destino de María como Madre de Dios habían sido predestinados desde la eternidad y que como alma mater del divino Salvador, ella era ‘la compañera singularmente generosa’ y ‘humilde sierva del Señor’, cuya vida estuvo consagrada a la ‘corredencion': ‘Concibiendo a Cristo, engendrándolo, alimentándolo, presentándolo al Padre en el templo, padeciendo con su Hijo cuando moría en la cruz, cooperó en forma enteramente singular a la obra del Salvador con la obediencia, la fe, la esperanza y la ardiente caridad con el fin de restaurar la vida sobrenatural de las almas’ (61). Los dones sobrenaturales de María, enteramente comprometidos a esta cooperación, debían ser cualidades transmitidas a la humanidad.”

Continue Reading

Conclusión Libro Sexto

Published on July 20, 2012 by in En Espanol

0

María Corredentora es nuestra herencia. La historia de María “con Jesús” está profundamente insertada en los dos mil años de memoria y vida de la Iglesia que llamamos “Tradición.” La inmaculada Corredentora es aclamada en nuestras Escrituras. Es una verdad de la cual nos debemos gloriar, un misterio cristiano que debemos contemplar en imitación de los ángeles.

Ella es una Madre a quien debemos dar gracias con todas las fuerzas de nuestro corazón, agradeciéndole eternamente el inmaculado sufrimiento que soportó por nosotros y que va más allá de la imaginación humana.

La doctrina de María Corredentora algún día será coronada como dogma. No se trata de una cuestión de “condición,” sino de “tiempo.” El desarrollo doctrinal de la Madre Sufriente, vivificada por el Espíritu Santo, jamás podrá retroceder sino solamente progresar.

“Será en el tiempo de Dios.” Algunas veces esta frase se utiliza para recordarnos la soberanía de Dios, autor del tiempo y director de la providencia. En otros casos se puede usar como la forma en que los hombres se excusan de su justa cooperación con la Providencia de Dios. Esta carencia o falta siempre dará como resultado en la pérdida de gracias para la humanidad.

El dogma de la Corredentora será una realidad. Ojalá y que su proclamación dogmática llegue muy pronto, como el “sí” de la humanidad en respuesta al rol salvífico de la Madre para con nosotros. Que pueda llegar pronto para “liberar” a la inmaculada Madre dentro del misterioso orden de la providencia y el libre albedrío, para que pueda ejercer plenamente su necesaria intercesión por la paz y la gracia en el mundo atribulado de hoy.

Cuando sea dogmáticamente coronada, creo que se cumplirán cabalmente dos himnos proféticos a María Corredentora, uno de cada Testamento de la palabra inspirada por Dios:

“Yo alabaré a mi Dios, Rey de los Cielos,
Y mi alma, radiante de alegría, proclamará su grandeza…
Brillará luz de lámparas
Por todos los confines de la tierra…
Todas las generaciones
En ti darán señales de alegría,
Y tu nombre será glorioso para siempre.” (Tobías 13,9-11).

“Engrandece mi alma al Señor
Y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador,
Porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava,
Por eso desde ahora todas las generaciones
Me llamarán bienaventurada” (Lc. 1,46-48).

Continue Reading

0

Los extraordinarios testimonios de María Corredentora ofrecidos anteriormente por personajes de la talla de Sn. Bernardo, Arnoldo de Chartres, Seudo-Alberto, Juan Tauler y Alfonso Salmerón, fueron de ordinario la “opinión común de los teólogos” en el siglo XVII, que legítimamente se le puede denominar como la “Epoca de Oro de la corredención mariana.”

Tan sólo en el 1600, hay alrededor de trescientas referencias sobre la singular y activa participación de la Madre inmaculada en la obra de redención “con Jesús,” dentro de las que se pueden encontrar numerosas explicaciones y defensas de los títulos Redentora y Corredentora asociadas a propugnaciones teológicamente fundamentadas sobre la sólida doctrina inferida por los títulos.

A lo largo de esta Epoca de Oro el trato teológico que se da a la Madre Corredentora resulta tan generoso y penetrante que su contribución pondría los fundamentos teológicos para desarrollar la doctrina de una manera sistemática en los siglos por venir. Las mentes y corazones teológicos de esta era hacen un tratado de la corredención de la Madre fundamentalmente bajo las clásicas categorías de la soteriología cristiana (teología de la salvación), en las que se divide la redención de Nuestro Señor, a saber: merecimiento, satisfacción vicaria, sacrificio y rescate redentor. Fueron tantos los que prodigaron su amor y alabanzas a María Corredentora, que sólo podemos ofrecer una muestra teológica fruto de esta Era.

De suma importancia resulta para la historia de María Corredentora, su avance orgánico a través de estas expresiones críticas surgidas en la historia teológica de la Iglesia, porque la doctrina de la corredención y sus “fundamentos teológicos” están firmemente entretejidos en la Tradición, y han de recibir en los próximos siglos, ratificación magisterial directamente de los papas.

Sn. Lorenzo de Brindisi (= 1619), franciscano y Doctor de la Iglesia, empleó el concepto del “sacerdocio espiritual” de María (en forma análoga al sacerdocio laical contenido en el Concilio Vaticano Segundo), para ilustrar la participación de María en la redención en la categoría de sacrificio. Sacrificio en sentido soteriológico se refiere a la libre inmolación de Cristo y el ofrecimiento que de sí mismo hace al Padre Eterno por los pecados del mundo, en un acto verdaderamente sacerdotal. María con su “sacerdocio espiritual,” como lo explica Sn. Lorenzo, participa en el calvario con Jesús, el “Supremo Sacerdote” ofreciendo el único sacrificio redentor.

¿No puso María su vida en peligro por nosotros cuando se mantuvo junto a la cruz de Cristo, realmente sacrificándolo en espíritu a Dios, tan llena, plenamente llena del espíritu de Abraham y ofreciéndolo con verdadera caridad por la salvación del mundo?…El espíritu de María era un espíritu sacerdotal, porque la cruz era el altar y Cristo el sacrificio; aunque el espíritu de Cristo constituía el sacerdote principal, el espíritu de María estaba allí junto con el espíritu de Cristo; ciertamente su espíritu era uno con Él, como un alma en dos cuerpos. Por lo tanto, el espíritu de María junto con el espíritu de Cristo ejercieron el oficio sacerdotal en el altar de la cruz y ofrecieron el sacrificio de la cruz al Padre Eterno por la salvación del mundo…Porque de ella realmente se puede decir, lo mismo que de Dios Padre a quien más se asemejaba en espíritu, que tanto amó al mundo que entregó a su Unigénito para que todos los que crean en Él no mueran sino que tengan vida eterna.

María no es “sacerdote” en el sentido estricto de la palabra por carecer de la ordenación sacerdotal y por ende no puede ofrecer formalmente un sacrificio. Pero posee el verdadero sacerdocio espiritual de todos los bautizados, aunque en el grado más alto posible por su singular dignidad y excelencia. En virtud de su plenitud de gracias y su misión corredentora con el Redentor, se hace claro que este sacrificio espiritual es una participación subordinada “con Jesús” el Sumo Sacerdote, pero que excede en fecundidad espiritual al sacrificio de cualquier sacerdote, exceptuando a su propio Hijo.

Otro venerado Doctor de la Iglesia, cardenal y teólogo antagonista a la Reforma, Sn. Roberto Belarmino (= 1621), plasmó en su metáfora espiritual sobre la creación, la cooperación exclusiva de la Madre:

Aunque María no estuvo presente en la creación material de los cielos, estuvo presente sin embargo, en la creación espiritual de los cielos — los Apóstoles; y aún cuando no presenció la fundación material de la tierra, presenció empero, la fundación espiritual de la tierra — la Iglesia. Porque solamente ella cooperó al misterio de la encarnación; sola ella participó del misterio de la pasión cuando permaneció junto a la cruz ofreciendo a su Hijo por la salvación del mundo.

El teólogo jesuita de Salazar (= 1646), expuso una defensa teológica en relación a la cooperación directa, inmediata y esencial de la inmaculada Virgen en la redención. De Salazar sale en defensa de los títulos Redentora, Reparadora y Mediadora, entre otros, y en una obra posterior se referirá a la Madre como la “Corredentora.”

El concepto teológico de “rescate” se refiere al “pago de un precio,” y el precio de la redención es precisamente los méritos y satisfacciones que el Redentor ofreció al Padre Eterno por nuestra salvación, liberándonos de la esclavitud de Satanás. ¿A qué grado se podría decir que participó la Madre en el rescate, en “volver a comprar” al género humano junto con Cristo?

El testimonio de esta Epoca de Oro presenta dos maneras en que la inmaculada participó del rescate logrado por su Hijo: la primera, porque María pagó el mismo precio (aunque de manera subordinada) que su Hijo, por haber ofrecido sus méritos y satisfacciones al Padre Eterno; la segunda, porque María ofreció sus propios méritos y satisfacciones en unión con su Hijo por la redención del hombre.

El Padre Rafael, autor francés de la Orden de los Agustinos Descalzos (= 1639), ilustra el subordinado rol de “sierva” de la Madre al rescatar a la humanidad como Corredentora:

Su Hijo comparte con ella y la hace partícipe de alguna manera de la gloria de nuestra redención, acto que ciertamente no desempeñó ella ni podía llevar a cabo en rigurosa justicia para satisfacer al Padre…Pero podemos decir que cooperó con nuestra redención en tanto que le dio al Redentor su carne y sangre que fueron la sustancia y el precio de nuestro rescate. Lo hizo como si un sirviente cooperara con el rescate de un esclavo al prestarle dinero al amo para su liberación. Así cooperó ella, porque voluntariamente consintió verlo morir y generosamente se condenó a la misma tortura…lo que correctamente le otorga la calidad de corredentora de los hombres, aunque su Hijo es la causa principal y formal de nuestra salvación.

El mariólogo franciscano Angelo Vulpes (= 1647), explicó que la Corredentora fue capaz de pagar la “deuda mortal” de los pecadores: “María murió igualmente que su Hijo para que, en su capacidad de Corredentora, pueda con plenitud de méritos pagar la deuda mortal de los demás.” Adicionalmente, Vulpes señaló que Dios decretó que el hombre fuera redimido por la “unión de los méritos” de Jesús y María: “Dios decretó redimir a todos los hombres de la esclavitud del pecado…por sus méritos [i.e. los méritos de Cristo y María]…decretó la pasibilidad de Cristo así como la de Su Madre, para que ella también se convirtiera en la Corredentora de todo el linaje humano.”

Los Méritos de Cristo y María

¿Cómo entendemos el concepto católico de mérito sobrenatural y bajo qué dimensión puede participar la humanidad del mismo? Cristo Jesús, por su pasión y muerte, mereció la “recompensa” para la humanidad, es decir, nuestra justificación. Pero las criaturas humanas también pueden “merecer,” es decir, Dios da ciertos valores sobrenaturales a algunos actos humanos, que si son llevados a cabo libremente por el hombre, Dios recompensa a sus hijos e hijas incrementando en ellos y en los demás su gracia y bondad divinas. Entonces, ¿cómo es que la Madre inmaculada participa de manera única de los méritos de Cristo para la redención del mundo?

Durante este período y por primera vez desde su introducción por Eadmer de Canterbury, se discutió teológicamente la naturaleza específica de los méritos de Nuestra Señora. El español P.M. Frangipane (= 1638), califica como iguales los méritos objetivos de la inmaculada Corredentora y los de Cristo, pero éstos a un nivel “de congruo” o “conveniencia,” substancialmente diferente al nivel “de condigno” o “justicia” merecido solamente por el divino Redentor: “…Lo que Cristo nos mereció de condigno, María lo mereció de congruo para nosotros…El título de Corredentora requiere inocencia de su parte, pues cómo habría de limpiar al mundo del pecado, si ella misma hubiera estado sujeta al pecado?”

La tesis de que María mereció para nosotros de congruo lo que Jesús nos mereció de condigno, se convirtió en la enseñanza común de la época y más tarde obtendría aprobación del Papa Sn. Pío X. En esencia, María mereció en el orden de conveniencia aquello que Jesús mereció en el orden de justicia e igualdad entre Él y el Padre.

Varios autores a lo largo del siglo volverían una y otra vez sobre la misma noción de los méritos de Nuestra Señora, como por ejemplo, el jesuita Jorge de Rhodes (= 1661):

En primer lugar debemos afirmar que en cierto sentido, María puede ser verdadera y propiamente llamada Redentora de la humanidad, aunque no de manera primordial y propia como a Cristo…María mereció de congruo por su copasión y oraciones, todo aquello que Cristo nos mereció de condigno por su muerte…Ante todo, ella mereció que fuéramos liberados del pecado, ambos original y personal, es decir, todas las gracias que preceden y causan nuestra justificación…

El franciscano Roderick de Portillo, O.F.M. (c. 1630), también confirmó que Jesús y María obtuvieron el mismo mérito objetivo para la humanidad, si bien en sus respectivos grados: “No cabe duda que la Santísima Virgen [en el calvario] mereció lo mismo que mereció su Hijo.” El autor contemplativo, Novati (= 1648), afirmó que Jesús y María unieron sus méritos y los ofrecieron por la redención humana: “Así como Cristo de condigno mereció suficientemente para redimir los pecados de los hombres, recibir la gracia santificante y todos los demás bienes que nos vienen por Él…lo mismo se ha de decir de la Santísima Virgen, quien mereció de congruo los mismos bienes para los hombres.” Además, Novati reafirma: “En primer lugar, digo que la Virgen, por su cosufrimiento con Cristo, realmente cooperó a la redención de los hombres. En segundo lugar, digo que cooperó grandemente en la redención de la linaje humano ofreciendo al Padre Eterno la vida y sangre de su Hijo para la salvación de los hombres… Cristo y María tenían una sola voluntad, por lo que hubo un solo holocausto.”

La acción salvífica del Redentor compensó de manera sobreabundante los pecados de la humanidad. La compensación constituye el concepto teológico de “satisfacción” o reparación debida a Dios por la ofensa de los pecados de la humanidad, con lo que su justicia queda satisfecha y se restaura la comunión entre Dios y los hombres. Como la Madre también había compartido en la compensación, los teólogos del siglo XVII unánimemente asintieron a la participación satisfactoria de la Corredentora. Son varios los autores que se refieren a la satisfacción de congruo de María en el calvario, de manera similar aunque distinta de su meritoria participación.

El misticismo cristiano sería nuevamente el que asistiría al desarrollo de la historia de la Corredentora, con las proféticas revelaciones de la Venerable María de Agreda (= 1665) contenidas en la Mística Ciudad de Dios. En esta obra, la mística española se refiere a Nuestra Señora la “Redentora” y su consecuente rol de distribuir los frutos de la redención, a la luz de su rol principal como colaborada de la redención:

Así como ella cooperó con la pasión dando a su Hijo para que formara parte del linaje humano, así el mismo Señor la hizo participar de la dignidad de Redentora, otorgándole los méritos y frutos de la redención para que pueda distribuirlos a manos llenas y comunicar todo esto a los que han sido redimidos.

A finales del siglo, el autor alemán, Adam Widenfeld realizó un escrito en oposición al título y doctrina de la Corredentora que se difundió ampliamente, pero al cabo de dos años unos cuarenta teólogos habían escrito en defensa de María “Corredentora” y en contra de los argumentos de Widenfeld. Excelente ejemplo resulta la respuesta del profesor de Praga, Maximillian Reichenberger (c. 1677), quien sale en la defensa del rol y los méritos de María Corredentora basándose en el contexto del modelo de la nueva Eva:

Admitimos abiertamente que Cristo no necesitaba el auxilio de Su Madre para redimir al linaje humano; pero negamos que los méritos y oraciones de Su Madre no se hayan unido per modum meriti de congruo, con los méritos de condigno de su Hijo. Es obvio que los padres podrían dar a la Santísima Virgen el término de Corredentora del linaje humano, con mucha más razón de la que se lo darían a Eva…causa de nuestra ruina…Dado que Eva cooperó a nuestra ruina sólo remota y accidentalmente…en tanto que María cooperó en la redención del linaje humano de manera íntima e inmediata, y no sólo con su propia sangre en comunión con Cristo, precio de nuestra redención, sino también ayudándolo, asistiéndolo y sufriendo con Él hasta que se consumara la obra redentora en la cruz.

El escrito de Widenfeld atacando a la Corredentora, formaría más tarde parte del Indice de Libros Prohibidos por la Santa Sede.

Incontrovertible en sus alabanzas teológicas y defensas de la inmaculada Corredentora, la Edad de Oro del siglo XVII avanzó allanando el camino con fundamentos dogmáticos con los que generaciones futuras habrían de ahondar con mayor precisión teológica y sincera piedad, el misterio de la Mujer en el calvario. La providencial consagración a la Madre Corredentora surgida en este siglo que combinó teología con devoción y “cabeza con corazón,” quizás tenga su mejor ilustración en la meditación teológica del Doctor de la Iglesia y gran Apóstol de los Corazones de Jesús y María, Sn. Juan Eudes (= 1680), quien citando a los padres y místicos, hace una alabanza teológica de la “Corredentora con Cristo”:

La salvación de las almas inmortales también es la gran obra de la Madre de Dios. ¿Por qué escogió Dios Todopoderoso a la Santísima Virgen María para ser la Madre de Dios? ¿Porqué la preservó del pecado original y la hizo santa desde el primer instante de su ser natural? ¿Por qué derramó en ella abundantísimos privilegios, adornándola de gracia y virtud? ¿Por qué le confirió tanta sabiduría, bondad, humildad y gran poder en el cielo, en el infierno y sobre la tierra? Fue simple y sencillamente para que pudiera dignamente cooperar con su Divino Hijo en la redención del hombre. Los padres de la Iglesia dicen claramente que ella es la Corredentora con Cristo en la obra de la salvación. Me parece escuchar a Nuestro Señor y su Santísima Madre cuando le dijeron a Sta. Brígida, cuyas revelaciones ya han sido aprobadas por la Iglesia, que el mundo se perdió porque Adán y Eva comieron una manzana, pero que ellos lo salvaron con un corazón: quasi uno Corde mundum salvavimus (Revel. Extravag. Cap. 3). Es decir, Nuestro Señor y su Madre compartían un solo corazón, un solo amor, un solo sentimiento, una mente y una voluntad. Así como el Corazón de Jesús era un horno ardiente de amor por los hombres, igualmente el corazón de su amadísima Madre estaba inflamado con la caridad y el celo por las almas. Cristo se inmoló a sí mismo en la cruz por la redención de la humanidad, María hizo un sacrificio semejante al padecer dolores y sufrimientos inexpresables.

Notas

i F. De Guerra, O.F.M., Majestas gratiarum ac virtutum omnium Deiparae Virginis Mariae, vol 2, Hispali 1659, lib. 3, disc. 4, fragm. 10, n. 36.

ii Cf. Carol, De Corredemptione, pp. 198-480. Según el valioso (aunque limitado) estudio de Laurentin, de los siglos XVII al XIX, el término de Redentora fue gradualmente sustituido por el de Corredentora. Antes del siglo XVII, el término Redentora lo aplicaron diez autores y el de Corredentora tres. Durante el siglo XVII, Redentora sigue siendo el título preferido que se empleó cincuenta y un veces en comparación con las veintisiete de Corredentora. Para el siglo XVIII, Corredentora es más usado que Redentora con un margen de veinticuatro a dieciséis, y para el siglo XIX, Redentora virtualmente desaparece con algunas excepciones. Cf. R. Laurentin, Le Titre de Corédemptrice, p. 19.

Nota: Junto con estas valiosas estadísticas, Laurentin ofrece algunas conclusiones personales muy enérgicas en cuanto a los títulos de Redentora y Corredentora, que al parecer no se fundamentan en fuentes propias o ninguna otra, por ejemplo, cuando el autor afirma: “Pero cuando en el siglo XII el tránsito de causa causae (María, causa del Redentor) se transformó en la expresión de causa causati (causa de redención),…el término de Redentora no podía traducir, sin serias ambigüedades, estas realidades.” Pero el concepto de la participación de María en la redención como una participación “causa causati” de la redención, fue intrínseco a la mayoría de los testimonios antiguos de la nueva Eva como la mujer que jugó un rol activo e instrumental en la salvación, y que gradualmente se desarrolló de forma natural en las enseñanzas explícitas de Sn. Bernardo, Arnoldo de Chartres, Sn. Alberto y Juan Tauler en cuanto al rol activo de María en la redención del calvario.

Además, el título Redentora se usó en la Iglesia de una manera ortodoxa y balanceada a lo largo de cinco siglos después del siglo XII sin que esto implicara ninguna “ambigüedad seria,” sino precisamente en la misma forma que hoy en día se emplea “Mediadora” en relación al “Mediador” —una participación subordinada, dependiente y confiada totalmente a la primacía del Divino Redentor. Que el título Corredentora haya eventualmente suplido al título de Redentora, se puede ver como un desarrollo positivo sin que esto implique dispersar la legitimidad que tiene el título de Redentora tan empleado en la Iglesia en una modalidad balanceada, por doctores, teólogos, místicos y santos por más de setecientos años.

El autor continúa diciendo que los títulos Redentora y Corredentora han sido “un tanto inquietantes” en este tiempo de desarrollo histórico, y concluye: “tenemos la impresión de que corredentora, y más aún, redentora, han disminuido el desarrollo de la tesis a seguir sobre la cooperación de María en la redención.” De hecho, la evidencia histórica parece apoyar una conclusión contraria, en el sentido de que los términos, de hecho, han coadyuvado en el proceso de desarrollo histórico de la doctrina. El uso continuo de ambos términos durante los siglos XII al XVIII, es similar al período en que se registró el mayor desarrollo teológico de la doctrina de la cooperación de María en la redención, y que es particularmente el caso de la Epoca de Oro del siglo XVII, durante la cual los términos se aplicaron en mayor cantidad y la teología del rol mariano recibió la consideración más significativa de su historia.

Por otra parte, los términos Corredentora y Redentora verdaderamente captan el significado real de la doctrina de la singular participación de María con el Redentor en la histórica victoria contra satanás y el pecado. Más que un concepto vago o reduccionista de la doctrina, el título Corredentora envuelve el dinamismo pleno del rol de ser la única socia de Cristo en la Redención, por lo que contribuyó a que se discutiera honestamente su significado intrínseco y desarrollo. Esta verdad se mantiene incólume tanto si estamos a “favor” o “en contra” de la doctrina de la Corredención, y por ello el título de Corredentora ha servido históricamente, y continúa haciéndolo, como auténtico componente del desarrollo doctrinal de la cooperación de María en la redención.

iii Para un estudio más profundo de la Corredención bajo las mismas cuatro categorías soteriológicas clásicas, cf. Gregory Alastruey, The Blessed Virgin Mary, traducción al inglés del original por Sr. M.J. La Giglia, O.P., Herder, 1964, cap. 2; Friethoff, O.P., A Complete Mariology, Blackfriars, 1958, Traducción al inglés del original en holandés, Part III, cap. I-V; específicamente durante el período del siglo XVII en sus cuatro categorías tradicionales; J.B. Carol, “Our Lady’s Corredeption,” Mariology vol 2, Bruce, 1957, pp. 400-409.

iv Para una más profunda explicación de las referencias del siglo XVII sobre la Corredención, cf. Carol, De Corredemptione, pp. 198-480.

v Cf. Lumen Gentium, 10; cf. 1. Pet. 2:9-10.

vi Sn. Lorenzo de Brindisi, Mariale; Opera Omnia, Patavii, 1928, vol. 1, pp. 183-184.

vii Cf. Carol, “Our Lady’s Coredemption,” vol. 2, p. 418; M. O’Carroll, Theotokos, pp. 293-296.

viii Sn. Roberto Belarmino, Cod. Vat. Lat. Ottob. 2424, f. 193, citado por C. Dillenschneider, Marie au service de notre Rédemption, p. 208. Suárez (= 1617) jesuita, hermano y contemporáneo de Belarmino, conocido como el padre de la mariología sistemática moderna, también contribuye a la discusión de la corredención en De Incarn., disp. 23.

ix F. Chirino de Salazar, S.J. In Proverbiis, VIII, 19, n. 222, Cologne ed., ap. J. Kinchium, 1621, t. I, 627; para ver otras aplicaciones de Redentora por Salazar, cf. Pro Immaculata conceptione defensio, Compluti, de J. Gratiani, 1618, CXXI, § I, pp. 132 b-133 a.

x Cf. de Salazar, In Cancticum, Lyon, Prost, 1643, t. 1, p. 128.

xi Padre Rafael, Les sacrifices de la Vierge et de la France, discurso dado en Aix, Febrero 2, 1639, 2ª. Ed. Avignon, I. Piot [s.d], pp. 32-34..

xii A. Vulpes, Sacrae Theologiae Summa Joannis D. Scoti, Doctoris Subtilissimus, et Commentaria, Neapoli, 1646, vol. 3, pars 4, pp. 498-499.

xiii Ibid., pp. 290-291.

xiv Cf. Concilio de Trento, D 799.

xv Cf. Concilio de Trento (1547): DS 1546; 1548; Catecismo de la Iglesia Católica, Part 3, cap. 3, art. 2, sec. 3, nn. 2006-2011.

xvi Es probable que de Salazar haya sido el primer autor en tratar el mérito de congruo de María, cf. Carol, “Our Lady’s Coredemption,” p. 401, nota 94.

xvii P.M. Frangipane, Blasones de la Virgen Madre de Dios y Señora nuestra, Zaragoza, 1635, pp. 65-66.

xviii Sn. Pío X, Ad Diem Illlum; ASS 36, p. 453; El pronunciamiento magisterial del Papa Sn. Pío X en relación con el mérito de congruo de María debería servir como aurea media in veritate (camino de oro en la verdad), por parte de una autoridad en los debates sobre la naturaleza y grado del mérito de María como Corredentora. Esta declaración de Sn. Pío X, que no dice la última palabra en cuanto a que si María también mereció de digno, de supercongruo o de condigno ex mera condignitate (así como el dogma de la Asunción no constituyó la última palabra en relación al debate sobre la “muerte” de María), debería servir como una confirmación de autoridad de que María a lo menos mereció de congruo como Cristo mereció de condigno, y como tal debería servir como una declaración doctrinal para la opinión general en relación al mérito corredentor de María.

xix Cf. Capítulo XI para una mayor profundización sobre la naturaleza y niveles del mérito sobrenatural y su relación con la Santísima Virgen.

xx G. de Rhodes, S.J., Disputationes Theologicae Scholasticae, Lugduni, 1676, vol. 2, tr. 8; De Deiprara Virgine Maria, disp. Unica, quaest. 5, sect. 3, p. 265.

xxi R. de Portillo, O.F.M., Libro de los tratados de Cristo Señor nuestro y de su santísima Madre, y de los beneficios y Mercedes que goza el mundo por su medio, Tauri, 1630, p. 41.

xxii J. Novati, De Eminentia Deiparae, Bononiae, 1639, vo. 2, p. 236.

xxiii Ibid., vol. 1, cap. 18, preg. 14, p. 379-380.

xxiv Cf. Carol, “Our Lady’s Coredemption,” p. 403; cf. D. González Matheo, O.F.M., Mystica Civitas Dei vindicata…, Matriti, 1747, p. 124, nn. 368-371; cf. A. Peralta, S.J., Dissertationes Scholasticae de Sacratissima Virgine Maria, Mexici, 1726, p. 264; cf. Th. De Almeyda, La compassion aux deouleurs de Marie, ed. Braine-le-Compete, 1902, pp. 161-163; cf. G. Federici, O.S.B., Tractatus polemicus de Matre Dei, vol. 1, Neapoli, 1777, p. 106; cf. G. A. Nasi, Le grandezze di Maria Vergine …., Venezia, 1717, p. 197.

xxv Ven. María de Agreda, Mística Ciudad de Dios, ed. Amberes, H. y C. Berdussen, 1696, P. I, L. I, c. 18, n. 274, p. 86b.

xxvi A. Von Widenfeld, Monita salutaria Beatae Virginis Mariae..., Ghent, 1673, moniyum 10.

xxvii Cf. Carol, De Corredemptione, pp. 302-318.

xxviii M. Reichenberger, Mariani cultus vindiciae, sive nonnullae animadversions in libellum cui titulus: Monita Salutaria B.V. Mariae ad cultures suos indiscretos, pro vindicanda contra auctorem anonymum Deiparae Gloria, secundum orthodoxae fidei dogmata, Sanctorum Patrum testimonia, rectae rationis dictamina et theologorum principia, Pragae, 1677, p. 120.

xxix El Papa Alejandro VIII condenó la frase: “la alabanza que se le da a María qua Maria es vana”; DH 2326; cf. A.M. Calero, La Vergine Maria nel mistero di Cristo e della Chiesa Saggio di mariologia, Turin, 1995, p. 284.

xxx Cf. Pío XI, Decreto de Canonización del Beato Juan Eudes, Mayo 31 1925.

xxxi Sn. Juan Eudes, The Priest, His Dignity and Obligations, P.J., Kendey & Sons, 1947, pp. 134-135. Este pasaje citado fue originalmente publicado en una obra intitulada, The Good Confessor en 1666.

Continue Reading

0

Por Monseñor Arthur B. Calkins

El tema de María como Corredentora y Mediadora, o sea, de la Madre de Dios como la colaboradora humana mas íntima en el trabajo de nuestra redención y como principal dispensadora de las gracias de la redención después del mismo Jesús, ha ocupado a los teólogos desde los albores del siglo veinte. En verdad, parece ser que el primer escritor Inglés en usar y defender el término de Corredentora fue el Padre Frederick William Faber en el último capítulo de su obra clásica The Foot of the Cross, publicado por primera vez en 1858. Después, previo al Segundo Concilio Vaticano no pocos Obispos expresaron un deseo de tener una definición — acerca de Nuestra Señora como Corredentora y/o Mediadora. En su audiencia general del 13 de Diciembre de 1995, el Papa Juan Paulo II hizo una cortés referencia a los Padres del Concilio quienes “deseaban enriquecer aun mas la doctrina Mariana con otras declaraciones sobre el rol de María en el trabajo de salvación” sin criticarlos en ninguna manera. El simplemente comentó que “El contexto particular en el cual ocurrió el debate Mariológico Vaticano II no permitía que esos deseos, aun cuando eran sustanciales y muy extendidos, fuesen aceptados”.

La presente campaña que continua generando atención, adherencia y mucho debate teológico mundial ha agregado otro término a esos títulos interelacionados de Corredentora y Mediadora: el de Abogada. Este título tiene profundas raíces en la tradición Católica desde los tiempos de San Ireneo en el Siglo Segundo. Ocurre en la Salve, donde rezamos: “Ea, pues, Señora Abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos”. En verdad, el gran documento Mariano del Segundo Concilio Vaticano rápidamente reconoció que María con todo derecho es invocada como Abogada.

Juntando los títulos de Corredentora, Mediadora y Abogada nos permite visualizar el rol de María en nuestra salvación de una manera lógica y coherente: Es precisamente debido a la participación especial e íntima de Nuestra Señora en el trabajo de la redención (como Corredentora) que ella puede ser la distribuidora (Mediadora) de todas las gracias y la gran intercesora (Abogada) para sus hijos después del mismo Jesús (cf. Heb. 7:25; 1Jn 2:1) y el Espíritu Santo (cf. Jn 14:16, 26; 15:26; 16:7).

Cuando se hizo la primera petición de una definición del rol de María en nuestra salvación como Corredentora, Mediadora y Abogada? Hasta donde pude determinar, esta petición proviene de una serie de revelaciones hechas en Amsterdam a una humilde y sencilla mujer Holandesa, Ida Peerdeman (1906-1996), desde Marzo 25, 1945 hasta Mayo 31, 1959. En el curso de estas revelaciones Nuestra Señora mencionó que ella deseaba ser conocida como “La Señora de Todos los Pueblos”. Ella pidió que se hiciera un dibujo de acuerdo a sus indicaciones (algo similar a la popular imagen en la medalla milagrosa) y que esta se distribuyera junto con una oración que ella le dictó a la visionaria. Después de la definición dogmática de la Asunción por el Papa Pío XII el 1 de Noviembre de 1950, Nuestra Señora le dijo a Ida que esta definición tenía que preceder “último y mas grande dogma”: el de María Corredentora, Mediadora y Abogada, para los cuales la pintura y la oración iban a preparar el camino.

Lo que es especialmente interesante es que en el curso de las apariciones a Ida Peerdeman Nuestra Señora no nada mas habló de y ejemplificó el significado de estos títulos de diversas maneras, sino que ella también varias veces afirmó que podían ser corroboradas por los teólogos. En Amsterdam, el 4 de Abril del Año Mariano ella dijo:

Escucha bien! Desde el principio la Doncella del Señor fue escogida para ser la Corredentora. Dile a tus teólogos que pueden encontrar todo en sus libros! … No traigo una nueva doctrina. Estoy trayendo las ideas antiguas.

Varias veces en estas revelaciones Nuestra Señora les habló a los teólogos a través de Ida y les dijo que trabajaran para esta doctrina. Se deben observar varios puntos en este aspecto.

  1. En aquellos días y hasta el tiempo del Segundo Concilio Vaticano, la doctrina del rol de María en el trabajo de nuestra redención fue comúnmente tratado bajo la regla general de “mediación” en todos los libros estándar en Mariología. Algunos Mariologistas restringieron el título de “Mediadora” a la segunda fase de mediación (a la cooperación de María en la distribución de gracias), reservando el título de “Corredentora” a la primera fase (colaboración en el trabajo de nuestra redención). Pero aun esta primera fase, se pudiera discutir, es una mediación verdadera y apropiada ya que es una participación en el trabajo mediador de Cristo. Este tema fue objeto de una gran discusión y debate entre teólogos. Ya he indicado algunos de los factores que contribuyeron a la supresión de la discusión después del concilio [cf. Tratados anteriores por Monseñor Calkins en esta antología].
  2. Fue tan solo después de que los cuatro principales dogmas acerca de la persona de María [que ella es (1) Madre de Dios y (2) Siempre Virgen; que ella fue (3) Inmaculadamente Concebida y (4) Asunta al Cielo] fueran solemnemente propuestos por la autoridad magisterial de la Iglesia que la escena estaría preparada para un dogma relativo a la función o rol de María en el trabajo de la salvación bajo el triple nombramiento de Corredentora, Mediadora y Abogada.
  3. De acuerdo a estas revelaciones recibidas por Ida Peerdeman, la misma virgen de manera efectiva afirmó que “el último y mas grande Dogma Mariano” ya es parte de la doctrina patrimonial de la Iglesia. Debe ser sacado a la luz y aclarado todavía mas por el trabajo de los teólogos y apropiado por toda la Iglesia. Nuestra Señora también indicó que habría una lucha en este aspecto, pero ella nunca sugirió que el dogma sería definido en base a una revelación privada, aunque sea muy digna de crédito. Esto está totalmente de acuerdo con la sabiduría milenaria de la Iglesia. Por ejemplo, en su magistral encíclica sobre el Sagrado Corazón de Jesús, Haurietis Aquas, el Papa Pío XII se esforzó en resaltar que la doctrina de la Iglesia sobre el Sagrado Corazón de Jesús no se origina a partir de las revelaciones a Santa Margarita Maria Alacoque, aun si estas hayan aportado el mayor ímpetu para la devoción en tiempos modernos. En lugar de eso, el Papa Pío XII con firmeza declaró que la doctrina y devoción de la Iglesia están basadas en las fuentes fundamentales de revelación: las Escrituras y la Tradición.

Ahora se debe hacer una pregunta importante: Cual es el juicio de la Iglesia sobre las revelaciones recibidas por Ida Peerdeman? El 31 de Mayo de 1996, el Obispo Hendrik Bomers, C.M. de Haarlem (la Diócesis que incluye a Amsterdam) y su Auxiliar, el Obispo Joseph Punt, publicaron una notificación haciendo una distinción entre las apariciones/mensajes recibidos por Ida Peerdeman por un lado y el título “La Señora de Todos los Pueblos” por el otro. Además especificaron:

En este momento la Iglesia no se puede pronunciar acerca del carácter sobrenatural de las apariciones y el contenido de los mensajes. Las personas tienen libertad para hacer un juicio personal de acuerdo a su propia conciencia.

La oración “Señor Jesucristo…” que incluye el título de “La Señora de Todos los Pueblos” desde 1951 ha disfrutado de la aprobación de la Iglesia por el Monseñor Huibers, quien era Obispo de Haarlem en esa fecha. Es nuestro juicio que no existe ninguna objeción en contra de la veneración pública de la Santísima Virgen María bajo este título.

Lo que también es de interés es que menos de un mes después de esta declaración, el 17 de Junio de 1996, la visionaria murió a la edad de noventa años. Su misa de funeral fue celebrada por el Obispo Bomers quien empezó su homilía en esa ocasión declarando que “Estamos hoy aquí reunidos como personas que amamos, admiramos y estimamos a Ida Peerdeman”. El año pasado, el primer Día Internacional de Oración en honor de La Señora de Todos los Pueblos fue celebrado en Amsterdam el 31 de Mayo de 1997. Aun con una mínima publicidad atrajo a 5,000 personas y llenó el auditorio donde fue presidida por el Obispo Bomers. El segundo Día de Oración se celebró en Amsterdam el 31 de Mayo de 1998 con 12,000 personas representando a 60 países presentes. En esa ocasión el Obispo Bomers anunció que hacía poco tiempo había establecido un comité teológico para estudiar las revelaciones recibidas por Ida Peerdeman. (Muy significativamente, después de haber permitido oficialmente la devoción a la Señora de Todos los Pueblos y después de haber un camino para una investigación teológica del mensaje, en la Festividad del Santo Nombre de María, el 12 de Septiembre de 1998, el Obispo Bomers fue llamado a su eterna recompensa).

Claro esta, los anteriores hechos no constituyen la aprobación que la Iglesia ha acordado a las apariciones de Nuestra Señora de Fátima en 1917, pero por el otro lado los recientes desarrollos pueden ser vistos como marcadamente positivos.

En un artículo tan relativamente corto es imposible comentar en detalle las muchas características de los mensajes recibidos por Ida Peerdeman. Podemos decir que tratan de un periodo de gran crisis en la Iglesia y en el mundo. Parecería que muchos de los elementos de estas palabras proféticas, que en algunas ocasiones son ilustradas en una forma apocalíptica, ya han sido verificadas. Aquí me debo limitar a los dos elementos mas importantes de estas revelaciones que se dan como un medio particular de obtener la proclamación del dogma: la oración y la pintura.

La oración fue dada en la Festividad de Nuestra Señora de Lourdes, el 11 de Febrero de 1951:

Señor Jesucristo, Hijo del Padre, envía ahora a Tu Espíritu sobre la tierra. Deja que el Espíritu Santo viva en los corazones de todos los pueblos, para que sean preservados de la degeneración, del desastre y de las guerras. Que la Señora de Todos los Pueblos, que una vez fue María, sea nuestra Abogada, Amen.

Igual como la oración compuesta por el Papa Juan XXIII para el Concilio, es una oración para un nuevo derramamiento de los dones del Espíritu Santo. Casi no hay necesidad de hacer comentarios sobre lo apropiado de rogar para ser “preservados de la degeneración, desastres y guerras”. Estos elementos caracterizan nuestro mundo moderno separado de sus raíces divinas en tantas formas.

Lo que casi siempre al principio incomoda las sensibilidades Católicas es la aparentemente extraña referencia a “la Señora de Todos los Pueblos, que una vez fue María”. La misma visionaria pensó que las palabras eran extrañas y las autoridades de la Iglesia ante quien tenía que acudir para obtener la aprobación de la oración en un principio solamente dieron permiso con la omisión de las palabras “que una vez fue María”. Esto hizo que Nuestra Señora insistiera el 28 de Marzo y el 2 de Julio de 1951 y otra vez el 17 de Febrero y el 6 de Abril de 1952 en que se debía dar permiso para la publicación de la oración en su totalidad. Esto finalmente fue concedido y el 5 de Octubre de 1952 Nuestra Señora le dijo a Ida que le dijera al Obispo que ella estaba satisfecha.

Pero porque esta insistencia? El 2 de Julio de 1951 (entonces observado como la Festividad de la Visitación) Nuestra Señora dijo:

Las palabras “que una vez fue María” significan: muchos pueblos han conocido a María solamente como María. Ahora, sin embargo, en esta nueva era que esta comenzando quiero ser la Señora de Todos los Pueblos. Todos entenderán esto.

El 6 de Abril del siguiente año ella explicó además que ella se convirtió en la Señora de Todos los Pueblos al pie de la Cruz donde Jesús le pidió que aceptara a Juan como su hijo (cf. Jn 19:26), que “fue en el Sacrificio de la Cruz donde se dio el cambio”. Las palabras de la oración de ninguna manera niegan que María es siempre María, sino que de una manera apropiada subraya la maternidad universal conferida a ella por Jesús.

La persistencia de Nuestra Señora en relación a las palabras de la oración me parecen particularmente significativas a la luz de la tendencia de muchos Mariologos desde el Concilio para dar un gran énfasis en la histórica “María de Nazaret” al mismo tiempo que tratan de hacer menos la exaltada posición a la cual la elevó Dios. Esta llamada “baja Mariología” se encuentra en muchos enfoques revisionistas de María tal como aquellos propuestos por los feministas radicales y los teólogos liberales.

Poco tiempo después de dar la oración, el 4 de Marzo de 1951 Nuestra Señora llamó la atención a la forma con la cual se le aparecía a la visionaria y pidió que se hiciera una pintura la cual debía ser distribuida junto con la oración. Ella está de pie sobre el globo rodeada por ovejas y delante de una cruz con sus manos extendidas (como en la medalla milagrosa) y emitiendo los tres rayos de Gracia, Redención y Paz. En las palmas de cada mano hay la cicatriz de una herida, un mudo testimonio de su íntima colaboración en el trabajo de nuestra redención. En una ilustración gráfica de la Corredentora como la describió Juan Paulo II el 31 de Enero de 1985 en Guayaquil, Ecuador, “crucificada espiritualmente con su hijo crucificado”. El cíngulo tiene la intención de ser un recordatorio de la tela de Jesús en la Cruz. El 31 de Mayo de 1951 la Señora dijo:

Por medio de la gracia de Mi Amo y Señor, y por amor a la humanidad, el Padre envió a Su único Hijo engendrado como Redentor al mundo. Juntos ahora quieren enviar al Espíritu Santo, el Espíritu de la Verdad, Quién solo El puede traer Paz. Por eso: “Gracia, Redención y Paz”. En esta era el Padre y el Hijo quieren enviar a María, “la Señora de Todos los Pueblos” como Corredentora, Mediadora y Abogada. Ahora ya te he dado una explicación clara y lúcida de la imagen.

Se puede obtener mas información sobre la Señora de Todos los Pueblos en el Centro de Acción de La Señora de Todos los Pueblos, P.O. Box 31481, St. Louis, MO 63131, EUA; tel: (314) 965-2863; fax: (314) 965-3806 o La Señora de Todos los Pueblos, Diepenbrockstraat 3, 1077 VX Amsterdam, Países Bajos; tel: (0031) 20-662-0504; fax: (0031) 20-471-1333.

Continue Reading

0

Por el Padre Peter Klos

El Padre Peter Klos, un Padre del Santísimo Sacramento de Amsterdam, Holanda, es un conferencista y autor internacionalmente conocido sobre el tema de las Apariciones Marianas en general y el mensaje de Nuestra Señora de Todos los Pueblos en específico. Antes era el capellán y amigo personal de la visionaria de Amsterdam, la finada Ida Peerdeman. Lo siguiente es el discurso presentado en la Conferencia Nacional en EUA de Vox Populi Mariae Mediatrici, en Mayo 30, 1999, en Dallas, Texas.

En el último siglo y medio, Nuestra Señora se ha aparecido muchas veces, y casi siempre a niños o a gente muy sencilla. Podemos hacernos la pregunta, ¿“Por qué María se aparece a los niños?” ¿Porque los niños son inocentes? ¿Porque los niños no pueden inventar los mensajes que Nuestra Señora les da? ¿Es acaso porque nosotros no creemos tan fácilmente? ¿Aún si los niños tuvieran la capacidad de engañar al mundo, aun cuando tuvieran la capacidad para hacerlo, acaso quisieran hacerlo?

Todas esas razones pueden ser ciertas, pero creo que todavía hay otra razón por la cual María escoge niños para dar sus mensajes al mundo. Porque los mensajes dados no son únicamente para los visionarios, sino para todo el mundo.Y qué es más fácil para nosotros que el identificarnos con las palabras y las visiones de los niños? Esas palabras y visiones de niños pueden ser entendidos por todos. No hay necesidad de una gran educación ni de un conocimiento especial. Cualquier persona puede entender las palabras de los niños porque son palabras de corazones sencillos. Y todos nosotros debemos tener corazones sencillos, especialmente en cuanto a los grandes misterios de Dios.

Desde 1945 hasta 1959 Nuestra Señora se le apareció a Ida Peerdeman en Amsterdam. Ida ya tenía más de cuarenta años, por lo tanto ya no era una niña. Pero era una mujer muy sencilla con muy poca educación. Nuestra Señora le hablaba a Ida como una madre cuando le habla su hija. Ella se presentó como una madre. Desde su primer mensaje Nuestra Señora le dice: “Me llamarán ‘La Dama’ (Mujer), Madre.” Esta es la “Madre” quien toma a su hija de la mano y le muestra en las siguientes treinta y cinco apariciones la situación del mundo.

Cuando una madre de niños pequeños es testigo de un terrible accidente, con personas muertas, no le cuenta a sus hijos los detalles sangrientos, pero simplemente dirá que fue terrible y que hubo personas lesionadas y muertas. Los niños tampoco piden estos detalles, y tampoco los necesitan. En cierta manera es igual con la Madre de Todos los Pueblos. Ella le muestra a Ida —nos muestra a nosotros— la situación del mundo y de la Iglesia sin mencionar los detalles explícitos. Todos podemos entender los detalles de acuerdo a nuestras propias experiencias. No hay mención de abortos, de masones, ni de ninguno de los otros obvios males que son explicados en otros mensajes de Nuestra Señora. La Señora de Todos los Pueblos, o mejor aún, la Madre de Todos los Pueblos, nos muestra una visión general y todos podemos reconocer en estas visiones a nuestro mundo y nuestra Iglesia.

Antes de que nuestra Madre nos conduzca al tiempo presente —y en las visiones proféticas a la segunda mitad de nuestro siglo— le mostró a Ida una visión que coloca un mensaje en la historia de la salvación. Colocó un crucifijo en la mano de Ida y le dijo: “Escucha, humanidad. Conservarás la paz si crees en Él. Que esto se conozca”. La cruz de Jesucristo es el corazón de su mensaje. Entonces a Ida se le muestra el Éxodo de los Israelitas de la tierra de Egipto con una representación de Dios Padre encima de ellos en las nubes. Dios Padre sostiene Su mano sobre sus ojos y la Señora dice: “Yahweh está avergonzado de Su pueblo.”

Entonces Ida ve una visión de Caín y Abel y una quijada de asno en el suelo frente a ella, representando el odio y las matanzas entre el pueblo como un efecto directo del pecado original. Esto es seguido por una visión de la Procesión Milagrosa de Amsterdam, una procesión en honor del Santísimo Sacramento que tiene sus orígenes en el milagro Eucarístico de Amsterdam del siglo catorce. Los mensajes de la Señora de Todos las Naciones tratan de un nuevo Éxodo del pueblo de Dios, de la oscuridad de nuestros tiempos hacia el Reino Eucarístico de nuestro Señor Jesucristo. Otra vez Dios está avergonzado de Su pueblo —aun más que en los tiempos de Caín y Abel y los tiempos de Noé. El pueblo de Dios ha olvidado a su Dios —y Padre— quien es un Dios que desea conducir a Sus hijos fuera de la esclavitud del pecado.

En las primeras treinta apariciones la Señora lleva a Ida a todas las partes del mundo y la situación es muy parecida en todos lados: luchas, guerras, hambres, caos político, injusticias, falsas religiones, errores y herejías dentro de la Iglesia. Las visiones son proféticas y muestran lo que iba a suceder en la segunda mitad de nuestro siglo. “Desastre tras desastre” y una confusión cada vez mayor en la Iglesia. La Señora explica lo que está sucediendo: “De repente, veo a la Señora sentada frente a mí, y vestida de luto con un velo blanco sobre Su cabeza. Se ve muy vieja. Se ve inclinada. La Señora dice: ‘Estamos en la oscuridad; es la degeneración de la humanidad’. Entonces veo un crucifijo delante de mi, y el cuerpo se desliza de la cruz, y la madera se queda sola. ‘El camino de la cruz comienza de nuevo’ dice la Señora (Mayo 7, 1949). La tarea de la Señora es conducir a la humanidad de regreso a la Cruz, a Su Hijo. El 29 Abril de 1951 le dice a Ida: “Mi propósito y mi encargo para ti es tan solo que le insistas a la Iglesia, a los teólogos, que den esta batalla. Porque el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo quisieron enviar a la Señora, escogida para traer al Redentor a este mundo, como la Corredentora, y Abogada. Yo he dicho: ‘Este tiempo es nuestro tiempo’. Con esto quiero decir lo siguiente: el mundo está atrapado en la degeneración y el superficialismo. Es una pérdida. Por lo tanto, el Padre me envía como la Abogada, para implorar al Espíritu Santo que venga. Porque el mundo no se salvará por la fuerza, el mundo se salvará por el Espíritu. Son sólo ideas las que gobiernan al mundo. Debes conocer tu responsabilidad entonces, Iglesia de Roma. Comunica tus ideas: trae a Cristo al mundo una vez más”.

La misión de la Señora de Todos los Pueblos es traer la plenitud de la “Era Mariana” y de las profecías Marianas dadas en este siglo. Y el medio para lograr esto es un nuevo y último Dogma. Debido a la importancia del Dogma en este contexto, permítanme presentar muchos de los mensajes relevantes verbatim. Debido a la naturaleza directa y auto-explicatoria de los mensajes, simplemente voy a leer los mensajes más pertinentes de Nuestra Señora de Todos los Pueblos sin comentario alguno.

Abril 15, 1951: “El Hijo vino al mundo como el Redentor de los hombres, y el trabajo de redención fue la Cruz, con todos sus sufrimientos tanto de cuerpo como de Espíritu. Pero primero repito: el Hijo vino al mundo como el Redentor de la humanidad. El trabajo de Redención fue la Cruz. El fue enviado por el Padre. Ahora, sin embargo, el Padre y el Hijo quieren enviar a la ‘Señora’ a todo el mundo. En el pasado, también, ella vino antes que el Hijo y lo siguió a El. Por esta razón estoy de pie sobre el mundo, en el globo.” Ahora la Señora se pone de pie delante del mundo, como la Madre del Hijo, quien con El ha realizado este trabajo de redención. La Señora está de pie allí como la Corredentora y Abogada. “Acerca de esto surgirá mucha controversia”.

Abril 29, 1951: “Repite esto después de mi: ¨El nuevo Dogma será el Dogma de la ´Corredentora’. Observa que hago un énfasis especial en ‘Co’. He dicho que esto causará una gran controversia. En el sufrimiento, tanto espiritual como corporal, la Señora, la Madre ha compartido; ella siempre ha ido por delante. Tan pronto como el Padre la eligió, ella fue la Corredentora con el Redentor, quién vino al mundo como el Hombre-Dios. Di eso a tus teólogos. Lo se bien, la batalla será dura y amarga (y entonces la Señora se sonríe para si misma y parece ver a lo lejos), pero el resultado ya esta asegurado”.

Mayo 31, 1951: “Observa con cuidado, estoy de pie delante de la Cruz del Redentor. Mi cabeza, mis manos y mis pies son los de un ser humano, igual que los del Hijo del Hombre. El resto le pertenece al Espíritu. Mis pies están firmemente plantados sobre el globo, porque es el deseo del Padre y del Hijo enviarme al mundo en estos tiempos como la Corredentora, Mediadora y Abogada. Esto constituirá un nuevo y último Dogma Mariano. Este Dogma será muy discutido y aun así prevalecerá.

“Te he repetido estas cosas para que tu una vez más las aclares a tu director y los teólogos y puedas refutar sus objeciones”. Entonces la Señora espera un rato y mira delante de ella y continúa: “Teólogos, Ustedes no deben tener ninguna dificultad si consideran que el Amo y Señor había predestinado a la Señora para el sacrificio. Porque la espada ya había sido dirigida al corazón de la Madre. Mi significado es que yo siempre he ido delante del Hijo en sufrimiento espiritual y físico”.

Julio 2, 1951: “Ahora observa bien y escucha. Lo siguiente es la explicación del nuevo Dogma: como Corredentora, Mediadora y Abogada estoy de pie sobre el globo en frente de la Cruz del Redentor. Por la Voluntad del Padre, el Redentor vino a la tierra a realizar esto. El Padre empleó a la Señora, por lo tanto, de la Señora, el Redentor recibió solamente —enfatizo la palabra ‘solamente’— carne y sangre, en otras palabras, el cuerpo. De mi Amo y Señor, el Redentor recibió Su Divinidad. De esta manera la Señora se convirtió en Corredentora”.

Agosto 15, 1951: “Veo la Señora. Ella dice: ‘Hoy he venido como la Señora de Todos los Pueblos’. Entonces la Señora hace un movimiento a su alrededor y, viéndome dice, ‘He aplastado la serpiente con mi pie. Me he unido a mi Hijo como siempre he estado unida con El. Este es el Dogma que había estado antes en la historia de la Iglesia. Como Corredentora, Mediadora y Abogada estoy aquí de pie, ahora en este tiempo, en nuestro tiempo. El Dogma de la Asunción lo tenía que preceder. El último y más grande Dogma está por venir. El Sacrificio está y estará en el centro del mundo, en esta era. Esta es la Voluntad del Padre y el Hijo, con quién he sido totalmente reunida. Igual como el Hijo me conoció (en la tierra) así El me trajo de regreso. El último Dogma Mariano —la Señora de pie delante de la Cruz, la Corredentora en este tiempo presente— será el principal Dogma.

Noviembre 15, 1951: “La Señora de Todos los Pueblos está aquí de pie delante de la Cruz de su Hijo. Sus pies están colocados sobre el centro de la tierra; a su alrededor está el rebaño de Jesucristo. Vengo como la Corredentora y Mediadora en esta ocasión. En la Anunciación ya era Corredentora. (Ahora le pregunto a la Señora lo que eso significa). “Esto significa que la Madre se convirtió en Corredentora por la Voluntad del Padre. Diles esto a tus teólogos. Diles, sin embargo, que este será el último en la historia Mariana”.

Diciembre 31, 1951: La Señora, “Transmite lo siguiente de manera exacta: el Padre, el Amo y Señor, ha querido que la esclava del Señor venga a este mundo como Miriam o María. Ella fue escogida de entre todas las mujeres como Corredentora, Mediadora y Abogada. Diles a tus teólogos: ella fue hecha Corredentora, desde el principio. Este tiempo es nuestro tiempo. La Señora de Todos los Pueblos está de pie en el centro del mundo delante de la Cruz. Ella entra en el tiempo como Corredentora, Mediadora y Abogada. Ella pasará a la historia Mariana con este título. El nuevo y último Dogma en la historia Mariana será el Dogma de la Corredentora, Mediadora. Ahora estoy como Abogada en estos ansiosos tiempos. La Señora está aquí como la Abogada. Es el Creador el que nos concierne y no la Señora. Dile esto a tus teólogos””

Febrero 17, 1952: La Señora prosigue, “El Amo y Señor eligió una mujer llamada Miriam o María de entre todos los pueblos del mundo. Ella estaba destinada a través de la Voluntad del Padre para traer al Hijo del Hombre al mundo, junto con Su Iglesia y la Cruz. La Señora era la esclava del Señor. Ella dio a luz al Hijo del Hombre por medio de la Voluntad del Padre y por lo tanto estaba necesariamente aliada con la Iglesia y la Cruz. Esta mujer está de pie delante de ti en este tiempo presente como la Corredentora, Mediadora y Abogada. Deja que las siguientes palabras penetren bien: la (Mujer o) Señora de Todos los Pueblos, puede otorgar y otorgará a todos los pueblos del mundo que acudan a ella -gracias, redención y paz-. Sin embargo, sobre ti cae la tarea de presentar a la Señora de Todos los Pueblos a todo el mundo”.

Abril 6, 1952: “Este tiempo es nuestro tiempo. El Dogma que está por venir es el último Dogma Mariano, o sea, la Señora de Todos los Pueblos como Corredentora, Mediadora y Abogada. En el Sacrificio de la Cruz el Hijo anunció este título a todo el mundo. Seas tu quien seas, Yo soy para ti la Señora”.

Junio 15, 1952: Después de esto la Señora se queda mirando delante de ella un largo rato, después comienza a hablar otra vez, diciendo: “La Señora que una vez fue María. Sólo en la partida del Señor Jesucristo tuvo su inicio la corredención. Solamente cuando partió el Señor Jesucristo es que ella se convirtió en la Mediadora y Abogada. En su partida, el Señor Jesucristo le dio a todos los pueblos la ‘Señora de Todos los Pueblos’. Ahora ya ha llegado el momento para que anuncie este título al mundo. Dile esto a tus teólogos”.

Octubre 5, 1952: “Aquí estoy de nuevo. He venido a traer un mensaje especial, transmite todo bien. Nunca se ha sabido que Miriam o María en la comunidad de la Iglesia, haya sido oficialmente llamada Corredentora. Nunca ha sido oficialmente llamada Mediadora. Nunca ha sido oficialmente llamada Abogada. Estos tres pensamientos no están nada más estrechamente conectados, sino que forman un solo pensamiento. Por lo tanto, este será la piedra angular de la historia Mariana; se convertirá en el Dogma de la Corredentora, Mediadora y Abogada. No reprocho a los teólogos si les digo: ¿por qué no pueden ponerse de acuerdo acerca de este Dogma? Una vez más lo explicaré y lo haré más claro todavía: El Padre envió al Señor Jesucristo como el Redentor de todos los pueblos. El Señor Jesucristo era esto desde el principio. Se convirtió en esto en el Sacrificio y en Su ida al Padre. Miriam o María se hizo la esclava del Señor, escogida por el Padre y por el Espíritu Santo. Ella era desde el principio en virtud de esta elección, la Corredentora, Mediadora y Abogada de todos los pueblos. Tan sólo en la partida del Dios-Hombre, el Señor Jesucristo, ella se convirtió en Corredentora, Mediadora y Abogada. En su partida, en un acto final, el Señor Jesucristo les dio a los pueblos a Mariam o María, se las dio como la Señora de Todos los Pueblos.

“El dijo estas palabras: ‘Mujer, ahí tienes a tu hijo; Hijo, ahí tienes a tu madre’ –¡un acto! Y con esto, Miriam o Maria recibió este nuevo título. ¿Por qué es que este nuevo título –La Señora de Todos los Pueblos– apenas entra ahora en el mundo? Los otros Dogmas tenían que llegar antes; igual como su vida en la tierra tenía que preceder a la Señora de Todos los Pueblos. Todos los Dogmas anteriores constituyen la vida y partida de la ‘Señora’. Para los teólogos esta simple explicación debe ser suficiente. Fue necesario dar esta explicación una vez más”.

Diciembre 8, 1952: “Mi mensaje hoy está destinado para todos los pueblos. Estoy entrando en estos tiempos como la Corredentora, Mediadora y Abogada. En un acto el Señor le dio a María estos tres títulos –le dio estos tres conceptos en un acto significativo. Este Dogma será muy discutido, por lo tanto, he dado esta explicación detallada una vez más”.

Abril 4, 1954: Veo a la Señora de pie con una mirada seria en su cara. Ella me dice: “Una vez más estoy aquí. ¡Escucha bien! Desde el principio la esclava del Señor fue escogida para ser la Corredentora. Dile a tus teólogos que pueden encontrar todo en sus libros.”
La Señora hace una breve pausa, después sonriendo para ella misma dice; casi en un susurro, “No estoy trayendo una nueva doctrina. Ahora estoy trayendo antiguas ideas”. Hace otra pausa y después continúa: “Debido a que la Señora es Corredentora, también es Mediadora y Abogada; no nada más porque es la Madre del Señor Jesucristo, sino –¡anótalo bien!– porque es la Inmaculada Concepción”.

“Teólogos, les pregunto: ¿Todavía tienen objeciones a este Dogma? Ustedes encontrarán estas palabras e ideas. Les pido que trabajen para este Dogma. No, no teman nada. Habrá un enfrentamiento. Los otros en verdad los atacaran, pero la simpleza de este Dogma yace en estos últimos pensamientos que María, la Señora de Todos los Pueblos, les coloca delante de Ustedes hoy. ¡Luchen y pidan este Dogma, es la Coronación de su Señora!” (La Señora dice esto con énfasis en casi cada palabra). Después se queda mirando delante de ella durante un rato con una expresión particular en su cara, como mirando a la distancia y dice: “La Señora, la esclava del Señor, fue escogida y dio fruto por el Espíritu Santo. La Señora fue escogida. También estuvo presente cuando bajó el Espíritu Santo. El Espíritu Santo tenía que venir sobre los Apóstoles” (y levantando su dedo agrega con énfasis) “¡los primeros teólogos! Por esta razón el Señor quiso que Su Madre estuviera presente allí. Su Madre, la Señora de Todos los Pueblos, la Corredentora, Mediadora y Abogada, en la presencia de uno de los Apóstoles, un teólogo, para que sean testigos. Porque el tenía que cuidar de la ‘Madre’. Ella tenía que cuidar de sus ‘Apóstoles’.

Ahora la Señora voltea hacia mí y dice con énfasis: “Esta es la última vez que la Señora habla de este Dogma. Regresará, pero para otros asuntos. Dile a tus teólogos, sin embargo, que ahora tienen todo en sus manos. Ahora tienen que realizar la Voluntad del Señor Jesucristo. Este Dogma debe venir como la piedra angular de los pensamientos Marianos. Dile a los teólogos que la Señora de Todos los Pueblos verá su cumplimiento”.

La Señora de Todos los Pueblos (o ‘La Madre de Todos los Pueblos’) ha venido en nuestros tiempos para explicar la Voluntad del Padre en cuanto a su rol como Corredentora, Mediadora y Abogada. Este Dogma es la clave para el Triunfo de su Inmaculado Corazón y la próxima Era de Paz, de acuerdo a las profecías de Fátima. La proclamación del Dogma es necesaria para el derramamiento de dones del Espíritu Santo, el milagro del Segundo Pentecostés.

Un Dogma es la traducción teológica de un misterio de fe. El Dogma Mariano propuesto revela el misterio de luz y amor que María tiene para nosotros: una Madre que constantemente intercede por sus hijos y quien llevará a la humanidad a su Hijo, el Señor Jesucristo, para que finalmente Su Reino Eucarístico pueda ser establecido en la tierra.

Que la Iglesia, a través de la intercesión de la Señora de Todos los Pueblos, proclame pronto a María como Corredentora, Mediadora y Abogada, y le dé al mundo su Madre.

Continue Reading

0

Por el Padre Thomas Teiji Yasuda, S.V.D.

El Padre Thomas Aquinas Yasuda es considerado como la máxima autoridad del mundo en cuanto al Mensaje y a las apariciones aprobadas por la Iglesia de Nuestra Señora de Akita, Japón. El Padre Yasuda ha sido el director espiritual de la visionaria, Sor Agnus Sasagawa de Nuestra Señora, la cual es cálidamente conocida como la “Fátima del Oriente”. El siguiente artículo fue leído en la Conferencia Internacional de Vox Populi Mariae Mediatrici, en Roma, Mayo 31, 1997.

En Abril 22, 1984, el Obispo John Shojiro Ito, el ordinario local de una diócesis donde ocurrieron las apariciones Marianas, emitió una carta pastoral en la cual autorizaba la veneración de la Santa Madre de Akita. En la carta pastoral, el Obispo Ito declaró la autenticidad sobrenatural de tres mensajes Marianos a una monja Japonesa, o sea los mensajes de un ángel y otros eventos misteriosos desde 1973 en un convento en Akita, al norte de Japón. Akita pertenece a su diócesis.

Su sucesor ordinario local, el Obispo Francisco K. Sato, ha continuado la autorización de su predecesor en cuanto a la veneración de la Santa Madre de Akita. Gracias a la autorización de estos dos obispos diocesanos para la veneración de la Santa Madre de Akita, peregrinos de todas partes -algunos 50 países- han llegado hasta el convento de las apariciones en los últimos 13 años. Las peregrinaciones continúan hasta el día de hoy.

Aquí, me gustaría llamar su atención al hecho de que Akita, Fátima y Lourdes tienen un decisivo desarrollo Providencial —un ordinario local declaró en una carta pastoral la verdad sobrenatural de la aparición Mariana. En Lourdes, el Obispo Bertrand Laurence lo hizo el 18 de Enero de 1862; en Fátima, el Obispo José de Silva emitió su carta pastoral el 13 de Octubre de 1930; y en Akita, el Obispo Ito hizo lo mismo en 1984.

Los misteriosos eventos en Akita se centran principalmente en una estatua de madera de la Santísima Virgen María en el convento de las Doncellas de la Santa Eucaristía. La estatua está de pie sobre un globo con una cruz parada detrás de su cuerpo. La estatua extiende ambas manos ligeramente hacia abajo. La estatua fue tallada por un escultor Budista Japonés, Saburo Wakasa, quién usó una pequeña tarjeta de la imagen de “La Señora de Todas las Naciones” de Amsterdam como su modelo. La talló hace unos 30 años y agregó las características faciales de una típica mujer Japonesa a la imagen de la Señora de Todas las Naciones. La estatua derramó lágrimas por primera vez el 4 de Enero de 1975. Era un Sábado en la mañana. La segunda y tercera ocasiones de lágrimas ocurrieron en la tarde y en la noche del mismo día. La última lacrimación, la número 101, ocurrió el 15 de Septiembre de 1981, o sea en la festividad de los Siete Dolores de la Santísima Madre María.

El número “ciento uno” de los 101 episodios de lacrimaciones, tiene un profundo significado que explicaré después.

Soy un sacerdote católico que he presenciado con mis propios ojos, casi todos los 101 episodios de lacrimaciones de la estatua, exceptuando tres de esos ellos. El Obispo John Ito me nombró director espiritual de este convento en 1974 —un año antes de que comenzaran las lacrimaciones-. Cada vez que la estatua lloraba, alguien me notificaba y me llamaban para ir a la escena. En todas las ocasiones de mis encuentros con estos incidentes, les pedí a los testigos que rezaran cinco décadas de los Misterios Dolorosos del Rosario en frente de la estatua que lloraba. En todas las ocasiones en que quedaban lágrimas en la estatua después de haber terminado el rezo conjunto del rosario, yo juntaba las lágrimas con cotonetes. Estos cotonetes, junto con etiquetas indicando la fecha de cada lacrimación, han sido conservados como una preciosa evidencia sólida, y se guardan dentro de un recipiente de madera con una tapa de vidrio.

El porqué la estatua derramaba lágrimas, había permanecido como una pregunta sin respuesta durante varios años. Algunas personas interpretaron las lacrimaciones como la advertencia de la Santísima Madre en contra de los pecados de los hombres modernos. Desde el inicio de esa serie de lacrimaciones, yo había pensado que pudiera haber una profunda relación entre las lágrimas de la estatua y el hecho histórico de que la Santísima Virgen María había llorado en el Calvario, cuando vio a su Divino Hijo Jesucristo redimir a la humanidad por medio de Su sangriento sacrificio en la Cruz.

En 1981, un misterioso evento me enseñó que Dios hizo que la estatua llorara para enseñarle a la Iglesia Católica Romana la verdad de la Corredención por la Santísima Virgen María llamando la atención de la Iglesia a los sufrimientos y lágrimas de María al pie de la Cruz. Me ha sido dada esta comprención después de que un ángel explicara el profundo significado de las 101 lacrimaciones de la estatua a sor Agnes Katsuko Sasagawa, una de las monjas en el convento. Sor Agnes inmediatamente corrió a mi oficina para contarme el mensaje angélico después de la aparición.

El mensaje y las lágrimas constituyen revelaciones privadas. Aquellos que recibieron el mensaje y fueron testigos de los misteriosos eventos no tienen la tarea de definir o promulgar una doctrina o dogma de la fe. Sin embargo, no significa que el mensaje y las lágrimas puedan ser ignoradas. Este mensaje relacionado con la Corredención y las lágrimas de la estatua de la Santísima Virgen María tienen el mismo profundo significado que las apariciones Marianas en Lourdes en 1858.

Cuando el Papa Juan Paulo II defina y promulgue al mundo la Corredención de la Santísima Virgen María como un dogma de fe, entonces los verdaderos creyentes Católicos de todo el mundo, aceptarán estas revelaciones privadas en Akita como eventos invaluables por medio de los cuales Dios explicó la verdad de la Corredención, igual como han aceptado las apariciones Marianas en Lourdes.

En Lourdes, Bernadette Soubirous fue testigo de como la Santísima Virgen María emitió una luz esplendorosa de su majestuosa figura en la gruta de Massabielle, un total de dieciocho veces. Dios le enseño a la Iglesia Católica Romana, a través de las experiencias de Bernadette, que esta esplendorosa figura de la Santísima Virgen en sí misma significa su Inmaculada Concepción, además de las mismas palabras de la Santísima Madre: “Yo soy la Inmaculada Concepción.”

No obstante que el dogma de la Inmaculada Concepción había sido promulgado al mundo por el Papa Pío IX cuatro años antes de las apariciones, el contenido del dogma permaneció como un tema difícil de entender y aceptar en los corazones de los laicos Católicos ordinarios. Como resultado de esto, el dogma no podía entrar en los corazones de los Católicos creyentes del mundo, aún después de varios años de su promulgación ex-cátedra.

Entonces, Dios envió a la Santísima Virgen María a Lourdes como un gran regalo divino para todos los creyentes Católicos. Hoy, sabemos que muchas estatuas con la imagen de la Santísima Virgen María en Lourdes han sido colocadas en muchas iglesias Católicas en todo el mundo para festejar la divina intervención en 1858.

Estos desarrollos sugieren que el Dogma de la Inmaculada Concepción no hubiera podido ejercer su efecto favorable de reforzar la fe de los laicos ordinarios si las apariciones Marianas en Lourdes no hubiesen ocurrido y por lo tanto no hubiesen influido profundamente en esos laicos. Estas apariciones les han ayudado a los laicos ordinarios a entender este dogma, y la fe de cada creyente se ha incrementado por su mayor entendimiento del dogma.

En términos generales, aun si un dogma es promulgado como una verdad de fe por un Papa, la verdad sigue siendo difícil de entender desde el punto de vista de los creyentes Católicos ordinarios. El Apóstol Pablo dijo en su carta a los Romanos (12:6), “Nuestros dones difieren de acuerdo a la gracia que se nos ha dado. Si tu don es la profecía, entonces úsalo de conformidad con las enseñanzas de la fe.” Aquí San Pablo le enseña a la Iglesia Católica que la verdad del contenido de una profecía o mensajes de una supuesta aparición, pueden y deben ser juzgados al examinarlos para ver si corresponden con los dogmas y las doctrinas Católicas. Esto es porque las expresiones de los dogmas son enunciados por los seres humanos bajo la inspiración del Espíritu Santo.

Lo que San Pablo dijo aquí se aplica a Lourdes, donde Dios hizo los arreglos para que el dogma de la Inmaculada Concepción fuera explicado de una manera que pudiera ser entendido por los creyentes Católicos ordinarios al relacionar el difícil dogma a esas apariciones Marianas.

Como todos Ustedes ya saben, nuestro Santo Padre, el Papa Juan Paulo II, en varias ocasiones ha hecho alusión a la Corredención de la Santísima Virgen María a través de su encíclica Redemptoris Mater y de las explicaciones en sus audiencias generales, aun cuando todavía no lo define y promulga como dogma.

Si los creyentes Católicos de todo el mundo llegasen a entender que los 101 episodios de lacrimaciones de la estatua de la Santísima Virgen María en Akita significan su Corredención, entonces podrían entender y aceptar el próximo dogma de la Corredención en sus corazones con más facilidad, igual como las apariciones Marianas en Lourdes les ayudaron a los creyentes a entender el dogma de la Inmaculada Concepción.

La verdad de la Corredención contiene un sutil detalle teológico. Por lo tanto, es difícil que los Católicos ordinarios entiendan la verdad.

Es realmente sorprendente que Dios haya revelado ésta difícil verdad en Akita en una forma fácilmente entendible para los creyentes ordinarios Católicos — o sea, al hacer que la estatua derramara lágrimas que simbolizan sus sufrimientos maternos en el Calvario, los cuales ofreció al Padre Celestial como Corredentora al dar su total consentimiento a la inmolación de su Divino hijo Jesús en la Cruz.

La voluntad de Dios era que María sufriera junto con Jesús de conformidad con Su eterno plan de Salvación. Fue aun más doloroso para María el consentir a la inmolación de su Hijo que su muerte física. Ella ofreció sus sufrimientos a Dios, por lo tanto actuando de conformidad con el plan de Dios para la salvación de la humanidad.

Claro está, nadie debe interpretar que la Redención de Jesús y la Corredención de María están al mismo nivel de valor. San Pablo dice en su Primera Carta a Timoteo (2:5-6), “Porque hay un solo Dios, y hay un solo mediador entre Dios y la humanidad, El mismo un hombre, Jesucristo, quién se sacrificó a sí mismo para pagar el rescate de todos los hombres:”

Se deben entender las diferencias esenciales entre la Redención de Jesucristo y la Corredención de María, teniendo presente las diferencias ontológicas entre las personas de Jesús y de María. La Divina Persona de Jesucristo, quién asumió una naturaleza humana, ofreció Su cuerpo al Padre Celestial como el Sacrificio y sufrió en Su carne humana y alma para redimir a la humanidad.

En ese momento, María, observando el sacrificio de su hijo desde el pie de la Cruz, dio el pleno consentimiento a la inmolación y ofreció a su amado hijo al Padre Celestial, en base a la persona humana de María. En verdad, María padeció dolores espirituales muy agudos cuya intensidad está más allá de la imaginación de cualquier ser humano. Dios llamó nuestra atención a los sufrimientos de María al hacer que la estatua en Akita derramara lágrimas.

Ninguna sabiduría humana podrá llegar a comprender la profundidad del abandono de María en el amor de Dios, que hizo que mostrara una profunda obediencia al Padre Celestial como Su doncella, desde el momento de la Anunciación hasta el momento de la Redención por su hijo Jesús en la Cruz.

Su primera acción pública como especial cooperadora del Redentor registrada en las Escrituras, fue la presentación del niño Jesús a Dios en el Templo, en el cuadragésimo día después del nacimiento del Redentor de acuerdo con la Ley del Señor. Entonces, ofreció al niño Jesús a Dios y en silencio, expresó su voluntad para consentir a la futura inmolación de su hijo, desde el punto de vista de Su madre.

Entonces, el justo y anciano profeta Simeón, le profetizó el misterio de su misión como Corredentora: “Éste, está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción —¡y a ti misma una espada te atravesará tu alma!- (Lc 2:35).”

El Significado más Profundo de las Lágrimas de la Estatua

El 15 de Septiembre de 1981, alrededor de las dos de la tarde, la estatua de la Santísima Virgen María derramó lágrimas por la ocasión número 101. Un total de 65 personas, incluyéndome a mí, fuimos testigos ese día. Las lágrimas nos llegaron a todos al corazón, especialmente porque ese día era la festividad de los Siete Dolores de la Santísima Virgen María. Ninguno de los presentes podía prever, sin embargo, que Dios había deseado que este episodio fuera la última lacrimación de la estatua.

El treceavo día a partir de esa fecha, o sea el 28 de Septiembre, Sor Agnes sintió la presencia de un ángel a su lado durante sus oraciones silenciosas frente a la Sagrada Eucaristía expuesta, lo cual se daba después del rezo del Rosario junto con las hermanas en la capilla.

Sor Agnes no vio el ángel en persona en esa ocasión. Pero la misteriosa visión de una hermosa y majestuosa Biblia rodeada por una luz celestial surgió delante de ella. El ángel le dio instrucciones para que leyera una pasaje de las Escrituras. En una página abierta de la Biblia, reconoció la referencia: — Versículo 15, Capítulo 3 del Génesis. Entonces, oyó la voz del ángel que le decía, en la forma de un preámbulo, que había una profunda relación entre este pasaje y las lágrimas de la Santísima Virgen María.

El ángel continuó diciendo, “Hay un profundo significado al número 101 con los 101 episodios de las santas lacrimaciones de la estatua de la Santísima Virgen María. Esto significa que el pecado entró al mundo a través de una mujer y que es también a través de una mujer que la gracia de la salvación entró al mundo. El cero, que está entre los dos ‘unos’, significa Dios que existe desde toda la eternidad hasta la eternidad. El primer ‘uno’ representa a Eva, y el último ‘uno’ representa a la Santísima Virgen María.”

Entonces el ángel le dio otra vez instrucciones para que volviera a leer el Versículo 15 del Capítulo 3 del Génesis, y le dijo, “Le debes transmitir este mensaje al sacerdote Católico que te ha dado la guía espiritual.” Entonces el ángel se fue. Al mismo tiempo desapareció la visión de la Biblia.

Después de la adoración de la Santa Eucaristía, Sor Agnes corrió a mi oficina y me pidió que verificara el pasaje. Abrí la Biblia y encontré el pasaje que tiene el anuncio profético de Dios a Satanás. “Enemistad pondré entre tí y la mujer, entre tu linaje y su linaje: Ella te pisará la cabeza mientras acechas tú su calcañar.”

Fue por medio del mensaje del ángel, quién citó el Versículo 15 del Capítulo 3 del Génesis, que se pudo entender el profundo significado de las lágrimas de la Santísima Virgen María. Esto significa que las lágrimas de la estatua resultaron del objetivo Divino de llamar la atención de todos los Católicos Romanos a los sufrimientos de María al pie de la Cruz como Corredentora. Las lágrimas milagrosas fueron creadas por Dios para enseñarle a toda la Iglesia Católica Romana que la Santísima Virgen María sufrió y lloró como la Madre de Jesucristo en su noble acto de Corredención, cuando dio su pleno consentimiento a Su inmolación.

Cuando nuestra Santísima Madre María observó a Jesús crucificado para redimir a la humanidad, consintió al sacrificio de su Hijo y ofreció a su Hijo al Padre Celestial. Sus intensos sufrimientos espirituales (a la luz del evento de perder a su amado Hijo Jesús), sin embargo, hizo que derramara lágrimas de sus ojos físicos. De todas maneras, la Santísima Madre María soportó los sufrimientos.

Las lacrimaciones de la estatua de la Santísima Madre María en el Convento en Akita es igual a las experiencias misteriosas de Santa Bernadette, quién fue testigo de la visión de María la Inmaculada Concepción en la gruta de Massabielle. He oído que muchas estatuas de María derramaron lágrimas en diversos sitios alrededor del mundo. Pero el significado de ninguna de estas lacrimaciones ha sido explicado por medio de la referencia de un ángel a las Escrituras.

En Akita, Dios relacionó las lágrimas de la estatua de la Santísima Virgen María con el próximo dogma de la Corredentora, al hacer que las mismas lágrimas significaran el próximo dogma con anticipación. En este sentido, las lágrimas fueron una Divina profecía mística del dogma. Si confirmamos que el significado de los 101 episodios de las lacrimaciones de la estatua puede ser claramente explicado por las palabras de las Escrituras, entonces podemos concluir que las lac rimaciones son realmente Revelaciones Divinas y que tienen un origen sobrenatural celestial.
Para confirmar esto, examinemos la profunda Cristología del Apóstol San Pablo en su carta a los Romanos, en la cual San Pablo, inspirado por Dios, identificó a Jesucristo como el nuevo Adán. San Pablo escribió, “Por tanto, como por un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte, y así la muerte alcanzó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron;… (Romanos 5:12).”

“Adán prefiguró al que había de venir. El don mismo [de la Redención] sobrepasó por mucho a la caída. Si es cierto que por la caída de un hombre murieron muchos, es aún más cierto que la gracia divina, que venía por un hombre, Jesucristo, les llegó a muchos como un abundante don gratuito. Los resultados del don también sobrepasaron los resultados del pecado de un hombre (Romanos 5:15-16).”

Debido a que la verdad del contraste entre el viejo Adán y el nuevo Adán, Jesucristo, fue explicado por San Pablo, es natural concluir que San Pablo estaba también consciente de un contraste similar entre la antigua Eva y la nueva Eva, María, la Madre de Dios. Esto es porque el pecado de Adán tiene relación con el pecado de Eva, quién tentó a Adán para desobedecer la orden de Dios. Es evidente que la gracia de la Redención de Jesucristo, el Redentor, vino al mundo de acuerdo al plan de Dios, quién quiso que Jesús naciera de María, la Inmaculada Concepción, la Nueva Eva.

Ahora, consideremos una analogía entre la Cristología de San Pablo y la explicación del ángel acerca de la misión de nuestra Santísima Madre María, dada a Sor Agnes para nosotros. El ángel dijo: “Hay un profundo significado al número 101 de los 101 episodios de las santas lacrimaciones de la estatua de la Santísima Madre María. Esto significa que el pecado entró en el mundo por una mujer y que es también por una mujer que la gracia de la salvación entró en el mundo…. El primer ‘uno’ representa a Eva, y el último ‘uno’ significa la Santísima Madre María.”

San Pablo comparó al nuevo Adán, Jesucristo, el Redentor, con el viejo Adán, un pecador. En el mensaje de Akita en 1981, Dios quiso que el ángel revelara el contraste entre la antigua Eva, quién tentó a Adán para que pecara, y la nueva Eva, nuestra Santísima Madre María, quién dio a luz al Salvador. Los 101 episodios de las lacrimaciones de la estatua significan esta verdad: Dios integró a María como una parte inseparable de Su plan de Redención desde toda la eternidad.

Siempre que la Hermana Agnes tenía encuentros con eventos sobrenaturales que no podían ser explicados como fenómenos naturales —ya sean mensajes de la Santísima Madre o del ángel— la hermana, antes que nada, reportaba dichos eventos al Obispo John Ito o a mi mismo, solicitando guía espiritual. En ninguna ocasión la Hermana Agnes anunció ella misma esos eventos al público. Cuando recibió el mensaje más importante que explicaba el significado de los 101 episodios de lágrimas de la estatua, también reaccionó de la misma manera.

La autenticidad sobrenatural de las lágrimas de la estatua de la Santísima Madre María fue sustanciado y corroborado por otros dos milagros objetivos.

Uno de ellos, es la curación milagrosa de un cáncer cerebral en 1981 de una ama de casa de Corea del Sur, la Sra. Teresa Chun Sun Ho. La Sra. Chun había entrado en coma a causa de los tumores cerebrales que la redujeron a una existencia meramente vegetativa. Sus parientes, familiares y amistades le rogaron a la Santísima Madre María de Akita que curara a la mujer encamada colocando la fotografía de la estatua de las lágrimas junto a la almohada. Entonces, una visión de la Virgen María, que era exactamente la misma imagen que la de la Santísima Madre María de Akita, se le apareció a la Sra. Teresa Chun a la medianoche del 4Agosto, en medio de la coma. Entonces, quedó totalmente curada. Los radiografías de su cerebro —tomadas en el Hospital de San Pablo en Seoul— certifican la total desaparición del cáncer de su cerebro.
Después de la curación, la Sra. Teresa Chun declaró: “La Santísima Madre María de Akita, quién tenía un cordero blanco en sus brazos, se me apareció, cuando estaba encamada, y exhaló sobre mi frente tres veces. Vi que la lana del cordero se movía y agitaba debido a las fuertes exhalaciones de la Santísima Madre.”

Este milagro fue atestiguado por el Dr. Gil Song Lee con un certificado médico, el cual fue enviado a la Santa Sede junto con un documento escrito por el Padre Maryknoll Roman Theisen, S.T.D., entonces jefe del Tribunal Arquidiocesano de la Sede de Seul. La Iglesia de Corea del Sur estableció un comité que se formó para trabajar por la canonización de 103 mártires Coreanos y envió documentos reportando su curación a la Santa Sede. El milagro fue empleado para obtener la autorización de la Santa Sede para la solicitud del comité por la canonización de 103 mártires.

El otro de los dos milagros, es la curación de la sordera completa de la misma Sor Agnes en 1982. Para entonces, ya habían pasado nueve años desde que perdió el oído en 1973. El 30 Mayo, en festividad de Pentecostés, su sordera fue curada al momento en que recibió la bendición con el Santísimo Sacramento en la costodia que yo elevé en la capilla. Al momento en que se dio la bendición con la Eucaristía, ella oyó una campanilla de adoración tocada por otra hermana religiosa. Su curación fue atestiguada en un certificado médico emitido por el Dr. Tatsuhiko Arai, del Hospital de la Cruz Roja en Akita.

San Bernardo, un Doctor de la Iglesia, proporcionó una intuisón profunda en relación con esta verdad en uno de sus sermones: “El anciano y justo hombre Simeón profetizó que la Virgen María sufriría un martirio espiritual. Simeón le dijo a María que el niño Jesús estaba destinado para ser una señal de rechazo. Entonces, le dijo a María que una espada también atravesaría su corazón.” Entonces, San Bernardo continuó diciendo en la forma de una oración acerca de lo que sucedió en el Calvario, “Querida y Santa Madre, tu corazón fue ciertamente atravesado por una espada. La lanza empleada por el soldado Romano no pudo perforar el cuerpo de tu Hijo sin perforar tu corazón. Después de la muerte de Jesús, la cruel lanza perforó el costado de nuestro Señor sin misericordia. Jesús, quién ya estaba muerto para ese momento, no sintió ningún dolor. Pero esta lanza ciertamente perforó tu corazón…. Es apropiado que yo diga que tu eres más grande que los mártires¨.

¡Cuantas lágrimas derramó nuestra Santísima Madre cuando fue testigo del continuo sufrimiento de Jesús en la Cruz! La intensidad de los sufrimientos de María están más allá de lo que pudiera imaginar cualquier ser humano. Los sufrimientos de María al pie de la Cruz fueron, en un sentido místico, los dolores de parto, cuando aceptó ser la madre de todos los fieles de acuerdo al plan de Dios, quien quiso darle a la humanidad la verdadera Madre Celestial quién continúa cuidando a los creyentes hasta el fin del mundo.

A través de su humilde aceptación de los dolores místicos de un parto, se convirtió en la madre del Cuerpo Místico de Cristo al cual pertenecemos como sus miembros. Primero, concibió en su casto vientre a Jesús, la cabeza del Cuerpo Místico de Cristo, y después, a través del proceso de su Corredención, comenzó a dar a luz a los miembros de Su Cuerpo Místico, que son la comunidad formada por las generaciones de todos los creyentes Católicos.

Debido a que el proceso místico de la aplicación de los efectos del sacrificio Redentor de Cristo continúa hasta el fin del mundo, las actividades de intercesión de María como la Mediadora de todas las gracias, que han fluido desde la Redención, también continúan, al mismo tiempo que actúa como una especial subordinada a Jesús y al Espíritu Santo, el Santificador.

En medio de este proceso místico y real de la distribución conjunta de gracias, Jesús y nuestra Santísima Madre están juntos luchando contra Satanás para ayudar a los creyentes a unirse con valor en la Redención subjetiva, o en la aplicación de los efectos del sacrificio de Cristo. Debido a ésta lucha mística con Satanás —donde están en juego la vida eterna de las almas— uno puede afirmar que nuestra Madre Celestial todavía sigue ofreciendo sus dolores místicos del parto por todos nosotros, por todos los creyentes, al mismo tiempo que actúa como un instrumento de gracias para santificarnos. Al hacer esto, la Santísima Madre hace una mediación de las gracias de acuerdo con la voluntad y los deseos de Jesucristo, al mismo tiempo que distribuye gracias como una subordinada del Espíritu Santo.

Al reconocer las realidades de esta Redención subjetiva, los creyentes deben usar su libre voluntad para ofrecer sus sufrimientos, oraciones y sacrificios por amor, para cooperar en los efectos del sacrificio de Jesús que serán aplicados a sus almas. De esta manera, son llevados a unirse en la lucha de la Santísima Madre contra Satanás. Esta es la razón por la cual Dios le dijo a la serpiente, “Enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje.” Porque esta lucha continuará hasta que nuestra Madre complete el proceso de dar a luz a todos los miembros del Cuerpo Místico de Cristo, y, en este sentido, sus dolores místicos de parto continuarán hasta el fin del mundo. Este es el significado más profundo de su Corredención. Las lágrimas derramadas por la estatua de madera de Nuestra Señora de Akita es la evidencia sólida que Dios ha manifestado en la historia, con el fin de demostrar la larga enemistad entre Satanás y nuestra Santísima Madre.

En medio de este perene antagonismo, el Rosario es nuestra poderosa arma. Con esto, clamamos a nuestra Abogada para que “ruegue por nosotros los pecadores”. Y nuestra Santísima Madre, Mediadora de todas las gracias bajo el Espíritu Santo, aplastará la cabeza de la Serpiente en una batalla a la cual debemos unir nuestra libre voluntad y responsabilidad.

Las Escrituras dicen: “Junto a la cruz de Jesús estuvan su madre y la hermana de su madre, María la esposa de Cleofás, y María Magdalena (Juan 19:25)”. Esto significa que las otras dos mujeres, también de nombre María, estaban de pie, mientras lloraban a la vista de Jesús crucificado. Pero las lágrimas de las otras dos Marías eran derramadas por compasión por los sufrimientos de Jesús, por lo tanto no tienen la misma profundidad de significado en sus lágrimas.

En un marcado contraste, las lágrimas de la Santísima Virgen María eran lágrimas que resultaban de sus dolores espirituales cuando dio su pleno consentimiento al sacrificio de su divino Hijo Jesús y lo ofreció al Padre Celestial como la madre del Redentor de la humanidad. En su mente y en su alma, la Santísima Madre no exigió ver a Jesús debido a su obediencia a Dios y debido a su conocimiento de que el Sacrificio de Jesús era necesario para redimirnos a nosotros, la humanidad.

Por lo tanto, hay un abismo esencial entre el significado de las lágrimas de la Santísima Virgen María y el de las lágrimas de las otras dos Marías. Las lágrimas de la Santísima Virgen María fueron las lágrimas de la Corredención objetiva y mística.

¿Cuál es el significado de las divinas revelaciones de las lágrimas de la Corredención usando la estatua de la Santísima Virgen María, en relación con la crisis que abarca la Iglesia Católica Romana en todo el mundo?

Desde la clausura del Concilio Vaticano II, los movimientos ecuménicos han ido ganando fuerza en muchos países. El alcance del significado del ecumenismo ha sido ampliado para significar un diálogo con religiones no Cristianas. Muchos proponentes del ecumenismo dicen que las enseñanzas de otras religiones tienen ciertos grados de verdad relativo a la ética y a la moral, pero se les olvida llamar una específica y especial atención a la Redención de Jesucristo. El resultado ha sido que el verdadero significado de la Redención ha quedado confuso en las mentes de muchos Católicos.

Aun en contra de los antecedentes de esta situación mundial, el dogma de la Redención de Jesucristo crucificado en la cruz continúa emitiendo una luz única. Las religiones que no son Cristianas no tienen la Redención entre sus enseñanzas. La verdad de la Redención por Jesucristo quién sufrió por los pecados de la humanidad ofreciéndose a si mismo en el sacrificio de la cruz para satisfacer la justicia de Dios, es algo único y tiene un valor absoluto.

Si los clérigos Católicos y los laicos desechan o comienzan a darle menos valor a esta Redención, se va a crear un serio peligro de que todas las doctrinas y dogmas Católicos pierdan su significado. Tenemos que considerar este peligro. Si la Iglesia Católica Romana usa mal o no entiende el valor tan especial de la Redención, va a terminar degenerándose en simplemente una secta entre numerosas sectas religiosas de todo el mundo.

Creo que la razón por la cual la Corredención Mariana está ahora bajo el escrutinio internacional en los últimos años, es que Dios está tratando de revivir una seria atención de los Católicos hacia el dogma de la Redención. El hecho de que este movimiento del dogma esté ganando terreno parece tener conexiones místicas con el plan de Dios para conducir al Santo Padre a definir y promulgar el dogma de la Corredención Mariana. Cuando el Santo Padre promulgue el dogma de la Corredención de acuerdo al plan Divino, esto revivirá la fe de muchos Católicos en el dogma de la Redención de su Hijo, Jesucristo.

El Padre Celestial, ofendido por la proliferación de los valores inmorales y las enseñanzas teológicas heréticas en el mundo de hoy, aparentemente hizo que la estatua de madera de la Santísima Madre en Akita derramara lágrimas, con el fin de ayudarle a los creyentes Católicos a entender más fácilmente la verdad de su Corredención, y a conducirlos a abrazar su fe Católica en la Redención y en la Corredención como sus verdaderos valores heredados.

Continue Reading

Una Insondable Riqueza Mariana

Published on July 19, 2012 by in En Espanol

0

Por Michael O’Brien

El Señor Michael O’Brien es un autor Canadiense, novelista, artista y conferencista internacional en literatura Cristiana, arte y cultura; mariología y temas sociales y mariológicos contemporáneos.

En la tormenta de confusión y desinformación que ha dado la bienvenida al debate de una definición papal sobre el dogma de María Corredentora, Mediadora y Abogada, la controversia del muy conocido San Maximiliano Kolbe en relación a la Madre de Dios, “¿Quién eres tú, o Inmaculada?” toma una nueva acerbidad y urgencia.

¿Quién es ella? ¿Quién es ella realmente, y qué está haciendo Dios a través de esta mujer singular?

María es ambas cosas, María de Nazaret y “la Mujer” del Apocalipsis. ¿Pero cómo puede ser esto? ¿Es ella dos personas? Alternativamente, ¿Es quizá una persona en dos “vestuarios” religiosos? ¿Es solamente un modelo de fidelidad, una discípula ejemplar, un santo (si bien la más grande de todos los santos)? ¿No es acaso algo más que un signo?

Si, es un signo. Pero mucho de la confusión sobre Ella en la mente moderna se deriva del carácter peculiarmente unidimensional de la sociedad Occidental, que ha fracturado la gran armonía del cosmos jerárquico tan severamente que las líneas de falla en el pensamiento y percepciones ahora se disparan en todas direcciones. En una cultura saturada de palabras y bombardeada de imágenes, tenemos cada vez menos y menos tiempo y capacidad de ver profundamente, y como resultado hemos venido a pensar crecientemente en signos en términos simplísticos. Asumimos que un signo es meramente un objeto que nos dice sobre algo o anota hacia algo adicional.

En el entendimiento Cristiano de la palabra, el significado pleno de los signos sagrados es que encarnan las cosas a las que anotan. En otras palabras, un signo sagrado participa íntimamente con la fuente de su vida. Más aún, revela un aspecto de esa fuente que de otra manera no hubiese sido inteligible a nosotros. Es por esto que, por ejemplo, los iconos sagrados de los ritos de la Iglesia Católica del Este y de las iglesias Ortodoxas nunca son considerados que sean instrumentos catequísticos, ni formas de arte religioso o decoración litúrgica. La teología del icono sostiene que el icono es una “ventana” sobre el infinito, un punto de encuentro con la presencia sagrada, un lugar donde la gracia puede fluir a través del mismo. El aspecto físico del icono no es un fin en sí mismo, nunca adorado; por otro lado, nunca es visto como un objeto neutral “letra muerta,” una señal de tráfico en la carretera o en libramiento del cosmos.

Considerar por ejemplo la Sagrada Eucaristía, el encuentro sagrado por excelencia entre Dios y el hombre. Hay en este sacramento un cierto valor de signo iconográfico; nos “habla” sobre muchas cosas verdaderas, tales como la Ultima Cena, la Encarnación, la naturaleza de la comunión y de la unidad, etc. Todo esto es de vital importancia, pero es el primer nivel de significado. Yendo profundo, vemos que Jesús está presente literalmente en una continuación del sacrificio del Calvario que envuelve al adorador en la eternidad de Dios. Aún más profundo; el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Cristo entran en nuestra misma carne y toma residencia ahí en el tabernáculo interior del corazón. A este nivel, el “signo” del sacramento no es solamente una transferencia de información religiosa o el agitamiento de memorias y discernimientos. Este signo es una persona que está presente para nosotros, deseando una unión la cual es referida a través de la Escritura en los términos de un amor conyugal. Lo más impresionante de todo, esta persona es Dios.

Si Dios ha considerado correcto y bueno para nosotros vivir en un universo ordenado sobre tales líneas, si El se ha revelado a sí mismo como generoso inefable, rico y creativo, si El es un amante, entonces es perfectamente consistente que haya derramado la palabra con una plenitud de signos dadores de vida de Su amor.

Hace algunos años me encontré en una discusión informal con algunos amigos no Católicos, quienes intentaban lo más que podían, simplemente por que no podían entender la posición Católica sobre María. Como Católico le he dado el asentimiento a las doctrinas de la Iglesia y a los dogmas en relación a la Madre de Dios. Aún así, no pretendo entender totalmente estas enseñanzas y estaba fuertemente presionado por convencer a mis oyentes. Ellos tenían una particular dificultad con el dogma de la Inmaculada Concepción, y veían en él, una clara evidencia de que a pesar de todas nuestras protestas por lo contrario, los Católicos en verdad adoramos a María. Nada de lo que dije pudo cambiarlos de su convicción.

En aquel entonces yo no había encontrado todavía la famosa sentencia de San Agustín, “No entendemos primero para creer; debemos primero creer para poder entender.” Yo todavía estaba trabajando bajo la impresión de que el humano no puede fallar en ser convencido en cosas que sean propiamente explicadas. No había todavía llegado a la convicción de que los seres humanos son totalmente criaturas subjetivas y que hacemos nuestros juicios sobre prácticamente todo, sobre la base de impresiones -en nuestra percepción fundamental en como trabaja la creación.

Sintiéndome de alguna forma perplejo, decidí ir a trotar solitario a una playa arenosa. Corriendo descalzo, mi mente todavía se ocupaba en el debate, con los ojos fijos en el horizonte sin ver, estaba inconsciente del escenario que pasaba. Después de veinte minutos de correr me paré repentinamente, sin una razón aparente, a media sancada y miré hacia la arena bajo mis pies. Para mi horror, vi que mi pie derecho estaba balanceándose en el aire sobre las puntas de vidrio de una botella rota. Me eché para atrás rápidamente, exalando una oración de agradecimiento, por que por una fracción de segundo tendría que habérmelas visto con borbollones de sangre y tendones cortados a millas de distancia de cualquier ayuda.

Sintiéndome agradecido, pero dándome cuenta que se estaba haciendo tarde, rodié la botella y regrecé a mi casa al momento. Al minuto más o menos después, me pegó con toda fuerza la idea de que había dejado el objeto peligroso en la arena, y que el siguiente corredor descalzo no sería tan bendecido como yo. Me paré, regresé, cautelosamente recogí el vidrio y lo llevé a casa para tirarlo.

No analicé inmediatamente lo que había pasado y le di poca significado al hecho. Curiosamente, el recuerdo permaneció en mi mente, pasando una y otra vez durante las horas subsecuentes con un obsesionado sentido de urgencia, como si existiese algo de experiencia que estaba perdiendo. Tarde aquella noche me senté en la cama, repentinamente bien despierto y me di cuenta que el incidente con la botella fue un tipo de una dramática representación de la Inmaculada Concepción. Algo más allá de mi entendimiento y sentidos me había alertado de un peligro serio para mi vida y mi miembro, algo tan silencioso, que nunca le había dado un pensamiento hasta el momento mismo cuando se abrió el entendimiento a través de la masa de impresiones que habían hecho el día ordinario. Inodoro, incipido y silencioso, me sirvió mucho en mi gran agonía. Me sucedió por adelantado y me perseveró. Y también algo me movió para llevar a cabo el mismo servicio para los siguiente corredores que me seguirían. No tenía porque hacerlo, pero lo hice. ¿Qué fue lo que me movió para hacerlo? ¿No fue esto un reflejo pálido de la misericordia de Dios que se ha anticipado a la historia y preservado a María del pecado original? Como Hija de Adán y Eva, también estaba en necesidad de la redención de Cristo. El Padre, que está fuera del tiempo y es Señor de la Historia, escogió aplicarle los méritos del sacrificio del Hijo. La Inmaculada Concepción preparó el camino para que fuera la perfecta cooperadora con el Hijo en la Redención: la Corredentora. El no tenía porque hacerlo, pero lo hizo. ¿Por qué lo hizo?

Desde luego la analogía es imperfecta, y lo digo no con el propósito de ilustrar una doctrina. El punto que quiero llegar aquí es este: porque vivimos en un universo electrónico, Dios le habla al hombre total, no solamente a su intelecto o a su espíritu, sino también a través de las cosas materiales de su mortalidad. Con mucha frecuencia El nos enseña y forma a través de eventos tangibles de la vida, a través de experiencias que están cargadas de sentido. Entre más vamos madurando en el proceso de vida de asimilamiento de imágenes y palabras, un cuadro gradual de la realidad empieza a emerger. El diálogo entre la razón y la subjetividad dentro de nuestra naturaleza es más y más medido por las enseñanzas objetivas de la Iglesia, y por tanto crece nuestra percepción.

Solamente con los ojos de la fe podemos ver la “verdad total sobre el hombre.” Si las pequeñas historias escritas en nuestra carne y en nuestras historias personales tienen algo de informativo, ¿No será probable que Dios haya decretado un grandísimo e informativo drama en la vida de la Madre lo mismo que de su Hijo? ¿No será que nos está diciendo algo fundamental a través de Ella, no sólo como un indicador o un icono, sino como una epifania de su Ser?

El aspecto más dominante de nuestra experiencia como seres humanos, por mucho, está compuesta de nuestras relaciones con otros; la imagen de una madre, por ejemplo, cuando mira fijamente el rostro de su niño recién nacido. La imagen del niño que la mira fijamente. Cada uno está leyendo la cara de la realidad, cada quien está leyendo un mundo, un signo, una presencia.

En el caso de María y de Cristo Niño, la madre es la primera persona en la historia humana que clava su vista en los ojos de Dios, mientras pondera el insondable misterio de Su elección de ser enteramente dependiente en sus brazos. Su rostro es la primera imagen vista por el Dios encarnado recién nacido. El Hijo en su humanidad bebe en las palabras de amor y verdad en el rostro de Ella. Cada uno está ponderando un misterio; cada uno hablando y escuchando un lenguaje de amor en palabras que son silenciosas.

Si Dios ha escogido esta mujer para ser concebida sin pecado, para llevar la Palabra Encarnada en su propia carne, para nutrirlo en su vida oculta de Nazaret, para estar presente con El en la Cruz, para estar presente en Pentecostés, para ser asunta al Cielo, ¿Es tan indispensable que El le haya dado un rol que va más allá, aún mucho más allá de la habilidad de la razón humana para entender su propósito? ¿No es toda su vida un signo de contradicción, opuestas a las categorías ordinarias de pensamiento? ¿Qué vamos hacer entonces de Ella? ¿Cuál es la intensión de Dios en esta mujer? ¿Qué nos está diciendo El a través de Ella?

Puesto que Cristo es el nuevo Adán, revocando el pecado de Adán, está mucho en la naturaleza de Dios el derramar su escandalosamente pródiga generosidad en la mujer escogida para representar a la nueva Eva. Es dada sin decir que su rol en revocar el pecado de Eva se deriva enteramente del sacrificio del Hijo. Por ningún mérito de sí misma, es la primera beneficiada en la redención; por sufrir con su Hijo es, no obstante en ningún sentido subsidiario, la Co-rredentora. Dios pudo haber escogido revocar la victoria sobre el pecado y sobre la muerte totalmente por sí mismo, pero escogió compartirlo con la mujer y su hijo, el “linaje” de Apocalipsis 12:17, en donde la promesa hecha en Génesis 3:15 y encarnada en los Evangelios llega a su gozo pleno en la culminación definitiva de la historia humana.

Juan escribe en el Apocalipsis: “Una gran señal apareció en el cielo, una mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza; está en cinta, y grita con los dolores del parto y con el tormento de dar a luz… y el dragón se detuvo delante de la mujer que iba a dar a luz para devorar a su hijo en cuanto diera a luz. La mujer dio a luz a un hijo varón, el que ha de regir a todas las naciones con cetro de hierro; y su hijo fue arrebatado hasta Dios y hasta su trono. Y la mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar preparado por Dios para ser allí alimentada mil doscientos sesenta días… entonces el dragón despechado contra la mujer, se fue hacer la guerra al resto de sus hijos, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús.” (Apo. 12:1-17)

Los críticos bíblicos modernistas han tendido a limitar este pasaje a una descripción de la Huida a Egipto o a una simbólica representación del primer siglo de Iglesia pasando por persecución. Haciéndolo así, intentan reducir la multidimensionalidad de la sagrada escritura (y la mente de Dios), a un tipo de tierra plana espiritual en la cual la salvación está vista como una dinámica puramente histórica, un proceso lineal, una cadena de casualidad natural, la cual por inferencia está lo mejor entendida (de acuerdo a sus pensamientos) en términos sociológicos, antropológicos y psicológicos. Solamente el primer nivel de significado en los signos se le acredita con sentido, disminuyendo, cuando no rechazando totalmente, el rol vital del “tipo,” y al mismo tiempo inhibiendo el futuro descubrimiento del sentido más profundo de la visión de San Juan.

En otras palabras, muchos exégetas bíblicos admiten el evento histórico (la Huida a Egipto o la persecución de la Iglesia), pero ignoran la dimensión del símbolo viviente, el “tipo” o gran icono (María como la Nueva Eva, María como Madre de la Iglesia), de ahí operando bajo el presupuesto de que el pasaje de la escritura puede significar cualquiera de las dos cosas pero no ambas, ¡y con toda seguridad no una tercera dimensión! No obstante, es precisamente este tercer nivel de consciencia de nivel espiritual hacia el cual los otros niveles del signo están tendiendo. Es en este entendimiento de la sagrada escritura que imbullo el pensamiento de los Padre de la Iglesia. Los Padres, para ponerlo simplemente, tuvieron una percepción más profunda.

Siempre que el significado de la interacción divina con la humana está compactada en, y neutralizada por, plantillas unidimensionales, la identidad y la misión evangélica de la Iglesia es gravemente debilitada. Cuando esto sucede, como ha sucedido en muchas iglesias particulares en el Oeste, tan dominada por el materialismo y el pragmatismo, muchos recursos vitales están en peligro de ser sofocados, y aún a estar peligrosamente cerca de ser echados de la vida de la Iglesia. En un cosmos “democrático,” nublado en una atmósfera de resolución de conflicto y de negociación, siendo cada vez más insensible al misterio y majestad del cosmos jerárquico, la voz profética de la Iglesia será relegada a sólo una opinión entre muchas otras, y en su mejor caso, a una filosofía del hombre o a una mitología interesante. Si esta trágicamente atrofiada lectura de la creación trabajara en su lógica política –la política de la manipulación y la manipulación de la política- y más ominosamente, “política eclesiástica,” sus primeros objetivos serán aquellas doctrinas que permanecen como signos de contradicción a la mente natural.

Juan Pablo II escribe en Signo de Contradicción: “Y así en el basto panorama de los tiempos en los que vivimos, en la era a la cual pertenecemos, la profecía de Simeón a Jesucristo como un ‘signo de contradicción’ parece sonar resonadamente verdadero. Sabemos que inmediatamente después de hablar aquellas palabras Simeón volteó a María, en una forma que ligaba la profecía sobre el Hijo con el de la Madre: ‘Y a ti misma una espada te atravesará el alma, a fin de que queden al descubierto las intensiones de muchos corazones.’ Con las palabras del anciano en la mente también volteamos nuestra mirada del Hijo a la Madre, de Jesús a María. El misterio de esta liga que la une con Cristo, el Cristo que es ‘un signo de contradicción’, es verdaderamente asombroso.” (Karol Wojtyla, Signo de Contradicción, p. 201. Seabury Press, 1979).

Unida al Hijo en la obra de la redención, María participa de una manera única y simultanea como la hija del Padre y la hija del hombre. En Ella, nos muestra lo que nosotros estabamos pensados ser “desde el principio” lo que nosotros íbamos a ser en Cristo.

Juan Pablo II anota que “María es parte de la historia de la salvación desde el principio, y permanecerá parte de ella hasta el final… La ´mujer’ del Apocalipsis representa a ambas a María y a la Iglesia –tal y como está aceptado por los eruditos bíblicos, teólogos y sobretodo, por la tradición Cristiana y el magisterio de la Iglesia.” Más aún, “dentro de las dimensiones del universo el Hijo de Dios, la Palabra eterna, el Señor de todos los tiempos por venir, es su Hijo y Ella es su madre. Por tanto, todo lo que sea para completar lo que legó –la obra de la salvación, el Cuerpo Místico de Cristo, el Pueblo de Dios, la Iglesia- corre por cuenta, y siempre lo será así, de Ella.” (Signo de Contradicción, p. 205).

Cuando Satanás hace la guerra a la mujer del Apocalipsis, el Hijo es llevado al Cielo y la mujer permanece para enfrentar a la serpiente en el desierto del mundo, acompañada por sus hijos espirituales, fortalecida por todas las gracias vertidas por el Cielo (Ap. 12:11). Es en este contexto que el asunto de la definición papal solemne del dogma de María Corredentora, Mediadora y Abogada se torna más entendible. En la lucha definitiva entre la Iglesia y la anti-Iglesia, entre el Evangelio y el anti-Evangelio, la Iglesia necesita gracias singulares. Aún así, Dios nunca forzará estas gracias sobre nosotros. En el gran diálogo entre Dios y el hombre, María intercede ante el trono de Dios por estas gracias, y al mismo tiempo nos súplica que las aceptemos. Todo está en espera de la elección libre del hombre. La liberación de gracias particulares depende de nuestro consentimiento. Al proclamar el dogma formalmente, el Papa irá con María frente al trono de Dios y dará el consentimiento en nombre de toda la humanidad, pidiéndole a El que nos entregue, a través de Ella, las gracias particulares que el Padre desea dar. En este diálogo, vemos la más íntima comunión de los corazones de la criatura hablando al corazón del Padre –cor ad cor-.

Continue Reading

0

Por Thomas Xavier

El Señor Thomas Xavier un autor y periodista que ha contribuido a varias antologías internaciones sobre Filosofía, Teología, Ciencia y Mariología. También ha contribuido a la Revista Inside the Vatican sobre la materia del Dogma Mariano propuesto.

El hombre puede difícilmente ser definido, a la manera de Carlyle, es un animal que hace herramientas; no obstante, las hormigas y los castores y muchos otros animales también hacen herramientas, en el sentido de que ellos hacen un aparato. El hombre puede ser definido como un animal que hace dogmas. A medida que acumula doctrina sobre doctrina y conclusión sobre conclusión en la formación de algún esquema tremendo de filosofía y religión, él es, en el único sentido legítimo en el cual la expresión es capaz de volverse más y más humano. Cuando abandona una doctrina tras de otra en un refinado escepticismo, cuando renuncia a ligarse a un sistema, cuando dice que ha crecido más que las definiciones, dice que no cree en la determinación, cuando en su propia imaginación, se siente como Dios, no teniendo forma de credo pero contemplándolo todo, entonces el está por este mismo proceso hundiéndose lentamente retrocediendo hacia la vaguedad de los animales vagabundos y a la inconsciencia del pasto. Los árboles no tienen dogmas. Los nabos son especialmente tolerantes.
-G.K. Chesterton, Heréticos.

Primero fue la definición de María como la Madre de Dios en 431. Después vino la proclamación final de su Virginidad Perpetua en el Tercer Concilio de Constantinopla en 681. Y entonces, más de mil años después, la Iglesia definió su Inmaculada Concepción seguido cerca de cien años después por la definición de su Asunción al Cielo. Ahora, que nos dirigimos al siguiente milenio, sabemos que cerca de 500 obispos, 40 cardenales y varios millones de fieles de todo el mundo –siguiendo las huellas del Cardenal Mercier, San Maximiliano Kolbe y un sinnúmero de otros a través de este siglo- han pedido al Santo Padre que defina como dogma la doctrina tripartita de que María es Corredentora, Mediadora de todas las Gracias y Abogada del Pueblo de Dios. La publicación de María, Corredentora Mediadora, Abogada: Fundamentos Teológicos II: Papales, Pneumatológicos y Ecuménicos, editados por el Dr. Mark I. Miravalle, Profesor de Mariología en la Universidad Franciscana de Steubenville y Presidente de Vox Populi Mariae Mediatrici, nos recuerda, como el volumen predecesor, que distinguidos teólogos de diferentes denominaciones encuentran esta doctrina está profundamente enraizada en la escritura, patrística, soterología, pneumatología, filosofía personalística y las enseñanzas magisteriales.

Una contribución principal de Bases Teológicas II es su análisis inicial y amplio sobre el dogma, en el contexto del desarrollo de la doctrina y particularmente con respecto al esfuerzo ecuménico. La conclusión lógicamente argumentada de los colaboradores, es que la definición dogmática Mariana es demandada no sólo por la dinámica inherente del desarrollo de la doctrina, sino que es ecuménicamente invaluable por que nos lleva a la tipología de los primeros Padres de la Iglesia (ver, por ejemplo, el magnífico ensayo del Padre Peter Damian Fehlner) que son venerados por todos los Cristianos, por tanto dándonos un nuevo punto común de partida en la búsqueda de la unidad.

A primera vista, la petición de una definición de otro dogma Mariano quizá parezca no solamente anti-ecuménico sino –aún peor- anacrónico. En este siglo de Albert Einstein, Stephen Hawking, Sigmund Freud, Bertrand Russell, Jean-Paul Sartre y Martin Heidegger, la simple idea de un nuevo dogma Mariano parece casi tan fantástico como un debate sobre la relación de la actividad angélica y el movimiento de las esferas. Pero este siglo de brillantes librepensadores, es el siglo de Josef Stalin, Adolf Hitler, Mao Tse-Tung y los baños de sangre -genocidios- de Camboya, Bosnia y Rwanda. Y si hubiese una cosa que es común entre las filosofías de los librepensadores y las ideologías de los asesinos de masas, es el dogma del determinismo, la idea de que los pensamientos y las palabras y los actos de los seres humanos están totalmente determinados por fuerzas externas. En otras palabras, los librepensadores no creen en la libertad.

Contra este trasfondo, el llamado por una definición de la participación singular de María como un libre agente en la sinfonía divinamente conducida de la salvación, es una afirmación de la más grande relevancia: significa que los seres humanos tienen la capacidad de las acciones libres, que ellos son responsables de sus acciones, que las consecuencias de sus acciones tienen una carga tanto en su destino eterno como en la vida de los otros. En la libertad y en la responsabilidad depende nuestra dignidad.

Tristemente el determinismo no está restringido a las filosofías y a las ideologías, pero se ha establecido a sí mismo en sistemas de mucha influencia en la teología–más claramente en la teología del Calvinismo-. Un renombrado Anglicano colaborador de Bases Teológicas II, el filósofo-teólogo John Macquarrie, provee un análisis extraordinario sobre la relevancia de la doctrina de la corredención de María, al “corregir” los peligros del determinismo en teología: [los patrones de pensamiento Calvinista incorporados no solamente en el tratado de Calvino, sino también de Lutero y Karl Barth], “los seres humanos como borregos o ganado o aún como títeres no como los seres singulares que son, seres espirituales hechos a la imagen de Dios y encargados con una medida de libertad y responsabilidad… Los seres humanos, en tal punto de vista, no tienen libertad ni responsabilidad… [La] visión esperanzadora de la raza humana está personificada y hecha sagrada en María… En los vistazos de María que tenemos en los evangelios, al estar ella al pie de la Cruz junto a su Hijo, y sus oraciones e intercesiones con los apóstoles, son particularmente formas impactantes en las cuales María compartió y apoyó la obra de Cristo –y aún estas son las mismas formas en las cuales la Iglesia como a un todo, puede tener una participación en la corredención-. Pero es María quien ha venido a simbolizar esa perfecta armonía entre la voluntad divina y la respuesta humana, de tal manera que es Ella quien da sentido a la expresión Corredentora.” ¡Todos somos corredentores y mediadores! El negar esto es asumir implícitamente que somos títeres o aún peor “parte de Dios” (puesto que somos incapaces de una acción independiente). Desde luego, no todos los Protestantes son Calvinistas, y los grupos Metodistas y Pentecostales en particular, han rechazado el impulso determinístico. Aquí es donde vemos como una definición de la mediación Mariana puede hacer una contribución positiva a un dilema ecuménico ineludible.

Desarrollo de la Doctrina en las Enseñanzas de Pablo VI y Juan Pablo II

Estrictamente hablando, ecumenismo y desarrollo de una doctrina son dos esferas de pensamiento totalmente distintas en pensamiento y acción. Mientras que el ecumenismo busca lograr la unidad de la doctrina y fraternidad entre las comunidades Cristianas “separadas”, el desarrollo de una doctrina concierne con el proceso de entender y articular más allá las implicaciones de la revelación Cristiana. El desarrollo de una doctrina culmina, en su punto máximo, en definiciones de dogmas ya sea por los papas o por concilios ¨certificados¨ papalmente.
Afortunadamente, en Juan Pablo II, la Iglesia Católica tiene un líder que está comprometido con la visión ecuménica, lo mismo que con explicar la fe tradicional en el contexto de un nuevo conocimiento.

En esto último, tenemos que revisar el Catecismo de la Iglesia Católica y su vasto tesoro de encíclicas. En lo ecuménico, estamos movidos a anotar como en Ut Unum Sint, habla en ejercer su oficio de enseñanza como un ministerio de amor hacia todas las gentes Cristianas.
No siempre es notorio que los tres reinados más largos de los últimos cincuenta años, Pío XII, Paulo VI y Juan Pablo II, han hecho contribuciones pioneras al desarrollo de doctrina. Todo mundo sabe que la definición de Pío XII de la Asunción, representa un hito nuevo de gran importancia. Olvidamos, sin embargo, que la proclamación de Paulo VI de María como Madre de la Iglesia, fue un avance que trajo en su capacidad de Papa.

Leemos en María y las Iglesias, una antología de la Sociedad Ecuménica de la Santísima Virgen María, que al conferirle el título Mater Ecclesiae ¨El Papa dio un paso adelante en una afirmación de la tradición, con la ayuda de un vocabulario que ha venido en uso solamente en tiempos recientes¨. Aunque el título ha estado implícitamente incluido en Lumen Gentium VIII, ¨porque muchos padres de varias partes del mundo Católico lo habían presionado para hacer una declaración explícita del ´rol maternal de la Virgen entre el pueblo Cristiano´, y porque pareció tan conveniente, el Papa decidió proclamar a María Mater Ecclesiae, para la gloria de la Virgen y para nuestra propia consolación´¨.

La proclamación efectiva se dio en el último día de la tercera sesión del Concilio en 1964:

El día empezó con un humor negro, cuando el Papa vino a concelebrar en San Pedro una última Misa solemne con veinticuatro padres con santuarios nacionales en honor a la Santísima Virgen. El ánimo cambió; el Papa Paulo fue interrumpido siete veces durante su última alocución, los aplausos se incrementaron cada vez más. Una ovación estruendosa recibió el anuncio del título Mater Ecclesiae, señalizando la aceptación de los padres Conciliares –pero no todos ellos- pues algunos expresaron su crítica después cuando regresaron a casa, por la acción independiente del Papa. El Cardenal Bea, del Secretariado para la Promoción de la Unidad Cristiana, anotando que el tema nunca se puso a voto plenario, preguntó: ¨¿Por el derecho de qué puede uno pretender conocer algo sobre lo que presumiblemente representa la opinión de la mayoría del Concilio?¨

Paulo VI estuvo perfectamente en lo correcto, y de ninguna manera anulando, en la secuencia de sus acciones -un doble ejercicio, el de su propia autoridad suprema y el de la Iglesia. Primero, se conformó a sí mismo con su Colegio de Obispos al promulgar la Constitución Dogmática sobre la Iglesia, misma que incluyó el nuevo título Mariano de una manera ¨equivalente¨. Posteriormente, una vez terminada la primera acción, entonces el Papa invocó su autoridad personal para declarar explícitamente lo que él y el Colegio apenas habían declarado implícitamente o ¨equivalentemente¨. Por tanto, el Papa es quien guía un Concilio, en lugar de rendirse a el.

El nuevo dogma propuesto de la mediación maternal es simplemente una culminación lógica del desarrollo autorizado de una doctrina de Paulo VI. Como vemos en Bases Teológicas II, la doctrina de la maternidad espiritual de María, presupone teológicamente sus roles de corredención y mediación. Y, como lo anota la antología, el uso del término ¨Corredentora¨, es especialmente distintivo en las enseñanzas de Juan Pablo II (aunque también está presente en aquellas de otros papas). El escrito del P. Arthur Calkin sobre ¨Las Enseñanzas del Papa Juan Pablo II sobre la Corredención Mariana¨, es una evaluación prolífica del pensamiento del pontífice en esta área.

Malentendidos

La acusación de que ¨Corredentora¨ no está presente en la tradición falla de dos maneras. Primero, la doctrina de ¨Corredentora¨ se encuentra en los primeros Padres de la Iglesia con su doctrina de la Nueva Eva. Y por usar este término en una definición dogmática, el Santo Padre sólo estaría tomando ¨un paso adelante en una afirmación de la tradición (como Paulo VI anteriormente), con la ayuda de un vocabulario que ha entrado en uso sólo en tiempos recientes¨. Más aún, los términos ¨Teotokos¨ y ¨Trinidad¨, son dos ejemplos de un nuevo ¨vocabulario¨ enlistado en el servicio para articular conceptos antiguos.

La objeción de que otorgando el estado legal dogmático al término ¨Corredentora¨ causaría un daño ecuménico irreparable, está nuevamente fuera de lugar. El término ¨Corredentora¨ no es ni con mucho tan potencialmente engañoso como la frase ¨Madre de Dios¨. Y, a pesar de su potencial mala interpretación, este último término es un vehículo indispensable en el entendimiento de la Encarnación –y fue juzgado digno de definición dogmática por un Concilio Ecuménico.

El término ¨Corredentora¨ quizá resulte impactante para algunos, pero el valor del impacto debería servir para regresarlos a las enseñanzas de los Padres. Desde luego, como Miravalle (y Anglicanos como Macquarrie y E.L. Macall) han dicho, ¨Al dirigirnos a María como ¨Corredentora¨ debemos tener claro que el prefijo ´co´ no significa igual, sino que proviene de la palabra Latina ´cum´ que significa ´con´. El título de ¨Corredentora¨ aplicado a la Madre de Jesús, nunca pone a María en un nivel de igualdad con Jesucristo, el divino Señor de todo en el proceso salvífico de la redención humana. Es la idea en lo tocante de ¨Jesús solo¨ que es relativamente reciente y novedoso –y que frecuentemente termina en el eclipse de la Trinidad y de la divinidad de Jesús (tómese por ejemplo a los Testigos de Jehová). En la Escritura tenemos el tema recurrente de la Virgen y el Hijo, y en los Padres, el tema del Nuevo Adán y la Nueva Eva. La necesidad de regresar a estas verdades antiguas para preservar la Fe antigua, es argumento suficiente para una definición.

Se dice frecuentemente que el título ¨Corredentora¨ de alguna manera disminuiría nuestra consciencia del acto redentivo autosuficiente de Cristo. Las aportaciones de ambos, Miravalle y el Padre Fehlner, muestran con gran claridad que un dogma de la corredención Mariana ¨claramente distinguirá el rol secundario y subordinado de María del singular triunfo redentivo del Salvador¨. Además, tampoco frecuentemente se ha comprendido que no hay un dogma definido sobre la Expiación. Mientras que la Iglesia enseña que la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo ofrece una satisfacción infinita a Dios por el pecado humano, no hay una enseñanza definida sobre el mecanismo exacto de expiación. ¿Es penal o substitucionaria, o es simplemente un acto de amor y obediencia? Hoy, muchos Cristianos sincretistas, han perdido aún el sentido del valor universal redentor de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor. Un dogma de la Corredención Mariana regresaría, ciertamente, a la vanguardia la realidad no negociable de ¨El singular triunfo redentor del Salvador¨, tal y como la definición de la maternidad divina de María, fue una clara afirmación de la divinidad de su Hijo.

En lo que respecta a los términos ¨Corredentora¨ y ¨Abogada¨, estos simplemente expresan verdades presupuestas por cualquier Cristiano que haya rezado el Rosario, y por cualquier acto de devoción Mariana. El hecho de que la mediación Mariana ha sido asumida por los Cristianos de los primeros siglos, se muestra en la oración de Sub Tuum Praesidium (¨Acordaos¨…) y en los himnos Marianos antiguos de la Cristiandad del Oriente y Occidente. Las malas interpretaciones sobre la mediación Mariana (y existen muchas), son rigurosamente analizadas por Miravalle quien demuestra que este concepto total está válidamente enraizado en un ¨compartir de manera singular en la única mediación de Jesucristo¨.

Los temores a la resistencia de los Ortodoxos a una proclamación papal de la mediación Mariana, deben ser moderados por el conocimiento de que los Siete Concilios Ecuménicos aceptados por los Ortodoxos del Oriente, presuponen todos la mediación Mariana. Como Miravalle ha mostrado, el más grande sermón Mariano de la antigüedad fue un himno a la mediación Mariana pronunciado por Sn. Cirilo de Alejandría en el Concilio ecuménico de Efeso: ¨Ave María Teotokos, tesoro venerable del mundo entero…es a través de Ti por quien la Santísima Trinidad es glorificada y adorada¨. Por tanto, existe en verdad una base conciliar para el nuevo dogma Mariano. Un gran teólogo Ortodoxo de este siglo, Evdokimov, anotó que ¨El Espíritu Santo no tiene lugar de encarnación, pero posee en María el templo singular y del todo privativo de su presencia¨. Otro pensador Ortodoxo moderno (citado en la antología), Sergius Bulgakov, incluso dijo: ¨Una fe en Cristo que no incluya su nacimiento de virgen y la veneración de su Madre, es otra fe, otro Cristianismo diferente al de la Iglesia Ortodoxa¨. Al dar reconocimiento a la gran tradición del Oriente sobre la mediación Mariana (a la que el Occidente debe en gran medida), una definición dogmática podría ser un gran paso hacia la unión del Oriente y Occidente. Y, como él reitera, persiste el deseo de Juan Pablo II en Ut Unum Sint de que ¨¡la Iglesia debe respirar con sus dos pulmones!¨.

A diferencia de todos los dogmas anteriores de la historia Cristiana, un dogma sobre la mediación Mariana no es sólo una verdad para contemplación, sino un principio de acción. Al definir el rol corredentivo y mediatorio de María, se nos están recordando -a pesar de las filosofías y teologías populares del determinismo y fatalismo- la enseñanza de Sn. Pablo sobre nuestra responsabilidad de ser corredentores y mediadores. Este es un dogma que pide aplicación pastoral directa e inmediata. Aún más, anota Miravalle, ¨El ejemplo de María ¨Corredentora¨ dice a la Iglesia y al mundo que ´el sufrimiento es redentor´¨.

Enteramente Mariano y Enteramente Ecuménico

Si el Papa más ecuménico en la historia, que también es uno de los más grandes maestros de la doctrina Cristiana que jamás haya visto la humanidad, define a María como Corredentora, Mediadora y Abogada, traerá una intersección de ecumenismo y desarrollo de doctrina, que pondrá la agenda teológica para el siguiente milenio.

Una definición dogmática completaría el desarrollo doctrinal empezado por ambos, Paulo VI y el Concilio Vaticano II. En sus declaraciones Mariológicas, el Concilio hizo una contribución significativa en dos áreas: con su énfasis en la Escritura, estas declaraciones han proveído sólidas bases escriturísticas para la doctrina Mariana; segundo, con su preocupación por mitigar los malentendidos Protestantes, estas declaraciones han explicado exitosamente la doctrina Mariana en términos que son teológicamente aceptables por la mayoría de los Protestantes no-Fundamentalistas. Es seguro decir que hoy, gracias al Vaticano II, ha habido una mayor aceptación del rol de María en la Escritura y la necesidad teológica de una doctrina Mariana entre los eruditos y laicos Protestantes. Ahora que hemos logrado substancialmente el objetivo del Vaticano II de hacer la doctrina Mariana accesible a nuestros ¨hermanos separados¨, es posible concentrarse en el otro objetivo principal Mariano del Vaticano II: estimular aún más el desarrollo doctrinal Mariano (Lumen Gentium n. 54). Es en el contexto de este segundo objetivo, que la proclamación del nuevo dogma Mariano es de tanta importancia. El desarrollo doctrinal en la persona de María (Inmaculada Concepción, Virginidad Perpetua, Maternidad Divina y Asunción), ahora está claramente completo. El área restante que requiere mayor desarrollo (como lo anota Lumen Gentium), es la mediación Mariana. En suma, la proclamación de este dogma lleva a su culminación la gran visión ecuménica y Mariana del Vaticano II. Y, ¿quién mejor apropiado para hacer tal proclamación que el gran profeta y teólogo de la mediación maternal de María que Juan Pablo II?

Miravalle explica en términos conmovedores que el permanente significado de las enseñanzas y ministerio de Juan Pablo II, es especialmente aparente entre más nos acercamos a la reunión del ecumenismo y el desarrollo de una doctrina:

¿Qué mejor pontífice [para hacer esta definición] que el presente Papa quien ha abierto las puertas de la Iglesia a todas las gentes y religiones, quien ha encabezado la misión ecuménica durante los últimos 18 años? ¿Quién mejor para vigilar y determinar la formulación final de la verdad total sobre María, en una formulación que sea enteramente Mariana y enteramente ecuménica? Como el Papa Totus Tuus y la figura eclesial más aceptada mundialmente, Juan Pablo posé la sensibilidad ecuménica para guiar y dirigir el proceso teológico que garantice a la Iglesia la proclamación dogmática mejor articulada, sustentada bíblicamente, personalista y ecuménicamente sensitiva, con la mayor posibilidad de aceptación por parte de todos los Cristianos, referente a la Mujer de la Encarnación Redentora, quien es también ¨nuestra Madre común¨ (cf. Redemptoris Mater).

Continue Reading

0

Por el Dr. Mark Miravalle (Luis Gerardo: va en recuadrito)

¿Cuál es tu primera respuesta cuando oyes a alguien referirse a la madre de Jesucristo como la “Corredentora”? ¿Extrema? ¿Excesiva piedad, aunque si fuera bien intencionada? ¿Herejía? Sólo Jesús es el Redentor. Si no directamente una herejía, entonces ¿extremadamente peligrosa?, al menos ¿anti-ecuménica? o a la mejor ¿confusa?

Testimonio de los Santos

Ahora veamos algunas personas que de hecho han llamado a María la Corredentora: Juan Pablo II (en 6 diferentes ocasiones); Beata Madre Teresa de Calcuta; San Padre Pío, fraile extraordinario, estigmatizado del siglo XX; Sor Lucía, vidente de Fátima; Sta. Francisca Cabrini, la primera ciudadana Americana en ser canonizada; San José Ma. Escrivá, fundador del Opus Dei; Sta. Edith Stein; co-patrona de Europa; los Cardenales teólogos papales Ciappi y Cottier; líderes contemporáneos de la Iglesia como el Cardenal Schönborn, Secretario General del Catecismo de la Iglesia Católica; la Madre Angélica, fundadora de la cadena de radio y televisión mundial EWTN; y una multitud de otros santos, papas, místicos, prelados, teólogos, doctores de la Iglesia y líderes laicos, con una línea eclesiástica de sucesión desde el siglo XIV.

¿Vemos extremismo peligroso, herejía o un espíritu antiecuménico en gente como Juan Pablo II y la Madre Teresa? ¿Acaso participarían santos como el Padre Pío y la Madre Cabrini en excesos Marianos en detrimento de Jesús y su Iglesia? ¿O el Cardenal Cristoph Schörborn, usaría y defendería el título de Corredentora si de alguna forma éste, fuera no-ortodoxo o teológicamente cuestionable? ¿Usaría, explicaría y defendería 6 veces el título de Corredentora la vidente en su escrito: Anuncios del Mensaje de Fátima, cuando haciendo esto sería ofensivo a la Santa Sede, que otorgó el imprimatur a su libro? O aun más, ¿a Nuestra Señora misma con quien Sor Lucía experimentó comunicación mística directa por décadas?

¿Porqué, entonces, deberíamos temer el llamar a María la Corredentora con Jesús, el divino Redentor de la humanidad, cuando estos pontífices, santos, teólogos y místicos de los pasados 700 años así lo han hecho?

¿Qué es precisamente lo que quieren decir personas como Juan Pablo II, la Madre Teresa, el Padre Pío y la multitud de santos, místicos y papas, cuando dicen que María es la Corredentora? Antes que nada, seamos claros en lo que ellos no dicen: 1) No dicen que María es igual a Jesús; 2) No dicen que María tenga igual participación en la redención de la familia humana. Esto sería en verdad una herejía.

Lo que ellos dicen cuando se refieren a la Madre de Cristo como Corredentora, es que María cooperó de manera única con Jesús y totalmente subordinada y dependiente de Jesús, en la obra histórica de la Redención humana.

¿Qué es Redención?

Definamos nuestros términos. ¿Qué es Redención? Redención es el acto salvífico de Jesucristo, a través de su vida, Pasión, Muerte y Resurrección, reparando nuestra relación con el Padre por el ofrecimiento de la justa compensación por los pecados de la humanidad, y por tanto restituyendo la posibilidad de la gracia santificante, que resulta en la herencia del cielo.

El término “redención” deriva del Latín redimere, que literalmente significa “recomprar”. Jesús, a través de los méritos de su pasión, muerte y resurrección nos rescató de las cadenas de Satanás y de la deuda del pecado original.

¿Puede una Creatura Participar en la Redención de Cristo?

Ahora, la pregunta permanece: ¿Puede una creatura humana participar en esta obra histórico divina de Jesucristo?

Es importante recordar que la Redención de Jesucristo en un acto de reestablecer lo que se había perdido por dos seres humanos: Adán y Eva. Aunque Adán, como padre de la raza humana fue el principal responsable del pecado original transmitido a sus descendientes (cf. Rom 5:12), Eva también fue un instrumento, aunque secundario, en la pérdida de la gracia (cf. Gen 3:6). Esto es el porqué los Padres de la Iglesia se refieren a María como la “Nueva Eva” o “Segunda Eva”, puesto que a través de su obediencia con Jesucristo el “Nuevo Adán” (cf. 1Cor 15.45), Ella se convirtió –en palabras del Padre de la Iglesia del Siglo II Sn. Irineo- la “causa de salvación para sí misma y para toda la raza humana” (Adv. Haer. III, 22,4: PG t, 989 A).

Pero, ¿Puede una creatura humana participar en un acto divino, tal como divino es el acto de la Redención?

Empecemos por nosotros mismos. ¿Puedes tú o yo, como creaturas, participar realmente en la salvación de alguien por nuestra cooperación? ¿Por nuestras oraciones, buenas obras, sacrificios, por nuestro testimonio Cristiano, hemos hecho algo que asista la “redención” de otra persona de las cadenas de Satanás a través de la gracia de Jesucristo?

Si tú eres un padre o una madre y has criado a tus hijos en la fe Cristiana y los has incrustado en la vida divina de Jesús, ¿no cooperaste en su Redención? Y ¿qué pasa si eres sacerdote que tiene un rol en la distribución de los otros sacramentos de Jesús? ¿No participas en la redención de otra gente, aunque, lo repitamos una vez más, que es completamente dependiente de Jesucristo, el único y del todo necesario Redentor divino?
Siempre que reces por alguien para decir si a Cristo; cada vez que evangelizas a Cristo de palabra o ejemplo; cada vez que rezas por perfectos extraños que morirán este día para que acepten a su Redentor con su último suspiro en esta vida terrena –en todas estas oraciones y obras de intercesión Cristiana, estás cooperando en la Redención de otro ser humano. Estás participando en la aplicación de la obra redentora de Jesucristo en “re-comprar” de Satanás y del pecado, a miembros de la familia humana.

Mientras que el cierto que ninguno de nosotros participa en la obtención de las gracias de la Redención merecidas por Jesús en el Calvario; no obstante, cada Cristiano está llamado a participar en la distribución de Sus gracias redentoras a través de oración, sacrificios y obras de fe, esperanza y amor (cf. Col 1:24). Es precisamente nuestra responsabilidad y obligación Cristiana participar en la obra redentora de Jesucristo. Esto es porqué el Papa Juan Pablo II llamó a todos los Cristianos a volverse “corredentores en Cristo” (13 de Enero de 1982).

Si por tanto, nosotros, podemos y deberíamos cooperar en la redención de otros, siempre y cuando quede absolutamente claro –una vez más- que es primero y de cualquier manera dependiente de la redención traída por Cristo el único mediador entre Dios y el hombre (cf. 1 Tim 2:5), entonces, ¿porqué debería haber problema con la Madre de Jesús, cooperando también en la Redención Cristiana de otros?

Testimonio Bíblico para María Corredentora

De hecho, la Biblia revela que la Madre de Jesús cooperó en la obra histórica de la Redención de Jesús, como ninguna otra creatura.
En la Anunciación (Lc 1:38), cuando María dice “hágase en mí según tu palabra” al ángel Gabriel para convertirse en la Madre de Jesús, ¿No podemos decir que ella contribuye de forma única en la misión de la Redención al darle al Redentor el mismo instrumento de Redención –su cuerpo humano? La carta a los Hebreos nos dice que “hemos sido santificados a través del ofrecimiento del cuerpo de Jesucristo una vez por todas” (Heb 10:10). El instrumento de Redención fue dado personal e íntimamente a Jesús por María. ¿Qué otra creatura, en virtud de la sola Encarnación, pudiera afirmar tener una mayor y próxima cooperación con Jesús en su misión redentora? Pero no termina ahí.

Cuando Jesús infante es presentado por María y José en el Templo y el profeta Simeón identifica a Jesús como un “signo de contradicción” que realizaría su misión redentora (Lc 2:34), Simeón entonces se refiere, por el poder del Espíritu Santo al sufrimiento sin par de María con Jesús en la obra de la Redención: “…y una espada de dolor traspasará tu alma” (Lc 2:35).

Las Escrituras explícitamente revelan que María tendrá un rol único de sufrimiento con Jesús –el atravesamiento de su corazón- porque ella es tan cercana y excepcionalmente cooperadora con su Hijo, el Redentor. ¿Qué madre no sufre al ver a su amado hijo muriendo horriblemente en la cruz, especialmente si su hijo era divino e inocente, ofreciéndose sacrificado por la redención del mundo?

Finalmente, la hora suprema de la Redención humana se da en el Calvario (Jn 19:25-27). ¿Qué sucede en el Calvario? Jesús es crucificado, muere y ofrece su vida en justa compensación por los pecados de la humanidad. María –lo testifica la Escritura- está presente, para el cumplimiento de la misma misión de Redención. ¿Qué está pasando en el corazón de María? Ella está fielmente ofreciendo el sufrimiento de su Hijo, uniendo los suyos propios, en obediencia al plan de Redención del Padre. Como un resultado de su sufrimiento sin paralelo con el Redentor, Cristo agonizante entrega, como un don póstumo a Juan y a todos los que busquen ser discípulos amados de Cristo, el don de su madre corredentiva para que sea su propia Madre: “Mujer, he ahí a tu hijo… He ahí a tu madre” (Jn 19: 26-27).

Con respecto a la Encarnación y la Redención, la Biblia revela que María cooperó de manera única con Jesús en la obra histórica de la Redención. No es de extrañarse que como resultado de su participación sin paralelo en la obtención de las gracias de la Redención, Dios viera adecuado el darle a la Madre del Redentor el rol privilegiado de la distribución de las gracias de la Redención como la madre espiritual de todos los pueblos (cf. Lc 1:38; Jn 1-10; Jn 19:25-27; Apo 12:1).

¿Intercedemos nosotros con nuestras oraciones para obtener para otros las gracias santificantes de Jesucristo? Entonces, ¿Porqué no y especialmente, la Madre de Cristo?

“Crucificada espiritualmente con su Hijo crucificado…el rol de María como Corredentora no cesa con la glorificación de su Hijo”.
Papa Juan Paulo II (31 de Enero de 1985)

“María es nuestra Corredentora con Jesús. Ella le dio a Jesús su cuerpo y sufrió con Él al pie de la cruz”.
Beata Madre Teresa (14 de Agosto de 1993).

¿Tienes miedo de llamar a María Corredentora? No deberías estarlo. Juan Pablo II, la Madre Teresa, el Padre Pío, Sor Lucía, y una lista sin fin de otros santos, místicos, papas, teólogos y fieles Cristianos que se refieren a ella como Corredentora, lo hacen con la seguridad de la Escritura, del Magisterio Papal y la consolación del Espíritu Santo.

Es seguro, es verdadero y es un título que Ella arrolladoramente se merece en virtud del más grande sufrimiento humano en la historia del hombre que después del de su Hijo, sufrimiento ofrecido en unión con Jesús por ti y por mí.

¡No temas de María Corredentora!

Dr. Mark Miravalle
Profesor de Teología y Mariología
Universidad Franciscana de Steubenville
Presidente
Vox Populi Mariae Mediatrici

Para más información sobre María Corredentora, o para unirte a los millones que han enviado su petición al Papa Benedicto XVI por el quinto dogma Mariano de María Corredentora, Mediadora y Abogada, visita

FIFTHMARIANDOMGA.COM

¡A D E L A N T E ¡

Continue Reading

Boletín Internacional de Noticias

Published on July 19, 2012 by in En Espanol

0

Vox Populi Mariae Mediatrici

En este número
Boletín Internacional de Noticias
Ejemplo de Carta Petición al Papa Benedicto XVI
Carta de Ánimo para
Volumen XII, No. 1

Vox Populi

313 High Street
11 de Febrero del 2009
Hopedale, OH 43936
USA

¿Está bien solicitarle al Fiesta de Nuestra Señora
Santo Padre? de Lourdes

Tel: (749)937-2277

Conferencia de verano sobre
voxpopuli@voxpopuli.org

Incluye: ¿Estás temeroso de

www.fifthmariandomga.com

Viene la Paz a Través de Ella

En las últimas semanas he sido contactado por gente Católica y Mariana de diferentes partes del mundo, con el mismo mensaje básico al inicio de este año nuevo 2009: Los tiempos nunca han sido tan difíciles.

Por el Dr. Mark Miravalle
Presidente
Vox Populi Mariae Mediatrici

Haciendo un examen global, vemos sufrimiento sin precedente en casi todos los continentes. En el Medio Oriente, presenciamos los efectos trágicos de guerra y violencia en Irak, Afganistán y ahora, entre Israel y Palestina. En África vemos niveles dramáticos de hambre, enfermedades y muertes relacionadas con el SIDA, y violaciones a los derechos humanos en forma de invasiones militares, raptos y aun esclavitud. En Asia, más de un billón de gentes permanece bajo las ataduras del gobierno comunista chino, que continúa persiguiendo a su propia gente por preferencia religiosa y tamaño de familia. En Latinoamérica, la inestabilidad política amenaza varios países y millones de Católicos se pierden cada año para irse a otras denominaciones Cristianas, sectas religiosa y secularismo genérico. El Occidente enfrenta los males de materialismo, humanismo, secularismo, el desmoronamiento matrimonial y familiar, y un nuevo ataque sin precedentes a la dignidad sagrada de los niños no nacidos, por la recién inaugurada nueva administración en Estados Unidos.

Junto con estas dificultades continentales, el mundo está enfrentando la peor crisis económica de la historia reciente, y aun desastres naturales están golpeando de una manera inusual, de acuerdo a las fuentes internacionales.

En una entrevista al Cardenal Joseph Ratizger hecha en 1984, declaró, que a la luz de las muchas crisis actuales del mundo de hoy -incluyendo la de la fe, la moralidad y la mujer- hay un remedio: “María es el Remedio”. ¡Qué profético fue el futuro Papa Benedicto XVI!

¿Porqué la proclamación de María como Corredentora, Mediadora y Abogada es necesaria en el momento presente de sufrimiento humano sin precedente como nunca antes?

Hoy, como en ninguna otra época, debemos entender en mente y corazón el valor sobrenaturalmente redentor del sufrimiento humano. ¿Qué sería mejor sino el anuncio solemne a la Iglesia y al mundo del ejemplo arquetipo, el perfecto, sin mancha del sufrimiento humano que fue fructífero para la humanidad entera?

¿Debería ser ahora solemnemente definida María Corredentora como un dogma de la Iglesia?

Hagamos una importante distinción entre ‘dogma’ y ‘doctrina’. Actualmente, la enseñanza de la Iglesia de que María es la Corredentora de la raza humana, esta en el magisterio ordinario papal. Juan Pablo II llamó a María la Corredentora en seis ocasiones. El Concilio Vaticano II habló sobre el sufrimiento sin igual de María con Jesús, donde permaneció fielmente con él hasta la cruz, asociando sus sufrimientos con Él en su corazón de madre y “consintiendo amorosamente en la inmolación de la víctima nacida de ella” (Lumen Gentium, 58). Es doctrina oficial de la Iglesia Católica que María compartió de forma sin igual en la redención traída por Jesucristo. Eso es lo que significa “Corredentora”.
Entonces, ¿qué es un dogma? Un dogma es lo que el Beato Pío IX llamó la “perfección de la doctrina” –el más alto pronunciamiento de una verdad doctrinal encontrada en la Escritura y la Tradición. Él, defendió su definición del dogma de la Inmaculada Concepción diciendo, que una definición dogmática perfecciona la doctrina y lleva a su más grande apreciación posible para los fieles Cristianos en el mundo entero.
Algunas personas argumentan que si se define ahora solemnemente la doctrina de María Corredentora, entonces se va a “forzar” a la gente a creerla. No es así, mis amigos, la Iglesia no fuerza nada. Pero si escoges ser Católico, entonces tienes que aceptar ciertas verdades que son correctamente identificadas por la autoridad de la Iglesia como verdades Católicas.

Una de esas doctrinas es, precisamente que María participó de manera única con Jesús en la obra de la redención. Un dogma no fuerza a nadie a creer nada o a cualquier Católico a creer algo nuevo. Más bien, articula exactamente lo que la Iglesia ya enseña al respecto, elevándole a un nuevo nivel de claridad.

Otros quizá digan: “No se debería proclamar el dogma ahora, porque causará controversia”.

Pero ‘controversia’ no es una razón para parar el desarrollo doctrinal auténtico, como lo atestiguan la relación histórica de las grandes controversias sobre la Inmaculada Concepción y su trayectoria para llegar a ser dogma de fe Mariano. El asunto es: ¿Es esta una definición papal sobre la Madre de Jesús que beneficiaría a la Iglesia y al mundo? Y los más de 7 millones de fieles en los últimos 15 años, junto con más de 500 cardenales y obispos, sacerdotes, teólogos, religiosos –y más de 4,500 hermanas contemplativas de Latinoamérica, España y Portugal, que han dado su “sí” ofreciendo oraciones y sacrificios y han mandado su humilde pero fervorosa petición al papa- y aun Nuestra misma Señora a través de apariciones aprobadas eclesiásticamente-implícitamente en Fátima y más explícitamente en lugares como Ámsterdam y Akita- han hablado sobre la proclamación papal de María Corredentora como un prerrequisito absoluto para que venga la paz a este mundo actual tan emproblemado.

El plan de paz profunda para la humanidad viene del cielo así: 1) El papa proclama el dogma de María Corredentora, Mediadora y Abogada; 2) Este dogma, a través del reconocimiento solemne de los títulos y roles de Nuestra Señora, la liberan para ejercer en plenitud estos roles de intercesión por la humanidad, y por tanto inicializando definitivamente el Triunfo del Inmaculado Corazón de María, profetizado en Fátima; 3) El Triunfo trae consigo el premio prometido de paz para el mundo: “Al final, mi Corazón Inmaculado triunfará…y un tiempo de paz será dado al mundo” (Nuestra Señora en Fátima, 13 de Julio de 1917). Definitivamente, la fórmula es simple: Dogma – Triunfo – Paz. ¿Negativamente? “No Dogma, no Triunfo, no Paz”.

Quizá otros digan: “Si no todos están de acuerdo, no debería darse una proclamación dogmática”, Pues bien mis amigos, esa condición eliminaría categóricamente todas las definiciones solemnes. Nunca todos estarán de acuerdo. Equivaldría a decir que si no todos están de acuerdo que Jesús está presente en la Eucaristía, entonces la Iglesia no debió de haberlo definido solemnemente en el Concilio de Trento. No, la Iglesia Católica hace declaraciones en amor y paz para guardar el depósito de la fe guiada por el Espíritu Santo. Algunas veces es la posición de la mayoría en el mundo, en otras –con mayor frecuencia- es la posición de la minoría. Pero Jesús no actúa por mayoría o minoría, Él actúa en la verdad, como nos lo dijo: “la verdad los hará libres” (Jn 8:32).

Fijemos claramente nuestros parámetros teológicos. Jesús es el único Redentor divino. Es el único que puede reconciliar al hombre con Dios, y esto es absolutamente cierto. Pero Dios el Padre estableció que una mujer fuera involucrada en el reestablecimiento de la gracia, así como una mujer lo estuvo en la pérdida de la misma. Aquella mujer fue Eva, esta mujer es María, la “Nueva Eva”.
¿Qué mejor testimonio hay para la dignidad de la mujer –que Dios la amó tanto que la quiso involucrar en la obra humana de la redención- y de la necesidad de cada ser humano de participar en la obra del Redentor divino, que el definir solemnemente que María es la Corredentora con Jesús?

El proclamar a María como la Corredentora, le dice a cada ser humano que su sufrimiento tiene valor sobrenatural cuando está unido al de Cristo, tal y como los sufrimientos de Nuestra Señora en el Calvario. Pero también seamos claros que lo hizo la Santísima Madre por la Redención y gracia, es muchísimo más que cualquiera de nosotros. No dimos a luz a Jesús, no lo ofrecimos en la Cruz en el Calvario y no recibimos la encomienda de ser la madre espiritual de todos los pueblos como Jesús se lo dijo a María desde la Cruz: “Mujer, he ahí a tu hijo” (Jn 19:25-27).

Aunque Juan Pablo II nos llamó a convertirnos “co-redentores en Cristo”, María es excepcionalmente la Corredentora. María fue concebida inmaculada por lo que pudo ser la perfecta compañera con Jesús en el restablecimiento de la vida para la familia humana.
Entre más decimos “sí” a la verdad de María Corredentora, más decimos “sí” a nuestra propia dignidad de corredentores. ¿Fue justo los sufrimientos de Jesús? No, el es el inocente, pero los hizo redentores. Pero si decimos sí a nuestros sufrimientos (especialmente aquellos de los que no podemos escapar) y “sí” a todo sufrimiento, aunque sea injusto, tu y yo podemos hacer nuestros sufrimientos redentores.

Podemos hacer lo mismo ofreciendo los sufrimientos de hoy, aun los sufrimientos sin precedente del 2009, para la gloria de Dios, la salvación de las almas y por el triunfo del Corazón Inmaculado de María.

Si, necesitamos el dogma de María Corredentora, lo necesitamos desesperadamente.

¿Cuánta más intranquilidad necesitamos ver en los encabezados en todo el mundo antes de que le creamos y digamos: “Está bien, Madre, el dogma, la proclamación del quinto dogma Mariano es lo que es necesario par la paz. Voy hacer mi parte: voy a mandar mi carta al Santo Padre; voy a rezar todos los días por el Santo Padre para que lo proclame; voy a ofrecer mi Misa y Rosario –al menos una parte diaria- por esta intención, para que el Triunfo del Corazón Inmaculado de María venga pronto y podamos tener paz en el mundo a través del remedio celestial, el dogma de María Corredentora”?

Tenemos una promesa: “Al final mi Inmaculado Corazón triunfará… y un tiempo de paz le será dado al mundo entero”. Cuenta con esa promesa. No pierdas la esperanza, la fe. No pierdas la alegría. Nos hemos preparado para este tiempo de sufrimiento sin paralelo y la podemos hacer. Lo podemos lograr durante el presente camino dificultoso.

Orar diariamente por el dogma. Solicitud al Santo Padre. Permanezcamos en la paz interior de Jesús, y hagamos nuestra parte por conseguir la paz por toda la familia humana.

Orar y trabajar por el dogma y dejemos que nuestros corazones permanezcan pacífica y seguramente abrigado entre el Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María mientras “caminamos a través del fuego”. Hay paz en el camino hacia Ella.

Dr. Mark Miravalle
Profesor de Teología y Mariología
Universidad Franciscana de Steubenville
Presidente
Vox Populi Mariae Mediatrici

“Al final mi Corazón Inmaculado triunfará… y un tiempo de paz será dado al mundo”
Nuestra Señora de Fátima
13 de Julio de 1917

¡Por favor, distribuyan el Panfleto Adjunto:
“¿Tienes miedo de María Corredentora?”
____________________________________________

Junto con este Boletín de Vox Populi estamos incluyendo copia del panfleto: ¿Tienes miedo de María Corredentora?, escrito por el Dr. Mark Miravalle.

Por favor, siéntanse en libertad de reproducir cuantas copias quieras para distribuirlas entre sus respectivas comunidades. Denle una copia a su pastor. Tradúzcanlo a los idiomas de la gente que Uds. sirven.

Contacten las oficinas de Vox Populi Mariae Mediatrici por más copias para distribución (O pueden encontrar información del contacto en la página frontal de este Boletín).

O también visiten la página:

WWW.FIFTHMARIANDOGMA.COM

Pongan el mouse sobre Recursos – Materiales para Distribución
y bajen copia para imprimir cuantas quieran.

Este panfleto está disponible en Inglés y en Español.

Continue Reading

Promoción de María Corredentora

Published on July 19, 2012 by in En Espanol

0

¿Por qué Juan Pablo II, la Madre Teresa, Sor Lucía de Fátima y el Padre Pío llaman a María la Corredentora con Jesús de la familia humana? ¿Elevaría una solemne definición papal o “dogma” de la Sma. Virgen como Corredentora, al nivel de “cuarta persona de la Trinidad”? ¡Por supuesto que no! La Iglesia Católica condena cualquier concepto de María como una persona divina.

Los santos saben que María no es Dios. Aun así, muchos -incluyendo a Agustín, Bernardo Clairvaux, Buenaventura, Catalina de Siena, Cardenal Newman, Edith Stein, junto con una multitud de otros santos, místicos y papas- han testimoniado la verdad de su participación sin paralelo en la obra de la redención.

En el siglo II, San Irineo dijo: “María se convirtió en la causa de salvación para ella misma y para toda la raza humana”.

Sta. Francisca Cabrini, la primera Americana canonizada, declaró que en el Calvario, María “mereció convertirse en nuestra valiosísima Corredentora”.

San Maximiliano Kolbe, quien abogó fuertemente por la proclamación del dogma de María como Corredentora y Mediadora de todas las gracias, dijo: “María, como Made de Jesús el Salvador, es Corredentora, mientras que como Esposa del Espíritu Santo, participa en la distribución de todas las gracias”.

San Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei, escribió: “Los Pontífices supremos, han llamado correctamente a María Corredentora. Ella redimió a la raza humana junto con Cristo”

San Padre Pío escribio: “¡Oh, si toda la gente pudiese penetrar en este martirio! ¿Quién podría conseguir en sufrir con esto, si, nuestra querida Corredentora?

Juan Pablo II llamó a María Corredentora al menos seis veces durante su papado. Enseño: “María, a pesar de ser concebida y nacer sin mancha de pecado, participó de una manera maravillosa en los sufrimientos de su divino Hijo, para ser Corredentora de la humanidad”

Y la Santa Madre Teresa de Calcuta escribió en 1993 la siguiente carta:

“María es nuestra Corredentora con Jesús. Ella le dio a Jesús su cuerpo y sufrió con él al pie de la cruz.

María es la Mediadora de toda gracia. Ella nos entregó a Jesús y como nuestra Madre, nos obtiene todas las gracias.

María es nuestra Abogada que reza a Jesús por nosotros. Es sólo a través del Corazón de María que llegamos al Corazón Eucarístico de Jesús.

La definición papal de María como Corredentora, Mediadora y Abogada, traerá grandes gracias a la Iglesia”.

Todos ellos ofrecieron su apoyo, y te invitamos hacer lo mismo. Únete a más de 7 millones de Católicos de todo el mundo –incluyendo cardenales, obispos, sacerdotes y más de 4,500 Hermanas Contemplativas- que han mandado sus peticiones al Papa Benedicto que defina solemnemente la doctrina que María es la Madre espiritual de toda la humanidad: Corredentora, Mediadora de todas las gracias y Abogada.

Manda tu petición directamente al Santo Padre por escrito a la dirección arriba anotada.

Continue Reading

0

Por Mons. Arthur B. Calkins

Me siento muy agradecido por la oportunidad de responder a la declaración de la comisión de la Academia Pontificia Internacional Mariana, sobre la conveniencia de una definición dogmática, por parte del Papa, de María como Corredentora, Mediadora y Abogada, y responder a la vez al artículo que se publicó como comentario a dicha declaración ( ambos publicados en la edición del 4 de junio de 1997 de L’Osservatore Romano).

Primera Parte

I . No son Documentos Oficiales de la Santa Sede

Antes que nada, el hecho más importante que hay que tener en cuenta es que dichos documentos no son textos oficiales de la Santa Sede, aún cuando fueron publicados en el diario vaticano L’Osservatore Romano y su edición semanal en inglés y otras lenguas. Ambos documentos no representan un amplio espectro de las opiniones de los miembros de la Academia Pontificia Internacional Mariana, de la cual yo también soy miembro; ni siquiera por lo que se, contienen una abierta, justa y honesta consideración de los temas involucrados.

El sondeo inicial fue hecho sin una representación de los que están a favor de la definición y sin un debate serio. Los comentarios posteriores fueron escritos más con intención de propaganda que con seria atención a la realidad de los temas discutidos. Me temo que estos documentos son una muestra clásica de la manipulación de los medios de comunicación y de numerosos sectores dentro de la Iglesia, por parte de grupos interesados en interpretar el magisterio de la Iglesia desde su parcial perspectiva, un abuso que se ha venido dando después del Concilio Vaticano II y que es necesario exponer a plena luz.

II. Una Clarificación sobre el Significado de ‘Corredentora’

Este término requiere de ordinario una explicación previa, especialmente para las personas de habla inglesa, ya que el prefijo “co” es de inmediato interpretado como designando completa igualdad. Por ejemplo, el cosignatario de un cheque o el co-propietario de una casa es considerado en igualdad con el otro signatario o propietario. Es natural, pues, el temor de muchos de que describir a Nuestra Señora como Corredentora equivale a ponerla al mismo nivel de su Divino Hijo, implicando que es “Redentora” en el mismo sentido que Él lo es, reduciendo así a Jesús a “la mitad del equipo de redentores”. Sin embargo, en latín -de donde proviene el término Coredemptrix- el sentido es siempre que la cooperación de María y su colaboración en la redención es secundaria, subordinada y dependiente de Cristo, y aún así, “querida y aceptada libremente por Dios…como constituyendo una parte no necesaria pero sí maravillosamente grata del gran precio” pagado por el Hijo para la redención del mundo. Como señala el Dr. Mark Miravalle:

El prefijo “co” no significa ‘ igual’, sino que viene del latín “cum” que significa ‘con’. El título de Corredentora aplicado a la Madre de Jesús no pone nunca a María en nivel de igualdad con Jesucristo, divino Señor de todos en el proceso salvífico de la redención humana. Denota más bien, su singular y única participación en la obra salvífica de su Hijo por la redención de la familia humana. La Madre de Jesús participa en la obra redentora de su Hijo el Salvador, el único que pudo reconciliar la humanidad con el Padre en su gloriosa divinidad y humanidad.

Claramente, pues, lo que quieren los que están a favor de una definición papal no es una declaración dogmática de que María es la cuarta persona de la Santísima Trinidad, o que está en igualdad con Jesús ( ambos absurdos les han sido atribuidos por la prensa secular y católica). Lo que ellos quieren, es un reconocimiento oficial de que María ha participado en la redención del mundo de un modo tan especial que no tiene paralelo con ninguna otra humana creatura. De forma clásica en teología y en la ensañanza de los Papas esto se ha expresado con el término ‘Corredentora’.

III. La Corredención de María y el Concilio Vaticano Segundo

Desde la primera línea de su comentario, sale a relucir una de las estrategias clave de quienes se oponen a la definición dogmática: hacer aparecer a los que están a favor de esta definición como contrarios al Concilio Vaticano II:

Desde cualquier perspectiva que se considere, el movimiento que solicita la declaración dogmática de los títulos marianos: Corredentora, Mediadora y Abogada, no está en acuerdo con el sentido del gran texto mariológico del Concilio Vaticano II, el capítulo ocho de “Lumen Gentium”.

Respondiendo a esta mala interpretación sin fundamento, quisiera señalar cuatro puntos:

1 El capítulo ocho de Lumen Gentium enseña con toda claridad la doctrina de María Corredentora en los números 56, 58 y 61. He aquí una cita muy importante del número 58:

La Santísima Virgen María…perseveró fielmente su unión con el Hijo hasta la cruz, junto a la cual, no sin designio divino, se mantuvo erguida, sufriendo profundamente con su Unigénito y asociándose con entrañas de madre a su sacrificio, consintiendo amorosamente en la inmolación de la víctima que ella misma había engendrado.

Este texto usa claramente el lenguaje de enseñanza papal previa sobre la íntima colaboración de María en el misterio de la redención, como se nota también en la siguiente cita del número 61:

Por disposición de la divina Providencia, (María) fue en la tierra la Madre excelsa del divino Redentor, compañera singularmente generosa entre todas las demás criaturas y humilde esclava del Señor. Concibiendo a Cristo, engendrándolo, alimentándolo, presentándolo al Padre en el templo, padeciendo con su Hijo cuando moría en la cruz, cooperó en forma enteramente singular a la obra del Salvador con la obediencia, la fe, la esperanza y la ardiente caridad con el fin de reataurar la vida sobrenatural de las almas.

En ambos textos podemos notar el gran énfasis puesto en María como la más íntima colaboradora en la obra de nuestra redención.

2. ¿Por qué no usa el Concilio la palabra ‘Corredentora’ aun cuando muchos Obispos acudieron a él en busca de una declaración de María como Corredentora y Mediadora? Esto se debe a una dudosa estrategia encaminada a favorecer el diálogo ecuménico. En el prólogo del primer borrador del documento que vendría luego a ser el capítulo ocho de Lumen Gentium, encontramos la siguiente afirmación:

Algunas expresiones y términos usados por los Sumos Pontífices han sido omitidos ya que, aunque en sí mismos absolutamente ciertos, podrían con dificultad ser entendidos por los hermanos separados ( en este caso protestantes). Entre estos términos pueden nombrarse los siguientes: “Corredentora de la raza humana…” [ Pío X, Pío XI ].

Estas eran las leyes del juego que los Padres Conciliares se vieron obligados a seguir. Algunos teólogos argumentarían que tal enfoque ha llevado a un ecumenismo tipo “mínimo común denominador”. Monseñor Brunero Gherardini, distinguido profesor de teología ecuménica, hace ver que, con o sin el uso del término ‘Corredentora’, los observadores protestantes en el Concilio captaron de inmediato la postura Católica sobre la participación de María en la redención. Ellos consideran cualquier participación humana en la obra de la redención del hombre, aún de modo secundario o subsidiario, como algo contrario al principio de Lutero “solus Christus” [solo Cristo] y, por lo tanto, una usurpación a Dios y a Cristo. Se sigue de aquí que al elaborar la enseñanza de la Iglesia sobre la colaboración de María en la redención estamos lidiando no sólo con la posibilidad de justificar un término, sino con un dato fundamental de teología Católica, un tema que no será de fácil manejo en el diálogo ecuménico con sólo sustituir una palabra o frase por otra que pareciera más neutral.

3. El Papa Juan Pablo II, uno de los Padres del Concilio Vaticano II, habló el 13 de Diciembre de 1995, acerca del deseo de algunos de los Padres Conciliares sobre un tratamiento más explícito de María como Corredentora y Mediadora en una forma que no fuera tan negativa, como en la afirmación hecha en el comentario que decía: “El actual movimiento en pro de una definición no está claramente en línea con la dirección del Vaticano II.” He aquí lo que dijo el Papa:

Durante las sesiones del Concilio, muchos Padres quisieron enriquecer aún más la doctrina mariana con otras afirmaciones sobre el papel de María en la obra de la salvación. El contexto particular en que se desarrolló el debate mariológico del Vaticano II no permitió que estos deseos, aunque fundamentales y ampliamente difundidos, fueran aceptados; sin embargo, la entera discusión sobre María en el Concilio, siguió siendo vigorosa y equilibrada, y los temas en sí, aunque no completamente definidos, recibieron significativa atención en el tratamiento general. Aún así, la vacilación de algunos Padres respecto al título ‘Mediadora’ no impidió que el Concilio usara este título al menos una vez, y afirmara en otros términos el papel mediador de María desde su consentimiento al mensaje del ángel, hasta su maternidad en el orden de la gracia (cf. Lumen Gentium, n. 62). Más aún, el Concilio asevera su cooperación “de un modo totalmente singular” en la obra de restaurar la vida sobrenatural en las almas (ibid., n. 61).

Es este un comentario agudo hecho por alguien que ha continuado meditando y desarrollando estos mismos temas. A mi entender, este es el primer reconocimiento oficial hecho público por un Papa sobre las corrientes dentro del Concilio que moldearon la redacción del capítulo 8 de Lumen Gentium. Hace una fina referencia a los Padres que “quisieron enriquecer aún más la doctrina mariana con otras afirmaciones sobre el papel de María en la obra de la salvación”, sin criticarlos de ninguna manera. Hace también referencia al papel de María como Corredentora (cooperación en la obra de restaurar la vida sobrenatural en las almas) y Mediadora.

4. Se ve claro que los autores del comentario en cuestión, quisieran crear la impresión de que el Concilio Vaticano II dejó esculpida en granito una posición de la cual la Iglesia no podría desviarse nunca en el futuro. Pero en primer lugar, ningún Concilio tiene autoridad para obligar a los fieles en materias que no comprometan la fe y la moral. Y en segundo lugar -lo que es todavía más importante– los Padres Conciliares explícitamente declaran en el número 54 de Lumen Gentium que el Concilio:

…no tiene la intención de proponer una doctrina completa sobre María ni resolver las cuestiones que aún no ha dilucidado plenamente la investigación de los teólogos. Así, pues, siguen conservando sus derechos las opiniones que en las escuelas Católicas se proponen libremente acerca de aquella que, después de Cristo, ocupa en la santa Iglesia el lugar más alto y a la vez el más próximo a nosotros.

Es interesante notar que, justo en vísperas del Concilio las cuestiones íntimamente relacionadas entre sí acerca de la activa participación de María en la obra de nuestra redención como Corredentora y Mediadora, habían alcanzado un alto nivel sin precedente en claridad y madurez tanto entre los teólogos como entre los fieles. Al mismo tiempo, sin embargo, la oposición empezó a aparecer. Ya hemos anotado que la “sensibilidad ecuménica” sería presentada como una primera razón para evitar el tema o al menos su tratamiento directo; también empezó a surgir entre varios influyentes Obispos y sus periti (expertos), disgusto hacia el lenguaje general sobre la mediación, tal y como se venía aplicando tradicionalmente a María.

Tomando en cuenta este conflicto que salió a relucir en el aula Conciliar, la declaración arriba citada tiene un significado especial.
Pone en evidencia, sin ninguna duda, que los Padres Conciliares quisieron dejar constancia de su intención de no cerrar las puertas a la libre discusión sobre teología Mariana, aún cuando no estaban preparados paraa hacer declaraciones explícitas sobre algunos temas que habían sido largamente considerados en “en posesión”, y que ahora venían a ser disputados, tal como la activa colaboración de María en la obra de nuestra redención.

Segunda Parte

Continuando con mi respuesta a la declaración de algunos miembros de la Academia Pontificia Internacional Mariana, respecto a la conveniencia de una definición dogmática de María como Corredentora, Mediadora y Abogada, lo mismo que al posterior comentario en apoyo de dicha declaración, me doy perfectamente cuenta que requiere mucho más tiempo y paciencia el corregir impresiones equivocadas, que el producirlas.

Para presentar el caso a favor de la definición dogmática, uno debe proceder con cuidado y proporcionar las fuentes de modo que estas puedan ser evaluadas de modo independiente. Se que esto también requerirá cierto grado de concentración por parte del lector. Pero creo que este esfuerzo por parte mía y de ustedes vale la pena, porque lo que está en juego es muy importante. No se trata tan solo de conferir nuevos títulos a la Madre de Dios como para ofrecerle “nuevas joyas a su corona”, sino más bien, esforzarnos por captar la magnitud de la misión que Dios le ha dado en nuestra salvación, y lo que El espera de nosotros también. ¡Que el Espíritu Santo guie a los que ponderen los siguientes hechos a ejemplo de María misma (cf. Lc 2:19, 51)!

IV. “ ¿Término no usado por el Magisterio Papal?”

El comentario publicado sin firma el 4 de Junio de 1997 en la edición diaria italiana de L’Osservatore Romano nos informa que “desde el tiempo del Papa Pío XII, el término Corredentora no ha sido uzado en ningún documento importante del Magisterio papal.” Esta afirmación hace surgir algunas preguntas legítimas e importantes.

1. ¿ Este término fue usado en el Magisterio papal antes de Pío XII ? Sí, lo fue. La palabra ¨Corredentora¨ que tiene unos quinientos años de historia en teología como una forma de hablar acerca de la singular colaboración de María en la obra de nuestra redención, hizo su primera aparición en pronunciamientos oficiales de las Cogregaciones Romanas durante el reinado del Papa Pío X (1903-1914). Se pueden encontrar en las Acta Apostolicae Sedis [ abreviado: AAS, publicación oficial de las Actas de la Sede Apostólica]. Aunque San Pío X no firmó estos documentos, sí fueron promulgados bajo su autorización. El Papa Pío XI hizo referencia explícita a María como Corredentora en sus alocuciones a los peregrinos y en un radiomensaje del 28 de Abril de 1935 para la clausura del Año Santo en Lourdes. Basados en este uso, el término y el esclarecimiento de su significado se hizo cada vez más frecuente entre los teólogos y mariólogos hasta la víspera del Concilio Vaticano II.

2. ¿Ha sido utilizado el término por algún Papa subsiguiente? Sí, la palabra ¨Corredentora¨ o ¨corredentivo¨ ha sido usada por lo menos seis veces por el Papa Juan Pablo II, al hablar de la íntima cooperación de María en la obra de nuestra Redención. También ha usado la palabra ¨corredentor¨ o ¨corredención¨al menos en tres ocasiones al hablar de la contínua colaboración de los Cristianos en la obra de la Redención.

V. “ ¿Marginal y Desprovisto de Peso Doctrinal?”

El comentario sin firma afirma además que “el término Corredentora no ha sido usado por el Magisterio papal en ningún documento importante”, para luego admitir que se le puede encontrar “ aquí y allá en escritos papales más bien marginales y desprovistos de peso doctrinal.” Antes de seguir adelante, echemos un vistazo al párrafo 25 de la Constitución Dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium , del Concilio Vaticano II, un texto de capital importancia sobre el Magisterio del Papa u oficio de enseñanza:

“…Este obsequio religioso de la voluntad y del entendimiento de modo particular debe ser prestado al magisterio auténtico del Romano Pontífice aun cuando no hable ‘ex cathedra’; de tal manera que se reconozca con reverencia su magisterio supremo y con sinceridad se preste adhesión al parecer expresado por él, según su manifiesta mente y voluntad , que se colige principalmente (1) ya sea por la índole de los documentos, o (2) ya sea por la frecuente proposición de la misma doctrina, o (3) la manera en que la doctrina es formulada..

Basado en un cuidadoso análisis de este texto, he sostenido en mi libro Totus Tuus que la enseñanza del Papa sobre la consagración o entrega a María forma una parte importante de su “magisterio ordinario” y que él ha llevado esta doctrina a un nuevo nivel de importancia. Creo que se puede alegar lo mismo respecto a su enseñanza sobre María como Corredentora, Mediadora y Abogada.
Espero poder desarrollar esta idea e ilustrarla en artículos posteriores.

Ahora, ¿No parece un tanto irónico que un escritor anónimo en el diario Vaticano pueda campantemente minimizar el ejercicio diario del oficio de enseñanza del Papa y de sus predecesores, tachándolo de “marginal y desprovisto de peso doctrinal”? ¿Podría este increíble intento de invalidar la enseñanza papal ser mejor explicado por el hecho de que, tanto la declaración como los dos comentarios fueron publicados mientras el Santo Padre estaba en Polonia?

La pregunta que quisiera hacer aquí es sencillamente esta: ¿ Qué podríamos considerar más “marginal y desprovisto de peso doctrinal”, el ejercicio del Papa de su magisterio ordinario o la supuesta sabiduría superior de un autor o autores que se esconden detrás de la cubierta del anonimato? La verdadera sabiduría queda del lado del Santo Padre.

Continue Reading

0

Por Mark I. Miravalle, S.T.D.

El siguiente discurso fue dado en el Simposium Internacional de la Divina Misericordia Juan Pablo II, en Washington, D.C., el 25 de Enero de 1999.

El Papa Juan Pablo II usó un nuevo título para la Santísima Virgen María, en su encíclica Mariana Redemptoris Mater de 1987, el cual ha sido fundamental y desafortunadamente ignorado. El Santo Padre declaró que nuestra Santísima Virgen María “también tiene el rol específicamente materno de Mediadora de Misericordia para la venida de Nuestro Señor Jesús”.

En este sólo título están contenidos los dos más grandes movimientos espirituales iniciados por el cielo para el siglo veinte: el Triunfo del Corazón Inmaculado de María y el Triunfo de la Divina Misericordia. ¿Qué no podemos ver en este título la referencia de ambas cosas, la intercesión decisiva de la Madre de Dios en nuestros propios tiempos, y al mismo tiempo, una profunda complementariedad con los mensajes de la Beata Faustina y la Divina Misericordia?

Me gustaría discutir este título, “Mediadora de Misericordia” bajo dos aspectos: primero, sus fundamentos teológicos, y segundo, su contexto profético. En relación a sus fundamentos teológicos, ¿cómo podemos llamar a Nuestra Señora “Mediadora de Misericordia”? ¿Sobre qué bases la podemos llamar “Mediadora si, aparentemente, las Escrituras hablan de un solo Mediador? Referente a la dimensión profética de este título, ¿de qué manera la Madre de Jesús y Madre Nuestra ejercita este título y rol por la humanidad en este momento presente histórico? ¿Encaja con el Triunfo del Corazón Inmaculado en el año que nos encontramos, en el último del Siglo Veinte? ¿Cuál es el llamado especial y cual es la fuente especial e instrumento de gracia es este para nosotros en este momento crítico para la Iglesia y para el mundo de hoy?

Examinemos primero los fundamentos teológicos para el título de Mediadora de Misericordia. Es importante establecer desde el principio que el rol de María como Mediadora es el resultado de su participación excepcional en la adquisición de las gracias del Calvario, por el que recibe de la Iglesia el título de “Corredentora”. Es la Iglesia la que le ha dado a Nuestra Señora este título, y nuestro actual Santo Padre, siguiendo el precedente del Magisterio Papal de sus antecesores, se ha referido a este rol de Nuestra Señora como “Corredentora” en cuando menos seis ocasiones documentadas. El prefijo “co” de la raíz Latina “cum”, desde luego nunca significa “igual”, sino siempre significa “con”. El título significa “La mujer con el Redentor, no igual al Redentor”.

Nuestra Señora es Mediadora porque primero participa en la adquisición de la gracias de la redención como la Corredentora. El Magisterio Papal ha puesto bien claro que cada gracia y don dado por Cristo a la humanidad, viene a través de la mediación de la Santísima Virgen María. Ella es la omnium gratiarum, la Mediadora de todas las gracias y dones, que vienen de nuestro Señor Jesús y del Espíritu Santo, porque primero participó con nuestro Señor como Corredentora en la adquisición de esas gracias.

Las Sagradas Escrituras revelan profundamente el rol de nuestra Santísima Madre como Corredentora. En la Anunciación, cuando María dice “si” al ángel y por tanto da su fíat (cf Lc 1:38), le da al Redentor el instrumento de la redención, su cuerpo humano. En una plática que tuve con la extinta Madre Teresa de Calcuta referente a la definición papal solemne del rol corredentivo de Nuestra Señora, en los primeros dos minutos de hablar la Madre dijo: “Ciertamente es Corredentora. Le dio a Jesús su cuerpo y el cuerpo de Jesús es lo que nos salvó”. Le contesté, “Madre, esta es la diferencia entre santidad y teología. Ud. puede decir en dos minutos lo que le toma a los teólogos el escribir tres volúmenes”.

También podemos ver la Presentación en Lucas 2:25ff, donde en la profecía de Simón también identifica a la Madre de Jesús como un signo de contradicción. Y cualquier madre de un signo de contradicción con toda seguridad tendrá la vocación al sufrimiento. Simeón nos dice que el niño que nacerá de María, será la causa de caída y elevación de muchos. Luego miró fijamente a la madre y dijo, “y a tí misma una espada atravesará tu alma” (Lc 2:35). Así, por treinta y tres años la Madre con el Redentor examinan las palabras de Simeón de que su niño había nacido para morir, el niño que ella sola había dado carne. Sólo una mujer dio carne a la Encarnación, dio carne a la Palabra hecha carne, y la finalidad de esta Encarnación era la redención y la corredención. Si tratáramos de sintetizar la única misión que el Padre le dio al Hijo y a la Mujer, es, como Gálatas nos dice, una misión de redención y corredención (Ga 4:4). Ese fue el propósito de la unión de los Dos Corazones, el Sagrado Corazón de Nuestro Señor Jesucristo y el Inmaculado Corazón de nuestra Madre María.

Las gracias inestimables adquiridas por Jesús, el Nuevo Adán, y secundariamente por María, la Nueva Eva, deben entonces ser distribuidas a los corazones humanos a través de la mediación de Nuestra Señora como Mediadora. Esta es la continuación del rol corredentivo de Nuestra Madre, como Mediadora de Todas las Gracias.

El Magisterio Papal ha enseñado repetidamente que, puesto que María participó excepcionalmente con el Redentor en la adquisición de cada gracia de la redención como Corredentora, por esta razón, le ha sido justamente concedido por el Eterno Padre el rol de Mediadora, para participar excepcionalmente con el Mediador en la distribución de toda gracia que fluya de la Redención.

Examinemos un breve ejemplo de la enseñanzas papales sobre el rol de Nuestra Señora como Mediadora de todas las gracias:

  1. León XIII:- “A través de cual [Cristo] ha escogido ser el dispensador de todas las gracias celestiales” (Jucunda semper, 1883); “es correcto decir que absolutamente nada del inmenso tesoro de gracias que el Señor acumuló –porque ‘la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo’(Jn 1:17)—nada nos es impartido excepto a través de María…” (Octobri Mense, 1891).
  2. Sn. Pío X:- “dispensadora de todos los dones” adquiridos por la muerte del Redentor (Ad diem illum, AAS 36, 1904, p.453); “…se convirtió más dignamente en la reparadora del mundo perdido y dispensadora de todos los dones que nuestro Salvador compró para nosotros por medio de su muerte y su sangre” (Ad diem illum,1904; cf., Eadmer, De Eccellentia Virginis Mariae, c.9); “Porque ella es el cuello de nuestra Cabeza a través del cual El comunica todos los dones espirituales a su Cuerpo Místico” (Ad diem illum,1904).
  3. Papa Benedicto XV:- “A causa de su hijo sufriente y agonizante, María soportó el sufrimiento y casi la muerte…Uno puede con toda certeza afirmar que junto con Cristo, ella redimió a la raza humana… por esta razón, cualquier tipo de gracia que recibimos del tesoro de la redención, es administrado como si fuera a través de las manos de la misma Virgen dolorosa…(Carta Apostólica, Inter Sodalicia, AAS 10, 1918, p. 182); Misa y Oficio de la Mediadora de todas las Gracias, aprobada en 1921).
  4. Papa Pío XI:- “la virgen que es tesorera de todas las gracias con Dios…(Carta Apostólica, Cognitum sane, AAS 18, p.213); “…Sabemos que todas las cosas nos son impartidas por Dios, entre más grandes y mejores, a través de las manos de la Madre de Dios” (Carta Encíclica, Ingravescentibus malis, AAS 29, 1937, p.380).
  5. Papa Pío XII:- ¨Es la voluntad de Dios que obtengamos todos los favores a través de María, ´que todos se apresuren a recurrir a María¨ (Superiore Anno, AAS 32 1940, P. 145. La misma expresión por él mismo, cf., AAS 45, 1953, p.382); ¨Ella nos enseña todas las virtudes; nos da su Hijo y con él toda la ayuda que necesitamos, porque ´Dios quizo que todo lo tuviéramos a través de María¨ (Mediator Dei, 1947).

Encontramos una particularmente rica contribución a las enseñanzas doctrinales sobre el rol de Nuestra Señora como Corredentora y Mediadora, en los escritos contemporáneos de Juan Pablo II. De hecho, la Mediación Maternal de María es la materia de toda una tercera parte de la encíclica de Su Santidad, Redemptoris Mater (Madre del Redentor) de 1987.

El Pontífice declara, en la Parte I, n. 21:

¨De modo que hay mediación: María se coloca a sí misma entre su Hijo y la humanidad en la realidad de sus deseos, necesidades y sufrimientos. Ella se pone a sí misma ´en medio´, es decir, actúa como una mediadora no como una intrusa, sino en su posición como madre. Ella sabe que, como tal, puede señalar a su Hijo las necesidades de la humanidad, y de hecho, ´tiene el derecho´ de hacerlo. Su mediación, es por eso, en la naturaleza de la intercesión: María intercede por la humanidad¨ (R. Mater, n. 21).

En la Audiencia del Miércoles 1 de Octubre de 1997, el Santo Padre nos recuerda:

¨Recordamos que la mediación de María es esencialmente definida por su Divina Maternidad. El reconocimiento de su rol de Mediadora es más aún implícito en la expresión ´nuestra Madre´, la que presenta la doctrina de la mediación Maternal al poner el acento en su Maternidad¨.

Por lo tanto, por deducción teológica uno puede correctamente decir que el título de ¨Mediadora de Misericordia¨, está implícitamente contenido en el título clásico Mariano de ¨Madre de Misericordia¨.

Refiriéndose al rol corredentivo de la Santísima Virgen, en que María es quien ¨encarna¨ la misión de la redención del mundo a través de su libre y activa cooperación, su co-trabajo, Juan Pablo II recientemente ponderó una vez más, esta dimensión en su Audiencia del 18 de Septiembre de 1996:

¨Para María, la dedicación a la persona y el trabajo de Jesús significa…co-operación en su obra de salvación. María lleva este último aspecto de su dedicación a Jesús ‘supeditada a El’; esto es, en una condición de subordinación, que es el fruto de la gracia. Sin embargo, esta es verdadera co-operación, porque se da ‘con El’ y, empezando con la Anunciación, implica participación activa en la obra de la redención. ‘Por tanto, correctamente’, el Concilio Vaticano Segundo observa que ‘los Padres ven a María no meramente como contratada pasivamente por Dios, sino como co-operando libremente en la obra de la salvación del hombre por medio de su fe y obediencia. Porque ‘siendo obediente –como dice Sn. Irineo- se convirtió en la causa de salvación para ella misma y para toda la raza humana¨ (Adv. Haer. III, 22, 4).

Un año después, en la Audiencia del Miércoles 9 de Abril de 1997, el Santo Padre explicó como esta co-operación de la Santísima Virgen en la redención es ¨única e irrepetible¨:

¨No obstante, aplicado el término de ¨co-operadora¨ a María, adquiere un significado específico. La colaboración de los Cristianos en la salvación se da después del evento del Calvario, cuyos frutos ellos deben esforzarse en distribuir por medio de oraciones y sacrificios. En cambio, María, co-operó durante el evento mismo y en el rol de madre; por tanto su co-operación abarca la totalidad de la obra de salvación de Cristo. Ella sola fue asociada de esta manera con el sacrificio redentor que mereció la salvación del género humano. En unión con Cristo y en sumisión a El, colaboró en la obtención de la salvación para toda la humanidad.

El rol de la Santísima Virgen como co-operadora tiene su origen en su maternidad divina. Al haber dado a luz al que estaba destinado a lograr la redención del hombre, al haberlo alimentado, presentándolo en el templo y sufriendo con El mientras moría en la Cruz, ‘de una manera completamente singular co-operó…en la obra del Salvador’ (Lumen Gentium, n. 61). A pesar de que el llamado de Dios a co-operar en la obra de la salvación concierne a cada ser humano, la participación de la Madre del Salvador en la Redención humana es un hecho único e irrepetible.

En otra Audiencia de los Miércoles, después de explicar la ¨íntima participación de la Santísima Virgen en la vida entera de Jesús¨, el Santo Padre hizo una pausa para reflexionar en la participación de la Virgen en el Calvario:

No obstante, la asociación de la Santísima Virgen con la misión de Cristo llega a su culminación en Jerusalén, en el momento de la Pasión y Muerte del Redentor…El Concilio remarca la profunda dimensión de la presencia de la Santísima Virgen en el Calvario, recordando que ella, ‘perseveró fielmente en su unión con su Hijo hasta la Cruz’ (Lumen Gentium, n. 58), y señala que esta unión ‘en la obra de la redención se pone de manifiesto desde el momento de la concepción virginal de Cristo hasta su muerte’ (ibid., n. 57).

Con nuestra contemplación iluminada por el resplandor de la Resurrección, hacemos una pausa para reflexionar en el involucramiento de la Madre en la Pasión redentora de su Hijo, la que fue completada por su compartir en sus sufrimientos.

Por tanto, debe ser subrayado que la Mediación Maternal de María no es una ¨nueva doctrina¨, sino una verdad revelada firmemente establecida, y consistentemente enseñada por el Magisterio Papal.

También debe ser anotado que el título de ¨Mediadora de Misericordia¨, es un aspecto dentro de su rol como ¨Mediadora de todas las Gracias¨, así como uno de los más grandes dones de Dios en el orden de la gracia, es no otra cosa, que Su misericordia.

Tornemos ahora a una objeción sobre la mediación Mariana que ha resurgido particularmente en varias áreas ecuménicas, concerniente al clásico texto Paulino de 1 Tim 2:5: ¨Porque hay un sólo Dios, y hay un sólo Mediador entre Dios y el hombre, el hombre Jesucristo¨. A pesar de que el contexto general del pasaje remarca en el verso en cuestión, el valor de las ¨súplicas, oraciones, intercesiones¨ humanas de los fieles (cf. V. 1-4), sin embargo, la referencia al ¨único Mediador¨ es interpretado por algunos en el sentido de ‘exclusividad’, como un mandato prohibiendo cualquier otra mediación subordinada dentro y al servicio de la única mediación de Jesucristo.

De inestimable valor es la observación de John Macquarrie, teólogo Anglicano, en referencia a la objeción levantada por muchos cuerpos eclesiales Protestantes, en oposición a la Mediación Mariana subordinada:

El asunto no puede ser resuelto señalando los peligros de exageración o abuso, o apelando el separar textos de la escritura tal como 1 Timoteo 2:5, o cambiando modas en teología y espiritualidad, o por el deseo de no decir nada que pudiera ofender a la contraparte en el diálogo ecuménico. Quizá algunos entusiastas exagerados hayan elevado a María a una posición de igualdad virtual con Jesús, pero esta aberración no es necesariamente consecuencia del reconocimiento de que hay una verdadera lucha por las expresiones en palabras, tales como Mediadora y Corredentora. Todos los teólogos responsables estarían de acuerdo que el rol corredentivo de María es subsidiario y auxiliar al rol central de Cristo. Pero si tiene tal rol, entre más claro lo entendamos, mejor.

El entendimiento adecuado de ¨Cristo el único Mediador¨, del texto de 1 Tm 2:5, presupone una distinción crítica y fundamental: que la única y perfecta mediación de Jesucristo no previene o prohibe, sino más bien provee y llama a otros a compartir y participar de una manera secundaria y subordinada en esta perfecta mediación del Señor. Las Sagradas Escrituras revelan, en el contexto de varios paralelismos, no sólo la posibilidad sino de hecho la obligación de los Cristianos, de participar de aquello que es –en primer lugar- exclusivamente verdadero de Jesucristo. Tenemos, por ejemplo, la única Filiación de Jesucristo. Hay un sólo verdadero Hijo nacido del Padre, aquel que es el Logos, la Palabra que se hizo carne. Al mismo tiempo, se nos dice que nos hemos convertido en hijos adoptivos de Dios (cf. 2: Co 5:17; 1 Jn 3:1; Jn 1:12; Ga 2:20; 2 Pe 1:4). ). El ser hijos adoptivos es una participación de la única Filiación de Jesucristo. Otro ejemplo escriturístico es el del único Sacerdocio de Jesucristo. La carta a los Hebreos hace referencia a la unicidad y singularidad de Jesucristo, el ¨sumo sacerdote¨ (cf. Heb 3:1; 4:14; 5:10), quien sólo es ofrecido como Sacerdote y Víctima ¨por la santificación de todos nosotros¨ (cf. Hb 10:10). Al mismo tiempo, todos los Cristianos somos llamados en participar en diferentes niveles y grados del único Sacerdocio de Jesucristo, ya sea por medio de la ordenación sacerdotal ministerial o por el sacerdocio real del laicado, tal y como fue discutido en el Concilio.

Más aún, el Concilio Vaticano II establece la legitimidad de la mediación subordinada, como una participación en la perfecta mediación de Jesucristo, al confirmar el fruto de la mediación subordinada como una manifestación de aquella que es verdaderamente única y dependiente del ¨único mediador entre Dios y el hombre, el hombre Cristo Jesús¨ (cf. 1 Tm 2:5):

Ninguna criatura pudo nunca haber sido contada junto con la Palabra Encarnada y Redentor; pero así como el sacerdocio de Cristo es compartido en varias formas por sus ministros y sus fieles, y así como la bondad de Dios es radiada en diferentes maneras entre sus criaturas, así también la única mediación del Redentor no excluye, sino más bien fomenta una cooperación multifacética , la cual es una forma de compartir de esta sola fuente (Lumen Gentium, n. 62).

¿Entonces qué con la Mediación Maternal? ¿Cómo es que la Madre de Jesús participa excepcionalmente de la única Mediación del Señor? En relación a María Mediadora y de su participación excepcional en la mediación de Jesús, El Papa Juan Pablo II nos lo dice en su audiencia del Miércoles 1 de Octubre de 1997:

¨La mediación materna de María no hace sombra a la única y perfecta mediación de Cristo. En efecto, el Concilio, después de haberse referido ‘Mediadora’ precisa a renglón seguido: Lo cual sin embargo, se entiende de tal manera que no quite ni añada nada a la dignidad y a la eficacia de Cristo único Mediador (Lumen Gentium, n.62)…El Concilio afirma, además que ‘la misión maternal de María para con los hombres de ninguna manera disminuye o hace sombra a la única mediación de Cristo, sino que manifiesta su eficacia’ (ibid, n.60).

¨Así pues, lejos de ser un obstáculo al ejercicio de la única mediación de Cristo, María pone de relieve su fecundidad y su eficacia…Al proclamar a Cristo único Mediador (cf. 1 Tm 2, 5-6), el texto de la carta de Sn. Pablo a Timoteo excluye cualquier otra mediación paralela, pero no una mediación subordinada. En efecto, antes de subrayar la única y exclusiva mediación de Cristo, el autor recomienda ‘que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres’ (2:1). ¿No son, acaso, las oraciones una forma de mediación? Más aún, según Sn. Pablo, la única mediación de Cristo está destinada a promover otras mediaciones dependientes y ministeriales. Proclamando la unicidad de la de Cristo, el Apóstol tiende a excluir sólo cualquier mediación autónoma o en competencia, pero no otras formas compatibles con el valor infinito de la obra del Salvador.

“En efecto, ‘así como en el sacerdocio de Cristo participan de cierta manera tanto los ministros como el pueblo creyente, y así como la única bondad de Dios se difunde realmente en las criaturas de distintas maneras, así también la única mediación del Redentor no excluye sino que suscita en las criaturas una colaboración diversa que participa de la única fuente’ (Lumen Gentium, n.62)…¿Qué es, en verdad, la mediación materna de María sino un don del Padre a la humanidad?¨

Por tanto, podemos correctamente decir que la Santísima Virgen María participa, como ninguna otra criatura, ángel o santo, en la única mediación de Jesucristo, y por tanto correcta y excepcionalmente referida como la ¨Mediadora¨ (Lumen Gentium, n.62). María de manera única –más allá de todas las criaturas- participa en Tm 1, 2:5, debido a su participación excepcional corredentiva en la adquisición de las gracias con y supeditada a Jesús, como la Nueva Eva, lo que consecuentemente resulta en su tarea única mediatorial en la distribución de las gracias del Calvario. Juan Pablo II explica en la Redemptoris Mater:

María entró, de una manera exclusiva, dentro de la mediación ‘entre Dios y el hombre’, a la que es la mediación de Cristo Jesús hombre (cf. Tm 1, 2:5)…debemos decir que a través de esta plenitud de gracia y vida sobrenatural, fue especialmente pre-dispuesta a cooperar con Cristo, el único Mediador de la salvación humana. Y tal cooperación es, precisamente, esta mediación subordinada a la mediación de Cristo…En el caso de María tenemos una mediación especial y excepcional…

Resumiendo, es perfectamente claro por las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia que Nuestra Señora es Corredentora, quien comparte de una manera excepcional en la mediación de Cristo en la adquisición de los frutos de la Redención, y como resultado, participa de una manera única de esa misma perfecta mediación de Cristo como Mediadora de las gracias de la Redención; y que esto constituye teológicamente la base para su rol universal como ¨Mediadora de Misericordia¨, y como ¨Abogada¨ (o Intercesora principal) para todo el pueblo de Dios. (cf. Lumen Gentium, n.62).

¿Y ahora qué con la dimensión profética del título ¨Mediadora de Misericordia¨? ¿De qué manera la revelación privada de la Divina Misericordia y del Triunfo del Corazón Inmaculado de María, profetizado en Fátima, se unen en este sólo título de ¨Mediadora de Misericordia¨? ¿Qué nos dice este título en este momento de la historia humana?

Sugeriría que estos dos grandes movimientos, el Triunfo de la Divina Misericordia y el Triunfo del Corazón Inmaculado, que no son hechura de hombre pero de origen celestial, tienen una complementariedad sobrenatural. Examinemos algunos ejemplos. Primeramente, examinemos la teología de la oración que encontramos en ambos movimientos. Notemos la similitud teológica entre ambas oraciones dadas en Fátima y a la Beata Faustina.

Durante las apariciones preparatorias del ángel en 1916 a los tres niños en Portugal, les fue revelada la siguiente oración:

¨Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo, presente en todos los tabernáculos del mundo, en reparación por las ultrajes, sacrilegios e indiferencia con los que El mismo es ofendido. Y, a través de los méritos infinitos de Su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores¨.

Y de nuestro Señor de la Misericordia a la Beata Sor Faustina, tomamos lo revelado en la Corona de la Misericordia:

¨Padre Eterno, Yo te ofrezco el Cuerpo y Sangre, Alma y Divinidad de tu amadísimo Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, en expiación de nuestro pecados y de los del mundo entero¨.

¿Cuál es el fundamento teológico común de estas dos oraciones celestiales reveladas? Primeramente, hay un fundamento de reparación Eucarística, que viene en varias formas. La reparación Eucarística es primero y antes que nada en la forma del Santo Sacrificio de la Misa, ofrecido por un sacerdote ordenado, una Adoración Eucarística. Pero habrá que notar que en estos dos movimientos celestiales para este siglo, que existe una dimensión adicional de reparación Eucarística, una dimensión que también se extiende al laicado. En el ejercicio de su sacerdocio real, el laicado ofrece hostias ya consagradas, el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de nuestro Señor Jesucristo, para aplacar la justicia del Padre Eterno.

El Padre mira hacia abajo y ve los pecados de la humanidad. Primero ve al sacerdote, el que está precediendo para ofrecer el Sacrificio, el que ofrece la Eucaristía en continuación del sacrificio del Calvario. El Padre mira hacia abajo y ve, en medio de la obscuridad del pecado generalizado del mundo, estos brotes de luz, el Sacrificio de la Misa ofrecido por nuestros sacerdotes. Y debido a estas luces místicas rompiendo el obscuridad del pecado, el Padre no responde en justicia -lo que es también parte de Su naturaleza- sino más bien responde en misericordia. Es por esto que Fulton Sheen con frecuencia decía en tono de puya que si un sacerdote no entendía –antes que nada- que el era el que precedía para ofrecer el Sacrificio por el pueblo, tendría para siempre una crisis de identidad. Esta es la tarea preeminente del sacerdote, el ofrecer el Sacrificio de tal manera que la misericordia en lugar de la justicia, sea la respuesta del Padre.

Segundo, y muy especialmente en el siglo veinte, es también el laicado quien es llamado –no a consagrar, lo que está fuera de su poder- para ofrecer a Jesús Eucarístico ya consagrado al Padre en reparación por el pecado. Lo hacemos por su Pasión dolorosa, su Pasión en forma Eucarística, puesto que existe consagrado en los tabernáculos del mundo. El ofrecimiento del laicado (de una manera similar al Sacrificio del Redentor que es ganado por el sacrificio laical y maternal de la Corredentora en el Calvario), no va a tener la misma eficacia espiritual que la del Sacrificio sacerdotal, pero será un corolario, una asociación del sacerdote y el laicado ofreciendo a Jesús Eucarístico al Padre, para que la respuesta sea –como ya se dijo- misericordia en lugar de justicia.

Resumiendo, es un llamado celestial para el ofrecimiento del Señor Eucarístico en expiación y reparación de los pecados del mundo, y un ejercicio de los sacerdotes y del laicado en presentar al Padre la Pasión y la presencia Eucarística de su Hijo, por todos los fieles de Cristo.

Encontramos otra complementariedad entre el Triunfo del Corazón Inmaculado y el Triunfo de la Divina Misericordia, en muchas referencias en el Diario inspirado de la Beata Faustina, con la Mediación Maternal de María en el orden de la gracia. Manifestado claramente al abrir el Diario, tenemos numerosos ejemplos del rol salvífico de la Mediadora de Misericordia.

En la Libreta I, n. 11, p. 7, es la Madre de Dios como Abogada quien guía a la Hermana Faustina a encontar protección:

¨Cuando bajé del tren y vi que todos iban por caminos separados, me dominó el miedo. ¿Qué voy hacer? ¿A quién debo de ir, si no conozco a nadie? Entonces le dije a la Madre de Dios, ‘María, condúceme, guíame’. Inmediatamente escuché estas palabras dentro de mí, diciéndome que dejara el pueblo y que me fuera a cierta villa cercana donde encontraría un alojamiento seguro para la noche. Así lo hice y encontré de hecho que todo estaba tal y como me lo había dicho la Madre de Dios¨.

En la Libreta I, n. 20, p. 11, se refiere a la Mediación de gracias de Nuestra Señora por las almas del Purgatorio:

¨Vi a Nuestra Señora visitando las almas en el Purgatorio. Las almas la llaman ‘La Estrella del Mar’. Ella les lleva refrigerio¨.

La unión del sufrimiento humano con el sufrimiento del Corazón de la Corredentora, puede ser encontrada en la Libreta I, n. 25, p. 14:

¨Durante la noche, me visitó la Madre de Dios, llevando a Jesús Infante en Sus brazos. Mi alma estaba llena de gozo y le dije: ¨María, Madre mía, ¿Tu sabes que terriblemente sufro?¨ Y la Madre de Dios me respondió: ¨Se cuanto sufres, pero no temas. Comparto contigo tus sufrimientos y siempre lo haré así¨.

También encontramos la mediación de gracia y abogacía de nuestra Señora por las naciones en la misma Libreta, n. 33, p. 18:

¨Estaba haciendo esta novena por la intención de la Patria. En el séptimo día de la novena vi, entre el cielo y la tierra a la Madre de Dios, vestida con una túnica brillante. Estaba orando con Sus manos recogidas sobre Su pecho, Sus ojos fijos al Cielo. De su Corazón brotaron rayos ardientes, algunos de los cuales fueron dirigidos hacia el Cielo mientras que los otros estaban cubriendo nuestro país.

La mediación de Nuestra Señora por la gracia especial de la pureza para la Hermana Faustina, se encuentra en la Libreta I, n. 40, p. 21:

¨…Y [Jesús] me dijo, te doy amor eterno tal que tu pureza nunca sea empañada y como un signo de que nunca serás sujeta a la tentación contra la pureza, Jesús se quitó su cinto de oro y me lo puso en la cintura. Desde entonces nunca he experimentado ningún ataque contra esta virtud, ni en mi corazón ni en mi mente. Entendí más tarde que esta era una de las más grandes gracias que la Santísima Virgen María había obtenido para mí, puesto que yo le había estado pidiendo a Ella por muchos años esta gracia. Desde ese momento he experimentado una creciente devoción por la Madre de Dios. Me ha enseñado como amar a Dios interiormente, y también el como cumplir su Santa voluntad en todas las cosas. Oh María, Tu eres mi alegría, porque a través de Tí, Dios desciende a la tierra [y] a mi corazón¨.

En la Libreta I, n. 315, p. 144, se encuentra más referencia de la mediación de gracias de Nuestra Señora a la Beata Faustina: ¨Madre de gracia, enséñame a vivir por [el poder de] Dios¨.

En la Libreta I, n. 330, “Escuché unas pocas palabras que la Madre de Dios decía a él [vgr. Mi confesor] pero no todo. Las palabras eran: No soy sólo Reina del Cielo, sino también la Madre de Misericordia y tu Madre.”

En la Libreta I, n. 564, p. 238: ¨[María] me dijo, ‘Me das gran alegría cuando adoras a la Santísima Trinidad por las gracias y privilegios que Me fueron concedidos’. Y más delante…¨fui a la capilla a compartir la hostia, en espíritu con mis seres queridos, y le pedí a la Madre de Dios gracias para ellos¨. (n.182, p. 101).

Finalmente, la Beata Faustina confió toda su vida a Nuestra Señora, tal y como se lee en la misma libreta, n. 79, p. 41:

¨Oh María, Madre y Señora mía, te ofrezco mi alma, mi cuerpo, mi vida y mi muerte, y todo lo que le siga. Pongo todo en Tus manos. Oh Madre mía, cubre mi alma con Tu manto virginal y otórgame la gracia de pureza de corazón, de alma y cuerpo. Defiéndeme con Tu poder contra todos mis enemigos, y especialmente contra aquellos que ocultan su malicia detrás de la máscara de la virtud. ¡Oh amadísima azucena! ¡Eres para mí un espejo, Oh Madre mía!”

Otra complementariedad dinámica adicional entre el Triunfo de la Divina Misericordia y el Triunfo del Corazón Inmaculado de María, es la urgencia innegable de ambos llamados celestiales. Sería un grave error ¨desmitologizar la realidad histórica y la transmisión de urgencia contenida en ambos movimientos sobrenaturales¨. Sin lugar a duda, entonces, el Diario da un testimonio vívido y consistente de la misión de la Mediadora de Misericordia. Ambos mensajes manifiestan una auténtica urgencia histórica y celestial, una urgencia de paz y una urgencia de misericordia, no obstante, todo ello con urgencia. El siguiente es un mensaje fundamental de Nuestra Señora del Rosario en Fátima, con una promesa profética de que ¨al final mi Corazón Inmaculado triunfará¨:

¨Continúen rezando el rosario todos los días en honor de Nuestra Señora del Rosario, para obtener la paz del mundo y que se termine la guerra; porque sólo ella lo puede salvar…Sacrifíquense por los pecadores; y digan con frecuencia, especialmente cuando hagan un sacrificio: ‘Oh Jesús mío, es por tu amor, por la conversión de los pecadores y en reparación por los pecados cometidos contra el Corazón Inmaculado de María.’ Uds. han visto el infierno –a donde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlos Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. Si la gente hace lo que voy a decir, muchas almas serán salvadas y habrá paz porque se va a terminar la guerra. Pero si no dejan de ofender a Dios, otra guerra peor se desatará durante el reinado de Pío XI. Cuando vean una noche iluminada por una luz desconocida, sepan que es el gran signo que Dios les da de que va a castigar al mundo por sus crímenes por medio de la guerra, hambre y persecución de la Iglesia y del Santo Padre. Para prevenir esto, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la Comunión de Reparación en los Sábados Primeros. Si escuchan mi petición, Rusia se convertirá y habrá paz. Pero si no, desparramará sus errores en todo el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia; los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá mucho que sufrir, varias naciones serán aniquiladas; pero al final mi Corazón Inmaculado tiunfará¨

(13 de Julio de 1917).

Muchos de nosotros estamos conscientes del hecho de que cuando el Santo Padre fue herido el 13 de Mayo de 1981, en el aniversario del primer mensaje de Fátima, después de que la bala fue retirada de su abdomen, el Santo Padre pidió que la bala fuese traída y moldeada como una parte dentro de la corona de Nuestra Señora de Fátima. ¡De una manera tan clara él testimonia su vida a la intercesión de Nuestra Señora de Fátima! Por tanto, vemos en Fátima un mensaje de urgencia, de conversión y de reparación Eucarística, todo condicionado a la respuesta del hombre.

La urgencia del mensaje de la Divina Misericordia se manifiesta no sólo en las expresiones obvias de las revelaciones privadas de la Beata Faustina, sino también en la encíclica sobre la Divina Misericordia de nuestro Santo Padre emitida en 1982, Dives in Misericordia. En esta encíclica, también poco notada, el Santo Padre advierte de un diluvio potencial por los pecados contemporáneos de la humanidad:

¨No obstante, en ningún tiempo ni período histórico –especialmente en el momento crítico como el nuestro- puede la Iglesia olvidar las oraciones que es un llamado por la misericordia de Dios en medio de tantas formas de maldad que pesan y amenazan a la humanidad…Como los profetas, hagamos una súplica a ese amor que tiene características maternales y el cual, como una madre, sigue a cada uno de sus hijos, cada oveja perdida, aún si se contaran por millones, aún si sobre el mundo prevaleciera la maldad sobre la bondad, aún si la humanidad mereciera un ‘nuevo diluvio’ a causa de sus pecados…Y si ninguno de nuestros contemporáneos comparte la fe y la esperanza que me guía, como un siervo de Cristo y administrador de los misterios de Dios, para implorar la misericordia de Dios para la humanidad en esta hora de la humanidad, permítanle al menos tratar de entender la razón de mi preocupación. Está dictado por amor al hombre, por todo lo que es humano y el cual, de acuerdo a las intuiciones de muchos de nuestros contemporáneos, que está amenazado de un inmenso peligro…El misterio de Cristo…también me obliga a proclamar misericordia como el amor misericordioso de Dios…de igual manera me obliga el tener que acudir a esa misericordia y a pedir por ella en esta fase difícil y crítica de la historia de la Iglesia y del mundo, al acercarnos al final del segundo milenio¨ (Dives in Misericordia, n. 15).

Esto es, por cierto, donde nos encontramos en el último año del segundo milenio.

¿Qué es lo que entonces constituye la relación entre el Triunfo de la Divina Misericordia y el Triunfo del Inmaculado Corazón de María? El Triunfo del Corazón Inmaculado de María tiene como su primer objetivo la misión de abrir los corazones al don de la Divina Misericordia, y por tanto, el Triunfo del Corazón Inmaculado de María, correctamente entendido , coincide con el de la Divina Misericordia. El Triunfo del Corazón Inmaculado de María esencialmente sirve al Triunfo de la Divina Misericordia, al igual que sirve para abrir y sostener los corazones humanos para y con el don de la Divina Misericordia que viene del Sagrado y Misericordioso Corazón de Nuestro Señor. Esto nos llevará a la “Era de paz”, al Reino Eucarístico del Sagrado Corazón, un tiempo cuando la misericordia del Corazón de Jesús es de hecho aceptada por el corazón humano, la tan esperada y prometida “Nueva Primavera para la Iglesia”. Es María, la Mediadora de Misericordia, la que, a través del Triunfo de su Corazón Inmaculado, mediará para el mundo las gracias de la Divina Misericordia y el Reino del Sagrado Corazón sobre la tierra. Ambos Triunfos buscan este mismo objetivo. ¿Cuál es entonces la llave para abrir las gracias inestimables del Triunfo del Corazón Inmaculado de María, que conducirá al Triunfo de la Divina Misericordia en los corazones de la humanidad? Muchos cardenales, obispos, sacerdotes y líderes laicos Marianos del mundo creen, como yo creo, que será la proclamación papal de la verdad total sobre Nuestra Señora en su rol de la Madre de todos los Pueblos, Corredentora, Mediadora de Gracia y Misericordia, y Abogada.

Para poder entender la necesidad de la definición Papal de la Mediación maternal de Nuestra Señora, es críticamente necesario el entender el principio básico de la providencia de Dios en relación al respecto de la libertad humana. ¿Porqué es necesaria una proclamación dogmática para que se liberen totalmente las gracias y misericordia del Corazón Inmaculado de María?

Dios, el Abba Padre, no fuerza sus gracias sobre nosotros. Dios tiene un tremendo respeto por la libertad humana y por la libertad del corazón humano, y su gracia es dada sólo cuando es pedida, y es sólo recibida cuando el corazón se ha abierto a ella. Esto también es verdad referente al rol de la Madre de Misericordia. Sus títulos son sus obras. Cuando llamamos a la Santísima Madre la Mediadora de Misericordia, no es sólo un título honorario; es una función que realiza por el Cuerpo Místico, y hasta que demos completo reconocimiento a ese título, Ella no podrá ejercer completamente dicha función por su familia.

Por tanto, existe una verdadera fundamentacion teológica, que mientras el Santo Padre no haga libremente la proclamación a su más alto nivel de verdad, la Santísima Madre no tendrá la libertad para ejercer plenamente sus títulos y sus funciones como la Corredentora, Mediadora de todas las gracias y abogada por toda la familia humana, interceder por el tan esperado Triunfo de su Corazón Inmaculado, el que llevará al Triunfo de la Divina Misericordia. Como un autor lo indicó, Dios esperó el si, el fíat de una mujer para enviar a su Hijo al mundo, y ahora la Mujer espera el fíat de un hombre, el Vicario de Cristo, para enviar al mundo las gracias inestimables del Triunfo de Su Corazón Inmaculado.

En síntesis, por tanto, podemos ver que el Padre Eterno, que es rico en misericordia no fuerza Su gracia sobre nosotros, sino que más bien requiere nuestro fíat para recibirlas. Y, por tanto, hasta que la Iglesia libre y totalmente reconozca los roles de Nuestra Señora como la Madre de Todos los Pueblos, la “Madre sufriente” (la Corredentora), la “Madre nutriente” (la Mediadora de todas las Gracias y Misericordia), y la “Madre suplicante” (la Abogada), hasta entonces Nuestra Madre no podrá ejercer plenamente estos roles mediatorios por la Iglesia y por el mundo que está en necesidad desesperada de un Nuevo Pentecostés del Espíritu a través de la Esposa.

La necesidad por este gran Dogma Mariano para que inicie el Triunfo del Corazón Inmaculado, ha sido manifestada por más de 530 obispos, incluyendo a 44 cardenales, y a cerca de 5 millones de fieles Católicos quienes están orando y pidiendo por esta proclamación papal. Desde luego, que respecto al tiempo y lo apropiado de esta proclamación papal, nos sometemos completamente a la decisión de nuestro Papa Totus Tuus y de la Divina Misericordia, Juan Pablo II.

Por tanto, dirijámonos hacia el Cielo pidiendo el Triunfo del Corazón Inmaculado de María, el que conducirá al Triunfo de la Divina Misericordia. Usemos los instrumentos sobrenaturales del Rosario, la Corona de la Misericordia, la Adoración Eucarística y los ofrecimientos reparadores para expiar por los pecados presentes en toda la humanidad. Oremos por la proclamación de la verdad total de la Madre de Todos los Pueblos, liberándola para que medíe completamente como Corredentora, Mediadora de Gracia y Misericordia,y Abogada, por la Iglesia y el mundo de hoy. Y seamos imágenes de la Divina Misericordia y del Inmaculado Corazón, haciendo nuestra parte individual, lo que conducirá al Triunfo de la Divina Misericordia, al Reino Eucarístico de Nuestro Señor Jesús, a la Nueva Primavera para la Iglesia.

Continue Reading

0

Por Dr. Mark I. Miravalle, STD

El día 4 de Junio de 1997, fue publicada en el L’Osservatore Romano la declaración de una Comisión Teológica de la Academia Pontifica Internacional Mariana A esta comisión “Se le pidió por medio de la Santa Sede, estudiar la posibilidad y la oportunidad de la definición de los títulos marianos de Mediadora, Corredentora y Abogada”. La Comisión estuvo compuesta por 15 teólogos Católicos, además de teólogos no Católicos, incluyendo un Anglicano, un Luterano y 3 Ortodoxos.

Aunque deseo expresar mi gran apreciación por los avances del diálogo teológico en relación a la solemne definición de la Mediación Maternal de la Santísima Virgen María, como está presentado por la declaración de esta Comisión Teológica Internacional, debo al mismo tiempo declarar que hay varios elementos teológicos fundamentales a este asunto, que aparentemente resultan inexistentes dentro de las consideraciones y conclusiones de la comisión. Resumiré solamente los elementos críticos teológicos más importantes ausentes de tal declaración y de las conclusiones de la comisión, mismos que están contenidos en el trabajo de otra asociación internacional de teólogos y mariólogos que ha contribuido a dos de los volúmenes teológicos dedicados a la Mediación Maternal de María: María Corredentora, Mediadora, Abogada: Fundamentos Teológicos, Hacia Una Definición Papal?, y María Corredentora, Mediadora y Abogada: Fundamentos Teológicos II, Papales, Pneumatológicos y Ecuménicos, (Queenship Publishing, Santa Bárbara, CA). Los internacionalmente reconocidos mariólogos que participaron en esta serie de estudios teológicos referentes a la cuestión de la solemne definición de la Mediación Maternal de María, como están contenidos en estos volúmenes teológicos, cubre varios continentes, varios países y tres comunidades de la Cristiandad.

1. El Título, “Corredentora” y las Enseñanzas Papales del Papa Juan Pablo II.

Una primera advertencia de la comisión parece estar en contra del uso del título de “Corredentora”, al discutir la excepcional cooperación de la Sma. Virgen María con y supeditamente a Jesucristo en la Redención de la humanidad. Debe ser fuertemente subrayado que nuestro Santo Padre actual, el Papa Juan Pablo II, ha usado explícitamente el título de “Corredentora” en al menos 5 ocasiones de sus Enseñanzas Papales durante su presente Pontificado. Esto queda perfectamente ilustrado por su discurso papal de 1985 en Guayaquil, Ecuador, en donde el título de “Corredentora” fue usado en una explicación del rol que le está dando:

“María va antes que nosotros y nos acompaña. El viaje silencioso que empieza con su Inmaculada Concepción y pasa a través de su ‘sí’ de Nazareth, que la hace la Madre de Dios, encuentra en el Calvario un momento particularmente importante. Ahí también, aceptando y asistiendo en el sacrificio de su Hijo, María es el amanecer de la Redención; …Crucificada espiritualmente con su hijo crucificado (cf: Gal. 2:20), contempló con su heroico amor la muerte de su Dios, ella “amorosamente consintió en la inmolación de su Víctima que ella misma había traído al mundo” (Lumen Gentium 59) …

De hecho, en el Calvario se une a sí misma con el sacrificio de su Hijo, lo cual la lleva a la fundación de la Iglesia; su corazón maternal compartió hasta lo más profundo la voluntad de Cristo ‘para unir en uno todos los hijos dispersos de Dios’ (jn. 11:52). Habiendo sufrido por la Iglesia, María merece ser la Madre de todos los discípulos de su Hijo, la Madre de su unidad… De hecho, el rol de María como Corredentora no cesa con la glorificación de su Hijo”

Más recientemente, en su discurso de la audiencia general del 9 de Abril de 1997 (a la fecha, Juan Pablo II ha dado una serie de más de 50 catequesis Marianas), el Santo Padre usa el ejemplo del llamado de San Pablo a todos los Cristianos para ser “colaboradores de Dios” (1 Cr. 3:9), o en algunas traducciones “co-trabajadores”, y también específica la cooperación excepcional de María en el trabajo de la Redención (sin inferir ninguna igualdad entre los Cristianos, la Sma. Virgen María y el acto excepcional único de redención logrado por Jesucristo sólo):

“Más aún, cuando el Apóstol Pablo dice: “Ya que somos colaboradores de Dios” (1 Cor. 3:9), él sostiene la posibilidad real del hombre de cooperar con Dios. La colaboración de los creyentes que excluye obviamente cualquier igualdad con él, está expresada en la proclamación del Evangelio y en su contribución personal al tomar raíces en los corazones humanos.

Sin embargo, aplicado a María, el término ‘co-operador’ adquiere un significado específico. La colaboración de los Cristianos en la salvación toma lugar después del evento del Calvario, cuyos frutos ellos se esfuerzan en derramar por medio de oración y sacrificio. María, en cambio co-operó durante el evento mismo en el rol de Madre; por tanto su co-operación abarca la totalidad del trabajo de la salvación de Cristo. Ella sola fue asociada de esta manera con el sacrificio redentor que mereció la salvación de toda la humanidad. En unión con Cristo y en sumisión a el, ella colaboró en obtener la gracia de la salvación para toda la humanidad”

En todos los casos del uso Magisterial del término “Corredentora”, el prefijo “co” no significa igual a, pero viene de la palabra del Latín, “cum” que significa “con”. El título de “Corredentora” aplicado a la Madre de Jesús nunca pone a María en el mismo nivel de igualdad con Jesucristo, el divino Señor de todos, en el proceso de la redención de la humanidad. Más bien, denota el singular y único compartir de María con su Hijo en el trabajo de la redención y salvación de la familia humana. La Madre de Jesús participa en el trabajo redentor de su Hijo Salvador, que el solo puede reconciliar a la humanidad con el Padre en su gloriosa divinidad y humanidad”.

Por tanto el título y el rol de María como Corredentora revela la particpación única de María, su “co-laboración” y “co-operación” con y supeditada a Jesucristo el único Redentor de la humindad, mientras que al mismo tiempo llama a todos los Cristianos a cooperar en el trabajo salvador de la redención (cf. Col. 1:24). La enseñanza de nuestro Santo Padre que dice “la colaboración de los creyentes… obviamente excluye cualquier igualdad con él…”, corrige la declaración un tanto cuanto engañosa hecha por un comentario de la declaración de la comisión teológica de que el título de “Corredentora”, o la doctrina de la corredención Mariana, inapropiadamente “llama” a María a estar “al mismo nivel con la Palabra de Dios en su particular función redentiva”. Más aún, Lumen Gentium, n. 62 clarifica la verdadera participación de las criaturas en la única mediación de Jesucristo, sin ninguna confusión de ser inapropiadamente percibida como siendo “a nivel con la Palabra de Dios”:

“Porque ninguna criatura puede compararse jamás con el Verbo Encarnado nuestro Redentor; pero así como el sacerdocio de Cristo es participado de varias maneras, tanto por los ministros como por el pueblo fiel, y así como la única bondad de Dios se difunde realmente en formas distintas en las criaturas, así también la única mediación del Redentor no excluye, sino que suscita en sus Criaturas una múltiple cooperación que participa de la fuente única” (Lumen Gentium, n. 62).

Aquí no se está afirmando que los documentos del actual Santo Padre, donde el emplea el título de “Corredentora”, son los más definitivos de su pontificado como ha sido aludido por los comentarios de la comisión. Al mismo tiempo, constituiría aún un error más grave el declarar injustificadamente que las enseñanzas papales de Juan Pablo II y el uso explícito del título de “Corredentora” no tiene ninguna importancia ni significado teológico. Estas son claras y repetidas indicaciones de cómo el Santo Padre entiende y definiría lo que hace de la cooperación de la Sma. Virgen María en la obra de la Redención bajo la Cruz, algo singular y no-repetible por ningún otro de los creyentes. El decir que su cooperación es excepcional, no es que se esté diciendo que se iguala a la obra de Cristo. Y para designar específicamente la participación única de María, la “Nueva Eva”, con y supeditada a Cristo, el “Nuevo Adán”, como “Corredención Mariana,” de manera que se defina la singularidad de esa cooperación, difícilmente se ve impreciso y ambiguo –no más impreciso o ambiguo lo que sería para la divina primacía de Jesucristo, el definir la singular o excepcional cooperación de la Sma. Virgen María en la encarnación de Jesucristo como la Madre de Dios.

La objeción siguiente de que “los títulos como están propuestos son ambiguos” debe ser vista, nuevamente, a la luz de las ricas Enseñanzas Magisteriales Papales de los Siglos XIX y XX. No solamente fue el término de “Corredentora” usado bajo los pontificados de Pío X y Pío XI al igual que con el uso contemporáneo del presente Santo Padre, pero los subsecuentes términos de “Mediadora” y “Abogada” y sus roles, han estado aún con mayor frecuencia en el uso de las enseñanzas de ambos siglos en el Magisterio Papal. No solamente fue el término de “Mediadora” y “Abogada” están contenidos en las enseñanzas del Concilio Vaticano II (cf. Lumen Gentium n. 62), pero también han sido desarrollados en gran medida en la Encíclica Papal de 1987, Redemptoris Mater (La Madre del Redentor), con una completa tercera sección de la misma titulada y dedicada a la doctrina de la Iglesia sobre la “Mediación Maternal.” Quizá la “ambigüedad” mencionada por la comisión, proviene de una falta de comprensión de que el objetivo es la petición de la solemne definición de la Mediación Maternal de María, bajo sus tres aspectos esenciales de: Corredentora (“la Madre Sufriente”), Mediadora (“la Madre Alimentante”) y Abogada (“la Madre Intercesoara”), y no una petición para un “triple dogma” o de “tres términos no-homogéneos” como los miembros de la comisión anteriormente lo mencionaron. Los roles de una madre, como el corazón de una familia, son multiformes; la verdad de su maternidad es singular. Lo mismo tiene validez para la “Madre de la Iglesia” (cf. Concilio Vaticano II, 21 de Nov. 1964).

2. La Definición Solemne de la Mediación Maternal y el Concilio Vaticano II

También debe ser recordado que el Concilio Vaticano II fue por su propia definición no un “concilio dogmático” sino un “concilio pastoral”, y como tal no pudo haber sido el lugar más apropiado para una definición dogmática. Y aún así, los Padres Conciliares hicieron claro que ellos no intentaron presentar una “doctrina completa sobre María” y estimularon a un desarrollo futuro mariológico doctrinal: “Este Sacrosanto Sínodo… no tiene la intensión de proponer una doctrina completa de María, ni tampoco dirimir las cuestiones no llevadas a una plena luz por el trabajo de los teólogods”. (Lumen Gentium, n. 52). La historia de la Iglesia y sus antecedentes nos enseñan que la decisión de un concilio ecuménico dado, que no haya hecho una definición solemne, no necesariamente impide que venga una definición solemne en forma de ex cathedra en el futuro. Por ejemplo, la petición para la definición solemne de la Asunción de María fue elevada y rechazada en el Concilio Vaticano I, pero esto no necesariamente impidió que después viniera una definición solemne de la Asunción, hecha por Pío XII, en una expresión ex cathedra. No existen razones suficientes como para concluir que debido a que el Vaticano II se abstuvo de usar el término de “Corredentora”, entonces por tanto el Concilio intentaba que la Iglesia abandonara el uso de este título para siempre. La doctrina mariológica, el lenguaje y el uso del título por el Papa Juan Pablo II, claramente hace que tal decisión sea imposible.

Por esta y muchas otras razones, por tanto, la rica doctrina mariológica desarrollada en la materia de la Mediación Maternal de María, proveída por las enseñanzas Papales de Juan Pablo II, como un desarrollo fructífero de las enseñanzas del Concilio Vaticano II simplemente no puede ser ignorada. Debemos ser cuidadosos de cualquier forma de estancamiento teológico que rechace el desarrollo auténtico de la doctrina mariológica, como está manifiesta por el presente Pontífice en los diferentes niveles de su Magisterio Papal, en expresiones a base de encíclicas, cartas apostólicas, audiencias generales y enseñanzas.

3. La Definición Solemne de la Mediación Maternal y el Ecumenismo

En relación a la sensibilidad a “dificultades ecuménicas” expresadas por la comisión, regresemos de nuevo a las claras enseñanzas del Papa Juan Pablo II, un reconocido profeta contemporáneo del crítico llamado al ecumenismo, como se encuentra en su reciente encíclica, Ut unum Sint. Dentro de esta instrucción papal en el mandato eclesiástico por una actividad ecuménica, Juan Pablo II específica que en nuestro esfuerzo por un auténtico Ecumenismo Católico, el cuerpo completo de la doctrina como debe ser enseñado por la Iglesia debe ser presentada; la unión completa en el cuerpo de Cristo puede darse únicamente a través de la aceptación de la verdad total, como está enseñada por la Iglesia, y que las “demandas de la verdad revelada” no previenen de la actividad ecuménica sino más bien, proveen los fundamentos necesarios para la unidad Cristiana definitiva. Ut Unum Sint declara.

“En relación al estudio de áreas de desacuerdo, el Concilio requiere que el cuerpo completo de la doctrina sea claramente presentado… la comunión total de seguro va a venir a través de la aceptación de la verdad total, dentro de la cual el Espíritu Santo guía a los discípulos de Cristo. De aquí que todas las formas de reduccionismo o de fácil “acuerdo” deben ser absolutamente evitadas… la unidad querida por Dios puede ser solamente alcanzada por la total adherencia a todo el contenido de la fe revelada en su totalidad. En materia de fe, el transigir está en contradicción contra Dios que es Verdad. En el Cuerpo de Cristo, “el camino, la verdad y la vida” (Jn 14:6), ¿Quién puede considerar legítima una reconciliación obtenida a expensas de la verdad?… El mantener una visión de unidad que tome en cuenta todas las demandas de la verdad revelada, no necesariamente significa poner un freno en el movimiento ecuménico. Por el contrario, significa prevenirlo de llegar a establecer soluciones aparentes que lleven a resultados no firmes y sólidos. La obligación de respetar la verdad es absoluta. ¿No es esta la ley del Evangelio?”.

En ese mismo documento sobre Ecumenismo, el Santo Padre defiende el ejercicio del carisma de la infalibilidad papal como un “testigo de la verdad”, que de hecho sirve como un valor y un fundamento para la unidad cristiana definitiva:

“Cuando las circunstancias así lo requieran, [el Papa] habla en el nombre de todos los Pastores en comunión con él. El puede también –bajo condiciones muy específicas claramente señaladas en el Concilio Vaticano I- declarar ex cathedra que una cierta doctrina pertenece al depósito de la fe (Concilio Ecuménico Vaticano I, Pastor Aeternus: DS 3074). De esta manera, al ser el testigo de la verdad, él sirve a la unidad.”

Las solemnes definiciones de dogmas Marianos, y específicamente el de definición solemne de la Mediación Maternal, no va en contra del mandato crítico de la Iglesia sobre la actividad ecuménica; más bien tales definiciones pueden servir a esta unidad, por la búsqueda de una perfección y claridad doctrinal, tal como la encontramos en las palabras del Cardenal John O’Connor de Nueva York: “Claramente, una definición formal sería formulada en una terminología tan precisa, que otros Cristianos perderían su preocupación de que nosotros no distingamos adecuadamente entre la asociación única de María con la redención y el poder redentor ejercitado por Cristo solo.”

Al mismo tiempo no deberíamos de estar sorprendidos cuando los hermanos y hermanas Cristianas de otras comuniones, que no aceptan el oficio y el carisma del papado, no estén a favor del ejercicio de este oficio específico que ellos mismo no lo aceptan como auténtico. Por tanto, el requerir un apoyo convincente venido de otras comuniones Cristianas y otros cuerpos eclesiásticos, como una condición requisito para ejercer la infalibilidad papal, sería como eliminar –prácticamente hablando- el carisma dado por el Espíritu Santo a la Iglesia de Cristo en la búsqueda de una claridad y perfección doctrinal.

La Santísima Virgen María no debe ser vista como un obstáculo, sino más bien como un instrumento y una madre del movimiento ecuménico (cf. Redemptoris Mater, n. 30), recordando que nadie une a los hijos de una familia más que como lo hace la madre de la familia. Dejemos confiadamente tales decisiones de la temporalidad y oportunidad de una definición solemne de la Mediación Maternal a nuestro Vicario de Cristo, el Papa Juan Pablo II, quien es al mismo tiempo las dos cosas totalmente Mariano y totalmente ecuménico.

4. Vox Populi Mariae Mediatrici

La organización internacional Católica, Vox Populi Mariae Mediatrici (la voz del Pueblo por María Mediadora), es el movimiento principal entre otras, que pide al Santo padre el Papa Juan Pablo II, que defina solemnemente la Mediación Maternal de la Santísima Virgen María. Esta organización internacional Católica lleva consigo el apoyo episcopal de más de 500 Obispos, incluyendo a 42 Cardenales y 4.5 millones de peticiones de fieles representantes de 155 países, todos unidos en pedir la solemne definición de la Mediación Maternal de Nuestra Señora. Vox Populi Mariae Mediatrici trabaja en completa obediencia y solidaridad con el magisterio papal del Papa Juan Pablo II al ejercer su derecho y deber canónico como está manifestado en el Canon 212,d2,3:

“Los fieles Cristianos tiene la libertad de dar a conocer sus necesidades–especialmente la sespirituales- y sus deseos a los pastores de la Iglesia”; “De acuerdo con el conocimiento, competencia y preeminencia que ellos poseen, tienen el derecho y en algunas ocasiones el deber de manifestar a los pastores sagrados su opinión en materia que pertenece al bien de la Iglesia, y tienen el derecho de hacer conocer su opinión a los otros fieles Cristianos, con el debido respeto a la integridad de la fe y de la moral revelada, dirigido a sus pastores, y con la consideración del bien común y de la dignidad de las personas.”

En el estricto espíritu y letra de este Canon, Vox Populi Mariae Mediatrici continúa haciendo todo lo posible a nivel de oración, investigación teológica, catequesis Mariana y educación de los fieles, para asistir en la obtención de la madurez teológica y eclesiástica adecuada, a la causa de una definición solemne de la Mediación Maternal de la Santísima Virgen María.

A la luz de la objeción de la comisión de que la doctrina mariológica en cuestión aún necesita de “más estudio” y mayor “madurez teológica”, recordemos de nuestros recientes antecedentes de la Iglesia, que tal madurez puede darse en un período más bien corto de tiempo, basado en las mentes y en los corazones, autoridades, teólogos y laicos, dedicados al desarrollo de una doctrina dada en un tiempo dado de la iglesia. Por ejemplo en 1957, el Papa Pío XII declaró que la causa de la restauración del diaconado permanente en este tiempo, carecía de “madurez teológica”. Sin embargo pocos años después, en el Concilio vaticano II (1961-1965) fue cuando se consideró que el diaconado permanente “había llegado a su propia madurez teológica” y por tanto fue reinstalado por el Papa Pablo VI en 1967, un poco después del Concilio en 1967.

Resumiendo entonces, la declaración de la comisión, mientras provee una contribución valiosa al dialogo teológico concerniente a la Mediación Maternal y su probable definición solemne, no contiene una prohibición autorizada ni oficial de las actividades de Vox Populi Mariae Mediatrici, que continuará trabajando en obediencia y solidaridad con el Magisterio Papal del Papa Juan Pablo II, en la búsqueda por obtener la requerida madurez teológica y eclesial para la definición solemne de la Mediación Maternal, sea que esto se dé en el distante o “no tan distante” futuro. Sin duda, el juicio final permanece en el presente Pontífice. Y con toda la apreciación y el respeto que se merece la contribución de la comisión teológica en la materia de la Mediación Maternal y su definición, también sabemos por los antecedentes históricos de la Iglesia que muchas comisiones teológicas asesoras requeridas por la Santa Sede, han llegado a conclusiones que en última instancia no fueron adoptadas por la Santa Sede; el ejemplo más radical dentro de los antecedentes recientes de la Iglesia, fue la comisión teológica a la que pidió la Santa Sede examinará la cuestión del control natal artificial, la conclusión de la misma fue ignorada por el Papa Pablo VI, cuando reafirmó en su Encíclica de 1968, la enseñanza constante de la Iglesia en contra del control artificial de la natalidad, Humanae Vitae.

En Conclusión, se Expresan las Siguientes Declaraciones Sintetizadas:

  1. El Pontífice actual, el Papa Juan Pablo II, ha usado el título de “Corredentora” aplicado a la Santísima Virgen María en al menos 5 ocasiones de sus declaraciones Papales, acompañadas por tratados teológicos profundos sobre la participación excepcional de la Santísima Virgen María en la Redención de la humanidad, llevada a cabo por Jesucristo. Los títulos y roles de “Mediadora” y “Abogada”, están contenidos en las enseñanzas del Concilio Vaticano II (Lumen Gentium, nn. 61, 62) y han sido una rica tradición en el uso de las enseñanzas del Magisterio Papal de los siglos XIX y XX (con especial contribución del Magisterio Papal del Papa Juan Pablo II).
  2. Las enseñanzas del Concilio Vaticano II de ninguna manera prohiben una definición solemne de la Mediación Maternal, y de hecho hacen un llamado para un adecuado y completo desarrollo teológico sobre la auténtica doctrina Mariana (cf. Lumen Gentium, n. 54).
  3. La contribución específica encontrada en las Enseñanzas Papales del Papa Juan Pablo II en materia de la mediación maternal de María como Corredentora, Mediadora y Abogada, debe ser incluida y apreciada en el desarrollo de la doctrina mariológica contemporánea, llevando potencialmente hacia una definición solemne de la Mediación Maternal.
  4. La petición de una solemne definición de la Mediación Maternal de María, de ninguna manera está en contra del mandato crítico eclesial para una actividad ecuménica auténtica. La “verdad total sobre María” como parte de la “verdad total del Evangelio”, servirá como fundamento para la deseada unidad Cristiana, como está enseñada por Cristo y entregada a la Iglesia (cf. Dei Verbum, n. 9, 10). En las palabras del Papa Juan Pablo II: “El sostener una visión de unidad que tome en cuenta todas las demandas de la verdad revelada, no necesariamente significa poner un freno al movimiento ecuménico”14 La Santísima Virgen María no debe ser vista como un obstáculo, sino como un instrumento maternal de unidad para todos los cristianos en el único rebaño de Jesucristo.
  5. El movimiento Internacional Católico Vox Populi Mariae Mediatrici, conformado por más de 500 Obispos, 42 Cardenales y la petición de 4.5 millones de fieles pertenecientes a 155 países, continuarán rezando y trabajando en obediencia al Magisterio Papal del Papa Juan Pablo II, procurando conseguir la madurez teológica y eclesial requerida para la definición solemne de la Mediación Maternal de María como Corredentora, Mediadora y Abogada, tal como lo es su derecho y deber canónico expresado en el Canon 212,d2,3.
  6. Vox Populi Mariae Mediatrici deja a Su Santidad Juan Pablo II el discernimiento y la decisión póstuma de la “posibilidad y oportunidad” de la solemne definición de la Mediación Maternal de la Santísima Virgen María, y ofrece obediencia y sumisión total a su juicio final y definitivo.

Continue Reading

0

Por B. de Margerie, S.J.

El Padre de Margerie es miembro de las Sociedades Francesa y Americana de Estudios Marianos, de la Sociedad Internacional de Estudios Patrísticos y de la Academia Pontificia de Sn. Tomás de Aquino en Roma. También es un frecuente colaborador del L´Osservatore Romano.

Podemos contemplar con el Cardenal Newman a la Virgen María como la cooperadora terrenal de nuestro Redentor, como nuestra mediadora terrenal y como nuestra abogada Celestial. Podemos preguntarnos como reaccionaría él a las peticiones que están haciendo millones de Católicos, incluyendo a numerosos Obispos, pidiendo al Papa Juan Pablo II definir como dogma la Madre de Dios, Corredentora, Mediadora y Abogada de la humanidad.

A primera vista parecería que Newman, evitando la firma de cualquier petición, rechazaría cualquier afirmación conteniendo que María fue corredentora, si esta palabra fuera entendida como significando pura y simplemente redentora: esto es lo que él rechaza en sus Notas de Sermones. De una manera más general, él hubiera deseado, como en el caso de la Inmaculada Concepción en 1854, una consulta al mundo Católico (Ker, 478).

_______________
* Reimpreso con permiso de The Month

El pensaría hoy, como en 1854, que tal definición dada por el Papa sería válida y lícita, sólo extraordinariamente. Agregaría que sería posteriormente recibida por un Concilio, el modo normal de decidir sobre asuntos de fe, y en ese sentido Newman fue un profeta: Vaticano II recibió y proclamó la doctrina de la Inmaculada Concepción de María (LG 56). Pero Newman hoy, como indicó en su carta a Pusey, no nos prometería que no habría más definiciones dogmáticas sobre María, porque el Espíritu sopla como El quiere, y uno no puede atar al Espíritu Santo de mantener el paso ecuménico (Ker, pp. 571, 610, 651).

Quizá Newman sería más susceptible hoy, que en el tiempo de esta carta, de mencionar el nombre de María en la Misa Latina. Subrayaría el hecho de que desde el siglo quinto, ninguna Misa es celebrada en la Iglesia de Oriente u Occidente, sin mencionar el nombre de María. Este hecho, en verdad, corresponde a una afirmación de María como corredentora, mediadora y abogada, doctrinas que él claramente sostiene y expresa en la misma carta a Pusey, y la cual veremos ahora con más detalle.

Cooperación en Salvación

Newman recibe el testimonio de los Padres de Asia Menor, Africa, Roma y Francia del siglo segundo: escucha la voz de Justino, Irineo y Tertuliano, diciéndonos que María no fue un mero instrumento de la Encarnación, como David. Por el contrario declaran que cooperó en nuestra salvación, no meramente por la venida del Espíritu Santo sobre su cuerpo sino por actos santos específicos, que son el efecto del Espíritu Santo dentro de su alma. Los Padres nos dicen que como Eva fue una causa de ruina para todos, María fue una causa de salvación para todos; así como Eva cooperó en efectuar un gran mal, María cooperó en efectuar un mucho más grande bien.

Newman resume su pensamiento en la siguiente bella afirmación: ¨Ella cooperó en la salvación del mundo¨. Piensa que el capítulo 3 del Génesis, con su promesa de un salvador, ligado con una mujer en el capítulo 12 del Apocalipsis, revela tal misión de la cooperación salvadora de María.

Ciertamente, Newman remarca la inconmensurable grandeza de Nuestro Señor solo en su pasión y muerte, solo en el huerto, solo sobre la cruz, solo en la resurrección, y nos hace entender que heriríamos a María si le negáramos esta inconmensurable grandeza a Cristo como Dios en relación a Ella, una pura criatura. Newman admite que aborrecía la doctrina perversa atribuyéndole a María la parte que le corresponde solo a Cristo en el misterio de la Redención. Sin embargo, como Francis Davis explica, Newman profundiza el sentido de las palabras misteriosas de Cristo a su Madre en Caná: ¨¿Qué tengo yo contigo, mujer?¨ Estas palabras son interpretadas por Newman (Dif 1:II, 149), como una indicación a su Madre al principio de su ministerio público, sugiriendo que hasta el final del mismo (SD, 39-6), es cuando tenga que ver de nuevo con Su Madre; hasta la consumación del misterio Pacual, Ella no podrá participar directamente en sus obras. No obstante, podía sufrir y orar, y ofrecer estos sufrimientos y oraciones por Sus miembros. En otras palabras, Davis cree que para Newman, María cooperó interiormente, a través del ofrecimiento de sus sufrimientos y oraciones, en la redención del mundo. Esto significa que tal ofrecimiento (tan frecuentemente mencionado por Juan Pablo II), constituye un ¨ específico acto santo de cooperación con nuestra salvación¨. Para expresarlo de una manera diferente, en el pensamiento de Newman, la cooperación de María fue secreta y misteriosa antes de ser publica y oficialmente manifestada en la Iglesia. En Caná ¨El pareció alejarse de la oración de Su Madre, mientras que lo permitía¨ (SD, 37).

Mediación

La cooperación de María en la salvación del mundo implica su mediación de oración. Newman cita a Basil de Seleucia como diciendo que: ¨María medía entre Dios y el hombre¨; mucho más que los otros santos, mucho más que los mártires, ¨brilla arriba como el sol sobre las estrellas¨. De los Padres Griegos y liturgias había recibido una idea sublime de María: ¨Estrella de la mañana, madre de todo viviente, madre de la vida misma¨. Esta es la razón, unida con su maternidad divina, por la cual su oración es tan poderosa para la redención del mundo. Su oficio en la Iglesia es el de ¨intercesión perpetua por los fieles¨. Mientras que el arma de la serpiente se muestra siendo la tentación, el arma de la segunda Eva y madre de Dios es la oración. Para Newman, la mediación de su poder intercesor está simbolizado en esas representaciones de Ella con sus manos levantadas hacia arriba, aún existentes en Roma.

Por tanto, el Cardenal Newman sigue el pensamiento de Irineo sobre María, como siendo nuestra mediadora terrenal y nuestra abogada celestial, abogada de Eva, abogada de la Iglesia, abogada de cada uno de nosotros. Permanece impresionado por el hecho de que a través de las liturgias del Oriente, setenta millones de Cristianos ofrecen peticiones en el nombre de la Teotokos. También está impresionado de otros hechos doctrinales provenientes del Occidente: la madre de Nuestro Señor intercede por aquellos Cristianos que no la conocen. Cita a Sn. Alfonso Ligorio con aprobación: ¨Dios da sus gracias sólo a través de María¨, que es, ¨a través de su intercesión¨. También cita a Suárez diciendo que la intercesión de María no solamente es provechosa sino necesaria; pero es asunto de su intercesión no de nuestra invocación de ella, no de nuestra devoción.

Tal es la doctrina del Cardenal Newman sobre la cooperación de la madre de Dios con nuestra salvación, sobre su mediación de las gracias que recibimos, sobre su intercesión como abogada en nuestro favor. Al igual que su Inmaculada Concepción y Asunción, esta doctrina está implícita en la afirmación del siglo segundo de María como la nueva Eva.

Podemos resumirlo citando al Arzobispo Sn. Próculo de Constantinopla del siglo cuarto: María es:

¨el altar de oro del holocausto, el único puente de Dios para el hombre; recorre toda la creación en tus pensamientos y ve si existe alguien igual o más grande que la Santa Virgen, Madre de Dios. (Ensaño sobre Desarrollo, cap. IV, secc. II, 11).

¿Ha sido considerada esta doctrina por Newman que haya tenido algún crecimiento? Su respuesta negativa tiene que ser entendida y explicada. Ha sido en substancia la misma desde el principio (Di ang. II, 79). Esto significa que cuando los Evangelios y los Padres anteriores a Nicea, la nombran la ¨Madre de Jesús¨, todo queda implícito. Sin embargo, en el Ensaño sobre Desarrollo, Newman admite que ¨en los primeros años no había reconocimiento eclesial del lugar que María tiene en la economía de la gracia; esto estaba reservado para el siglo quinto (Efesio).¨

Crecimiento en Expresión

Por tanto, admitimos con Newman que la doctrina sobre la cooperación salvífica, mediación e intercesión de María, permaneciendo una y la misma en substancia, en sus raíces, a llevado un crecimiento en su expresión: Los Padres Griegos del siglo quinto son más explícitos sobre esta mediación, que los Evangelios e Irineo. El crecimiento objetivo corresponde al incremento subjetivo de Sn. María en la recepción y en el estudio de verdad, hermosamente descrito en el quinceavo Sermón en la Universidad de Oxford: La Iglesia, como María:

ponderando en su corazón no piensa que es suficiente aceptar la verdad, habita en ella; no es suficiente entregar la razón, razona sobre ella. No de verdad razonando primero y creyendo después, con Zacarías, sino más bien primero creer sin razonar, después por amor y reverencia razonar después de creer…Por tanto Ella simboliza para nosotros no sólo la fe del ignorante, sino también la de los Doctores de la Iglesia: ¨María conservaba estas cosas y las ponderaba en su corazón¨ (lc 2:51).

Si la Iglesia define dogmáticamente la cooperación privilegiada de la Madre de Dios con el único Redentor, en la obra de expiación, lo mismo que su mediación de intercesión, Newman nos ayudaría con sus escritos y ejemplos, aún más con su propia oración, para percibir los fundamentos, el significado exacto, límites y finalidades de tales definiciones sin maximizar, pero con una legítima minimización, y encontraríamos en su trabajo materiales para defender y promover estas doctrinas. Newman nos diría sobre estas eventuales definiciones Mariológicas, de igual manera que escribiera sobre la infalibilidad Papal antes de que fuera definida:

si la Iglesia dice cualquier cosa sobre ello, será tan estrictamente fraseado, con tales resguardos, condiciones y limitaciones, que agregaría lo menos posible a lo que ahora es sostenido (28 de Sept. 1869).

En su discurso de 1849 a varias congregaciones, Newman concluyó con estas palabras:

En vos, O María, se cumple un propósito original del Altísimo. El estaba pensado venir a la tierra en gloria celestial. Pero pecamos. Y entonces no pudo visitarnos con seguridad, excepto con una resplandor encubierto y una majestad obscurecida, porque El es Dios. Por tanto vino El mismo en debilidad no en poder. Y mandó a esta criatura en Su lugar, con un donaire y brillo de criatura para acomodarse a nuestro estado.

Continue Reading

0

Por Richard Gribble, C.S.C.

El Pbro. Richard Gibble es Rector del Seminario Moreau en Notre Dame, Indiana, y es colaborador de diarios Católicos tales como la Revista de Homiliética y Pastoral.

La Santísima Virgen María de Nazaret juega un rol integral en la práctica teológica y litúrgica Católica. Las fiestas Marianas esparcidas en el calendario litúrgico nos recuerdan del importante rol que la Santísima Madre tuvo en la salvación humana y de cómo continúa intercediendo por nosotros con su Hijo y Salvador nuestro, Jesucristo.

De sus muchos títulos, el de Madre Dolorosa o Mater Dolorosa, capta el propósito singular y rol de la vida de María. Fue una mujer que sufrió mucho, más de lo que podía comprender, pero nunca huyó de su pena. Mas bien, abrazó su cruz de sufrimiento y en el proceso se convirtió en compañera en la obra redentora de su Hijo, y ahora medía entre Cristo y el mundo. La vida de María vivida en mucho dolor e incertidumbre, puede ser modelo para nuestras vidas de hoy al acercarnos al nuevo milenio.

La Madre Dolorosa en la Escritura

La Escritura, el primer medio de revelación divina, es la fuente básica para nuestro conocimiento sobre María y de su asociación con la cruz. Los Evangelios, junto con los apócrifos y la pseudopigrafía, proveen muchas luces en la vida de María y su relación con Jesús. Aunque muchos episodios en la vida de la Virgen fueron difíciles, hay siete eventos específicos que han sido etiquetados de dolores o penas de María:

La profecía de Simeón.
La huida a Egipto.
La pérdida de Jesús en el Templo.
María encuentra a Jesús camino al Calvario.
Las horas al pie de la cruz.
Jesús muerto en los brazos de Su madre.
Jesús es puesto en la sepultura.1

______________
1 En la historia de la Iglesia, siempre ha habido el debate de cuales eventos específicos deberían ser llamados dolores de María. En el siglo 17avo., los dolores en Lucas, Mateo y Juan fueron recolectados bajo la supervisión del Papa Inocencio XI.

La presentación de Jesús en el Templo (Lc 2:22-40), provee los antecedentes para el primero y más profético dolor de María, la profecía de Simón.

Leemos: ¨Este niño está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción –y a tí misma una espada te atravesará el alma- a fin de que queden al descubierto las intensiones de muchos corazones¨ (Lc 2:34-35). Orígenes (d. 252-3), la destacada figura teológica de la patrística de la Iglesia en el Este, entendió la profecía de Simeón de una manera singular, creyendo que estas palabras se refirieron a una duda que invadió el corazón de María cuando vio el sufrimiento de su Hijo. Al poner estas palabras en los labios de Simeón, Lucas está sugiriendo que el escándalo de la cruz experimentado por los apóstoles, también sería sentido por María.
La gran autoridad de Orígenes en la Iglesia como un erudito, popularizó esta interpretación en el Este. Sn. Basil de Cesarea (d. 379) repitió la idea, y Esequio de Jerusalén (d. después del 451) en la mitad del siglo quinto aún habló de una ¨discordancia¨ dentro de María mientras presenciaba la Pasión de Jesús.2
___________
2 Hilda Graef, La Devoción a María (New York: Hawthorne Books, 1963), p. 13

En contraste, en la Iglesia Latina, donde la influencia de Orígenes fue débil, la profecía de Simeón siempre fue referida a los sufrimientos de María bajo la cruz. Para los teólogos de Occidente, tal como Bernardo de Clairvaux, quien predicó que María fue martirizada no en cuerpo sino en espíritu, las palabras relevantes del pasaje de Lucas fueron: ¨y a tí misma una espada de dolor atravesará tu alma¨ (Lc. 2:35a).
Simeón pudo haber anunciado el futuro sufrimiento de Cristo sin referencia a María, pero al dirigirse directamente a ella, hizo el anuncio significativo. ¿Porqué Simeón habló específicamente a María y que le dijo?

Aunque hay algún precedente de asociar al niño predestinado por Dios para la grandeza con sus madres,3 es más verosímil que Simeón (y probablemente Lucas también), quiso demostrar que María, por un derecho singular aparte de José, iba a ser asociada con el destino doloroso del Mesías. Aunque él no hubiese agregado las palabras indicativas del futuro sufrimiento de María, el simple hecho de que Simeón habló directamente a María, sería una fuerte evidencia para colocarla en los sufrimientos y muerte de Jesús.

María no fue destinada para escapar de los sentimientos de obscuridad y abandono que Jesús experimentaría en Su camino al Calvario; Ella tenía que sufrir en el camino que tomaría su Hijo a Su muerte salvadora. El teólogo y sacerdote Jesuita, Jean Galot ha concluido: ¨La profecía, por tanto, une a María y a su hijo tan íntimamente que nos revela la Pasión de Jesús a través de la espada de dolor que atravesará el alma de Su madre¨4
____________
3 Un ejemplo de este fenómeno se encuentra en Jueces 13:3 cuando el ángel del Señor aparece a la esposa de Manóaj para anunciar el nacimiento de Sansón. En Isaías 7:14, el profeta describe como el Mesías, bajo el título de Emanuel vendría al mundo por ¨la virgen¨.
4 Jean Galot, S.J., María en el Evangelio (Westminister, MD: The Newman Press, 1965), p. 92

Los expertos frecuentemente preguntan ¿Qué fue exactamente la espada que atravesaría a María? Algunos han sugerido que la espada es la pena que sería causada por la contradicción de la que Jesús sería objeto. María sufrirá por la prueba que afectará a su Hijo de quien está inseparablemente unida.

En esta visión, la espada es una parte integral del cuadro profético, porque jugará un rol principal en el drama de la salvación. Sin embargo, la mayoría de los exégetas de la Escritura, creen que la espada se refiere al acto de ofrecimiento de María de su Hijo en el Calvario. Regresando a la asociación básica de María con el sufrimiento y la cruz, Galot describe la imagen de la espada de Simeón: ¨Bajo el efecto de esta revelación, María vive en la constante perspectiva del sacrificio, y se mantiene a sí misma lista para compartir en su corazón la suerte trágica del Mesías¨5
________
5 Ibid, p. 95.

La descripción de Sn. Mateo de la huida de la Sagrada Familia a Egipto, para escapar de la cólera de Herodes, debió con toda seguridad traer dolor a María. Pero es en la conclusión de la narración de la infancia de Lucas, en donde encontramos nuevamente referencia específica a la pena psicológica experimentada por la Virgen.

La descripción de Jesús perdido en el Templo, en donde queda claro a María y José que Jesús pertenece completamente al servicio de Dios, debe ser asociada con la Presentación como la conclusión lógica de Su consagración a Dios. El drama representado, es un precursor del Calvario. Por tres días –un período de tiempo ciertamente no coincidente con el sufrimiento, muerte y resurrección de Jesús- María y José buscan a su Hijo¨en dolor¨. El evento hace que María entienda la amenaza de la espada que pende sobre Ella y le da una probada del sacrificio que un día será su suerte. El episodio demuestra una vez más la estrecha asociación de María con su Hijo, un vínculo que encontrará su culminación años después bajo la cruz.

La descripción de la Escritura de los dolores de María encuentra su culminación y cumplimiento en la narración de la Pasión de Sn. Juan. De todos los Evangelistas, Juan es el único que coloca a María en el Calvario, demostrando con esto el significado de su presencia. ¿Porqué María debía ir al Calvario a presenciar la muerte dolorosa e ignominiosa de su único Hijo, y porqué debía Sn. Juan describir estos eventos?
Para Juan, el sufrimiento y la muerte de Jesús es Su más grande triunfo, tiempo cuando El demuestra plenamente Su finalidad y misión. Por tanto, la Iglesia usa intencionalmente este Evangelio en los servicios del Viernes Santo, como una clara indicación de no sólo la necesidad, sino también de la grandeza de la muerte de Cristo. Juan desea llamar la atención hacia María y su sacrificio de amor. Ella está ahí por intensión no por accidente; intenta plenamente andar el camino del sufrimiento hasta el final. Galot remarca: ¨Debemos concluir que la presencia de María en la cruz no fue el mero resultado de una combinación de circunstancias, sino que proviene de la firme determinación de María de estar unida con el destino dramático de Cristo¨.6
_________
6 Ibid., p. 181.

En el siglo XX, varios documentos papales han hecho eco a la naturaleza sacrificial de la acción de María bajo la cruz y a su estrecha asociación con los sufrimientos de su Hijo. El Papa Sn. Pío X en Ad Diem (1904) habló de Jesús como la víctima que María pone ¨cerca del altar a la hora señalada¨:

Ella no estaba meramente ocupada en presenciar el cruel espectáculo; más bien se regocijaba que su único Hijo estaba siendo ofrecido por la salvación de la raza humana, aunque su compasión fue tan intensa que, si hubiese sido posible, Ella misma hubiera abrazado aún más ardientemente todos los sufrimientos que su Hijo soportó.

Pío XI, en Miserentissimus Redemptor (1928), describió la acción de María de ¨ofrecerlo al pie de la cruz como víctima por nuestros pecados¨, como heroica. En su encíclica Mystici Corporis (1943), Pío XII también escribió sobre el sacrificio especial de María: ¨Ella lo ofreció en el Gólgota al Padre Eterno por todos los pecados de los hijos de Adán¨.

Finalmente, la gran contribución y reto de la Escritura con referencia al rol de María como la Madre Dolorosa, es el concepto de creer. El Padre Dominico, Tomás O´Meara ha escrito: ¨Cuando esta noche (de dolor) llegó a su más intensa obscuridad, la fe de María fue tal que le permitió permanecer de pie cerca de la cruz¨.7
__________
7 Thomas A. O´Meara, O.P., María en la Teología Protestante y Católica (New York: Sheed and Ward, 1966), p. 185.

María creyó que el plan de Dios tenía un propósito que estaba más allá de su entendimiento, y por su fe, fue capaz de participar plenamente y sin una vacilación aparente, a pesar de la incertidumbre y predicciones de sufrimiento. Las palabras de Simeón la prepararon, pero fue solamente su fe la que la sostuvo cuando la cruz empezó a aparecer en el horizonte.

La Madre Dolorosa en la Tradición y el Magisterio

El culto a la Mater Dolorosa encuentra sus primeras raíces en la Iglesia patrística. Los Padres Latinos, salvo Ambrosio, escribieron que las pruebas y eventos del Calvario deberían ser interpretados en términos de los dolores de María.

Los teólogos vieron la profecía de Simeón como una probada anticipada de la experiencia a través de la cual debería pasar María, como el espectador más involucrado en la Crucifixión, lo mismo que como una referencia a su propia muerte. El concepto de la profecía y su cumplimiento fue importante para los Padres Latinos. Las palabras de Jesús desde la cruz: ¨Mujer, he ahí a tu hijo¨ y ¨He ahí a tu madre¨, aparecieron dar claramente cumplimiento a la advertencia de Simeón en el Templo. El gran drama de esta escena fue representado en la Kontakion de Romanos Melodos, escrita en el siglo sexto por orden del Emperador Justiniano para los servicios de Viernes Santo:

Estoy abatida, Oh Hijo mío
Estoy abrumada de amor
Y no puedo soportar
Que Yo permanezca en el aposento
Y Tú en la madera de la cruz;
Yo en la casa
Y Tú en la tumba.

María parece preguntar porqué Dios debería sufrir tan cruel muerte, pero la respuesta viene de que tal suerte es la voluntad de Dios a la cual debe someterse.8
___________
8 Marina Warner, Sola con Todo Su Sexo: El Mito y Culto de la Virgen María (New York: Alfred A. Knopf, 1976), p.309. Ver también Jaroslav Pelikan, María a Través de los Siglos: Su Lugar en la Historia de la Cultura (New Haven, Conn: Yale University Press, 1996), pp. 127-28. En el texto completo, los lamentos de María: ¨Estoy vencida por aflicción amorosa, hijo, vencida/ Y no puedo soportar el pensamiento de estar en mis aposentos mientras Tú estás en la cruz;/ Yo en casa, cuando Tú estás en la tumba./ ¡Déjame ir contigo! El contemplarte alivia mi pena¨. A esto Cristo responde: ¨Deja a un lado tu pena, madre, déjala a un lado. Lamentación no va contigo quien ha sido llamada ¨Bendita¨./ No obscurescas tu llamado con llanto./ No te compares con aquellos que carecen de entendimiento, o doncella prudentísima./ Tú estás en medio de mi aposento nupcial¨.

El culto a María como la Madre Dolorosa empezó a florecer en Italia, Francia, Inglaterra, los Países Bajos y España, a partir del final del siglo XI, alcanzando su pleno florecimiento del siglo XIV en adelante. Los promotores del culto enfatizaron la participación de María en la ordinariedad humana, mundana y sino doloroso. Sus dolores se convirtieron una fuente significativa de la piedad popular medieval; su vida y sufrimiento hicieron más significativas las vidas ordinarias. La teóloga Marina Warner ha escrito:

La Virgen fue el instrumento que medió el desconcierto en el misterio de la Redención, en un entendimiento emocional. Hizo que el sacrificio del Gólgota se viera real, porque enfocó los sentimientos humanos en una manera comprensible y accesible.9

___________
9 Warner, p. 211.

El culto a la Mater Dolorosa, alcanzó su vértice a través del establecimiento de una fiesta litúrgica en el calendario de la Iglesia. Un catalizador para el culto fue la rápida propagación de la Peste en toda Europa alcanzando su máximo de 1348 a 1350. Aquellos que vieron la plaga como el castigo de un Dios justo por la maldad de la humanidad, sugirieron la imagen de la Mater Dolorosa como un medio de penitencia.

Al final del período medieval, la Iglesia empezó a conmemorar los dolores de María, especialmente en el área del Rin de Alemania, durante la Cuaresma. En el sínodo providencial de 1423 en Cologne, se estableció una fiesta honrando a María como Nuestra Señora de los Dolores, en el tercer Domingo antes de Pascua y fue adoptada por varias diócesis y comunidades religiosas bajo el título Lamentatio Mariae (¨Las Lamentaciones de María¨).

El Papa Benedicto XIII extendió la fiesta a la Iglesia universal en 1727, para ser celebrada el Viernes anterior al Domingo de Ramos. En un desarrollo paralelo, se les otorgó a los Servitas en 1667, una fiesta especial basada en los dolores de María, para ser celebrada en el tercer Domingo en Septiembre. En 1814, el Papa Pío VII, en agradecimiento por su regreso seguro del exilo en Francia, universalizó la fiesta de los Servitas. El Papa Pío X, transfirió la celebración al 15 de Septiembre, como lo está al presente en el calendario litúrgico. El Papa Pío XII sintetizó el entendimiento de la Iglesia sobre María como Nuestra Señora de los Dolores:

Soportando con valentía y confianza el tremendo peso de sus dolores y desolación, verdaderamente la Reina de los mártires, más que todos los fieles ¨completó lo que falta a las tribulaciones de Cristo…en favor de su cuerpo que es la Iglesia¨ (Col 1:24)10
_____________
10 Papa Pío XII, Mystici Corporis

A través de los siglos se han creado numerosas representaciones en arte de la Mater Dolorosa. La ¨Pietᨠde Miguel Angel fue el mejor y más famoso intento de captar en estatua o en pintura la profundidad del dolor de la Virgen mientras sostenía el cuerpo de su Hijo crucificado. En su famosa obra ¨Fausto¨, Johann Wolfgang von Goethe, tiene su heroína Grethchen, gritando a María en su hora de crisis:

Inclina vuestro semblante benignamente a mi necesidad, vos que estáis cubierta de dolores. Con la espada de dolor en vuestro corazón y con miles de dolores vos que contempláis la muerte de vuestro Hijo. Vos que miráis al Padre y enviáis suspiros por Sus y vuestras penas.

En un tono más contemporáneo, la tercera sinfonía del compositor Polaco, Henryk Gorecki, usa un intercambio entre Cristo y Su Madre para expandir los sufrimientos de la Mater Dolorosa, por medio de abarcar todo el sufrimiento de los caídos de la Segunda Guerra Mundial:

¿Dónde se ha ido
mi queridísimo Hijo?
Quizá durante la sublevación
El cruel enemigo lo mató.11

____________
11 Pelikan, p. 127.

La expresión artística más famosa de la Madre Dolorosa es el Stabat Mater, atribuido tradicionalmente al Franciscano Jacopone da Todi (1230-1306). Este himno-basado en Juan 19:35, Lucas 2:25, Ezequiel, 2 Corintios 4:10 y Gálatas 4:17- habla de la necesidad de toda la gente de compartir en los sufrimientos de María y Jesús. La versión en prosa de este himno lee en parte: ¨Santa Madre, haz esto por mí. Traspasa mi corazón de una vez por siempre con las heridas de tu Hijo crucificado. Déjame compartir contigo la pena de las heridas de tu Hijo, por que El consideró correcto cargar tales sufrimientos por mí¨. Más adelante el himno continúa: ¨Concédeme que…sienta las penas de mi Señor crucificado¨12
______________
12 La versión poética 20-stanza contiene un mensaje similar: ¨O Dulce Madre, fuente de amor/ Toca mi espíritu desde lo alto/ Haz que mi corazón concuerde con el tuyo./ Permíteme compartir contigo Su pena./ Quien por todos nuestros pecados fue muerto./ Quien por mí en tormentos murió¨.

Es establecimiento de una fiesta litúrgica en honor de la Mater Dolorosa, fue complementado por un desarrollo teológico paralelo sobre rol de María en la historia de la salvación, empezando con la enseñanza que Ella fue la ¨nueva Eva¨. En el Occidente, la idea empezó cuando los teólogos contrastaron la obediencia de María con la desobediencia de Eva. Justin Martyr (m. 165), el primer apologista en hablar de María como la nueva Eva, escribió en su Diálogo con Trifo: ¨Por Eva, una virgen pura, concibió la palabra de la serpiente y trajo la desobediencia y la muerte. Pero la Virgen María, llena de fe y alegría…respondió, ´Hágase en mí según tu palabra´¨.

En el siglo segundo, Irineo fue el primero en integrar la analogía Eva-María en la teología:

Así como Eva, mujer de Adán, si, con todo aún virgen…se convirtió por su desobediencia en la causa de muerte para ella misma y para toda la raza humana; así también María, esposa, sin embargo virgen, se convirtió por su obediencia en la causa de salvación para ella misma y para toda la raza humana.13

_____________
13 Citado en Juniper B. Carol, O.F.M., ed., Mariología, Vol. II (Milwaukee: The Bruce Publishing Company, 1955), pp. 89-90.

 

Para Irineo, la cooperación de Eva con Satanás al afectar la muerte espiritual de la humanidad, es igualado y aventajado por la cooperación de María con Dios, en afectar el regreso de la humanidad a la vida. En el Occidente, Eva fue vista como la madre de la raza humana, pero María como la madre de la salvación. Sn. Jerónimo (m. 430) aseveró suscintamente la creencia ¨Muerte a través de Eva, vida a través de María¨14

______________
14 Ibid, Vol 1, p. 113.

La devoción Mariana en la Iglesia del Oriente fue generalmente más avanzada que la de Occidente, pero el concepto de María como la nueva Eva ganó aceptación en el Oriente, sólo después de que la creencia estuvo bien establecida en la Iglesia Latina. Sn. Efren, un representante de la Iglesia Siria del siglo cuarto, vio el paralelismo entre Eva y María en la raíz de la dignidad humana. Escribió que ¨la gloria bella y hermosa fue perdida a través de Eva, (pero) fue restablecida a través de María¨.

En el 348, Cirilo de Jerusalén predicó a los catecúmenos que ¨fue a través de la virgen Eva que vino la muerte; y que fue a través de una virgen, o más bien por una virgen, que la vida pudo ver la luz –que, así como la serpiente engañó a la primera, así Gabriel trajo noticias alegres a la segunda¨. Para el final del siglo quinto en la Iglesia del Oriente, María, como la segunda Eva, fue llamada ¨causa de salvación¨, ¨puerta de salvación¨, ¨causa de vida¨ y ¨(ella) trajo inmortalidad al mundo¨15

______________
15 Ibid., Vol. II, pp. 92, 98.

El concepto teológico de María como la nueva Eva fue la base sobre la cual la doctrina de la Iglesia sobre María como Corredentora fue construida. El rol de María en la historia de la salvación no terminó en el Calvario, sino más bien empezó de nuevo en su misión como asistente de su Hijo en la obra de la redención.

No fue sino hasta el siglo sexto que el poeta Sirio Jacob de Sarug (m. 521), en su sermón ¨El Tránsito de María¨, dio a la Virgen el título ¨Madre de Misericordia¨. Pero fue Sn. Irineo en su tratado al final del siglo segundo Contra Herejías, quien le dio un rol teológico en la redención de la humanidad: ¨Así como ella (Eva)…habiendo desobedecido se convirtió en causa de muerte para sí misma y para toda la raza humana, así María…siendo obediente (al mensaje del ángel), se convirtió en causa de salvación para sí misma y para toda la raza humana¨16
______________
16 Citado en O´Meara, p. 182.

Jean Galot ha expresado como el rol maternal de María, iniciado en el Calvario cuando Jesús entregó a María al discípulo amado, se convirtió en el fundamento de su función como Corredentora:

Ontológicamente, esta maternidad (entregando a Juan en el Calvario), es dada a todo hombre llamado a ser verdadero discípulo de Cristo. En el plano Mesiánico donde es proclamado, la maternidad de María no puede ser limitada a una relación privada con Juan, sino debe tener alcance universal.17

_____________
17 Galot, p. 187.

Aunque la tradición de la Iglesia ha asociado a María desde hace mucho con la obra de su Hijo en la redención de la humanidad, el título ¨Corredentora¨ recibió apenas una ratificación papal hasta la primera década del siglo 20 por el Papa Pío X, quien conectó el título a la devoción a María de los Siete Dolores. Varios papas en este siglo, han hecho eco en sus enseñanzas a la aprobación de Pío X de María como Corredentora y a su asociación con María la Madre Dolorosa. Benedicto XV escribió en su carta apostólica Inter Sodalica (1918):

A tal grado sufrió (María) y casi murió con su sufriente y moribundo Hijo, y a tal grado renunció a sus derechos maternales sobre su Hijo por la salvación del hombre, y lo inmoló –hasta donde pudo- para aplacar la justicia de Dios, que correctamente podemos decir que redimió a la raza humana junto con Cristo.

Pío XI habló, en 1933, de como María ¨Lo acompañó (a Jesús), en la obra de la redención hasta la cruz misma, compartiendo con El las penas de la agonía y muerte¨. La carta encíclica Haurietis Aquas de Pío XII (1956), expresa mejor el rol de María en la palabra de su Hijo:

Al originar la obra de la redención humana, la Santísima Virgen María fue, por voluntad de Dios, tan indisolublemente asociada con Cristo que nuestra salvación procedió del amor y sufrimientos de Jesucristo, íntimamente asociados con el amor y dolores de Su madre.

Más recientemente, la Constitución sobre la Sagrada Liturgia del Vaticano II, habla del ¨vínculo inseparable (de María) con la obra salvadora de su Hijo¨18

_____________
18 Citado en Carol, Vol. I, p. 37; Constitución sobre la Sagrada Liturgia, no. 103.

La teología de María bajo el título de Corredentora es complicada por la obvia razón de un humano participando en la obra de lo divino. La fundamentación teológica para cada rol de María, no importa que tan diversas sean las interpretaciones, se encuentra en su gran fíat. Ciertamente, la asociación de María con Cristo en la obra de la redención empieza con la Encarnación, es ejercitado a través de su relación con El, y encuentra su culminación en su cooperación con la gran obra para la cual El se hizo humano, Su gran sacrificio en la cruz.

María no merece a través de la justicia ningún rol en la salvación de la humanidad; sólo Dios puede hacer esto. Sin embargo, merece su rol especial por medio de su amistad y relación maternal con Jesús. Entendido desde este punto de vista, la obra de María como Corredentora no es asombrosa; es simplemente aseverar en términos técnicos que su vida y sufrimiento, y su disponibilidad de ofrecer ambos, fueron aceptados por su Hijo y por Dios Padre de una manera especial. El teólogo Tomás O´Meara ha explicado sucintamente este fenómeno singular:

María participó de una manera maternal, propio sólo de Ella, en la redención de la humanidad´, no sólo por convertirse en la Madre de Dios Encarnado, sino por consentir con las acciones redentoras de su Hijo, y por ofrecerlo a Dios. Su sufrimiento y amor fueron aceptados por Dios Todopoderoso y fueron unidos a la obra infinita de Cristo, para producir el mismo efecto, la salvación de la humanidad.19

_______________
19 O´Meara, p. 87.

Por tanto, el rol de María como Corredentora puede sólo ser entendido en relación en su posición como la Mater Dolorosa. María sufre con su Hijo y luego Lo ofrece al Padre por nosotros. Su acción es de santificación; los dolores que soportó fueron aceptados como una satisfacción parcial por las ofensas de la humanidad. La inmensidad de su amor, la intensidad de su dolor, su dignidad maternal y la presencia de la gracia de Cristo en Ella, la hace una fuente que provee el agua de la redención de Cristo para toda la gente. Por tanto, la cooperación de María en la vida de su Hijo a través de su maternidad y sufrimiento personal, forma la base de su rol en la redención humana.

Al igual que en su título de Corredentora, el rol de María como Mediadora entre su Hijo y la raza humana, está directamente conectado a su rol como la Madre Dolorosa. El teólogo Jaroslav Pelikan ha escrito de esta asociación en la historia Cristiana:

Claramente hubo una correlación estrecha entre la subjetividad de la devoción a María como la Mater Dolorosa y la objetividad de la doctrina de María como la Mediadora. No fue la correlación de paradoja…sino la correlación de complementariedad. 20

_____________
20 Pelikan, p. 136.

La doctrina de María como Mediadora se desprende de sus roles activos en la Encarnación y la Redención. Fue a través de María que el Salvador entró a la humanidad, y es a través de su vida y sufrimiento que participa en la obra redentora de Cristo. Por tanto, María se convierte en aquella a través de la cual tenemos acceso al Hijo.

Al igual que con la mayoría de las doctrinas Marianas, el principio teológico de María como mediadora empieza en la Iglesia Oriental. Germanus Constantinople (m. 733), parece ser el primero en declarar que el poder de intercesión de María depende de su relación con el Mesías. Escribe en una oración:

Tu (María) puedes obtener perdón aún para los más grandes pecadores. Porque El (Jesús), nunca deja de escucharte, porque Dios te obedece a través y en todas las cosas, como Su verdadera madre.21

_____________
21 Citado en Graef, pp. 36-37

En la Iglesia Latina, el concepto de María como Mediadora se desarrolló en línea paralela con el culto de la Mater Dolorosa. Aunque el término ¨Mediadora¨ estaba circulando en Occidente al final de siglo octavo, no fue sino hasta la Edad Media que el título recibió aceptación generalizada.

Bernardo de Clairvaux llamó a María: ¨nuestra Mediadora, aquella a través de la cual hemos recibido vuestra misericordia, O Dios.¨ Tomás de Aquino habló de la gracia de María que ¨derramó sobre toda la humanidad…Por tanto, en cualquier peligro vos podéis encontrar refugio en la misma Virgen Gloriosa¨22
_______________
22 Citado en Pelikan, p. 132.

El Papa Benedicto XV anotó sobre María, en un discurso dado en1915:

Madre del Príncipe de la Paz, Mediadora entre el hombre rebelde y el Dios misericordioso, es la alborada de la paz brillando en la obscuridad de un mundo desunido; nunca cesa de implorar a su Hijo por la paz aunque Su hora aún no ha llegado; siempre interviene en favor de la humanidad afligida en la hora de peligro. 23

________________
23 Papa Benedicto XV, Nuestra Señora (discurso a todo el consistorio), 24 de Dic. 1915. Seleccionado y arreglado por los Monjes Benedictinos de Solesmes (Boston: St. Paul´s Editions, 1961), p. 191.

El título de María de Mediadora aplica no sólo a la historia de la salvación, sino también a su posición actual como intercesora entre Cristo y la humanidad. La consumación de la gloria, para el creyente, fue el conocimiento que María permaneció como Mediadora entre el individuo y su Hijo. Más aún, la creencia de que Dios ha escogido a María para la tarea específica de rogar por causa de la humanidad ante su Hijo, fue una gran consolación. María fue vista como la que trae socorro contra las tentaciones de Satanás, por su mediación entre Cristo y la humanidad.

La Cruz de María y la Sociedad Contemporánea

¿Cómo puede el entendimiento de María como la Mater Dolorosa y su consecuente doctrina de Corredentora y Mediadora, convertirse en significativa y eficaz para nosotros hoy en día? La respuesta debe ser encontrada en entender a María como un modelo de la vida Cristiana en el nuevo milenio que esperamos. El Rev. Peter Gomes, pastor de la Iglesia Memorial en la Universidad de Harvard, señaló: ¨María es un paradigma evangélico, un rol modelo, una mujer ejemplar de cuyo ejemplo el fiel tiene oportunidad de jugar su parte en el gran drama de Dios¨24
________________
24 Peter J. Gomes: ¨¿Qué vamos a Hacer con María?¨. (sermón), pronunciado el 14 de Dic. 1997 en la Iglesia Memorial, Harvard University.

Como la madre de todos los fieles, María es la que guía a sus hijos a través de la obscuridad del error hacia una nueva luz que brilla con el resplandor de su Hijo: es el perfecto modelo de la fidelidad. Su fíat, su disponibilidad para sufrir y su constante vigilancia maternal, debe ser nuestro modelo y fuente de fortaleza en la confusión e incertidumbre del mundo actual.

Necesitamos alguien que haya experimentado temor, duda y dolor, y haya transformado estos sufrimientos humanos en momentos dadores de vida. ¡Necesitamos a María!

La cruz psicológica de María, integral para su existencia, fue una realidad de la cual nunca buscó escapar. La vida de la Virgen fue incierta, y soportó mucho dolor que no podía ser entendido. Pero nunca rehuyó su responsabilidad, no corrió de sus temores ni se rindió en una actitud derrotista. Más bien, realizó en plenitud el plan que Dios le tenía.

Nuestro futuro es tan incierto como lo fue para María, y ciertamente nuestras vidas son más complejas. Pero a diferencia de Ella, frecuentemente encontramos excusas para huir de experiencias que son problemáticas o desafiantes, creyendo que no poseemos los dones requeridos para superar los obstáculos. La vida de María debe ser nuestro modelo, y su lugar como Corredentora y Mediadora, debe ser nuestra esperanza, de que lo que necesitemos será proveído para cualquier circunstancia.

Ahí permaneció al pie de la cruz de Jesús, su madre María, quien supo de aflicción y fue la Señora de los Dolores. Ella es nuestra patrona especial, una mujer que soportó mucho que no podía entender y que permaneció firme y dice mucho de esta cruz diaria y de esta esperanza a sus muchos hijos e hijas de estos días. 25

______________

25 Constitución de la Congregación de la Santa Cruz, Constitución 8, ¨La Cruz Nuestra Esperanza¨, no. 120.

 

Conclusión

La cruz, la gran paradoja de la vida Cristiana, es inevitable en la vida y por tanto no deberíamos tratar de huirla. A nadie le gusta la dificultad y el dolor; no obstante, es sólo a través de abrazar la cruz que podemos encontrar la vida eterna, que es la meta de cualquier persona humana.

María no pidió la vida que Dios le dio. Pero su gran fíat de aceptación, dicho sin una clara visión o conocimiento, fue firme y genuino. María creyó y poseyó la fe requerida para aceptar la oportunidad que se le presentaba. La vida de dolor que experimentó no fue nada fácil, pero sobrellevó la aflicción para que el plan de Dios para la salvación humana encuentre cumplimiento en su Hijo, Jesús.

Nuestro reto es ser como María, especialmente en nuestro mundo de hoy día muy ocupado, complicado y a veces problemático. No sabemos lo que el futuro depara para el mundo y para nosotros individualmente. Pero no hay duda de la guía y la asistencia de Dios en hacer el mundo lo que queremos que sea. Sigamos la guía de María a la cruz, seamos la semilla que muere y los que encuentran nueva vida.

Continue Reading

0

Por Dr. Mark I. Miravalle, S.T.D.

El Dr. Miravalle es Profesor de Teología y Mariología en la Universidad Franciscana de Steubenville y Presidente del movimiento Católico internacional, Vox Populi Mariae Mediatrici. Lo siguiente está tomado de su alocución dada en la Conferencia Internacional Vox Populi en Roma, Mayo de 1998.

Uno de los pasajes en la Sagrada Escritura más misteriosos, profundo y no obstante, fecundo mariológicamente, es el Capítulo 12 del Apocalipsis, Versos 1-6:

“Una gran señal apareció en el cielo, una Mujer vestida del sol con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza; está en cinta y grita con los dolores del parto y con el tormento de dar a luz. Y apareció otra señal en el cielo: un gran dragón rojo con siete cabezas y diez cuernos, y sobre sus cabezas siete diademas. Su cola arrastró la tercera parte de las estrellas del cielo y las precipitó sobre la tierra. El Dragón se detuvo delante de la Mujer que iba a dar a luz, para devorar a su Hijo en cuando diera a luz. La Mujer dio a luz a un hijo varón, el que ha de regir todas las naciones con cetro de hierro; y su hijo fue arrebatado hasta Dios y hasta su trono. Y la mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar preparado por Dios para ser ahí alimentada mil doscientos sesenta días.”

Después de la victoria celestial de San Miguel Arcángel arrojando al dragón de la tierra, el drama continúa en el Verso 13:

“Y cuando el dragón vio que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la mujer que había dado a luz al hijo varón. Pero se le dieron a la mujer las dos alas del águila grande para volar al desierto, a su lugar, lejos del dragón, donde tiene que ser alimentada un tiempo y tiempo y medio tiempo. Entonces el dragón vomitó de sus de sus fauces como un río de agua, detrás de la mujer, para arrastrarla con su corriente. Pero la tierra vino en auxilio de la mujer: abrió la tierra su boca y se tragó el río vomitado de las fauces del dragón. Entonces despechado contra la mujer, se fue hacer la guerra al resto de sus hijos, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús.”

Este pasaje de la Sagrada Escritura se refiere preminente e indudablemente a nuestra Madre María. Esta enseñanza es repetida por el gran teólogo del siglo diecinueve Matthius Scheeben (quien el Cardenal Ratzinger dice fue uno de los más grandes teólogos Alemanes de todos los tiempos), en el documento Mariano de 1967 Signum Magnum (“Un Gran Signo”) por el Papa Pablo VI, y en las enseñanzas magisteriales de nuestro Santo Padre Juan Pablo II. Es una revelación de la mujer que ha sido preparada por el Abba Padre para dar la batalla al gran adversario. La Sagrada Escritura empieza y termina con la batalla entre la Mujer y la antigua serpiente (Gén. 3:15 y Apocalipsis 12). Nuestra Madre es la “Inmaculada,” como San Maximiliano Kolbe la llama. Ella es la mujer sine mácula, creada por el Padre “sin pecado,” precisamente para que fuese capaz de dar la batalla con el Dragón antiguo.

El Canto de Salomón 6:10 nos dice: ¿“Quién es esta que surge cual aurora, bella como la luna, refulgente como el sol, imponente como batallones”? Es precisamente Nuestra Señora, la Corredentora, por que en el libre y justo plan de Dios, la más grande de las criaturas lucha contra la criatura más nefanda. Verdaderamente es la pieza maestra del Padre.

Además, la Escritura dice que la Mujer del Apocalipsis está sufriendo los “dolores de parto”. Ella grita en tormento. Recordemos, como el santo Padre nos enseña, que la Santísima Virgen María no tuvo dolores de parto al dar a luz a Jesucristo a la luz de su Inmaculada Concepción. Pero ella tiene grandes dolores de parto en dar a luz mística y espiritualmente a cada uno de nosotros, en dar a luz a ti y a mí al pie de la Cruz. Por que ahí como la Nueva Eva, sufre y se ofrece a sí misma en completa conformidad con nuestro Señor Jesús para que así podamos ser sus hijos e hijas. Los eruditos en Escrituras nos dicen que la Mujer del Apocalipsis es la Mujer al pie de la Cruz. El Padre Stefano Minelli, el eminente erudito Italiano en Escrituras anota:

“Como ‘Madre de los redimidos.’ María es la ‘Mujer… que grita en sus dolores de parto, en tormento por dar a luz’ (Apo. 12:2). Este texto se refiere precisamente al Calvario, o a la Mujer ‘permaneciendo al pie de la Cruz de Jesús’ (Juan 19:25), para ella que en el Gólgota fue constituida ‘verdadera Madre de los miembros de Jesucristo,’ para usar la expresión de San Agustín también citado por la Lumen Gentium (53)… ‘Mujer, he ahí a tu hijo’ y ‘la Mujer que grita sus dolores de parto, en tormento de dar a luz’ están mutuamente relacionados los textos y cuando son leídos forman una unidad revelando el misterio de María Corredentora. ‘Juan 19 y Apocalipsis 12,’ escribe René Laurentin, ‘checan precisamente el uno con el otro. En los dos textos la maternidad de María en relación con los discípulos está penetrada por el contexto del sufrimiento’” (Fundamentos II, página 101).

La Mujer del Apocalipsis es la Corredentora. Es la Mujer vestida con traje de batalla por el Padre y el Hijo para dar la batalla por las almas. Esto nos llama a cada uno de nosotros a una pregunta critica y personal. ¿Estamos listos y dispuestos, en todas las esferas de la vida, a unirnos a la Mujer Corredentora en la gran batalla espiritual de estos días? Así como nos dicen San Ignacio de Antioquía, San Antonio del Desierto y San Ignacio de Loyola, estamos en medio de una batalla espiritual, ya sea que la reconozcamos o no. Y quizá el lugar más peligroso de todos es estar en medio de una batalla espiritual y no saberlo. En cualquier batalla hay la pérdida de vida, pero en esta batalla la pérdida es más que de la vida; es la pérdida de la gracia, la pérdida de almas.

Esta es la batalla que sostiene por nosotros Nuestra Señora Corredentora, no sólo históricamente en el Calvario, pero ahora. La pregunta permanece para cada uno de nosotros: ¿Estamos dispuestos a entrar en orden de batalla por Ella? Un “fiat” a esta invitación demandará sacrificio. Demandará la horadación de nuestros corazones como su Corazón Inmaculado fue horadado; en algunos casos demandará el ofrecimiento de nuestra reputación mientras permanecemos al pie de la Cruz con la Corredentora. ¿Estamos dispuestos a permanecer con Ella? Esta es una pregunta que cada uno de nosotros debe responder de manera individual.

Apocalipsis 12:15 continúa revelando: “El dragón vomitó de sus fauces como un río de agua detrás de la mujer, para arrastrarla con su corriente.” ¿Qué es esta agua? ¿Qué es el agua que amenaza ahogar el Corazón Inmaculado? ¿No será en gran medida, como Su Eminencia Alfonso Cardenal Stickler aludió, las nuevas teorías teológicas que buscan minimizar y socavar el rol de la Santísima Virgen María en la Redención? ¿Aquello de negarle el rol de Madre de la humanidad? ¿Aquello de llamarla solamente “discípulo” o “hermana”, pero no “Madre”? ¿Hay acaso un intento generalizado de reducir el rol de la Santísima Virgen María en la Redención a un lugar menor a aquel que la Santísima Trinidad le ha dado, poniéndola como un observador pasivo o físico y no un canal moral? Aún otros parecen negarle su rol corredentivo Inmaculado, con Jesús como nada más allá de lo que cualquiera de las experiencias del resto de la Iglesia, negándole la singularidad de su Inmaculada Concepción y cooperación en comparación a la nuestra; negando la legitimidad y primacía de una mariología Cristológica, como el fundamento esencial de una auténtica mariología eclesiológica.

Como la Corredentora, Mediadora y Abogada, está en el corazón de la acción Trinitaria de la Santificación, siempre y por siempre como criatura, pero aún así, en el corazón por que coopera, de una manera tan singular e íntimamente unida en la obra Trinitaria de la Redención y de la Santificación.

Es interesante anotar que en 1930 nuestra Santísima Madre reveló a la visionaria de Fátima, Hermana Lucía, las cinco más grandes ofensas contra su Corazón Inmaculado. Tres de las cinco ofensas versan sobre la negación de la verdad dogmática y doctrinal sobre Ella. El negar los dogmas y doctrinas de Nuestra Señora es negar su misma persona, su mismo Corazón.

La primera ofensa contra el Corazón Inmaculado es el negar su Concepción Inmaculada. La segunda, constituye blasfemias contra su virginidad perpetua. La tercera, es negar a Nuestra Señora como la Madre de Dios y Madre espiritual de toda la humanidad. Considerar las heridas que esto causa en el Corazón Inmaculado de esta mujer que sufre y continúa sufriendo místicamente, para mediar las gracias al corazón humano, mientras que muchos de sus hijos rechazan el don de su corazón maternal dado por Su Hijo en el Calvario. Y aún así en su amor maternal, Nuestra Madre medía las gracias por estos Cristianos que la rechazan, por que los ama sin condición. Este es el amor del Corazón de una madre.

La cuarta ofensa que una vez más quebranta el corazón maternal: aquellos que públicamente atentan inculcar en los corazones de los niños indiferencia, desprecio, o aún odio, a su Corazón Inmaculado. Siempre que le negamos a un niño su madre, causamos un gran detrimento al niño y horadamos el corazón de la madre. La quinta ofensa contra el Corazón Inmaculado, es la profanación de sus estatuas e imágenes, por que en un sentido estricto, especialmente en el Oriente, donde sus iconos santos son tan reverenciados, son una manifestación de su presencia real.

El extinto Arzobispo Fulton Sheen, quien fue un participante en el Concilio Vaticano II, recordaba lo que pasó en el Concilio cuando el Papa Pablo VI quiso otorgar a la Santísima Virgen María el título de “Madre de la Iglesia.” Inmediatamente surgieron objeciones de los teólogos.

Los teólogos objetaron por tres razones básicas. En primer lugar, objetaron, el título de María Madre de la Iglesia es contra la Tradición. Segundo, es contra la misión ecuménica de la Iglesia. Tercero, es una mala teología, por que Ella es solamente la hija de la Iglesia, no la Madre de la Iglesia.

Esencialmente el Papa Pablo VI respondió como sigue: primero, el título de Madre de la Iglesia está inmerso en la Tradición. Se encuentra en la imagen original de la Nueva Eva. Segundo, no es contra el movimiento ecuménico porque nada que estimule nuestro amor a Jesucristo puede ser contra el movimiento ecuménico, el amor a María fomenta el amor a Jesucristo. Por tanto, el amor a María solamente promueve el movimiento ecuménico. Tercero, Pablo VI dijo que el título, “Madre de la Iglesia” es buena teología, y para esto se refirió a la teología de San Agustín. San Agustín nos dice que puesto que María dio nacimiento físico a la cabeza del Cuerpo, Jesucristo, también dio nacimiento místico a los miembros del Cuerpo. Por tanto, Ella es ciertamente la Madre de la Iglesia. Con esta defensa, Pablo VI anunció y proclamó a Nuestra Señora como Madre de la Iglesia que llevó a los Padres del Concilio en palabras de Sheen, al aplauso más estruendoso durante casi diez minutos, que jamás se haya escuchado en la Basílica de San Pedro.

La historia siempre se repite a sí misma. Sabemos que ahora las mismas tres objeciones han sido levantadas por ciertos grupos teológicos, contra Nuestra Señora Corredentora y su definición.

Tratemos ahora brevemente con estas tres objeciones. Objeción número uno, que el rol de Corredentora no es una Tradición. Tal como Pablo VI respondió, podemos decir con absoluta confianza que el rol de Corredentora está inmerso en la Tradición. Se encuentra en la profunda imagen mariológica de la Nueva Eva, por que desde luego, la Nueva Eva es la Nueva Madre de los vivientes quien, con y bajo Cristo, el Nuevo Adán, participa en la adquisición de las gracias redentoras para la familia humana. Adicionalmente, el título “Corredentora” está registrado desde el siglo catorce. Ha sido defendido una y otra vez, no solamente por los teólogos, sino por las enseñanzas magisteriales de la Iglesia del siglo veinte. Nuestro actual Santo Padre ha usado el título seis veces, y también ha desarrollado una teología sobre la corredención Mariana más rica, más detallada y más profunda que ningún otro Vicario de Cristo.

Segundo, a la objeción teológica del dogma que no está en la línea de la misión ecuménica de la Iglesia. Vayamos otra vez a las palabras del Santo Padre. En su documento, Ut Unum Sint, claramente declara que la misión ecuménica de la Iglesia nunca lleva a la determinación de un desarrollo doctrinal propio. En esencia, nunca podemos diluir la plenitud de nuestra santa fe Católica en aras del ecumenismo.

De hecho, la vida misma del Papa, su propia misión como pontífice supremo, es un testimonio para nosotros por que es ambas cosas, enteramente Mariano y enteramente ecuménico. Estos no son términos contradictorios. En honestidad, debemos evitar la presunción que publica la opinión de que nosotros solos, basados en teología o dialogo podemos, sobre la base de nuestro poder y juicio, resolver aquello que constituye mil años de separación. Debemos ir a la Madre. Debemos, en humildad, darnos cuenta que sin la Madre que es el último instrumento de unidad, no tendremos unidad Cristiana. Con la advocación de la Madre los Cristianos tendremos unidad, porque una Madre une los corazones de sus hijos como ningún otro puede, y aún más de lo que los hijos se pueden unir a sí mismos.

Quiero anotar aquí un muy importante desarrollo mariológico y ecuménico, la reciente Encíclica Mariana de Su Santidad, el Patriarca Ortodoxo Ecuménico, Batolomeo I. En Marzo de 1998, el Patriarca Bartolomeo publicó una Encíclica Mariana intitulada “Sobre la Madre de Dios y Madre de Todos Nosotros en el Orden de la Gracia.” Irónicamente, esta carta responde de varias maneras muchas de las objeciones teológicas de Occidente que sugieren que no podemos tener un dogma sobre la base que sería “muy Mariano y por tanto anti-ecuménico.” En esta encíclica vemos a alguien que no está en total comunión con Roma hablando de la “verdad total sobre María.” ¿No es está una respuesta fuerte para aquellos que han dicho que Nuestra Señora no es la Madre del movimiento ecuménico?

Tercero, existe la objeción de que el rol doctrinal de Nuestra Señora Corredentora es mala teología. Una vez más debo anotar hacia el Santo Padre quien por si mismo ha respondido a esta objeción. Quiero leerles, tomado de la Audiencia del Miércoles del Santo Papa dado el 9 de Abril de 1997, cuando declaró específicamente que la Santísima Virgen María, participa singularmente en la Redención de Jesucristo:

“La colaboración de los Cristianos en la salvación se da después del evento del Calvario, cuyos frutos se esfuerzan por difundir con oración y sacrificio. María, por el contrario cooperó durante el evento mismo en el rol de Madre; por tanto, su cooperación cubre la totalidad de la obra salvífica de Cristo. Sólo Ella fue asociada de esta manera con el sacrificio redentivo que mereció la salvación de toda la humanidad. En unión con Cristo y en sumisión a El, colaboró en la obtención de la gracia para la salvación para toda la humanidad… A pesar de que el llamado de Dios para cooperar en la obra de la salvación concierne a cada ser humano, la participación de la Madre del Salvador en la Redención de la humanidad es singular y un hecho irrepetible.”

Solamente la Santísima Virgen María participó en la adquisición de las gracias de la Redención, y es por eso que, singularmente, lleva el título de “Corredentora.” Creo que otra razón para la oposición al título Mariano, Corredentora, es debido a nuestra misma falta de apreciación y entendimiento de nuestro propio rol en la Iglesia, nuestros roles como “corredentores en Cristo.” Juan Pablo II en dos ocasiones ha usado el término “corredentor” para todos los cristianos. Cada uno de nosotros está llamado a ser un corredentor como un ejemplo viviente al llamado de

San Pablo que llama a “completar lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de Su cuerpo, que es la Iglesia” (Col. 1:24).
Permítanme citar un famoso diálogo entre le gran y ahora venerable Cardenal Newman, y el Anglicano Pusey. En estos diálogos, Pusey rechazó el título Corredentora. Dijo que era ir demasiado lejos. El Cardenal Newman respondió: “¿Porqué usted protesta que nuestra Señora sea llamada Corredentora cuando Ud. está dispuesto aceptar el inmensurablemente más glorioso título adscrito a Ella por los Padres: Madre de Dios, Segunda Eva, Madre de todos los Vivientes, Madre de la Vida, Estrella de la Mañana, Nuevo Cielo Místico, el Centro de la Ortodoxia, la Toda Inmaculada Madre de la Santidad, y otros semejantes?” (cf. Carta Pusey, p. 78). Newman agregó, “Nestorio hubiese fácilmente llamado a la Santísima Virgen Corredentora, pero debido a que rechazó confesar que Ella es la Teotokos, falló en darle su gloria debida.”

Imaginen que una criatura da a luz a su propio Creador, que es lo que nosotros debemos atribuir a la Madre de Dios. ¿Entonces, el título de Corredentora realmente va más allá que eso? No, es simplemente decir que la más grande de todas las criaturas, también tiene el más grande llamado a participar con y al servicio del Redentor. Corredentora significa “con el Redentor,” no igual al Redentor, no en un nivel de mediación paralelo o rival con el Redentor. ¿Pudo nuestro Santo Padre usar un título que tuviese problemas intrínsecos doctrinales, como algunos críticos teológicos han acusado? Es nuestro Santo Padre quien salvaguarda y protege de depositum fidei, la plenitud de nuestra fe Católica.

En las apariciones Marianas en Fátima, nuestra Santísima Madre dijo “Dios quiere establecer en el m